Dado que el tiempo transcurría y no había respuesta, la cucuteña Eva Briceño, propietaria de una pequeña casa sobre la avenida tercera entre calles 12 y 13, decidió escribir directamente a la madre general de la comunidad y poner a disposición esa vivienda para que funcionara el asilo.
ACTA DE FUNDACIÓN DE LA CASA ASILO DE LAS HERMANITAS DE LOS ANCIANOS DESAMPARADOS DE LA CIUDAD DE SAN JOSÉ DE CUCUTA NORTE DE SANTANDER COLOMBIA. AÑO 1935
El 22 de Julio de 1935 la Señora Eva Briceño dirigió otra solicitud a la ya citada Madre General pidiendo de nuevo la fundación y ofreciéndole con escritura pública, una casa de su propiedad para la instalación del Asilo contigua a otras dos casas por valor de 10.000 pesos para la instalación del Asilo, las otras dos casas que igualmente cedieron, el Municipio y la Curia Diocesana, esta última en arrendamiento.
Así nació el Asilo de ancianos Rudesindo Soto. Fueron los inicios de la obra que no tardó mucho en crecer, pues don Rudesindo Soto y su esposa doña Amelia Meoz de Soto, decidieron también ayudar a esta causa y donaron buena parte de los terrenos donde hoy está ubicado.
Sor Jesusa Ibáñez, una menuda mujer de origen español quien lleva la mayor parte de su vida dedicada al cuidado de los ancianos, 42 de ellos residenciada en Colombia, hace parte del grupo de diez hermanas enfermeras, que velan por 180 ancianos, 80 hombres y 100 mujeres en el asilo de Cúcuta.
“Don Rudesindo Soto y doña Amelia Meoz fueron protectores y cofundadores de este lugar. Don Domingo Pérez y Marina Escalante, también colaboraron mucho.
Había mucha más preocupación por los demás en aquella época. Incluso, quedó un acta de la Gobernación, donde se comprometía una partida de $5.000 eso era bastantes recursos. Pero hoy día es más complicado sostenernos. Ojalá y con motivo de los 75 años las autoridades se acuerden de los ancianos de la ciudad”, dijo.
En el marco de este aniversario se celebró en el parque Colón el primer Abuelotón para recoger fondos para el Rudesindo Soto. “La iniciativa nació de un comité que organizó el Colegio Pablo Neruda y la idea fue recoger no sólo dinero para los gastos de la entidad, sino ropa, pañales, comida, elementos de lavandería, de cocina o todo lo que se quiso regalar a los ancianitos”, dijo Sor Jesusa.
Finalmente la hermana sor Jesusa Ibáñez hizo un llamado a la reflexión y a la consciencia de los cucuteños para cuidar a los abuelos. “Hoy la juventud y en general la gente desprecia al anciano, por eso el llamado es a valorarlos, a brindarles amor y protección, esa que ellos nos dieron cuando fueron jóvenes y nosotros apenas unos niños”, puntualizó.
La comunidad de las “Hermanitas de los ancianos desamparados” hace presencia en Colombia desde principios del siglo pasado y hoy día maneja asilos geriátricos en Fontibón, Bucaramanga, Cúcuta, Chiquinquirá, Duitama, Honda, Ipiales, Itagüí, Málaga, Pamplona, Piedecuesta, Popayán y Sogamoso.






