Hermosos cañagüates que florecen en lomas, parques, avenidas y hasta en patios de antiguas casonas de Cúcuta transforman el paisaje y le imprimen además de color, brillo y alegría.
Agosto, por tradición, es el mes en que florecen y su intenso color amarillo se puede observar a kilómetros desde cualquiera de los puntos cardinales de la ciudad.
Es como una señal renovadora que decora y rememora leyendas y letras de canciones que permanecen en la memoria colectiva de los cucuteños y visitantes. En el vecino país de Venezuela, tienen por nombre Aragua.
CAÑAGÜATES FLORIDOS – Libardo Mojica
Los cerros de Cúcuta se engalanan con la presencia de los Cañagüates vestidos de amarillo, que a la distancia se ven como trajes de oro, invitándonos al goce de la vida, llevándonos a la ilusión de tener mejores posibilidades para nuestra sociedad.
Los cerros se transforman en montañas orgullosas, sobre los resplandecientes tapetes de sus hojas, que refrescan la aridez del suelo, mientras sus profundas raíces rompen su textura, cambiando una estructura desértica, luchando con los vientos cruzados, mejorando el aire que respiramos en nuestra hermosa ciudad.
Los Cañagüates son árboles que luchan contra todo, al igual que nuestro temperamento, transforman las dificultades del entorno en mejores oportunidades.
Ese majestuoso jardín natural, embellecido por el árbol regional es parte de nuestra identidad, juntos rompemos paradigmas contra la adversidad.
Como para Holanda los tulipanes, los Cerezos a Japón, los Olivos a Grecia y los Pinos a Francia, para los Cucuteños, los Cañagüates, hacen parte de nuestras vidas iluminándonos con su dorado resplandor.
Recopilado por: Gastón Bermúdez V.











¿Son endémicos?
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