PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

TERREMOTERO -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

jueves, 12 de junio de 2014

583.- RELATO DEL SECUESTRO DE UN AVION A CUBA EN BUSCA DE UNOS IDEALES…



Gastón Bermúdez V.

(Tomado del libro inédito LAS VIVENCIAS DE MI AMIGO - Gastón Bermúdez V.)


Mi nombre es Carlos. Los relatos de noviembre de 1969 que les contaré a continuación, están dedicados a todos mis compañeros bachilleres de 1966 del colegio Sagrado Corazón, ya no tengo nada que perder, salvo mi corta vida restante y el amor de mi vida. 

A veces pasan muchos años sin mayores complicaciones, y que de pronto en un segundo nos ocurre todo, que quizá nunca vuelva a ocurrirnos.

Un 11 de noviembre, hace 40 años.....dormí en una pobre posada en los alrededores de la terminal de transportes de Cúcuta. 

Yo tenía unos dólares, con los que arranqué a San Antonio para comprar cositas necesarias para una posible supervivencia si nos fallaba el charter a La Habana. No falló, y gracias a Dios aún estoy vivo.

El 12 de noviembre me lo metí leyendo periódicos y revistas en la pobre posada que les mencioné. La nueva reina de la belleza colombiana se llamaba María Piedad Trujillo, una muchacha escuálida y pequeñita que quién sabe qué ha sido de su vida. 

Por la noche salimos, un compañero y yo, a ver una película en el Rosetal. La comedia se llamaba algo así como Operación Salchicha, con Bob Hope de protagonista. 

Al salir nos tomamos tres cervezas por ahí, fuimos a dormir y la matrona de la posada nos despertó a las 7 de la mañana del 13.

Nos dimos el lujo de tomar un taxi y llegamos al aeropuerto de Cazadero. Uno de mis amigos de verdad del barrio San Luis, esculcó mi equipaje y me dijo: Buen viaje, Carlos. Que Dios lo lleve con bien!

Como en esa época no existían los controles electrónicos actuales, las mujeres que nos acompañaban ataron con esparadrapo, en sus entrepiernas superiores, las armas de fuego que nos ayudaron a llegar a Cuba. 

Ya les dije que me he arrepentido de tanta temeridad y falta de respeto por mis congéneres. Lo pagué con creces y aún hoy lo sigo pagando. Sin contar lo que ocurrió después. Qué barbaridad!

Cuando vimos por las ventanillas el Magdalena Medio, El Jefe, uno de nuestros compinches, se levantó de su asiento y simuló arreglar la válvula de aire. El Bravo, otro compañero nuestro, ávido y muy guapo, cogió por la cintura a la primera azafata que se le atravesó en el pasillo, le puso una navaja en el cuello, la arrastró hasta la portecilla de la cabina, la rompió de una patada, derribó a la muchacha y entró pistola en mano y le dijo a los pilotos:  Buenos días, compañeros ¿ustedes tendrían la amabilidad de llevarnos a Cuba?

Cuando El Bravo le preguntó a los pilotos y al ingeniero de vuelo si ellos tendrían la bondad de llevarnos a Cuba, el avión ya estaba tomado por El Jefe y sus secuaces, con no menos de 7 armas cortas y visajes rabiosos, como los que suelen emplear los colombianos cuando nos joden de a mucho.

Al minuto un teniente de la policía ya había sido despojado de su 38 largo y los pasajeros inocentes obligados a amarrarse muy apretado el cinturón de seguridad y colocar las manitas sobre el respaldo del asiento delantero. 

El que quisiera desaguar por entrambos canales (Cervantes y su Quijote nos inspiraron con su frase genial), anunciamos, debía hacerlo allí mismo o esperar mejores momentos.

No maltratamos a nadie, no dijimos ni una sola grosería. Nos portamos muy bien, como buenos discípulos de de los hermanos de La Salle. La violencia enseñada sólo tenía el objetivo de aplacar a los viajeros y evitar sublevaciones de imprevisibles consecuencias. 

La táctica dio resultado. Tanto, que al llegar a Cuba los pasajeros y sus malignos secuestradores parecían amigos entrañables de muchos años. Éramos prácticamente hermanos y nos desearon la mejor suerte del mundo y un posible reencuentro futuro.

Pese a nuestra buena conducta y caballerosidad, estoy arrepentido de tan abominable pecado. En enero de este año me confesé con el padre Maye, jesuita de 82 años, y al regresar de Colombia lo hice con el Padre Félix, franciscano de 43.

Tomasito Restrepo, el capitán de la nave le respondió a El Bravo: claro que sí, tigres, yo los llevo adonde ustedes quieran, y ordenó al copiloto comunicarse con la torre de control de Barranquilla. 

El ingeniero de vuelo, más feliz que marrano estrenando lazo, se dispuso a trazar coordenadas, estimados de tiempo, necesidades de combustible y bastimentos, y a poco ya parecía uno más de nuestro equipo. Nos ayudó mucho y distendió el ambiente, un tanto agravado por la forma de comer de El Bravo, quien en la cabina ensartaba con su navajón pedazos de las sardinas que yo había comprado en San Antonio.

En aquel DC-4 iban parlamentarios colombianos, comerciantes de altura, diplomáticos belgas, monjas europeas, mi amigo el sargento de primera retirado Celso Silva (cuando El Bravo entró a la cabina don Celso se levantó para protegerme y al verme revólver en mano arrugó la cara y se sentó estupefacto) y muchos personajes más. 

Ah!, y también iba el teniente de la Policía Nacional Colombiana, quien no tuvo la valentía de sacar su arma y defender a su gobierno de turno. Se defecó de miedo. En Santiago de Cuba hubieron de hospitalizarlo para detener sus diarreas. Le suplicó a los cubanos que le devolvieran su arma, porque no podría aguantar tamaño deshonor. 

Los cubanos le devolvieron su 38 largo, sin balas, las que entregaron al capitán de vuelo Tomasito Restrepo, para que las restituyera al teniente antes de decolar en Bogotá. ¿Ustedes creen que con este tipo de hombres pueden hacerse guerras justas o injustas? Vaya, prefiero meterme a marica viejo y sin remedio.

Al llegar a Barranquilla el capitán Tomasito Restrepo parqueó el DC-4 en la cabecera de la pista más larga, tal y como se lo exigimos. 

Al rato vino un carro cisterna con mucho combustible, mapas del Caribe, gaseosas y sandwichs para los pasajeros, que estaban partidos del hambre. El Jefe ordenó que nosotros no debíamos ni tomar agua, y le obedecimos.

Una señora que venía en el avión en estado avanzado de gravidez nos suplicó que la dejáramos bajar. El Jefe me consultó el asunto y le dije que sí, que debíamos dejar a la señora en Barranquilla, pese a que en el avión viajaban unos 3 médicos y estaban dispuestos a asistir un parto prematuro. 

Y quién te dice que al abrir la portezuela y bajar la escalera del DC-4 para dejar salir a la señora, su marido bajó volando de 4 en 4 escalones y corrió como Alvaro Mejía rumbo a las instalaciones del aeropuerto, abandonando a su esposa y a su nonato. 

Fue tanta nuestra ira que El Jefe le apuntó al tipo, pero su esposa puso su cuerpo delante del arma y pidió clemencia. Recuerdo que le dije a la muchacha embarazada (tendría unos 25 años): Usted no se merece ese hombre. Debería cambiarlo. Ella lloraba, sonrió y bajó lentamente la escalera, ayudada por uno de los muchachos de Ecopetrol que trajeran el combustible y los bastimentos.

Cuando el avión abandonó Barranquilla y ya estaba en el Mar Caribe, los pasajeros colombianos comenzaron a cantar el Himno Nacional y las Brisas del Pamplonita. Qué oso, qué pujo, pensaba yo, mientras disfrutaba de las cosquillas que una azafata jovencita muy linda me hacía por debajo de la camiseta azul que Ciro Prato, un compañero de colegio,  me trajera de Maicao, tres años atrás. 

Y en esas sobrevolamos el Caribe, pasamos sobre Kingston y nos aproximamos a la costa cubana. Tomasito nos aconsejó aterrizar en Santiago de Cuba y le hicimos caso.

Cuando llegamos a Santiago de Cuba al atardecer del 13 de noviembre de 1969, el DC-4 de Avianca estaba cansado. El capitán, Tomasito Restrepo, todos los pasajeros y la tripulación de la aeronave (nunca olvidaré a la azafata jovencita y muy bella que se me pegaba y me decía que mis ojos combinaban con la camiseta azul que yo vestía. Como ya les dije, esa camiseta me la trajo Cirito Prato desde Maicao y mi papá se la compró a precio módico. Cirito se perdía de vez en cuando en sus aventuras primeras, antes de las nuestras) estaban felices. Pero nosotros no. 

Se abrió la portecilla del DC-4 (para mí el mejor avión del mundo porque puede volar y maniobrar con un solo motor. Por eso lo escogimos y Güavita nuestro compañero de bachillerato ya piloto, se salvó. El Jefe me consultó acerca de la posibilidad de que el flamante piloto nos llevara en un charter hasta Santiago de Cuba. 

Entre varios lo disuadimos por dos razones: Luis Eduardo Bermúdez no tenía aún nave apropiada ni la experiencia suficiente para sortear el Caribe turbulento de esos meses ...octubre y noviembre….. y además lo podíamos perjudicar muchísimo, porque de aceptar, a su regreso, al salir a la luz su relación estudiantil con nosotros, nadie creería que hubiese sido obligado a dar ese paseo) y se nos encaramaron tres mulatones de verde olivo y una muchacha del mismo color con el añadido de una bata blanca de médico. ¡Quiénes son los secuestradores!, preguntó el más grandote. Nosotros!, dijo El Jefe con firmeza...

El Cap. Luis Eduardo Bermúdez seguramente extrañado de los protagonistas del secuestro del avión, comentando con los compañeros de trabajo.

Bueno, pues bájense, nos ordenaron, y los pasajeros dejen ahí sus pertenencias, y ni se les ocurra ninguna tontería. Yo, que andaba en la retaguardia del avión, miraba y remiraba a El Jefe con ojos de náufrago.

Los cubanos de Tropas nos desarmaron y condujeron a un patio grande, detrás del edificio principal, y nos hicieron subir a cuatro vehículos de los años 50. 

Nos pasearon por una carreterita sinuosa mientras yo miraba y remiraba a 3 de mis compañeros que me tocaron en ese paseo nefasto. Yo me preguntaba: ¿Qué ¨hijuemadre¨ es esto? ¿Este es el fin? ¿Me habré equivocado? 

De repente el carro en que yo iba cogió una curvita de terraplén, se bajaron los malos y nos ordenaron salir. Nos llegó la Parca, por ser tan pendejos, pensé.

Los malos se quitaron las chaquetas, las tiraron al piso y nos abrazaron y nos levantaban en vilo mientras gritaban:

¡Cojones, compañeros, los estamos esperando desde la primera señal de Barranquilla! El tiempo está malísimo y los estuvimos monitoreando por todo el Caribe. ¿Quieren fumar, algo de comer, una cerveza? 

Se me bajaron los mocos y no atiné a otra cosa que a abrazar y reabrazar a los mulatos malos. Me salvé una vez más!

Reflexiones

En cuanto al aspecto jurídico tocante a los secuestros, yo no debo nada: era menor de edad; en aquel entonces el código penal colombiano no tenía tipificado ese delito; además los circunscritos fueron amnistiados durante el gobierno del doctor Belisario Betancourt, en virtud de su connotación política...

Además, y por encima de todo, ya bastante he pagado por eso: un extrañamiento y una nostalgia que ustedes no son capaces de imaginar. Me siento feliz en Cuba y nunca la abandonaré, pero me siento desgarrado cuando despierto de pronto en las madrugadas y no puedo conciliar el sueño porque no puedo ver esas montañas de mi corazón. Ni verlos a ustedes y a mis hermanos  y a mis sobrinos y a mis tantos otros amigos cuando me dé la gana. Así mismo es. 

La pena que me hubieran impuesto por mis tropelías, jamás sumarían en años de cárcel a los que yo he pasado fuera de Colombia.

Pido perdón si alguna vez colaboré en el desarrollo incontrolable de este estado de cosas. Pero fue hace tiempo y he pagado duramente mis errores. Mis ideas altruistas sí que no han cambiado nunca. Sólo les pido que analicen con seriedad y dedicación nuestra historia colombiana.

Epílogo

Nuestro amigo y compañero Carlos se nos adelantó cuando se ahogó en una playa de Cuba el 27 de agosto de 2010,  vivió siempre convencido de sus ideas verdaderamente solidarias para con el prójimo y nunca las traicionó. Pregonó entre nosotros hasta el último momento: El amor sincero y sin tapujos, la solidaridad hacia los necesitados y la honestidad con nuestros semejantes.

Como dice parte de nuestra oración:

…Pudo posiblemente ser mejor,pero…
tal vez no supo hacerlo.
Sólo sé que nunca quiso hacer el mal ¨.

miércoles, 11 de junio de 2014

582.- UNA GESTA INOLVIDABLE OCURRIDA EN CUCUTA



Justo Pastor Castellanos


Las hermanitas Lauritas habían aprendido de la Madre Laurita Montoya, que solo sirviendo sin desmayos al prójimo, se ganaba la bendición de Dios.


Corría el año 1966, cuando la tribu motilona tan perseguida y diezmada por la adversidad fue atacada por una mortal epidemia intestinal y las hermanitas Lauritas que eran las únicas que los asistían, estaban aterrorizadas con el flagelo que amenazaba exterminar los 3000 aborígenes existentes. 

Solo podía salvarlos un milagro, pero con su piadosa fe lo intentaban.

Era una mañana nublada de julio y sobre Cúcuta soplaba el viento frío que ahuyenta los transeúntes, cuando dos hermanas Lauritas acompañadas del obispo Pablo Correa León irrumpían en el despacho del gobernador encargado Teodosio Cabeza Quiñónez. 

Estaban exhaustas y fatigadas de tanto caminar, habían golpeado en muchas puertas inútilmente, y venían a solicitar a nombre de Dios, su inmediata intervención, porque los aborígenes a quienes atendían con escasos recursos, morían a montones en su refugio de las selvas del Catatumbo; ruego que respaldó el obispo argumentando que era una población muy vulnerable por lo desnutrida, que podría colapsar. ¨Abandonarlos ahora sería un crimen imperdonable¨ exclamó. 

El gobernador los escuchó atento y su trágico relato lo conmovió.

Pensaba que le pedían algo imposible por la lejanía y falta de comunicaciones y se sentía turbado, pero las hermanitas insistidas le imploraban. 

De pronto lo asaltó una idea y su rostro cambió. Entonces telefoneó al coronel Riveros Avella, comandante del Grupo Mecanizado 5 Maza y le refirió lo que escuchaba; quien muy impresionado le respondió: 

¨ Para ese operativo se necesitan aviones y la única que los puede facilitar es la Fuerza Aérea Colombiana. No olvide que usted es el gobernador¨.

Dicho y hecho, el mandatario se comunicó con el comandante de la Fuerza aérea, general Urrego Bernal, que muy diligente le ofreció  un Douglas bimotor que puso a sus órdenes. 

Había dado en el clavo. El milagro comenzaba a cristalizarse, pero sería una verdadera odisea colmada de tropiezos y peligros.

A la mañana siguiente la poderosa nave tripulada por un capitán y su copiloto aterrizaba en el aeropuerto Cazadero (hoy Camilo Daza) y era abordada por el gobernador Cabezas Quiñónez, que ya tenía trazado el plan de operaciones y organizada su comitiva.

Y pensando y haciendo, a las ocho horas emprendieron vuelo rumbo al municipio de Tibú. 

Como los tres osados mosqueteros, nuestros hombres emprendían la arriesgada misión de salvamento en la cabina, mientras las religiosas oraban e imploraban al Creador por los agobiados indígenas en silencio, y  los rostros de los demás acompañantes se ponían tensos por las expectativas, la tripulación pedía a la torre de control las coordenadas para orientarse. 

Sin novedades aterrizaron en Tibú donde recogieron una veintena de médicos y enfermeras de la Colombian Petroleum Company y de nuevo levantaron vuelo, para caer hacia el medio día en la pista, un aeropuerto improvisado ubicado en un claro de la tupida selva. 

Entonces iniciaron la caminata; el viacrucis apenas comenzaba y un calor sofocante de cuarenta grados; el zumbido desesperante de millares de mosquitos y bandadas de zancudos chuzándolos, fueron la bienvenida. 

Dante Alighieri debió haber estado allí, porque la descripción que hizo del infierno, fue exactamente igual a lo que vieron.


Teodosio Cabezas Quiñónez gobernador encargado


Monseñor Pablo Correa León obispo de Cúcuta

Coronel Alvaro Riveros Avella comandante del Grupo Maza

Más adelante, para completar el tétrico cuadro, el grupo de salvamento que ya era de una veintena, fue sorprendido con una algarabía de quejidos lastimeros. 

Era un piquete de motilones que hacían de enterradores; ya habían sepultado una gran cantidad de fallecidos y llevaban sobre parihuelas otros cadáveres de hermanos suyos para sepultarlos. 

Pero miraron hacia los potreros y tuvieron otra visión macabra: cantidades de moribundos transidos de dolor, desnudos y envueltos en sus propios excrementos, yacían sobre la yerba esperando la muerte. Parecían estatuas de cera que se derretían, mientras los zamuros sobrevolaban sobre el lugar. 

Según contaron las hermanitas ya habían fallecido más de cincuenta y la epidemia se extendía.

El olor era violentamente pestilente, pero las hermanitas sin inmutarse les limpiaban los excrementos y desinfectaban con alcohol, para vestirlos con ropas limpias y lavadas. 

Era mucho su coraje. Haber llegado hasta allí, el último bastión que habían encontrado los indígenas huyéndole a los pistoleros de la civilización; un lugar arropado por árboles gigantescos poblado de serpientes, alacranes y animales feroces y venenosos, solo podía habérsele ocurrido a la Madre Laura Montoya que olvidada del dolor, el miedo y la vanidad fue tras ellos, asumiendo una actitud tan temeraria, que hoy la exalta la Iglesia Católica como la primera santa de Colombia. 

Es de tener en cuenta que la tribu Barí, buscó ese refugio inexpugnable para que no la exterminaran; pero estas misioneras no huían, no estaban amenazadas, ni secuestradas.

Uno no puede entender por qué se entregan a semejante sacrificio; tiene que existir un amor sublime. Puro amor divino o sentimiento humano, hay un hilo conductor en esta historia, realmente misterioso; un río silencioso que todo lo arrastra hacia el mar de la tranquilidad. 

La única explicación posible, es que habían aprendido de la Madre Laurita Montoya, que solo sirviendo sin desmayos al prójimo, se ganaba la bendición de Dios.

A lo cual es justo agregar, que los demás integrantes de esta magna gesta, que no obraron por intereses personales, sino por solidaridad con los motilones en un momento tan crucial, también se hacen merecedores de indulgencias plenarias.

Atónica la tribu por gesto tan bondadoso y viendo llegar hasta sus bohíos tan lujosa comitiva, que asimiló a sus dioses tutelares, envió cazadores a capturar las presas mas apetecidas para brindarles un banquete, y el humeante sancocho de micos, iguanas y loras a la leña, estuvo servido sobre hojas de plátano alrededor de las cuatro de la tarde, cuando se presentó un lamentable incidente: los visitantes no quisieron comer, actitud que los anfitriones consideraron un desplante. 

Los civilizados lo rechazaron, no tanto por escrupulosos, ni por desconocer un menú tan exótico, sino por la cantidad de moscas que lo pisaban y porque reinaba en el ambiente un olor completamente nauseabundo.

Y ahí fue Troya, porque sintiéndose ofendidos agarraron las ollas de barro que contenían tan exclusivo cocido y lo derramaron a sus pies, haciéndoles gestos desafiantes en medio de una espantosa algarabía. Estaban humillados, pero habían sido guerreros y aún tenían orgullo. Y aunque nadie supo traducir lo que vociferaban en su idioma, cualquiera se puede imaginar que les hacían horrores y les mentaban sus seres queridos.

EL REGRESO

La brigada de salud había transcurrido en forma normal durante el día, y médicos, enfermeras y religiosas se mostraban fatigados de tan ardua tarea, pero reinaba la camaradería y la cordialidad. 

Sin embargo a las cinco de la tarde la tripulación de la aeronave empezó a afanar. ¨Hay que apremiar porque pronto empieza a oscurecer y vemos muchos nubarrones, aquí no podemos pernoctar porque es muy peligroso¨, argüían.

Y apresuradamente entre los médicos y las hermanitas embarcaron los veinte enfermos más graves, para llevarlos al hospital de Cúcuta. 

A las seis de la tarde, cuando todo el personal de la expedición estuvo a bordo, cerraron puertas, y cuando el ronco tronar de los motores hizo explosión, las hélices giraron veloces. Todos lo ignoraban, pero emprendían un vuelo azaroso que pudo terminar en la eternidad. 

Media hora más tarde bajo el fuego cruzado del faro del Catatumbo, el avión se asomaba a Cúcuta. La tripulación acomodó los instrumentos y ordenando a los pasajeros sujetarse los cinturones, se aproximó a la pista.

Pero he aquí la fatalidad; reinaba una total oscuridad; el aeropuerto estaba sin luz y algunas máquinas que trabajaban en su reparación obstruían las maniobras. 

Sin embargo intentaron tocar tierra una y otra vez sin lograrlo, por no tener visión. Fue cuando el caos se apoderó de todos los ocupantes incluyendo a los pilotos, que en su desesperación discutían y se insultaban en voz alta, haciéndose mutuas recriminaciones.

Para empeorar tan grave situación, el poco combustible que les quedaba, les impedía pensar en aeropuerto alterno, y al no encontrar más alternativa se comunicaron con su base militar de Tres Esquinas, para declararse en emergencia. Era como si la naturaleza se hubiera revelado.

Eran las siete de la noche cuando Radio Caracol dio la voz de alarma. 

Atención Cúcuta! Urgente! Un avión Douglas de la Fuerza Aérea Colombiana que transporta al Gobernador de Norte de Santander, al Comandante del Grupo Mecanizado Maza y al Obispo de Cúcuta, que está volando sobre el aeropuerto de Cazadero de esa ciudad que se encuentra a oscuras, ha sido declarado en emergencia.

Como primera reacción el Cuerpo de Bomberos encendió su potente sirena y su carro echó a correr sonando la gigantesca campana. 

El pánico cundió en todo el país y mientras las hermanitas al interior de la nave rezaban el ¨Padrenuestro¨ y los aborígenes gemían asustados, los demás encomendaban sus almas a Dios. 

En total nadie sabía qué hacer y los boletines se repetían cada media hora.

¨Trompo Loco¨ el héroe de la hazaña

Y es cuando se produce lo inesperado; el tropel de los enigmas y el momento sublime del guardián de la heredad.

Súbitamente se apareció ¨Trompo loco¨ con la chispa encendida. Estaba vestido de blanco y fumaba un cigarrillo Lucky Strike (buena suerte en inglés), cuando como un cirirí desgañitado habló por Radio Guaimaral, rogaba a sus amigos, clamaba a los taxistas e imploraba a los dueños de automóviles que acudieran al aeropuerto. 

Y quien lo creyera, le sonó la flauta. En un derroche de buena voluntad nunca visto, centenares de vehículos corrieron disparados a cumplir la cita, desafiando el peligro y capitaneados por Maravilla, Delatour, Belleza, Escarlata y Bombita, célebres choferes de la Cúcuta de entonces, que pusieron a tronar las bocinas, desfilaron hasta el aeropuerto y se ubicaron en dos flancos. 

Media hora después, las farolas encendidas del extraño cortejo, iluminaban la pista desatando el nudo mortal.




Era el milagro que esperaba la tripulación del Douglas para aterrizar. Se evitaba una tragedia inminente e incalculable.

Carlos Ramírez París, liderando la comunidad, le había ganado con su ingenio una partida a la muerte y Radio Guaimaral confirmaba a plenitud su slogan, era ¨una chica para grandes cosas¨.

El júbilo fue inmenso. Los ocupantes del avión habían resucitado y los salvadores sacaban pecho de contentos. 

Subieron los enfermos a las ambulancias y vinieron los apretones de manos, abrazos, agradecimientos. El señor Obispo invocaba a Dios. Alborozo y lágrimas tuvieron su concierto y la solidaridad cucuteña adquiría una dimensión desconocida.

Tan pronto fue superada tan grave situación, la comisión salvadora de los indios motilones, se trasladó al viejo hospital San Juan de Dios que quedaba en el parque Colón, para entregar a los indios moribundos al centro asistencial. 

Allí todo fue novedad, empezando por los intensos olores impregnados en los cuerpos de los indígenas y las hazañas que les tocó vivir. Una tempestad de fraternidad como para eternizar, que inundaba los corazones, había brindado un espectáculo nunca visto.

Pero hubo otras manifestaciones dignas de registrar por lo inexplicable. 

Esa noche en la madrugada, cuando ¨Trompo loco¨ festejaba con sus mejores capitanes el éxito de la faena, salió la luna llena, el cielo esplendoroso estaba tachonado de estrellas y el faro del Catatumbo crepitaba con mayor furor al acostumbrado.

EL FINAL

Tan feliz final de la jornada, enardeció los ánimos de la comisión de salvamento y la llegada de dos modernos helicópteros de la FAC para culminar la operación, apalancó enormemente las acciones. 

De esa forma los tres actores principales, el Gobernador, el Coronel y el señor Obispo, yendo y viniendo sin interrupciones de Cúcuta a los distintos asentamientos de los aborígenes con personal científico, auxiliares, enfermos, medicamentos y alimentos. 

Al cabo de 25 largos y penosos días, la comunidad Barí se recuperó, para continuar siendo el motivo emblemático más enaltecedor de los cucuteños.

Había triunfado el sentimiento de bondad que sembrara años atrás la Madre Laurita Montoya y la tenacidad de cuatro hombres que no se arredraron, en una santa alianza.

Entonces se recobró la calma y todo volvió a su origen. El gobernador Cabeza Quiñónez, cerebro de la operación, se instaló en su despacho, el coronel Riveros Avella retornó a la milicia para hacerse General y el Obispo siguió su trabajo eclesiástico con devoción. 

Las hermanas Lauritas regresaron a Catalaura a continuar su labor evangelizadora y los aborígenes se internaron en la manigua, para protegerse de la civilización. Los aviones volaron a sus bases, y los médicos y enfermeras ingresaron a la clínica de la Colombian en Tibú de donde habían salido.

Pero hubo un gesto que merece mencionarse por lo singular. La febril campaña había inflamado el espíritu militar de Teodosio Cabeza Quiñónez, quien reverdeciendo viejos laureles ganados en la milicia, despidió el último de los helicópteros en posición firmes y con la mano derecha extendida sobre la visera de su kepis: ¡Misión CUMPLIDA!

El camino que tomó ¨Trompo loco¨ alma y nervio de esta vibrante historia, parece estar impregnado por la tragedia griega. 

Fiel a su destino él siguió girando sin cesar en su escenario, como algunas mariposas en torno de las llamas y como ellas una noche fatal, cayó fulminado por el fuego. Su muerte quedó en el misterio pero la versión de mayor credibilidad es que varios policías le rompieron los pulmones a bolillo.

EPILOGO

La concurrencia de varias agrupaciones interesadas en resolver el conflicto de la tribu Barí, fue un canto a la vida, una sinfonía magistral que enalteció valores humanos, ejecutada en Cúcuta.

Todos los que participaron en esta fascinante hazaña son dignos de encomio aunque la actitud de Carlos Ramírez París es realmente sobresaliente por su gran imaginación y porque analizada rigurosamente, cae en los linderos de la locura.

Y no lo afirmamos para deshonrarlo: es el ingrediente que ha gestado los grandes acontecimientos de la historia.

También quisimos averiguar los nombres de las hermanas Lauritas que originaron esta hermosa historia, para rendirles un merecido homenaje, pero ellas guardan celosamente su identidad en el anonimato y nos fue imposible. La profunda razón es que obran motivadas por el amor a Dios y no hacen la caridad por vanidad ni por ostentación, sino para servir y honrar su gloria eterna. 

Pero mírese por el lado que se quiera, ellas fueron las heroínas que hicieron posible, un salvamento de tan grandes proporciones, y merced a su infinita abnegación no pereció la tribu Barí. 

Para quienes lo ignoran, su congregación se constituyó en ángel protector de los aborígenes desde el año 1930, cuando su fundadora Laurita Montoya procedente de Jericó, Antioquia (municipio ubicado a más de 2000 kilómetros de distancia) se internó en la espesura de la selva, conmovida por su tragedia, e instaló el resguardo Catalaura, nombre compuesto de Catatumbo y Laura, como un bastión de la caridad cristiana.

Necesariamente no podemos terminar esta historia sin hacer mención especial de la tribu Barí de los motilones, que en todas las épocas tiene asignado el rol de víctimas. 

Pero surge obligado un interrogante de carácter moral: Vamos a seguir usándola como emblema de la raza, teniendo conciencia que los miramos como unos payasos con cara tiznada armados de flechas, sin importarnos que han sido perseguidos despiadadamente y que viven huyendo y aislados en forma miserable?

Santa Laurita ahora canonizada por la Iglesia para gloria de Colombia, tendrá que interceder ante Dios, por nuestra sociedad y nuestros gobernantes, para que los perdone por ser tan desalmados, porque no es justo que países europeos conmovidos por su estado de necesidad, pobreza y abandono, les envíen de limosna alimentos y medicinas, mientras aquí les negamos hasta el agua potable.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 9 de junio de 2014

581.- UNA HISTORIA LLAMADA ESPERANZA: LOS NIÑOS ESPECIALES DAN LECCIONES DE VIDA


somoslarevista.com


Era el año de 1966, cuatro madres de familia en busca de un sueño emprendieron el camino a la creación  de un centro para albergar a niños con problemas de retardo mental, ausente en la ciudad, hasta entonces.

El camino fue duro y triste. La historia comienza cuando cuadro madres de hijos especiales inician un largo transitar por los barrios marginales de Cúcuta. Gloria Rodríguez Ruíz, Eumelia de Pacheco, Josefa de Urbina y Ana Elena Vega de Camargo, se dieron a la brega de fundar una institución , donde ellos y otros muchos, tuvieran cabida sin ser rechazados y pudieran vivir en un mundo que sólo fuera de ellos, con comprensión, disciplina y derecho a especiales oportunidades. Así se inicia la obra.

El camino emprendido duró cerca de un año, de casa en casa, de puerta en puerta, estas cuatro mujeres, con el apoyo de la ciudadanía, insistían en convencer a otros padres de que esta era a gran oportunidad para sus hijos y olvidar así, esas viejas creencias que rondaban sobre por qué se tenía un hijo con retardo, muchos consideraron esto como un castigo divino, mientras que otros señalaban que era una posesión demoníaca.

Entre tanto, estas madres explicaban en sus términos caseros que esto era solo una enfermedad  y tener un hijo especial significaba tener un ángel en casa con todos los beneficios celestiales. Así se fue abriendo paso hasta formar un grupo de 12 niños especiales con el cual comenzaba este gran proyecto de vida.

Ana Elena Vega de Camargo recibe a Maribel Cuadros de Ramírez, quien recibe el abrazo de los niños especiales.

En una casa situada en la avenida tercera entre calles 9 y 10, se dio inicio a la apertura de lo que hoy conocemos como el Instituto de Educación Especial “La Esperanza”.

El 26 de maño de 1968, la institución obtiene su personería jurídica, cuyo primer presidente fue el Psiquiatra Carlos Castro Hernández, los fundadores y 17 personas más, dan inicio al gran ideal de crear un servicio adecuado y efectivo para los niños especiales de Cúcuta.

En un lote donado por la Alcaldía de Cúcuta y con el apoyo del Club de Leones Cúcuta Centro y el de la ciudadanía a través de la radiotón que duró tres días, se inicia la construcción de la sede en el barrio Quinta Oriental y en 1971, se entrega la obra. Y comienza la gran tarea de formar lo que sería la nueva institución. Empieza a verse gran solicitud de cupos, el porcentaje de retardo en la ciudad es muy alto, llega a más del 10 por ciento por causas sociales tan dramáticas como la desnutrición en la madre en primer plano, cuadros convulsivos, discapacidad múltiple y Síndrome de Down, originadas en su gran mayoría por sífilis, enfermedad venérea en la cual Cúcuta es una de las ciudades más infectadas del país.

En 1980, el centro de educación especial atraviesa por una grave crisis económica y es entregado a la comunidad de las hermanas de la Santa María de la Providencia, quienes ante el alto número de solicitudes, ponen en marcha la doble jornada de la institución  y asumen las Olimpiadas Nacionales con la participación de 600 niños del país. Seis años más tarde se retiran y la institución regresa a manos de los padres de familia.

Transcurren los años y la institución se enfrenta a un nuevo problema, existe un gran número de niños con discapacidad física y mental, abandonados por sus padres.

Esta nueva faceta que se presentaba sin piedad las obliga a arrendar una nueva casa para emprender esta loable labor de recibirlos y suplir ese afecto que les fue negado.

Quien pide la hora, es Óscar, convertido en todo un hombre.

Entonces, comienzan a florecer los casos tristes, dramáticos e inimaginables, como el de Óscar, un muchacho criado por sus tías que lo alimentan entre los cerdos y de manera infame e infrahumana lo mantienen en una cochera. Óscar fue creciendo como crece un cerdo, perdió su capacidad motriz, el habla y el derecho a vivir como un niño quien a pesar de ser limitado y abandonado, podía participar de lo poco o lo mucho que la vida le ofreciera.

Actualmente el internado está cobijado por eI Instituto Colombiano del Bienestar Familiar, ICBF y cumple una de las más altruistas labores en pro de la sociedad.

La carencia de establecimientos para estos menores en Cúcuta y el alto número de niños con discapacidad, hace que se mire hacia otras posibilidades. Es así que se logra la consecución de un lote y se construye una nueva sede que recoge a todos en el mismo lugar. La nueva institución ubicada en el corregimiento de Lomitas es un sitio con amplias zonas verdes, piscina, huerta, taller, aulas, baños, comedores donde son atendidos más de 320 niños, distribuidos así en las tres sedes.

Allí estuvo Somoslarevista.com con Gabriela Camargo y Mary Stapper, acompañando a Maribel Cuadros de Ramírez, Gestora Social de Cúcuta, quien aceptó la invitación de las directivas de la entidad para que conociera la obra. Con ella recorrimos tanto la sede de Quinta Oriental como de Lomitas. Lo que encontramos fue amor, buen trato, ternura ganas de defender una obra que  hace tanto bien sin hacer tanta bulla.

Los niños están distribuidos así:

65    niños en el internado.
165  niños en la sede de Quinta Oriental en escolaridad.
60    niños semi internos.
40    niños en la granja.
7      niños trabajan en HomeCenter como empacadores.

Cabe anotar, esta es la única empresa que les ha brindado la oportunidad a personas con Síndrome de Down, de valerse por sí mismas.

Ana Elena de Camargo, nos guió todo el tiempo. Claro, quien mejor que ella para enseñar lo que es la verdadera solidaridad social, si vive entregada a la obra desde 1966 cuando emprendió el camino con 3 señoras más. La entidad se sostiene con la venta de tarjetas blancas, la rifa anual de un carro, el apoyo del ICBF, los aportes en efectivo o en especie que hace la empresa privada y los  profesores que aporta del municipio de Cúcuta y la ayuda que presta la Gobernación de Norte de Santander.

Todo un artista creando su obra.

Comentario de Carmen Rosa Vega:

¨Vencer barreras. Esta es la primera labor que debemos hacer, vencer las barreras de la lástima, y despertar a la perspectiva del todo es posible: Es posible amar, es posible aportar bienestar, es posible apoyar, es posible acompañar. Es posible hacer independientes y productivos a esos seres especiales que Dios pone en el camino de nuestras vidas. A todos los que día a día trabajan con dedicación por ellos y a doña Helena, un especial abrazo por su abnegada labor durante más de 40 años, ayudándonos a vencer las barreras de nuestra propia ignorancia. Felicitaciones a todos los que con respeto, amor y dedicación, acompañan a esos seres especiales¨.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.