miércoles, 20 de agosto de 2014

619.- LA CONTROVERTIDA EXPOSICION DE EDUARDO RAMIREZ VILLAMIZAR



Gerardo Raynaud

Mujer Lunada II

Eduardo Ramírez Villamizar (1922-2004), Pamplona-Colombia. Una parte de su obra está realizada dentro del expresionismo, al que abandona para entrar en la abstracción geométrica y el constructivismo. Sus pinturas reconocen diversas influencias: Tatlín, Mondrian, Picasso, Vasarely, Kandinsky, entre otros. También ha sido un escultor destacado.


A comienzos del año 48 del siglo pasado, en  febrero, intelectuales de la ciudad entusiasmados por los éxitos de nuestro coterráneo, el maestro Eduardo Ramírez Villamizar, aprovechando los laureles obtenidos en su exposición en la ciudad de San Cristóbal y por insinuación del conocido erudito Luis Miguel Marciales, promovieron su traída para que expusiera sus obras y poderlas apreciar, como lo fueron en la ciudad fronteriza capital del Estado Táchira, nuestro vecino. 

Ya por esa época, el maestro Ramírez, venía precedido por su fama y su nombre, que era altamente apreciado en los más elevados círculos artísticos de la capital de la república y se pretendía que se conociera de la misma manera, en esta su tierra y se le brindara y acogiera como se lo merecía.

Para traer a la memoria colectiva, el maestro Ramírez Villamizar, nacido en Pamplona, tenía 25 años en el momento de la exposición de esta crónica y vivía en la ciudad desde hacía unos años, podría decirse que de manera más o menos precaria, después del descalabro familiar ocurrido por la crisis que asoló al mundo entero como efecto de la recesión que se produjo a finales de 1929.

Terminados sus estudios de bachillerato, tuvo que decidirse por estudiar una profesión que ayudara a su familia a salir de su angustiosa situación y por esa razón, comenzó sus estudios de arquitectura en la Universidad Nacional, así pensara que esa no era su vocación y como él mismo lo confesara en alguna entrevista que le hicieran años más tarde, “tuve que escoger una profesión lucrativa, pues mi familia nunca hubiera aceptado que fuera artista. Ser artista en esa época, era como irse con un circo, como ser maromero, una cosa totalmente absurda”.

En un momento, dejó de lado sus estudios de arquitectura y se inscribió en la facultad de Artes y Decoración de la misma universidad, ya más decidido a seguir sus inclinaciones artísticas y simultáneamente participa en su primera exposición, una colectiva en la facultad de Arquitectura, donde expone unas acuarelas de corte figurativo influido por algunos pintores clásicos, en particular por Van Gogh. 


Posteriormente abandonaría esa técnica y se dedicaría al óleo; por esa misma época fue invitado a trabajar con el maestro Edgar Negret  en la Universidad del Cauca y participa en el VII Salón de Artistas Colombianos, obteniendo el segundo premio, lo cual lo lanza al estrellato artístico nacional, razón por la cual, lo invitan a exponer su obra en la ciudad capital del Estado Táchira.

Pero a lo que vinimos vamos; para el jueves 5 de febrero, se programó en los salones de la Biblioteca Departamental y aquí les recuerdo que entonces la biblioteca estaba recién inaugurada y quedaba en la calle novena, frente al parque Nacional, edificio que todavía existe y en el cual despachan algunas dependencias oficiales, una exposición de pinturas que al decir de la prensa ‘constituirá todo un acontecimiento artístico para nuestra ciudad’.

El evento sería inaugurado por el doctor Marciales, a la sazón director de la Biblioteca y a partir de este momento comenzaron las dificultades propias de un programa que no tuvo el acompañamiento ni la divulgación ni tampoco el interés de la clase dirigente y el público culto de la ciudad, pues el discurso inaugural tuvo que  suspenderse, quién lo creyera, ¡por ausencia de auditorio!

Claro que a juzgar por el posterior desarrollo de los acontecimientos, parece que esta situación fue claramente inducida por sectores del gobierno regional, pues al parecer, el Director de Educación del departamento se asomó minutos antes del inicio de la presentación y dicen, que salió espantado porque en uno de los cuadros se muestra el semidesnudo de una mujer que ‘medio muestra una pierna o algo parecido’. 


El hecho es que, al día siguiente, el pintor recibió una nota instándole a retirar el cuadro sino se procedería a clausurar el espectáculo ‘por inmoral’. 

Por considerar que la misiva es toda una obra de arte a la intolerancia que imperaba entonces, me permitiré transcribirla, prácticamente en su totalidad. 

La carta tiene fecha del 6 de febrero, el día siguiente a la apertura de la exposición y está dirigida al maestro:

“Atentamente me permito manifestarle que la Dirección de Educación tiene conocimiento que, entre los cuadros que usted exhibe en su exposición del salón de la Biblioteca Departamental, figura uno que por su inmoralidad usted debe retirar inmediatamente de dicha exposición. 

Fácilmente se comprende que en los pueblos de nuestra índole social, exhibir cuadros como el suyo y me refiero al Desnudo que figura en la Exposición, constituye un atentado incalificable contra la moralidad y las buenas costumbres de los ciudadanos. 

Eso estaría bien en países en donde el sentimiento moral ha sido relegado a un plano secundario, pero en el nuestro, esencialmente religioso, respetuoso de la dignidad humana, tamaña osadía no puede permitirse ni la dirección de la cultura lo toleraría. 

De tal manera ruego a usted se sirva retirar inmediatamente dicho cuadro de la exposición, pues de lo contrario la Dirección de Educación se reserva el derecho de clausurar lo que en realidad de verdad no puede interpretar la divina esencia del arte.” 

Firma Luis E. Nava M. Secretario.

Antes de entrar en detalles de lo ocurrido posterior al recibo de la notificación, debo hacer un recuento muy breve de las obras expuestas para ilustración de mis lectores. 


Fueron dieciocho obras, de los cuales cuatro óleos de composición fuerte en los que resaltaba la figura humana, altamente realizada, ellos eran “La Venus Americana, Amanecer, Mujeres soñando y Autorretrato”; los demás eran acuarelas en las cuales se destacaban varios paisajes, obras de las etapas iniciales del pintor y entre ellas, el cuadro de la controversia, “Mujer Blanca”.

La exposición sólo duró un día, ya que el maestro se negó a retirar su cuadro y la Dirección de Educación la clausuró formalmente al día siguiente.

Claro que esta decisión levantó polvareda en los círculos intelectuales no solo de la ciudad sino del país entero. 


Ríos de tinta corrieron por cuenta de ese episodio tan inexplicable en los anales de la realización artística colombiana al punto que la mejor interpretación de esta situación fue descrita en el periódico El Tiempo de la capital de la república cuando escribió:  

“Esa actitud grotesca y la nota en que hubo de comunicarse al artista… constituyen una nueva modalidad de la campaña oscurantista que se ha iniciado contra todas las expresiones de nuestra cultura y contra quienes no participan de cuanta falsa postura pueda darse en materias espirituales y morales.”

Y para rematar, aprovechando el desorden, hubo quienes se fueron lanza en ristre contra el Concejo, por cuenta de las obras de Salvador Moreno, que se encontraban presas de las polillas, en el cuarto de los cajones viejos, sin que nadie se haya preocupado por ellas ni mucho menos mostrarlas en exposición permanente como es lo justo con los artistas más insignes de un país.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 18 de agosto de 2014

618.- HOSPITAL MENTAL RUDESINDO SOTO



Portal  hospitalmentalrudesindosoto.com

Calle 22 Avenida 19B Barrio Santander

A principios del siglo pasado quienes padecían algún tipo de trastorno mental eran relegados y tenían como vivienda la cárcel.

En 1908 los altruistas de la época comenzaron a pensar que este grupo humano debía tener un espacio propio donde sobrellevar su difícil destino y empezaron a presionar a las autoridades para que les proporcionara un lugar especial. 

A este clamor el concejo de Cúcuta da una respuesta positiva y en una de sus sesiones de 1909 a prueba una partida de 5  mil pesos oro para construir un establecimiento solo para enfermos mentales al que inicialmente denominaron “Asilo de Locos”.

Mientras se deciden los pormenores de la construcción, se acondiciona una casa situada en la avenida 2 entre calles 15 y 16, para atender a los afectados.

Para 1939 Rudesindo Soto, hombre de gran espíritu social, se compromete directamente en la conclusión de la obra,  la cual  se levantara en un lote de 10 mil metros cuadrados, ubicado al suroeste de la ciudad.

En 1940 el naciente hospital Mental era ya una realidad, el presidente Eduardo Santos, inaugura el edificio destinado al manicomio el 6 de mayo, donado por Rudesindo Soto y su esposa Amelia Meoz de Soto, pero sólo se da el servicio en 1942.

 Esta nueva demora impidió que Rudesindo Soto lo viera en funcionamiento, ya que la muerte lo sorprendió en 1941.

Su esposa Amelia Meoz de Soto, fiel al deseo de su compañero culmina su labor donando el título de la construcción.

La apertura del hospital se logró en un arranque de Miguel Roberto Galvis, quien el 24 de agosto de 1942 trasladó todos los enfermos que se encontraban en Puente Barco.

Esta impetuosa decisión que originó serios enfrentamientos políticos con  la consecuencia de  la carencia de recursos para su funcionamiento.  

Ni siquiera se contaba con recursos para la comida, la cual se obtenía del hospital general.

Dos años después la asamblea Departamental aprueba una ordenanza que organiza jurídicamente el ente. 

La norma reglamentada por los diputados lo clasifica como Instituto Social Manicomio Departamental Rudesindo Soto (en honor a su benefactor), nombra como primer director al médico Félix Villamizar y destina un aporte de un peso para alimentos y treinta centavos para la compra de drogas.

Dos hermanas de la caridad, Luisa San Diego y Julia del Carmen, acompañadas por la madre Francisca Desales  se unen a la directiva para comenzar una encomiable tarea.

En 1955, Rolando Garnica empieza a utilizar el electroshock entre los pacientes. 

Antes de la llegada de este equipo, a los enfermos agitados se les trataba con choques con base en la insulina o cardiazol.
            
Carlos González (q.e.p.d.) impregnado de los adelantos de la psiquiatría, asume la dirección en 1961.  

Sus conceptos cambiarían sustancialmente las acciones del establecimiento.

Esta foto fue tomada en alguna visita del gobernador al hospital Mental Rudesindo Soto de la ciudad, en el año de 1981. En la foto recordamos entre otros al periodista Álvaro Barreto, Ligia de Cano, Maruja Pacheco, María Eugenia Duplat de García Herreros, el gobernador de entonces, Cayetano Morelli Lázaro, Nelson Pérez, Ruth Bonells de Castro y el médico Hernando Lizarazo. Abajo, sentados, un grupo de pacientes y empleados de la institución.

Para empezar, logró cambiarle el singular nombre que traía, por el de Hospital Mental Rudesindo Soto (que aún conserva).  

Acabar el “Instituto Social Manicomio Departamental”, significó comenzar a mirar de manera más humana a quienes el destino les negó el equilibrio mental, parcial o totalmente.

Con él se abre también la consulta externa.

Muchas personas han pasado por este hospital.  La mayoría de ellas sólo han tenido como meta, devolverle la salud a quienes por diversas razones se han perdido en el laberinto de su propia mente.

El hospital Mental Rudesindo Soto , se convirtió en Empresa Social del Estado, mediante la Ordenanza 060 del 29 de Diciembre de 1995, aprobada por la Honorable Asamblea del Departamento, en la gerencia del Dr. Holmes Jordán.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

sábado, 16 de agosto de 2014

617.- DON RUDESINDO SOTO



Luís A. Medina S.


Para hablar de la vida de Don Rudesindo Soto, su civismo y filantropía, tenemos que decir sin hipérbole que fue un ciudadano generoso que invirtió gran parte de su fortuna en obras de beneficio social contribuyendo al bienestar común de las gentes necesitadas, de él pudiéramos decir: ha sido el precursor de una conciencia social humana y cristiana dotado de un rasgo de generosidad y de desprendimiento sorprendente.

El, ha sintetizado en sus obras generosas y altruistas, la magnánima comprensión de solidaridad humana como un principio de caridad para con la humanidad doliente y necesitada, perpetuando su nombre y el de su digna esposa doña Amelia Meoz de Soto, en obras que están diciendo presente.

El 4 de mayo de 1928 se engalanó el templo de San José con el estreno del órgano para el servicio litúrgico, obsequiado por el matrimonio de don Rudesindo y doña Amelia.

El 3 de mayo de 1936 fue inaugurado el Pabellón Amelia en el hospital San Juan de Dios, esta obra consta de dos pisos y los obsequiaron completamente dotados de camas y otros enseres tan útiles como necesarios.

En el año de 1937 la generosidad se hizo presente al donar la sala de Santa Ana en el Asilo de Ancianos.

En 1938 aquellos filántropos de la generosidad entregaron obras valiosas en el edificio de Gremios Unidos. La Sociedad de Artesanos Gremios Unidos le rindió culto en manifestaciones de gran reconocimiento.

En el año de 1939 el hospital San Juan de Dios inaugura nuevos pabellones fruto de la generosidad de los esposos Soto Meoz.

A estas obras agregamos otras de significación social, el edificio del Ancianato, el Reformatorio de Menores, el edificio Antituberculoso, el edificio del hospital mental, el edificio de la Universidad Francisco de Paula Santander antiguo edificio de la Cervecería Santander.

Sin la obra social y desprendimiento de don Rudesindo y su española doña Amelia Meoz, la ciudad fuera huérfana de asilos, orfelinatos, de edificios de beneficio social.

Sin la filantrópica generosidad y benevolencia de don Rudesindo Soto, esas obras no existieran, porque ni el departamento, ni el municipio, hubieran construido esos edificios, representados en obras de caridad y de beneficio a la comunidad doliente y necesitada.

Cúcuta, ha sido la cuna del varón ilustre, generoso y filántropo al compartir su inmensa fortuna con el necesitado con amor y caridad cristiana.

La vida luminosa y meritoria de don Rudesindo Soto, es un ejemplo, su generosidad parece algo ingénito en la humanidad del filántropo y señor en la historia de Cúcuta, donde la memoria del desaparecido ha quedado gravada con caracteres indelebles en el corazón de los cucuteños. 

Raros ejemplos de generosidad y desprendimiento la obra social de don Rudesindo Soto y Amelia Meoz de Soto, es tan admirable que no admite comparación su largueza y desprendimiento para socorrer al necesitado.

En cada una de sus obras brilla el memorable desprendimiento, al cubrir tantas necesidades, en todas ellas está el recuerdo del benefactor. 

En el hospital San Juan de Dios, los enfermos encuentran alivio a sus múltiples enfermedades. 

En el hospital mental, los que han perdido el razonamiento, la lucidez, la pérdida del juicio y exaltación del ánimo reciben atención y hospitalización. 

En el antituberculoso, los enfermos atacados por el bacilo de Koch, son atendidos solícitamente con tratamientos y hospitalización. 

En el Reformatorio de Menores, las juventudes descarriadas se corrigen para que vuelvan al seno de la sociedad. 

En el Ancianato, los ancianos vivirán los últimos días de su existencia bajo el cuidado y abnegación de las hermanitas. 

En el edificio de la Universidad, las juventudes presentes y futuras se nutren con la ciencia del saber.

Qué ejemplos tan grandes y tan sublimes encontramos en la vida de los esposos Soto Meoz, en las donaciones valiosas que son el germen aglutinante y asiento de las más brillantes iniciativas de generosidad y de desprendimiento bondadoso, todas ellas son un símbolo monumental, como una atalaya de civismo construidas y donadas por unos esposos magnánimos que le dieron a la ciudad el tributo de su espíritu cívico, altruista y sin igual espíritu público.

Seguramente los educadores jamás hacen referencia a las obras cívicas de don Rudesindo Soto y su esposa doña Amelia Meoz, son obras que el estudiante ignora, ese símbolo de solidaridad humana representada en la eximia caridad del patriarca y benefactor de Cúcuta don Rudesindo Soto y doña Amelia Meoz.

Para terminar este bosquejo cronológico de la vida generosa fecundamente bondadosa, altruista, humana y cristiana de don Rudesindo Soto, transcribimos algunos conceptos del historiador y vicepresidente de la Academia de Historia del Norte de Santander en su libro "HISTORIA DEL HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS", páginas 308 y 309, Dr. Juan Agustín Ramírez Calderón:

Murió en Cúcuta el 1º de julio de 1941 a la edad de 90 años. 

Se había educado en Europa a fines del siglo pasado y dominaba el mundo de los negocios. 

Fue sepultado en la tarde del día siguiente. Hablaron a nombre del gobierno el Dr. Félix Enrique Villamizar y el Padre Daniel Jordán en representación del clero en el atrio de la catedral de San José.

En el cementerio fue orador fúnebre el Dr. Alfonso Lara Hernández a nombre del cabildo cucuteño. 

La Alcaldía dictó decreto de honores declarando tres días de duelo y mandando se izase la bandera nacional durante ellos a media asta. 

Su cadáver permaneció en cámara ardiente en la Asamblea desde el 1º de julio hasta el 2, a las 8 de la mañana, en que fue trasladado al Hospital.

Concurrieron las comunidades educativas, las autoridades civiles, eclesiásticas y militares y el Asilo de Ancianos. Todas las oficinas del gobierno y los establecimientos de comercio fueron cerrados para concurrir al sepelio, que fue a las cuatro de la tarde, que fue velado en la Catedral hasta esa hora.

En mayo de 1940 cuando el Dr. Eduardo Santos y señora, concurrieron a las ceremonias del Centenario de la Muerte de Santander, lo visitaron en su residencia, donde ya estaba enfermo. 

Ya había sido condecorado tanto por el gobierno nacional, como el departamental y municipal, lo mismo que por la Sociedad de Mejoras de Cúcuta y del Congreso Nacional de Sociedades de Mejoras Públicas.

Tanto la Asamblea como el Congreso dictaron respectivamente ordenanzas y ley de honores a la memoria de este benefactor inigualable de Cúcuta, cuya esposa doña Amelia Meoz de Soto, era la hermana del Dr. Erasmo Meoz, al que la posteridad apellidó "el médico de los pobres".

Construyó el Ancianato, el Reformatorio de Menores, el Hospital Mental, el Dispensario Antituberculoso, reconstruyó más de la mitad del Hospital de Cúcuta, unas aulas en Gremios Unidos y obsequió el edificio de la Antigua Cervecería de Cúcuta, hoy sede de la Universidad Francisco de Paula Santander, y ayudó económicamente a muchas personas que tenían necesidades urgentes por solucionar.

En síntesis: 

El Sr. Rudesindo Soto hizo con su fortuna, lo que en cincuenta años de gobiernos nacionales, aún no han podido hacer por Cúcuta. 

Y si bien es cierto que sus obras llevan su nombre, nadie lo pronuncia: Cúcuta está en mora de llevar uno de sus barrios el nombre del benefactor tan excelso.

Hasta aquí el bello escrito del Dr. Juan Agustín Ramírez Calderón.

Para complementar la historia cronológica de la vida de don Rudesindo Soto, transcribimos tres documentos eclesiásticos expedidos por la Diócesis de Cúcuta: partida de bautizo, de matrimonio y certificado de defunción.

PARTIDA DE BAUTIZO

Diremos que, don RUDESINDO VICENTE SOTO SERRANO, es el nombre de pila bautismal, y que fue bautizado solemnemente en la Villa de San José de Cúcuta el año 1851, nacido el ocho de abril, hijo legítimos de Francisco Soto y Rudesinda Serrano, vecinos. 

Abuelos paternos: Pedro y Josefa Vargas; maternos Fernando y Rosa Calderón. Padrinos: Franco Bonsguet y Josefa Plata. Sin anotación marginal. . . 

Anotamos: Don Rudesindo Soto, era casado con Doña Amelia Meoz. Según partida de matrimonio. Un simple lapsus de escritura o de olvido que lo hace aparecer como soltero.

PARTIDA MATRIMONIAL

Don Rudesindo Soto, casó con la dignísima señora doña Amelia Meoz, hermana del filántropo médico cucuteño Dr. Erasmo Meoz, al que cariñosamente era llamado el "Médico de los pobres".

Don Rudesindo Soto y doña Amelia Meoz, contrajeron matrimonio en Cúcuta, el 8 de noviembre de 1883, según la partida matrimonial que transcribimos expedida por la Diócesis de Cúcuta, el día 16 de noviembre de 1979.

PARTIDA DE DEFUNCION

Don Rudesindo Soto, murió en Cúcuta a la avanzada edad de noventa años, rodeado del cariño, el aprecio y consternación general entregó su alma al creador y su cuerpo a la madre tierra. Según partida de defunción.

Según los testimonios expedidos por la Diócesis de Cúcuta. Don Rudesindo Vicente Soto Serrano, contrajo matrimonio a la edad de 32 años con doña Amelia Meoz, viviendo una virtuosa vida matrimonial de cincuenta y ocho años, y muriendo a la edad de noventa años.

Hay una apotegma del Libertador: "La gloria está en ser bueno y en ser útil".

Don Rudesindo Vicente Soto Serrano, fue bueno, fue útil. Bueno y útil a la comunidad doliente y necesitada, con una generosidad e inclinación al bien sin precedentes en la historia de la bondad y filantropía.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.