Hoy 19 de junio de 2025 a las 2:00 pm, estoy acá en la iglesia del Espíritu Santo al frente de ustedes porque me precio de haber sido uno de los mejores amigos del doctor Daniel Ernesto Collazos Serrano. Igualmente, porque pese a no estar en el mismo bando político, nos unían muchos aspectos y pareceres similares. Coincidíamos en los gustos domésticos, en los asuntos académicos, en los temas de relaciones humanas, en el culto de los valores religiosos y en la prestación de los servicios a la comunidad.
Nuestra amistad databa de hace más de 60 años cuando cursábamos los primeros años del bachillerato en el Instituto Salesiano de Cúcuta. Por ese tiempo ya Ernesto se destacaba como un líder por su religiosidad y tomó la batuta en el departamento para conformar la secretaria Nacional de Preuniversitarios Católicos SENPRUC. Más de un centenar de muchachos seguimos el ejemplo y de su mano desarrollamos múltiples actividades que procuraban el mejor comportamiento de los jóvenes y la consolidación de la apropiación formal por el ejemplo de San Juan Bosco y Santo Domingo Savio, además de la clarísima devoción por María Auxiliadora.
Por primera vez en la vida montamos en avión y estuvimos en Cartagena con un grupo grande de compañeros del colegio en un congreso nacional de preuniversitarios católicos. Él era el que dirigía los movimientos del estudiantado de Cúcuta. Aún, después de tanto tiempo tengo algunas fotos que no eran tomadas por los celulares de ahora sino con las cámaras fotográficas de entonces.
Finalizando el bachillerato nos abrimos y él se fue al Colegio Calazans y yo me gradué en el bachillerato clásico del Salesianos. Él tenía su mayor orientación por el derecho y yo, por la ingeniería. Él curso su carrera en el Externado y yo en la Nacional.
Pasaron muchos años y él hizo una brillante trayectoria en distintas entidades públicas y yo me dediqué al ejercicio docente en la Universidad Francisco de Paula Santander. Allí escalé mi carrera académica y administrativa hasta llegar a la rectoría. El destino permitió acercarnos y le propuse ser mi asesor jurídico. Y ah trabajo perfecto el que desarrolló el Dr. Ernesto Collazos. Fue muy eficiente, muy aplicado y muy estricto en el ejercicio de sus funciones.
El ganaba una simbólica remuneración, pero prestaba sus funciones a cualquier hora del día. En el Consejo Superior con el Gobernador a bordo, en el Consejo Académico y el Comité Administrativo en la cabeza del suscrito. Siempre atento cuidándole la espalda para no cometer errores y para que la institución funcionara como un relojito. Saliendo de las funciones rectorales en el año 2000, quedé muy agradecido por su dedicación y trabajo y muy honrado con su sincera amistad.
Otra vez por caminos diferentes, pero con múltiples encuentros en la Academia de Historia de Norte de Santander, en la Universidad de Santander- UDES Sede Cúcuta, en la Asociación Nortesantanderana de Instituciones de Educación Superior ANIES, en donde también pude contar con su brillante inteligencia y consabida eficiencia.
Terminadas mis funciones rectorales en un periplo por varias universidades, mi dilecto amigo Ernesto Collazos Serranos me apoyó en la conformación de un movimiento académico, cultural y social que denominamos hace 19 años como El Cinco a las Cinco. En el año 2013, convertimos ese movimiento en una Fundación, entidad privada, con personería jurídica, sin ánimo de lucro, puesta al servicio de la educación y la cultura regionales. Él fue un socio destacado y acompañaba sus actividades con una especial asistencia.
Como desde hace algunos años, estuvo perdiendo buena parte de sus funciones personales, con una buena frecuencia le visitaba y en nuestras reuniones me preguntaba por todo y por todos. Estaba al día. Con verdadera fruición le veía gozar cuando le contaba de algunos éxitos en las diferentes actividades de la Fundación.
Durante sus últimos días le acompañé en su lecho de enfermo. Hablábamos y nos poníamos a rezar. Le regañaba mucho porque no quería comer porque no le apetecía nada. La verdad esto me entristecía porque con esta incapacidad personal, definitivamente se acercaba el final de su vida.
Pienso que sufría mucho por su enfermedad y esto le producía mucho desaliento y mal humor. Le llegó su hora ayer en la madrugada y creo que Dios se lo llevó para tenerlo a su lado.
En una apretada síntesis de la increíble existencia del Dr. Ernesto Collazos Serrano y tomando prestados varios conceptos de algunos de sus amigos, puedo afirmar que nuestro ilustre compañero fue un caballero en todo el sentido de la palabra, un buen cristiano, creyente en Dios y practicante de su fe, un buen conservador, un buen conversador y buen orador, un hombre honorable, poseedor de muchos valores que se han perdido en estos tiempos difíciles que vive el país. Mostró durante su vida un excelente don de gentes, un gran respeto por sus semejantes y un fino humor propio de su inteligencia.
Fue un profesional del derecho estudioso, serio, honesto y respetuoso en sus actuaciones jurídicas. En la academia se distinguió como un maestro en la enseñanza de su cátedra de Derecho Administrativo. Su ética profesional fue su gran legado.
Creo que la sociedad ha perdido a uno de sus mejores hijos por esa bella labor que desarrolló en el plano terrenal. Y con el deceso del Dr. Collazos, en menos del primer semestre del presente año 2025, lamentablemente, nuestra Fundación Cultural El Cinco a las Cinco ha perdido tres de sus más distinguidos socios, los doctores David Bonells Rovira, Rosendo Cáceres Duran y Ernesto Collazos Serrano.
En el proceso que desató el fallecimiento del Dr. Collazos, tengo que destacar acá el inmenso apoyo de sus hijos, familiares y amigos y muy especialmente el de su hijo Cristian, quien por todo lo que hizo se merece también el cielo durante todos los años de su vida.
Se fue el Dr. Collazos para otra dimensión y deja en este mundo una gran cantidad de recuerdos y de ejemplos dignos de ser emulados por sus semejantes.
Dios mío, por favor dadle fortaleza a su familia y a mi amigo Ernesto, entrégale toda la felicidad eterna que se mereció por su bonhomía, su don de gentes y especialmente por su inmensa devoción a María Santísima.
Recopilado por: Gastón Bermúdez V.


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