martes, 17 de febrero de 2026

2750.- ACTOS DE CREACION DE LA DIOCESIS DE CUCUTA

Gerardo Raynaud (La Opinión)



Sea esta la ocasión para expresar mis agradecimientos al R.P. Juan Botero Restrepo, de cuyo libro Breve Historia de la Diócesis de Cúcuta 1956 – 1981, obtuve, toda la información para escribir la presente narración.

Lo primero que es necesario recordar, es el origen eclesiástico de la ciudad, cuando los habitantes del valle de San José de Guasimal, solicitó la erección de una parroquia que les evitara tener que atravesar la entonces caudalosa corriente del Pamplonita, para asistir a la misa dominical en el Pueblo de Indios, como se denominaba en esos años, el sitio conocido hoy como el barrio San Luis.

El 25 de septiembre de 1835, el Papa Gregorio XVI decidió crear la Diócesis de Nueva Pamplona, la cual administraría la feligresía del territorio que comprendía desde la frontera con Venezuela hasta el río Magdalena y limitando desde el norte con la Diócesis de Santa Marta y el sur con la misma Arquidiócesis de Bogotá. Posteriores decisiones excluyeron poblaciones como El Socorro cuando fue convertida en Diócesis y las Prefecturas Apostólicas del rio Magdalena y de Labateca.

El desmembramiento de territorio continuó en 1951 cuando se creó la Prelatura Nultius de Bertania en el Catatumbo y al año siguiente la Diócesis de Bucaramanga, ambas segregadas de la Diócesis de Pamplona.

Puede argumentarse que el verdadero gestor de la erección de la Diócesis de Cúcuta fue Monseñor Bértoli, quien batalló un contra de los prelados de la Diócesis de Nueva Pamplona, en cabeza del obispo Rafael Afanador y Cadena, quien para la fecha se encontraba viejo y enfermo y en su reemplazo ejercía un Administrador Apostólico, Monseñor Norberto Forero y García, quien se opuso a la secesión de su circunscripción.

Afortunadamente la Santa Sede resolvió acceder a los deseos de la Nunciatura y como indemnización a la Diócesis madre se le concedió el honor de convertirla en Arquidiócesis de la cual será sufragánea la nueva Diócesis de Cúcuta.

Ambos hechos se hicieron realidad el mismo día, 29 de mayo de 1956, cuando fueron designados como primer arzobispo de Nueva Pamplona, Monseñor Bernardo Botero Álvarez, quien era Obispo de Santa Marta y como primer Obispo de Cúcuta a Monseñor Luis Pérez Hernández, quien hasta ese momento era Obispo titular de Arado y Auxiliar de la Arquidiócesis de Bogotá.

En los días anteriores al nombramiento del primer Obispo, como es la tradición local, corrían los rumores y hasta las apuestas de quién sería nombrado en este nuevo cargo.

El más nombrado no podía ser otro que el reverendo Daniel Jordán, párroco de la iglesia de San José, de quien se decía era el “fijo” para ejercer el cargo; sin embargo, parece que su beligerancia no era del gusto de los altos jerarcas de la Iglesia y que preferían un obispo más “dócil y manejable” y que no diera tanto de qué hablar; cuestión de diplomacia que al parecer fue la ganadora.

Un breve recuento de la extensa bula pontificia, “Ecclesiarum Omnium”, traducida del latín, por medio de la cual se crea la Diócesis de Cúcuta dice: “Pío Obispo Siervo de Dios para perpetua memoria: anhelando atender al bien de todas las iglesias que por voluntad de Dios… no hemos dejado de hacer lo que debe hacer para un mejor gobierno y mayor bien de los fieles… Concedimos lo que se nos pedía.

Separamos del territorio de la Diócesis de Nueva Pamplona, la ciudad de Cúcuta, con todo su territorio… fundamos la Diócesis que se llamará Cucutense, por el nombre de su ciudad capital… En la ciudad de Cúcuta, como es obvio, quedará la sede y el domicilio del obispo y allí estará la cátedra de la autoridad episcopal…”

El texto culmina con la siguiente observación: “… si alguien, cualquiera que fuere, despreciare o de alguna manera desobedeciere este decreto nuestro, sepa que incurrirá en las penas establecidas por el Derecho Canónico para quien desobedeciere los mandatos del Romano Pontífice.” Lo firman el canciller, Celso Constantini y el cardenal Adeodato Juan Piazza, secretario de la Sagrada Congregación Consistorial. Fue expedido el 10 de agosto del año XVIII del pontificado de Pío XII.


Habíamos mencionado, el nombramiento del primer obispo de la Diócesis, monseñor Luis Pérez Hernández, a quien la ciudadanía de este nuevo episcopado esperaba con ansias, para prodigarle la más entusiasta bienvenida, no sólo por tratarse del asiento de su nuevo cargo sino de su ciudad natal, de su terruño.

Se lee en las noticias, que la llegada del nuevo obispo, generó toda clase de expectativas, al punto que la comisión delegada para su recibimiento, fijada para el día 28 de agosto de 1956, se trasladó al sitio ‘La Garita’, un pequeño poblado situado a unos quince kilómetros de la ciudad, desde donde lo acompañarían luego de su largo viaje, ya que había decidido trasladarse desde la capital de la república, por carretera hasta la sede de su episcopado.

En el puente Lucio Pabón Núñez (para quienes lo recuerdan, es el puente Elías M. Soto de hoy) lo esperaban las autoridades locales y los establecimientos de educación; el señor alcalde Isidoro Duplat, quien por motivos de salud, delegó el saludo de bienvenida a su secretario de Gobierno César Tulio Forero, quien en sus apartes le dijo que “… Cúcuta está de plácemes por la gracia otorgada por su Santidad Pío XII, al decretar la exaltación de la ciudad , constituyéndola en Diócesis… cuando el escogido como primer Obispo es un preclaro hijo de la ciudad, un privilegiado de la inteligencia, un heredero excelso, un escritor sagrado de inmensa pulcritud idiomática, un corazón gentil y bondadoso, un misionero de alcurnia y un apóstol de las reivindicaciones sociales”.

Para la toma de posesión de la Diócesis, fue delegado por el Nuncio Apostólico, monseñor Bernardo Botero Álvarez, recién posesionado como arzobispo de Nueva Pamplona. La Nunciatura expidió el decreto 7274 mediante el cual se autorizaba la toma de posesión del nuevo Obispo.

Ese día hubo un doble motivo de conmemoración, toda vez que además de celebrarse la posesión del nuevo obispo, también se estrenaba el ascenso de categoría del templo de San José a Catedral, en una fastuosa ceremonia cumplida a las diez de la mañana, en la que se destacaron las ejecuciones de música sacra presentadas por la Banda de la Escuela Departamental de Música, primordialmente por su interpretación de la Misa Stella Matutina del compositor Vitto Carnevalli.

En el acto se hacen presentes todos los prelados y delegados de la jerarquía de la Iglesia católica de la región, incluidos los representantes de la Iglesia del vecino país. Como era de esperarse, las autoridades civiles, militares y consulares también hicieron acto de presencia, así como una delegación de los sindicatos de trabajadores de la ciudad.

El encargado de recibirlos, en el atrio de la catedral fue el vicario foráneo y párroco de San José, R.P. Daniel Jordán; Leídos los documentos pontificios en los que se hacen las menciones sobre la creación de la Diócesis, se nombra el primer obispo y la respectiva acta de posesión, monseñor Bernardo Botero abre la ceremonia con su breve discurso en el que felicita a la ciudad por “…su elevada distinción de ciudad episcopal, para lo cual me siento autorizado por ser arzobispo de Nueva Pamplona, porque Pamplona no solamente ha sido el organismo espiritual del cual se desgarra hoy esta importantísima región, sino, que aun materialmente hablando, Pamplona es genitora de Cúcuta, por la familia Rangel de Cuéllar, donante de estos encantados valles…”

En respuesta, Monseñor Pérez Hernández, lleva la palabra y manifiesta: “…la doctrina católica debe estar siempre por encima de los partidos políticos. La Iglesia apoya a los gobiernos que trabajan por el bienestar común y puedo decir ahora, parodiando a Fra Angélico: ‘qué bello es nacer en San José de Cúcuta, vivir en ella y morir en ella’.”

Expresión esta última que se popularizó en la época en la que el regionalismo se exacerbó y fue tomada como bandera de batalla para que la gente de la ciudad sintiera mayor apego y generara entre las nuevas generaciones el sentido de pertenencia que parecía olvidado.

Terminadas las formalidades propias de los actos, comienzan las actividades de organización. Se confirman a todos los párrocos que están en ejercicio, pero por la escasez de clero se prescinde de nombrar Vicario General de la Diócesis, lo que solamente ocurriría años más tarde urgido por la necesidad en la víspera misma de su muerte.

Algunos nombramientos del personal de curia que hizo a continuación fueron:

Provisor: Pbro. Luis Alejandro Jaimes; Canciller: Pbro. Guillermo Blanco; Notario: el laico, Álvaro González Vargas; Encargado de religiosos y seminaristas: R.P. Eladio Agudelo, salesiano; director de la obra de la Santa Infancia: R.P. Ángel Ramón Clavijo; director de la obra de las Vocaciones Sacerdotales: R.P. Carlos José Moncada.

Entre las primeras decisiones del Obispo, también se creó la Legión de María, una de las asociaciones católicas que mayor impulso recibió por parte de la curia diocesana y de mayor arraigo, especialmente entre la población femenina de la ciudad.

En desarrollo de sus actividades apostólicas, la prensa local escribe: “la sensibilidad social de nuestro obispo no se limita a la palabra. El púlpito ha sido para él lugar especial de su cátedra sagrada, en el que no entra la politiquería ni los personalismos tienen cabida”.

En los primeros días del mes de septiembre, un mes después de su posesión, en una reunión con el alcalde y las autoridades municipales, con el fin de tratar los problemas de los sectores populares, propone la construcción de un Seminario en la zona donde funcionó el aeropuerto de Lansa, en la parte alta del barrio San Luis, como una alternativa para brindarles educación gratuita a la población más pobre.

Para ello solicita la cesión de las acciones que el Municipio tiene de la sociedad dueña del lote del antiguo aeropuerto, al igual que ceda también sus acciones de la misma sociedad por parte de la Sociedad de Mejoras Públicas. Hoy sabemos que la petición surtió efecto, pues allí se levantó años después el Seminario Mayor de Cúcuta.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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