PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

TERREMOTERO -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

viernes, 14 de agosto de 2015

792.- CUCUTA, EN MEMORIA DE RICARDO OLANO, 1940



Ricardo Olano Estrada (Tomado libro Memorias 1935-1947)

Ricardo Olano Estrada fue protagonista principal de la transformación de Medellín a principios del siglo XX. Desde su papel inicial de comerciante, logró proyectarse en otros campos como la industria, la actividad urbanizadora, la dirigencia cívica y la política. Fue fundador de la famosa empresa Fósforos Olano. Presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas y de la Cámara de Comercio de Medellín para Antioquia, Concejal, director de la revista Progreso, planificador urbano, cronista del desarrollo acelerado de la ciudad a través de la publicación llamada Memorias.



Avenida 5a. Calles 11 y 12. A la izquierda el edificio del Banco  Bogotá, seguido del Edificio Morelli y mas al fondo el Banco de la República; A la derecha La Catedral San José una cuadra más abajo.

La ciudad

El 2 de diciembre de 1940, salimos de Pamplona hacia Cúcuta, por una carretera que baja suavemente por la orilla del Pamplonita. Llegamos a Cúcuta y nos hospedamos en el Hotel Internacional que tiene su edificio propio, estilo tropical, con piscina y todo el confort necesario.

Cerca del hotel está el Palacio de Gobierno Departamental, edificio nuevo de líneas armoniosas, sobre la avenida 5ª, amplísima y llena de árboles.

En esta avenida están los principales establecimientos comerciales y muchos cafés. Estos sacan sus mesitas a la espaciosa acera. Guardada las proporciones, en esa parte de la avenida 5ª se viene a la mente el recuerdo de los bulevares de París.

A poco llegamos al bello parque de Santander lleno de palmas y de otros árboles con la estatua del héroe, que es quizá la mejor de las que se han erigido en Colombia. Como dato curioso se ve en la sien derecha de la estatua el impacto de una bala que casi vuela la cabeza del Hombre de las Leyes en un combate de la última guerra civil.

El parque además tiene una fuente de bronce, una glorieta y otros adornos apropiados.

Frente al parque hay otros edificios  modernos, entre ellos el del Banco de La República. En un costado está la Iglesia Mayor, de buenas proporciones, pero aún no ofrece ningún atractivo especial.

Otro parque es el de Mercedes Abrego, en cuyo centro y flanqueada por airosas palmeras, se levanta la estatua de la heroína en actitud erguida y majestuosa.

Y hay otros parques: El de Antonia Santos y el de La Victoria.

Fuimos a tomar un refrescante al Club Tenis, que es el Campestre de Cúcuta, en el linde de la ciudad. Tiene un bello edificio aireado, canchas de tenis y de basquetbol, piscina y alegres jardines.

Y ya entrada la noche hicimos un paseo por la carretera internacional que va al límite con Venezuela, carretera amplia de 16 kms. de largo, bordeada de árboles. Sopla por allí una fresca brisa.

Pasamos junta a la casa donde nació Santander y más adelante, al llegar al puente, vimos dibujarse en la oscuridad la iglesia de la Villa del Rosario.

El puente sobre el río Táchira es de hierro, de 120 metros de largo y tan angosto que no cabe sino un automóvil. En su centro está marcado el límite de Colombia y Venezuela, y allí hay unas placas en que consta el nombre de los presidentes de las dos Repúblicas y el de los ingenieros que lo construyeron.

Pasamos a la orilla venezolana, al pueblecito de San Antonio. Anduvimos un poco por sus calles, desiertas a esa hora, y regresamos a Cúcuta.

Ya mencioné sus parques y hay que añadir que todas sus calles están arborizadas.

Además de los edificios de que hablé antes, tiene el nuevo Palacio Nacional, el del Banco de Bogotá, el que ocupa el Hotel Palacé, el de la cárcel Modelo, y muchos comerciales.

Hay en Cúcuta una buena fábrica de cerveza, buena plaza de mercado, hoteles confortables, varias iglesias, dos teatros, un Club del Comercio, acueducto, luz eléctrica, buen servicio de teléfonos que se extiende a todo el Departamento.

Al día siguiente, 3 de diciembre en la mañana, hicimos un paseo al sitio de la batalla de Peralonso acompañados de don Abelardo Madariaga, que estuvo en dicho combate.

A la vuelta a Cúcuta fui a visitar a don Rudesindo Soto y doña Amelia Meoz de Soto, los grandes benefactores de Cúcuta.

Don Rudesindo estaba enfermo y no lo vi. Me recibió doña Amelia, una viejecita encantadora. Le anuncié que la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín enviaba conmigo una tarjeta de oro para ella y su esposo, en reconocimiento de sus grandes hechos cívicos, medalla que esperaba entregarles en una de las sesiones del IV Congreso de Mejoras al que venía. Se manifestó muy agradecida.

IV Congreso de Mejoras Nacionales

En el  salón de la Asamblea, en el Palacio de la Gobernación, se reunió en Cúcuta, a las 8 de la noche del día 4 de diciembre de 1940, el IV Congreso de Mejoras Nacionales, con asistencia de los delegados de los diferentes departamentos.

Los delegados de Norte de Santander fueron: Representando la Sociedad de Mejoras Públicas de Cúcuta los doctores Luis Alejandro Bustos, Miguel García Herreros, Rodolfo Paccini, Rafael Jaramillo, Fabio Mendoza y Antonio María Durán, por la Gobernación los doctores  Aristóbulo Vergel y Víctor Ferrer Peñaranda, por el Concejo Municipal de Cúcuta doctores Jorge Soto Olarte y Emilio Gaitán M., por la Alcaldía de Cúcuta don Luis Eduardo Salas y por el Clero el presbítero Daniel Jordán.

Fueron miembros honorarios el Presidente de la República Eduardo Santos y el gobernador de Norte de Santander Darío Hernández Bautista.

Terminó la sesión aprobando una proposición de varios delegados, en que se rinda tributo de admiración a los esposos Soto Meoz, ilustres cucuteños que han hecho en beneficio de su ciudad donaciones e instituciones del más alto ejemplo cívico y humanitario.

Para aprobar esto, el presidente del Congreso pidió a los miembros que se pusieran de pie, y al ser aprobada, los delegados y la gran concurrencia que llenaba el salón, aplaudieron entusiastamente.

El Congreso tuvo 5 sesiones más y el día 8 de diciembre fue clausurado por el doctor Félix Enrique Villamizar Director de Educación Pública en nombre del Gobernador.

Compromisos sociales

El Congreso durante su permanencia fue invitado a diferentes actos:

-Inauguración de la nueva sala de cirugía del Hospital San Juan de Dios. Esta sala cuyo instrumental y equipos  son completos y modernísimos, fue donado por los esposos Soto Meoz.

El doctor Carlos Vera Villamizar dijo el discurso del caso, en el cual por insinuación nuestra, ofreció a los esposos Soto Meoz la tarjeta de oro que la Sociedad de Mejoras Públicas de Medellín obsequió a esos dignos exponentes del civismo. Se sirvió una copa de champaña.

Después de este acto, los delegados de Medellín se trasladaron a la casa de don Rudesindo Soto a entregar a los esposos la tarjeta. Encontramos allí un distinguido grupo de damas y caballeros. Doña Amelia presidía la recepción, a la cual no asistió don Rudesindo por estar enfermo.

Yo ofrecí el homenaje a doña Amelia en cortas frases y le entregué la tarjeta. Comisionado por ella, el doctor Luis Felipe Cabrera nos dio las gracias en un expresivo discurso. La reunión fue sencilla y agradable.

-Inauguración de la carretera al puente Internacional y a un cocktail-party en la Quinta Santander. Ternera a la llanera con su acompañamiento de yucas y papas.  Whisky, cerveza. Gran concurrencia. No hubo discursos.

La casa en que nació Santander fue destruida totalmente por el terremoto de 1875, y en su lugar, quizá sobre el mismo plano, se levantó la quinta actual que pertenece al señor Alberto Camilo Suárez.

Antes de esta fiesta habíamos visitado la Iglesia del Rosario  en donde se reunió el Congreso de 1821, que también fue destruida por el terremoto, y la parte que hay reconstruida, fue hecha por un cura de la Villa. En los muros hay algunas inscripciones en placas de mármol. Adjunto a la iglesia un pequeño parque con los bustos de Bolívar y Santander.

-Inauguración del Dispensario Antituberculoso, en la colina Bolívar, cerca de una columna que marca el sitio desde donde el Libertador dirigió en 1813 la batalla de Cúcuta. El dispensario ocupa un edificio moderno donado también por los esposos Soto Meoz.

El doctor Rafael Lamus Girón dijo el discurso alusivo  al acto y el presbítero  Jordán pronunció una bella oración.

-Baile de gala ofrecido por el Club del Comercio. Yo asistí un rato para conocer la sociedad cucuteña. Mujeres muy hermosas, espirituales y elegantes. Caballeros de gran distinción. Magnífica orquesta, orden completo.

-El doctor Emilio Gaitán Martín que es con el doctor Rafael Jaramillo, el arquitecto de las edificaciones que don Rudesindo Soto y su señora están construyendo para la ciudad de Cúcuta, invitó a la delegación antioqueña a conocer esos edificios que son los siguientes:

1.- El dispensario antituberculoso, que ya habíamos visitado el día de su inauguración;

2.-El manicomio, en las afueras de la ciudad, gran edificio que está casi terminado;

3.-El ancianato, en construcción, muy central, de grandes proporciones;

4.-El reformatorio de menores, en un gran lote de terreno, en los lindes de la ciudad. Faltan por construir algunos pabellones, pero los que hay prestan ya gran servicio.

Visitamos su interior; un buen número de muchachos limpios, bien vestidos, reciben allí su educación bajo una dirección competente (Director Ventura Bermúdez Hernández).

Dormitorios amplios y limpios, buen comedor, salones para clases, cocina moderna.

La cantina es un encanto. Está organizada en compañía anónima y los muchachos son sus accionistas. El valor de cada acción es de 20 centavos pero últimamente han subido de precio y se cotizan a 23 centavos. Yo las hice subir comprando una por 25 centavos. Esta es la única acción de compañía anónima que hoy poseo.

Tiene organizada una pequeña orquesta de chiquillos, que tocó algunas piezas en nuestro honor.

También han construido los incomparables esposos Soto Meoz, algunos pabellones en el Hospital San Juan de Dios. Estos pabellones fueron la primera obra que ellos donaron a Cúcuta.

Por muchos años los cucuteños ignoraron quién pagaba esos pabellones, pero al fin, inevitablemente, conocieron los nombres de los benefactores.

Estos siguieron y seguirán siempre haciendo sus donaciones sin ostentación, naturalmente, comprendiendo que ese es el más noble objeto en que pueden emplear su fortuna.

No tienen hijos pero sí numerosos sobrinos. A estos hacen frecuentemente cuantiosas donaciones.

Don Rudesindo Soto es cucuteño, pariente de don Francisco Soto, quien tanto sirvió en los primeros años de la república. Doña Amelia es de familia venezolana.

Iniciaron su fortuna en Cúcuta, la aumentaron después en Caracas y luego vivieron largos años en Europa. Se dice que don Rudesindo ganó grandes sumas en la bolsa de París.

Despedida

El Concejo Municipal de Cúcuta me envió un saludo con frases elogiosas y me declaró huésped de honor de la ciudad.

Debo grandes y cordiales atenciones personales al doctor Francisco Torres, a don Fabio Mendoza y señora, al señor Rodolfo Paccini, al doctor Miguel Isaza R., y al periodista Villalobos de Comentarios.

Para terminar este relato de mi permanencia en Cúcuta no puedo dejar de anotar este para mí simpático detalle: todos los caballeros a quienes me presentaban me decían que ya me conocían de nombre por mi propaganda cívica.



  


   Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

miércoles, 12 de agosto de 2015

791.- DON ALFREDO CABRERA SERRANO



Edgar Eduardo Cortés P.

En agosto de 1946 en la Hacienda Campoalegre, en la recepción ofrecida con motivo del matrimonio de Humberto Vargas Wittingham y Beatriz Caballero Lamus. En ella aparecen: Leo Fossi, Teresita Morelli, Dr. Cuervo, Clara Laura Morelli, Carlos Mutis Duplat, Mariela Hernández Duplat, Alfredo Cabrera Serrano, Teresita Lamus Girón, Rafael Lamus Girón, Blanca Victoria Hernández y Benjamín Rojas Pacheco. En la otra gráfica aparece Alfredo Cabrera Serrano con su esposa Margarita González McCausland.


En alguna ocasión el poeta rumano Luicen Blaga decía que “Luego de haber descubierto que la vida no tiene sentido, sólo nos queda darle alguno”, y esto último fue lo que hizo de su vida Don Alfredo quien a lo largo de su vida fue hombre extremadamente pulcro, exitoso empresario, elegante, enamorado de la vida y especialmente un esposo y padre afectuoso.

Fue un hombre que amaba tanto la vida que no tenía espacios para la melancolía ni la tristeza, y eso ya es una fortuna. Nunca le escuché un reproche ni a la vida, ni hacia nadie, ni siquiera en los últimos días antes de su muerte. Extrañaba sí la Cúcuta de antes.

En las tertulias que con frecuencia se hacían en el balcón de su casa, rodeadas siempre de ese aire que cautiva las noches de Cúcuta. Hoy recuerdo una de las últimas, quizás a principios de este año, en la que con Memo recordamos muchas de nuestras anécdotas de París; y allí, en ese balcón, aún veo a Tatiana, Margarita Rosa y Don Alfredo haciendo apuntes en esa charla emotiva en la que los minutos pasaban como si la vida nunca fuera a terminar, como seguramente debería ser cuando la vida es tan grata.

Esa noche cuando me despedí recuerdo que Tatiana me dijo que faltaban más anécdotas por contar, que había que seguir la reunión otro día, y Don Alfredo, en la despedida como siempre me lo hizo sentir, al igual que Doña Margarita, su casa como si fuere la mía. De hecho por muchos años ha sido mi segunda casa en Cúcuta.

La vida de Don Alfredo desde su niñez siempre estuvo rodeada de circunstancias y motivos que dieron lugar para que amara la vida. En 1.930, su padre, Manuel Guillermo Cabrera Luciani fue nombrado embajador en Venezuela, labor diplomática que se extendió por seis años.

Por eso Don Alfredo siempre fue un Gentleman, porque desde los primeros años de su vida frecuentó el mundo de la diplomacia y las buenas costumbres, que después de los años en Caracas, se extendieron a Madrid y París donde vivió algunos años.


Un recuerdo de la familia Vásquez Morelli,. Fue tomada el 10 de junio de 1950, en el matrimonio de Camilo Vásquez y Clara Laura y en ella recordamos, de izquierda a derecha a: Amílcar Vergel Cabrales y Elvira Escalante (Padrinos), Cayetano Morelli (padre), Clara Lázaro de Morelli (madre), los novios; Margarita González de Cabrera (Reina de la Marina en Barranquilla), Alfredo Cabrera, Ana María Lázaro (tía) y Cayetano Morelli Lázaro.


Entre Don Alfredo y Manuel Guillermo siempre hubo una devoción, una relación muy afectuosa entre padre e hijo, y por ello hace cerca de 30 años cuando llegamos con Memo a estudiar a París, en una noche de invierno, antes que ir a conocer la tour Eiffel o los campos Elíseos, o igual, antes que desviar nuestras miradas a cualquier hermosa francesa, lo primero que fuimos a conocer en la ciudad luz fue la casa donde vivió Don Alfredo.

Yo aún recuerdo la casa y el frío esa noche, pero para Memo seguramente uno de sus primeros propósitos de haber ido a París, ya se había cumplido. Creo que ni siquiera sintió frío. Y la vida se encargó de hacer muy cercana esa relación de padre e hijo a los pocos días, porque Don Alfredo vivió en 16 avenue Kléber y a los pocos días nosotros encontramos con Memo un apartamento para vivir en el numeral 69 de esa misma calle. Sin duda la magia de la vida.

La escritora española Rosa Montero llegó a decir en alguna ocasión que cuando una persona envejece descubre que uno ha vivido no una vida sino varias, y claro, Don Alfredo vivió varias empezando desde muy temprano la vida de la diplomacia y el mundo.

Luego vinieron los años de una Cúcuta maravillosa llena de encantos y buenas costumbres de los años 50 y 60, en los que él fue uno de sus mejores exponentes ya en el mundo empresarial; vendrían los años de la familia al contraer matrimonio con quien fuera la primera reina de la marina, Doña Margarita, con quien formó un hogar encantador.

Y como a todos nos sucede, los momentos difíciles: su secuestro, la rápida partida de su señora, y ahora, ya en los últimos días, la inesperada muerte de Tatiana; y como la vida continúa, de todos modos las tertulias con Memo seguirán siendo ya sin Don Alfredo, ese bon vivant como dicen los franceses, de quien recibí muchos consejos, y el recuerdo se extenderá en los sitios que nos seguirán permitiendo la vida. 

Luis Raúl López complementa la descripción de la vida de don Alfredo con lo siguiente:

Cuando debió subir al carro de sus secuestradores, furioso le dijo al tipo que con crueldad le vaticinaba días de lágrimas que le aseguraba que nunca lo vería llorando. 

El día que fue liberado mandó a llamar al fulano secuestrador y le dijo: fíjese que le cumplí.

Esa anécdota retrata muy bien lo que fue don Alfredo Cabrera Serrano: un hombre que honraba cabalmente su palabra en cualquier contexto, virtud que siempre le caracterizó en el ejercicio de su actividad empresarial y en el desempeño de sus roles de padre de familia y de ciudadano.

Será muy difícil olvidarlo, no solo por el especial afecto que le tenía, sino por su extraordinaria personalidad, su porte de gran distinción y su talante.


Era uno de esos hombres legendarios de comienzos del siglo pasado a quienes llamaban “gentleman”. Y a fe que lo era, tanto en sus formas como en su fondo.

Se distinguía, y mucho, por su honorabilidad y proverbial corrección en sus negocios de comercio, gracias a lo cual continuó con éxito la empresa familiar heredada de su padre, la que con sus cien años de existencia es, sin duda, la más antigua de la región.

Había nacido en Nueva York y tuvo su ciudadanía estadounidense hasta que un día lo asustaron con líos legales al regresar allá por no haberse alistado en su momento en el ejército para ir a la guerra de Corea.

De una galantería exquisita y singular éxito con las damas, trato cálido con sus amigos, de quienes tenía una extensa memoria de las bromas gastadas a casi todos ellos, pues era, a fin de cuentas, uno de los mejores exponentes de la idiosincrasia de la Cúcuta de antes: buenas maneras, gran cultura, señorío, honorabilidad y fina mamadera de gallo.

Don Alfredo Cabrera Serrano, falleció el domingo 12 de abril de 2015.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 10 de agosto de 2015

790.- PLOMO EN EL PARQUE SANTANDER



Gerardo Raynaud

Parque Santander

Los años transcurridos después de la independencia plena del país, fueron de agitación política, de violencia y de reacomodo del poder por parte de personajes que pretendían gobernar y tomar las riendas de la nación, a las buenas o a las malas.

Desde la liberación del yugo hispánico hasta comienzos del siglo veinte, eran frecuentes las guerras civiles, los golpes de fuerza, las usurpaciones o la renuncia de los mandatarios y puede decirse, sin temor a equivocaciones, que solamente después de la Guerra de los Mil Días, vino a apaciguarse la actitud incendiaria de quienes aspiraban al poder y poco a poco fueron desarmándose los ánimos belicosos.

Sin embargo, durante la primera mitad del siglo pasado, otro tipo de violencia apareció en el panorama nacional, la violencia partidista, animada por los dirigentes de los partidos tradicionales, cada uno en la búsqueda del poder, lo que no impedía que partidarios de los sendos grupos se matasen entre sí, por el mero capricho de defender su color político.

Llegando a la mitad del siglo veinte, un personaje de aquilatadas virtudes, cercano al pueblo y un tanto populista, en parte debido a su origen humilde, no sin razón lo apodaban ‘el indio’, fue escalando posiciones en la política del partido liberal, desafiando las élites que lo veían con cierta actitud de desprecio y aún sus propios copartidarios, quienes sentían la amenaza propia del desplazamiento producido por el atractivo de su verbo, que era la fascinación de las masas populares.

En una época en que las seguridades personales no estaban establecidas dentro de las normas habituales y los ataques y agresiones eran frecuentes, sin que los agravios constituyeran motivo de pesquisa obligatoria por parte de las autoridades, no era de extrañar que se tratara de quitar del camino a quienes no comulgaban con las ideas o las doctrinas vigentes de quienes detentaban el poder o aspiraban a él.

Cuando nuestro personaje, el dirigente Jorge Eliecer Gaitán Ayala, líder incuestionable de su partido, se hacía merecedor de su ascenso a la primera magistratura del país, ocurrió lo inesperado, fue asesinado momentos después de salir de su oficina en el centro de la capital.

Este hecho, de todos conocido, desató la furia inenarrable que condujo al pueblo capitalino a crear la caótica y funesta situación, que más tarde se conocería como ‘el bogotazo’; ambiente que se extendió rápidamente por los cuatro rincones del país y que en Cúcuta se sintió casi con la misma intensidad.

La noticia se supo a eso de las 2 p.m. y el rumor fue extendiéndose con tal rapidez, que a las tres de la tarde, en el parque Santander se había reunido una marejada humana, en un ambiente cargado de tensión y de incertidumbre.

La gente se había apostado frente al Palacio Municipal, con banderas rojas, de cuyas astas pendían cintas de luto negras y al frente de ese grupo de auténtico pueblo, los líderes populares Carlos A. Triana y Luis Leira.

Las intenciones de la manifestación eran claras y se buscaba la toma de la alcaldía, como primer paso tendiente a consolidar el cambio que el sacrificio del caudillo exigía y que, en esos momentos, comenzaba a gestarse en todo el país, pues los manifestantes entendían que debían aprovechar esta coyuntura, pues más tarde, la represión sería espantosa, como efectivamente sucedió, dando origen a la época negra conocida como ‘la violencia’, patrocinada en aquel entonces, como una manera de liquidar todo vestigio del ‘gaitanismo’.

Por órdenes del gobierno central, las guarniciones de las principales ciudades, habían sido alertadas y en Cúcuta, la comandancia del Batallón Santander, previendo que algo grave podría suceder, despachó tan pronto se supo la noticia del asesinato de Gaitán, al teniente Miguel Silva, con cuatro soldados provistos de sus respectivos fusiles. Cuando llegaron al palacio municipal, aún no se había formado el tumulto y los soldados fueron apostados sobre la acera, frente a la edificación.

A medida que iba llegando más gente, el bloque humano iba creciendo y cada vez más, presionaban al personal del ejército y les gritaban improperios, exigiéndoles la entrega de la alcaldía.

En cierto momento, cuando sólo los separaba unos dos metros, el grupo del teniente Silva ya arrinconados contra las rejas de acceso al recinto gubernamental, de improviso una mano irresponsable accionó un revolver y el oficial se desplomó a tierra, herido de muerte, al mismo tiempo que daba la orden de fuego a sus subalternos.

Los soldados enfurecidos por el ataque a su teniente y al mismo tiempo, obrando en defensa de sus vidas, dispararon como poseídos contra la multitud, que al oír los disparos, comenzó a desbandarse.

Los ‘mauser’, armas de dotación de los militares, dejaron un reguero de muertos; fue un espectáculo grotesco y horroroso; los manifestantes iban cayendo como moscas. No se salvaron ni los inválidos, como aquel pobre hombre que todos los días recorría el parque en un carrito de madera con una transmisión de bicicleta, en busca del sustento diario.

Por las cuatro esquinas del parque, la gente corría despavorida y dicen las crónicas, que el tiroteo se escuchaba en todos los rincones de la ciudad.

Desde que la refriega comenzó, la gente corría buscando refugio y abrigo para salvarse de las balas asesinas, pues ya se rumoraba que la milicia había desplazado un contingente de ayuda, en los camiones del ejército que aparecerían en cualquier momento. Recordemos que la sede del batallón quedaba a escasas cuatro cuadras del sitio de la pelotera.

Por la noche y en medio de una lluvia pertinaz, fueron recogidos los cientos de cadáveres, que desde las cuatro de la tarde yacían tendidos en toda la extensión del parque.

Ni siquiera la estatua del general Santander se libró de los disparos y durante varios años permanecieron las huellas circulares de los tiros de fusil en su pedestal.

Los muertos fueron enterrados dentro del mayor sigilo, en fosas comunes, cuya ubicación nunca se supo, así como nadie supo jamás, cuántos fueron los muertos de la nefanda tarde del 9 de abril del 48.

Fue realmente un día para olvidar, en medio del plomo y la muerte y siguiendo hasta el final la suerte de su caudillo, cientos de liberales humildes, olvidados de la fortuna, ofrecieron sus vidas en el epicentro de la ciudad; muriendo fieles a la reivindicación social y a la transformación de la patria que preconizaba aquel visionario adelantado a su época, hoy recordado con orgullo como uno de los líderes más aventajados que tuvo el país.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.