lunes, 8 de junio de 2026

2806.- HOMENAJE EN VIDA A MARGARITA ACEVEDO

La Opinión


El ballet en Norte de Santander y el estado Táchira tuvo una pionera profesional, quien dedicó su

vida entera a formar niñas y niños en este arte, y al día de hoy, octubre 2025, atraviesa una compleja situación de salud, que de manera forzada la retiró de los escenarios, espacios que eran su razón de ser.

La bailarina llevó su conocimiento y preparación a diferentes recintos académicos, en donde formó e implantó por primera vez el ballet clásico de manera profesional, cuidando y velando por la salud e integridad física de cada uno de sus alumnos.

La cifra de estudiantes que tuvo a su cargo es un número incalculable, puesto que, en sus más de 60 años de trabajo, asesoró a niños de todas partes y estratos socioeconómicos.

Su rol de profesora y tutora rompió barreras, pues llegaba hasta lugares remotos con el fin de ayudar a aquellos pequeños que tenían talento y gusto por el ballet, pero muy pocas oportunidades. Muchos de aquellos alumnos, luego se dedicaron a seguir enseñando este arte, que aprendieron con detalle de quien fue su gran maestra.

Sin embargo, tanto esfuerzo y dedicación le pasó factura a la artista, ya que el ballet se considera un deporte de alto rendimiento y por ende con el paso de los años genera desgastes articulares considerables como fue el caso de Acevedo, quien en el transcurso de sus últimos años padece de diversas enfermedades como secuelas de su profesión.

En 2016, fue sometida a una cirugía de trasplante de cadera la cual resultó exitosa, pero perdió gran parte de su memoria, situación que su familia no entiende por qué sucedió. Con el pasar de los años esta condición empeoró, y para el año 2020 fue un punto de quiebre total.

En ese año, llegó la pandemia y la escuela que siempre había sido su razón de ser y su única fuente de ingresos, cerró de manera definitiva en octubre.

Esta situación generó en Margarita un choque emocional, ya que estaba acostumbrada a ser alguien activa profesionalmente, y de manera abrupta pasó a estar en su casa y solo ver a su hija Catalina. Lo anterior, provocó que Margarita terminara de perder su memoria.

Actualmente, su hija Catalina Maldonado es quién cuida de ella y lucha por mantenerla en las mejores condiciones de salud y bienestar. Sin embargo, sus otros dos hijos José Guillermo y Adriana Maldonado quienes residen en Estados Unidos, desde la distancia están al pendiente de todo lo que a su madre requiere.

Sin embargo, algunos de sus viejos amigos -como Juan Becerra- organizaron para el sábado 11 de octubre 2025, una serie de actividades en la biblioteca pública Julio Pérez Ferrero, que tuvo como finalidad recaudar fondos monetarios para adquirir unos elementos y suministros esenciales para la salud de Margarita, quien fue la gran profesora de ballet para cientos de personas del departamento.

Se nos fue Margarita, quien enseñó a bailar ballet a Cúcuta


Hay personas cuyo legado trasciende el tiempo porque siembran su pasión en los demás. Así fue Margarita Eugenia Acevedo Meza, la bailarina y maestra cucuteña que dedicó más de cinco décadas a formar artistas, impulsar la danza clásica y demostrar que el ballet podía convertirse en un proyecto de vida para cientos de niñas y jóvenes de la región.

Su nombre quedó ligado para siempre al desarrollo cultural de Cúcuta. No solo por el talento que la llevó a presentarse desde muy pequeña en escenarios como el Teatro Colón de Bogotá, sino porque decidió regresar a su tierra para construir allí una escuela que transformó el panorama artístico de Norte de Santander.

El 25 de junio 2026, a los 76 años, Margarita Acevedo falleció en Cúcuta, ciudad donde escribió la mayor parte de su historia. Sin embargo, quienes la conocieron coinciden en que su verdadera despedida ocurrió mucho antes, cuando cientos de alumnos comenzaron a multiplicar sus enseñanzas dentro y fuera del país.

Su historia empezó en una familia donde el arte era parte de la vida cotidiana. Era hija de un periodista y de una pianista, mujer enamorada del ballet que despertó en su hija la curiosidad por la danza desde muy pequeña. Así Margarita Eugenia Acevedo Meza es hija de doña Francisca Meza, artista, y don José Gregorio Acevedo. Nació en Cúcuta el 3 de octubre de 1948 y comenzó sus estudios de ballet a los seis años con la profesora cubana de talla internacional Josefina Hernández. Casó con el escritor Guillermo Maldonado.


Fue la fundadora del ballet clásico en la zona fronteriza. A esta actividad se dedicó por completo, pues desde los 6 años se sumergió en este mundo rodeado de trajes deslumbrantes, danzas coordinadas y un talento innato que la hizo destacar.

Sus primeros tutores vieron el talento que poseía y lo entregada que era. Esto permitió que Margarita avanzara rápidamente. Su dedicación, talento y pasión le otorgaron reconocimiento y renombre tanto en el departamento, como en el vecino país, lo que le abrió las puertas laboralmente. Más de 60 años dedicó la pionera del ballet clásico a formar múltiples generaciones en Cúcuta y Venezuela.


La disciplina, la elegancia y la delicadeza de sus movimientos la convirtieron en una de las bailarinas más destacadas de su generación. Era conocida entre sus compañeros como “Brazos Lindos”, un apodo que resumía la armonía de sus movimientos sobre el escenario, mientras que su extraordinaria flexibilidad despertaba admiración entre quienes compartían clases con ella.

Uno de los recuerdos más especiales de su carrera ocurrió cuando tenía apenas 12 años y se presentó por primera vez en el Teatro Colón de Bogotá interpretando Las sílfides. Décadas después todavía hablaba de ese momento con emoción. “Fue impresionante porque era la primera vez que me presentaba en el Teatro Colón y fue una sensación indescriptible”, recordó durante una entrevista concedida a La Opinión en 2017.

Aunque pudo continuar construyendo una carrera artística fuera de la ciudad, eligió otro camino. El amor influyó en esa decisión. “Me enamoré de un hombre maravilloso y un gran escritor, Guillermo Maldonado. Me casé, tuve mis tres hijos y me quedé con la enseñanza del ballet”, contó entonces. Aquella decisión terminó cambiando la historia de la danza en Cúcuta.

Durante más de cincuenta años dirigió la Academia de Ballet Margarita Acevedo, donde enseñó a varias generaciones. Algunas de sus alumnas se convirtieron en bailarinas profesionales y llegaron a integrar importantes compañías internacionales, especialmente en Alemania.

Su vocación docente también la llevó a trabajar en la Universidad de Pamplona, la Universidad Libre de Cúcuta, la Escuela de Danza de San Cristóbal, Venezuela, el Centro Cultural Municipal y la Secretaría de Cultura de Cúcuta. Además, fue invitada como coreógrafa por la Universidad de Los Andes, en Mérida.


Pero Acevedo no solo enseñaba técnica. Con el paso de los años desarrolló una metodología propia basada en su experiencia, convencida de que el ballet también podía ser una herramienta para fortalecer la autoestima, la disciplina y el bienestar físico.

Su espíritu innovador quedó demostrado cuando organizó el primer Festival de Danza-Jazz realizado en Cúcuta, un evento pionero que reunió figuras nacionales e internacionales y abrió un espacio que hasta entonces era inexistente en la ciudad.

Fuera de los salones de ensayo encontraba felicidad junto a sus hijos Adriana, Catalina y José Guillermo, sus nietos y sus inseparables gatos, protagonistas de muchas de las anécdotas que compartía con humor.

Cuando en aquella conversación de 2017 le preguntaron cómo quería ser recordada, respondió con una frase sencilla que hoy resume toda una vida dedicada al arte: “Como una mujer de buen humor, que le gustaba reír y que amaba el ballet”.

Quizá esa sea la mejor definición de Margarita Acevedo. Una bailarina brillante, una maestra exigente y una mujer que entendió que el verdadero éxito no estaba únicamente en los aplausos, sino en ver cómo sus alumnos seguían danzando cuando ella ya había dejado el escenario.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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