PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

TERREMOTERO -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

sábado, 9 de noviembre de 2024

2517.- LA CIUDAD DE LOS MUERTOS

Camila Rojas, Gerson Correa, Karina Judex, Marina Ramírez, Juan Pablo Cohen y Jorge Gutierrez (La Opinión)


Misterio, arte e historia se esconden entre lo que a simple vista no son más que caminos rodeados de panteones, con los restos de seres que dejaron el mundo terrenal para habitar “la ciudad de los muertos” en Cúcuta.

La historia de los cementerios en Cúcuta

En el Cementerio Central reposa historia de Cúcuta. Se trata de un lugar en el que es fácil perderse entre la cantidad de tumbas que hacen parte de las cuatro hectáreas de terreno que ocupa y que además ha sido testigo de despedidas, llantos y el recuerdo de quienes hace más de un siglo habitaron la Perla del Norte.

Construido en 1884, el Cementerio Central se convirtió en el lugar de reposo para importantes personajes que escribieron las primeras páginas de la ciudad, pero también de anécdotas de miedo que encienden los nervios de más de un ciudadano, y un importante valor histórico, en el que las esculturas y la construcción de las tumbas se transforman en un museo a cielo abierto y dan cuenta que la manera de enterrar los muertos, también estuvo ligada a la modernidad.

Para conocer la historia de este representativo lugar, declarado Bien de Interés Patrimonial de ámbito municipal en el Plan de Ordenamiento Territorial del 2001, es necesario comprender que no fue el primero ni el único cementerio que ha funcionado en la capital del departamento.


Antes de que Juana Rangel de Cuellar donara los terrenos para la construcción de la ciudad, se dice que el pueblo indígena Motilón tenía su propio cementerio en lo que hoy se conoce como el barrio San Luis, bajo sus propios ritos y tradiciones.

Cuenta el historiador, Gustavo Gómez Ardila, que este primer cementerio estuvo ubicado a la margen oriental del río Pamplonita. Luego, con la llegada de los colonos, la tribu se tuvo que ir de allí dejando abandonado todo lo que tenían, incluídos sus muertos.

“Por eso se dice que Cúcuta nació en San Luis, el primer cementerio del que se tiene noticia estaría entre los años 1.500 a 1.700. Luego los colonos hicieron su propio cementerio, hasta que sucedió el terremoto de 1875, que destruyó gran parte de este”, aseguró el Gómez Ardila.

Aquel 18 de mayo de 1875 según los registros históricos, los muertos también salieron de las tumbas, sacudidos por la magnitud de la tragedia que afectó a Cúcuta, Villa del Rosario y parte de la frontera con Venezuela, que además dejó entre 800 y 1.500 personas fallecidas.

Luego, los sobrevivientes de aquel fatal evento se trasladaron hacia el sector La Vega, hoy conocido como el corregimiento de San Pedro, a donde también fueron sepultados aquellos cuerpos que abandonaron el plano físico.

“Dos años después los habitantes de La Vega vinieron a Cúcuta y se hizo la reconstrucción. El ingeniero Francisco de Paula Andrade trazó la nueva ciudad con calles anchas y arboladas, hubo un asentamiento, lógicamente se hizo un cementerio, lo que se conoció como el cementerio de Carora y otro en lo que hoy es el barrio El Llano”, agregó el historiador.

El actual Cementerio Central nació con la llegada de la fiebre amarilla a Cúcuta hace más de un siglo, una enfermedad sin precedentes que dejó sin vida a quienes habitaron la ciudad luego del terremoto.

“En ese entonces, el cementerio de Cúcuta quedaba en el barrio Carora, en donde está la cancha, pero ante la emergencia lo cerraron y nació el Cementerio Central”, contó el periodista Beto Rodríguez.

Fue así, como el 20 de mayo de 1884, una comisión nombrada por el Concejo y compuesta por el entonces alcalde, Santiago Jordán, escogió el sitio para la creación del cementerio de los cucuteños, y que actualmente corresponde a la calle 15 con avenida 17, en el barrio San José.

Entre marzo de 2020 y junio de 2021, en el Cementerio Central fueron atendidas 2.512 inhumaciones, de las cuales 722 correspondieron a fallecidos a causa de la COVID-19.

Cementerio en el que hoy está enterrada la historia de Cúcuta, construido por el maestro Pedro Tobías Vega, y que por muchos años se convirtió en el sitio donde los cucuteños raizales sepultaron a sus familiares.

Con un plano elaborado por el reconocido Francisco de Paula Andrade, el Cementerio Central se estableció en 1885.

Los terrenos fueron elegidos por una comisión asignada por el Concejo de Cúcuta en 1884, quienes se quedaron con una planicie al occidente de la ciudad, que hoy corresponde a la calle 15 con avenida 17, límite de los barrios San José y El Contento.

Dicha comisión estaba compuesta por: el alcalde de la época Santiago Jordán, los señores Domingo Díaz, Arístides García-Herreros, Rafael Antonio Ramírez y Félix Hernández.

Dirección: Avenida 17 N°17-35 Barrio San José

Dar una mirada al Cementerio Central, en funcionamiento desde 1890, es viajar al pasado de Cúcuta, la ciudad que a diario les abre las puertas a habitantes de los otros 39 municipios del departamento y que también ha estado influenciada por la frontera con Venezuela.

En un recorrido de tres horas, marcado por el fuerte sol que a diario resplandece en la capital nortesantandereana, junto a la docente de Historia e investigadora de la Universidad Francisco de Paula Santander, Yannette Díaz Umaña, se pudo conocer de primera mano que la manera en que los cucuteños entierran a los muertos está ligada a la memoria social, las creencias, las costumbres e historias de los cucuteños.

Díaz resalta que hubo un tiempo en que se estimó una norma para que los cementerios estuvieran fuera del casco urbano, a unos kilómetros de la última casa de la ciudad, lo que hizo que la sociedad no acudiera a estos lugares con gran facilidad.

Esto se debe a que, en América a finales del siglo XVIII, fueron de carácter obligatorio las disposiciones de Carlos III para construir cementerios ubicados en las afueras de las ciudades por razones de salubridad. Pero la comunidad fue renuente a enterrar a sus muertos en lugares ajenos a los templos.

“El Cementerio Central de Cúcuta está estructurado como un cementerio decimónico, es decir, que su estructura es casi igual a una urbana, es una ciudad de los muertos con unas calles principales divididas en manzanas. Su arquitectura se proyecta con una fuerte expresividad artística, de estética romancista y con un sentido de organización jerárquico que era aprovechado por las familias más adineradas”, agregó.

Caminando por los pasillos del cementerio, se identificaron varios tipos de construcción funeraria, que no son más que el reflejo de cada momento de la historia en la que se sepultaban los muertos.

Hay tumbas en inhumación en tierra que no tienen construcción alguna, allí reposan los restos de las personas que fueron enterradas directamente bajo tierra, aunque en algunos casos suelen presentar variaciones.

Al tener más de cien años de funcionamiento, el cementerio ha sido testigo de cambios en las construcciones funerarias, tanto así que algunas tienen elementos mixtos de diferentes estilos de la historia.


Las investigaciones de arquitectura funeraria no son nuevas. En Latinoamérica se consolida la Red Iberoamericana de Valoración y Gestión de Cementerios Patrimoniales, con más de 800 estudios, posicionando estos lugares por su valor material e inmaterial.

Pese a esto, la mayor parte del patrimonio funerario del siglo XIX y XX aún continúa sin la atención adecuada que busque el reconocimiento de la historia social, artística, arquitectónica, urbana y antropológica. Es así como los cucuteños cuentan con un Cementerio Central centenario, que aún tiene mucha historia por contar.

En 2019, un grupo de investigadores pertenecientes a un semillero de la Universidad de Pamplona, desarrolló un proyecto para describir el encanto y el valor arquitectónico de este lugar.

En el transcurso del tiempo, el cementerio ha acogido los cuerpos de personalidades que hicieron historia y aún son leyenda en la región nortesantandereana. Pero hubo otros que murieron lejos de su tierra como: Franciusco de Paula Santander (1792 -1840), Gral. Leonardo Canal González (1822 - 1894), Virgilio Barco Vargas (1921 - 1997), José Eusebio Caro (1817 -1853), Pbro. Rafael García-Herreros Unda (1909 - 1992), Arnulfo Briceño Contreras (1938 -1989), Antonio José ‘Toto’ Hernández (1919 - 1943), Camilo Daza (1898 - 1975), Olinto Federico Marcucci Ramírez (1896 - 1982) y Leonor Duplat Sanjuán (1945 -1970).

Al continuar con el recorrido por el Cementerio Central se encuentran tumbas de tipo pedestal, como si se tratara de monumentos sepulcrales que en una época fueron impuestos por los griegos y que se extendieron por diferentes países, hasta llegar a Cúcuta. Este es el caso como las de Jorge Gaitán Durán, familia Canal Sorzano y Enrique Raffo, quien es recordado por traer el primer carro a Cúcuta y el cierre del sistema férreo antes de su partida.

El tipo de tumba tipo nicho se encuentra con mayor frecuencia en el Cementerio Central de Cúcuta. Se trata de una estructura sencilla que permite varias tumbas en un mismo lugar. Fue una construcción popular después de la revolución industrial, por el aumento de la población y el encarecimiento de los suelos. Es por eso que se convirtió en una práctica funeraria económica.


Historias Paranormales

Hay historias de quiénes han oído lamentos, quejidos o se han dejado deslumbrar al ver luces o sombras cerca a este lugar, no son más que secretos que se transmiten a baja voz cerca al cementerio.

Con una sensación de misterio y nerviosismo al hablar sobre este tema, un pequeño número de ciudadanos se atrevió a contar aquellas experiencias que han vivido y que en ese momento les pusieron los nervios de punta.

“No hay que creer en brujas, pero de que las hay, las hay”. “Se debe tener miedo a los vivos y no a los muertos”. “Así como existe el bien, existe el mal”; son las palabras que más escuchan los vendedores de flores, lápidas o comerciantes de pequeñas tiendas de comida, que a diario conversan con quienes llegan a visitar a sus muertos y terminan “echando cuentos”.

-“Dónde estaba la lápida no hay muerto”

Con gran intriga Vicente Vásquez Yáñez, quien fue administrador del Cementerio Central en el periodo 1987-1990 recuerda que por esa época, una familia de Toledo llegaba todos los fines de mes a visitar a un hombre que allí había sido sepultado.


Según cuenta, entre sus visitas le manifestaron el deseo de sacar el cuerpo para llevárselo a su pueblo, porque como quien dice “uno no es de ninguna parte mientras no tenga un muerto bajo la tierra”.

Es por eso, que al escuchar su profundo deseo de trasladarlo, les ayudó con el trámite para que fueran a recoger los restos al siguiente mes. Sin embargo, cuando llegó el día, recuerda que un obrero se disponía a abrir la tumba para cumplir con lo acordado, hasta que los presentes se llevaron la gran sorpresa de descubrir que en el lugar donde por mucho tiempo habían llevado flores y elevado sus oraciones por aquella alma, no había muerto. Tan solo estaba la lápida, ¿Qué pasó?

-“Presumo que lo enterraron vivo”

Otra de las anécdotas que recuerda este antiguo administrador, es la de una familia raizal cucuteña conformada por una mujer y sus hijos que vivían en Bogotá, pero que tenían los restos de su padre en uno de los panteones del Cementerio Central.

Al cumplirse el tiempo estimado de los restos en la tumba, cuenta que a la hora de hacer la exhumación, descubrieron que el cuerpo se encontraba boca abajo. Es así como con temor, se atrevieron a pensar que había sido enterrado con vida, quizá al sufrir de catalepsia, un estado biológico en que la persona se encuentra en aparente muerte y sin signos vitales, pero en realidad, sigue vivo.

-“Una sombra salió del cementerio, justo encima de la capilla”

Cada mañana, Martha Leal se encomienda a Dios antes de salir de su casa, aunque no le tiene miedo a los muertos, si le tiene un profundo respeto al cementerio, pues asegura que es un lugar de descanso. En Semana Santa, una de las temporadas altas para la venta de flores, se encontraba cumpliendo su labor con normalidad, hasta que unos gritos provenientes de su esposo la desconcertaron. Él le pasó su celular y con la voz entrecortada le señalaba algo en específico; al observar, sus ojos vieron una escena que hasta el día de hoy, no la ha podido olvidar.

Se trataba de una figura oscura, como si fuera una sombra, que se posaba sobre una nube justo en el mismo lugar donde se ubica la capilla del cementerio, como si se tratara de un guardián del campo santo.


Al alzar su mirada, no vio nada en las alturas, esa figura que logró erizarla ya no estaba allí, desapareció sin dejar ningún rastro, pero su presencia sí quedó registrada en aquella fotografía que logró tomar su pareja. En ese momento, los curiosos se acercaron a fisgonear la imagen y muchas fueron las teorías que se escucharon: algunos aseguraban que se trataba de uno de los jinetes del apocalipsis, otros, que sería la mismísima muerte y unos pocos, se atrevieron a hablar de brujas y demonios, pero nadie jamás supo en sí, lo que pasó aquel día.

Aquella imagen no sobrevivió durante mucho tiempo, pues Martha mencionó que a su esposo no le gustaba tener el recuerdo en su teléfono y prefirió borrar la imagen que lo asustó durante varias noches en sus sueños. Entre los rumores que aún persisten, se asegura que todo esto se trató de una presencia del más allá, las redes sociales nunca presenciaron lo que quizás, provenía de otro mundo.

Tumbas milagrosas

Antonio Yáñez y 'Mico' Isaza: Difuntos milagrosos del Cementerio Central. A las tumbas de Antonio Yáñez y Fabio, conocido como ‘El mico Isaza’, les dejan ofrendas como muestra de agradecimiento por favores recibidos. Ambos panteones, son algunos de los más visitados.

Otra de las tumbas milagrosas es la de Georgina Crespo, una niña que falleció hace 130 años, el 24 de abril de 1893. Su sepultura es una de las más antiguas en el cementerio y a la que fieles creyentes elevan sus oraciones para que les haga favores. Su pedestal está rodeada de regalos, flores y placas por los favores recibidos.

Elías García, quien durante más de 50 años trabajó como sepulturero en el Cementerio Central, sin ambigüedades asegura que hay que temerles a los vivos porque los muertos no salen de sus tumbas.

Sin embargo, reconoce que hay maldad entre aquellos que no respetan la última morada de los que ya no están entre nosotros y esperan la complicidad de la noche para adentrarse en un mundo turbio como el de la magia negra.

Recuerda que en el pasado, junto con otros compañeros, tuvo la tarea de mantener a raya a personas que solían entrar a practicar ritos satánicos, especialmente en octubre, cuando se celebra el mes de las brujas.

Por otro lado, hay quienes aseguran que en las noches oscuras han visto luces que se pasean por entre los pasillos en los que se alinean las bóvedas. La explicación a nivel científico en este tipo de situación se trataría de un caso de fuego fatuo, fenómeno que tiene lugar en los cementerios, cuando se aprecian luces pálidas como consecuencia de la inflamación de materias como el fósforo que se elevan de las sustancias animales o vegetales en putrefacción, formando pequeñas llamas que se ven andar por el aire a poca distancia de la superficie.


Cementerio Central de noche

Está prohibido toda exhumación y reubicación de Cadáveres No Identificados (CNI) e Identificados No Reclamados (CINR) que reposan en el Cementerio Central de Cúcuta, salvo sea ordenado por una autoridad competente. Está prohibido nuevas inhumaciones en los pabellones o áreas donde reposan o puedan reposar CNI o CINR o sus restos, ya sean sepulturas en tierra, bóvedas u osarios comunes.

Los periodistas de La Opinión fueron testigos de diferentes elementos que no encajan entre los ritos de aquellas personas que aún lloran y lamentan la pérdida de sus seres amados, objetos que van desde botellas de cervezas llenas de cucarachas, pasando por cigarros y prendas de vestir, hasta llegar a velas negras y tumbas deterioradas, algo muy común debido al abandono y falta de mantenimiento de algunas bóvedas que aún guardan en el olvido los recuerdos de una vida efímera.

El ‘Ánima Sola’ se sonrió conmigo

"Tenía brazos cruzados, piernas cruzadas, vestida de blanco y con un turbante", relató un taxista. Los taxistas que integran la llamada mancha amarilla cuentan sus propias historias, hechos que no tienen ningún tipo de relación con la lógica pero que de alguna u otra forma, se han forjado como una realidad entre los integrantes de este gremio.

Uno de estos hechos sucedió a principios de los 2000, cuando a un conductor de servicio público le ocurrió algo fuera de lo normal, aunque no recuerda la fecha exacta, si el día y la hora: un viernes a las 2 de la mañana. En aquel momento, Gabriel Duque tenía 49 años y manejaba para una empresa de la ciudad y a esa hora iba a recoger un servicio en el barrio Gaitán, cuando al pasar frente al cementerio, vio al otro lado de la pared perimetral, justo sobre la bóveda más alta que sobresale, una extraña figura que levitaba como a unos 40 centímetros de la estructura, sentada con los brazos y piernas cruzadas, además de estar vestida de blanco.

“Al ver esa aparición bajé la marcha y casi al frente de ella le dije ¡ah! , con qué asustando a los pendejos y como respuesta ‘me peló las muelas’, entonces fue cuando vi que era una calavera, sentí que el pelo se paraba y la cabeza empezó a zumbarme al punto de quererme desmayar del miedo que me invadió, acelerando el carro de manera instintiva para alejarme de aquel espanto que se reía de mí”, relató Duque.

Al llegar a su destino y recoger al pasajero que iba rumbo a la Terminal de Transporte, decidió tomar la misma ruta, sin importar el miedo que le habría causado aquella figura fantasmal. “En ese momento detallé que de las cuencas de los ojos brotaban dos llamas, aprecié igualmente el hueco donde alguna vez existió la nariz y la dentadura blanca con una leve sonrisa que le daban un aspecto aterrador”, dijo.


En varias ocasiones, Guillermo González Amarilla, quien por 30 años fue el administrador del Central, le comentó a más de una persona varios casos de otros taxistas que amanecieron desmayados y con el carro chocado por el encuentro con el Ánima Sola, que espantaba más que todo por los días de Semana Santa, por eso muchos preferían evitar pasar por el cementerio.

La muerte genera infinidad de oportunidades para muchas personas y alrededor de ella hay una industria funeraria creciente y dinámica. Sin embargo, hay oficios que se niegan a morir y reclaman un pedazo, así sea pequeño, de ese buen negocio de la muerte.

Detrás de la muerte también florece la vida, y esto muy bien lo saben todos aquellos vendedores de flores en las afueras del cementerio, que con el pasar de los años, vieron como la costumbre de llevar una flor a los difuntos se fue consolidando hasta convertirse en un negocio el cual día a día ayuda a decenas de familias cucuteñas a conseguir su sustento diario.

En el Cementerio Central de Cúcuta, la mayoría de vendedores lleva más de 40 años en el negocio, una de ellas es María del Carmen Monsalve, quien desde su niñez, se dedicó de lleno al oficio.

Sin embargo, la vendedora de flores asegura que hace aproximadamente 5 años, los fines de semana se podrían encontrar alrededor de hasta 20 vendedores ambulantes, el panorama hoy es desalentador, pues tan solo sobreviven un par de personas. Aunque se sabe de memoria los apodos de todos sus compañeros de oficio, señala que con el pasar de los años, las dinámicas fueron cambiando y poco a poco han ido desapareciendo del radar.

Para ellos, los domingos y lunes eran los días más concurridos en este camposanto, pues la gente considera los lunes como el día de las ánimas y el domingo muchos asisten en familia por ser día de descanso, María Monsalve explica que con las remodelaciones que sufrió su espacio de trabajo (hoy Parque de la Vida) y todo lo que se generó a partir del virus de la COVID-19 hace 3 años, el cementerio dio un giro de 180 grados.

En caso de requerirse nuevas inhumaciones de CNI o CINR, realizarlas en bóveda individuales, en este o en otro cementerio de la ciudad, con la inscripción de los registros correspondientes. Y es que en este camposanto “ya no hay tumbas para tanta gente” debido a que la capacidad del lugar llegó a su límite, una realidad que se dio a conocer en el 2020 y que se agravó a raíz de los cerca de 1.500 cuerpos que fueron enterrados, producto de las defunciones ocasionadas por la pandemia.

La muerte se esculpe en mármol

Otro de los oficios que paradójicamente, sobrevive gracias a la muerte, es el de aquellos que se dedican a esculpir las lápidas que yacen en la tumba de quienes han partido a la eternidad.

Un lunes cualquiera, cuando se encontraba tallando lápidas, John Jairo Castro Bautista atendió a un cliente que pagó por su propia lápida y dictó el epitafio con el que quería ser recordado.El artista dijo a La Opinión que tenía unos 50 años, usaba buena ropa, prendas de oro y se bajó de un carro nuevo y costoso, manifestando que quería algo especial, bonito, sin escatimar en el precio.

“Esta semana vienen a traerle los datos de la fecha del fallecimiento, pero no le va a cambiar nada de lo que dicté”, sentenció antes de irse y pagar los $400.000 que John Jairo le cobró al hombre por el trabajo. Pocos días después llegaron dos mujeres vestidas de negro y con recibo en mano a reclamar la lápida, destinada a la tumba de quien hacía poco había llegado lleno de vida a encargarla. El hombre se suicidó, según le explicaron.

Tumbas tipo nicho.

La muerte es un misterio

Para Gustavo Gómez Ardila hay quienes se valen de este suceso para hacer súplicas a las almas de los que ya no están en el mundo terrenal. Y esto, no es más que una muestra de la devoción de los cucuteños por las ánimas, por lo que al recorrer el Cementerio Central es frecuente encontrar pequeñas placas talladas con frases de agradecimiento por favores recibidos.

“Como no se sabe qué hay después de la muerte, los católicos creemos que hay un cielo y un infierno, pero nos da por pensar que las ánimas hacen favores. Se ven cantidades de veladoras, pero yo creo que no es el muerto en sí, es la fe de las personas que van, piden ayuda y de alguna manera el universo satisface su fe”, afirma el historiador.

La otra cara de la moneda, se ve cuando los ciudadanos intentan tener un contacto con las ánimas para hacer el mal a través de actividades como la hechicería.

El turismo oscuro

Aunque el Cementerio Central de Cúcuta podría funcionar como un museo a cielo abierto e incluso convertirse en promotor del necroturismo (actividad que se hace para conocer la historia y el patrimonio a través de los cementerios), solo se trata de una idea que no ha tomado fuerza en el departamento. Desde conocer las tumbas de reconocidos personajes como el poeta Jorge Gaitán Durán o el músico Elías M. Soto podría resultar una apuesta atractiva para los amantes de la historia y el patrimonio.

En 2019, esta idea se materializó por un momento a través de un proyecto que fue liderado por la Fundación de Estudios Superiores Comfanorte (Fesc) en el que el turismo oscuro o tanatoturismo fue protagonista. Una tendencia en donde las principales atracciones turísticas son aquellos lugares donde han ocurrido desastres naturales o alguna situación de dolor.

El 11 de febrero de 2014 un grupo de coreanos visitó el panteón de los soldados cucuteños
que murieron en la guerra civil de su país en 1951

En ese momento, quien dio una nueva mirada al turismo en Cúcuta, fue la docente y coautora del proyecto, Liana Ovalles, a través de un plan turístico basado en la identificación de los sitios con mayor potencial para esta actividad, incluido el Cementerio Central. Allí se desarrollaron rutas guiadas por las tumbas que guardan un valor patrimonial, en compañía de música de misterio y un considerable grupo de personas que se atrevió a visitar el cementerio durante la noche.

“Nació como un ejercicio experimental. El turismo en el cementerio fue uno de los más significativos debido al contenido histórico que tiene y el impacto que puede generar en Cúcuta”, dijo Ovalles. La docente contó que desde el 2019 no se continuó haciendo este tipo de actividad, que se convirtió en un atractivo para los cucuteños. Y recordó que en ese mismo año para la Feria de Cúcuta, se incorporó en la programación un recorrido previsto para 35 personas y al que sorpresivamente 150 ciudadanos se inscribieron, haciendo un total de cuatro recorridos en una sola noche.

Los cementerios comúnmente son lugares asociados a la tristeza que produce la despedida de quienes dejan el “mundo de los vivos”. Existen otros lugares que a diferencia de Cúcuta, se han dedicado a resaltar el valor patrimonial e histórico que estos sitios representan. Tal es el caso del Museo Cementerio San Pedro de Medellín, que fue construido en 1842 y nombrado como museo en 1998. Allí las personas pueden hacer recorridos por las tumbas de personajes que han pasado a la historia como Mariano Ospina Rodríguez, fundador del Partido Conservador y hasta un monumento funerario a Carlos Gardel, quién permaneció allí sepultado durante seis meses.

Otra es la mirada a los cementerios a nivel internacional, que también se han convertido en toda una atracción turística como el Père-Lachaise, uno de los más importantes de París y considerado el más visitado en el mundo, donde se encuentran restos como el del dramaturgo Oscar Wilde y el cantante Jim Morrison.

Después de haber sido el sitio de entierro de los personajes más importantes de Cúcuta y de aquellos ciudadanos que con su poder económico y trabajo duro se destacaron en la ciudad, hoy en día el Cementerio Central se ha convertido en el lugar donde familias, en su mayoría de escasos recursos, acuden para despedir a sus seres queridos.

Con el paso del tiempo, el cementerio ha vivido el deterioro, pues como se dice comúnmente “los años no llegan solos”, por lo que hoy es frecuente ver tumbas que parecieran abandonadas y estructuras con falta de embellecimiento. Esto, sumado a las medidas cautelares emitidas por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) que fueron decretadas en 2021 al cementerio, al ser también la morada de aquellos que murieron a causa del conflicto armado en Norte de Santander.


Las víctimas de desaparición forzada que ha dejado la violencia en Norte de Santander, pusieron al Cementerio Central en la lupa de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas (UBPD), pues los investigadores deben entregar a los familiares los respectivos cuerpos de los que permanecen como N.N., y verificar si hacen parte de las personas dadas por desaparecidas. En total, la JEP identificó 22 sitios de interés forense en este cementerio y en los que se adelantan pruebas patológicas y de ADN.

Las labores de búsqueda de personas dadas por desaparecidas en la región iniciaron en agosto de 2023, con la meta de identificar una cifra estimada de 887 desaparecidos, debido a que un importante número de cuerpos de víctimas de Meta, Magdalena, Córdoba, Casanare, Arauca, Cundinamarca, Valle del Cauca, Montería y Norte de Santander, podrían haber sido trasladados hasta el Cementerio Central.

Es importante recalcar, que la UBPD tiene la misión de revisar cada cadáver que hay en los cementerios de todos los municipios del país, para ver qué falta para identificarlos, haciendo una matriz de análisis de información con más de 300 variables, y en Cúcuta y Pasto es donde se arrancaron esos pilotos, en 2019.

"Algo que hemos visto en el Cementerio Central es que otros planes regionales de búsqueda en el país y otras solicitudes que se tienen de otras zonas, llevan a buscar cuerpos de personas que vinieron del sur del país hacia Cúcuta y que posiblemente estén en este lugar, por dinámicas del conflicto y el actor armado, como reclutamiento o enlistamiento de personas, que terminaron migrando entre frentes de la guerrilla o de las extintas AUC”, sostuvo Carlos Andrés Ariza Castillo, antropólogo de la Unidad de Búsqueda.

Ese mismo mes también se hizo una audiencia pública como seguimiento a las medidas cautelares que se notificaron en su momento al alcalde Jairo Yáñez y el gobernador Silvano Serrano, pues al parecer no se estaba cumpliendo con lo pactado por la JEP. En dicha diligencia judicial se dejó en claro que el Cementerio Central no cuenta con espacio para inhumaciones, y que los cuerpos que se encuentran enterrados no tienen un orden establecido, perjudicando las labores de búsqueda.

Además, la información recopialda demuestra que las cifras manejadas por entidades como Medicina Legal, Fiscalía y demás autoridades; en cuanto a personas desaparecidas, no coinciden y las que se tienen registradas no reflejan la realidad de la violencia en el departamento.

Ariza aseguró que "en 2019 se revisaron 1.500 expedientes de necropsia en Cúcuta y encontramos que en el Cementerio Central, entre 1985 y 2016, habría 657 cuerpos no identificados que murieron de forma violenta y que pasaron por Medicina Legal, pero también confirmaron otras fuentes de información que ese número podía subir a los 887 cadáveres sin identificar".

En octubre de 2023, la UBPD emprendió la cuarta fase de intervención del cementerio, en el marco del Plan Regional de Búsqueda en Cúcuta, el área metropolitana y la frontera. En las primeras tres fases cumplidas se han entregado cerca de 50 cuerpos a Medicina Legal.

La Opinión conversó con la secretaria de Gobierno de la Alcaldía de Jairo Yáñez, Hidela Benítez, para conocer cuál es el actual balance que se tiene del Cementerio Central, y lo que han dejado momentos críticos como la pandemia.

“El Cementerio Central en este momento y desde el año 2018, tiene una fase de desfinanciación en la cual no se recaudan recursos y hace tremendamente compleja la operación del mantenimiento en el sitio, lo que hemos querido hacer es poder garantizar esa fase solicitando recursos en el nuevo presupuesto”, dijo la secretaria.

Según Benítez, también se encuentran en la búsqueda de un nuevo cementerio para garantizar las inhumaciones y exhumaciones a las personas más vulnerables, ya que desde hace mucho tiempo es de conocimiento público que no hay espacio para sepultar más muertos.

“La pandemia impactó enormemente a la ciudad teniendo en cuenta que el Cementerio Central fue el blanco de todas las inhumaciones. Desafortunadamente muchas personas no lograron sobrevivir al COVID- 19, lo que hizo que se convirtiera en el cementerio de todos los nortesantandereanos, porque aquí desafortunadamente quedaron personas de muchos municipios”, agregó.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

jueves, 7 de noviembre de 2024

2516.- EL MURAL EN EL PARQUEADERO

Revista Bogocine 42


El mural que destaca la figura de Santander, frente a Simón Bolívar, en conmemoración de la célebre Constitución de 1821, ubicado en el antiguo inmueble del Banco Comercial Antioqueño en Cúcuta, observa los carros del parqueadero en que quedó convertido el local.

El mural fue realizado por Santiago Martínez muralista, pintor, ilustrador y publicista. Estudió en el Art Institute de Chicago y fue discípulo de Frank Lloyd Wright. Otra de sus obras murales está en el Congreso de la República.

Hacen falta dirigentes y personalidades de la cultura, para que le devuelvan a Cúcuta el esplendor que hicieron posible Eduardo Cote Lamus y Alicia Baraibar.

Defendamos nuestro patrimonio artístico.

Desde hace no menos de 7 u 8 años atrás, se está alertando a las autoridades competentes, para que tomen las acciones respectivas, como aparece en este artículos de 2016 aproximadamente:

AUTORIDADES CULTURALES DE CUCUTA: CIEGAS Y SORDOMUDAS

Luis Carlos Ordóñez Pérez

Estas fotografías y el comentario de mi señora, Mónica Vela Vicini, han desatado mucha inquietud entre las personas que han tenido oportunidad de conocer, a través de ella, de la penosa situación de este inmueble.

Banco Comercial Antioqueño, Cúcuta.

Ojalá la intención de algunos en el sentido de pasar a la acción para proteger de algún modo este patrimonio urbano, logre resultados positivos.

Nada fácil, dado que la administración municipal no se da por enterada, las autoridades que manejan la cultura son ciegas, sordas y mudas, los propietarios solo piensan en la posibilidad de explotar la propiedad y los particulares, aunque bien intencionados, por lo general actuamos como ruedas sueltas y solo conseguimos clamar en el desierto y retirarnos a rumiar nuestra impotencia.

Cierto es que la propiedad, si es privada, debe tener posibilidad de usarse en beneficio de quien la posee, pero también es cierto que a todos nos toca considerar la responsabilidad social que lleva implícita.

No se pretende que no se le dé uso, sino buscar que ese uso, siendo productivo, respete la integridad de un espacio que merece mejores destinos.

Es necesario buscar soluciones que involucren a las autoridades, que son responsables, al propietario, que debe serlo y con el respaldo efectivo de todos los que han manifestado su sorpresa, su disgusto y su repudio.

Porque se habla, por ejemplo, de que se monte allí una actividad cultural, pero muy pocos asistimos a los eventos culturales de la ciudad, sobre todo si toca pagar. No basta denunciar, criticar e indignarse.

El apoyo debe ser decidido, en especie y si es posible, en efectivo, por favor.

Entrada del estacionamiento del Banco Comercial Antioqueño, Cúcuta.

Comentario de Mónica Vela Vicini en Facebook

“No sé si pasa en otras ciudades, pero ayer me dio un no sé qué cuando ‘parqueé’ dentro del Banco Comercial Antioqueño de la Av. 6ta, en el corazón de la ciudad. Con su fachada en piedra, el interior de doble altura, sus pisos brillantes y en el fondo el gran mural de pared a pared de los héroes patriotas, es un destino amargo y por demás decadente para un inmueble todavía en buen estado que, nos habla de otras épocas gloriosas de la Cúcuta próspera y pujante”…




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

martes, 5 de noviembre de 2024

2515.- LAS PRIMERAS GRANDES EMPRESAS DEL SIGLO XX

Gerardo Raynaud (La Opinión)


Desde el ‘renacimiento’ de la ciudad, luego del Terremoto de 1875, el auge emprendedor de los cucuteños se manifestó con el desarrollo de grandes empresas, siendo sin duda, la más importante, el Ferrocarril de Cúcuta.

Mucho se ha escrito sobre ella y esa es la razón por la cual me había abstenido de hacerlo, considerando que gran parte de su historia ha sido contada y, por tanto, disminuido su interés.

Sin embargo, este hecho no le resta atractivo, toda vez, que para las actuales generaciones sigue siendo interesante conocer su evolución y los motivos que llevaron a su desaparición en momentos en que este tipo de movilidad está retomando aliciente por las múltiples ventajas que presenta en términos de economía y versatilidad, pero especialmente por sus ventajas ecológicas.

La historia relata que la ciudad, de por sí mediterránea, requería de una alternativa que le otorgara facilidades de salida al mar y lo más cercano era el Lago de Coquivacoa al que podía accederse fácilmente por vía fluvial utilizando las aguas del río Zulia. Dice el historiador Rafael Eduardo Ángel, que la necesidad más sentida por los habitantes de los valles de Cúcuta, era poder sacar sus productos a los mercados entonces existentes y por esa razón propusieron la construcción de un “camino carretero”, opción que se constituyó en la génesis de la compañía que posteriormente pusiera en marcha el tan esperado “ferrocarril”.

Fue así como en una reunión de la Junta Directiva de la empresa del mencionado “camino carretero”, el que tomó el nombre de Camino de San Buenaventura surgió la idea de construir un ferrocarril utilizando la calzada de ese “camino”; escenario que se presentó días antes de la ocurrencia del terremoto.

Por fortuna para la región, el Congreso de la República, dentro del paquete de ayudas para la recuperación de la ciudad, expidió la Ley 26 de octubre de 1876, en la cual se aprobaba la construcción del ferrocarril hasta el sitio de Puerto Santander, trayecto que fue inaugurado el 30 de junio de 1878 construido en un tiempo récord de 18 meses, pero la primera locomotora recorrió los rieles seis meses después, el 27 de noviembre.

Por la misma época anterior al terremoto, nos cuenta el ingeniero Virgilio Durán Martínez, que, entre la población cucuteña, en razón del vertiginoso progreso que se venía presentando, había nacido la vocación ferrocarrilera que aún se mantiene si se tiene en cuenta el proyecto de resucitación del ferrocarril de Cúcuta, particularmente en su línea Norte, la primera construida en sus inicios.

Finalmente, y para resumir, la obra se financió con los aportes de los accionistas y un crédito de la firma alemana asentada en la ciudad ‘Minlos Brewery & Cía.’ por valor equivalente a $36.000, a un año de plazo y una tasa de interés del 1.5%. Puesta en marcha la actividad transportadora de la Compañía y con el transcurrir del tiempo, según lo propuesto en un comienzo, se pensó en construir cuatro líneas férreas, una cada dirección geográfica, lo cual no pudo concretarse por razones de diversa índole.

En definitiva, se construyeron sólo tres de ellas, la primera entre 1888 y 1960, hacia el norte partiendo de la Estación Cúcuta, en una longitud de 39 kilómetros; la línea Sur, que se proyectó hasta la ciudad de Pamplona, pero alcanzó hasta El Diamante y tuvo 43 kilómetros de longitud; comenzó a construirse 1924, tras presiones ejercidas por las fuerzas vivas de Pamplona y con la intención de conectarla con el interior del país. La línea de la Frontera, la segunda en construirse, en 1893, estuvo en funcionamiento durante 40 años hasta la construcción de la carretera que unió la capital del departamento con las ciudades vecinas de San Antonio y Ureña. Tuvo una longitud de 16 kilómetros.

Dos hitos importantes obtuvieron la Compañía del Ferrocarril de Cúcuta. El primero de ellos, fue su empalme con su similar del Táchira, logrado mediante acuerdo firmado entre las dos empresas, el 13 de septiembre 1923 y aunque solamente fue inaugurado en el mes de julio de 1926, la primera locomotora venezolana ya había ingresado a territorio colombiano, por el puente Unión, en la población limítrofe de Bocas de Grita en marzo de ese mismo año. Históricamente se cataloga esta alianza como el primer Ferrocarril Internacional de América.

El segundo hito, fue la construcción del Tranvía de Cúcuta, en1887, en un hecho que se constituye, para orgullo de los cucuteños como la primera ciudad del país en desarrollar un sistema de transporte masivo, en un tiempo en que este concepto, ni siquiera se mencionaba.

De modo que fue esta ciudad la primera en movilizar, tanto pasajeros como mercancías entre sus puntos geográficos extremos, esto es entre las estaciones Norte y Sur. Esta circunstancia ayudó a las autoridades nacionales en establecer la condición de Puerto Terrestre.

De gran importancia resultó para el comercio exterior de la ciudad y en general del país, el empleo del tranvía, pues las principales casas comerciales afincadas en la localidad y filiales de las grandes comercializadoras alemanas e italianas, además de las domésticas y luego las que fueron desarrollándose con la inmigración sirio libanesa, se beneficiaban de las facilidades que les otorgaba el tranvía en el recibo y despacho de sus productos ya que los vagones podían realizar embarques y desembarques frentes de sus negocios con las correspondientes economías que ello representaba.

El tranvía permaneció activo ofreciendo sus servicios hasta comienzos de 1941, cuando por autorización del Concejo de la ciudad se autorizó el levantamiento de los rieles para dar paso a las obras de pavimentación de las calles.

La ciudad, de por sí mediterránea, requería de una alternativa que le otorgara facilidades de salida al mar y lo más cercano era el Lago de Coquivacoa.


A continuación, se relatará la segunda de las grandes empresas y tal vez la de mayor trascendencia en la vida regional: la compañía de explotación petrolera Colombian Petroleum Company lo que traducida se lee como Compañía Colombiana de Petróleos. El pionero fue el general Virgilio Barco, quien en su momento se había desempeñado como Prefecto de la Provincia de Cúcuta.

La segunda gran empresa de comienzos del siglo XX, fue la relacionada con el tema de la explotación petrolera en la zona del Catatumbo, la cual empezaremos narrar como antecedente a la aparición de esta gran compañía.

Las exploraciones petroleras comenzaron, en esta región, finalizando el siglo XIX. El pionero, de todos conocido, fue el general Virgilio Barco, quien en su momento se había desempeñado como Prefecto de la Provincia de Cúcuta. Conocedor de los manantiales que brotaban espontáneamente en esa zona, solicitó al Gobierno nacional la autorización para explorar las fuentes petroleras en la región del Catatumbo, pues preveía por asociación, que, en esos sitios no muy distantes de los yacimientos encontrados al otro lado de la frontera, también debía encontrarse el ansiado mineral.

El hecho es que nueve años después de haber iniciado sus operaciones, en las cuales estableció la primera refinería, que algunos menospreciaban llamándola simplemente ‘un alambique’, el general Barco cedió sus derechos de Concesión a un norteamericano que se comprometió a seguir cumplimiento con las obligaciones que regían en ese momento en lo referente a las construcciones, contrataciones, pagos de regalías y demás cláusulas; sin embargo, pocos días después, esta cesión fue anulada judicialmente, razón por la cual, en 1918, el general Barco traspasó su contrato a la Compañía de Petróleos Colombia, empresa de propiedad de tres socios norteamericanos.

Este nuevo contrato de Concesión fue aprobado por el Ministerio de Obras Públicas, entonces entidad oficial que manejaba los asuntos mineros de la nación, con una duración de 50 años que finalizaban en 1955, pues se consideró como inicio de la gestión la fecha de la firma original de 1905.

Durante el primer cuarto del siglo, era mucha la agitación, política, económica y social que se vivía en el país, de manera que cualquier actividad emprendida estaba sujeta a las inestabilidades del entorno y por ello, las inseguridades que giraban en torno a los contratos firmados con el gobierno, eran cada día más perceptibles hasta que finalmente, en 1926, el mismo Ministerio declaró la caducidad de la Concesión Barco, por razones técnicas y además porque no había pagado al Estado las regalías correspondientes al 15% de la producción.

Confirmada, en última instancia, la caducidad del contrato de Concesión en 1928, y tres años más tarde, el ahora encargado de las operaciones mineras, el Ministerio de Industrias suscribió con los representantes de las empresas Colombian Petroleum Company –Colpet- y South American Gulf Oil Company -Sagoc- el contrato Chaux-Folsom mediante el cual se le otorgó a la primera la exploración y explotación del petróleo en el área de los terrenos nacionales del departamento y a la segunda, la construcción de un oleoducto y demás actividades que permitieran el transporte, almacenamiento y exportación del producto a través de un puerto en la costa atlántica del país.

Ambas empresas eran compañías anónimas constituidas en el estado de Delaware en Estados Unidos y ambas filiales de la Gulf Oil Company eran, a su vez, de propiedad de los hermanos Mellon quienes habían firmado el contrato declarado en caducidad posteriormente.

Dos aclaraciones al respecto del tema de estas compañías: eran de propiedad de la competencia de John D. Rockefeller, en ese momento el empresario petrolero más grande del mundo y que las empresas tenían su sede en el único Estado de la Unión considerado Paraíso Fiscal aún hoy en día.

Como información general, la Sagoc era dueña del 75,3% de la Colombian Petroleum Company, el 23,7% pertenecía al Carib Sindicate y los Barco, con el 1%, tenían el resto de las acciones. De hecho, se deduce que contrario al pensamiento general, la Colpet era propiedad de Sagoc y no al contrario.

En 1939, una vez terminada la construcción del oleoducto Tibú-Coveñas, la exploración continuó. Se construyó el campo conocido como La Petrolea, alrededor del cual se fueron asentando colonos y trabajadores que hoy conforman la población conocida con ese nombre.

Mientras esto sucedía en el sitio de explotación, en la selva, en la ciudad de Cúcuta las dos empresas ‘gringas’ iban desarrollando sus proyectos con miras a otorgarles a sus trabajadores, desde sus altos ejecutivos hasta sus más humildes operarios, las comodidades necesarias para que su labor fuera la de más provecho, tanto para la empresa como para sus propios trabajadores.

Dos grandes proyectos urbanísticos fueron construidos en Cúcuta, el barrio Colsag, acrónimo proveniente del nombre de las dos compañías ejecutoras –Colpet-Sagoc; destinado a los ejecutivos, ingenieros y técnicos especializados. El barrio Colsag, situado en el sector suroriental de la ciudad, en la margen izquierda del rio Pamplonita, inicialmente establecieron dos sectores con construcciones claramente diferenciadas, pues las casas de los ejecutivos, como gerentes o subgerentes o los superintendentes operativos y similares eran de diseño particular, mientras que a los trabajadores de nivel intermedio técnico o administrativo les asignaban viviendas preconstruidas (eso sí, importadas de los Estados Unidos) con todas las comodidades modernas de esa época.

El segundo proyecto era de vivienda para los obreros y trabajadores auxiliares, los que hoy se denominan ‘no calificados’ pero igualmente importantes para el buen funcionamiento de una actividad tan compleja, complicada y riesgosa como lo es la explotación de hidrocarburos.

El barrio fue llamado Colpet, aún hoy reconocido como un barrio popular y ubicado cómodamente en la zona norte de ciudad, en cercanías a la Estación Cúcuta del ferrocarril de manera que los trabajadores, quienes diariamente se desplazaban de sus casas a los campos de trabajo y viceversa, no tuvieran dificultades en alcanzar su transporte.

Sólo estos dos proyectos demuestran la importancia y trascendencia que estas compañías tuvieron en el desarrollo y progreso de la ciudad.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

domingo, 3 de noviembre de 2024

2514.- GIMNASIA ARTISTICA DE N. DE S. UN 2023 DORADO

Gustavo Contreras Sabogal (La Opinión)


En el Mundial Juvenil, en los Campeonatos Nacionales, en Sudamericano y en Juegos Nacionales, la gimnasia de Norte de Santander escaló en los puestos más altos.

Nunca antes en la historia de la gimnasia artística colombiana alguno de sus exponentes había logrado entrar a un podio en un Campeonato Mundial hasta este 2023, cuando el cucuteño Ángel Barajas obtuvo cuatro preseas en el certamen juvenil disputado en Antalya, Turquía.

Fueron dos oros en suelo y barras paralelas, una plata en el All-Around y un bronce en barra fija, las medallas que logró el deportista, que en su momento tenía 16 años.

“Era uno de los objetivos que estaba buscando desde hace muchos años. Buscaba un logro de estos y se dio, es la primera vez en la historia que Colombia tiene medallas en una competencia mundial”, afirmó Jairo Ruiz, entrenador líder del deporte en la región.


Sin duda es el hecho deportivo más importante del año para Norte de Santander que se vio muy bien representado por la gimnasia artística, su disciplina insignia.

Potencia a nivel nacional

Pero no solamente fue el hito conseguido por Barajas el resultado a mostraron, sino también más eventos, entre ellos los dos Campeonatos Nacionales en los que la delegación rojinegra fue una completa dominadora.

En el primero de ellos, disputado en Cartagena, Norte firmó un rotundo éxito con 47 medallas logradas en las diferentes categorías y en las modalidades masculinas y femeninas.

Samuel Herrera en AC1 (7-8 años), Alejandro Libreros en AC2 (9-11 años), Dominic Obando en AC3 (12-13 años), Camilo Vera en Juveniles y Marcos Aguilar en Mayores, fueron los más destacados, junto a Daira Lamadrid en femenino.

Meses después, en Cúcuta, los gimnastas hicieron respetar la casa y mejoraron su participación con 53 medallas.


“En los dos Nacionales, Norte de Santander arrasó en todas las categorías. Cuando uno planifica y es organizado, obtiene resultados de este tipo”, analizó Ruiz, un veterano entrenador con más de cuatro décadas dedico a la formación.

Medallistas en Bariloche

En el Campeonato Sudamericano disputado en Bariloche, Argentina, los rojinegros fueron grandes protagonistas en las diferentes categorías.

La Selección Colombia juvenil fue campeona en la prueba por equipos con los cucuteños Camilo Vera, Jhordan Castro, Yan Zabala y el antioqueño Manuel López, quienes lograron superar con un puntaje de 233.100 a Brasil (222.200) y Argentina (218.250).

Vera, además, fue vencedor en el All-Around, anillas y suelo. Asimismo, sumó una plata en paralelas y un bronce en barra fija.

Zabala, por su parte, se proclamó campeón en paralelas con un puntaje.

En AC2, Colombia fue campeona con Alejandro Libreros, Emanuel Valencia, Sebastián Pérez y Mattías Gaitán. En individuales, Libreros ganó siete oros, Valencia cinco de plata y Pérez dos de plata.

En AC3, la selección fue plata con Jin Tarazona y Dominic Obando en la nómina. Tarazona logró firmar dos oros: en arzones y en paralelas. Su cuarta medalla fue otra plata obtenida en barra.

Líder en Juegos Nacionales

Norte revalidó, en los Juegos Nacionales del Eje Cafetero, ser una potencia en la gimnasia artística tanto en las ramas masculinas como femeninas ganando 14 medallas.

De ellas seis fueron de oro con el equipo masculino, Camilo Vera (general individual y paralelas), Daira Lamadrid (general individual y viga de equilibrio) y Ángel Barajas (barra fija). Dos platas con Marcos Aguilar (barra fija) y Lamadrid (asimétricas), y seis bronces con Lamadrid (suelo), Barajas (suelo, salto y anillas), Yan Zabala (paralelas) y equipo femenino.


El equipo masculino conformado por Camilo Vera, Ángel Barajas, Jossimar Calvo, Marcos Aguilar, Yan Zabala y Jhordan Castro fue campeón con 237.150 puntos venciendo a Antioquia y Valle del Cauca.

En femenino, el equipo ganó bronce con Daira Lamadrid, Jireth González, Sabrina Cortés, Gisell Ortiz y Karen González.

“14 medallas en Juegos Nacionales es un logro muy importante. Hay que dejar claro que Norte llevó un equipo mayoritariamente juvenil. Es un balance más que satisfactorio que Camilo Vera, con 16 años, fuera el campeón individual. Tiene que ver mucho con nuestra planificación y trabajo del día a día”, comentó Ruiz Casas.

Los mejores en un escenario paupérrimo

Durante la temporada, la gimnasia sufrió el carente estado de la cubierta del coliseo menor Eustorgio Colmenares. En las jornadas de lluvia, era imposible entrenar, puesto que, por las goteras, diferentes elementos se mojaban.


Si bien ya se encuentra en proceso de cambio, los gimnastas piden una reorganización con las disciplinas que entrenan en el escenario puesto que en el mismo confluyen voleibol, judo, tenis de mesa y boccia.

“Por la necesidad de servicios, el nivel que hemos alcanzado, los resultados que hemos dado nacional e internacionalmente, merecemos algo mejor. En Cúcuta pareciera que no tuviéramos sentido de pertenencia, ni queremos, ni creemos en lo nuestro. Me incomoda. Faltan dirigentes que conozcan, sepan y tengan sentido de pertenencia. Que quieran y valoren lo nuestro”, reclamó el seleccionador nacional.

Un equipo interdisciplinar, la clave del éxito

Ruiz, formador de grandes gimnastas como Jossimar Calvo, Barajas y Jesús Romero, resaltó que el resultado de este año fue –en gran parte- gracias al trabajo interdisciplinar con profesionales de diferentes ramas, así como los siete entrenadores asistentes Jhonny Muñoz, Ricardo Muñoz, Cristian Cote, Alexander Ruiz, Yilmar Suárez, Breyner Pacheco y Kevin Ortiz.

“Es un sinfónica que tengo. Es un lujo tener siete entrenadores y un grupo interdisciplinar prestos para el trabajo. Ahí está la base del éxito. Nos preparamos académicamente para buscar que mis alumnos mejoren día a día”, afirmó el estratega de la gimnasia rojinegra.


2024, con el sueño de volver a los Olímpicos

La gimnasia de Norte apuesta por clasificar a Barajas y Calvo a los Juegos Olímpicos de París 2024. Buscará la clasificación en las Copa Mundo del Cairo (febrero), Cottbus (febrero), Bakú (marzo) y Doha (abril).

Ruiz ya estuvo presente en unos Juegos. Fue en Rio 2016 con Jossimar Calvo.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

sábado, 2 de noviembre de 2024

2513.- JUAN DIAZ, PARTE DE LA HISTORIA DEL CUCUTA DEPORTIVO

Pedro Jáuregui (La Opinión)

Equipo 1967. De Pie, de izquierda a derecha: Sinisterra, Juan Díaz, “El Sordo” Ayala, Jaime llidge, Pignarelli y Cleto Castillo. Hincados en el mismo orden: Gilberto “Palomo” Ramírez, Walter Sossa, “El Maño” Ruiz, Julio Brucessi y Elías Rincón.

Juan Díaz nació el 29 de agosto de 1943 en el barrio Sevilla en el hogar formado por Pedro José Díaz y Ana Cabrera.

Jugó en el equipo motilón (1963-1973) como marcador de punta o defensa central y en ambas posiciones cumplió un rol importante. Para su estatura, 1,60 metros, saltaba más de lo imaginado.

En el fútbol aficionado militó en el equipo infantil de la Kist, que dirigía Jorge ‘Manino’ Escobar, y posteriormente en Extra Rápido Los Motilones, tras lo cual saltó a Scotland F.C., una de las mejores escuadras del fútbol aficionado de la época. También vistió la camiseta del San Lorenzo de Sevilla, que dirigía Demetrio Becerra.

En 1962 hizo parte de la selección Norte de Santander que disputó el Nacional en Medellín y de ahí dio el gran salto al Cúcuta Deportivo de los uruguayos Juan Eduardo Hobherg, Omar Verdún y Walter Gómez, entre otros.

Fue precisamente este último, quien tras terminar el entrenamiento lo llevó hasta donde el gerente, Pedro Moros, y le indicó que le consiguiera unos guayos buenos.

Su debut con el equipo profesional se dio contra el equipo brasileño de Ferroviarios del Brasil. “El estreno fue doloroso, se perdió 4-0”, contó en alguna oportunidad.

Compañeros de equipo

Entre los jugadores nortesantandereanos que formaron a su lado estuvieron entre otros Jaime Illidge, Elías Rincón, ‘Chonto’ Jaimes, Helí Rubio, Alfonso ‘Culebro’ Rojas, Álvaro Contreras, Néstor Puerto y William Centeno.

Entre los extranjeros Marcelo Juárez, Dante Lugo, Omar Ayala, José Paflick, Cassiano Suárez, José María Ferrero, Walter Sosa, Liborio Ruilopez, Víctor Pignanelli y Miguel Ángel Sánchez.

Y los jugadores nacionales Eduardo Retat, Wilson y Heberth Barona, Joaquín Ramírez, Carlos Obando, Alejandro Sinisterra, Henry Vélez, ‘Chancho’ Ramírez y Fabio ‘Guaracha’ Mosquera.

Momentos especiales

El ‘mundialista’ Rolando Serrano contó que Juan Díaz, fue uno de los mejores jugadores que tuvo el Cúcuta al lado de German ‘Burrito’ González, Tulio Niño, Guillermo ‘El Mico’ Santander y Jaime Illidge. “Por donde estaba Juan (Díaz) no pasaba nadie”, dijo.

‘El Mico’, comentó que Juan, el padrino de su hija Maritza, era un tomador de pelo que hacía y permitía bromas.

“En diciembre era el que organizaba los asados en San Eduardo y una vez me dijo no se le olvide llevar los $20.000. Cuando me presenté me preguntó ¿y los 20? Le contesté solo traje a mi cuñado (Miguel Torres), el próximo año traigo los otros 19. Soltó la carcajada y se fue”, sin decir más.

Jaime Illidge señaló que el ‘Burrito’ González era el que más bromas le hacía. “Le quitó el puesto y la hermana”, le decía.

El lunes 13 de febrero 2017 se le apagó en Cali la luz de la alegría y de la esperanza que siempre lo acompañaron al exjugador del Cúcuta Deportivo, Juan de Dios Díaz Cabrera.

Su cuerpo fue trasladado a Cúcuta y se veló en la sala de velaciones de Los Olivos. Su misa se ofició en la Iglesia María Auxiliadora. ‘Caquita’, como le decían los amigos, falleció a los 73 años, víctima de un cáncer que le llegó sin avisar durante una rutina médica.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

viernes, 1 de noviembre de 2024

2512.- BRISAS DEL PAMPLONITA, HIMNO REGIONAL

Armando Gómez Latorre (El Tiempo)


Aquella noche cucuteña del primero de junio de 1894 interrumpió la monotonía citadina. Expectante y apretujado, el gentío se había congregado en el Parque Santander porque en su glorieta la Banda Progreso ejecutaría -como tercera parte del programa- el estreno anunciado de un bambuco compuesto por José Elías Mauricio Soto Uribe (Cúcuta 1858-Cúcuta 1944) e inspirado por su novia, la encantadora dama Elisa Ramírez Matamoros, después esposa del compositor.

Cuando la banda terminó la artística y magistral interpretación de las Brisas del Pamplonita, la populosa y entusiasta audiencia estalló en aplausos y vítores hasta el cansancio.

Desde entonces, el alma santandereana ha vibrado con aquella impresionante melodía que durante generaciones ha tipificado su carácter alegre, descomplicado y varonil.

El estreno de la inmortal partitura ocurrió cerca del sitio donde se yergue imponente y majestuosa la estatua del Hombre de las Leyes, inaugurada un poco antes, el 2 de abril de 1892.

Poco después vino la letra. Cuando las guerras civiles finiseculares incendiaron y azotaron las comarcas gransantandereanas, los revolucionarios liberales adoptaron el célebre bambuco como himno de combate.

De ello daba testimonio el abuelo paterno, coronel Marco Aurelio Gómez Contreras, oficial de órdenes del general Benjamín Herrera en el Ejército del Norte.

Y, al igual que los espartanos peleando con su cántico marcial al dios Pean, las fanfarrias de la revolución envalentonaban a las montoneras rojas listas a combatir la regeneración conservadora. Ello ocurrió prioritariamente en la guerra de 1895 y en la de los Mil Días.

Roberto Irwin Vale, de familia de origen venezolano (Cúcuta 1866-Villacaro 1900), cucuteño, poeta y valeroso combatiente liberal -terminó con el grado de coronel- en el puente de Peralonso, el sitio de Cúcuta y en los peladeros de Palonegro, fue el autor de la letra.

También lo inspiró su esposa, la distinguida dama pamplonesa Alcira Hernández Villamizar, hija del general y jefe de la Revolución Radical de 1885, Daniel Hernández, sacrificado heroicamente en La Humareda el 17 de junio de aquel año.

Irwin, debido a su talento artístico no tuvo dificultad para acomodar la poesía al pentagrama. Y así quedó perfecta la más célebre y popular canción de Santander el Grande.

Curiosamente, en la entraña cucuteña se conservan los nombres, apellidos y especialidad en instrumentos de la Banda Progreso, fundada por los hermanos Marcos y Elías M. Soto.

Ello tiene una explicación: aquellos músicos formaban parte de la genealogía regional. El bambuco perpetuó sus nombres y enalteció a Cúcuta, otrora la célebre Perla del Norte.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.