martes, 29 de julio de 2014

607.- SUCEDIA EN EL AÑO 53



Gerardo Raynaud

Las condiciones sociales y políticas colombianas han sido difíciles a través del tiempo. Desde el mismo momento del grito de independencia y aún antes, se tiende a estructurar un Estado que le permita a la Nación obtener los mayores y mejores beneficios de todos sus recursos de manera que los beneficiados sean todos sus pobladores. 

Esto ha sucedido en todos los países del mundo de una u otra manera, así que nuestra situación es totalmente idéntica a la de las demás  regiones y comarcas del mundo; lo que sucede es que todavía no hemos completado el proceso y de ahí a que lo hagamos, esperemos que no falte mucho tiempo.

Pues bien, para esta crónica vamos a ubicarnos en el punto medio del siglo pasado y concluiremos que nuestros problemas no eran diferentes a los mismos de otros países que ya lograron superar esta realidad. 


Haremos un recorrido por nuestras calles, por nuestras instituciones, por nuestros negocios, tratando de retratar el ambiente que se vivía entonces y colegir cuáles eran las realidades y las vivencias en las  que estaban sumergidos nuestros coterráneos.

Empezaremos por decirles que se vivía un tenso ambiente político, razón por la cual, los medios estaban sometidos a un severo control que trataba de vigilar que la situación de calma se mantuviera dentro de los márgenes establecidos, así que cualquier noticia, informe o reseña debía pasar previamente por la mirada inflexible de los censores designados por el gobierno, además, era obligación del medio, informar que su publicación oral o escrita, había sido revisada por la censura oficial y autorizada su publicación.

Y ni qué decir de la censura en los teatros y cines del país, donde se había establecido una Junta de Censura, primero con cuatro miembros y posteriormente ampliada a cinco, donde los párrocos eran los amos y señores, pues tenían dos miembros que se repartían la responsabilidad con las autoridades locales; por la presión de los medios, estos alcanzaron a obtener un puesto en esa Junta, como tratando de suavizar un poco las exigencias; sin embargo, comenzando la segunda mitad del siglo, todavía estaban vedadas las películas en las que aparecían escenas donde presentaban bailarinas ligeras de ropa y danzando ritmos tropicales candentes como la rumba y el mambo. 


En los teatros, se debía indicar en los carteles de las películas, la edad mínima de ingresos, si era para todos los públicos o para mayores de 15  o de 21 años.

A pesar de las dificultades que acarreaba tener que someterse a censuras y controles, la prensa no perdía oportunidades para ‘darle palo’ a las autoridades cuando estas, a juicio de los medios así lo merecía, si no miremos el artículo que le publicaron al alcalde Numa P. debido al mal servicio de aseo en la que se había sumido la ciudad en cierta ocasión.

Como en esta Perla del Norte no faltan los mamagallistas, por entonces, mientras se organizaba el servicio de recolección, ahora llamado de residuos sólidos, algunos “chuscos” pasaban gritando que sacaran los burros, pues la gente ya estaba sacando los cajones de la basura. 


Claro que esto no le causaba gracia a don Numa P. y aprovechando su acceso a los medios, precisamente el día de San José, Patrono de la ciudad, le remitió al director del diario que había publicado la burrada, una nota en la que expresaba su desconcierto por haber escrito un editorial en el que se quejaba del incremento excesivo de los precios del servicio, especialmente para la población de la clase media.

En su respuesta, el alcalde presenta varios ejemplos del aumento de las tarifas y a la vez se pregunta si estos son desmedidos. 


A la empresa Colombian Petroleum Company le estaban cobrando dos pesos mensuales ($2.oo) por recoger la basura y barrerles el frente tres veces por semana; ahora se había decidido subirles la tarifa a veinte pesos ($20.oo), un incremento que parece a todas luces exagerado pero que así lo ameritaba, dadas las condiciones de la empresa y del beneficio que recibía y comparaba lo que sucedía con el Consorcio de Cervecería Bavaria (ubicada en la calle trece entre quinta y sexta) a quienes le recogían “dos camionados” diarios de basura y que le habían subido la tarifa de $200 a $300 preguntando además ¿quién le cobraría a Bavaria $5 por viaje? 

A la clase media, que era el eje de la controversia, el alcalde manifestaba que la tarifa promedio era de tres pesos mensuales ($3.oo), que cada viaje equivalía a diez centavos por viaje y que por lo tanto, no era una cifra que afectara sustancialmente el bolsillo de esos ciudadanos.

Además, se quejaba que el mayor problema era que mucha gente no pagaba el servicio (que se facturaba con el conjuntamente con el del acueducto y que las normas de entonces prohibía la suspensión). 


Agregaba que todas las quejas se estaban atendiendo (como hoy) y que el asunto de la burocracia creciente en la Empresas Municipales no era cierto sino todo lo contrario, pues se había disminuido en 29 puestos de trabajo distribuidos así: 5 en aseo; 7 en acueducto; 3 en el matadero; 7 en las plazas de mercado y 7 más en las oficinas administrativas y que adicionalmente, los sueldos se habían disminuido en un 20%. 

De esta manera, quedaba aclarada la situación del alza de los servicios y el alcalde satisfecho de su gestión.

Mientras esto se discutía, los menos favorecidos luchaban por sobrevivir, por subsistir con los pocos ingresos que percibían y para ello comenzamos a indagar, cómo era la vida del ciudadano del común por los tiempos de la mitad del siglo pasado y encontramos algunos detalles interesantes.

Comenzaban a proliferar las “cocinas populares”, que constituían una solución tanto para quienes las atendían como para quienes las usufructuaban; el problema comenzó a presentarse cuando se fueron extendiendo por las aceras de la ciudad, en una clara invasión de lo que conocemos hoy como el espacio público y como es suponer, no se hicieron esperar las quejas de los comerciante formales y de los habitantes de las viviendas que vieron invadido su acera.

De nuevo se acometió una cruzada para conocer en detalle del problema y de nuevo se le sugirió al alcalde que adoptara el modelo que se estaba implementado en otras ciudades y que se llamaba “los comedores populares”. 


Le proponían que se construyeran unos “kioskos” en determinados puntos de la ciudad para que allí concurrieran, no solamente los obreros y sus familias, sino todas aquellas personas que tuvieran interés en el servicio. 

Le decían al alcalde, que el proyecto se había desarrollado con mucho éxito en la ciudad de Barranquilla y que en otras ciudades intermedias se estaba promoviendo el mismo proyecto, todos en los alrededores de la plaza de mercado, tanto la central como las satélites; claro que el problema de Cúcuta era que no había mercado central, pues éste se había quemado años atrás.

El proyecto de los comedores populares, además de solucionar un problema económico, solventaba el problema higiénico de la preparación y manipulación de los alimentos, pues eran como se dice popularmente, un mal necesario. 


Al alcalde le sonó la idea y comenzó  a promoverlo en las plazas de mercado de los barrios, La Cabrera, Sevilla, El Contento y Rosetal, siendo esta última la de mayores dificultades, por los continuos aguaceros.

Lo que más influyó para que el alcalde  atendiera el llamado urgente que le hacían sus compatriotas, fueron las cifras que arrojó la investigación realizada por los medios, especialmente el Diario de la Frontera, en la que se mostraba la precaria situación de los obreros en la ciudad; el reflejo de esta investigación, muy brevemente esbozada fue la siguiente: el ingreso diario era de $5, es decir  $150 mensuales.

Al desglosar este valor, una familia de cuatro personas gastaba $15 pesos de arriendo mensual en un “barrio para pobres”, $120 en alimentación mensual y los $15 en los demás gastos. 


Sin contar que debían “echar quimba” para desplazarse pues no les alcanzaba para el bus. 

Ante estas cifras, el proyecto comenzó su tortuoso camino hasta lo que conocemos hoy como las cocinas del mercado, que dicho sea de paso, son la expresión autóctona de la gastronomía local, en todas las poblaciones del mundo.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

domingo, 27 de julio de 2014

606.- CUANDO LA ESTRELLA ROJINEGRA...



La Opinión


El 20 de diciembre de 2006 fue una fecha que marcó la historia de los hinchas rojinegros. El Cúcuta Deportivo consiguió, en ese entonces, por primera vez ser campeón del fútbol profesional colombiano, al empatar 1-1 con Deportes Tolima en Ibagué, habiendo ganado 1-0 en el General Santander.

El júbilo invadió la ciudad y las principales calles se vieron atiborradas de aficionados que no querían parar de celebrar.

Esta fue, además de los épicos juegos donde los motilones han hecho vibrar sus hinchas, la mayor alegría para la afición cucuteña, generalmente acostumbrada a ver sufrir su equipo.

Y fue este también el motivo que reunió a los integrantes de la barra La Gloriosa Banda Rojinegra, que celebraron la conquista del máximo trofeo del fútbol colombiano.

En el partido de ida, el 17 de diciembre de 2006 en el General Santander, los rojinegros ganaron por la mínima diferencia con gol del antioqueño Rodrigo Saraz. 


 Ese día Cúcuta jugó con: Robinson Zapata; Braynner García, Wálter Moreno, Roberto Peñaloza, Elvis González; Nelson Flórez, Charles Castro, Jarín Asprilla, Rodrigo Saraz, Macnelly Torres; Blas Pérez. El autor del gol fue Rodrigo Saraz, en el minuto 23.

El Cúcuta Deportivo se coronó por primera vez campeón del fútbol colombiano, sustituyendo al Deportivo Pasto, al empatar 1-1 ante Deportes Tolima en partido de vuelta disputado en el Estadio Manuel Murillo Toro de Ibagué, ante 30 mil espectadores.

Tolima comenzó ganando el partido, con anotación de Yulián Anchico en el minuto 60, pero sobre el minuto 77 MacNelly Torres dio el empate al Cúcuta en una importante jugada colectiva, donde también participó el panameño Blas Pérez.

El técnico campeón es Jorge Luis Pinto, quién al frente del recién ascendido Cúcuta, consiguió ante el Deportes Tolima su primer título en el fútbol nacional antes de tomar las riendas de la Selección Colombia.

El estratega de 54 años había salido campeón en el balompié de Perú y Costa Rica, pero le faltaba ser profeta en su tierra.

Contra los pronósticos, Pinto llevó al Cúcuta a la final del torneo Finalización tras completar la mejor campaña a lo largo de la temporada regular.

Todo esto bajo el liderazgo de jugadores referentes como Macnelly Torres, Róbinson Zapata y el panameño Blas Pérez.

El goleador de Cúcuta con 9 conquistas en el segundo semestre del 2006 fue el delantero panameño Blas Pérez, de amplio recorrido en Colombia. Jugó en Envigado, Centauros en la Primera B y fue campeón en el segundo semestre del 2005 con el Cali. 

Por su parte, el autor del gol en el partido de vuelta, Macnelly Torres, disputó 93 encuentros con la camiseta rojinegra entre el 2006 y 2008, de los cuales marcó 11 tantos. Hoy ídolos de toda la afición. 2008, de los cuales marcó 11 tantos.

Hoy ídolos de toda la afición.

Tolima, dirigido por Jorge Luis Bernal, fue invencible en su estadio Murillo Toro de la ciudad de Ibagué, pero no logró la esperada segunda estrella, en tanto que para los motilones, ávidos de gloria, fue la primera en 56 años de vida.

Estadísticas:

Partidos jugados: 159
Partidos Empatados: 57
Triunfos del Cúcuta: 49
Triunfos del Tolima: 53
Goles anotados del Cúcuta: 219
Goles anotados del Tolima: 196
Puntos ganados del Cúcuta: 100
Puntos ganados del Tolima: 109

Alineaciones:

Deportes Tolima:

Arquero: Agustín Julio
Defensas: Gerardo Vallejo, Hilario Cuenú, César Vásquez y Darío Alberto Bustos
Volantes: Emir González, Yulián Anchico, Juan Carlos Escobar, John Jairo Charria
Delanteros: Carlos Darwin Quintero y César Rivas.
Director Técnico: Jorge Luis Bernal

Cúcuta Deportivo:

Arquero: Róbinson Zapata
Defensas: Braynner García, Wálter Moreno, Pedro Portocarrero, Joé Luis Raguá
Volantes: Nelson Flórez, Charles Castro, Macnelly Torres, Roberto Bobadilla (Carlo Henry, 63´)
Delanteros: Blas Pérez, Jarín Asprilla (Rodrigo Saráz 25´PT)
Director Técnico: Jorge Luis Pinto
Goles: Yulián Anchico-Tolima (60´), Macnelly Torres-Cúcuta (77´)
Arbitros: Central: Jorge Hernán Hoyos (Caldas). Asistentes: Eduardo Botero (Caldas) y Humberto Clavijo (Meta)
Estadio: Manuel Murillo Toro de Ibagué, al que asistieron 30 mil espectadores.

Para muchos aficionados, en 2013 el recuerdo de la conquista del título fue la única celebración que tuvieron en un año negro para el Cúcuta Deportivo, quizá el peor de su historia, pues al final terminó  perdiendo la categoría.

Lejos de ese brillante equipo que se formó en 2006 un año después de lograr el ascenso, la ciudad fue parte de uno de los momentos más tristes que le ha tocado vivir con el equipo: el regreso nuevamente a la ‘B’.

El 2013 fue, verdaderamente,  para el olvido en materia de resultados futbolísticos para el Cúcuta, pero además un año para que la nueva dirigencia del cuadro motilón tenga en cuenta lo que pueden ocasionar las malas decisiones y, principalmente, sobreponer los intereses particulares sobre los de toda la afición.

No obstante, siete años después de vivir esa época dorada en la primera división y en la Copa Libertadores, los hinchas rojinegros estarán alentando al equipo como cada tarde, en el General Santander.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

viernes, 25 de julio de 2014

605.- CUCUTA DEPORTIVO ERA UN SALTO A LA GLORIA



La Opinión


La gran mayoría los impulsaba la vanidad o, más exactamente, la gloria de pertenecer a un equipo profesional, en momentos en que el fútbol era herramienta imprescindible para el prestigio de un país que se refugiaba en el balompié como remedio a los malos tiempos de la violencia política y la dictadura.

También Cúcuta, con menos de 200.000 habitantes, se preciaba de estar en las ligas mayores del fútbol colombiano. 


Al fin y al cabo aquella pequeña -pero pujante ciudad fronteriza- hacía parte de aquel puñado de capitales que podían jactarse de tener en la nómina de su club más jugadores extranjeros que cucuteños. 

De hecho, dos o tres constituían el número máximo de futbolistas del departamento integrados en la plantilla del Cúcuta Deportivo.

Para estos últimos, jugar en el equipo les deba un rango social que para nada les sentaba mal. Aupados solo por la prensa y la radio, los futbolistas profesionales en los años 50 eran semidioses del Olimpo, auténticos fenómenos de masas tanto o más que las fulgurantes estrellas multinacionales del balompié mundial de hoy.

Algunos creyeron que nada de eso acabaría un día. Otros, con los pies en la tierra, previeron que el dinero conseguido en las canchas no sería nunca suficiente para un futuro sin sobresaltos. 

Al final, cada quien, como era natural, tomó un camino que 50 años después permite volver la mirada a lo construido por hombres como Rolando Serrano, Juan ‘Chalamú’ Barbosa y  ‘El Perro’ Juan Gámez Osorio, por citar solo algunos de los hombres que en 1950, dos años después del inicio del fútbol profesional colombiano, iniciaron una carrera que tendría en el salto al Cúcuta Deportivo un momento estelar en la historia de la ciudad.

No fueron los únicos. En esa legión de jugadores de la región estuvieron entre otros Luis Eduardo ‘Gallito’ Contreras, quien salió campeón con el Santa Fe, Pedro ‘Cajurra’ Díaz, exjugador de Millonarios, quien estuvo de ir a jugar con el Real Madrid de España, Pablo ‘Tarzán’ Mendoza, Marcos ‘Gorilo’ Ortiz, ‘Terremoto’ García y Roberto ‘El Churco’ Serrano, hermano de Rolando.

ROLANDO SERRANO

 

Si alguien se puede llevar el título de campeón mundial de locuras ese es José Rolando Serrano Lázaro, el único futbolista nortesantandereano hasta el momento en disputar un mundial de categoría única: 

Chile 1962, con la selección Colombia, que dirigió el argentino Adolfo Pedernera.

“El loco” como aún le llaman, nació en Pamplona, el 13 de noviembre de 1938.  


Debutó con el Cúcuta a los 17 años frente a Santa Fe, marcando un gol a ‘Manolín’ Pacheco. Pese a ello fue descartado  por la edad, lo que le llevó luego a vincularse al equipo de la Colombian Petroleum Company (Colpet), para regresar dos años después a las toldas del equipo motilón.

Se casó, a escondidas el 24 de octubre de 1957, en la iglesia de San Luis, con Myriam Celina Navarro,  con quien tuvo seis Claudia, David, Nancy, Rolando, Adriana y Laura. La primera nació en Cali, David en Barranquilla y los otros en Cúcuta.

“Rolando era el campeón del desorden, a los seis meses ya me quería separar. Le gustaba la parranda, tomar trago, jugar billar, a veces no iba a entrenar, pero era muy buen jugador”, cuenta su esposa, quien más de 5 décadas después se muestra “segura” de aquellos devaneos del pamplonés de su vida.

“Al final tuve paciencia y resignación porque comprendí que así era él y no podía cambiar su forma de ser. El presidente de la Liga de Tejo, Reinaldo Mantilla Roa (q.e.p.d), que nos conocía bastante, un día me condecoró con la medalla del aguante”, señaló, quien fuera jugadora de baloncesto.






CUCUTA DEPORTIVO 1959.- De pie de izquierda a derecha: Roberto Serrano, Ever Martín Cativiela, Gonzalo Escolar, Lauro Rodríguez, Ferrari, Rolando Serrano, Julio Terra, Arturo Solórzano, Valerio Delatour, “Chucho” Hernández, Hincados en el mismo orden: Hilario López, Vásquez, Luís Miloc, “Alpargate” Ramírez, “El Campeón” Zapirain y “Canino” Caicedo.

En 1961 Rolando Serrano se fue con su maleta de sueños al equipo América de Cali. 

Posteriormente  se enfundaría las camisetas del Unión Magdalena, Millonarios, Atlético Junior y Tiquiri Flórez (Venezuela), para cerrar  su campaña en el cuadro que le dio la oportunidad en el profesionalismo, del que fue además entrenador.

Entre sus recuerdos, el más nítido de aquella época se remonta a los preparativos del Mundial de Chile, cuando la selección jugó en México varios partidos de fogueo. 


Y, de nuevo, la rumba fue la causante de sus problemas. No contento con escaparse de la concentración, Rolando no solo se dirigió a la plaza Garibaldi a escuchar rancheras sino que en un acto osado regresó con un mariachi al cuartel general de la Selección Colombia.

Las consecuencias, por supuesto fueron severas: fue excluido de la nómina que jugó el primer partido de la Copa Mundo, en la ciudad de Arica, ante Uruguay, un encuentro que Colombia perdería 2-1.

Aun así, y cuando todo parecía perdido en el minuto 45, en el partido en el que Rusia derrotaba a Colombia 4 a 1, Rolando, a los 24 años, fue titular del célebre plantel en aquel mítico partido en el que nuestro país logró un angustioso empate a 4 goles en el segundo tiempo del encuentro.

A sus 75 años, Rolando todavía se acerca a las canchas de San Eduardo y el Colsag a compartir con los amigos recuerdos, travesuras, contar anécdotas, chistes y a tomarse  un par de copas.

“El médico me advirtió que tomara o no trago siempre me iba a morir, luego para qué me voy a castigar”, dice de manera coloquial.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.