PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

TERREMOTERO -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

viernes, 15 de febrero de 2013

333.- LAS ¨CASITAS¨ DE AYER II


PARTE II/III

Gerardo Raynaud


La  Quinta de don Felice Torre

Ya entrado el siglo 20 la destrucción de la ciudad corrió por cuenta de otra tragedia: el sitio de Cúcuta, cuya ocurrencia transcurrió desde el 11 de junio de 1900 hasta el 15 de julio del mismo año, es decir 36 días. Nuevamente tuvieron que reacomodarse las viviendas aunque en menor cuantía que lo sucedido durante el terremoto sucedido 25 años antes. De todas maneras, el efecto de los ataques, la colocación de las trincheras y el aislamiento y desabastecimiento sufrido, afectó ostensiblemente las construcciones, así como las adecuaciones que se hicieron en las casas para resguardarse de las arremetidas del enemigo, motivos por los cuales, finalizado el conflicto vino la consecuente reconstrucción.

Floreció nuevamente el comercio, esta vez de la mano del nuevo grupo de empresarios. Algunos italianos y alemanes habían permanecido en la ciudad y continuado con sus actividades mercantiles aún después de la “gran guerra”, como se le llamó a la Primera Guerra Mundial. Ahora se habían establecido colonias de sirios, libaneses y palestinos pero, más importante fue el asentamiento de los vecinos, pues para ellos, que no eran considerados extraños, resultaba mucho más sencilla su vinculación, dados los lazos afectivos y familiares que se tenían desde tiempos pretéritos. Las oportunidades se habían multiplicado en la ciudad, a pesar de las dificultades generadas por los constantes enfrentamientos partidistas, situación que no difería notablemente de lo que sucedía en Venezuela, dirigida por la mano férrea dictatorial de los generales Cipriano Castro y posteriormente Juan Vicente Gómez, quienes gobernaron durante alrededor de cuarenta años y que por esa razón, Cúcuta y sus alrededores fue utilizada como escenario de movimientos revolucionarios venezolanos que trataban de usurpar el poder de los considerados tiranos y que adicionalmente aprovechaban la experiencia militar de los combatientes colombianos para liderar las batallas y los combates que se presentaban, como el ocurrido el 26 de julio de 1901 cuando un grupo de militares invadió y se tomó la población de Ureña, en una campaña por derrocar al presidente Cipriano Castro.

Las ventajas que ofrecía el comercio a través de la ruta del Lago de Maracaibo, tanto para exportar los productos como para traerlos, bien fuera de Europa o de Norteamérica, hacían de Cúcuta un punto privilegiado y atractivo, de manera que la actividad comercial, no solo era creciente sino que generaba llamativos réditos que eran invertidos en el desarrollo de la finca raíz local, con lo cual comenzaron a edificarse una serie de elegantes casonas de propiedad de los más adinerados comerciantes e industriales, quienes además, fueron adquiriendo las tierras circundantes con la expectativa que en el futuro serían  utilizadas en la expansión de la ciudad con sus correspondientes beneficios.

En esta crónica se hará mención de las construcciones que se realizaron comenzando el siglo, una vez se consolidó la paz, consecuencia de la terminación de la guerra de los mil días.

No hay un orden establecido ni cronología en el relato, pues fue difícil rastrear la información para definir una secuencia que permitiera tener un conocimiento preciso del desarrollo, así que empezaré por la “Quinta” de don Felice Torre, uno de los empresarios italianos, que terminó siendo el administrador de la firma de Tito Abbo Jr. & Cía. Ltda. Todavía la reconocemos hoy, en la esquina de la calle quince con avenida quinta, hoy de propiedad de la sucesión de Dióscoro Méndez y la cual sirvió, durante algunos años como sede del Consulado de Venezuela y en la que actualmente queda la representación del gobierno municipal de Gramalote, sede provisional, mientras se procede a la reubicación del casco urbano de ese municipio afectado o más bien, destruido por una falla geológica, producto de la arremetida invernal del 2010. La casa era, por el lujo de sus aposentos, utilizada para albergar visitantes ilustres, en una época en la que no existían hoteles ni alojamientos dignos para éstos, como fue el caso de la visita del presidente Urdaneta quien allí se hospedó con su esposa y su reducida comitiva.



Casona de don Luis Contreras Hernández, calle 19 con avenida 2ª

Otra de las grandes casonas de la época y que todavía están a la vista, casi en su estado original, incluido el normal deterioro originado por el paso de los años y la falta de mantenimiento continuado, es la que fue casa de habitación de don Luis Alberto Contreras Hernández y que está localizada en la esquina de la calle 19 con avenida segunda, frente al conocido Parque de los Niños, construida durante el primer tercio del siglo pasado, apenas la ciudad comenzó su expansión hacia el sur, mucho antes de empezar la construcción de las casas del Barrio Blanco. Don Luis Contreras era uno de los comerciantes de la calle doce, especializado en la comercialización de artículo de cacería y en cuya bodega se negociaban todos los productos relacionados con esa actividad. Como resultado de años de trabajo en el ramo y conocedor de las circunstancias que pudiera beneficiar a quienes se dedicaban a este difícil arte, propuso, en asocio de sus más cercanas amistades y colegas, la creación de un colectivo que explotara los resultados de la actividad y a la vez contribuyera a su divulgación y promoción, de allí surgió la idea de fundar un club que agrupara a los aficionados a la pesca y la caza, con lo cual se consolidó la creación del Club de Cazadores. Aunque las primeras reuniones de la junta promotora no se realizaron allí, sí se llevaron a cabo las actividades sociales tendientes a recaudar los fondos necesarios para la construcción de la sede que hoy conocemos. Los primeros bailes, fueron históricos y la “casa del parque” como la llamaban los socios fundadores, era el centro de las tertulias, especialmente las que se hacían después de las extenuantes jornadas de cacería de los fines de semana

De las casas hasta ahora mencionadas es necesario anotar que contaban con todas las comodidades y servicios de la época. Las primeras, como las mencionadas en la crónica anterior, se surtían de agua de la toma pública, las que introducían con tuberías y filtraban mediante procedimientos artesanales. Ninguna, y eso incluye a las dos mencionadas en esta crónica, tenían conexión de aguas negras, puesto que no existía alcantarillado entonces, de manera que éstas eran depositadas en tanques sépticos, circunstancia que sólo se vino a solucionar, años más tarde.

El desarrollo de la ciudad promediando el siglo 20 había adquirido un auge vertiginoso a pesar de los continuos vaivenes políticos que se presentaban en los dos países cuyas fronteras convergen en nuestra región. A finales de la década de los años cuarenta y a principios de los cincuenta, se produce un adelanto sustancial, tanto en la infraestructura física como en la modernización de los factores sociales y económicos, lo que genera el florecimiento de toda clase de actividades productoras de riqueza. En ambos países se presenta un adelanto de sus respectivas actividades económicas; en Venezuela con la exploración petrolera y en Colombia con la explotación agrícola del café y algunos otros productos del sector, todo lo cual incide en beneficio de la ciudad con su correspondiente crecimiento del intercambio comercial.

Las inversiones que efectuaban en el campo de su propio bienestar, los beneficiarios de las ganancias de los negocios, pues era una época en que la incertidumbre del futuro aún no se visualizaba cercana, así que lo mejor era gozar de los beneficios actuales.

Entonces, la ciudad tenía grandes extensiones de tierra que podían utilizarse para su expansión, como sucedió con el establecimiento de los barrios de los trabajadores de las empresas petroleras, como lo fueron los barrios Colsag, Colpet y Pescadero, por ejemplo.

Durante la época en mención, profesionales y comerciantes prefirieron edificar sus residencias en los terrenos disponibles dentro del casco urbano de la ciudad y muchos escogieron los amplios lotes que se asomaban hacia el norte de la ciudad, en la zona que conocemos hoy como el barrio Latino y parte del Barrio Lleras, pues era la tendencia natural de crecimiento que ofrecía la ciudad y en especial, por la disponibilidad de obtención de servicios básicos, relativamente fáciles y con acceso al centro mediante calles amplias y despejadas.

La mención del título de estas crónicas al llamar “casitas”, las mansiones que fueron construidas en la época aludida, no deja de ser un sarcasmo que pretende compararlas con las que se construyen actualmente, toda vez que esas “casitas”, hoy son hoteles, colegios, institutos, clínicas o incluso centros comerciales o de velaciones y a las cuales, no tuvieron que hacerles mayores modificaciones para adecuarlas a las necesidades de los servicios que prestan.

A continuación les presentaré un recuento de una muestra de las más representativas mansiones, hoy con otras destinaciones. Basta un breve recorrido por los barrios citados y encontraremos, entre otras, la que fue la residencia del gobernador Gonzalo Rivera Laguado, una magnífica casona en la calle 5 número 3-43, con entrada vehicular y zona de estacionamiento interno para varios carros, tal como correspondía a su investidura, piscina y demás prestaciones, hoy convertida en el hotel Acuarius. Una cuadra más allá, en la calle 4 número 3-35, estaba la residencia del señor Humberto Castro O. célebre constructor, promotor en su época del proyecto conocido como Casaclub que resultó ser un plan fracasado que dio mucho de qué hablar a nivel nacional. Después del frustrado programa de vivienda, sirvió de asiento al Casino Internacional de Cúcuta hasta la construcción del hotel de la calle 11, hoy es la sede de una empresa comercializadora de carbón. Por los mismos lados, construyeron sus residencias el señor Luis Peña, venezolano que tenía una oficina de comercio exterior en San Antonio y era el encargado de tramitar todas negociaciones que se hacían en esa ciudad para la importación de las mercancías principalmente desde el Japón y Estados Unidos. Era casado con una señora cucuteña de apellido Granados y vivían en la calle 6 número 2-60, hoy queda allí el Hotel Olímpica el cual sólo realizó obras marginales para adecuarlo a sus exigencias. Una cuadra más abajo por la misma calle pero en el número 1-61, se construyó una de las casas más modernas de los años sesenta, el empresario, perteneciente a una de las élites de mayor reconocimiento en la ciudad, era don Alfredo Cabrera, comerciante de amplia trayectoria y representante de las más prestigiosas marcas nacionales en su local de la avenida cuarta en doce y trece. Durante muchos años fue el centro de atención y de reuniones en las cuales se marcaba la orientación del comercio y de la política, hoy es un centro comercial, con locales hacia la calle y sede de una de las más importantes empresas de trasporte de valores. Este último detalle refleja el grado de seguridad que tiene el inmueble, no sólo ahora sino que tenía entonces.




El castillo del doctor Miguel Roberto Gelvis Sáenz
 
Pocos metros más hacia el centro se levanta imponente, en la esquina de la avenida cuarta con calle sexta, la majestuosa morada, un verdadero palacete, que era la residencia del médico Miguel Roberto Gelvis Sáenz uno de los más prestigiosos galenos, experto oncólogo, propietario de un clínica especializada en el tratamiento de la enfermedad ubicada en la avenida séptima entre calles 8 y nueve. Aunque el médico aun ejerce y tiene una clínica en la capital con la misma dedicación, parece que las discrepancias profesionales y algunas otras controversias lo obligaron a exiliarse; hoy, la residencia ofrece la comodidad de algunos locales para la venta de vestuario y es la sede de una comercializadora internacional, de las que se popularizaron en los últimos años en la ciudad.

El espacio se termina, no así el tema, de manera que finalizaré esta crónica detallando dos de las más suntuosas viviendas de los años cincuenta, que estaban una enfrente de la otra, sin que nos pudiéramos poner de acuerdo sobre cuál de las dos era la más práctica, confortable y ostentosa. Por la calle séptima, entre tercera y cuarta, estaban las residencias de don Carlos Luis Peralta, comerciante de amplia tradición y líder empresarial y su vecino de enfrente, Reyes Miguel Alvarado, finquero, comerciante y exportador, entre sus ocupaciones más conocidas. Su casa la ocupa hoy, el hotel Chucarima y basta con entrar al lobby para apreciar el lujo que presentaba y eso sin contar las demás comodidades que ofrece en sus amplios salones y habitaciones. El señor Peralta por su lado, construyó su hogar de manera que tuviera acceso no sólo por la séptima sino por la calle intermedia, la 7A. La inauguración fue el acontecimiento social de ese año, asistieron todos personajes del ámbito empresarial, cívico-político, militar y hasta eclesiástico, para la bendición de rigor. La fiesta duró dos días y fue amenizada por las dos mejores orquestas de la ciudad y del vecino país.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.


miércoles, 13 de febrero de 2013

332.- LAS ¨CASITAS¨ DE AYER I


PARTE I/III

Gerardo Raynaud


La Quinta Teresa
 
Pasadas las severidades ocasionadas por el terremoto, que asoló la ciudad el 18 de mayo de 1875, se procedió a la reconstrucción de la ciudad, cuyo diseño le  fue encomendado al ingeniero venezolano Francisco de Paula Andrade Troconis, amparado en la ley expedida por la Asamblea del Estado Soberano de Santander, en septiembre del mismo año, que ordenaba que la nueva ciudad debía reedificarse “en el punto o sitio que ocupaba la antigua población, consultando en cuanto sea posible la misma situación de las plazas y edificios públicos.” El artículo de la ley en mención fue la base sobre la cual el ingeniero Andrade propuso que se definiera una ciudad de calles amplias y rectas y de manzanas y parques uniformes, siguiendo las medidas de cuadras a la usanza española.

El punto de partida fue el parque Santander cuyas medidas referenciales de cien metros de lado sirvieron para el trazado de las demás cuadras, hasta que cayó en la cuenta que debían incluir las medidas de las calles, que inicialmente eran de 18 metros aproximadamente, razón por la cual, tuvo que ajustar las medidas a las nuevas circunstancias y de ahí en adelante proceder a su ejecución. Las casas, citando al historiador Jaime Contreras Valero en su libro Sociedad de Artesanos Gremios Unidos de Cúcuta “eran casas altas y con un patio en el centro, rodeado de corredores con acceso a las habitaciones y a las salas. La entrada era por un zaguán que tenía hacia la calle un portón y luego una pequeña puerta o trasportón con adornos en madera o vidrios de colores.” La verdad es que originalmente se construyeron las casas siguiendo el modelo típico de la arquitectura colonial española hasta que llegaron los extranjeros, especialmente los alemanes que se asentaron en esta región, particularmente en el Estado de Santander, en las postrimerías del siglo 19.

Es importante mencionar la influencia que en la actividad comercial ejercieron los inmigrantes italianos que a diferencia de la germanos no se inclinaron por las construcciones ostentosas sino que prefirieron acogerse a los estilos locales con algunas diferencias, como el caso de la quinta de don Felice Torre, uno de los pocos ítalos que construyeron su residencia en otro estilo y de la cual hablaremos más adelante.

Estos foráneos traían una visión diferente de lo que debían ser sus casas de residencia, toda vez que sus costumbres diferían, tanto por el entorno en el que transcurría su existencia como por las tradiciones y hábitos que profesaban y por esa razón, promovieron la construcción de edificaciones que se salían de lo común y ordinario, en relación con el resto de los inmuebles.

   
La Quinta Cogollo

En esta primera crónica, pienso mostrar la evolución sufrida en la vivienda de la élite, con la óptica de un particular lego en las teorías y el arte de la arquitectura, empezando por las primeras construidas, que aún subsisten en la actualidad y en lo que terminaron siendo.

Todavía tenemos en el inventario de las “Quintas” de finales de 1800, dos que son el orgullo citadino, así una de ellas, declarada Monumento Nacional, esté en lamentables condiciones, sin que se le haya intervenido, aún con disposiciones legales que obligan al Estado a tales acciones. Me refiero, en primer lugar, a la Quinta Teresa, sede del Colegio Departamental Sagrado Corazón de Jesús. La reseña sobre las incidencias de su construcción están detalladas en la crónica La Quinta Teresa-La construcción y para resumir basta decir que se construyó sobre un lote de terreno de siete mil metros cuadrados y fue construida por el ingeniero Domingo Díaz siguiendo las indicaciones de su propietario quien le insinuó que la construyera conservando el estilo de las edificaciones del norte de Europa de donde era oriundo. La edificación se terminó, como viene indicado en el frontis, en 1893.

La segunda “Quinta” se construyó, por la misma época, algunos años más tarde, por encargo de otro alemán, el señor Wilhem Steinworth, enfrente de la Quinta Teresa haciendo esquina donde hoy es el cruce de la calle dieciséis con avenida cuarta. Inicialmente tomó el nombre de su propietario, pero a mediados de la primera o segunda década del siglo veinte fue adquirida por don Arturo Cogollo, cuando los alemanes decidieron abandonar el país; por esta razón, cambió su nombre y pasó a llamarse como es conocida hoy, Quinta Cogollo, sede en un principio del colegio Agustín Codazzi y de la desaparecida Corporación Educativa del Oriente. Hoy es la sede de la Universidad Antonio Nariño.


La Quinta Yesmín


Un tercer inmueble, que constituye parte marginal de esta crónica y por la misma época en que se terminaba la construcción de la quinta Steinworth, comenzó a edificarse, es la Quinta Yasmín o Yesmín, en la esquina opuesta, es decir, en la esquina suroccidental de la calle 16 con avenida cuarta.
Esta residencia, de propiedad entonces de don José Abrahim guarda las características de las casas de la época, construida sobre lotes de gran extensión y una cantidad apreciable de habitaciones o salas.

Ahora bien, no fue coincidencia que las principales casas se construyeran de manera colindante, una enfrente de las otras como si no hubiera espacio suficiente o lugares diferentes. La razón estriba en el suministro de agua que en esa zona estaba garantizado por el acceso a la toma pública que pasaba por el lugar y que permitía a sus moradores abastecerse sin necesidad de apelar al servicio de los conocidos aguateros.

Recordemos que la Quinta Teresa, la más elegante de entonces, tenía piscina y me atrevo a asegurar sin temor a equivocarme que fue la primera de la ciudad y que aún, a mediados del siglo 20 seguía abasteciéndose del líquido de la toma pública. Todavía recuerdo la piscina ovalada con sus aguas turbias procedente del rio Pamplonita, en los tiempos en que era estudiante de ese centro de estudios.

La Quinta Yasmín es hoy la sede del diario La Opinión y para fortuna del patrimonio arquitectónico de la ciudad, reconstruida siguiendo el sentido original de su diseño.

Estas tres construcciones, de más de cien años, componen la primera parte de esta crónica sobre las casas de habitación representativas de los habitantes de que fue conocida en su momento como “La Perla del Norte”.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 11 de febrero de 2013

331.- RECUERDOS EN LA MEMORIA DE LA GENTE


Gerardo Raynaud


Isaías Toscano Ferreira y su esposa doña Rosa Helena Fuentes Hernández fueron los dueños de  CONFECCIONES ROYALTEX

Hace algún tiempo les propuse a algunos amigos que remitieran vía correo electrónico a sus amistades y conocidos cucuteños, domiciliados o no en la ciudad, los recuerdos que tuvieran de los acontecimientos, que en sus primeros años marcaran su memoria y que tuvieran añoranzas, reminiscencias o nostalgias al respecto.

Después de algunos cientos de mensajes, creo tener cierta claridad sobre los lugares, personajes, actividades o negocios que impactaron las remembranzas de aquellos que tuvieron la oportunidad o mejor, el gusto de haber compartido su existencia, aunque fuera de manera transitoria y por corto tiempo con ellos y que hoy se constituyen en añoranzas y evocaciones melancólicas de un pasado que se fue y que se mantendrá sepultado por los días sin fin en el rincón de sus vivencias. Todos los mensajes hacen referencia a situaciones presentadas durante la segunda mitad del siglo veinte, así que puede deducirse fácilmente la edad de los remitentes.

Antes de comenzar el recuento que voy a narrarles, es preciso advertirles a mis lectores que lo que van a leer a continuación, es una recopilación adaptada de los mensajes que me han sido remitidos, gracias a las gentilezas de mis lectores y conocidos, a quienes de antemano agradezco por permitirme utilizar sus apuntes en estas crónicas.

Tal vez, lo que nos produce mayores nostalgias son aquellos bienes, productos o marcas que alguna vez utilizamos, consumimos o disfrutamos, bien fuera que nos gustaran o por el contrario, las recordamos con desagrado, pues nos producían repulsión o disgustos por el solo hecho de mencionarlos. Claro que algunos de éstos han logrado subsistir hasta nuestros días, con las mejoras y las adaptaciones que la tecnología ha logrado introducir en ellos para felicidad de sus consumidores y usuarios.

Era de rigor y constituía un ritual, casi religioso, las purgas periódicas que debían realizarse en nuestras jóvenes humanidades para garantizar una vida sana y una vejez exenta de achaques y para ello nada mejor que un frasco de CITROMEL, tomado en ayunas después de una noche a punta de líquidos fueran éstos calientes o fríos, daba igual, pues de lo que se trataba era que limpiara el organismo “por dentro”. Cuando no se conseguía el dichoso purgante, el farmaceuta recomendaba LIMOLAC o en su defecto el VERMÍFUGO NACIONAL que era una especie de genérico como los que se expenden hoy, gracias a la reforma de la salud. Para aquellos casos extremos recordamos que “para el niño flaco y barrigón, dele PIPELÓN”. Y si la cosa no funcionaba con estos, pues a veces sucedía, las pastillas RUJAN y en el peor de los casos, ya como último remedio, quedaba el insustituible Aceite de Ricino y ahí sí, pare de contar. El proceso de salubridad juvenil continuaba con las dosis de fortalecimiento que le seguía a la purga, consistente en sus cucharadas de Emulsión de Scott, hoy dichosamente modernizado y acondicionado a los gustos más refinados, pues no tiene el sabor que debía quedarle al señor que cargaba el pescado al hombro, como viene en su etiqueta, sino que hoy los ofrece más variados y sofisticados, que se adaptan a los  refinados paladares de los consumidores de la actualidad.

Afortunadamente hoy, desparasitamos a los muchachos a punta de pastillitas que no requieren mayores preámbulos y hasta se digieren a punta de Coca Cola. Y hablando de gaseosas y bebidas, recordamos que tomábamos gaseosas KIST de sabores como la naranja o la KOL KANA que ofrecía el chance de ganarse la bebida gratis con su promoción “Paga  KOL KANA” si la tapa resultaba premiada.

Para los más grandecitos, las preferidas eran la MALTINA o la KOLA REGIONAL, en sus envases de color oscuro que asemejaban las de cerveza. Pensar que todas estas previsiones las hacían los padres para orientar a sus hijos en las sanas actividades y que tuvieran cuerpos esbeltos y musculosos, así fuera que no siguieran las recomendaciones de CHARLES ATLAS y que su método de la “Tensión Dinámica” fuera “pura paja” o como diríamos hoy “propaganda engañosa”.

Sin embargo, la presencia física no podía descuidarse y una alimentación balanceada debía ser un ingrediente que no podía faltar, por eso era necesario complementarla con FARINA, el alimento para los niños de Colombia, “si su niño no camina, caminará con FARINA” se leía en la propaganda que se hacía de lo que ahora viene a ser el antecesor de la BIENESTARINA.

Terminada la fase de alimentación se pasaba a la de presentación personal y ésta radicaba en el acicalamiento propio, después del baño respectivo, algunas veces con totuma y otras, aprovechando los aguas de las  tomas públicas que circulaban y serpenteaban las calles de sur a norte de la ciudad y de cuyos vestigios, todavía percibimos. Para quienes no los conocen, mencionaré dos de ellos que pueden verificar fácilmente, pues las calles tienen una elevación producida por los puentes que hay debajo y que fueron dejados para darle paso a la pavimentación, sin tener que tumbarlos. En calle 11 entre primera y cero frente a la Escuela anexa a la Normal y en la calle 10 entre octava y novena diagonal a “El Campín” o frente a lo que fue el Teatro Astral.

La “pinta” requería del fijador LECHUGA o de GLOSTORA, de una loción como el BAY RUM o el AGUA FLORIDA DE MURRAY & LANMAN, que eran los productos más novedosos de la Empresa Licorera del Norte de Santander (¿la recuerdan?). Los mayorcitos, quienes se rasuraban los pocos vellos que les salían, se frotaban OLD SPICE de SHULTON o PINO SILVESTRE para después de la afeitada y con eso quedaban listos para el paseo. Los más “clasudos” usaban AGUA BRAVA o VETIVER para impresionar a las pocas “coca colas” que tenían oportunidad de encontrarse. Los infaltables “doble piso de CROYDON” eran prenda necesaria en la vestimenta y cuando los dolores o la gripa aparecían, CAFIASPIRINA o ANACIN, “que al dolor le pone fin”.

Y por no tomar VITACEREBINA FINLAY o ALICEBRAL RUIZ NEOVITA, mi memoria se ha quedado cortica, así que cuando recuerde más, se los comentaré.

Decía, que había solicitado la ayuda de mis contemporáneos para estructurar sucesos acaecidos durante el siglo pasado que sirvieran para recrear la vida cotidiana de la cual fuimos testigos y cuyos recuerdos nos transportan a un pasado que añoramos y al que muchas veces deseamos regresar. 

Recibí toda clase de información sobre recuerdos y remembranzas y hasta chismes que me hicieron recordar las épocas en que no existía la red y el correo de las brujas se hacía oralmente o por vía telefónica, cuando éstos marcaban asuntos de urgencia. Pues bien, recibí uno de ellos que pasaré a contarles, sin mencionar su autor y sin saber, o más bien, catalogándolo en la categoría de los inconfesables aunque pueda quedarle a uno la inquietud o la duda de su veracidad. Dice el autor “..de mi época en Cúcuta (1955 – 1969) recuerdo… el Almacén BAMBI, ropa para niños, de la esposa del coronel Sus, quien según datos, es el padre biológico de Andrés Pastrana, con una hermana de Misael Pastrana Borrero a quien por problemas de infidelidad, dio  muerte.” La verdad es que no supe de este caso y si ocurrió, tuvo que haber sido tan personal que no trascendió, así como poca importancia se le dio al incidente ocurrido con el delfín del presidente, durante su presidencia, con ocasión de un evento en el que se produjo un accidente automovilístico en el que estuvo involucrado y en el cual, al parecer hubo víctimas de consideración.

Pasemos ahora sí a los recuerdos de las épocas pasadas y cuáles fueron los que más los marcaron. Varios son los almacenes que hicieron historia y quedaron enquistados en la memoria de los muchos que se marcharon, pero también de los que se quedaron y que éstos solamente recuerdan cuando se encuentran con sus amigos, en alguna reunión social donde se tocan todos los temas pero especialmente, aquellos que evocan nuestra vida pasada, que por extraños sortilegios parecieran nos retrocedieran en el tiempo, haciéndonos jóvenes nuevamente. Relata uno de mis corresponsales que el Almacén El Roble que quedaba en la calle once entre sexta y séptima (agrego, que era el punto de venta más grande que tenía la empresa de confecciones de Bucaramanga), era famoso por sus jeans para niños, de excelente calidad y que competían con los CARIBÚ, fabricados en Medellín, -por entonces la Meca de las confecciones en Colombia-, así como las  camisas de vaquero (de cuadros), en la época de comenzar los colegios, a principios de febrero, cuando se congestionaba de venezolanos para comprar la ropa de los muchachos que iban a internar en los colegios de Pamplona.

Claro que debo hacer ciertas aclaraciones a quienes me remiten sus correos y por ello debo “editar” sus correspondencias, pues en algunos casos se presentan unas inconsistencias que no puedo más que achacarle la culpa a la memoria ya lejana de mis buenos amigos. En el caso anterior, quien escribe ubica en la ciudad Mitrada, los colegios de las hermanas Cortés, por ejemplo, lo cual es a todas luces, atrevido y desacertado.

Para continuar en la misma línea de los almacenes y las fábricas de confecciones, hubo un almacén de grata recordación, erigido por don Isaías Toscano Ferreira y su esposa doña Rosa Helena Fuentes, que se llamó  CONFECCIONES ROYALTEX cuya publicidad resaltaba la calidad de sus productos “La marca de prestigio que destaca la elegancia natural de sus hijos”.

Inicialmente había instalado su almacén, frente al antiguo almacén Ley de donde posteriormente tuvo que trasladarse debido a la venta del local, que tengo entendido pertenecía a la familia Buenahora Febres Cordero, quienes lo vendieron a los reconocidos comerciantes, Federico Deutsch y Kerel Steuer de origen checo, para la construcción del Almacén TIA. Aunque no tuvo mayores dificultades pues había sido notificado con la suficiente antelación, don Isaías logró hacerse a otro local, a la vuelta de la esquina, sólo a unos pocos metros de su dirección anterior, razón por la cual, no tuvo mayores traumatismos. Ya ubicado en la calle 12 entre las avenidas cuarta y quinta, ahora frente al almacén de la Vélez, presentó a su distinguida clientela, un portafolio más amplio de sus productos; uniformes para colegios y empresas, dotaciones para obreros, bragas para trabajo pesado,  prendas muy solicitado por los venezolanos. Además de camisas y pantalón de vestir para niños y jóvenes, de 4 a 15 años; también para adultos. Me recalca el corresponsal que las ventas de confecciones para adultos tenían menos demanda, lo cual atribuyo a la competencia que tenía por entonces, toda vez que los más grandes almacenes y los de mayor prestigio, Los Tres Grandes y el LECS, estaban a menos de media cuadra y habían capturado buena parte de ese segmento de consumidores. Por otro lado, tenía la ventaja de tener su propia fábrica que le permitía competir en precios pero no en marcas, que era el principal atractivo para los compradores venezolanos de la época. Desde los primeros años del decenio de los cincuenta había establecido su fábrica en el barrio El Callejón, la cual, en su momento de mayor esplendor alcanzó a tener un poco más de 50 trabajadores. En el año 64, nuevamente tuvo que mudar, esta vez su fábrica, pues, el desarrollo urbano de la ciudad, requería de los terrenos donde tenía instalada la planta, para dar paso a la nueva Avenida Bogotá que corresponde a las calzadas que bordean el Canal del mismo nombre.

El golpe que tuvo que afrontar con este nuevo inconveniente, fue relevante, pues no logró superar las difíciles circunstancias que lo rodearon y adicionalmente, la competencia que se hacía cada vez más fuerte, en un momento en que la bonanza de compradores venezolanos parecía desbordarse, se fortalecía con la aparición de nuevos actores y con el crecimiento de los ya establecidos, los cuales comenzaron a desplazarlo como fueron las confecciones Sir Rudolf, Confecciones Lobo y una de menor impacto pero igualmente importante, Confecciones Peñate.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

sábado, 9 de febrero de 2013

330.- AVENIDA 6ª, DESAFIO PARA LOS SENTIDOS


Eduardo Rozo




Un viaje al pasado se hace con ‘crónicas de un paisaje donde todo se desplaza’, documental producido por el Departamento de Arquitectura de la Universidad Francisco de Paula Santander -UFPS-, que sitúa en una línea de tiempo la evolución que ha tenido la avenida 6, para mostrar la transformación física, social y cultural de la ciudad, hasta llegar a lo contemporáneo.

“La identidad y la cultura de los pueblos se configuran por diversos factores que confluyen en una explosión multifacética de vivencias, herencias, hábitos, hitos, nodos y lugares que se transforman, evolucionan o mutan a través del tiempo; construyendo códigos, lenguajes y percepciones que hacen de las experiencias individuales finas hebras que se entrelazan forjando la cotidianidad”, manifestó Yannett Díaz Umaña, directora del Departamento de Arquitectura.

Así, se tomó como referencia para la investigación la avenida 6ª. En concepto de la académica, el espacio alberga un paisaje urbano lleno de cultura, de historia, de dificultades comerciales y hechos violentos; que se comportan como un organismo viviente, pues ahí ocurrieron momentos históricos, que con el paso del tiempo se han repetido una y otra vez, como en una especie de ciclo.

“Lo que sucede allí, pasa en cualquier calle céntrica latinoamericana; por eso llamó la atención. Sin embargo, hay un hecho que es innegable y es la influencia de ser una ciudad fronteriza. No en todas partes, personas de dos naciones conviven en una sola calle, en medio de una crisis económica y política al mismo tiempo”, argumentó Díaz Umaña.

Ciclo evolutivo

“La arquitectura es responsable de la transformación física de la ciudad y nos interesó conocer el contexto, porque es allí donde nacen una serie de dinámicas que dan cuenta de unos síntomas que padece el mundo contemporáneo”, indicó José Alfredo Suárez, arquitecto y docente de la UFPS.

El especialista en gestión urbana referenció que las actividades ahí registradas históricamente han sido desatendidas por las políticas oficiales. “El escenario estudiado va desde el pasado idealizado hasta el caos que hoy en día se presenta, esos cambios físicos, estéticos, sociales y culturales; que configuran la contemporaneidad, y son un desafío para los sentidos”.

Así, tres hechos marcaron la investigación, que son el denominado ‘Estado de Sitio’, que se vivió en Cúcuta con la Guerra de los Mil Días (1899 - 1902). “La rivalidad de dos ideologías hizo que en los alrededores del parque Santander se construyeran trincheras, impidiendo el acceso al parque. Las víctimas de la confrontación fueron sepultadas en una fosa común en la carrera Bolívar, hoy avenida 6ª”.

Un siglo después, los hechos violentos otra vez cobran vida en ese corredor vial, esta vez, con la bomba que explotó en el Alejandría (5 de marzo de 2003). La rivalidad entre dos bandos por el poder, como mecanismo de control territorial, nuevamente causó caos y conmoción en la ciudad. Ese hecho fue atribuido al accionar del paramilitarismo.

El último elemento de la tríada se halla en situaciones de tipo económico, tal como la naturaleza del comercio, ligado a la historia. “Al momento de hacer el análisis nos encontramos con la caída estrepitosa que tuvo el Bolívar en 1981, situación que también ha sido repetitiva en el tiempo”, expresó el arquitecto José Alfredo Suárez.

Unido a estos hechos, está la transformación física, arquitectónica y urbana que ha tenido la avenida 6ª, donde confluye diversidad de culturas.

Los actores

Históricamente la avenida 6ª ha albergado a personas de diferentes partes del país y de Venezuela.

Allí, costeños, cachacos, caleños, antioqueños, venezolanos, cucuteños y habitantes de municipios vecinos; se han tomado la vía y sobre ella impera el comercio rodante; personas y mercancías que producen un paisaje nuevo.

Es así como el habitante de la calle, el de los tintos, el vendedor de minutos, el que ofrece jugos, el que vende almuerzos, el que comercia con correas o simplemente los transeúntes desprevenidos, han configurado una dinámica para la avenida, que ‘pese a los esfuerzos’, se resiste a salir de la informalidad.

En 1886 sobre ese espacio funcionó un mercado a cielo abierto, hoy en día, están los estacionarios, a los que ni la lluvia los detiene y diariamente arman y desarman sus puntos de venta y donde se tejen historias de vida, las historias de un proceso evolutivo marcado por rasgos comunes, los mismos que construyen la identidad cucuteña.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

jueves, 7 de febrero de 2013

329.- NOS ESTAMOS PONIENDO VIEJOS…


Ciro Alfonso Cano Mora



El paso de los años, la ciudad, sus gentes, los buenos o malos lugares, recuerdos que atesora el corazón y una realidad de la cual todos somos protagonistas...

Esta mañana (30/04/2009) sonó en la radio la canción, Te amaré, te amo y te querré de Mari Trini, y el “Capi” Romero (RCN) comentó algo al respecto, no lo escuché bien, pues apenas me estaba despertando.
 
Con el correr del día y viendo notas de actualidad por Internet, me enteré que la buena intérprete española había fallecido. El noticiero del mediodía en la TV, reconfirmó la noticia. Lo lamenté silenciosamente, pues sus canciones siempre estuvieron presentes en mi vida, sobre todo cuando en los buenos tiempos de la radio musical, en la cual trabajé durante muchos años, programaba ese y otros tantos éxitos que la cantante había plasmado en el acetato, pues así le decíamos a los discos L.P. en los 70, 80 y 90’s, antes de la masificación de los CD y DVD. Pero también reflexioné un poco sobre nuestro transcurrir en el planeta azul y me di cuenta una vez más que los calendarios con sus días y noches no se detienen un instante y corren como liebre asustadiza siempre hacia adelante.

Hacía rato otro cantante que acompañó nuestros años adolescentes con canciones como Rosas a Sandra, Pequeña y Frágil, Quizás Si…Quizás No, entre tantas otras, también había sido llamado por Dios a su presencia. Su nombre, Sabú, originario de Argentina y lugar del punto final a su existencia, México, cuando no tendría más de 60 años.

Por igual hace un par de años nos sorprendió otra nota luctuosa desde España en la cual nos contaban que el intérprete de Otro Ocupa Mi Lugar, Hoy Tengo Ganas de Ti y Muchachita, para solo nombrar algunos de sus más encopetados éxitos, también se había marchado hasta el reino de Dios cuando, de igual forma, promediaba seis décadas de musical existencia. Una callada y cruel enfermedad minó cuerpo y alma de Miguel Gallardo, así como también se llevó a las Rocío - La Dúrcal y La Jurado - que con sus canciones durante muchos años llenaron extensos momentos de varias generaciones y que hoy de alguna manera, según la situación que se viva o se proyecte, sus incontables seguidores las recuerdan.

Todo esto me hizo reflexionar en dos cosas, que la expectativa de vida de los cantantes favoritos de nuestra juventud, es apenas de 60 años y que inexorablemente, también nosotros, nos estamos poniendo viejos. Y es cierto, pues al saludar a lejanos amigos o compañeros de estudio, hoy los veo con hilos de plata en sus cabellos, unas cuantas arrugas en sus rostros y miradas con síndrome de fatiga queriendo regresar a casa más temprano. Algunos van acompañados con sus hijos ya mayores y otros tomados de la mano con su nietos. Es cierto, nos estamos poniendo viejos.



Seguramente Sandro, ídolo cuando éramos niños, también pronto sucumbirá al asedio constante de la parca y otros protagonistas de candilejas y muchedumbres, por igual tomarán ese camino que no tiene regreso. Es la vida, es el destino, pero lo cierto es que nos estamos poniendo viejos.

El otro día vi con cierto color de nostalgia algunas fotografías del Chavo, Jirafales, Doña Florinda, Quico y el Señor Barriga, que otro amigo me envió por internet para que me fijara como el acompasado paso de los almanaques, también se apoderó sin misericordia, de esos personajes que tanto nos hicieron reír en los 70 y 80’s. Aún hoy lo hacen, pues infinidad de niños cansados de Pokemon, Power Rangers, Barney o Sportacus, también de alguna manera los disfrutan. Ese día dije una vez más para mis adentros, caramba, nos estamos poniendo viejos.

Y es que todo eso, es apenas el compendio de algunas señales en la irremediable caminata hacia el horizonte lejano, que con cada salida o puesta de sol, nos suma o nos resta, según el grado de optimismo o pesimismo, con que quiera mirársele. Pues si ya no resistimos parrandas hasta la madrugada, ni soportamos el volumen alto del equipo de sonido y nos interesan más las noticias económicas o políticas, que las de farándula o deportivas, es la confirmación efectiva, que sí, nos estamos poniendo viejos.

Igual sucede con el frío que nos hace doler las rodillas, la comida que se ha vuelto más sana según el médico y la señora, que nos manden a recoger a los más chicos de la casa al jardín escolar o en compañía de la asesora doméstica al supermercado, a darle un par de vueltas por la cuadra a la mascota, asistir a misa sin que nos rueguen y hasta la hora de ir a la cama más temprano, son síntomas evidentes de eso que ya sabemos y que así lo he titulado.

Y aunque digan otros, como nuestros padres o abuelos, que vieja es la cédula o la fe de bautismo, y que la juventud se lleva en el alma, eso apenas es un tácito consuelo que se renueva un poco y nos alegra otro tanto, solo cuando vemos especiales en la tele, como ese programa de los martes en el canal español con artistas, canciones y muchas notas de aquellas décadas, cuando el pantalón corto, el peinado con brillantina Palmolive y la cartilla Coquito para los de primaria, eran elementos infaltables en su día a día.

Además cuando ya el médico familiar ordena con más frecuencia exámenes de colesterol y triglicéridos, nos formula más analgésicos, nos recomienda electrocardiograma, antígeno prostático en el caso de nosotros los hombres, endoscopia digestiva y en el peor de los casos una colonoscopia y nos dice en tono paternal que no nos preocupemos por la insistente caída del cabello, son otros indicadores que debemos agregar a esa ya larga lista que con remilgo se ha elaborado.



Que vainas, evocando conversaciones de hace 30 años con Carlos Pérez Ángel , el inolvidable Gerente de Caracol en Cúcuta, cuando seleccionábamos música para el programa Dominicales del Recuerdo por Radio Reloj con boleros de Ortiz Tirado, Toña La Negra, Agustín Lara, Fernando Albuerne o Los Panchos, y nosotros jóvenes con ganas de avanzar en el mundo de los medios, nos referíamos proyectando futuro, de cómo las canciones, actuales en ese momento, de Camilo Sesto, Roberto Carlos, Leonardo Favio, Leo Dan, Claudia o José Luis Rodríguez, serían idílicas y fieles compañeras cuando los años marcaran fechas ya distantes en nuestros anuarios y desde luego fueran las del recuerdo, reíamos y bromeábamos por tan absurdas comparaciones, pues eso estaba muy lejano, faltaban muchísimos años.

Pero el reloj, el calendario, las noches con sus días, los discos de vinilo y las parrandas de dos noches hasta el siguiente mediodía, no se detuvieron o se marcharon para siempre y nos dejaron todo un océano de serena melancolía. Y las canciones de todos esos artistas, como las referidas al comienzo de Mari Trini, hoy hacen parte de ese incuestionable mundo, que buscamos con ansia y cariño en los anaqueles del recuerdo y que nos dice, que sí, que es cierto, que nos estamos poniendo viejos.

Además y ya para concluir hice una lista de actividades y sitios referenciales de Cúcuta, que por igual nos conducen a pensar, que eso es irremediablemente así:

  • Si rumbeó en la Discoteca El Paraíso, Las Cuatro Estaciones, El Tren o La Chicharra.
  • Si era de los que desayunaban de madrugada en El Padrino, Los Guaduales o Aquí me quedo o en La peza.
  • Si fue de los que llevó novias o amigas a cine en el Rosetal, Zulima, Cínera o el Avenida, cuando estaban nuevos.
  • Si leyó el periódico godito de la ciudad, Diario de la Frontera, la revista Sabatina de Miguel García y el efímero diario Cosmos.
  • Si compartió buenas cenas en El Portón Oriental y La Quinta.
  • Si conoció Maremoto, Terremoto, Sutextil y Distribuidora Bucaramanga.
  • Si compró algún electrodoméstico en el Olímpico de Cúcuta o en Japolandia de San Antonio.
  • Si aún recuerda donde quedaba la ferretería La Marina.
  • Si realizó compras alguna vez en el auto-mercado el Sol.
  • Si tomó la refrescante Castalia.
  • Si tramitó la Libreta Militar en las oficinas del Distrito ubicadas en el Palacio Nacional o realizó alguna vuelta de Tránsito donde hoy queda el Oití o el certificado judicial en el DAS de la 17 y alguna denuncia en el F-2 donde ahora queda la Simón Bolívar.
  • Si las escapadas de verdad eran al San Juan o al Reposo del Guerrero, o si por emergencia le tocó alguna vez en las Santafé.
  • Si montó en Trans-urbanos, los buses de color naranja, e inclusive en los verdes TSS.
  •  Si escuchaba al ahora hermano, Alonso Fernández, en el Cantarín, disfrutaba Los fogonazos de Chucho Medina y le creía a la Antorcha Deportiva de Gilberto Maldonado, las narraciones de Garizabal Fuentes, las noticias de Arbeniz Petit y las variedades, consejos o denuncias del Profesor Wilches del Inem con su Almanaque Radial.
  • Si estuvo en Animalandia con Pacheco en el destartalado General Santander.
  • Si hizo cola el sábado y el domingo o llevó a sus hermanas menores a ver el grupo Menudo, cuando se presentó en el mismo estadio.
  • Si se aprendió los pasos de Travolta y Olivia Newton John por las películas Saturday Night Fever y Grease, si tarareó los temas de los Bee Gees, si vivió con intensidad todos los éxitos de la gran época de la música Disco.
  • Si tomó masato o kumis y compró revistas en Tres Esquinas.
  • Si se embriagó en El Palacio, El Cream Helado, El jarrón de Baviera o el Molino.
  • Si gastó unos cuantos pesos o bolos en la Gran vergüenza de Cúcuta.
  • Si se atrevió a ir al elegante Patio de Tango o disfrutó como nadie, descargando toda la energía, en el Grease Andino, El Jardín Lunar o Las Muñecas.
  • Si quiso ir al concierto de Julio Iglesias, que nunca llegó.
  • Si curioseó en la construcción del puente elevado de la Cero con Libertadores.
  • Si conoció y alardeó con el Bolívar a $17,oo.
  • Si tomó tinto y de pronto tertulió en La Araña de Oro de la 5ª.
  • Si compró algunos buenos productos en el salón Blanco.
  • Si conoció a Pedro Rubiano como Obispo de Cúcuta y fue a misa con el padre Atienza.
  • Si disfrutó un delicioso helado en Sufi.
  • Si estudió en la Corporación Educativa del Oriente o en La Libre de la avenida 4ª o en alguno de los colegios de la misma avenida.
  • Si supo y se dio una vueltica por el Campamento Bolivariano donde iban a recibir miles de deportados.
  • Si vio el desfile militar con motivo de los 250 años de Cúcuta.
  • Si oyó a José Neira Rey narrando baloncesto por la Gran Colombia.
  • Si conoció el Banco de la República en la esquina de la 5ª con 11.
  • Si realizó alguna transacción en la Corporación Financiera de Oriente.
  • Si comió pizza por metros en el restaurante Mario.
  • Si se gozó las ferias del calzado de Ansicur.
  • Si tuvo teléfono fijo con número de cuatro dígitos.
  • Si leía Las Farandulerías de Rodolfo Ogliastri en La Opinión.
  • Si conoció la Toto sin cubierta, el consulado de Venezuela en la avenida 5ª y Mara, Maracay y la botica Lázaro frente al Parque Santander.
  • Si jugó o disfrutó buenos partidos de fútbol en la Cancha Coca Cola, donde hoy queda el Palacio de Justicia y conoció la fábrica de la famosa bebida, ahí no más, diagonal a la cancha donde ahora está el CTI.
  • Si conoció la fábrica de Postobón e Hipinto en inmediaciones de Sevilla.
  • Si sacó exámenes para carnet de salud donde el Dr. Florentino Castro y el Dr. Manuel Díaz, ahí frente al parque Nacional y el cartoncito para poder ingresar al mercado laboral lo tramitó en la Clínica de Leones.
  • Si le compraron un juguete de última moda en la fábrica de Nacoral.
  • Si cambió cheques de quincena en Bancolombia de la 5ª, cuando todos entraban en tumulto al abrir las puertas y luego, después de entregarlos para visar el valor- papel, lo llamaban de la caja a grito entero.
  • Si percibió algo de modernismo cuando veían en las madrugadas, por la 11 o por la 10, las dos barredoras mecánicas adquiridas por las Empresas Municipales.
  • Si visitó algún amigo enfermo en el San Juan de Dios o sacó el examen de pulmón en el Sanatorio Amelia.
  • Si viajó a Bogotá y otras ciudades en los aviones de Aerotal.
  • Si aprendió y jugó bowling en el Pink-13.
  • Si firmó el memorial cuando la Aduana iba a decomisar los vehículos de matrícula venezolana propiedad de cucuteños y que luego se solucionó con el famoso cuento de la internación.
  • Si alcanzó a almorzar con todas las de la ley en la Lunchería Cúcuta.
  • Si lo último de Cúcuta al nor-oriente era Zulima y Guaimaral.
  • Si fue a los sorteos de la Lotería de Cúcuta en el parque de Telecóm y a disfrutar el Show animado por Enrique Hernández, Francisco Uribe Z y el “mocho” Barreto.
  • Si prefería Radio Caracas y Venevisión a los canales colombianos, a Popy en vez de Bebé, Amador Bendayan en lugar de Pacheco, José Sánchez Guillot por Erwin Touber y se sabía además el Gloria al Bravo Pueblo, que siempre por esas televisoras sonaba a las 5 PM, hora colombiana.
  • Pero de todos modos veían en los canales nacionales series como Baretta, Barbaby Jones, Banyon, Las Calles de San Francisco, Bonanza, Enigma, Mano a mano musical, Concéntrese, El show de los Hermanos Osmond, Viaje a las estrellas, Columbo, La isla de la fantasía, El crucero del amor y mas adelante El Show de Jimmy, Baila de Rumba de Alfonso Lizarazo (Que grabaron una vez en el Rancho Villaluz) y Midnight Special con el Chupo Plata.
  • Por supuesto hay otros elementos más universales como el cabello largo, los zapatos de plataforma, los enormes cinturones con vistosas chapas de metal, los pantalones de terlenka y bota campana, que durante algún tiempo llegamos a usar.

Entonces no hay duda y me dan la razón… Por una parte, también son protagonistas de esas maravillosas épocas y por otra, en silencio muy de acuerdo conmigo, seguro que lo aceptan: Nos estamos poniendo viejos…




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.