miércoles, 30 de diciembre de 2020

1806.- LAS ULTIMAS HORAS DE RAFAEL OROZCO EN CUCUTA

 

Celmira Figueroa (La Opinión)

 

EL Binomio de Oro, integrado por Rafael Orozco e Israel Romero en el acordeón,

estaba en pleno apogeo en la década del 90. 

El compositor vallenato Rosendo Romero había llegado a Cúcuta procedente de Pamplona. Allá se había presentado el Binomio de Oro, una semana antes, en un compromiso adquirido como antesala al cierre de una gira exitosa que inició en Venezuela.

Rosendo, hermano del acordeonero Israel ‘El Pollo Irra’ Romero, venía acompañando a la agrupación musical para aprovechar y promocionar una revista que había editado con sus composiciones y de paso repartía afiches del conjunto vallenato que estaba en furor en ese momento.

En Pamplona hubo lleno total. “Era una histeria colectiva. La gente deliraba y coreaba las canciones a pesar del inclemente frío”, recuerda el poeta de Villanueva, quien aún se le arruga la voz a punta de soltar el llanto cuando evoca al considerado cantante del vallenato romántico.

“Ese día en Pamplona le hice una fotografía a Rafael Orozco que cantaba en el parque central y extrañamente quedó transparente. Es decir, a través de Rafa se veía el público de fondo. No sé si quedó superpuesta, pero él estaba cantando con los brazos abiertos y su cuerpo no tapaba el público. Una foto que me hizo sentir muy mal”.

El sábado 6 de junio de 1992 se programó el toque en Cúcuta. “Me vine con mi hermano Norberto en bus y nos atracaron. Me robaron, incluso hasta un reloj promocional de Franco de Vita. Fue un atraco de película”.

El grupo llegó primero a Cúcuta y hasta jugó un partido de fútbol en Los Patios. Y en pleno encuentro deportivo pasó una caravana fúnebre que llamó la atención del cantautor Rafael Orozco. “Dios como matan a la gente así”.

Rosendo alistó afiches promocionales y se trasladó hasta el hotel Bolívar donde sería la última actuación de Orozco. Esa noche todo el conjunto se vistió de traje entero blanco con camisa negra. En la tarima a Rafael le brillaban los ojos de felicidad. La gente no bailaba, sino que se quedaba parada moviendo los brazos arriba y coreando “Qué será de mi vida sin ti”, “Solo para ti”, “Relicario de besos”, “El higuerón” y todo el repertorio que lo había hecho ganar Disco de Oro, Premio Mara y Guaicaipuro de Oro.

“Vi más gente que en Pamplona. Era un delirio. Fue una noche fantástica. La gente estaba feliz de tener la agrupación. Durante todo el tiempo Rafa se mostró contento con la gente.  Rafael Orozco se llevó a su tumba un recuerdo hermoso de Cúcuta por el espectáculo. Estaba agradecido con el público”.

Al día siguiente Rosendo Romero regresó a Barranquilla. Y el conjunto viajó aparte también.  Israel Romero se quedó en Cúcuta esperando abordar avión para Bogotá porque no había vuelo directo a Barranquilla.

Rafael Orozco llegó a Barranquilla tres días después porque sus hijas prepararon una fiesta de fin de semestre.

Rosendo vivía en ese momento arrendado en una habitación de una pintora. En el segundo piso del apartamento vivía la poetisa Margarita Galindo. Ese día, 12 de junio, como a las 10 de la mañana “ella me grita por la ventana Rosendo mataron a Rafael Orozco. Y le contesté: estás loca, cómo me dices eso.

Ella bajó y me mostró la fotografía donde se veía baleado. No sé lo que sentí en ese momento. Fue horrible. Me fui para la funeraria Siglo XX y el tumulto de gente era tal que veía imposible ingresar.  Pero alguien me reconoció y me agarró fuerte por el cuello y empezó a empujarme de manera brutal. Hasta que llegué cerca al féretro. Ahí estaban Juan Piña y Clara Elena Cabello, su esposa, llorando”.

Rafael Orozco fue asesinado a las 9:45 de la noche de ese 11 de junio, cinco días después de actuar con su agrupación en Cúcuta.

Alfonso Ariza De la Hoz y Francisco Javier Corena, ayudantes de la agrupación musical de Diomedes Díaz, llegaron a su casa solicitándole prestados unos instrumentos musicales y dinero. Orozco los atendió en la terraza de la casa para no interrumpir la fiesta cuando recibió los disparos que le quitaron la vida.

Asesinato (Wikipedia)


Rafael Orozco había llegado a Barranquilla en junio de 1992 tras una ausencia de cuarenta y cinco días en razón de sus compromisos artísticos en Venezuela y el interior de Colombia. En la noche del 11 de junio de 1992, las hijas de Orozco dieron una fiesta en su residencia para celebrar el fin del semestre escolar. Pasadas las 9:00 p.m., Alfonso Ariza De la Hoz y Francisco Javier Corena, ayudantes de la agrupación musical de Diomedes Díaz, llegaron a la casa de Orozco solicitando al cantante con la intención de pedir prestados unos instrumentos musicales y dinero. Orozco los atendió afuera en la terraza de la casa para no interrumpir la fiesta. Se encontraban dialogando cuando a las 9:45 p.m. un pistolero le disparó a Orozco en diez ocasiones, haciendo blanco en su humanidad en nueve oportunidades (en la región occipital, en el rostro, en la espalda y en la región glútea), y ocasionándole la muerte en el acto. El cuerpo de Orozco fue llevado a la Clínica del Caribe por su esposa Clara Elena Cabello, pero el artista había llegado sin vida al centro asistencial, donde fue declarado muerto a las 10:00 p.m.

Entre los móviles del asesinato se barajaron la relación extramatrimonial que Orozco sostenía con María Angélica Navarro Ogliastri​ (quien había sido esposa del después congresista Armando Benedetti) y quien para entonces también mantenía una relación sentimental con el ganadero y narcotraficante José Reinaldo "El Nano" Fiallo Jácome, ​y un ajuste de cuentas por la supuesta implicación de Orozco en el narcotráfico.​ Por el crimen fueron aprehendidos como autor material el ingeniero Jorge Navarro Insignares (padre de María Angélica); su hijo Jorge Enrique; ​ Alfonso Ariza De la Hoz y Francisco Javier Corena (como cómplices); Orby Campo Valdeblánquez, Diomedes Zubiría Redondo y Porfirio Zubiría Redondo (como autores materiales según la versión de Javier Enrique Arias Martínez, quien posteriormente dijo llamarse José Luis Ospino Ariza); y Ever Antonio Zubiría Redondo, pero todos quedaron libres al determinarse que no tuvieron nada que ver con el asesinato.

A principios de julio de 1992, una acción de tutela interpuesta por la familia de Rafael Orozco contra los periódicos El Heraldo, La Libertad y El Espacio fue fallada a favor de los demandantes para que se abstuvieran de publicar aspectos y fotos de la vida íntima del cantante, de su viuda y de sus tres hijas.

El 19 de agosto de 1998, el Juzgado Cuarto Penal del Circuito de Barranquilla dictaminó que Orozco fue asesinado por Sergio González Torres, escolta de Fiallo Jácome,​ y que el crimen obedeció a móviles pasionales, por el mencionado triángulo amoroso entre Orozco, Navarro y Fiallo.​ Entre las pruebas de la Fiscalía se encontraban las pruebas de balística que establecieron que Orozco había sido acribillado con la pistola Heckler & Koch modelo P7 K3, calibre 7,65 que fue hallaba en poder de Fiallo el día de su asesinato, y una carta dirigida desde la cárcel por Mario Alzate Urquijo al entonces fiscal general de la Nación, Gustavo de Greiff, en la que revelaba que "el Nano" Fiallo expresó en su presencia y la de otros narcotraficantes que tenía el respaldo de su patrón, alias "Camilo", para eliminar a Rafael Orozco, porque este estaba sosteniendo una relación con su novia.

Sin embargo, una serie de muertes y desapariciones se dieron posteriores al asesinato de Rafael Orozco: Orby Campo Valdeblánquez fue asesinado en Barranquilla el 4 de abril de 1993, Alfonso Ariza De la Hoz y Francisco Javier Corena fueron sacados de sus casas y desaparecieron después de su última indagatoria el 4 de agosto de 1992, José Reinaldo Fiallo y su escolta Sergio González fueron asesinados en Medellín el 18 de noviembre de 1992,​ y Víctor Herrera Ortega, celador de una construcción vecina a la residencia de Rafael Orozco, que presenció el crimen, desapareció después de declarar al día siguiente de los acontecimientos. Además, el fiscal que inició el proceso, Jorge Paternostro, falleció ahogado en las aguas de un arroyo turbulento en Barranquilla el 16 de julio de 1993. El periodista Fabio Poveda Márquez (amigo muy cercano de Orozco) y el acordeonista de Diomedes Díaz al momento de los hechos, Juancho Rois, quienes también declararon en el proceso, murieron poco después.







Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

No hay comentarios:

Publicar un comentario