PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

TERREMOTERO -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

domingo, 14 de abril de 2013

362.- EN LA INSULA, CUCUTA OFRECIA TURISMO SEXUAL


Jhon  Jairo Jácome Ramírez



Así luce actualmente la fachada del bar El Campestre.

Luego del escándalo que se generó en Cartagena por culpa de un agente del Servicio Secreto de los Estados Unidos que se negó a pagarle a una prostituta por los servicios prestados durante una noche de sexo y alcohol, la fama de La Ciudad Amurallada como lugar que ofrece turismo sexual a los extranjeros, volvió a quedar en evidencia.

En Cúcuta, con el caso de la ‘cumbre’ sexual, la nostalgia de algunos habitantes se hizo evidente al recordar que aquí, en la frontera, también existió un negocio, muy rentable por decir lo menos, cuyo epicentro era precisamente ese, el del turismo sexual.

En esa época en que el bolívar era muy fuerte, los venezolanos venían a Cúcuta a tres cosas básicamente: comprar su vestuario y alimentos, hacerse ver de los médicos de la época y a divertirse en La Ínsula y otras casas de renombre que existieron en la ciudad. Eran tiempos en que los únicos turistas extranjeros que ingresaban a Colombia lo hacían hacia nuestra ciudad y eran todos venezolanos.

Al mencionar el nombre de La Ínsula, los recuerdos de esas noches cargadas de sexo y alcohol invaden las memorias de cientos de cucuteños que, hace más de 40 años, frecuentaban la que era conocida como una de las más famosas zonas de tolerancia del país. A los nombres de lugares como Casa de Muñecas, El Campestre, Los 7 velos, La Quinta, Viejo Tango, Los Arbolitos, El Lago, Metrópoli, Caracol, El Paraíso, El Dandy, El Katunga, El Kalié, El Torrente, entre otros, van ligados los rostros de cientos de mujeres hermosas que los adornaban para el delirio de propios y extranjeros.

Todos estos sitios, encallados a las afueras de la ciudad, fueron estratégicamente ubicados sobre la vía que comunica a Cúcuta con San Faustino, en lo que era entonces el corregimiento de El Salado. En la década de los años 60, ir a La Ínsula significaba salir de Cúcuta para disfrutar de los placeres terrenales.

“Quizás por estar allá, lejos, la gente nunca se opuso a este lugar. Además, algunos de los propietarios de estos sitios eran reconocidos personajes de la ciudad que vieron una oportunidad increíble de hacer fortuna con el negocio del entretenimiento”, manifestó un  cucuteño de 69 años que, sin ruborizarse, sostiene que en su juventud fue bastante ‘putón’.

El sexo como negocio en Cúcuta

Piscina de El Campestre

Antes de que el sector de La Ínsula se consolidara como el epicentro de la prostitución en Cúcuta, existieron otros puntos que, ante el rechazo generalizado de la sociedad, fueron desapareciendo paulatinamente. Una de las primeras zonas de tolerancia conocidas en la ciudad fue la que se llamó El Hormiguero. Estaba ubicada en la calle 10 entre avenidas 16 y 18. De allí, ante la presión social, esta zona se fue desplazando hacia el barrio Magdalena, que fue también zona de tolerancia. Sin embargo, siendo secretaria de Gobierno municipal Ligia Echavarría, los lugares que allí se habían abierto fueron cerrados.

A raíz de esto, se fueron consolidando otras dos zonas que, más de 40 años después, aún conservan los rastros de la época dorada que vivieron en medio del derroche que la frontera experimentó gracias a la bonanza del bolívar. Una de estas zonas fue la conocida como La Guayabera, formada alrededor de la Terminal de Transportes de Cúcuta y en la que aún hoy existen algunos sitios que se resisten a cerrar sus puertas. La otra zona fue La Ínsula, el paraíso del sexo, el alcohol y las drogas en la década de los años 60, 70 y 80.

Las mujeres de La Ínsula

Era tal la belleza de las mujeres que se encontraban en los lugares que allí ofrecían sus servicios, que los venezolanos llegaban directamente a estos lugares antes que al centro de la ciudad a hacer sus compras. Entre las más recordadas por su belleza sobresalen Rosa La Caracatisqui, Esmeralda La Caleña, Ana La Valluna, Trina La Pampanini, Elisa La Caballo de Alambre, Fanny Pipas y otras cuyos nombres fueron reemplazados por sus motes, como La Copa Champanera, La Marsellesa y Pita Camión.

Todas ellas provenían de Antioquia, Valle del Cauca, Eje Cafetero y algunas, muy pocas, eran de Cúcuta.

“En estos lugares abundaba el trago y la marihuana. Se fumaban cigarrillos marca LM, Kool, Lucky Strike, Kent y Marlboro. El whiskey, por sobre los otros licores, era el más apetecido”, precisó el cucuteño que, sin desparpajo, habla de los ‘días de gloria’ que vivió allí, donde incluso hizo fama por defender a las prostitutas.

 
Así se veía el techo del lugar.

Uno de los jíbaros más recordados es alias Penicilina. “Nunca le podían encontrar la droga porque siempre la escondía debajo de las piedras a las afueras de los bares”, sostuvo el mismo cucuteño.

También hizo historia en esta zona el ecuatoriano Guillermo Garcés, alias La Perica, quien todas las tardes era visto por el centro de la ciudad rodeado de mujeres que compraban cuanto accesorio veían en los almacenes. Todas ellas eran trabajadoras sexuales de La Ínsula que La Perica protegía.

Paro de prostitutas


Una de las anécdotas que más recuerdan los cucuteños que frecuentaban los bares de La Ínsula, es la que tuvo que ver con el paro de tres días decretado por la muerte de una trabajadora sexual. “En el hotel Palace del centro de Cúcuta apareció muerta una prostituta. Por esta razón, todas las empleadas de los bares que funcionaban en La Ínsula decidieron cerrar sus piernas, literalmente, durante tres días para exigir justicia”.

Este hecho fue el preámbulo del cierre total de esta zona de tolerancia que trascendió las fronteras locales para lograr posicionarse en el país e incluso Venezuela.

Y fue precisamente después de ese innombrable ‘viernes negro’ de febrero de 1983, cuando el bolívar registró su peor caída, que los venezolanos, asiduos visitantes de estos lugares, decidieron no volver más. Con su ausencia, el negocio se tornó ‘pesado’ y las mujeres buscaron nuevos horizontes cruzando hacia el vecino país o retornando a sus lugares de origen.

Con su partida, muchos corazones quedaron rotos, muchos bolsillos quedaron vacíos y muchas casas se volvieron ruinas.




Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

viernes, 12 de abril de 2013

361.- JOSE NEIRA REY, UN PREOCUPADO Y SERVIDOR


Julieth Cano



José Neira Rey es el hombre orquesta. Es abogado egresado de la Universidad Libre, estudió  economía,  su pasión es la filosofía, ha incursionado en la radio  y el pasatiempo preferido el estudio de fenómenos paranormales.

Es sincero. Le molesta la mentira, el engaño, el zafarrancho  y el despotismo.

Lo hace feliz la tranquilidad y escuchar música clásica. Admira a los compositores  Tchaikovsky y al noruego Eduard Grieg.

Su fundamento de vida es aprender y servir. “Al mundo no venimos a comer helados y a que nos digan doctor.  Se aprende todos los días, cantando, observando. Servir no es dar plata, puedo servir brindando una sonrisa, acompañando a un amigo en la desgracia. Cuando partamos nos llevamos lo que aprendimos y lo que servimos”.

Nació  en Bucaramanga.  Allí estudió hasta noveno de bachillerato. Llegó a Cúcuta debido a que su padre, trabajador de Tejicondor,  fue trasladado a esta ciudad. Terminó la secundaria  en el colegio Sagrado Corazón de Jesús. Donde el sacerdote Zaldívar descubrió sus dotes para la escritura.

Se caracterizó por ser buen estudiante. Le gustaba la radio. En el colegio narraba los encuentros deportivos de basquetbol, voleibol y fútbol. Una vez un locutor lo invitó a trasmitir un partido del Cúcuta Deportivo. En el segundo tiempo Neira se equivocó: “Ha ponido el esférico la garza Caicedo”. Se dio cuenta del error y avergonzado dijo que jamás volvería a tocar un micrófono. El locutor le dijo que eso era producto de los nervios. Así empezó la trayectoria en la radio.

Estudió un semestre de Medicina en la Universidad Libre (Bogotá),  se dio cuenta de que no era lo suyo y se pasó a derecho. En la capital del país, fue locutor de algunos programas radiales de la emisora Nuevo Mundo. Presenció los problemas de la toma de poder de Gustavo Rojas Pinilla. Terminó segundo año de derecho y decidió trasladarse a Barranquilla, donde hizo tercero y cuarto año.

En la capital del Atlántico se dedicó a hacer radio. Conoció a la holandesa Ilda Jane Zalentein. Fue amor a primera vista. Esposa y madre de sus tres hijos. Wlamyr, Willmar y Waldir.

Terminó la carrera en Bogotá. Recién egresado, su padre sufrió una trombosis, por lo que debió venir a Cúcuta para estar pendiente de la salud del progenitor.

En la capital Nortesantandereana no conocía a nadie. Habló directamente con el alcalde Luis Rodríguez y le permitió hacer la   práctica de judicatura. En 1961, antes de terminar el año de judicatura, tuvo la oportunidad de  ser director de Fenalco. Dirigió el radio-periódico ‘El Tribunal del Pueblo’, en la Voz del Norte y en la Voz de La Gran Colombia.

Fue promotor de la primera Feria Nacional de la Frontera, en 1968. Impulsó y organizó hasta la octava Feria y gestionó la primera feria internacional de Cúcuta.

Ese fue el inicio de muchos éxitos en la trayectoria profesional. Fue delegado de Colombia en México, embajador de Colombia en Finlandia, presidente de la Cámara de Comercio Colombo- Venezolana,  presidente de Fundempresa, gerente de las Empresas Públicas Municipales, gerente de Bolautos (Compañía Bolivariana de autos), director de la Caja de Compensación Familiar, director de la Corporación de Ferias y eventos de la Frontera, dueño y director de la emisora Voz de la Gran Colombia.

El presidente Belisario Betancourt lo nombró Secretario de Asuntos Fronterizos. Neira en esa ocasión le dijo “Presidente, usted no me puede nombrar porque soy crítico suyo. No tengo como  desplazarme a Bogotá. Además, no creo en palabras sino en realidades”.

El mandatario  le respondió que no hablaba con Belisario Betancourt sino con el presidente de la República y que le ofrecía todo para estar constantemente en Bogotá.
“Le dije, Presidente, soy su soldado. Pero acepto con la condición que me diga qué es lo que tengo que hacer. El día de la posesión el mandatario me dijo que cuando se originara algún problema en la frontera, presentara la solución que me pareciera conveniente y cuando necesitara hablar con él, no tocará la puerta del despacho, sino entrara de una vez”.

Para Neira todos los cargos exigen responsabilidad. “A veces no se cumplen todos los propósitos previstos; sin embargo, lo que uno haga debe hacerlo de la mejor manera y con voluntad”.

Escribió el libro ‘Desde el final de la tierra’. Relata la experiencia como Embajador de Colombia en Finlandia (1993-1995) y cuneta la vida de este país nórdico.

“En Finlandia, viví cambios de temperatura hasta de 34º C bajo cero,  es impresionante el silencio, no escuché el ladrido de  los perros. Un país organizado. Los carros y taxis funcionan en un solo carril. El sistema de parqueo es controlado por dos mujeres vestidas de rojo, que dan testimonio sobre las infracciones”.

En dos oportunidades viajó desde Bergen hasta Cabo Norte (Noruega), contemplando los fiordos. “Fue una experiencia extraordinaria, ver las montañas que nacen bajo el nivel del mar”.

Uno de los momentos más difíciles  fue la pérdida de su compañera sentimental en 1996. Después de muchos exámenes médicos, los doctores dijeron que moriría en 48 horas debido a una obstrucción de las arterias mesentéricas, que habían producido un envenenamiento. Mis tres hijos médicos no podían hacer nada. “Es un momento de impotencia, saber que alguien se va a morir y no poder hacer nada. Es difícil, sin embargo se deben afrontar y asimilar  esos momentos”.

Hace parte del grupo de Los Cien. Un grupo de profesionales, divididos en seis comisiones, que analizan la situación de la frontera y   de los estímulos necesarios para impulsar el desarrollo industrial en la región. Ahora es presidente de la Corporación Acción Nortesantandereana y Fronteriza (Canyfron).

“Los problemas en la frontera no son económicos sino humanos. No hay trabajo en equipo, no hay asociación. Hay facilismo e inmediatismo.  Lo que necesitamos es organizarnos, unirnos no solo a nivel nacional sino binacional”.



Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

miércoles, 10 de abril de 2013

360.- EL 31 DE MAYO DE 1925 SE EMPEZO A FESTEJAR EL DIA DE LA MADRE



Celmira Figueroa


 



El motivo por el cual se aplazó para el último domingo de mayo la celebración del Día de la Madre lo reza la mayoría en Cúcuta, pero en los archivos no aparece la fecha real de ese traslado que se institucionalizó en esta capital.

La mercancía que venía en barco para Cúcuta, vía Lago de Maracaibo, Venezuela, no llegó a tiempo y por eso hubo que aplazar el festejo para el último domingo de mayo. En eso coinciden desde dueños de almacenes hasta el transeúnte común de esta franja fronteriza.

Por ley, expedida el 16 de febrero de 1925, se estableció que en Colombia el Día de las Madres sería el segundo domingo de mayo de cada año. Así quedó consignado en la ley 28.

El 31 de mayo de 1925 se celebró por primera vez en Colombia y por supuesto Cúcuta no fue la excepción.

La programación definida para ese domingo inició a las 9:00 de la mañana con  una eucaristía en el templo de San Antonio en donde se reunieron las madres de los alumnos de las escuelas oficiales urbanas y rurales de El Llano y El Callejón. La misa fue oficiada por el presbítero Daniel Jordán y presidida por el alcalde Eufemiano Moros, quien expuso “de manera delicada la misión de la madre y la gratitud filial”, según aparece registrado en el libro `50 años de historia nortesantandereana”.

En la tarde, a partir de las 3:00, en el salón principal de la Escuela Central de Varones, dirigida por Guillermo Solano Benítez, se llevó a cabo otra programación. Asistieron el reverendo padre Telésforo Corta, el secretario de instrucción pública y de gobierno y las escuelas de niñas y varones y la número 3 de niñas.

En ese mismo libro de las memorias de Norte de Santander  aparece que “el 10 de abril de 1931 fue restablecido el servicio de trenes entre Cúcuta y el puerto venezolano de Encontrados sobre el río Catatumbo, servicio que se había suspendido debido a los recientes acontecimientos políticos de Venezuela”. Ese episodio podría coincidir con el aplazamiento de la fecha de celebración de Día de la Madre en Cúcuta. Porque según el historiador Fernando Vega a principio del siglo XX toda la mercancía extranjera llegaba a Cúcuta por tren. “Y el tren no llegó con la mercancía para las madres”.

Rodolfo Mora Mora, presidente de la junta directiva de la seccional de Fenalco, coincidió en que los regalos a las madres eran importados y “hablando comercialmente se arraigó esa fecha para poder atender bien a los venezolanos el segundo domingo de mayo y con la misma intensidad a los cucuteños el último domingo. “En la práctica ha dado resultados y la prueba de ello es que me ha tocado meterme a la cocina porque los restaurantes están atestados un domingo de madre”.

Los primeros comerciantes

Desde que tienen noción la celebración del Día de la Madre en Cúcuta es el último domingo. Siempre han tenido dispuestos sus almacenes para la clientela.

Raúl Abdala Jaber, propietario del almacén `El Duque y la Duquesa`, que cumplió 35 años de estar abierto, recita la misma historia de la `atracada` mercancía en el Lago de Maracaibo. Sin embargo, le gustaría que esa fecha se unificara con el resto del mundo.

Daniel Hernández, quien cumplió 43 años gerenciando el almacén La Corona, que existe desde hace 59 años, recuerda que precisamente una de las tiendas que encargó mercancía a Europa fue Tito Abbo, que era la casa principal de Cúcuta, y ese pedido no llegó a tiempo. Por eso se aplazó el festejo.

“Esa es una tradición arraigada en el cucuteño, difícil de cambiar”. Los regalos para las madres (perfumería, porcelana, telas, artículos para el hogar) quedaron en el barco atracado en el Lago de Maracaibo. De ahí se hacía el trasbordo al tren que entraba por Puerto Santander. “Es que Cúcuta fue el primer puerto terrestre de Colombia”.

Jorge Saad Chauvez, propietario del almacén de ropa Napoli, abierto desde hace 49 años, recuerda también que en esa época solo existían dos o tres casas, entre esas Tito Abbo y Wollner y el encargo hecho para ese domingo, Día de las Madres, se tardó en llegar. Esa celebración es atípica a nivel mundial. El cambio de fecha, recuerda, fue buena cuando a Cúcuta llegaban los venezolanos en masa.

“Ahora no tenemos temporada de venezolanos, ni de madre”. Pero hay que seguir celebrando.



Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

domingo, 7 de abril de 2013

359.- DIA DE LA MADRE EN CUCUTA, COLOMBIA


Ciro Alfonso Cano Mora

Como en nuestra amada Cúcuta y buena parte de Norte de Santander celebramos el día de las progenitoras el último domingo de mayo, ya viene siendo hora de re-socializar el tema, pues muchos desconocen el por qué y desde cuándo.

El tema lo traigo a colación primero porque estamos cerca a dicha celebración y segundo por la inexactitud de comentarios al respecto hechos a través de varios medios  y algunas respuestas en foros de internet.

Todos apuntan a que en Venezuela lo celebran así, el último domingo de mayo.

Pues lamentablemente tenemos que decirles, informarles y reiterarles que el cuento no es así, pues los amigos venezolanos lo celebran como el resto de colombianos y muchos otros países el segundo domingo, por lo tanto nada que ver con esas aseveraciones. Por eso hay que tratar de investigar un poquito, de preguntar al menos, para no desorientar más a la gente.

La breve historia de esa tradición cucuteña y nortesantandereana se remonta a la primera mitad del siglo XX, cuando la ciudad progresista y pionera como siempre, un mes de mayo se preparaba para tan bella celebración, igual que en todo el país, el segundo domingo de mayo.

En aquellos tiempos los regalos y demás detalles que se entregaban con solemnidad a cada mamá, abuela, tía o esposa, siempre llegaban de Europa, importados por los comerciantes, en su mayoría inmigrantes, asentados en la calurosa villa y propietarios de los “ventura” – “unicentro” – y “sanandresitos” de la época.

Por supuesto el transporte era en barco que cruzaba durante semanas el Atlántico para desembarcar en el puerto de Maracaibo y de allí buscar la entonces límpida, impetuosa y profunda vía acuática del Río Zulia, claro en barcazas de menor calado, con toda esa preciosa carga y otros insumos necesarios en los pueblos de esta parte del nuevo mundo, además de viajeros y probablemente contrabando y polizones.

Las pequeñas y medianas naves remontaban nuestro querido río hasta el Puerto de Los Cachos, más o menos donde queda la Represa del Distrito de Riego hoy en día y allí descargaban “los contenedores” de la época, los cuales se trasladaban a Cúcuta a lomo de mula o por tren, cuya línea pasaba relativamente cerca del puerto fluvial en mención.

De allí los pequeños barcos se devolvían llevando cargamentos de café y cacao.

Pero resulta que en esa oportunidad el barco no pudo llegar – Y no era culpa de la guardia y de Chávez, pescas milagrosas de la guerrilla o retenes con los paracos, pues aún no habían mal nacido todos esos célebres actores -y como fiesta de la madre sin regalo no es fiesta, no había otra que aplazar la celebración y en eso estuvieron de acuerdo autoridades municipales, autoridades eclesiásticas, gremio de comerciantes y comunidad en general.

Entonces el día de la madre debió trasladarse al último domingo, pues estando todos de acuerdo era mejor esperar las buenas mercancías Made in Europa y no conformarse con la misa, claveles rojos, serenata y ponquecito criollo, de la Cúcuta de entonces.

Hay que decir que el barco al fin llegó, los regalos también y la fiesta se pudo realizar con todo su esplendor y la cosa desde ese momento quedó gustando, por eso se motivó la celebración en los siguientes años de igual manera, lo cual generaba una diferencia de la región con el resto del país, que con el paso del tiempo se fue arraigando y hoy hace parte de esa identidad que tenemos todos los nacidos o criados en estas tierras.

Los demás pueblos del departamento también se fueron uniendo a esa idea, salvo algunas excepciones en la provincia de Ocaña.

Por eso celebrar el DIA DE LA MADRE el último domingo de mayo se sigue y se seguirá haciendo así, pues es una marca distintiva y que la llevamos muy, pero muy pegada a nuestro corazón, pues recordemos que en varias ocasiones se han oído voces de personas e instituciones queriendo obligar la celebración como en todo el país.

Pienso que eso sería como un madrazo de frente para todos los que tenemos arraigo por la tierra, sus costumbres, su historia y demás connotaciones.

O igual que si propusieran cambiarle el nombre al Pamplonita y ponerle Elías M. Soto, por lo de la canción, al estadio General Santander por el nombre de Ramiro Suárez porque lo acabó de construir o al aeropuerto Camilo Daza por Jorge Rolón, sobreviviente de un accidente de aviación.

Por lo tanto, dicha versión, es la que he escuchado siempre de historiadores y narradores de épocas pretéritas, coincidentes en esencia, fechas y proyección, que todos debemos conocer, comentar y contar a toda esa gente que aún no la conoce y vive pensando que todo aquí lo hacemos, lo sentimos, lo creamos, lo organizamos, en fin, porque en Venezuela la cosa es así.

Lástima que esa sea la idea más vendida y por esa razón es que debemos accionar ideas y promoción, desde luego con cierta intensidad, para mostrar y demostrar que somos Colombia, pero un pueblo diferente, con su propia identidad.

Que les parece entonces, ahora que temas un tanto triviales como el tratado, que vuelve al primer plano, a ver si trabajamos con celeridad y claridad, para que en el resto del país y algunos lugares del exterior no sigan pensando que nuestra ciudad y departamento son Venezuela o Santander, pues esto es Cúcuta y Norte de Santander, donde nació Colombia y Venezuela también.

NOTA : No todos los países del planeta celebran el DIA DEL MADRE el segundo domingo de mayo, aunque si la mayoría.

Hay diferentes fechas y meses en distintos lugares, como el caso de República Dominicana y Suecia, que al igual que Cúcuta y N.S., también lo hacen el último domingo de mayo.

Según cronistas e historiadores locales, la época en que ocurrió el cambio de fecha del DIA DE LA MADRE en nuestra tierra se remonta a la década de 1930, pero el año, no ha podido ser fijado con exactitud.

La versión de Fenalco señala a 1950, pero de todos modos nos aferramos a los datos antes citados, pues en muchas ocasiones escuchamos que ese cambio se dio en años anteriores y además para mediados de siglo el puerto de Maracaibo había perdido la importancia para el tránsito de mercancías de importación y exportación, pues las mismas se hacían a través de Barranquilla, el río Magdalena y sus puertos de donde se despachaban al interior, V.ga. por la carretera Bucaramanga-Pamplona-Cúcuta, ya construida en ese entonces.

Además el transporte aéreo se fortalecía con nuevos, más grandes y eficientes aviones, que permitían transportar pasajeros y cierta carga a ciudades importantes como la capital de Norte de Santander, que ya por esos años contaba con muchos compradores del vecino país y mostraba su irremediable vocación comercial.


Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

viernes, 5 de abril de 2013

358.- TERROR EN EL AMELIA


Orlando Clavijo Torrado /  Jhon Jairo Jácome Ramírez



En 1935 don Rudesindo Soto y su esposa Amelia Meoz donaron, por escritura pública, el terreno para construir el Sanatorio Antituberculoso u Hospital Amelia como se le conoció tradicionalmente, en el barrio Loma de Bolívar de Cúcuta.

No se ha establecido en qué fecha en el mismo terreno funcionó el cementerio alemán. A propósito de éste, el doctor Pablo Emilio Ramírez Calderón me respondió que ello sucedió in illo témpore. El doctor Pablo Emilio, reconocido médico y mi compañero en la Academia de Historia del Norte de Santander, conocedor como el que más y escritor de la historia de hospitales, dispensarios y servidores de la salud de la ciudad, añade que allí iban a parar aquellos que no profesaban la religión católica, como los masones y algunos extranjeros. Es sabido que por muchos años la Iglesia no permitió la inhumación de comunistas y liberales radicales en camposantos - este no lo era porque no podía ser bendecido por ningún sacerdote –; los suicidas y los amancebados tampoco recibían sepultura en “tierra sagrada” sino fuera de ella, o en las huertas.

Actualmente funciona en el lugar, en la parte delantera, la Unidad Básica de Salud Loma de Bolívar, que maneja el Instituto Municipal de Salud – Imsalud –; en el costado posterior se levanta la edificación que se debe igualmente a la generosidad de los esposos Soto-Meoz. El imponente bloque, espacioso y sólido, sin que le hubieran negado costos, está hoy lastimosamente abandonado. Yo recorrí la planta baja, en donde afirman que más espantan, aunque no llegué hasta el propio fondo porque me infundieron temor. Sin embargo inspeccioné la morgue, los baños de hombres y mujeres, y las salas de consulta y despacho de medicamentos; en el segundo piso se encuentran los dormitorios; ambas plantas se comunican por un amplio puente inclinado. En el solar, aseguran que incineraban los cadáveres que no eran reclamados. Esos son los difuntos que andan penando por todos los pasillos, además de los del cementerio alemán.

El personal de la Unidad Básica, desde médicos, bacteriólogo, odontólogo y enfermeras, hasta camilleros, celadores y choferes viven, como decimos en Ocaña, “encaramados”, o a lo cucuteño, muertos de culillo. Casi que en sus breves descansos duermen arrunchados. Los alaridos de niños, mujeres y hombres en las altas horas de la noche y las siluetas fantasmales que deambulan por el vetusto edificio los hacen salir corriendo.

Lo que constituía una leyenda adquirió patente realidad el martes 27 de marzo del año de gracia del Señor de 2012. Cuando una feroz tormenta eléctrica se desató sobre la ciudad por dos horas, el grito fuerte y adolorido de una mujer aterrorizó a pacientes – que se apeñuscaron en un rincón- y a empleados. El bacteriólogo, mi hijo Orlando Alexander, que para su fortuna se hallaba en frente tomándose un café, lo oyó tan claro como los que estaban adentro. El alumbrado se apagó y sólo se vio en la parte vieja a un hombre gigantesco con una linterna de luz roja que al momento desapareció, mientras otra voz lastimera repetía los momentos de pánico.

No queda duda: que en el antiguo hospital Amelia asustan, asustan. Hasta ahora no ha habido ningún escéptico o guapetón que se haya aventurado a visitar los pabellones de los tuberculosos a medianoche. ¡Nooo! ¡Qué miedo!

Según otra versión, ese día, el cielo de Cúcuta se iluminó por completo. Pocos segundos después, un trueno ensordecedor, como un latigazo divino, sembró el pánico entre los cucuteños. A esa misma hora, en la unidad básica de la Loma de Bolívar, un grupo de empleados y pacientes experimentaban el peor susto de sus vidas. Según algunas enfermeras que a esa hora prestaban turno, una sombra humana recorrió las instalaciones de la unidad básica con rumbo hacia la parte trasera donde hace años funcionaba el dispensario antituberculoso de Cúcuta.

Entre los truenos, los relámpagos y el incesante golpe de las gotas de lluvia contra el tejado, las rodillas flaquearon y los corazones de los que ese día permanecían en aquel lugar, se querían salir del pecho. “Después del trueno, que casi nos revienta los tímpanos, se fue la luz. De inmediato, algunas compañeras empezaron a decir que había pasado una sombra proveniente del área de observación y se había metido por las salas de parto”, manifestó una enfermera. En medio de la oscuridad y la histeria generalizada por el ambiente tenebroso que rodeaba la edificación, un niño, que a esa hora permanecía en observación, decidió pedir la salida voluntaria y marcharse del lugar. “El niño que se fue esa noche porque estaba muy asustado, nos dijo que él también había visto una sombra pasar por el área donde se encontraba. Fue tal el miedo que lo invadió, que decidió irse”, sostuvo otra enfermera.

Según los testimonios de los empleados que laboraron esa noche, la sombra humana atravesó el área donde actualmente funciona la unidad básica, con rumbo hacia la parte trasera que permanece abandonada. Es precisamente esa área que actualmente no está siendo utilizada, la que más temor infunde entre los empleados del lugar.

“Hace unos días estaba hablando por celular en ese sitio, que actualmente es utilizado como parqueadero, y sentí una energía extraña, indescriptible. Me dio frío y me llené de mucho miedo; tuve que venirme corriendo”, sostuvo una enfermera que, además, ha visto cómo el techo se sacude por las noches sin ninguna razón aparente.

El lugar donde funciona la unidad básica era conocido anteriormente como el Dispensario Antituberculoso de Cúcuta y fue construido sobre un lote de 2.650 metros cuadrados donados por los esposos Rudesindo Soto y Amelia Meoz. Por muchos años fue conocido como el Hospital Amelia y según la historia, la edificación se erigió sobre un antiguo cementerio alemán. Este lugar, que funciona desde el 27 de diciembre de 1940, alberga en su interior miles de historias de dolor por los pacientes que allí llegaban a morir a causa de la tuberculosis y que posteriormente eran cremados en los hornos dispuestos para tal fin y que funcionaban ahí mismo.

“Quizás por la historia del sitio, algunas personas que la conocen pueden experimentar cosas que, en realidad, no existen más que en su interior y son producto de la sugestión”, precisó el padre Héctor David Molina Cárdenas, párroco de la iglesia Santa Teresita del Niño Jesús. El padre Molina fue llevado por la coordinadora de la unidad básica, Ingrid Sánchez, con el fin de que bendijera el lugar y les dijera de una vez por todas si, efectivamente, en ese sitio pasaba algo extraño. “Después de que el padre bendijo nuestras instalaciones, cuarto por cuarto, me dijo que no había nada de qué preocuparnos, que en este lugar no había absolutamente nada fuera de lo normal”, manifestó Sánchez.

Según la coordinadora, quien ha trabajado hasta altas horas de la noche en la unidad básica y jamás ha presenciado nada de lo que sus empleados manifiestan, lo que ha pasado es que algunas personas que laboran allí, creyentes en fantasmas, le han transmitido ese temor a otros compañeros al punto de que los han hecho creer de que efectivamente algo pasa en ese lugar. “Se creen de tal manera una historia que llegan al punto de experimentar lo que otros compañeros dicen haber vivido”, sostuvo Sánchez.

Al igual que la coordinadora de la unidad básica, otros empleados, entre ellos uno de los más antiguos, sostuvieron que jamás han sido testigos de ningún evento paranormal. Incluso los celadores, que por las noches deben recorrer el área que actualmente permanece abandonada, manifestaron que nunca han sentido algo que pudiera ser catalogado como un hecho fuera de lo normal. “El llanto de bebés que dicen escuchar, lo producen los gatos; el ruido en el tejado es por los roedores que vienen a comerse los mangos que caen en el patio y la sombra que dijeron ver, en últimas, jamás volvió a aparecerse”, sostuvo con vehemencia uno de los celadores del lugar.

Cierto o no, los empleados de la unidad básica están divididos entre los que creen en fantasmas y los que no. Todos ellos, sin embargo, deben volver cada día a atender los cientos de pacientes que requieren de sus servicios. Y para estos últimos, más allá de los fantasmas, lo que interesa es que la atención sea oportuna y efectiva.




Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

miércoles, 3 de abril de 2013

357.- ELOGIO DE LA BICICLETA Y ALGUNOS BICICLETISTAS


Gustavo Gómez Ardila

Tres hechos acaecidos en una semana en Cúcuta, nos hacen volver los ojos sobre la bicicleta. En primer lugar, en la presentación oficial de los Juegos Nacionales del año 2012, una de cuyas sedes es Cúcuta, se le rindió un homenaje al máximo ciclista nortesantandereano, que durante muchos años se paró en los pedales para darle buen nombre a Norte de Santander. Se trata de Álvaro Lozano, un deportista extraordinario, como ciclista y como persona, que, en compañía de su linda esposa María Elena, maneja ahora un modesto almacén de bicicletas.

En segundo lugar, a la oficina de prensa de la Gobernación de Norte de Santander se le acaba de dar el nombre de Gustavo Rojas Pérez, un periodista a carta cabal, pero que antes de ejercer el periodismo fue ciclista y corrió en varias vueltas a Colombia. Recuerdo cuando un día, hace muchos años, alguien convocó a la colonia nortesantandereana residente en Bogotá para que fuéramos al estadio a darle la bienvenida a Rojas, que corría la vuelta a Colombia en bicicleta. Gustavo no ganó ni quedó en la tabla de honor, pero mostró la verraquera nortesantandereana. Llegó de último, cuando ya los primeros estaban en el hotel descansando. Pero  no se rindió. Le hicimos un recibimiento del carajo, como si hubiera sido el campeón. Después, en lugar de ponerse a vender bicicletas, se metió a periodista en el Diario de la Frontera. Más tarde pasó a La Opinión. Y en ambas partes se lució.
 
Ahora nos anuncian vigilancia de policías en bicicleta, en el Malecón, con motivo de la temporada navideña. Otra cosa buena. Porque las bicicletas se mueven en todo terreno.
 
De manera que hay motivos para hacer un elogio de este aparato, inventado, según algunos por un tal Sivrac, francés, y según otros, por un alemán de apellido Draysi.  No faltan, sin embargo, los que dicen que la cosa ya venía desde los egipcios y los chinos, y algunos aseguran que la idea fue de Leonardo da Vinci, un italiano que le jalaba a todo.
 
Los que ya están calvos o canosos y los que nos estamos quedando sin pelo, recordamos las primeras vueltas a Colombia y evocamos nombres famosos como Ramón Hoyos, Cochise Rodríguez, el Ñato Suárez, Rafael Niño y el inolvidable Lucho Herrera, entre muchos otros, que le dieron gloria a Colombia, montados en sus ‘caballitos de acero’.
 
Pero debo recordar, de igual manera, al maestro Juan Francisco Vila, ocañero, quien llevó la primera bicicleta a Las Mercedes. Por Vila supimos los muchachos de entonces que, además del caballo, la mula y el burro, había otros medios de trasporte humano. Llevó la bicicleta desarmada, a lomo de mula, y los domingos premiaba a los mejores alumnos de la semana, montándolos en bicicleta por las calles empedradas del pueblo.
 
Es hora también de recordar a Cristina Ballén Spannochia, educadora e historiadora quien, siendo apenas una adolescente, alquilaba ciclas, los domingos, por los lados de la Plazuela Almeyda, en Pamplona. Precisamente, Gustavo Rojas fue uno de sus clientes dominicales. Y recordar también a Patrocinio Ararat, que se crió en Cúcuta, vendiendo bicicletas en el almacén de su papá.
 
Cuando vean por la calle, montando en su bicicleta a un hombre alto, de ojos verdes, de piel blanca y mono como los gringos, salúdenlo con reverencia. Es Timoteo Ánderson, excelente persona, intelectual, predicador, académico de la Historia y sencillo como el que más, que nunca monta en taxi ni en buseta. Viaja siempre en bicicleta. Tal es su modestia. Y su preocupación por no contaminar al mundo. Ojalá muchos siguiéramos su ejemplo.
 
Y si ven, también en cicla, a otro caballero, ni rubio, ni de piel blanca, ni de acento extranjero, pero que fuma tabaco y dice palabrotas, es Beto Rodríguez, columnista de La Opinión. Andariego, escritor y amante de la bicicleta.



Recopilado por : Gastón Bermúdez V.