martes, 23 de diciembre de 2025

2722.- WALTER GOMEZ EN EL CUCUTA DEPORTIVO

Tolo Leal/ Gastón Bermúdez V.


Nacido en Montevideo el 17 de diciembre de 1927, Walter Gómez Pardal da sus primeros pasos en el fútbol en el Central Football Club (antes de ser Español). Poco tardaría en pasar a Nacional, el club más importante de Uruguay. Y ahí, con apenas 18 años, se convierte en ídolo.

Formaría un formidable ataque junto a Castro, Porta, García y Viviano Zapiraín, jugando generalmente Gómez por la derecha. Un ataque que le da dos títulos consecutivos al equipo, en 1946 y 1947, después de dos temporadas en blanco. También ganaría un Torneo Competencia y un Torneo Honor.

Sin haber cumplido los 20 años Walter Gómez no sólo ya es internacional, es pieza clave de la selección de Uruguay, una de las más potentes del planeta. Especialmente recordado, es un partido ante Argentina el 15 de agosto de 1945. A pesar de la derrota de su equipo, Gómez deslumbró a todos, marchándose ovacionado por la afición argentina del Estadio Gasómetro de la avenida La Plata, al ser sustituido en el segundo tiempo. No hay duda. Está llamado a ser una leyenda en casa. Imposible dejar salir a un futbolista así del país. Pero…

El puñetazo que lo cambió todo


Durante la disputa del clásico uruguayo, entre Nacional y Peñarol, Walter Gómez, que, también es conocido por sus frecuentes actos de indisciplina, cruza todos los límites. Visiblemente enfadado por las decisiones del colegiado, Aníbal Bochetti, en un momento dado se lanza sobre él y le agrede. Le suelta un puñetazo que es historia del fútbol sudamericano. Una acción que le supondría una durísima sanción: expulsado de Nacional y de la selección uruguaya durante un mínimo de un año. Sin poder jugar en casa, decide buscar un nuevo destino.

Antonio Vespucio Liberti, presidente de River Plate, no desaprovecha la oportunidad que de manera inesperada se le acaba de presentar. Y tras asegurar una importante suma de dinero tanto a Nacional como a Walter Gómez, se lleva al futbolista a Argentina.

La nueva Máquina

La llegada de Walter Gómez a River se producía justo en el ocaso de La Máquina de los 45, con Moreno, Muñoz, Pedernera, Di Stéfano y otros, desterrados a finales de 1949 a los Millonarios de Bogotá, para crear el ‘Ballet Azul’; las delanteras más famosas en la historia del equipo argentino.

En esta foto de la poderosa ‘’Máquina’’ de River Plate, aparece en el medio el gran número 9 de los motilones, el gran Walter Gómez. A la izquierda Omar Sívori y a la derecha Angel Labruna.

Y el debut no puede ser mejor. Lo relata él mismo, en El Gráfico: "Llegué de Montevideo, me embarcaron para Rosario, me presentaron a mis nuevos compañeros en el vestuario y salí a jugar el primer partido del año, contra Newell's. Al minuto recibí un pase de Angel Labruna y marqué el primer gol del campeonato".

Es el inicio de un quinquenio legendario. De la segunda máquina de los 50, junto a Angel Labruna, Félix Loustau, Eliseo Prado y Santiago Vernazza. De 1950 a 1955 Gómez y River Plate ganan tres títulos de liga y una Copa Ibarguren. En total, disputa 121 partidos en los que anota 74 goles. Y deja algunos partidos inolvidables.

Como el que disputó ante Lanús en 1954: marcó cuatro goles en 21 minutos, récord que continúa vigente. Así lo recuerda Enrique Omar Sívori, leyenda del fútbol argentino: "yo estaba muy nervioso, recién empezaba a codearme con los grandes. Debía jugar porque Labruna estaba enfermo. Tenía unos nervios bárbaros. Walter, que no hablaba nunca, me vio la cara blanca y quiso tranquilizarme: "No te preocupes, pibe, que este partido lo gano yo solo... me dijo. Esa tarde le metió cuatro goles en 20 minutos a Alvarez Vega"

O aquel encuentro el 16 de julio de 1950. Sí, el día que Uruguay se proclamó campeona del mundo con el inolvidable Maracanazo. Walter Gómez no pudo disputar el Mundial al continuar vigente la sanción por el puñetazo a Bochetti. Durante el transcurso del partido entre River y San Lorenzo se conoció la victoria uruguaya, y todo se detuvo. "Cuando entré a la cancha para el segundo tiempo lo anunciaron por los altavoces. El público me ovacionó como homenaje a mi país, y todos mis compañeros y los jugadores de San Lorenzo me vinieron a felicitar. Me temblaron las piernas. Después entré a buscar una pelota cruzada desde la derecha y la metí de zurda en el arco de Blazina. Me acuerdo que hice el gol con los ojos llenos de lágrimas", relata en El Gráfico.

Tras abandonar River Plate en 1955 puso rumbo a Europa. Nada menos que al Milan de Italia. Pero ahí tuvo un incomprensible paso: disputó un único encuentro, amistoso, y sería cedido al Palermo, por falta de cupo de extranjeros en el primero. En dos temporadas, una en Serie A y otra en Serie B, lograría 9 goles en 51 partidos. Bagaje escaso para sus antecedentes.

En 1959 regresa a Nacional, para iniciar un periplo que le lleva por Colombia y Venezuela, antes de dejar definitivamente el fútbol con 38 años.

En el Cúcuta Deportivo

De izquierda a derecha parados: Juan Tejera, Víctor Pignanelli, Efraín ‘Monalisa’ Ramírez,
Cleto Castillo, NI, Alejandro Sinisterra; Agachados: Fabio Ossa, Juan Eduardo Hohberg,
Walter Gómez, Luis Alberto Decevo y Luis Alfonso ‘Pingo’ García.

En el año 1961 estando la Junta Directiva del Cúcuta Deportivo y algunos colaboradores, entre otros León Londoño Tamayo, Hernando Lara Hernández, José Urbina Amorocho, Reynaldo Omaña Lozada, Mario Patitucci, Marino Vargas y Giovanny Martin luchando por la recuperación económica del equipo, contrató a uno de los jugadores más extraordinarios que ha venido al equipo Motilón.

Reunión de junta directiva del Cúcuta Deportivo en la que aparecen Reinaldo Omaña (izquierda), Marino Vargas, León Londoño Tamayo (centro), Mario Patitucci y Geovannni Martin.

Fue nada más ni nada menos que a Walter Gómez, "Botija" así llamado en el sur, ex integrante de la segunda famosa máquina de River Plate de Argentina, al lado de Loustau, Labruna, Prado y Vernazza. Luego se entendió con Omar Sívori.

Los hinchas de River Plate coreaban este estribillo en el estadio Monumental cuando salía al campo de juego el gran Walter Gómez. La hinchada cantaba así: "La gente de River ya no come, por venir a ver a Walter Gómez".


Walter Gómez era genial, gambeteador, con regates que sentaban a los defensas y fino con el balón. Era un fenómeno con el control de la esférica, goleador y buen asistidor, eso sí por arriba de cabeza poco, él mismo lo decía: ‘’De arriba yo no sabía nada, para mí el fútbol se jugaba únicamente a ras del suelo’’.

Llegó a mediado de 1961 hasta 1962 para el Cúcuta Deportivo como centro delantero, No 9, estando acompañado como interior derecho, el No 8, por otro monstruo del fútbol uruguayo, el gran Juan Eduardo Hohbert, caracterizado como excelente cabeceador y con un potente disparo al arco y de Luis Alberto Decevo, el No 10, como gran pasador del balón. El tridente se alternaba con Luis Alberto Píriz, posteriormente llegó Omar Verdún y estaban acompañados en la punta derecha con Hilario López o ‘Palomo’ Ramírez e izquierda con Manuel ‘Tinta’ González o Elías ‘El maestrico’ Rincón, entre otros.

Debemos resaltar que tanto Walter Gómez como Hohberg llegaron al equipo negri-rojo en el ocaso de sus carreras, ya pasaban de los 30 años (es así que Walter Gómez se retiró del fútbol en 1965), los llamaban los viejos, pero cuando estaban juntos y tenían destellos e inspiraciones con su técnica, enamoraban en todos los estadios de Colombia, en especial a sus fanáticos en el estadio General Santander. Los equipos contrarios sufrían cuando jugaba junto este dúo, eran terribles. Al poco tiempo, inició el retiro de Hohberg como jugador, al comenzar a alternar el juego con la dirección técnica del equipo.

A mediados de 1962 pasó al Once Caldas de Manizales y en 1963 regresó nuevamente al Uruguay. Como todavía sentía plenitud de condiciones con ganas de más aventuras de fútbol, tuvo la oportunidad de jugar en Venezuela en 1964, cuando pasó al Deportivo Galicia de Caracas donde tras ocho meses de duro torneo ayudó a ganar el campeonato y a clasificar el equipo para la Copa “Libertadores”. Sin embargo, el fallecimiento de un hermano impidió que jugara la serie clasificatoria y apresuró un definitivo alejamiento del fútbol y el regresó a Uruguay…

‘Palomo’ Ramírez, Omar Verdún, Walter Gómez, Luis Alberto Decevo y ‘Tinta’ González.

A pesar de su imborrable legado como futbolista en Uruguay y Argentina, y dejar algo de su estela de grandeza en Colombia y Venezuela, sus últimos días no fueron los más merecidos. Terminaría en el anonimato. Casi en la pobreza, de no ser por la ayuda que le ofreció River Plate, y de ser el encargado del estacionamiento en el estadio Monumental. Walter Gómez fallecería el 4 de marzo de 2004 a la edad de 76 años, debido a una afección pulmonar.

Se marchaba así uno de los mejores goleadores de la historia del fútbol sudamericano. Leyenda en Nacional de Montevideo a pesar de todo, y especialmente en River Plate de Argentina. Ahí, dicen, en las gradas del Monumental se escuchó por primera vez el cántico hoy extendido por todo el planeta fútbol de: "U-ru-guayo… U-ru-guayo… U-ru-guayo… ", cuando se inventó esa bella forma de homenaje del arte de un hermano uruguayo, por parte de los argentinos. Un recuerdo eterno para un futbolista eterno.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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