viernes, 11 de febrero de 2022

2013.- MARIA OFELIA VILLAMIZAR, A CIEN AÑOS DE SU NATALICIO

Diego Alejandro Ortega (Imágenes)


Contemplando una bella orquídea, recuerdo versos; esos que sin duda marcaron vidas y que en su lecho de muerte aun recordaban ese olor, olor de folleto monográfico que hacía imaginar la flor, que transportaba por todos los senderos, riachuelos y colinas: campos arboledanos.

Paulina Ramírez en uno de sus poemas escribió: “la floración de las orquídeas” y Ofelia Villamizar Buitrago, engalanó la monografía de Juan Francisco Contreras con Mayo en la Aldea y según el autor no hubo persona más feliz que María Ofelia, al presentar el proyecto monográfico.

En el hogar de Ibero Leonardo Villamizar natural de Chinácota y de Adela Buitrago natural de Pamplona, nació un 22 de enero de 1921 en el corregimiento de Villa Sucre, Arboledas, una niña que antes de nacer dibujaba versos con pataditas en el vientre de doña Adela. “Decir cómo era, es decir cómo fue la infancia”, es recordar el Arboledas de épocas sin tiempo, recuerdos que quedaron guardados en espesas nubes que aun surcan nuestro cielo y parecen Nube d’i Agua cargadas de aguas evaporadas y por qué no decir de llanto.

Ofelia Villamizar nació siete meses después de la muerte del que podríamos considerar el padre de la ensaladilla en Norte de Santander, Natividad Angarita y tal vez el espíritu de esas composiciones costumbristas, reencarnaron en la niña hija de Ibero Leonardo, el Villamizar de “huerta chiquita” y fue así como desde niña, empezó a ver “ese raro mundo de las cosas raras” y vio alzarse un pueblo en armas y vio el escudo nacional cargado por caudillos en la plaza, que la cintilla sujetada por el cóndor no decía libertad y orden, decía Olaya Herrera; pero antes hubo de estar presente en la llegada del valioso reloj italiano donado por el ciudadano Joaquín Faillacce, tal vez cargada en brazos de su padre o madre con tan solo cinco años.

Y eso me llena de orgullo, porque mi bisabuelo fue uno de los arrieros que cargó el reloj desde donde fue bajado del ferrocarril de Cúcuta, que su recibimiento fue más pomposo que visita de obispo. De seguro, que cuando el carro traído por el italiano José Pusseti daba vueltas a la plaza principal, allí debió estar experimentando el viaje en la máquina que se atrevió a desafiar lo cotidiano y llegó con caravana de arrieros antes que la carretera.




Patria qué cosa es, se preguntaba nuestra poetisa y haciendo esa pregunta, llegó a la escuela urbana de niñas en Arboledas, donde estudió y al finalizar la jornada académica en la tarde, desde la avenida cuarta entre las calles primera y segunda, salían todas las niñas tomadas de la mano y adelante iba la profesora guiando el recorrido, mientras una a una iban llegando hasta su casa, labor que todos los días efectuaba una abnegada profesora y cumplía con estregar la última niña en el seno de su hogar.

El sacerdote que la bautizo no vivió más de un año después del oficio religioso y este era de apellido Villamizar como ella, Eduardo era su nombre y fue sepultado en el templo de Arboledas. Hace algún tiempo vi la placa que cubrió su panteón y me imagino a la poetisa, qué pensaría frente a la tumba de quien dio nombre en el bautisterio.

Los padrinos con un apellido poco común en estas tierras, con apellido de “turcos” título que adquirieron los inmigrantes que llegaron a finales de 1800 y principios de 1900 a nuestro territorio con nacionalidades libanesa, siria, y palestina; eran de apellido Saab (Saad) o así entendió quien hizo la anotación en el libro de bautismos en la parroquia Santísima Trinidad de Arboledas, donde también recibió el agua bautismal su única hermana, Silenia.

Hay días en los que uno se cuestiona, observando pasar una nube que coge forma con el viento, o con una taza de café; aunque en ocasiones, también se llega a un alto grado de pensamiento con tan solo una totuma de guarapo que hace al buen pensador reflexionar y casi que filosofar, podría decir que todas las anteriores han tenido que ver hasta llegar al punto de preguntarme: ¿Por qué no nací un poco antes? Me hago esta pregunta, tratando de responderme que, si yo la hubiera conocido, le habría preguntado cómo era el fotógrafo italiano Félix Conde, cómo fue el día que se adoptó mediante acuerdo del honorable concejo municipal el himno de nuestra patria chica el 20 de julio de 1937, pero me iría más allá del detalle y preguntaría por la inspiración que generaban las catleyas; por fortuna dejó para mí, una bellísima explicación en su obra, allí cada vez que abro “los frágiles cuadernos” presiento estar entrevistando la más grande poetisa nortesantandereana.

Inició la labor como docente en la “ciudad bonita” en el año de 1942, allí, consagró su vida a la educación y surgió la gran Ofelia Villamizar, maestra de maestras, así me lo hizo saber una de sus alumnas en el municipio de Cucutilla, donde ejerció el cargo de subdirector en la escuela urbana de varones del 16 de enero de 1943 al 19 de enero de 1944, y entre el 20 de enero de 1944 al 5 de enero de 1945 fue directora de la escuela urbana de niñas del mismo municipio.

Por estos años debió experimentar los periodos fuertes de violencia e imagino que sufrió mucho al ver los acontecimientos en su tierra natal Arboledas, y fue este uno de los motivos que obligó la salida de la familia Villamizar Buitrago de Arboledas y a principio de 1946 llegó a Durania, considerada su segunda patria chica, tierra que la acogió con mucho cariño, tanto así que su biógrafo oficial el ingeniero Fernando Velandia, actual presidente de la Academia de Historia de Norte de Santander es de ese municipio; en Durania fue el principio de su consagración a las letras cuando obtiene el gran premio Lis de Oro, en los juegos florales Marianos en Zipaquirá, en agosto de 1954.

En Durania estuvo ocho años de maestra y directora del Colegio Oficial de señoritas, y la escuela Urbana de niñas, en aquella tierra fueron creados la mayoría de poemas de su primer libro Raíz Afuera, publicado en 1957, realizó estudios de castellano y gramática en la Universidad Javeriana de Bogotá, y de bibliotecología en la Universidad de Antioquia.

De Durania se trasladó para Cúcuta donde vivió hasta el último día de su vida, allí fue docente del colegio Santo Ángel, fue directora por más de quince años de la biblioteca pública Julio Pérez Ferrero y directora de la biblioteca del colegio Inem José Eusebio Caro, institución donde se jubiló en 1989, pero aquello se quedó en el papel, pues murió sin haber recibido el primer pago de su pensión.

Una mujer extraordinaria fue Ofelia y no me alcanzarían las palabras, llenaría y llenaría hojas de textos hablando sobre Ofelita y sé que aun así me siguen haciendo falta, y solo hablo de lo poco que he podido conocer de su vida; fue columnista de prensa en los diarios Sagitario, La Frontera, La Opinión, El Tiempo y El Espectador, y por eso la acogió el colegio de periodistas, seccional Norte de Santander.

Perteneció a la Academia de Historia de Norte de Santander, a la Academia Bolivariana, Centro de Historia de Ocaña, Circulo Literario de Bogotá, Ateneo Pacho Valencia de Pamplona, Ateneos Norte y Luis Courvel de Ocaña, Círculo Rojo de Cúcuta, Unión de Ciudadanas de Colombia, Asociación Colombiana de Bibliotecarios y Sociedad de Mejoras Públicas de Cúcuta.

Intachable en todo el sentido de la palabra, autora de más de once himnos escolares, dejó para la posteridad cuatro libros de poesía, recibió numerosos reconocimientos, entre ellos: condecoración Medalla honor al mérito de la alcaldía de Durania (1954), Medalla de la legión de María Pamplona, Medalla de la sociedad de Mejoras Públicas de Cúcuta, Medalla Eduardo Cote Lamus instituto de cultura y bellas artes de Norte de Santander, Medalla Honor al Mérito (1975), y la Mujer más destacada de la Unión de Ciudadanas de Colombia (1981), además reconocimientos y placas de: Ministerio de gobierno (1954), del centro literario Josefa del Castillo, del Colegio Santa Teresa de Cúcuta (1954), del centro literario Santa María Muzzarello, del Colegio Nacional de Periodistas Norte de Santander (1964), del Colegio Municipal de Bachillerato como profesora fundadora (1977), de la Asociación de Egresados de la Universidad Francisco de Paula Santander (1982), del Colegio Comfenalco (1982), de la asociación de padres de familia y alumnos del Inem (1987), del Círculo Rojo de Cúcuta (1980), y del Colegio Departamental Integrado Nocturno Anexo de la UFPS (1988).


Siento que le estoy quitando el trabajo al biógrafo y estoy generalizando mucho, pero es casi imposible hablar de tan honorable mujer nortesantandereana, sin mencionar todos sus reconocimientos; obtuvo premio en 1955 en concurso de la Revista Cromos, en 1956 con la Violeta de Plata en Cúcuta. En 1966 mención de honor en concurso de sonetos del Diario el Tiempo. En 1967, finalista del concurso internacional Carabela de Plata, celebrado en Barcelona España. Y dos de sus poemas fueron publicados en la revista Antología Hispanoamericana de poesía, de Barcelona.

María Ofelia Villamizar Buitrago, se hizo verso, se hizo canción, se grabó en los corazones del pueblo, se negó a dejar en el olvido su tierra y estando lejos de ella, siempre le escribió a Arboledas. Durmió el sueño profundo, en la cálida ciudad de Cúcuta el día jueves 30 de enero del año 1991 y la lloro todo un pueblo, y la lloraron los poetas y el Indio Rómulo quien recitaba su poema Hágame una carta, también le dolió su muerte y ahora que están “al otro lado del espejo”, los dos grandes de la poesía costumbrista en Colombia; allí celebraron la primera navidad del reencuentro como un Romance navideño y Ofelita debe estar feliz porque después de treinta años, sigue viva y se cumple su palabras de Futura, porque cuando las letras se hacen universales, se guarda un recuerdo perenne, que más allá del tiempo mantendrá viva la memoria.






Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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