PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

TERREMOTERO -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

jueves, 15 de julio de 2021

1909.- CUCUTA DEPORTIVO, DEDICACION Y TRABAJO

Gustavo Contreras (La Opinión)

 

A pesar de las dificultades, el plantel de jugadores y cuerpo técnico del Cúcuta Deportivo

se mostró unido en el último juego.

En definitiva, el Cúcuta Deportivo no pasa por su mejor momento en el ámbito dirigencial, ni en el deportivo (octubre 2020).

El regreso de la Liga colombiana dejó en evidencia la falta de preparación de los directivos del club para reforzar la plantilla de jugadores, cumplir con los pagos salariales y a esto se le sumó su marcha a Armenia para hacer las veces de local, en razón de que el General Santander no estaba disponible para su uso.

Además, la hinchada se manifestó masivamente por redes sociales exigiendo la salida del presidente José Augusto Cadena, luego de que Gilberto ‘Alcatraz’ García denunciara en rueda de prensa la difícil situación que vive el club.

En la tabla, al cierre de la fecha 14, el equipo se ubica en la posición 18/20 con 11 puntos tras empatar su último juego 1-1 ante Once Caldas, punto que significó sumar luego de tres derrotas en hilo.

Jorge Artigas, entrenador del motilón, habló con La Opinión sobre los pormenores que actualmente vive el club.

Un presente accidentado

Desde el reinicio de la competencia, el Cúcuta Deportivo ha disputado seis juegos con un saldo de tres derrotas, dos empates y una victoria. En cinco de ellos empezó ganando y solo pudo conservar la ventaja en uno (2-0 Boyacá Chicó).

Si bien el equipo en los primeros tiempos se ha mostrado organizado y con un aparente control del juego, las expulsiones -dos ante Tolima (0-3) y una contra Medellín (1-4)- y las lesiones han afectado al fronterizo en las segundas partes donde se muestra descompensado y empieza a recibir goles. 

Somos un equipo que sinceramente le juega de igual a igual a cualquiera. De la misma forma que salimos a jugarle al Chicó que era último, le jugamos al Tolima que era primero y al Once Caldas (1-1) donde pudimos llevarnos los tres puntos, pero tuvimos un error en salida. Nos han matado las expulsiones. Estar con uno menos, jugando partidos tan seguidos y viajando como loco, es mucha diferencia”, aseguró el estratega sobre los últimos duelos.

En referencia a que reflexión hace después de ver que los juegos se pierden, en gran parte, por esos accidentes futbolísticos, Artigas contó que lo primero que hace es buscar la solución, tratar de calmarse y entender el porqué de las cosas.

“El último partido corregimos el tema de expulsión. Hicimos el cambio de Matías Rodríguez quien ya tenía amarilla y no quería que nos pasara más. Es bravo estar ahí adentro con todo lo que se vive y mantener la cabeza fría”, dijo el técnico recordando el duelo en Manizales, en el que por poco el argentino Rodríguez sale expulsado en el segundo tiempo.

“Con los jugadores, siempre analizamos con argumentos y participamos todos. Cuando el plantel está concentrado, prioriza la idea y aplica, somos un equipo. Cuando dejamos de hacer eso, somos otro. Tratamos de mantener ese nivel de concentración de juego y de defender porque el rival también juega”, dijo confesando que estas conversaciones se hacen argumentando las virtudes y defectos por medio de videos de los partidos. 

 


 

Sobre la fecha pasada, contó que el equipo terminó con un sabor agridulce. 

“En los papeles es un punto importante, pero nos deja un sabor agridulce. Defendíamos bien, pero nos comimos ese gol intentado salir. Los nerviosos tenían que haber sido ellos”. 

Protestas de la hinchada

Luego de las quejas de Gilberto ‘Alcatraz’ García, el pasado domingo, sobre la situación que vive el club (no estar con los salarios al día, no tener sede local y contar con una plantilla limitada, la hinchada motilona se manifestó en redes sociales pidiendo la salida de José Augusto Cadena, presidente del club. 

Sobre si estas acciones afectan al plantel, el uruguayo dijo que nunca se habla de temas extra futbolísticos.

“No uso redes sociales. Solo Whatsapp porque pienso que sí alguien me tiene que decir algo o yo a alguien, se debe hacer de forma directa. Sin duda que todos usan, pero en ninguna charla, ni reunión, hablamos de eso. Solo hablamos de fútbol, anécdotas y disfrutamos entre nosotros. Todo lo que se hable y pase, quedan a un lado en los 90 minutos”, dijo el charrúa. 

El sitio de hospedaje en Armenia

Al mismo tiempo que Alcatraz se quejó, la Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales (Acolfutpro) denunció que a los jugadores los tienen en un hotel, a las afueras de Armenia, alojados entre tres y cuatro por habitación, dejando a un lado los protocolos de bioseguridad. 

“Cuando llegamos hubo desorden, el tema de la comida no estaba bien, pero de a poco se ha venido corrigiendo.

Se ha intentado ir siempre mejorando la situación pues la idea era no viajar tanto y en esa tarea estamos. Pero si es una realidad de que cuando llegamos, las cosas no estaban bien. Entre todos nos hemos ido acomodando para priorizar lo deportivo”, contó sobre el sitio en el que llevan un poco más de ocho días. 

Unión y profesionalismo

A pesar de estas situaciones, el duelo ante Once dejó una imagen que muestra cómo está el plantel: en el gol del defensor Hanyer Mosquera, la mayoría del grupo corrió y se fundió en un abrazo con un Artigas de fondo celebrando a rabiar. 

“Representó unión. Estamos convencidos de lo que queremos más allá de toda la dificultad. Tenemos el prestigio de defender esta camiseta con todo. El gol es un festejo de cómo vivimos llenos de entusiasmo, de amor a la profesión, dejando todo día a día. Esperamos que los resultados nos acompañen. El grupo lo merece porque somos un plantel con trabajo, dedicación y profesionalismo”, expresó el entrenador quien ha dirigido nueve partidos con el Cúcuta.

Chaverra, un superlativo 

El arquero Juan Camilo Chaverra, artífice de las buenas campañas del Cúcuta en el 2018 y 2019, sigue siendo el jugador más destacado del equipo, siendo elegido como el mejor jugador del partido en el último juego y en otros tres en el año. 

Sus atajadas ante el Once ayudaron a que el rojinegro no saliera vencido. 

“Me pone contento. Es un reflejo de lo que es como profesional. Había tenido un error ante Tolima y lo revirtió rápido. Un jugador de nivel no es el que no se equivoca sino el que de su error sale fortalecido. Demuestra que está para grandes cosas”, expresó Artigas. 

A la pregunta de si el guardameta rojinegro tenía un cupo entre los cuatro arqueros que llamó Carlos Queiroz para la reciente fecha de Eliminatorias, el entrenador, que fue volante en su carrera como jugador, respondió que sí.

“Creo que sí es un arquero de Selección. Tiene nivel para estar en el arco del Cúcuta, que no es fácil, que tiene prestigio. Está para dar el salto como profesional ya se ve en la Selección o un equipo grande donde tendrá que demostrar que está capacitados. Creo que tiene todas las condiciones para estar entre los tres mejores arqueros de nuestro fútbol. No le ayuda la posición de la tabla, pero no es una función única de él. Como arquero, domina muchas cualidades”, aseguró. Tras 14 fechas, el Cúcuta ha recibido 25 goles. 

 

 

Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

martes, 13 de julio de 2021

1908.- LA CONSTITUCION DE 1821, El Depósito Santo

 Juan Pabón Hernández  (Imágenes)

 


El contexto era confuso para la realización del Congreso de Cúcuta y las jugadas del destino se daban complicadas, al no poder Bolívar instalarlo y cumplir así la orden de la Ley Fundamental de Angostura de congregarse el 1º de enero de 1821.

No habían podido llegar la mayoría de delegados y, hacía poco, el vicepresidente de Colombia, doctor Juan Germán Roscio, fallecía en Villa del Rosario el 13 de marzo, sustituido por Luis Azuola, quien murió a los pocos días, por lo cual el Libertador decidió irse a Achaguas, en Venezuela.

Allí coincidió con Antonio Nariño, quien venía de un periplo largo e incansables jornadas de liderazgo patriota, de las cuales salió ileso y libre de las cadenas españolas por intermediación de algunos de sus allegados que habían sido vinculados a la monarquía.

El presursor Nariño, después de buscar refugio en diferentes lugares, en la propia España, en Gibraltar, Londres y Francia, optó por ir a Achaguas, Venezuela, donde coincidió con Bolívar y fue entonces cuando nombrado Vicepresidente de Colombia, en reemplazo del doctor Juan Germán Roscio.

Fiel a su compromiso de reunir el Congreso, a pesar de no contar con la mayoría necesaria de diputados (sólo 57), en Villa del Rosario de Cúcuta, el 6 de mayo de 1821, Nariño lo inauguró: “No basta, señores, ser independientes para ser felices; a vosotros os está encargada la obra de nuestra regeneración, de nuestra libertad y de nuestra libertad futura…”

Las primeras acciones determinaron no aceptar la renuncia a Bolívar como presidente de Colombia y tampoco a Santander como vicepresidente de Cundinamarca. Además, proveyó los cargos directivos del Congreso, así: presidente, doctor José Félix de Restrepo (Antioquia), Vicepresidente, Doctor Fernando Peñalver (Caracas) y como secretarios los diputados Miguel Santamaría y Francisco Soto.

Comenzaron las labores de la Comisión Legislativa para el bosquejo de la Constitución, en especial de la propuesta de Antonio Nariño, con una idea de centralización actual pero, en un futuro, con una proyección federalista, un proyecto novedoso para la época.

Sin embargo, se presentaron inconvenientes y diferencias con el Congreso, además de la desavenencia por la orden de arresto de Nariño contra el general D’Evereux, que lo condujeron a renunciar a la Vicepresidencia y, en su lugar, fue designado el diputado José María del Castillo y Rada.

Avanzado el mes de julio, el 12 se logró firmar la Ley Fundamental de la Unión, la cual integraba la Nueva Granada con Venezuela como sistema unitario, en una nación llamada República de Colombia cuya capital sería Bogotá, absolutamente libre de España, la cual contaría con poderes legislativo con Senado y Cámara de Representantes, ejecutivo con Presidente (período de cuatro años), vicepresidente y un Consejo de Gobierno y judicial con la Alta Corte de Justicia, tribunales y juzgados.

Las determinaciones administrativas dividieron la república en departamentos gobernados por un Intendente, provincias dirigidas por gobernadores y cantones orientados por jueces políticos.

La bandera de la República de Colombia fue la tricolor que se usó en un comienzo en Venezuela y los símbolos la cornucopia y el sello republicano.

Los departamentos de Venezuela fueron Orinoco, Venezuela y Zulia, con diez provincias, y los de Nueva Granada Boyacá, Cundinamarca, Cauca y Magdalena, con trece provincias.

Es interesante la revisión de las Actas del Congreso, detalladas y puntuales, de las cuales surgieron iniciativas en todo sentido, desde la soberanía nacional, el sistema de gobierno y las facultades de los poderes, hasta temas como la libertad de imprenta y la Ley de Prensa, los derechos de aduana, los estancos, las tierras baldías, obligaciones recíprocas entre amos y esclavos, libertad de vientres, mejoramiento de las condiciones de los indígenas, la educación pública, el sufragio y la abolición del Tribunal de la Inquisición.

El 7 de septiembre de 1821 se eligió a Simón Bolívar como Presidente de la República y a Francisco de Paula Santander como Vicepresidente, quienes el 3 de octubre tomaron posesión de sus cargos. Bolívar recibió formalmente la Carta Fundamental e inició su ejecución.

El 6 de octubre se sancionó la Constitución.

El 13 de octubre de 1821 clausuró sesiones el memorable Congreso de Cúcuta, con el legado memorable de una Constitución que el presidente del cuerpo constituyente, doctor José Félix de Restrepo denominó, emotivamente, “Depósito Santo” al entre-garla en manos de Simón Bolívar.

 

 

 

Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

domingo, 11 de julio de 2021

1907.- HOMENAJE A LUIS URIBE BUENO

Paul Erasmo Charry Abril (Imágenes)

 

El mundo musical conmemoró el pasado 10 de julio (2020) 20 años del fallecimiento a los 84 años, en Medellín, del maestro Luis Uribe Bueno quien nació en Salazar de las Palmas (Norte de Santander) en marzo 7 de 1916. La familia Uribe Bueno llevó al pequeño Luis, de nueve años, a Guaca donde regentaba de párroco, uno de sus tíos y músico por excelencia; al ver la inquietud del niño por la música decidió instruirlo, le enseñaba notas y el sobrino deducía dos o tres, por lo que avanzó rápido.

Después, ya jovencito, vivió en Pamplona y comenzó la educación formal en la música a los 16 años, radicado en Cúcuta y de la mano del maestro Pablo Tarazona perfeccionó el aprendizaje, recibió su influencia para hacer música popular, junto a otros músicos, Benjamín Herrera, Saturio Rangel, con ellos nació la Orquesta Santander y luego el trío Los Norteños.

Ya en Bogotá popularizó el bambuco El marco de tu ventana, conoció al maestro Lucho Bermúdez que en esa época reclutaba a los mejores músicos de la capital, para conformar su orquesta y Luis Uribe Bueno ejecutaba el contrabajo junto al maestro Alex Tovar (el de Pachito E’ché), la gran Matilde Díaz y, otros. Viajan por Colombia a las grandes gestas musicales del gran Lucho Bermúdez.

La orquesta radicada en Medellín produjo Salsipuedes, el tema musical que catapultó a Lucho Bermúdez. Allí conocieron para hacerse amigos de una familia de músicos y artistas, los Marín Vieco. De la vida del maestro Luis Uribe Bueno en Medellín, Juan Carlos Mazo en su obra Historia contada y cantada de la música andina colombiana, relata lo siguiente:

“En aquellos años estaba en boga el concurso de Fabricato, el maestro Uribe Bueno se residenció en la casa finca de Jorge Marín Vieco en la zona de Robledo y, en el tiempo libre, pensaba y pensaba de qué manera podía hacer algo diferente para participar en dicho concurso (corría el año de 1948). En una extensa entrevista con el maestro Uribe Bueno, en su casa del barrio San Joaquín -del cual fue fundador y uno de sus más queridos habitantes antes de que partiera y dejara de acompañarnos con su sabiduría y enseñanzas, el 10 de julio de 2000, recordaba lo que fue el instante de creación de aquella obra; cómo revolucionó el ambiente musical de Medellín y cómo, a la postre, la obra llegó a ser un punto de referencia en el futuro de la música andina colombiana…

“Al principio en Medellín no podían convenir con que Luis Uribe Bueno, hiciera cosas que los músicos de aquí no hacían.

¿Qué pasó con eso? Que me ofendían a cada rato y me decían: oiga, extranjero, ya está escribiendo más para el concurso [de Fabricato]. (…) A partir de El cucarrón fue como si me hubiera caído una maldición, porque nadie quería convenir que esa obra se hubiera ganado el premio; para algunos no era pasillo, pero para mí, sí. Era un pasillo y que más se iba a hacer. Un pasillo diferente en armonización que metía cinco notas por golpe”…

“Yo subía al ensayo de Lucho Bermúdez, arriba, donde hoy es Bellas Artes (en ese entonces, La Voz de Antioquia) y cuando bajaba, me paraba en la puerta del Teatro Junín donde ensayaba la orquesta del concurso porque yo iba cazando a ver a qué hora escuchaba las notas del número mío.

Me paraba una hora, dos horas, la orquesta ensayaba hasta cuatro horas. Al otro día lo mismo; duré como tres días así y un día me dijo el portero: Señor ¿Por qué no pasa si es que necesita a alguien? Entonces me hice en una esquina, cuando voy oyendo la introducción de El cucarrón”

La historia de su creación la contó así:

“En agosto, Jorge Marín Vieco me llevó a su casa de Salsipuedes, en La Pola, como 15 días para que cantáramos y tocáramos y tuvimos una buena amistad, gracias a un hermano suyo que vivía en Bogotá y me recomendó con Jorge. Cuando empecé a pensar cómo hacía para taparles la boca a los antioqueños, porque así lo pensé de la pura rabiecita que tenía, dije:

‘Me gustaría ganar algo en ese concurso, que todos los días anunciaban’. Por aquí va a ser la cosa y para hacer algo para un concurso debe ser muy bueno o más bien no me meto, pero la intuición me decía que se podía hacer una cosa distinta, nada de dominante y tónica, que me chocaba mucho”.

… “Entonces, Jorge Marín me cogió la maleta y me dijo: ‘Te vas para mi casa finca que yo allá tengo una casita’, cuando dijo casita, pensé: ‘A lo mejor me está poniendo en la mano todo, para que haga alguna cosa’. Y estaba yo sentado viendo esa gran vista de Medellín, cuando ¡pam!, pasaban los cucarrones y le dije:

‘Jorge, qué se hace con estos cucarrones que nos están pasando por encima, ¿no nos caen en la comida? ‘ y me dijo: ‘No, no puede hacerse nada, hay que estarlos espantando’. Hasta que vi uno como verde amarillento ¡chiiii, pam!, que se chocaba y al momentico otro y yo dije: ‘Aquí de pronto hay algo” …

“Me puse a imitar con los bajos y los chelos la entrada del cucarrón y después seguí con el vuelo. Mi estimado amigo, hay que ver cuando eso sonó en el ensayo y el director de la orquesta en el concurso, el maestro José María Tena dijo: ‘El que hizo este trabajo, lo hizo quemándose las pestañas, porque este hombre sí sabe lo que está haciendo’.

Entonces yo estaba en una esquina y le dije a otro portero que me dejara pasar a la sala, porque tenía una razón urgente para el maestro; me dejaron pasar y del susto que tenía de una vez me subí a la tarima. Entonces le dije:

‘Maestro, traigo una razón muy linda para usted, ¿sabe qué?, el compositor de esa obra soy yo y el que le vengo a traer la razón soy yo’. Y se quedó mirándome y me dijo: ‘Oiga pues, paren ahí, no faltaba más, sino que ahora llegara este señor a decir que es el de El cucarrón’. ‘

¿Me permite que se lo dirija?

‘ Y me dijo: ¿Tu palabra, tu palabra que esta obra es tuya? ‘ Mirá, lo que se formó en la orquesta fue un laberinto hasta raro, porque ellos me insultaban a mí sin saber que yo era el que estaba ahí parado. Ese pasillo no podía ser pasillo para ellos, acostumbrados como estaban a tónica y dominante …”

“Entonces el maestro dijo: ‘Paren, dejemos que el maestro, que dice que es el compositor, hable’. Entonces, yo pasé y vi algunos de los músicos que conocía y uno de ellos se paró y dijo:

‘Él es uno de los músicos del maestro Lucho Bermúdez  y además de tocar el bajo leyendo, sabe música, porque él era traído de Bogotá. Allá en la capital lo respetan y le quieren mucho y saben que él toca mucha música y los arreglos que hace aquí también los hacía allá’.

Entonces, a todos se les bajaron los humos y se sentaron y ninguno dijo más nada y lo bonito fue que en ese momento todos reconocieron que estaban metiendo la pata” … “Tranquilos muchachos, les dije, yo estoy acostumbrado a eso en Bogotá, olvídense de esa pendejada, en Bogotá me dijeron lo mismo, que yo me estaba tirando la música y ahora están diciendo que le estamos dando forma a la música”.

… “Entonces, el maestro me la dejó dirigir una vez, pero me gustó más la dirección de Tena, porque él ya se interesó más, porque había una persona que le estaba vigilando y tenía que aparecer como un gran director, no dejarse coger de mí” … “Después me invitó a su casa, me presentó con su señora y desde ahí, en las cosas que él tenía duda me las preguntaba, sobre todo en la escritura del bambuco, que lo hacía en ¾ y se le cruzaba la orquesta”.

Luis Uribe Bueno a la edad de 32 años, comenzó a constituirse en uno de los pilares de la música andina colombiana y El cucarrón, en una de sus piezas principales. Ésta podría ser descrita como la primera obra impresionista colombiana y también como uno de los primeros pasillos que fue escrito para orquesta sinfónica; pues como él dijo:

“Lo que se hacía en el concurso eran recreaciones de piezas que podrían describirse como simples”… Con El cucarrón, Luis Uribe Bueno mostró efectivamente que la música andina tenía otras posibilidades y que era cuestión de conocimiento y de preparación de los músicos, pues aún era grande el desprecio que los ‘músicos serios’ tenían por esta expresión colombiana que había sido relegada en buena medida a personas de conocimientos primarios.

La pelea llegó a tal punto que, si a un músico de conservatorio lo veían haciendo música popular, era causal de despido. De ahí las primeras y segundas voces lineales y paralelas que, no permitían un mayor lucimiento de los cantantes en duetos y de ahí los acompañamientos simples de un mismo circulo armónico que, acompañaron los aires andinos por largo tiempo.

Cuando la música andina tuvo grandes músicos, fue grande. Con Luis Uribe Bueno no nació nada, él solo utilizó unas herramientas que hasta entonces no se habían usado, quitó la venda de los ojos a los músicos y señaló un camino. Y siguió haciéndolo, porque al año siguiente volvió a ganar el concurso de Fabricato con otra invención que cautivó, al unir en una misma obra el pasillo, el joropo y el bambuco; ese fue su Pajobam y en 1950 ocurrió lo mismo, esta vez con un bello pasillo para saxofón y orquesta, llamado Caimaré; en 1951 se llevó también el máximo reconocimiento con el pasillo El duende, pronto estuvo vinculado a la industria discográfica, como arreglista y director musical”.

Juan Carlos Mazo en la misma obra dice:

“Desde 1938 venía trabajando un dueto que fue el más popular de Colombia, querido y odiado, forjador de un estilo para la interpretación de la música colombiana y uno de los más vendedores con una producción de 50 discos, se trata de ‘los príncipes de la canción colombiana’, Garzón y Collazos”.

El maestro Darío Garzón se había radicado en Ibagué desde los seis años de edad, allí, un día cualquiera jugando a la orquesta, tocando peinilla, se encontró con Alberto Castilla, el hombre que se echó al hombro la música andina colombiana, el creador del Bunde Tolimense, himno de ese departamento y una de las más bellas canciones, tanto en la parte vocal como la instrumental.

Castilla lo invitó a pertenecer al conservatorio de Ibagué, su creación, que fue el primero de enseñanza musical en Colombia, ese día Garzón vio cumplido su sueño porque allí aprendió a tocar clarinete, fagot, algo de flauta y los instrumentos típicos colombianos.

Juan Carlos Mazo, cita a Hernán Restrepo Duque quien comenta más de su vida:

“Colaboraba con algunas orquestas populares y daba clases a domicilio, además de colaborar con los profesores del conservatorio, en donde era el cantante de un conjunto típico que orientaba Federico Flórez y en donde encontró a Eduardo Collazos, cuando éste entró a tocar tiple”.

Continúa su narración Juan Carlos Mazo:

“Garzón y Collazos, al lado de Aureliano Lucena y Alcides Lerzundy, formaron en el conservatorio “Los Cuatro Alegres Muchachos”, grupo con el que fueron celebres en el club Mary (Ibagué). En 1938 se disolvió el grupo y se formó el dueto y en toda Colombia comenzó a rodar la fama de Garzón y Collazos”.

Luego habla del éxito que tuvo el dueto en Bogotá y de la rivalidad con los duetos antioqueños y del eje cafetero, más adelante comenta de las grandes y exitosas giras nacionales, como la que hicieron acompañados del ya famoso Carlos Julio Ramírez, quien triunfaba en Estados Unidos, en esas memorables presentaciones volvieron a poner de moda canciones como Las campanas del olvido y Grato silencio; ya la fama se volvió internacional y en una disquera extranjera en 1947, grabaron El Pescador, que fue una canción de proporciones mayores y que nació de una antigua guabina tolimense titulada originalmente La Sombrerera.

Siguieron lanzando nuevos discos, títulos como Hurí, Te juré mi amor y Camino eterno, después de grabar nuevas canciones como El contrabandista, también hicieron en su versión, temas internacionales como El limonar, realizaron la primera versión grabada del Bunde Tolimense; radicados en Bogotá incrementan su popularidad, ya que aparte de la radio capitalina, contaban con televisión nacional, allí abrieron el restaurante el Sanjuanero que, fue el sitio que frecuentaban los amantes de la música andina colombiana. Garzón y Collazos consagraron a los dos más célebres personajes de la música colombiana, José Alejandro Morales y Jorge Villamil, sus compositores de cabecera.

Al respecto dice Juan Carlos Mazo:

“José Alejandro Morales fue compositor, tiplista y cantante santandereano, nació en el Socorro (1913). Estando muy joven, se trasladó a Bogotá, donde forjó su carrera musical. Desde siempre mostró esa vena artística y esa facilidad para componer, por lo que hizo buenas migas con otro grande de los aires criollos, el tiplista Pacho Benavides, considerado uno de los mejores ejecutantes de este instrumento.

Fue precisamente el dueto Garzón y Collazos el que primero grabó sus obras. De ellas basta mencionar títulos como Doña Rosario, María Antonia, Campesina santandereana, y la canción más importante de José Alejandro Morales y una de las infaltables en el repertorio andino, Pueblito Viejo.

 La relación del dueto comenzó a deteriorarse y se desintegró en 1959, aunque siguieron cumpliendo algunos compromisos contractuales adquiridos. Pasaron apenas dos años y el dueto nuevamente se unió, gracias a una disquera.

Para esta nueva producción, Garzón tuvo el acierto de contar con un joven compositor huilense que había llegado a Bogotá de tiempo atrás, médico de profesión y especializado en la ortopedia, se trata de Jorge Villamil Cordovez. Este personaje, al lado de José Alejandro Morales, terminó por perfilar el estilo del dueto, con canciones que tenían una nostalgia campesina y sin dejar de lado una tendencia de problemática social, como la que a él le tocó vivir, cuando por la violencia debió dejar la hacienda donde vivió, el Cedral, en Huila, por allá en los años treinta.

De su inspiración salieron temas como el retorno de José Dolores, Sabor de mejorana, Adiós al Huila, Oropel, Los remansos, Al Sur, Amor de hiedra, Si pasas por San Gil, El barcino, La estampida, Tambores de Pacandé y muchas más. Pero fue el tema Espumas, el que definitivamente lo catapultó al éxito de la mano de Garzón y Collazos.

El mismo Restrepo Duque la cataloga como la canción colombiana de los años sesenta”.

Pero no podía faltar la mano de otro grande en los éxitos de la brillante carrera de Garzón y Collazos.

Juan Carlos Mazo remata la información sobre el dueto diciendo:

“Detrás de las producciones y de los éxitos de Garzón y Collazos también estuvo Luis Uribe Bueno, como director musical y arreglista en varios discos; aunque él mismo afirmó que, por lo débiles de sus voces y por su estilo, era muy difícil hacer algo diferente, ir más allá, mostrar otro color de los aires criollos; así que se limitó a hacer ciertos acompañamientos con el requinto, el tiple o la guitarra, a hacer algunas introducciones o a incluir otros instrumentos, como la participación de Jaime Llano González al órgano”.

 

 

Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

viernes, 9 de julio de 2021

1906.- EL INCUNABLE, INVALUABLE PATRIMONIO CULTURAL

Julián Caicedo Arboleda  (Imágenes)

 


Julián Caicedo Arboleda, Popayán, 13 de diciembre de 1921 - Cúcuta 22 de octubre de 2002.

Un aniversario del fallecimiento de nuestro ejemplar ciudadano adoptivo:

destacamos uno de sus valiosos aportes culturales.

 

Una ciudad es Ciudad por su desarrollo, por su economía, por su gente, por su clima y demás características que la individualizan ante el contexto nacional. Pero es aún más ciudad, si sus ciudadanos respetan la tradición y cuidan sus riquezas culturales.

 

Como los jóvenes tal vez desconocen lo sucedido, debemos ubicarlos en la época de la presidencia de Suárez, sin olvidar su extrema pobreza, sólo superada por su también extrema honradez y recordar que éste, siendo todo un presidente de la República, se vio obligado a vender sus sueldos para poder solventar la urgencia de sus gastos personales.

 

Tan triste circunstancia fue aprovechada por Laureano Gómez para provocar un debate senatorial, debate durante el cual Suárez argumentó tan sólidamente en defensa de su honra y de su nombre, que logró no sólo aglutinar la solidaridad del pueblo, sino convertirse en ejemplo para la historia nacional.

 

Laureano Gómez propició un debate mediante el cual quería condenar la pobreza de un ser nada común, e intentó acabar con Suárez, pero sólo logró el reconocimiento público de la honradez de tan ilustre ciudadano, cuya vida estuvo llena de sacrificios por la patria, nunca bien reconocidos.

 

El texto de los discursos pronunciados por Marco Fidel Suárez durante el debate promovido por Gómez en su contra, deberían convertirse en la cartilla obligatoria, en la guía moral de esos funcionarios públicos, gracias a cuya corrupción tantos colombianos deben también vender, no sólo sus sueldos, sino su sangre, sus órganos, sus vidas.

 

Marco Fidel Suárez ha sido mi personaje inolvidable. En mi ya lejana juventud leí y releí Los sueños de Luciano Pulgar, con fruición tal que casi podría haber rayado en una especial locura.

 

Mi preferido era el “Sueño” dedicado a su copartidario y émulo Gómez. En ese “Sueño”, don Marco Fidel ratificó lo ya sabido por los colombianos sobre la claridad meridiana de su actuación, pese a los esfuerzos por demostrar lo contrario, desplegados por Gómez, quien en alguna ocasión y por un lapsus gramatical, obtuvo el mote de Senador ‘Ovejo’.

 

La idea de José Luis Villamizar Melo de poner el incunable bajo la custodia de la Academia de Historia de Norte de Santander, debe ser acogida por el gobierno municipal. Su desarrollo tendría muchos y eficaces resultados.

 

Si no logramos el apoyo del Ministerio de la Cultura o del Banco de la República, deberemos entonces, por suscripción popular, hacer el monumento al Incunable, como en el pasado se hizo con la estatua del General Santander que se yergue en el parque principal de nuestra Cúcuta.

 

‘‘No sólo de pan vive el hombre”. El hombre también vive de los recuerdos, de sus monumentos, de sus tradiciones.

 

En estos tiempos tan difíciles, tan dolorosos, inútil resultará todo intento por modernizar la ciudad, si conlleva el desconocimiento de su historia y de su patrimonio cultural. (23 de julio de 2001).

 

 

 

 

Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

miércoles, 7 de julio de 2021

1905.- INICIOS DEL GIMNASIO DOMINGO SAVIO, CUCUTA

 

Colegio Gimnasio Domingo Savio, avenida 4 calle 17.


Las hermanas Cortés Gamboa: insignes educadoras cucuteñas 

Hugo Espinosa Dávila  (Imágenes) 

Sus genes de educadoras les venían por sus padres, doña Anita Gamboa de Cortés institutora y don José Cortés, inicialmente vinculado a la docencia y luego en labores propias de artículos escolares de la papelería y tipografía “Alemana” (la mejor en su género en Cúcuta, recordada en la primera mitad del siglo XX).

Sus hijas mayores, Sofía y Helena, luego de graduarse en el Instituto Pedagógico de Bogotá, regresaron con la vocación y la definición aprendida de la educación, que significa: crianza, enseñanza y doctrina que se da a los niños y jóvenes. Además, raíz del vocablo latino educere, que significa: conducir, llevar adelante; y de ella se deriva la palabra Educar la cual compendia la actividad de desarrollar o perfeccionar las facultades intelectuales y morales del niño o del joven por medio de preceptos, ejercicios y ejemplos entre otros recursos.

Con su formación, proponen a sus padres la fundación de un plantel educativo de niños de ambos géneros. Se utilizarían los métodos educativos de una moderna enseñanza pedagógica, obviando el aprendizaje de memoria.

Además, bajo los conceptos de una formación humanista que conllevara: “Exigencia, disciplina, responsabilidad, buenos modales y comportamiento social”, de esta manera transmitir valores, principios y expresiones culturales.

Se propusieron la exigencia del conocimiento del idioma español, la buena ortografía, la redacción y la gramática, derivadas del complemento de la lectura de algunos clásicos apropiados.  Así mismo, de la música y el teatro, con todo lo cual se trazaría el azimut para la construcción de un fututo que lo aclamarían varias generaciones. Fueron estos, los premonitorios argumentos que se hicieron realidad.

Con la visión y misión conceptualmente generalizados, les expusieron a sus padres su ideario, quienes inmediatamente respaldan esa iniciativa, orientando sus primeros pasos, prodigándoles sabios consejos.

Así, en los primeros días de enero de 1949, se comienza a adecuar su amplia casona de habitación de la avenida 4, esquina con la calle 17, del barrio La Playa, a media cuadra del curso protegido de la “Toma Pública”.

Bajo la tutela patronal de “Domingo Savio”, las fundadoras Sofía y Helena, comienzan a promocionar entre sus amistades y allegados de sus padres, el nuevo plantel, cuyos cupos debían, en años posteriores, apartarse llamando al Nº 25-26 de la red telefónica de la época en Cúcuta.

En el mes de febrero de 1949, llegó el momento de iniciar el año escolar y la primera actividad oficial fue el examen de clasificación que definiría si las 13 niñas y los 12 niños matriculados, quedaban en kínder o eran promovidos al primer año de la primaria, separados por salones de acuerdo al género. Año a año, comenzaron a incrementarse tanto el número de alumnos como la promoción a siguientes años en el pensum de enseñanza primaria.

Entre tanto, don José y doña Anita, previendo el requerimiento futuro de personal docente, comenzaron a preparar a sus otras hijas enviándolas a estudiar fuera de Cúcuta, para que tomaran cursos intensivos y suplieran las futuras plazas docentes y materias acordes a la formación integral que preveían para sus educandos.

Consecuencialmente, las nuevas educadoras, desarrollarían las dimensiones académicas de manera que, los futuros estudiantes pudieran adquirir una conciencia que les permitiera comprender su propio valor histórico, su propia función en la vida, sus propios derechos y deberes. Para que, en su adultez, los hiciera capaces de intervenir y participar lúcida y responsablemente en la vida social, cultural, económica (y política), aportando su actitud creativa y aptitud crítica e investigativa, aprendidas y fundamentados en los albores de su niñez, formados por las hermanas Cortés Gamboa.


Luego de sus respectivas preparaciones académicas y de vuelta a su terruño: Carmen, Merceditas y Matilde, en “cónclave”, reprograman las actividades académicas bajo la dirección de Sofía, considerada la “primera, entre todas las iguales”.

Así, reparten entre ellas, los temas pedagógicos e institucionales:

Teresa: desde el convento de “El Buen Pastor”, como la orientadora espiritual. Carmen: en la biblioteca escolar, tenía la responsabilidad de instruirles y encaminar a los pequeños en el amor por la lectura y su compresión. Merceditas: por el entusiasmo en la Educación Musical, dirigida tanto a estudiantes como a docentes, mediante talleres, expresión corporal y dramatización derivadas de las “Fábulas de Rafael Pombo” y la composición de ingeniosas y lindas canciones. Matilde: por su especial cariño hacía los niños, la excelente atención a los recién llegados.

Todas ellas, con el bagaje de sus conocimientos pedagógicos, prodigaron formación integral y felicidad a los niños en sus primeros años de vida escolar. Estudiantes que luego, ya como profesionales o empresarios independientes, se constituyeron líderes en cada una de sus profesiones, orgullos de sus familias, de la sociedad cucuteña, del país y del extranjero, cumpliendo con lo preceptuado en la estrofa de su himno cantado muchas veces en las izadas de los pabellones: “Las campanas de nuestra juventud, llenan los horizontes. . .”.

Loor a la vida y obra de las educadoras, hermanas Cortés Gamboa, quienes, por su abnegada vocación, recibieron las más altas condecoraciones del Ministerio de Educación de la República de Colombia y de los gobiernos del Departamento Norte de Santander y del Municipio de San José de Cúcuta.

Mis recuerdos en el colegio Gimnasio Domingo Savio

Sergio Peña Granados  (Imágenes)

Helena Cortés Gamboa

Debo significar que, a pesar del tiempo, recuerdo con sumo agradado los momentos durante los cuales estudié en el Gimnasio Domingo Savio, el colegio de las señoritas Cortés, Helena y Sofía, en el cual estuve tres años: 1955,1956 y 1957, en el que cursé de primero a tercero primaria.

Estaba ubicado para la época de mis estudios, muy cerca de la casa, como decíamos en esa época “al voltiar de la casa”, porque mi familia vivía en la avenida 3 entre 16 y 17 y el colegio quedaba en la esquina de la avenida 4 y la calle 17 e igualmente cerca al Asilo Andressen y el monumento de Cristo Rey.

En esos tiempos no había los años de preprimaria, en mi caso entré directamente a primero, por cuanto mi mamá me había enseñado a leer y a escribir, como lo certificaron mediante examen las señoritas Cortés al entrar.

Era un ambiente muy acogedor y los cursos eran de niños y niñas, pero me acuerdo que había salones separados para cada sexo, cuando no concurríamos al salón “grande” para las clases que nos dictaban por igual a niños y niñas.

Se inculcaba mucho sobre la religión católica y a través de la vida de Domingo Savio, quien fue estudiante salesiano, como patrono del colegio nos fomentaban su virtud y estar en gracia de Dios permanente. Esa frase del Santo de “morir antes que pecar”, me producía permanente preocupación, porque no sabía que era pecar y me daba más miedo morir. Permanentemente nos mostraban al Santo, encaramado en un árbol con un cuchillo en la mano, persiguiendo a Satanás. No sé qué tanto era seguir esa enseñanza, pero sí sé que era un permanente tormento, que me mantenía atento a mi comportamiento.

Siendo alumno de ese colegio, hice la primera comunión, en un acto que congregaba varios colegios de la ciudad en una ceremonia en el Ancianato de la ciudad, luego de una procesión cantando y llevando al Niño Jesús.

Otro aspecto importante era la presencia a ciertos eventos culturales que se desarrollaban principalmente en el Teatro Guzmán Berti, acordándome especialmente de un grupo de marionetas, “Los Pupi”, las cuales decían ser italianas. La enseñanza, era quedar pensando en esos muñequitos con sus historias, como un adelanto del Topo Gigio, cuando no teníamos ni televisión, ni a la mano cuentos o historietas gráficas.

Sofía y Helena Cortés eran sus dueñas y las que prácticamente tenían a su cargo la enseñanza de casi todas las materias.

La aritmética, como se llamaba la matemática, era un espectáculo, porque para las sumas y las multiplicaciones, se dividían entre grupos de niños y niñas, enfrentados en el tablero o pizarrón, a ver cuál grupo sabía más, al responder las operaciones acertadamente.

En trabajos manuales, nos ponían a dibujar lo visto en las salidas del colegio y a trabajar haciendo sillas, mesas y otras cosas, con las latas de las gaseosas, “espichadas y dobladas” previamente. Cuanto trabajo me costaba que quedaran firmemente paradas, esas mesas y esas sillas.

Pero si las clases eran importantes, también lo eran las sesiones de baile y comportamiento social, que teníamos los sábados, cuando bailábamos en parejas los bambucos y ritmos del interior, amén de los españoles y la música de cumbia, enseñada por Amparito Pérez, ilustre pamplonesa. Ella de verdad se esmeraba por darnos esas clases, porque aparte de darnos las técnicas de baile, nos enseñaba cómo se saca la pareja, cómo se conversa con las niñas, porque en ese tiempo no era factible estudiar en un colegio mixto, para hacerlo normalmente.

Un aspecto que recuerdo, fue la enseñanza sobre el manejo de una cooperativa. Lógicamente, con la dirección de las hermanas Cortés Gamboa, constituimos una cooperativa, la cual era la dueña de la “cafetería”, que aparte de ofrecernos artículos para los recreos, realizábamos ejercicios sobre el tema, hasta llegar a los momentos de dicha, cuando recibíamos los “dividendos” por nuestros ahorros en la misma.

La permanente enseñanza sobre la patria y sus símbolos era continua, como lo era la ceremonia de la izada de la bandera, la cual se realizaba en el patio con la presencia de todos los cursos (en dicha época eran hasta tercero primaria). La bandera la izaba un alumno distinguido, ante la envidia de quienes la queríamos izar. Luego de la ceremonia y de jurar fidelidad a la bandera, decían: “Sigan al salón”, y de vuelta a la normalidad.

Alcancé también a ir a clases de canto, que eran dirigidos por la señorita Matilde, en un segundo piso que quedaba sobre la calle 17. Salíamos felices después de aprender las canciones Mambrú se fue a la guerra, Los patitos, Simón el bobito y muchas más, las cuales disfrutábamos mucho, como si fueran los éxitos del momento y nos las aprendíamos rápidamente.

Pero si algo era molesto para mí, eran los “pellizcos” que, como castigo nos aplicaban con gran sabiduría, porque nos dolía hasta el alma y esta es la hora que, ante un pellizco, confieso lo que yo no he hecho.

El amor, o lo que pensábamos era eso, también tocaba nuestros corazoncitos. Recuerdo cómo una niña de apellido Mejía me aceleraba el pulso y tal vez como ahora se dice, no le era tan indiferente, pues me dijo que aceptaba ser mi novia, pero el requisito obligatorio era que fuera a hacerle visita en cicla. Me encantó la idea, tenía cicla, pero mi madre me impidió el romance, porque le daba miedo que me fuera en cicla. Como no podía cumplir lo exigido, no pude tener novia, mi madre me frustró el primer amor.

Los recreos los utilizábamos para jugar balón y pensábamos en ser los sucesores de los uruguayos del Cúcuta Deportivo. Pero los encuentros más importantes eran los de “quemados” que disputábamos entre niños, con niñas, o contra niñas, en eventos muy animados y de reñido desenlace.

Algo para destacar es que, al pasar a cuarto primaria, los 4 niños que estábamos en tercero: Raúl Canal, Domingo Monsalve, un niño de apellido Villamizar cuyo nombre no recuerdo y yo, queríamos hacerlo en el Colegio Calasanz. Luego de los exámenes que nos hizo individualmente el padre José, en especial pintar el mapa de Colombia, pasamos los cuatro y logramos llegar hasta sexto bachillerato Raúl, Domingo y yo.

La educación del Gimnasio Domingo Savio, según decían nuestros padres, era muy buena y realmente así lo creo, porque su calidad como la propaganda, “volaba de boca en boca” por la ciudad.

No me quejo, lo pasé bien, recibimos buenas bases morales y de instrucción, por lo cual le tenemos un gran agradecimiento a nuestras profesoras Cortés Gamboa, ya desaparecidas, y con orgullo decimos que, “estudiamos donde las Cortés”.

Oscar Peña Granados

Sofía Cortés Gamboa

Recuerdo con bastante claridad la corta etapa que pasé en el Gimnasio Domingo Savio, ya que fue la primera institución escolar a donde asistí en calidad de alumno. Fue bastante difícil adaptarme a la disciplina de un colegio, ya que hasta entonces había disfrutado de absoluta libertad de movimientos y se me permitía vagar por horas en la casa o en el solar adjunto, donde perdía mi tiempo en el más delicioso ocio.

El colegio estaba situado en una amplia y antigua casona, situada en la esquina de la avenida cuarta con calle 17, a tan solo cuadra y media de mi casa. Llevaba el nombre de un Santo nacido en Italia que murió a los 15 años y que tenía como lema “morir antes que pecar”. Era regentado principalmente por las hermanas Sofía, Helena y Josefina Cortes Gamboa, encargadas de la administración y la cátedra.

Tenía el aspecto común de estas construcciones cucuteñas que han ido progresivamente desapareciendo: un portón grande de acceso, seguido por un zaguán que terminaba en una segunda puerta –contra portón me parece la llamaban- más pequeña, la cual se abría hacia un patio grande con muchas matas y flores.

El patio estaba rodeado por un pasillo en forma de L, alrededor del cual se alineaban los salones de clase. Las paredes de la parte antigua eran de adobe y no tenían la uniformidad del acabado del ladrillo, pero estaban bien conservadas, tenían ventanas grandes hechas en madera que junto con los techos altos ayudaban a disipar el calor. En la parte posterior, se había añadido una construcción más moderna para que hiciera las veces de otro salón y había también un patio de juegos.

Recuerdo igualmente que, en ese año de 1958, se construyó un estanque que fungía las veces de piscina y que fue inaugurado con bombo y platillos, siendo muy disfrutado por los alumnos, ya que eran pocas las oportunidades de acceso a piscinas en esa época.

Después de la visita protocolaria para la matrícula, llegó el momento de iniciar el año escolar y la primera actividad oficial fue, el examen de clasificación que definiría si quedaba en kínder o era promovido al primer año de la primaria. Para mi fortuna, consistía en una prueba de lectura, la cual yo dominaba a la perfección, pues el año anterior le había pedido a mi mamá, me enseñara a leer, para poder ojear la colección de libros de Monteiro Lobato, propiedad del hermano mayor y las aventuras dominicales de los periódicos capitalinos.

Mamá no seguía las recomendaciones de enseñanza de María Montessori, sino las de “María Pelliscori”, para corregir los errores, técnica que por la época también usaban algunos docentes, por lo cual rápidamente leí de corrido y sin errores, y así terminé sentado en el salón de primero primaria, saltándome el Kínder.

Ese primer día, también me sucedió algo que, posteriormente vi dibujado en un episodio de la tira cómica de Calvin Hobbes. Ignorante por completo de la rutina escolar, decidí aprovechar que los columpios habían quedado súbitamente libres y el patio a mi disposición, y seguí mis juegos hasta que, una de las profes llegó a buscarme, preocupada porque no aparecía en el salón de clases.

Recuerdo como compañeros de curso a mi primo Juan Lizarazo Granados, a un amigo de toda la vida, ya que nos volvimos a encontrar en el Calasanz: Carlos A Rodríguez Duarte, los hermanos Bustamante (a quienes nunca más volví a encontrar); y como era mixto estaban María Eugenia Lara y las hermanas Consuelo y Clara Inés Lizarazo Niño, y otras que la memoria no registró.

El salón lo compartíamos con los alumnos y alumnas de segundo primaria, alternándonos los puestos de la primera fila, cercanos a la profesora y el tablero; y compartiendo los pupitres, que en esos tiempos no eran provistos por la institución, sino que debía ser llevado por el alumno. Así, por ejemplo, yo prestaba mi pupitre a Humberto (Beto) Barrera, cuando llegaba el momento de que los más grandes recibieran su clase y me sentaba en su sitio en las filas de atrás.

Esos momentos los utilizábamos para leer libros, que depositábamos en un fondo común a comienzos de año o para hacer tareas. Recuerdo mi decepción porque nunca logré intercambiar mi libro de historias, viejo y poco atractivo, heredado de mis hermanos mayores, con el colorido texto de hermosos dibujos con las aventuras de un elefante que era propiedad de mi condiscípula Clara Inés Lizarazo, a quien además le admiraba “esos huequitos en tus mejillas”, como dice el vallenato.

El aseo era importante y las profesoras pasaban estricta revista en especial un día a la semana, con revisión de dientes, orejas, uñas y zapatos. Quien era sorprendido violando las normas, no podía ingresar al salón hasta corregir la falta, por lo cual las rosas se quedaban sin espinas, que eran usadas para limpiar las uñas y las hojas para limpiar los zapatos.

Como corría el año 1958, año del Mundial de Suecia en el cual ganó Brasil y apareció el genial Pelé, el colegio también decidió organizar un torneo de fútbol con todos los juguetes y las niñas organizadas en barras. Recuerdo que formé parte de uno de los equipos, no recuerdo el marcador final, pero sí que, después de ese primer partido, la entrenadora imitando a Zidane, decidió condenarme a la banca.

Así entre aventuras y desventuras, aprendiendo las operaciones matemáticas básicas, perfeccionando la lecto-escritura, pero además conociendo las obligaciones de la vida escolar, pasó ese primer año.

El país también estaba aprendiendo nuevamente a vivir en paz, con la transición a la época del Frente Nacional y olvidando un poco la violencia partidista. Sin embargo, sufrimos un intento de golpe de estado que nos sorprendió en clase y que obligó a la evacuación del colegio, con gran susto de los alumnos que no entendíamos la preocupación de nuestros padres y los preparativos para un posible período prolongado de toque de queda.

Cuando llegó el momento del acto final, las profesoras decidieron montar con los niños del primer año una obra musical llamada “Los enanitos”. El disfraz recreaba la figura de un gnomo, era de colores rojo y amarillo; pantalones que cubrían los pies y terminaban en una curva; gorro largo terminado en pico y luenga barba blanca. A pesar de los peros de la profe, quien opinaba que mi talla superaba las características de un enano, me empeñé en ser parte de los artistas y logré, gracias al empeño de mi madre, un precioso disfraz muy bien confeccionado.

El Teatro Guzmán Berti fue el escenario para el montaje de la obra y desde entonces quedé encantado con las facilidades que tenía el teatro (camerinos, foso para orquesta, luces, etc.), para la presentación de obras y lamenté profundamente su desaparición. Afortunadamente se preservó el Teatro Zulima que tiene algunas de estas características.

Ya había tomado la decisión de seguir a mi hermano a otro colegio más grande, por lo cual, mientras se apagaban las luces del escenario dejando de iluminar a los enanitos, dije adiós al Domingo Savio y a mis compañeros, uno de los cuales aún es mi amigo, para buenos y malos momentos.

Hace poco recorrí mis pasos por ese barrio La Playa y busqué la esquina donde había estado el colegio, llevándome la decepción de encontrar uno más de esos bloques cuadrados de ladrillo y metal, sin ninguna pretensión arquitectónica, encogiéndoseme el corazón, al comprender que esa época se fue para siempre y van desapareciendo los vestigios.

 

 

 

Recopilado por: Gastón Bermúdez V.