PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

TERREMOTERO -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

viernes, 21 de noviembre de 2025

2706.- CARLOS ESCALANTE, LLEVO A CUCUTA ATRAVESADO EN MI CORAZON

Rafael Antonio Pabón (contraluzcucuta.co)


Carlos Escalante está de pie en la sala biblioteca de la casa materna. Tiene el violín sobre el hombro izquierdo y en la mano derecha la varita con la que lo hace tomar vida. Detrás están los libros. Los de ingeniería, que son bastantes, están arriba; los de música, en menor cantidad, ocupan un espacio pequeño en el estante. Pareciera que se prepara para el concierto de fin de año. Pero no. Ese es el momento final de la charla.

La mañana se alargó hasta después de mediodía. El recuerdo permitió hacer el recorrido por nombres de autores nortesantandereanos, inspiradores en la carrera profesional de este hijo de ingeniero civil y de delineante arquitectónico, y por el comienzo del gusto por lo que ahora es su principal ocupación.

Dos coincidencias para comenzar. Encontró el camino de la música en el colegio, de la mano del hermano mayor, a quien le enseñaron a tocar flauta dulce. Toda la tarde tocaba, afición que llevó a la mamá a meterlo a clases. Y Carlos entró en la colada. Otro día, el papá tropezó con un amigo que trabajaba en el Instituto de Cultura y Bellas Artes de Norte de Santander. Hablaron de los hijos y el rumbo de la vida viró hacia el arte.

El baloncesto perdió a un incipiente aprendiz, que asistía al colegio y se entrenaba dos veces a la semana. La música ganó al futuro Maestro, compositor y director de orquesta. En ese momento ganaron el partido las partituras, las notas que van de Do a Si y los instrumentos. En la cancha quedaron el balón, los aros y los tableros.

El Instituto tenía una educación tradicional. En un semestre se veían la teoría y la gramática, antes de comenzar a tocar. Tuvimos la suerte que Batuta pasó en esos dos años y traía la nueva filosofía de aprender tocando.


En la mente rondaba la idea de tocar violín. Todavía no ha encontrado la razón por la que tomó esa decisión.

Al retrotraerse encuentra a las maestras Myriam González (violín) y Maritza de Lobo (piano). Repasa los encuentros con la guitarra, la bandola y el cuatro. Hasta que aparece el violín. Siempre en compañía del hermano mayor.

Tal vez no quisiera acordarse de lo sucedido en 1997, cuando en la administración departamental de Sergio Entrena López (1995 – 1998) se tomó la determinación de liquidar el Instituto.

Yo tenía 14 años. Nos quedamos sin nada. Batuta se había ido, se acabó el Instituto y perdimos todo el lazo con la institucionalidad.

Margarita Vélez apareció como salvavidas en la Universidad Francisco de Paula Santander. Abrió el espacio para ensayar y los exBatuta recalaron en ese grupo sin ser universitarios. Luego, emergió como socorrista Carolina Samudio y por su intermedio se consiguió que una empresa local pagara el director.

Carlos sonríe. Mueve los brazos con sutileza, como si estuviera en el podio delante de los 70 músicos que interpretan una de las 60 composiciones de Elías Mauricio Soto. Va y vuelve en recuerdos, imágenes y vivencias. Es honesto al reconocer que no sabe cómo se le despertó el don, solo sabe que la fascinación por la música surgió cuando ingresó a estudiarla.

Tengo entre mis escritos hojas a mano que escribía desde cuando tenía 13 o 14 años. Mis papás siempre estuvieron listos para patrocinarme.

El día que terminó el bachillerato pensó que no sería músico profesional. En el colegio tenía habilidades para resolver los problemas de matemáticas y alcanzó a verse metido en el mundo de la ingeniería. Los consejos maternos espantaron esos pensamientos y lo empujaron a la Fundación Universitaria Juan N. Corpas.

En Bogotá, cursó los pregrados en violín (2007) y en composición (2009). Luego, especialización en dirección sinfónica y la maestría en la Universidad Nacional en dirección sinfónica.

El área musical ofrece varias vertientes para dar satisfacción al gusto personal. Están los instrumentistas, los compositores, los directores sinfónicos y los musicólogos.

Mi gran problema era que me gustaba todo. Siempre me gustó todo y aún me sigue gustando todo. Cada especialidad me ha llevado a un sitio diferente.


Una confesión. Ahora, no toca mucho violín, instrumento con el que comenzó y con el que se graduó en la universidad. El trabajo se ha enfocado en la dirección y la academia. El violín lo llevó a la formación orquestal y le despertó la vocación como profesor. Tenía 15 años.

El primer trabajo, con el que estrenó el título profesional, fue la puesta en acción del proyecto Tocar y Luchar, en Bosa y Patio Bonito, patrocinado por la caja de compensación capitalina. Esa labor lo puso al frente de las orquestas jóvenes, en calidad de director.

Ha ido de un lugar a otro. Dirigió la orquesta de la Policía, pasó a la orquesta de profesores, hasta aterrizar en las universidades para darle rienda suelta a la otra vocación, la enseñanza, en la Nacional (teoría) y en la UPTC (violín). Dirige la banda sinfónica de la licenciatura en música de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (Tunja), la orquesta de cuerdas y el coro de la Fundación Universitaria Juan N. Corpas.


¿Ha pensado algo para Cúcuta?

Siempre he llevado a Cúcuta atravesado en mi corazón. Siempre soñé en construir algo grande. Ese sueño fue transformándose al salir a estudiar. En el 2021, se me ocurrió la idea de venir a tocar y organicé la orquesta de cuerdas con músicos cucuteños de varias generaciones.

¿Es posible que alguna universidad se interese por la música en Cúcuta?

Lo más cercano es la Universidad de Pamplona. Ha sido una opción para muchos. No hay una vía institucional y todo es privado. Entonces, todos tratan de arañar los recursos para sostener la escuela o fundación. Sería importante que un brazo de la UPTC llegara a Cúcuta.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

miércoles, 19 de noviembre de 2025

2705.- LOTERIA DE CUCUTA. 20 AÑOS DESPUES, LLEGA CON EL GORDO

Rafael Antonio Pabón (contraluzcucuta.co)


Luis Francisco Márquez vende billetes de loterías, en las calles cucuteñas, hace 45 años. Sintió pesar cuando, el 23 de noviembre del 2005, se anunció que ese sería el último sorteo de la Lotería de Cúcuta. Este 10 de enero, le volvió el alma al cuerpo al ser testigo de excepción del renacimiento de la Lotería, de la mano del Sorteo Extraordinario de Colombia.

Recordó que en la administración departamental de Luis Miguel Morelli (2004 – 2008) terminaba la historia que comenzó el 28 de marzo de 1944, a las 6:30 de la tarde, en la glorieta del Parque Santander. Dos décadas después, podrá volver a gritar, a todo pulmón, que la Lotería de Cúcuta está de vuelta, con el plan de premios que suma $ 32.000 millones y que el mayor será de $ 14.000 millones, y que jugará el 15 de enero 2025. El billete cuesta $ 18.000.


El gobernador William Villamizar, Mario Yepes, presidente del Sorteo Extraordinario de Colombia, y Ciro Durán, gerente de la Lotería de Cúcuta, se abrazan en señal de triunfo.

El Consejo Nacional de Juegos de Suerte y Azar autorizó el sorteo. “Se inicia un camino trazado en el Plan de Desarrollo, que es lograr que la Lotería vuelva al sorteo semanal”, anunció el gobernador William Villamizar. La rentabilidad por la venta llegará para la salud.

Márquez, con el trabajo diario, sacó adelante a la familia y les dio estudio a los hijos. Ha vendido cinco premios mayores, con serie cuatro y sin serie uno. Los ganadores le dieron propina, porque los convirtió en millonarios. Era la época en la que, fácilmente, vendía hasta 300 fracciones. Del nuevo sorteo pidió 31 billetes.

“Si se venden, pues, saco más. Este sorteo es bueno y se vende mucho”, dijo, y al repasar el fardo notó que había convencido a nueve compradores. “El plan de premios está bueno”, y lo comparó con la competencia llegada de otros departamentos.

Ciro Durán, gerente de la Lotería de Cúcuta, dijo que entre los beneficios que genera la Lotería está el bienestar del vendedor, porque le deja rentabilidad por billete vendido, y a la salud del departamento, por las regalías que genera.

Mario Yepes, presidente del Sorteo Extraordinario de Colombia, afirmó que está seguro de que no será la única vez que juegue la Lotería. “Volveremos, todas las semanas, a vender Lotería”. La de Cúcuta es la primera que, luego de suspender los sorteos, regresa a los quioscos. Las autoridades correspondientes “no habían autorizado ninguna. Era difícil, pero lo hemos logrado”.

Según los pronósticos del gobernador Villamizar, hay altas probabilidades de que el ‘gordo’ caiga en Norte de Santander. Anuncio que le causó gracia a Luis Francisco Márquez. “Huy, Dios quiera que sea así”.

La Opinión opina (Leonardo Favio Oliveros)

Con el apoyo del Sorteo Extraordinario de Colombia, en alianza con Super giros y después de 20 años ausente, el mercado de los juegos de azar recibe de nuevo a la Lotería de Cúcuta, la cual tendrá el próximo miércoles, 15 de enero 2025, su sorteo extraordinario con más de $32.000 millones en diferentes premios.

De acuerdo con el gobernador de Norte de Santander, William Villamizar, por un costo de $18.000 el billete, quienes lo compren, podrá participar por un premio mayor de $14.000 millones, así como una camioneta y una moto, entre otras recompensas.

“Los aportes de este sorteo, el 12% de las ventas que se hagan en todo el país, son para la salud de los nortesantandereanos. Es importante el apoyo del Extra de Colombia para que en dos ocasiones de este año se juegue la lotería. Se está en los pasos necesarios para lograr que la lotería vuelva cada semana”, agregó el mandatario.

Villamizar sostuvo que, si esta institución tuviera su juego semanal, llegarían más recursos para el sector salud. Añadió que la lotería tiene “su prestigio y su nombre” en Colombia, por eso buscan una alianza para tener la reserva técnica legal, que es el recurso para los premios, la cual permita que el juego de azar salga al mercado.

El gerente de Lotería de Cúcuta, Ciro Durán, informó que desde el primero de enero de 2025 pusieron a la venta los billetes, 15.000 de ellos en la región, luego de las gestiones realizadas ante el Consejo Nacional de Juegos de Suerte y Azar, que por primera vez dio su aval para que una lotería que dejó de venderse regresara, gracias al respaldo del Sorteo Extraordinario de Colombia.

“La norma permite a las loterías tradicionales jugar dos extraordinarios al año y ya fue autorizado el primero. Lo más importante es que queremos que se nos autorice el sorteo ordinario, es decir, 52 veces al año. Pero, para ello, se debe cumplir una serie de requisitos y uno de ellos es tener el suficiente recurso en caja, en este caso particular el plan de premios”, afirmó Durán.


El funcionario detalló que, en el sorteo del 15 de enero, que se desarrollará en Bogotá, están también en juego premios de $800 millones, $500 millones y otros secos.

Durán recalcó que el grueso del 12% de las ventas de los billetes de lotería se destinará al financiamiento del régimen subsidiado de salud, otra parte a las investigaciones del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (antes Colciencias) y otra al Instituto Departamental de Salud (IDS).

El gerente de la institución recordó que Norte de Santander, a través de su despacho, también es socio del Extraordinario de Colombia, por lo que recibe recursos de las regalías que deja esa lotería.

Es de resaltar que Lotería de Cúcuta aportó, en septiembre del año pasado, $560.1 millones a la Administradora de los Recursos del Sistema General de Seguridad Social en Salud (Adres), $205.9 millones al IDS y $57.6 millones a Minciencia.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.


lunes, 17 de noviembre de 2025

2704.- EL OCASO DE LOS NEGOCIOS EN CUCUTA

La Opinión


Desde el inicio de su vida ciudadana, la ciudad de Cúcuta es, tal vez, la población colombiana que se ha enfrentado con la mayor cantidad de momentos críticos. Sea quizás por su ubicación geográfica, que en alguna época se consideró privilegiada como “el cruce de caminos” que llevaba y traía a la gente desde y hacia el interior del continente cuando llegaban de la vieja Europa en busca de fama y fortuna o regresaban a ella, a veces sin ninguna de las dos.

Erigida la parroquia, con el crecimiento llegó la prosperidad y al momento siguiente, en 1875, todo acabó y renaciendo de sus escombros con tesón y casi con terquedad, hasta el próximo evento calamitoso que con el tiempo aparecía cada vez más frecuentemente. Este ha sido el devenir con el que ha vivido la ciudad y a la que nos hemos ido acostumbrando.

Hablar de ocasos, cesaciones o desapariciones para luego emprender el camino de regreso, es una tradición que no ha concluido y que cada día arrancamos con mayor entusiasmo, sus pobladores.

Así como hemos titulado esta narración, el decaimiento de una actividad que ha identificado la región fronteriza, también hubiéramos podido mencionar otras que han reducido su presencia como las agencias de viaje, las talabarterías, las alpargaterías y los pimpineros (vendedores de gasolina de contrabando), por ejemplo.

Contrariamente se observa el surgimiento de nuevos negocios, que en el pasado eran escasos y apenas se contaban con los dedos de una mano, más por efecto de la legislación que de la demanda, como es el caso de las farmacias, boticas o droguerías o el gran desarrollo que ha tenido el sector de las motocicletas y sus subsectores, como almacenes de venta, tanto de los vehículos como de sus distintos accesorios y refacciones, talleres de reparación y parqueaderos.

Sin embargo, uno de los aspectos que más llama la atención y que demuestra que el trabajo no se acaba, como erróneamente piensan algunos, pero sí el empleo, que cada día muta y se transforma. O sino veamos las diferentes clases de empleo que hoy se ofrecen: presencial, semipresencial, híbrido, a distancia o remoto, virtual, etc., al punto que ya se piensa en reglamentarlo y todo ello producto de lo que llamamos los técnicos “el desplazamiento o desempleo tecnológico”.

Lo llamativo de esta nueva situación es el auge que han tenido los “emprendimientos individuales o colectivos”, las aplicaciones para celulares o computadoras, las páginas de internet o las redes sociales que se han multiplicado al límite que hoy (2022) es casi imposible conocerlas todas y que les han servido a muchas personas a encontrar una fórmula de sostenimiento personal y familiar.

Si se observa detenidamente la cantidad de nuevas oportunidades generadas por los emprendimientos, no los tecnológicos sino los tradicionales que anteriormente eran escasos, podemos apreciar cantidades significativas de negocios, muchos de ellos ubicados en la categoría antes citada, como es el caso del sector de los alimentos, con una variedad nunca antes vista de pequeños locales que ofrecen comestibles para los más variados gustos, hamburgueserías, emparedados, perros calientes, pasteles, arepas y especialmente, panaderías.

Otros sectores beneficiados por la pandemia fueron los domiciliarios, las clínicas de costura, y la oferta de servicios de mantenimiento del hogar, entre otros.

Ahora bien, un tema que llama la atención es la reducción de la actividad de cambio de moneda en la ciudad, en realidad una situación que se viene presentando desde hace algunos años pero que se agudizó desde el momento que se produce el cierre de la frontera común, en agosto de 2015.

Sin embargo, desde el punto de vista económico, es necesario considerar esta actividad como declinante en el mediano plazo, teniendo en cuenta varios factores que irán apareciendo en el horizonte de los negocios:

1. la reducción del circulante que irá esfumándose con el tiempo, migrando al dinero digital y las operaciones virtuales y 2. la virtual desaparición del bolívar como medio de intercambio, que, dicho sea de paso, dejó de ser atractivo en la ciudad debido a su inestabilidad y a la escasez de moneda física, lo cual ha hecho migrar esa actividad a realizar operaciones que anteriormente no se hacían por razones normativas a las transacciones de cambio de divisas fuertes como los dólares y euros.

Los que sí desaparecieron, en este caso, definitivamente, fueron los llamados “cajoneros” que eran aquellos pequeños cambistas que se ubicaban a la entrada de los puentes de la frontera ofreciendo cambiar su moneda, tanto a quienes ingresaban con bolívares como a quienes salían, ya que los pesos que traían consigo, no les servían en su país.

En la ciudad, algunos tenían sus puestos ubicados en las aceras brindando el mismo servicio, pero tanto unos como otros trabajaban como intermediarios de las grandes casas de cambio.

Aunque el cierre de la frontera causó serios perjuicios a la economía local, fueron mayores en las poblaciones vecinas de la república bolivariana, como puede apreciarse por la cantidad de “ataques” que se publicaban en los medios venezolanos en los que se lee que el gobernador del estado Táchira de la época, José Vielma Mora:”… señaló que en la capital nortesantandereana hay 12 casas de cambio legales y 3.400 ilegales, desde donde se sigue atacando la moneda venezolana, en ese entonces el bolívar fuerte…”.

La junta directiva de Asocambios, la Asociación de Profesionales del Cambio en el Norte de Santander le replicó que “…en Cúcuta hay 303 profesionales de cambio autorizados por la DIAN, que no tienen ninguna actividad ilegal y que gracias al cierre están casi que paralizados en su actividad cambiaria”.

El hecho es que la realidad actual, hasta el momento en que escribí esta crónica (mayo de 2022), nada prevé que esta actividad se recupere definitivamente, pero tampoco que desaparezca. El abrupto camino recorrido por la moneda venezolana que resumiré muy brevemente, se inició en el 2002 con la primera ampliación de nuevos billetes al comienzo del presidente Chávez, seguido en el 2008 con la primera reconversión, el bolívar fuerte, en la que se eliminaron los primeros tres ceros.

En la era Maduro, en el 2016, la primera ampliación con 6 nuevos billetes y al año siguiente otra, en la que se incluyó el billete de Bs.F 100.000. La segunda reconversión en 2018 en la que se eliminaron 5 ceros y la nueva moneda se llamó Bolívar Soberano y finalmente en 2021 entró a la economía el Bolívar Digital.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

sábado, 15 de noviembre de 2025

2703.- CUCUTA QUEDO ANQUILOSADA EN INSTALACIONES DEPORTIVAS

Omar Romero Güiza (La Opinión)


Uno de los aspectos por los que una ciudad o departamento en el campo deportivo se destaca o sobresale es por la calidad de sus deportistas o equipos, independiente de la disciplina que practiquen.

Sin embargo, para tener esos atletas de alto rendimiento o un club que sobresalga a nivel profesional necesita contar con escenarios para entrenar y para las competencias. Sin esas herramientas además de los entrenadores es difícil ser protagonistas.

Han pasado 12 años desde que Cúcuta fue sede de los XIX Juegos Nacionales y III Paranacionales, certamen que fue compartido con el Cauca, que dejó como resultado un par de escenarios que han ayudado al desarrollo del deporte en la región, como el estadio Centenario de atletismo de la ciudadela Juan Atalaya, el complejo tenístico Fabiola Zuluaga Amado.

Dos años más tarde, en 2014, por esta época fue inaugurado el Complejo Acuático Norte de Santander, con todas las especificaciones reglamentarias y técnicas para grandes competencias y que se ha sabido cuidar, gracias a la excelente administración de la Liga de Natación y de la supervisión de Indenorte.

No obstante, ha pasado una década y un ‘pedacito’, y mirando por el retrovisor, Cúcuta se estancó, se quedó anquilosada en su infraestructura deportiva y es mirada desde el centro del país con indiferencia para ser sede de ciertos certámenes.

Por ejemplo, ni siquiera la tendrían en cuenta para organizar un torneo internacional como un suramericano de fútbol de cualquier categoría o un nacional de atletismo; tal vez haya voluntad de hacerlo, pero no cuenta con la infraestructura apta para este tipo de certámenes.

Han pasado 12 años y al emblemático estadio General Santander que desde entonces está bajo la tutela del Instituto Municipal de Recreación y Deportes (IMRD) y de la Alcaldía no se le ha vuelto a hacer un mantenimiento serio y adecuado. Tal vez si le han hecho algunos arreglos, pero más que eso son remiendos que de nada han servido.

Puro verso

En la pasada administración del exalcalde Jairo Tomás Yáñez junto con el director del IMRD, Óscar Montes Ararat, se comprometieron a hacer una inversión por valor de $5000 millones para mejorar la iluminación del estadio. En su discurso dado el 23 de marzo de 2023, Yáñez dijo: “me emociona anunciar que con $5.000 millones de inversión junto al Concejo de Cúcuta y el IMRD recuperaremos el estadio. Y punto seguido remarcó: “¡La estrategia de todos, fortalece el deporte y dejará legados transformadores!”.

Palabras que se llevó el tiempo, pues dentro de tres meses se cumplirán dos años y el General Santander sigue igual y no hay a quién le duela.

En la presente alcaldía de Jorge Acevedo, al Coloso de Lleras no se le ha hecho nada ni se sabe qué pasó con el rubro que aprobó el Concejo pasado que inicialmente fue de $5.000 millones, pero finalmente terminó siendo $4.000 millones. Hasta el momento tampoco hay pronunciamientos o acciones por parte de la Procuraduría y la Contraloría, cada una desde su competencia.

En el actual mandato, el Instituto Municipal de la Recreación y el Deporte ha tenido dos directores. Julián Camilo Rodríguez que solo duró 45 días en el cargo y el pasado 5 de noviembre fue declarado insubsistente David Albeiro Márquez, quien estuvo al frente de la entidad durante 8 meses.

A la fecha va transcurrido un mes y 24 días y el IMRD continúa sin director, mientras que por ahora esa función la desempeña de manera interina el subdirector financiero y administrativo, William Galvis.

De esta manera, a poco tiempo de comenzar el campeonato de la Primera B, 2025, el estadio sigue sin recibir la inversión de ni un solo centavo para el arreglo de las luces y la mejora de la tribuna de oriental. La ciudadanía está a la espera de las decisiones que en ese aspecto determine el alcalde Jorge Acevedo con el fin de contener el deterioro de la casa más grande del deporte en la ciudad.

Carrera del olvido

Otro escenario que permanece en el olvido es el estadio Centenario de Atletismo, también en custodia del IMRD. En la pista atlética ubicada en el barrio Cúcuta 75, de la ciudadela Juan Atalaya, la iluminación tampoco funciona en su totalidad, razón por la cual el 95 % de los deportistas entrenan en horas de la tarde y a media luz, por no decir que a oscuras.

La pista está llena de fisuras en todos los sectores y solo ha recibido reparcheos como si se tratara de una de las vías de la ciudad, pero no hay un plan concreto de recuperación estructurado por el IMRD.

Ni sacando campeones como Hugo Thyme, Yajaira Rubio, Valeri Franco o los paratletas, al instituto poco o nada le interesa arreglar los escenarios de alto rendimiento. En ese sentido surge la inquietud de si un atleta llegara a fracturarse un pie por el pésimo estado de la pista ¿quién le respondería? De igual manera la pista nunca fue certificada por la Federación Colombiana de Atletismo, porque no cumple con las medidas técnicas reglamentarias. La única vez que se utilizó para la alta competencia fue en los Juegos Paranacionales de 2012 y nada más.

Por hora, los únicos escenarios que se salvan son el coliseo menor Eustorgio Colmenares Baptista que fue reparado en la pasada administración con la inversión de $4.150 millones en el cambio del techo para acabar las filtraciones de agua que tenía, mientras al patinadero Enrique Lara Hernández y a la pista de ruta, Teódulo Gélvez Albarracín, se les reforzó la iluminación y se cambiaron los acrílicos de protección para los deportistas de la pista de velocidad.

Se espera que en 2025 el IMRD salga de la interinidad y que se tracen los planes e inversiones para los escenarios y la práctica del deporte.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

jueves, 13 de noviembre de 2025

2702.- TEODORO GUTIERREZ CALDERON

Gustavo Forero (fragmentos)

Numa Teodoro Gutiérrez Calderón (San Antonio del Táchira, 1890-Bogotá, 1968)

Teodoro Gutiérrez Calderón, llamado Teo por sus contemporáneos, fue un poeta que inició su labor vinculada con la política tradicional de conservadores y liberales, pero poco a poco se alejó de ella, alcanzó su autonomía ideológica y sufrió las consecuencias. En tal sentido es uno de los personajes poetas de la novela El Innombrable.

Siempre me ha sorprendido la peculiar relación que existe entre poesía y política, y más en Colombia, un país de poetas presidentes (Rafael Núñez, Miguel Antonio Caro, José Manuel Marroquín, Marco Fidel Suárez, Guillermo León Valencia, Belisario Betancur…), poetas con ansia de serlo (Guillermo Valencia, Julio Arboleda, Eduardo Castillo, Jorge Zalamea, Julio Flórez, Eduardo Cote Lamus...), poetas que quieren ascender socialmente o poetas que por vivir al margen de esos asuntos públicos son olvidados, sufren una condición marginal, deben exiliarse por sus ideas o sufrir por ellas.

En este país los poetas han llegado a ser, por un lado, políticos sin vergüenza alguna, “influencers”, como se dice hoy a los oportunistas de ocasión, o por el otro, críticos y hasta enemigos del régimen olvidados por la historia literaria. Sus voces han sido escuchadas por el pueblo, vencido en las urnas o acalladas en la guerra o en la vida.

Varios han tomado partido en los enfrentamientos entre los dos bandos tradicionales, los conservadores y los liberales, algunos han buscado mantenerse al margen y otros han luchado por cambios sociales y han tenido que exiliarse para conservar su vida.

Los poetas vivieron a su modo la Guerra de los Mil días, la tensión de los años cuarenta que terminó en El Bogotazo o el acuerdo en 1957 en Benidorm, donde los líderes de ambos partidos decidieron dividirse el poder en un excluyente “Frente Nacional”. Para pocos la pureza de su pluma se superpuso a sus ansias de poder y figuración.

Por su parte, en El Innombrable (2021) de mi autoría recreé la experiencia vital de otros cuatro poetas que describen un arco iris de opciones vitales que van de peor a pasable. Son ellos Lucio Pabón Núñez (1914-1988), llamado Pavor Núñez por sanguinario, quien hizo sus pinitos en el arte poético y por eso y por más llegó a ser miembro, además, ¡de la Academia Colombiana de la Lengua!; Eduardo Cote Lamus (1928-1964), astuto diplomático y congresista, quien hizo de su don una estrategia y logró gracias a su verbo distintos cargos en la administración pública; Jorge Gaitán Durán (1924-1962), nieto de Justo L. Durán caudillo de la Guerra de los Mil días, quien, entre otras cosas, apoyó la candidatura de su tocayo, Jorge Eliécer Gaitán, y buscó la probidad de la literatura en la política pero en lugares donde resultaba muy difícil encontrarla; y el último, Numa Teodoro Gutiérrez Calderón (1890-1968), sutil poeta que obtuvo diversos cargos públicos pero tuvo que huir a Venezuela, retornar a Colombia y morir en el olvido.

A este último le quiero dedicar mi atención aquí por ser personaje fundamental de mi novela. Famoso sobre todo por ser el autor del “Himno del Norte”, himno oficial del departamento de Norte Santander-Colombia, musicalizado por José Rozo Contreras, en efecto este poeta me atañe literaria y personalmente.

Teodoro Gutiérrez Calderón nacido el 9 de noviembre de 1890 y registrado como “hijo natural” por el sacerdote Lucio Martínez en San Antonio de Táchira-Venezuela, Numa Teodoro Gutiérrez ha sido considerado –incluso por él mismo y con orgullo— colombiano: “mi pueblo” llama a San Cayetano –en “El San Pedro de mi parroquia”—, pueblo del departamento de Norte Santander.

La cuestión del origen preciso del poeta ha sido un misterio, lo que ha dado pie a que Venezuela y Colombia se disputen su nacimiento. No obstante, este es el documento que prueba parte de la realidad:


Partida de bautismo suscrita por Lucio Martínez, "cura interino", el 10 de noviembre de 1890. Informa que el niño Numa Teodoro nació el 9 de noviembre anterior, es "hijo natural de Brígida Gutiérrez" y sus padrinos son Daniel Jaimes y Matilde Jaimes.

Lo claro aquí es que el poeta fue bautizado Numa Teodoro Gutiérrez en San Antonio del Táchira, el 10 de noviembre de 1890, un día después de su nacimiento, el 9, aunque no se establezca con exactitud el lugar de este nacimiento.

El documento puede ser tomado como un indicio de que nació en esa ciudad venezolana y justificaría el hecho de que lo tomaran por venezolano. No obstante, a pesar de la evidencia, el lugar preciso de nacimiento queda en el misterio. Probablemente la madre, Brígida Gutiérrez, hizo, como hacían entonces las mujeres de la época en circunstancias como las suyas: dio a luz en una ciudad distinta pero cercana a su domicilio, que pudo ser San Cayetano, lugar donde residía la familia Calderón Jaimes, a la que pertenecía o acaso servía, y donde resultó embarazada. Quizá —otra conjetura—, así lo hizo para seguir cerca del padre de la criatura, por voluntad de este o de los padres de la familia Calderón, que acogerían desde entonces al niño. En todo caso, es un hecho que estaba en San Antonio del Táchira el 10 de noviembre de 1890 y probablemente mientras daba a luz, y tal vez, mientras se apaciguaban los incómodos efectos de un evidente escándalo social. El padre del niño, hijo de la encumbrada familia Calderón, aún viviría con sus padres en el pueblo y las murmuraciones respecto de su responsabilidad en el hecho no debieron faltar. Incluso hoy la situación no sería nada fácil.

Muchas cosas más pueden deducirse de ese documento. Llama la atención, por ejemplo, que los padrinos del niño hubieran sido de apellido Jaimes —Daniel y Matilde—, probablemente parientes del padre que no lo reconoció. Incluso puede ser —pero es menos posible—, que esos Jaimes fuesen también familiares de la madre y la estuviesen acompañando en el impase. Brígida Gutiérrez, de posible origen antioqueño, y la familia Calderón Jaimes pudieron ser ellos mismos familiares y, por esta razón, hasta cierto punto ella pudo ser protegida tanto por la pareja de padrinos como por los Calderón de San Cayetano.

De hecho, poco después del misterioso nacimiento, el hijo de los Calderón Jaimes, el padre secreto de la criatura, partiría para allá, a hacer sus estudios religiosos, y luego, el propio poeta, Teodoro Gutiérrez, estudiaría allí, en el colegio Provincial San José de Pamplona, y viviría y trabajaría en la ciudad en distintas áreas.

Por si lo anterior fuera poco, el documento “curial” debe contrastarse con el registro civil (número 124) que suscribió, el mismo día —10 de noviembre de 1890—, Teodoro Jaimes, “primera autoridad civil de la parroquia de San Antonio, cabecera del Distrito Bolívar”, con motivo del mismo nacimiento. Dada la solemnidad de ambos documentos, puede inferirse la doble formalidad exigible en estos casos de nacimiento en Venezuela.


Gutiérrez Calderón era medio hermano de mi abuela materna, Ramona Zoraida Fuentes Calderón (1905-1983), y de su hermana, mi tía abuela Julia Otilia Fuentes Calderón (1894-1942), ambas profesoras de la Normal de Pamplona y revolucionarias para su época.

Numa Teodoro Gutiérrez Calderón hacía parte del grupo de tantos hijos del mismo progenitor, “hijos naturales”, como a la sazón llamaban a los hijos de padre desconocido o que no accedía a reconocerlos.

Fotografía (retocada) del presbítero Numa Julián Calderón Jaimes, obsequio de Eulogio J. Cabrales (Cúcuta, 1932) al Asilo Sagrada Familia Brighton de Pamplona.

Por muchos años el nombre del sacerdote que servía de vínculo entre mi familia materna y la del poeta Gutiérrez Calderón se guardó en secreto: Numa Julián Calderón Jaimes (1864-1911), presbítero de la “Santa Iglesia Catedral de Nueva Pamplona”, no era un personaje como para endilgarle hijos naturales. Este sacerdote era el padre de Numa Teodoro (de ahí su primer nombre) y Alejandro Gutiérrez, hijos de Brígida Gutiérrez, y de mi abuela, Ramona Zoraida, y Julia Fuentes, su hermana, hijas de María Margarita de las Nieves Fuentes (1862-1958). También, de varios “hijos naturales” más, de apellidos Osuna, Espinel… Incluso el reconocido compositor Manuel Espinel Calderón (1897-1970) era otro de sus hijos. Del secreto de la paternidad de Numa Julián no se podía hablar ni en casa de sus madres ni en el pueblo, sobre todo en tiempos en que unos, los azules, defendían hasta el paroxismo al clero, y otros, los rojos, lo atacaban sin descanso.

En tiempos de guerras intestinas y, en particular, de la guerra de los Mil Días (1899-1902) que azotó la región de Norte de Santander, cayeron muchos hombres, otros no volvieron o no respondieron más por sus familias, y los sacerdotes cumplieron papeles domésticos que excedían sus votos. El presbítero Calderón Jaimes tenía esos y otros devaneos, incluidos los líricos y musicales –escribía también poesía y cantaba canciones populares acompañado del piano—, cosa que debió ayudarle en esas lides.

Los dos hijos de Brígida Gutiérrez, el poeta Numa Teodoro Gutiérrez Calderón y su hermano Alejandro Gutiérrez Calderón (1895-1978) —pronto aprendiz de ingeniero en La Guaira Harbour Corporation Limited de Venezuela e “Individuo de número del Centro de Historia de Norte de Santander” en su madurez—, fueron abandonados por su padre, pero vivieron con sus abuelos, Elías Calderón (1849-1915), quien los autorizó a usar el apellido, y Eufrasia Jaimes, mis propios tatarabuelos. A falta de responsabilidad del presbítero Calderón Jaimes, esos abuelos y otros integrantes de la familia Calderón se hicieron cargo de ellos ofreciéndoles un hogar y educación, y eventualmente, cuando pudieron o el destino los obligó, ayudaron a los demás descendientes del prolífico sacerdote.

La enseñanza, la vida intelectual y, sobre todo, la literatura y las ideas políticas constituyeron un campo de encuentro para los cuatro jóvenes rechazados por su origen. Incluso, en su época de estudiante y luego, en 1920, Numa Teodoro vivió en Pamplona, en casa de María Margarita de las Nieves Fuentes, mi bisabuela, o pasaría algunos días allí cada vez que iba a la ciudad, por lo menos hasta que su señora madre, Brígida Gutiérrez, se fue a vivir definitivamente a Pamplona. De lo anterior queda constancia en cartas que mi familia guardó escrupulosamente en un baúl por años y que sirvieron de base este texto y para mis novelas.

Fotografía del poeta, incluida en Monografía de Salazar de las Palmas,
donde se incluye un poema dedicado a la ciudad de 1934.

Teo, como se le conoció al primogénito del presbítero Numa Julián Calderón Jaimes, estudió en el colegio Provincial San José de Pamplona, ingresó en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y luego en la carrera de Jurisprudencia de la Universidad Nacional en Bogotá.

En “La balada de los estudiantes” menciona algo de su situación y la situación de los estudiantes de la capital por allá por los primeros años del siglo XX:

“Estudiantes nacidos en provincia / y que, con o sin plata, / fuman buen cigarrillo, van a cine, y enamoran solteras o casadas. / Hijos de sacristán, nietos del jefe/ civil o militar de la comarca, o sobrinos del cura, cobran giros / por quince dólares cada dos semanas. […] En una misma pieza viven cuatro, / juntos, como sardinas en lata. / Y –comunistas como Marx lo mismo/ les da dormir en una que otra cama” (Frontera lírica, 20).

Exalumnos del Colegio Provincial de San José de Pamplona entre los que se encuentra, en el centro, Teodoro Gutiérrez Calderón. La instrucción pública del plantel tenía carácter universitario e impartía estudios de jurisprudencia, matemáticas, ingeniería, filosofía y Letras.

Sobre una época de pobreza, amores efímeros y marxismo, resulta interesante una carta del poeta —del 5 de junio de 1918— dirigida a su hermana Julia Fuentes: “No olvides recomendarme mucho a Dios en tus oraciones para que salga bien en mis clases, en mis exámenes finales, pudiendo seguir mis estudios adelante y con provecho notorio; lo mismo dile a Ramoncita [Ramona Zoraida fuentes, mi abuela], para que rece por mí y sobre todo para que no me vaya a dar el tifo, que está muy en boga, porque es un malecito del que puede uno salir mal librado, dejando en la refriega hasta la vida misma; por todas estas cosas y por muchas otras más no me olviden nunca en sus plegarias, para que no se vaya a morir este hermanito que las quiere tanto. […] Te participo que estoy en retiros espirituales en el Colegio del Rosario y que esta semana será la Comunión, durante la cual elevaremos oraciones al cielo por ti.”

En medio de las dificultades de su condición, en efecto, el tifus, tifo​ o dotienenteria, era un conjunto de enfermedades infecciosas producidas por varias especies de bacteria del género Rickettsia,​ que no era del todo conocida en la época y menos en la ciudad de Bogotá donde la falta de higiene y atención producía numerosas víctimas. La ciudad vivía una verdadera pandemia que atemorizaba a todo el mundo, incluidos los jóvenes estudiantes que venían de la provincia:

“El 80% de la población bogotana enfermó de gripa, lo que, según proyecciones de población, representó 100.000 enfermos durante el mes de octubre y la primera mitad de noviembre de 1918”. […] “Las oficinas públicas, los colegios, la universidad, las chicherías, los teatros y las iglesias estaban vacías; los servicios urbanos se colapsaron; la policía, el tranvía, el tren y los correos se paralizaron, porque la mayoría de policías, operarios, curas, alumnos, profesores y empleados enfermaron: se suspendieron todos los espectáculos públicos, y las calles de la ciudad, especialmente en la noche estaban casi desiertas”, señala la investigación de Fred G. Manrique y otros.

Por si lo anterior fuera poco, por esos días el general y empresario Belisario Calderón Jaimes, que “le costeaba” al poeta los “estudios en Bogotá” fue “asesinado” (“Cita histórica”). Entonces Gutiérrez Calderón intenta por todos los medios continuar con sus estudios, recurriendo en última estancia al apoyo de otro de sus tíos, hermano también de su padre: el político ospinista Fructuoso Calderón. No obstante, lo anterior, entre una cosa y otra, Teodoro Gutiérrez Calderón no llegó a graduarse como abogado.

Paradójicamente la pobreza que siempre lo acechaba y la ayuda de sus familiares lo llevaron a hacerse a una vida en el marco del derecho y de las letras en su propio terruño, donde lo trataban de doctor. En efecto, Fructuoso Calderón, nombrado gobernador del departamento por el presidente Marco Fidel Suárez (1918-1922), le tendió al fin la mano; por solidaridad, acaso, por cierta responsabilidad moral o sencillamente por su insistencia. Así, lo nombró rector del colegio provincial San Luis Gonzaga de Chinácota (1919), la institución educativa más antigua del país en el sistema de enseñanza media (data de 1842), y, con treinta y tres alumnos a cargo, el poeta inicia lo que consideró su mayor vocación, la enseñanza.

Siguiendo esta ruta del magisterio, más tarde Gutiérrez Calderón fue rector del colegio laico Escuela de Gremios Unidos de Cúcuta (de 1922 a 1927), espacio de “enseñanza libre” de la Sociedad de Artesanos del Departamento, que por supuesto no era santo de devoción del clero y la feligresía conservadora que si antes había manifestado su negativa a apoyarlo durante esa época tampoco obtuvo de ellos lo justo para funcionar. Por esta razón, tal vez, desistió de seguir con la docencia, por lo menos en lo que a Colombia concernía.

A continuación, el poeta trabajó como fiscal del Juzgado Superior del Ministerio Público del Departamento de Norte de Santander en Cúcuta (1928), donde adquirió fama como buen penalista y orador. En 1930 el poeta Gutiérrez Calderón se casó en con Ida Rivera y poco después, en 1934, publicó su primer libro de versos Flores de almendro. De ahí en adelante, en pocos años ejerció, además, como fiscal del Tribunal Contencioso Administrativo de Cúcuta y secretario de Educación Pública del Departamento y fue cofundador del Centro de Historia del Norte de Santander (1934).

Como Porfirio Barba Jacob, Jorge Gaitán Durán o Biófilo Panclasta, en 1940 el poeta Gutiérrez Calderón debió exiliarse. A falta de medios, lo hizo en Venezuela, el vecino país, según él mismo afirma. El enfrentamiento entre liberales y conservadores iba en escalada y en la región azul no se aceptaba presencia roja, ni siquiera si no era beligerante.

Aunque al principio el poeta contó con el apoyo de los Calderón, para los años cuarenta del siglo XX era evidente que su espectro ideológico y político había cambiado hacia las toldas liberales más combativas y en tal sentido era objeto de rechazo y hasta de persecución por parte de los gobiernos conservadores. De contar con el apoyo de su tío ospinista, Teodoro Gutiérrez Calderón había cambiado y se consideraba a sí mismo rotundamente liberal, y dentro de esta doctrina, del ala radical y masónica, es decir, aquella que a la postre generaba todo tipo de suspicacias y aún era perseguida y eliminada.

Pronto el ala del liberalismo en que militaba el poeta Gutiérrez Calderón encontró vasos comunicantes con el socialismo y el comunismo, cuestión que aterraba a los conservadores tanto como a los liberales clásicos que satanizaron las fuerzas progresistas llamándolas rojas, ateas, socialistas y en últimas comunistas. Así pues, como Eduardo Santos Montejo, gobernador de Santander hacía unos años y presidente entonces, había suspendido las reformas liberales de su admirado líder López Pumarejo, para el poeta, como para muchos de sus colegas, lo mejor fue salir de Colombia

En Venezuela, Gutiérrez Calderón trabajó en el periódico Vanguardia de San Cristóbal (fundado por Rubén Corredor en 1936), luego como director del Instituto Civil Jáuregui en La Grita y más tarde como profesor de latín, griego, francés y castellano del Liceo Militar Jáuregui de la misma ciudad, donde escribió el Primer Himno del Pionero de los Liceos Militares de Venezuela. Allí vivió, desde donde pudo trabajar en su poesía y estrechar lazos con intelectuales que lo apoyarían en su carrera y le harían desistir, acaso, de relacionarse con los políticos colombianos o volver a su país.

A pesar de su exilio en Venezuela, el 29 de julio de 1946 se reporta la visita de Gutiérrez Calderón a Cúcuta para un recital en el marco de las Fiestas Julianas de la ciudad organizadas por la Dirección de Educación.

En este espacio, “el distinguido jurista y escritor (venezolano) Gregorio Vega Rangel leyó una hermosa página en la que hace un pormenorizado análisis de los tres poemas de nuestro cantor homenajeado del día y terminó su intervención recitando sus poesías, “El elogio de la ignorancia”, “Balada del caballero pobre”, “General Sandino”, “Suave leyenda”, “El lugar preferido”, “Los madrigales del amor” y “La mujer de las manos cortadas”, tal vez este último el que más ha trascendido de su extensa obra y que, dicho sea de paso, fue la obra que más impresionó a la concurrencia y cuyo entusiasmo fue subrayado por una larga y nutrida ovación. La velada terminó a las 10 y media de la noche y por invitación de don Manuel Guillermo Cabrera, el homenajeado, los artistas y algunos de los funcionarios, se dirigieron a su casa de habitación, situada a escasos metros del teatro, donde luego de unas disertaciones sobre temas de arte y sobre todo de política, al calor de unas copas de coñac terminaron una jornada nocturna plena de espirituales y sentidas emociones, como era la costumbre de antaño”.

No obstante, tal éxito, de nuevo la política intervino en la vida del poeta.

En 1958, Pérez Jiménez fue derrocado como presidente. Y por haber sido maestro del general fue mandado a botar del Liceo Militar. Se marchó con las nostalgias y su amor por la ciudad de sus ensueños. Ya era un anciano. Aún lo recuerdo. Aquella despedida, entre los albores de una lágrima y el inmenso mar de poesías, cuando el lujoso “Almacén Gato Negro” grababa los versos de amor de aquel poeta consagrado al lirismo y a la pureza de las letras. De allí, muy después, ingresó como redactor del Sagitario de Cúcuta.

Caricatura de Garefe (1964) obsequiada y dedicada por Teodoro Gutiérrez Calderón a Luis A Medina S. a raíz del reportaje que le hizo en el marco del homenaje al poeta el 5 de octubre de 1964 en el teatro Zulima de Cúcuta.

De tal modo, en 1960, de vuelta a Colombia, con Alberto Lleras Camargo como presidente y Miguel García-Herreros como gobernador del departamento de Norte Santander, Gutiérrez Calderón trató de retomar su vida en la ciudad de Cúcuta, donde permaneció por un corto periodo pues a falta de nuevas oportunidades laborales tuvo que abandonar. Así, poco después, en 1961, se instala en Bogotá y, junto con otras personalidades, entre otras actividades, asistió a varios de los eventos del Instituto Caro y Cuervo.

Aunque Gutiérrez Calderón había ido y venido a Cúcuta, y obtuvo un homenaje en 1966, durante estos años le resultó evidente que las cosas habían cambiado en Colombia y él mismo había cambiado. Al margen de la política, por un tiempo trabajó como profesor de historia de la música en el Conservatorio de Música de Cúcuta y, ya viudo, en sus últimos años se desplazó definitivamente a Bogotá.

“Y más tarde su hija Celina Estela vino, porque el poeta se volvía ciego, y lo llevó a vivir con ella en Bogotá. En la hermosa capital de Colombia asistía en las noches a tocar piano en un cabaret, entre el dolor de sus años y la virtud de su poesía. Un día 16 de octubre de 1968 falleció dejando un legado al amor por la verdad y la inmensidad de su poesía…” Está registrado el lugar de sepultura del cuerpo de Numa Teodoro Gutiérrez Calderón en la bóveda número 9302 del cementerio del Norte de Bogotá el día 16 de octubre de 1968.

Por ahora, desde mi punto de vista los poetas-políticos que de un modo u otro llegan a esos anales oficiales, los que no lo logran y muchos más, exigen su estudio. En particular, Numa Teodoro Gutiérrez Calderón, amerita un trabajo concienzudo que sintetice, además todo un contexto poético de gran valía.

Todos ellos representan los altibajos culturales de un país que tiende a exaltar la palabra de personajes consagrados al tiempo que les exige la acción política, en desmedro de su propia creación. En tal dinámica, por lo menos tres generaciones de poetas colombianos tuvieron que adecuarse de un modo u otro a los infames vaivenes de esa política y a menudo la experiencia no fue nada enriquecedora. Algunos se rindieron cómodamente a ella a fin de asegurar sus propósitos, algunos intentaron mantenerse al margen y otros se vieron impelidos a escoger caminos con efectos tristes como el ostracismo, el exilio o la muerte anónima.

Hoy la política colombiana parece abandonada por los poetas, o por lo menos por varios de ellos que sin duda prefieren la literatura al poder y la fama. Acaso estos se hayan retirado a sus torres de marfil y en unos años ni siquiera aparezcan en los anales de la literatura. Con suerte, existirán investigadores que, como ellos, privilegien la poesía por encima del oropel y se interesen por sus obras y logren difundirlas. Ojalá que así sea.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

martes, 11 de noviembre de 2025

2701.- COLEGIO DE ABOGADOS PENALISTAS DE N. DE S.

La Opinión


Hace 45 años, el 2 de febrero de 1980, un grupo de laboriosos abogados penalistas de la ciudad y la región, se reunieron para conformar la que sería la primera asociación de juristas dedicados a la defensa de aquellos quienes sufrían de problemas penales en razón de sus presuntas acciones fuera de la ley.

Encabezados por un destacado grupo de abogados con dedicación exclusiva al derecho penal, y considerada dentro del devenir histórico de la abogacía de Norte de Santander, como un verdadero avance social en bien de los derechos ciudadanos, convinieron en agruparse en el llamado Colegio de Abogados Penalistas de la región.

Gracias al libro La Abogacía en Perspectiva Histórica de Norte de Santander, de la autoría del doctor Jesús Domingo Rodríguez Sarmiento, documento del cual he podido extraer una serie de narraciones en las que se dan a conocer diversos aspectos de la profesión de la abogacía y que serán publicadas posteriormente, me adelanto a presentar esta crónica a mis lectores, como homenaje conmemorativo por la fecha de su aniversario.

Durante la proclamación del colectivo fue presentada a consideración de sus integrantes el acta de fundación que a continuación se expone: “Quienes suscribimos la siguiente Acta, en nuestra condición de Abogados de la República de Colombia, orientados por el Hacedor Supremo y por nuestra conciencia jurídica, declaramos solemnemente fundado el Colegio de Abogados Penalistas de Norte de Santander, que tendrá como fin esencial la defensa de la juridicidad sustentada en nuestras instituciones democráticas.

Proyectamos con este acto la difusión del derecho, la defensa ética de la profesión de abogado, la solidaridad gremial y, ante todo, el retribuir a la sociedad del departamento, a sus autoridades e instituciones el respaldo que nos han brindado.

En idéntico sentido, prometemos iniciar seminarios y foros donde aprenderemos las nuevas concepciones doctrinales y jurisprudenciales con la intervención de juristas de Colombia y de otros países, para así mantener latente la vocación que nos llevó a los claustros universitarios.

Proclamamos ante la opinión pública nuestra fe en los anteriores principios, y así lo hacemos, estampando nuestras firmas, en San José de Cúcuta, hoy dos (2) de febrero de 1980”.

Jesús Domingo Rodríguez Sarmiento, Judith Mendoza de Castro, José Adip Villamil Quintero, Álvaro Francisco Silva Uribe, Jesús Libardy Colmenares Sayago, Benjamín Jaimes Parada, Miguel Ángel Villamizar Becerra, Pedro José Nossa Gómez, Víctor Hugo Ballén Belén, Álvaro Ordóñez Ortega.

La Personería Jurídica le fue otorgada por Resolución No. 10 de febrero 14 de 1980, suscrita por el gobernador del Departamento Norte de Santander, doctor Adolfo Martínez Badillo y el Promotor de Justicia del departamento Sixto Reyes Rincón y notificada al presidente del Colegio, el 27 de febrero del mismo año.

La reunión preliminar del grupo se situó en la vivienda de don Carlos Luis Dávila Díaz, cultor del Derecho y funcionario de la Rama Judicial durante muchos años. La instalación se llevó a cabo en la Torre del Reloj, para entonces transformada en la nueva Casa de la Cultura de la ciudad.

El tema central de la conferencia fue el Análisis Crítico del Nuevo Código Penal Colombiano recién aprobado.

Dentro de las muchas labores desarrolladas por esta institución se destacan algunas de las siguientes contribuciones presentadas por sus principales beneficiarios: “El tribunal Superior del Distrito Judicial de Cúcuta, felicita al Colegio de Abogados Penalistas, por la organización del curso de derecho penal realizado en el Aula Máxima de la Universidad Francisco de Paula Santander de este ciudad durante los días 28, 29 y 30 de agosto y 5 y 6 de septiembre del año en curso, en el cual intervinieron juristas colombianos y se estudió el derecho en un ambiente de libertad, erudición e inteligencia.

Se fortaleció el Colegio en la amistad y formación científica de sus miembros, dando un ejemplo de realizaciones buenas para todos los profesionales nortesantandereanos y en especial para los distinguidos integrantes del Colegio de Abogados de Norte de Santander”.

El presente documento fue entregado en nota de estilo a su presidente y publicado en la prensa hablada y escrita. Firmada por el presidente del Tribunal, doctor José Rafael Angarita Zerpa, el 17 de septiembre de 1980.

Igualmente merece la pena mencionar el ciclo de conferencias en asocio con el Colegio Médico de Cúcuta sobre Medicina Legal y Psiquiatría Forense durante el mes de junio de 1985, destacándose las participaciones de los médicos Ramiro Calderón Tarazona, eminente neurocirujano de la Universidad Nacional de Colombia, Mario Mejía Díaz, profesor de Medicina Legal y Psiquiatría Forense de la Universidad Libre de Cúcuta, Germán Foliaco Colmenares, Carlos Castro Hernández y Jaime Manuel Mercado Cabarcas, Médicos Psiquiatras, directores por largo tiempo del Hospital Mental de Cúcuta.

En una nota de hondo sentimiento, el primer presidente del Colegio, transcurridos más de 40 años de su fundación, rememora con profundo pesar el fallecimiento de los colegiales, Álvaro Francisco Silva Uribe, Miguel Ángel Villamizar Becerra y Álvaro Ordóñez Ortega, a quienes recuerda con especial sentimiento de admiración por sus ejecutorias profesionales y el recto obrar dentro del plano social y profesional.

Desde sus inicios el Colegio tuvo una gran aceptación por cuenta de una mayoría significativa de abogados, aún entre quienes no eran parte de la especialidad. Los colegiales se clasificaban en dos categorías: los de número y los de honor. La cantidad de agremiados de número inicialmente se acercaba a los cien, entre quienes podemos mencionar sólo unos por razón de espacio, presentando nuestras excusas por las omisiones involuntarias.

Las primeras abogadas colegiales inscritas fueron 21; mencionamos al azar a Luz Amparo Gelves Reyes, María Teresa Quintero Guevara, Ana Ligia Villasmil Quintero, Blanca Doris Urbina de Peñaranda, Leonor Fandiño de Tarazona, Gloria Josefa Núñez de Ramírez, Aura Cecilia Cuéllar Parra y Nelly Rincón.

Entre los caballeros podemos nombrar a Jairo Augusto Pérez Aranguren, Gerson París Granados, José Francisco Pérez Cristancho, Luis Enrique Tarazona, Hugo Rodolfo Segura Escobar, Álvaro Pío Valero Mora y José Vicente Yáñez Gutiérrez.

De los colegiales de honor, entre otros figuran: Bernardo Gaitán Mahecha, Fernando Carvajalino Cabrales, Luis Helí Rubio Sandoval, Servio Tulio Ruiz, Pedro María Tarazona Arocha y Luis Felipe Zanna Contreras.

Abogados nacidos en la región

Para complementar el recuento histórico de los abogados que nacieron en nuestro Departamento, rememoro al insigne jurista colombiano doctor Marco Gerardo Monroy Cabra, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia, que expresó:

“Qué bueno sería que en cada región del país se escribiera la historia de sus juristas, como un acto de justicia con la provincia colombiana, que ha contribuido a forjar su nacionalidad”.

Emilio Vicente Ferrero Troconis, nació en Cúcuta el 1 de mayo de 1873, abogado de la Universidad Nacional de Bogotá, 22 de noviembre de 1887, Juez de la República, Secretario del Presidente de la República General Ramón González Valencia, Secretario de Hacienda del Estado Soberano de Santander, Representante a la Cámara, redactó el Proyecto de Decreto que posteriormente se materializó en Ley, el 14 de julio de 1910, mediante la cual se creó el Departamento Norte de Santander, siendo Presidente del Senado. Fue nombrado como Gobernador del Departamento, ministro de Instrucción Pública, Magistrado de la Corte Suprema de Justicia. Falleció el 25 de mayo de 1944 en Bogotá.

Aziz Colmenares Abrajim, nació en Cúcuta, abogado de la Universidad Externado de Colombia, alcalde de Cúcuta, 1957, falleció en Ciudad de Panamá, el 25 de junio de 1984. Hijo del ilustre empresario Nicolás Colmenares, fue nombrado alcalde de la ciudad en 1957, cargo que ejerció hasta mediados del año siguiente cuando fue reemplazado por el arquitecto Luis Raúl Rodríguez Lamus*.

Pedro Elías Ballesteros Rojas, nació en Santiago, Abogado de la Universidad Libre Seccional de Cúcuta, Juez Municipal de Villa Caro y Hacarí, falleció el 4 de septiembre de 2010 en Cúcuta.

Ana Ligia Villasmil Quintero, nació en Cúcuta, abogada de la Universidad Libre Seccional de Cúcuta, Juez de Instrucción Criminal de Cúcuta, falleció en Cúcuta el 21 de abril de 2015.

Gustavo Soto Apolinar, nació en Cúcuta, abogado de la Universidad Libre Seccional de Cúcuta, falleció en Bucaramanga el 1 de julio de 2016.

Marco Tulio Gómez Rangel, nació en Salazar de las Palmas, abogado de la Universidad Nacional de Bogotá, falleció en Cúcuta el 18 de octubre de 2018.

Enrique Flórez Faillace, nació en Cúcuta en 1928, abogado de la Universidad Nacional de Bogotá, Representante a la Cámara, Notario 3º. de Cúcuta, falleció en Cúcuta el 18 de enero de 2020.

Silvia Corzo Román, nació en Cúcuta el 27 de agosto de 1960, abogada de la Universidad Libre Seccional de Cúcuta, Diputada de la Asamblea de Norte de Santander. falleció en Cúcuta el 22 de mayo de 2020.

Jhon Jairo Roa Peñaranda, nació en Cúcuta, abogado de la Universidad Libre Seccional de Cúcuta, funcionario del INPEC, falleció en Cúcuta el 11 de julio de 2020.

Nidia Teresa Ayala Pérez, nació en Santiago, abogada de la Universidad Libre Seccional de Cúcuta. Juez 3ª. Civil Municipal de Cúcuta. Falleció en Cúcuta el 8 de diciembre de 2020.

Martha Judith Florián Vásquez, nació en Cúcuta, abogada de la Universidad Libre Seccional de Cúcuta, Juez Civil Municipal de Cúcuta. Falleció en Cúcuta el 8 de diciembre de 2020.

Guillermo León Guerrero Sánchez, nació en Pamplona, Juez de Instrucción Criminal de Cúcuta, falleció en Cúcuta en 2020.

Myriam Blanco García de Castillo, nació en Cúcuta, abogada de la Universidad Libre de Bogotá 1970, Juez Civil Municipal de Ocaña, Juez Civil del Circuito de Cúcuta, Fiscal ante el Tribunal Superior de Cúcuta, falleció en Cúcuta el 29 de octubre de 2021.

Martín Ricardo Rincón Uzcátegui, nació en Cúcuta, abogado de la Universidad Libre Seccional de Cúcuta, secretario de Hacienda del Municipio de Cúcuta, falleció en Cúcuta el 6 de febrero de 2021.

Ricardo León Quintero Latorre, nació en Cúcuta, abogado de la Universidad Gran Colombia de Bogotá, Juez Municipal de Arauca, Juez 5º. Superior de Cúcuta y Juez 5º. Penal del Circuito de Cúcuta. Falleció en Cúcuta el 30 de junio de 2021.

Ángel María Corzo Labrador, nació en Cúcuta 1942, abogado de la Universidad Libre Seccional de Cúcuta. Falleció en Cúcuta el 20 de diciembre de 2021.

Oscar Emilio Pallares Carrascal, nació en San Calixto el 25 de febrero de 1935, abogado de la Universidad Gran Colombia de Bogotá, falleció en Ocaña el 1º. de enero de 2022.

José Neira Rey, nació en Bucaramanga, el 9 de octubre de 1938, Abogado de la Universidad Libre de Bogotá, periodista fundador de la emisora Voz de la Gran Colombia de Villa del Rosario, falleció en Cúcuta el 4 de febrero de 2022. “Tal vez el más combativo de los dirigentes políticos y sociales de la región. Se desempeñó en altos cargos a nivel nacional. Primero como comunicador social y propietario de la emisora Gran Colombia donde tenía su propio radio periódico – ‘Tribunal del pueblo’ -, donde clamaba por lo vital para la ciudad, y, además, como columnista del diario La Opinión, por varios años, tratando un tema que le apasionaba: la integración fronteriza. En segundo lugar, como servidor público, organizó la creación de la Zona Franca de Cúcuta, de la que fue gerente y a la que nunca dejó de hacerle seguimiento de lo que queda de ella. En el servicio diplomático fue Embajador Plenipotenciario de Colombia en Venezuela y Cónsul de Colombia en Finlandia, allá, en Escandinavia.

Víctor Hugo Ballén Belén, nacido en Cúcuta mediados del siglo pasado. Efectuó estudios primarios en el Colegio Salesiano 1955-1960 y bachillerato en el colegio lasallista Sagrado Corazón 1961-1966. Hizo el pregrado en la Universidad Externado de Colombia 1967-1971, donde obtuvo el título de Doctor en Derecho el 12 de Julio de 1972. A continuación, se inscribió en la Universidad de Paris para iniciar un diplomado de Estudios Superiores en Derecho Penal que, no pudo culminar ante el fallecimiento inesperado de su padre, regresando a Colombia. Ya en Cúcuta, fue nombrado Juez Primero Penal Municipal, y, luego promovido a Juez de Instrucción Criminal, hasta finales de 1975, en que se retiró para dedicarse al ejerció profesionalmente como litigante. En septiembre de 1989, fue nombrado por concurso, como Magistrado del Tribunal Superior de Pamplona, cargo que desempeñó hasta el 30 de septiembre de 2012 por retiro forzoso ante la edad, ocupando al momento la presidencia de dicho Tribunal. El doctor Víctor Hugo Ballén también en el Externado de Colombia cursó y terminó estudios en Acción de Tutela y especialidad en Derecho Comercial, y conoció la Docencia en varios periodos. Actualmente goza de su retiro.(Incluido por el recopilador)

Abogadas ilustres de la región

En consideración a la equidad de género, cada día más importante en el desarrollo del progreso y el bienestar general de la población del mundo, debo confesar que me faltó incluir buena parte de las damas sobresalientes de esta tan importante disciplina profesional. Debo aclarar que no fue intencional ni mucho menos, pero debido a ciertas circunstancias, los mayores tenemos algunos rezagos producto de las costumbres ancestrales de no considerar nuestras mujeres como dignos representantes de su género.

Por esta razón y para reparar este entuerto, presento a mis lectores algunas de las razones por las cuales las mujeres fueron ignoradas hasta los comienzos de la era moderna, según se lee en el documento que ha servido como cimiento para estructurar estas últimas narraciones: La abogacía en perspectiva histórica de Norte de Santander, escrito por el abogado Jesús Domingo Rodríguez Sarmiento.

Si bien las mujeres fueron relegadas a los últimos lugares en las sociedades antiguas, aún hoy persisten culturas, especialmente en el oriente del mundo donde subsisten colectividades que oprimen y vejan a las mujeres sin el más mínimo pudor y respeto.

En nuestro país apenas comenzamos a tenerlas en cuenta, en acciones y hechos que cada día prosperan más dejando en el olvido las recordaciones y añoranzas del pasado, pues ahora gozan de accesos a todo lo que antes era exclusivo para varones.

Cita en su libro el autor: (…) Para que la juventud femenina accediera a los claustros universitarios, además de las dificultades de trasporte, se agregaba la ancestral costumbre social que las condicionaba a mantenerse dentro de su entorno familiar, donde se les consideraba eufemísticamente desde la Edad Media como las Reinas o los Ángeles del hogar, bajo los postulados y la disciplina que, por lo regular controlaban los denominados “ministros católicos”, que en casos tan extremos les censuraban hasta la costumbre de montar a caballo.

En lo que respecta a la región de los Santanderes, en la época del Estado Soberano de Santander, según la Constitución que regía entonces, año 1863, no existían entonces en su territorio universidades con Facultades de Derecho que permitieran a los estudiantes proseguir sus estudios en sus lugares de residencia, lo que sumaba un ingrediente más a las dificultades femeninas.

Sin embargo, no era solamente este detalle, durante gran parte de finales del siglo XIX hasta mediados del XX, los colegios y centros de educación media, regentados en todo el país por miembros de la Iglesia Católica, otorgaban a los varones el título de Bachiller en Filosofía y Letras, y a las mujeres Diplomas de Educación Suficiente.

Las anteriores referencias explican en parte, el motivo por el cual las primeras abogadas se graduaron sólo a mediados de los años cincuenta del siglo XX.

Dicho esto, pasemos al tema central de esta crónica, con la advertencia a mis lectores que la selección de las personalidades fue meramente casual y dejando para un posible relato posterior aquellas que quedaron en el tintero. Por respeto y consideración con las damas omitiré las fechas que puedan resultar indiscretas.

Comencemos con Andrea Milena Rodríguez Aponte, se graduó como Doctora en Derecho de la U. Tadeo Lozano, especializada en Derecho Comercial en la Javeriana de Bogotá. Es catedrática en Derecho Comercial en importantes universidades capitalinas. Se ha desempeñado como abogada de la Caja Nacional de Previsión y Asesora de Colpensiones.

Beatriz Cuéllar de Ríos, Doctora en Derecho de la U. de Caldas, concejal de Cúcuta, secretaria de Hacienda de Norte de Santander y Superintendente de Sociedades, entre otros cargos.

Carmen Ligia Galvis García, Doctora en Derecho y Ciencias Sociales de la U. Libre de Bogotá, fue directora regional de la Defensoría del Pueblo de Norte de Santander.

Angélica Lorena Rodríguez Aponte, doctora en Derecho de la U. Colegio Mayor del Rosario de Bogotá, especializada en Derecho Comercial, Magister en Gestión Ambiental, especialista en Idiomas de la U. La Trobe, en Melbourne, Australia, se ha desempeñado como Abogada externa del Banco Mundial en Washington y abogada de la ANLA (Autoridad Nacional de Licencias Ambientales).

Cecilia García Bautista, pamplonesa de nacimiento, secretaria de Educación Departamental, Representante a la Cámara y Diputada a la Asamblea de Norte de Santander.

Cecilia Méndez Camacho, graduada en Derecho y Ciencias Sociales del Externado de Colombia, Juez Penal Municipal de Cúcuta, gerente de la Lotería de Cúcuta, entre otros cargos; falleció en la ciudad en 2017.

Gladys Beatriz Álvarez Cárdenas, Doctora en Derecho e la U. Javeriana de Bogotá, especializada en Derecho Laboral, abogada de la Procuraduría Regional de Cúcuta, Juez Promiscuo Municipal de San Cayetano (N. de S.), Juez Octavo de Instrucción Criminal de Cúcuta, Sub-Contralora del N. de S.

Gladys Rincón Castellanos, cucuteña, doctora en Derecho del Externado de Colombia, se ha desempeñado como juez penal en Cúcuta y civil municipal en Bogotá.

Rita Leonor Dávila Rosas, doctora en Derecho de la U. Santo Tomás en Bogotá, juez promiscuo en El Zulia (N. de S.) y Juez Tercera Penal Municipal de Cúcuta.

Smille Jaimes Rodríguez, doctora en Derecho de la U. Cooperativa de Colombia en Bogotá, directora del Área interdisciplinaria de la U. La Salle de Bogotá.

Fidelia Villamizar de Pérez, nacida en Chitagá, graduada de abogada en la U. Externado de Colombia y doctorada en la misma universidad, fue nombrada gobernadora del Norte de Santander y ejerció entre 1974 y 1975. Superintendente de Industria y Comercio primero, y luego, Superintendente de Notariado y Registro; posteriormente se desempeñó como secretaria del Ministerio de Justicia.

Fanny Jáuregui de Mansilla, nació en Bochalema, graduada en Derecho y Ciencias Sociales en el Externado de Colombia, secretaria de la Alcaldía de Cúcuta, Juez Laboral del Circuito de Cúcuta y en 1981, Magistrada del Tribunal Superior de Cúcuta.






Recordado por: Gastón Bermúdez V.