martes, 23 de mayo de 2017

1128.- EL REFUGIO DEL BUEN PASTOR



Gerardo Raynaud

Habían transcurrido ya muchos años después de la ocurrencia del terrible sismo que sacudió la ciudad. Su reconstrucción y progreso eran admirables y la contribución de sus habitantes era cada día más prometedora. Con el desarrollo se hicieron palpables también los problemas, por los cuales fue necesario considerar las prácticas para reformar a quienes incurrían en actos contrarios a las buenas costumbres y a las leyes. 

Desde el inicio de los tiempos han sido los hombres quienes primero se destacaron por estas acciones, apenas normal teniendo en cuenta que por su condición debían procurar el bienestar de sus congéneres y velar por la suerte de sus mujeres y su descendencia.

En un principio, los lugares de reclusión o confinamiento fueron exclusivos del género masculino, pero a medida que avanzaban los años, su contraparte se fue apropiando de sus mañas y vicios hasta que se hizo necesario considerar sus propios espacios que por razones obvias no podían compartir con el género opuesto. 

En Cúcuta, sólo a mediados de la primera mitad del siglo pasado se comenzó a pensar en esta clase de lugares pero no para recluir mujeres que hubieran cometido hechos delincuenciales sino para albergar a quienes sufrían condiciones de abandono, especialmente las más jóvenes a quienes sus padres abandonaban cuando no encontraban la manera de mantenerlas.

En esa época, sucedía con más frecuencia de la usual y no solamente con niños, también con niñas. Fue precisamente, por razones como estas, que se promovió la conformación del Amparo de Niños que ahora se proponía abrir una sección para acoger niñas que estuvieran en condiciones de desamparo.

Fue así como en un mes de septiembre de mediados del siglo pasado, el día de la Natividad, se dio al servicio,  en el edificio Parroquial, ¿recuerdan? donde hoy se levanta el centro comercial de la avenida cuarta con calle once, en el mismo sitio donde meses antes y por muchos años, funcionó la Escuela Popular de San José, administrada por la curia de la iglesia del mismo nombre, la sección del amparo de niñas que llamaron El Refugio del Buen Pastor.

Tomó el nombre de la congregación de las religiosas traídas por el padre Daniel Jordán para que se ocuparan de las niñas sin recursos, muchas de las cuales deambulaban por las calles de la ciudad.

Esta comunidad del Buen Pastor, de origen francés, se asentó principalmente en la zona fronteriza colombo venezolana en la última década del  siglo XIX y todas sus obras sociales  se orientaban en el manejo de internados de protección y escuelas de educación formal para niñas y posteriormente en la administración de cárceles de mujeres.

En el comienzo, no fueron muchas las beneficiarias, toda vez que iniciaron con una media docena de chiquillas a las que se les enseñaba modistería, lavandería, bordados, pintura, planchados y hechura de colchones entre otras actividades. Adicionalmente se les impartían las clases tradicionales de toda escuela primaria.

Por el contacto diario que los padres de familia mantenían con los sacerdotes, sabían de las dificultades que tenían con algunas de las jovencitas que sus padres no las aguantaban y temiendo por su futuro optaban por llevarlas al Refugio del Buen Pastor.

Allí, las hermanas se encargaban de enseñarles los oficios domésticos y de aconsejarlas, de manera que a los pocos meses se habían transformado en mujeres que eran verdaderos modelos en su hogar.

 Así mismo, el juez de menores de la época, analizadas las circunstancias, en lugar de enviar las muchachas a la cárcel, optaba por remitirla al Buen Pastor con la seguridad que saldría rehabilitada en poco tiempo.

El mayor inconveniente que afrontaban era la falta de apoyo y de recursos oficiales, por lo cual se veían en la forzosa obligación de cobrar, aunque hoy parezca insignificante, no lo era entonces, la suma de cincuenta centavos diarios. Con estos fondos les alcanzaba a las hermanas para atender escasamente los gastos de alimentación, ropa y medicinas.

En algún momento lanzaron un programa que pretendía concientizar a las familias más pudientes para que colaboraran con la suma de $15 mensuales y en retribución el Refugio se comprometía a capacitar a quienes habían considerado, según sus propias palabras “a las jovencitas descarriadas que andan por nuestras calles” para que sirvieran en “los oficios de la casa”, dada la escasez que había de esta clase de trabajadores, especialmente que supieran de estas labores.

La institución, cuyas monjas son de vida enclaustrada, también ofrecía a la comunidad en general los servicios de lavado y planchado de ropa, así como la venta de colchones que allí mismo fabricaban.

En las visitas que realizaban las distintas asociaciones católicas, especialmente de señoras, veían con agrado la constancia y el empeño con que las monjas emprendían sus tareas. 

Las religiosas estaban igualmente muy agradecidas con la hospitalidad y encantadas con la acogida que les había brindado el pueblo cucuteño, que al ver el interés que despertaban y las necesidades que tenían, no dudaron en hacerles entrega gratuita de los enseres mínimos necesarios para el desarrollo de sus actividades.

No fue necesario promover bazares ni rifas para dotar de los electrodomésticos al nuevo Refugio, pues los principales almacenes se encargaron de entregarlos sin contraprestación alguna, solo con la esperanza de colaborar en esa tan importante obra cultural y de asistencia social.



Recopilado por: Gastón Bewrmúdez V.

domingo, 21 de mayo de 2017

1127.- NORTE EN EL INTERCLUBES DE PATINAJE

Omar Romero Güiza

Torres brilló ganó cuatro medallas: tres de plata y una de bronce. Winston Tarek Torres y Lindarte lograron otras cuatro medallas para la región.

La expectativa

El certamen fue preselectivo al próximo Mundial de carreras.

El patinadero Enrique Lara Hernández dio el campanazo inicial con la prueba de la contrarreloj individual de 300 metros.

Más de 300 patinadores de 28 ligas de los diferentes clubes llegaron con la ilusión de ratificar su ranquin nacional.

Norte de Santander tuvo puesta sus esperanzas en los corredores Daniela Lindarte, María Camila Torres Arias (Crear Colombia-Arroz Zulia), Mayerly Amaya Villamizar (Comfanorte), Winston Tarik Torres García, Brayan Blanco (North Skate) y Jhonatan Calderón (Estrellas en Línea).
  
Para el entrenador Luis Ernesto Higuera, el optimismo reinó dentro del grupo y las expectativas fueron buenas, más cuando se jugó de local.

“Importante el selectivo que se va a hizo acá en Cúcuta con el que se cerró la temporada 2016-2017, donde esperaron los resultados se dieran”.

Higuera precisó que el torneo abrió un espacio hacia los Olímpicos de la Juventud de Argentina donde el patinaje sobre ruedas hará su debut en 2018.

“Los corredores de la categoría 2000, son los que tuvieron esa posibilidad de estar en ese grupo selecto y la más opcionada por Norte de Santander es María Camila Torres”, señaló Higuera.

Precisamente una de las novedades que tuvo el campeonato fue la inclusión de la prueba olímpica la cual es la sumatoria de las competencias de 500, 1000 y 5000 metros eliminación, que otorgó las preseas de oro, plata y bronce.

En cuanto las sensaciones que tuvo de este campeonato la fondista, campeona del mundo de 2015, Daniela Lindarte conceptuó que “gracias a Dios tengo los puntos suficientes (en el ranquin) para el selectivo del equipo de Colombia. Estoy clasificada y para este torneo me siento bien física y mentalmente, y confiando en Dios todo se va a dar”.

Lindarte recalcó que buscarían aprovechar la localía, sacarle buen provecho al calor y obtener varias medallas en cualquiera de las pruebas de fondo.

Acerca de cómo va lo de la casa que se comprometieron a darle la Gobernación y la Alcaldía, la mundialista dijo que “muy bien, sé que el gobernador William Villamizar Laguado y el alcalde César Rojas me van a cumplir con el sueño de tener vivienda propia. Estoy ansiosa de estrenarla, de saber dónde va a quedar ubicada, tengo fe de que me van a cumplir con ese sueño antes de que termine el  2017”, aseguró la deportista.

Para Mayerly Amaya, el Interclubes fue parejo y a la vez difícil, en su primer año de categoría mayores.

“Este un campeonato demasiado importante, primero porque corro en casa y la idea es hacerla respetar. Segundo porque sigo peleando cupo para entrar a la selección Colombia, por lo que va a ser una válida de grandes retos”, indicó la cucuteña.

Entretanto, la juvenil María Camila Torres Arias expresó previamente que “esperamos que hagamos una buena presentación, tengo muy buenas expectativas donde estrenaremos la prueba olímpica, competencia de los Juegos Olímpicos de la Juventud en Argentina y acá se hará la apertura de esas pruebas (en 500, 1000 y 5000 metros eliminación).

Torres es tercera en el escalafón con 211 puntos.

De su lado, Winston Tarik Torres, octavo en el escalafón de los juveniles con 106 puntos fue claro “este nacional Interclubes es el último del ciclo del año. Es pasar o pasar, acá se queda todo y demostrar en la casa de qué estamos hechos”.

Sostuvo que el rival a vencer es el bogotano Javier Baldión.

Brayan Blanco adujo que  “tengo buenos propósitos en lo personal y grupal como es buscar una medalla en este Interclubes, en la pruebas de velocidad y fondo. Todos nos hemos preparado bien para este nacional”, estimó.

Por último, el más veterano del grupo de la categoría mayores, Jhonatan Calderón buscaba tomar revancha, luego de que el año pasado la suerte no lo acompañara.

“Vamos a dar todo en la pista, vengo con buenas sensaciones e ilusiones. Somos locales e intentaremos dar la pelea en las finales”, afirmó el patinador.

El evento

Se bajó el telón de la sexta y última válida del Nacional Interclubes de Patinaje que se disputó del 6 al 9 de abril de 2017 en los patinaderos Enrique Lara Hernández y Teódulo Gélvez Albarracín, de Cúcuta.


El certamen selectivo al Mundial de Nanning (China), se llevó a cabo en las categorías prejuvenil, juvenil y mayores en damas y varones, donde los patinadores de Norte de Santander tuvieron una excelente presentación con María Camila Torres Arias, Daniela Lindarte Garaviz (Crear Colombia-Arroz Zulia-Comfanorte) y Winston Tarik Torres García ( North Skate), bronce en los 20.000 metros combinada.

María Camila Torres (izq.) y Daniela Lindarte.


Los rojinegros cosecharon ocho medallas, distribuidas en tres preseas de plata y cinco de bronce, cumpliendo con las expectativas trazadas de hacer respetar la localía.

En la clasificación general por equipos, PAEN de Antioquia fue el gran campeón mientras que en la individual la patinadora Fabriana Arias, en  mayores, una vez más ratificó por qué es una de las mejores del mundo.

Sin duda, la patinadora María Camila Torres fue la más sobresaliente de la casa, al obtener tres medallas de plata, en los 1000 metros, en la prueba olímpica de los (500, 1000 y 5000 metros), y ayer en los 25.000 metros ruta. Así mismo,  obtuvo la presea de bronce en los 15.000 metros eliminación.

Fue más que un justo premio para la cucuteña en su último año en la categoría juvenil, que el jueves en la noche sufrió un aparatoso accidente, el cual pudo haberla sacado de la competencia, en la prueba por puntos y en la última recta se cayó, raspándose un brazo y las piernas, al igual que el pómulo derecho y los labios.

A pesar de las dificultades, María C. se sobrepuso al dolor y se mostró contenta por los resultados alcanzados y con la aspiración de ser convocada al selectivo de la preselección Colombia en su categoría.

“Gracias a Dios fue un balance muy bueno, con muchas expectativas para el selectivo, quedaron muy buenas sensaciones, a pesar de la caída y el duro golpe que tuvimos logré tres medallas de plata y un bronce”, afirmó la deportista aun con cicatrices.

Torres recalcó que dentro de lo planificado lo primordial era terminar  bien la temporada. “Primero terminar el año juvenil muy bien, logramos una medalla de plata en una prueba de laboratorio (la olímpica), para lo que va a ser los Juegos Olímpicos de la Juventud en Argentina 2018 y gracias a Dios conseguimos figurar”.

Daniela guerreó

A su turno, Daniela Lindarte también se mostró satisfecha con las tres medallas de bronce que alcanzó, aunque dijo que le hubiera gustado que el color hubiera sido de oro, pero sabía que tenía unas contrincantes difíciles.

Respecto a la última competencia de los 25.000 metros eliminación, opinó que “la carrera fue muy buena (para mí), la manejé muy bien fue un gran aprendizaje, que la dos niñas que ganaron el oro y la plata (Fabriana Arias y Johana Viveros), han sido varias veces múltiples campeonas del mundo en mayores y les he recortado distancia a pasos agigantados y me siento muy feliz y agradecida con Dios por todas estas bendiciones”.

Mientras Lindarte y Viveros lucharon solas para estar en el podio, a lo largo de las 62 vueltas, Fabriana estuvo respaldada por tres corredoras que la dejaron servido todo en bandeja de plata.


Nortesantandereanos en la preselección de patinaje


Los patinadores cucuteños María Camila Torres Arias (izquierda) y Winston Tarik Torres García, ya cumplieron el primer objetivo: entrar a la preselección Colombia.

El patinaje nortesantandereano vive un momento importante.

La patinadora Daniela Lindarte  Garaviz (Crear Colombia Arroz Zulia-Comfanorte) compite con la selección Colombia en la gira europea que se cumple en Grob Gerau (Alemania), con un notable desempeño.

Y la Federación Colombiana de Patinaje le entregó otra alegría. Los patinadores María Camila Torres Arias (Crear Colombia), y Winston Tarik Torres García (North Skate) fueron convocados por el técnico Elías Del Valle, con miras a escoger el equipo que participaría en el Mundial de carreras que se disputaría del 3 al 10 de septiembre de 2017 en Nanjing, (China).

Nunca antes Norte de Santander había tenido tres corredores en un selectivo con grandes posibilidades.

No obstante, en el pasado, el primero en ser convocado a la preselección nacional fue el fonoaudiólogo  Carlos Velasco (1995), luego estuvo, Jessica Rozo (2012), Mayerly  Amaya y Daniela Lindarte (2013), pero tres a la vez no se había dado.

Para María C, es el segundo llamado pues en 2016 también estuvo en concentración.

En la última válida nacional Interclubes cumplida en Cúcuta, María Camila fue la deportista más destacada al lograr tres medallas de plata y un  bronce en fondo juvenil.

Aunque la cucuteña terminó segunda en el ranquin nacional juvenil, estaba a la expectativa y recibió la grata noticia que la motiva más.

“Gracias a Dios se dieron los objetivos de estas seis válidas, era algo que me esperaba y anhelaba, producto de los resultados obtenidos a lo largo de la temporada y la convocatoria se fija con respecto al escalafón nacional en el que me ubiqué de segunda y solo estaba a la espera de la resolución de le federación”, explicó María Camila. Añadió que “me siento feliz porque es mi segunda convocatoria al selectivo (2016 fue el primero), tengo muchas expectativas, al que llego con un más experiencia con la ilusión de ser selección Colombia”.

De otro lado, el más sorprendido fue Winston Tarik, pues a pesar de luchar no le había alcanzado para estar entre los seis clasificados, pero dado su desempeño, Del Valle le ha dado la oportunidad de mostrarse.

“Para mí ha sido importante este llamado al selectivo, fue una gran sorpresa, no lo esperaba de verdad, porque llamaban a los seis primeros del escalafón y yo quede de séptimo”, acotó el deportista.

Asimismo, dijo que igual se sentía contento por lo conseguido en la temporada, aunque su sueño era estar en el selectivo.

“Contento de todas maneras porque hice un gran campeonato, fue una medalla de bronce y además de un cuarto y quinto puesto. 







Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

viernes, 19 de mayo de 2017

1126.- LA CENTRAL HIDROELECTRICA DEL ZULIA

Gerardo Raynaud

A principios del siglo XX, en Cúcuta como en el resto del país, el servicio de energía eléctrica tenía, relativamente pocos años de estarse prestando y sólo para el alumbrado público. Cúcuta fue la primera de todas las ciudades de Colombia que tuvo alumbrado público, tan solo 17 años después de haberse inventado las bombillas incandescentes por parte de Edison.

En el último quinquenio del siglo XIX se fundó la Compañía del Alumbrado Eléctrico de Cúcuta. Para no quedarse atrás, el municipio, después de un año de trámites, decidió participar de la empresa, entrando como socio con el 3% del capital. La generadora estaba ubicada en la hacienda Los Patios y captaba agua del entonces caudaloso Pamplonita; alcanzaba abastecer de fluido eléctrico a las 400 lámparas que contemplaba el contrato que por trece años habían firmado en mayo de 1896, sin la obligación de tener que hacer ningún traspaso al municipio al vencimiento del plazo.

Al término del contrato, hubo un fallido intento de crear una nueva empresa, pero al no lograrse ningún acuerdo, se le concedió una prórroga por cuatro años más, incluida la exención total de los impuestos municipales. Esta empresa funcionó hasta 1953, año en que fue adquirida en su totalidad por el municipio de Cúcuta.

Mientras esto ocurría con el alumbrado público, en 1914, recién declarada la primera Guerra Mundial, se constituyó la Compañía Unida Eléctrica de Norte, siendo su principal accionista el municipio de Cúcuta y algunos particulares, entre los cuales estaban los hermanos Mariano y Eugenio Penagos y algunas otras personalidades de la ciudad.

A partir de entonces se produce la expansión de la compañía por los municipios aledaños a la ciudad, incluyendo la planta de mil kilovatios construida sobre el río Peralonso en el sitio conocido como el Alto de Los Compadres, dada al servicio al finalizar la década de los años veinte.

A partir de entonces, las necesidades del servicio fueron creciendo, razón por la que, se hicieron evidentes las prioridades para detectar alternativas que permitieran el montaje de nuevas plantas electrificadoras.

Ante estas perspectivas, a partir del año 44 del siglo pasado se generó un movimiento cívico-político que buscaba por todos los medios a su alcance promover e impulsar una obra redentora para la región, cuyo principal objetivo era proveer de energía eléctrica la ciudad de Cúcuta y sus municipios aledaños. Podría decirse que este proyecto es el precursor de la tan mencionada represa del Cínera o el mal llamado Embalse Multipropósito del mismo nombre. Digo mal llamado, porque aunque la aspiración era loable, tanto las condiciones como las circunstancias, no cumplían con las expectativas de un proyecto de esta envergadura.

Los entes territoriales de hoy, como fueron la Gobernación, encabezada por  Manuel José Vargas, el municipio de Cúcuta, cuyo alcalde Benjamín Ochoa Rueda y el Concejo  que presidía el médico Miguel Roberto Gélvis Sáenz, con la promotoría del Comité de Acción Cucuteña, se dieron a la tarea de impulsar el proyecto que consideraban, tendría la capacidad suficiente para suplir las necesidades presentes y futuras de las viviendas y serviría para impulsar la industria que desde ya comenzaba a vislumbrarse. El proyecto fue llamado Central Hidroeléctrica del Río Zulia.

Como cada uno de los entes  tenía sus intereses, la propuesta se fue complicando a medida que el tiempo pasaba. El Concejo, es decir, la coalición mayoritaria, no mostraba mayor interés sino que prefería que la actual empresa proveedora del servicio eléctrico, del que era accionista mayoritario el municipio, ampliara su capacidad mediante la compra de otra unidad generadora.

Esta alternativa, según estudios hechos por técnicos contratados por el Comité de Acción Cucuteña, señalaba que, a pesar del ensanche propuesto, el nuevo equipamiento sería insuficiente para satisfacer las exigencias  de la capital nortesantandereana  y que esta operación, en lugar de solucionar el problema vendría a agravarlo  y a hacerlo insoluble, según manifestaron algunos de sus líderes “Resulta peregrino pensar que el municipio, después de adquirir el nuevo equipo y cuyo costo será sin duda considerable, vaya a abandonarlo para montar la Central Hidroeléctrica.”

Por su parte, la Gobernación era la más interesa en el desarrollo de la Hidroeléctrica y para demostrarlo, expidió un decreto, en uso de facultades extraordinarias que le había aprobado la Asamblea, mediante el cual aprobaba el traslado de $150.000 del Banco Ganadero, para completar los aportes a la sociedad Central Hidroeléctrica del Río Zulia.

Según el Secretario de Gobierno Departamental Eduardo Silva Carradini, ya se tenían listos todos los requisitos exigidos por las normas de entonces, para constituir una sociedad, que inicialmente se estableció fuera de Responsabilidad Limitada, con aportes distribuidos así, la Nación con el 51 %, el departamento con el 29% y el municipio de Cúcuta con el restante 20%.

La sociedad de responsabilidad limitada se había propuesto, pues se consideraba el instrumento jurídico más adecuado para darle consistencia legal a la asociación de las tres entidades de derecho público. En la correspondiente minuta de constitución se habían definido los estatutos, de manera que lo acordado constituía ley para todos los socios, además para facilitar su normal funcionamiento, se habían establecido fórmulas que procuraban una acertada y eficaz administración, sin sacrificar los derechos de la minoría.

Los estatutos propuestos por el Ministerio, que representaba la Nación, establecían que tanto las modificaciones al contrato social, como la elección del Gerente, se debían autorizar con el 85% de los votos. Esta propuesta no gustó ni al gobernador, que proponía que la proporción para estos casos fuera del 80%, que para los efectos administrativos le convenía suficientemente, pues en compañía de la Nación obtendría fácilmente este porcentaje, ni al alcalde – y menos a los concejales-, que solicitaban que los votos necesarios para la toma de decisiones fuera del 70%, muy conveniente para sus aspiraciones burocráticas.

El hecho es, que por estas peleas intestinas, el proyecto se fue diluyendo paulatinamente. Mientras tanto, el municipio de Cúcuta, compró la Compañía Unida Eléctrica del Norte en 1947 y cinco años más tarde, fundó oficialmente su propia central eléctrica y para enterrar definitivamente el proyecto de la Hidroeléctrica, en 1955 contrató con la Colombian Petroleum Company, el montaje de una planta
térmica en Tibú, con tres unidades que se dieron al servicio en los siguientes siete años y que suministraba electricidad a 30 municipios del departamento.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.