viernes, 15 de mayo de 2026

2794.- DULCES DE PLATICO

Catalina Maldonado Acevedo


“Las ventas han caído desde que las Olivares abrieron su fábrica de arrastrados". Comentó doña Graciela, la dueña de la dulcería más famosa de la ciudad. Esos cuadritos de leche arrastrados en azúcar pulverizada, así como los dulces de doña Graciela servidos en elegantes platicos de porcelana, eran un manjar para el goloso paladar de los cucuteños.

Siendo muy pequeñita Marujita, la menor de las tres hijas de doña Graciela, descubrió los secretos culinarios de la abuela Salustiana, pionera en el arte de la repostería. Y es que así eran las señoras de antes: preferían morir antes de revelar sus recetas de cocina.

Ese fue el caso de Salustiana, quien murió de infarto cuando descubrió a su nuera Graciela escondida detrás de la puerta copiando la receta del dulce de higos.

Un domingo en la madrugada, mientras Marujita, aun dormía, escuchó una voz que le susurraba en el oído, muy suavecito: "Lavás muy bien los higos para quitarles la pelusa y en todo el centro de la parte gruesa les hacés un corte en cruz para que no se encojan".

Desconcertada, Marujita se sentó en la cama y pensó: ¿Estaré volviéndome loca, o la abuela Salustiana en realidad me habló desde el más allá? "Los sancochás tres veces- continuó diciendo la vocecita- y les agregás lo que cojás de sal con la punta del cuchillo para que no se amarguen. La miel de panela la preparás aparte y se la ponés al final, para que no se arruguen".

Inmediatamente, la joven corrió hacia el solar y bajó los higos más gordos que encontró en las ramas. De repente, la casa se impregnó de un aroma peculiar: Olía a recuerdos de infancia y a momentos felices compartidos en familia cuando Salustiana aún vivía.

En ese momento Marujita comprendió que el secreto de los dulces no estaba en la receta, sino en el amor con el que eran preparados.

En otra ocasión en que Marujita cocinaba una berenjena verde para el almuerzo escucho los gritos de Rosa Mercedes, la vecina de enfrente. Su hijo Alfonsito estaba ardiendo en fiebre. La primera en llegar fue doña Graciela, experta en diagnosticar enfermedades raras. Era tan certera, decían las malas lenguas, que desde que vio al niño, tan alicaído y débil, descubrió que era mal de ojo:

-Mejor es que se lo llevés a don Tomás, el iluminado del barrio el Contento, para que lo secretee y le sobe la panza o se le descuaja se el muchachito.

Después del triste episodio, Marujita regresó a sus labores y vio que la berenjena verde que había dejado cocinando estaba prácticamente deshecha. De ella se desprendían hebras doradas, como los cabellos de Alfonsito y pensó: "Si le agrego un poco de azúcar y trocitos de tomate, del color de los labios del pequeño, ha de quedar tan dulce como él".

Y fue así, como por arte del mal de ojo, que nació el dulce de Cabellos de Ángel.

Otra de las recetas que Marujita aprendió a preparar de manera muy particular, fue la Conserva de Lechosa Verde de su tía Rita Elisa: Otra matrona cucuteña que también pretendía llevarse sus recetas a la tumba, hasta que Marujita le contó que la abuela había ido a parar al purgatorio por egoísta y entonces decidió hablar:

"Se pela la lechosa y se corta en tiras muy delgaditas, casi transparentes. Se deja en agua y al sereno durante toda la noche. Al día siguiente, se tuercen una a una, se ponen a cocinar en la miel de panela y si quiere le pone clavitos de olor”.

Esas fueron las últimas palabras de Rita Elisa, quien por supuesto fue enterrada con sus cuadernos de cocina; pero al menos esquivó el purgatorio gracias al gesto de generosidad con su sobrina.

Marujita continuó preparando dulces de platico hasta que murió viejita y arrugadita, como una ciruela pasa. En las páginas de su libro también quedaron escritas a mano las recetas del dulce de zapote, mamey, el de natas, el delicado de piña, el de toronjas, los casquitos de limón, el de leche cortada, el de arequipe y moras, tan aromático, el de guayaba, el de mango y papayuela, el de duraznos y la insuperable Crema de Coco, en la cual le hace una anotación especial: "El secreto de este dulce consiste en no cambiar de mano hasta que la crema espese. Si esta recomendación no se cumple al pie de la letra, y alguien más la jurunguea, ¡se le corta!"

Marujita Ferrero Caicedo





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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