sábado, 20 de enero de 2018

1250.- NIÑEZ Y JUVENTUD DEL PADRE GARCIA-HERREROS



Antonio García-Herreros Unda (Sabatina Nº 27, agosto 1983)


´Rafael da mucha guerra´ era la queja que le oía a mi madre durante la niñez y la juventud del padre García-Herreros.

(…) En casa era orden inquebrantable, infrangible, inexorable, impostergable, como todas las órdenes de mi padre, que debíamos estar en la casa a más tardar a las seis de la tarde, a la hora de la comida; inmediatamente después nos mandaban a acostar… A orinar en la mata de uvas y a acostarnos.

Rafael se había ido con Víctor González Berti a elevar una cometa en la Piedra del Galembo y llevaron una cometa polígona de más de tres metros. Estaba en manos de Rafael la gruesa cuerda, y muy elevada la cometa, que rugía con el ¨bramador¨, cuando Rafael soltó la cuerda y salió corriendo cerro abajo, hasta llegar a la casa asfixiado cuando el reloj  campaneaba las seis de la tarde.

La cometa, la más grande que se había construido en el barrio, se perdió ante la impotencia de Víctor González que la vio alejarse y cabecear en lontananza sin poder rescatarla.

Nosotros éramos vecinos de los Hernández y las dos casas colindaban por los solares por donde pasaba la toma pública. En la toma se bañaba Carmen Hernández con ´chingue´ de una popelina roja con floretes negros que se pegaba a su escultural cuerpo. Yo me confesaba con el padre Santamaría cada vez que la miraba ´enchingada´.

Rafael y Pedro Hernández inventaron un ¨cable aéreo¨ como de cincuenta metros, amarrado al Mango de los Hernández y al Guásimo de mi casa, que pasaba dos metros por encima de las paredes.

En ese lazo iba colgado de una polea un cajón que nos transportaba del Mango al Guásimo y del Guásimo al Mango. Yo llevaba ´atuchada´ a Solita Hernández, quien era una niña y la metía al cajón.

´Rafael da mucha guerra´ no se ha matado con esa indormia porque Dios es muy grande´ decía mi madre.


En 1924 entró al Seminario de Pamplona regentado por los padres Eudistas, llegados a Colombia en 1883. Un día el padre superior le pidió a mi padre que ´mandara por Rafael porque no lo resistía´. Mi padre viajó a Pamplona y le advirtió a Rafael que ´si no quiere estudiar lo meto al cuartel´.

Rafael aprendió varios idiomas, se graduó en Filosofía en la Universidad Gregoriana de Roma y en Sociología en Friburgo, Suiza, y fue profesor en varios seminarios regentados por Eudistas.

Un día, por iniciativa propia, fue al colegio Gremios Unidos cuando era hasta pecado caminar por ese andén, y le propuso al rector que le dejara dar clases de religión a fin de que el párroco levantara la prohibición y ganara la ciudad un buen colegio, pero solo consiguió el discurso del párroco por tan insólita visita.

´Es que Rafael da mucha guerra´. 

Cuando el conflicto con el Perú, le escribió al general Alfredo Vásquez Cobo, ofreciéndose como voluntario, y le solicitó al padre superior de los Eudistas el permiso correspondiente para viajar a Leticia.

Se hizo los exámenes médicos, pero se malograron sus deseos porque se hizo la paz antes de que llegara el permiso solicitado.

Otra vez lo acompañé hasta La Gabarra, sobre el río Catatumbo, pues tenía la intención de subir en canoa hasta caño Brandy, donde quedaba un reducto de motilones indómitos hasta entonces.

Yo no lo acompañé arriba de La Gabarra, por lo que había oído a los colonos de Puerto Barco, que no se atrevían a subir por el río desde allí, y porque jamás he sentido afición al heroísmo, ni al martirio, ni a la santidad. Me he acompañado en la mediocridad como Manuel Vega Caicedo.

Como Rafael me ofreció volver ese mismo día, o por la noche a La Gabarra, esperé hasta el otro día cuando regresé a Cúcuta y le pedí angustiado al padre Jordán, que hiciera algo para buscar a Rafael.

El padre Jordán me comentó, ´Es que Rafael es muy loco´.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V. 

viernes, 19 de enero de 2018

1249.- EN 1967 LLEGO EL PRIMER JET A CUCUTA



La Opinión

Primer jet que llega a Cúcuta.

El 30 de septiembre de 1967 llegó a Cúcuta el primer vuelo de un avión tipo jet de Avianca al aeropuerto Camilo Daza, en el que venía a bordo el entonces presidente de Colombia, Carlos Lleras Restrepo, junto con su comitiva.

Sobre la 10 a.m. la areonave tocó tierras fronterizas para una larga jornada en la que participó Lleras Restrepo con algunos importantes directivos de la ciudad y el departamento.


También, la inauguración del Sena en uno de sus centros técnicos y comerciales, sería uno de los actos más importantes de la visita presidencial.

El martes 12 de septiembre, este medio de comunicación anunció que la pista donde aterrizó el avión tipo jet “Santander” estaba lista para recibir la aeronave.


Sin embargo, la inauguración de esta pista quedó para diciembre del mismo año con el fin de que las personas naturales pudieran hacer estos vuelos Cúcuta-Bogotá.

Para ese entonces, el fundador del Diario La Opinión y alcalde de Cúcuta de turno, Eustorgio Colmenares Baptista, declaró por medio de la Resolución 084 de 1967, huésped de honor de la ciudad al ex mandatario colombiano.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

miércoles, 17 de enero de 2018

1248.- PIONEROS EN CORREOS PRIVADOS



Gerardo Raynaud

Siempre he sostenido que el terremoto de 1875 fue más una oportunidad aprovechada que un desastre que lastimosamente produjo víctimas que luego de llorarlas las recordamos con añoranza. Por razones como esta, los adelantos tecnológicos del momento pudieron asentarse en nuestro terruño. 

La energía eléctrica con su alumbrado público desplazaron las anticuadas lámparas, primero de aceite y luego de un derivado del petróleo que llamaron “luz América”, los teléfonos que permitieron reducir el aislamiento a su mínima expresión, así como la creación de las líneas férreas que con sus locomotoras y vagones trasportaban pasajeros y mercancías en tiempos muy reducidos considerando las limitaciones de la época, ferrocarril que es bueno recordar no fue el primero, ni siquiera el segundo del país sino el tercero.

Cronológicamente hablando, el de Panamá en 1855, luego el ferrocarril de Bolívar en 1871 y en 1888, el 30 de junio, el ferrocarril de Cúcuta.

Pero en términos de comunicaciones es conveniente incluir otro aspecto que muy poco se ha comentado en el ámbito regional y que Cúcuta fue una de las pioneras en Colombia, el servicio de correos privados.

Desde el inicio de la civilización, la necesidad de comunicarse entre sí, fue siempre una de las principales prioridades para los humanos. Esa necesidad hizo que se crearan variados métodos para contactarse, no sólo entre ellos, sino también con las fuerzas de la naturaleza o los dioses y sus misteriosos mundos, mucho antes de la invención de la escritura.

Siempre se buscaba la forma más rápida, oportuna y eficiente de lograr una comunicación, y a partir de este concepto comenzaron a desarrollarse formas que fueron evolucionando hasta llegar a lo que hoy conocemos como el correo instantáneo.

Antes del descubrimiento de América, las entonces potencias o imperios, sólo habían manejado las comunicaciones, digamos, terrestres. Sumerios, egipcios, fenicios, hebreos, arameos, chinos, griegos y romanos, entre otros conocidos del viejo mundo, así como los incas y sus “chasquis” en América, crearon sus propios y originales sistemas de “correos”, unos más eficientes que otros, sin embargo, cuando España y Portugal se vieron frente al reto de establecer sistemas de comunicación que les permitiera el control de sus posesiones de ultramar, se vieron obligados a crear sistemas administrativos que posibilitaran controlar personas, territorios y riquezas al otro lado del océano.

Por ello, la organización de los correos resultó determinante para la eficiente gestión de las colonias, así fuera que la divulgación de las leyes y demás decisiones tardaran en llegar entre seis y diez meses, no así las cartas ordinarias que entre Santafé y Cádiz o viceversa podían tardar entre 12 y 18 meses, si es que llegaban algún día.

Así pues, las rutas de correo en el Imperio Español, se prolongaron desde el siglo XVI y terminaron a finales del XIX, a medida que las colonias se fueron independizando. A partir de entonces cada nueva nación estableció su propio esquema de correos.

Durante la primera década de 1800, el correo oficial de ultramar había desaparecido prácticamente y la circulación de rumores y falsas noticias generaban una sensación de caos, no había manera de saber lo que sucedía en la madre patria, en esos días invadida por Napoleón, sin embargo, las cartas no dejaban de circular, pues lo hacían en los navíos ingleses y franceses que llegaban a los puertos del Caribe.

Entre 1810 y 1815 los gobiernos provinciales  lograron establecer sistemas de correos mediante postas militares, enviados especiales y el servicio de correo que sobrevivió a muchas adversidades.

Los nacientes estados regionales (Cundinamarca, Antioquia, Santander, etc.) lograron  mantener el sistema de circulación no solo de noticias y correspondencia sino de caudales, especialmente que eran procesados en la Casa de Moneda de Santafé.

Establecido el estado republicano, una de sus primeras medidas consistió en establecer la franquicia postal para los impresos nacionales y extranjeros.

A pesar de los múltiples fraudes, el sistema postal del país mantuvo su reglamentación basada en las normas que habían regido el correo español de finales del siglo XVIII. Hasta 1865, fecha de la llegada del telégrafo, el gobierno se encargaba de organizar y vigilar el sistema postal, establecer rutas de correo, su regularidad y los costos del porte.

Por las características topográficas del país, el acceso a destinos remotos no era fácil así que para sortear la geografía y llevar la correspondencia cada vez a más lugares, el propio Estado subcontrataba con empresas particulares, por tiempo determinado a compañías privadas para que trasportaran la correspondencia nacional.

El rápido avance de las ferrovías, carreteras y rutas de autobuses, permitió que más zonas se insertaran a la economía, no así los sistemas de correspondencia y paquetería, lo que originó la aparición de otras formas de trasporte más rápidas y eficientes que las que el gobierno ofrecía.

Entre estas, el Correo del Comercio, una empresa creada, en 1890, de “motu proprio” por los comerciantes de Cúcuta, quienes colaboraron con el gobierno de Venezuela para que las comunicaciones mutuas se mejoraran y tuvieran una adecuada organización.

Se lee en uno de los informes que rendía la Cámara de Comercio de Cúcuta al Ministro de Industria que, “desde tiempo inmemorial, el comercio de Cúcuta, se hizo cargo del correo por Maracaibo, subvencionando en un principio este servicio, a fin de obtenerlo expreso.”

La ruta utilizada era la de Puerto Villamizar y Encontrados. También se manejó, desde 1922, la ruta del Ferrocarril del Táchira y desde San Antonio hasta Cúcuta, el Ferrocarril local. Cuando los problemas de navegación del rio Zulia se hicieron manifiestos, la nueva ruta se le otorgó al Ferrocarril.

El Correo del Comercio no imprimió estampillas sino que utilizaba un matasellos sobre las estampillas de correo nacional.

Durante la época de la Guerra de los Mil Días, la Junta Revolucionaria de Cúcuta, dirigida por los liberales insurgentes, emitió sus propias estampillas y utilizaba su matasellos sobre las estampillas nacionales y sobre algunas emisiones regionales. Estas últimas fueron utilizadas aún después del conflicto, dado el desorden que se presentó por la falta de recursos para reemplazarlas.

El Correo del Comercio fue asumido por la Cámara de Comercio en 1915, una vez reglamentado su funcionamiento.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 15 de enero de 2018

1247.- CUCUTA Y EL MAR CARIBE



Guillermo Maldonado Pérez



Asistí como invitado a la reciente Fiesta del Libro de Cúcuta (2017), cuyo lema general fue “Encuentros con el Caribe”. El tema convocó, naturalmente, a notables representantes de la costa norte. Di a mi participación el título de “El Caribe: mar literario”, tema inscrito bajo el signo de la celebración de los 50 años de la aparición de Cien años de soledad. La presente es una síntesis de la parte que se refiere a Cúcuta y su relación con el Caribe.

Como oriundo de la región sede me pareció pertinente unirme al tema, pues Norte de Santander no solamente colinda en gran medida con tierras de Macondo, y con Venezuela en toda su extensión oriental—país caribe del cual hemos recibido notable influencia—, sino porque Cúcuta y su región pertenecen en sí mismas al área del Caribe.

Es algo que se siente fácilmente; la antigua relación con Maracaibo, por lógica geográfica y vínculos históricos, culturales, comerciales, así lo atestiguan. Incluso desde antes de la llegada de los españoles, los nativos motilones —de nación caribe— hacían su comercio en canoas por los ríos Zulia, Pamplonita y Catatumbo, hasta el lago de Coquivacoa y viceversa.

Vías fluviales que durante los siglos XVIII y XIX permanecieron vigentes y marcaron la época dorada del comercio cucuteño —cacao y café—, con los mercados norteamericanos y europeos.

Es la llamada región zuliana; durante dos siglos que precedieron a la fundación de Cúcuta, la capital jurisdiccional de la comarca fue Nueva Pamplona, ciudad que se constituyó como base en la exploración del camino a la culata del Lago de Maracaibo; el encuentro de las minas de oro en Páramo Rico frenó el proyecto, retomado más tarde con las avanzadas de los capitanes Juan Rodríguez Suárez y Juan Maldonado que fundaron las ciudades de Mérida y San Cristóbal, respectivamente.

Los primeros habitantes de Cúcuta comprendieron desde el comienzo que la ruta natural para el comercio regional era la vía a Maracaibo; mediante cobro de peajes construyeron un carreteable hasta el puerto de San Buenaventura, después llamado Puerto Villamizar; ya en el siglo XIX, después del terremoto que asoló la ciudad, cucuteños visionarios construyeron el Ferrocarril que iba hasta el puerto mencionado, por donde empezaron a sacar sus productos al mar: cacao, café, etc.; de vuelta, por obvias leyes de mercado, llegaron toda clase de mercancías que dieron fama al comercio local y sus almacenes de prosapias legendarias.

En aquellos tiempos para ir a Maracaibo, el viajero debía tomar el ferrocarril, que en un primer trayecto de unos cincuenta kilómetros lo conducía a Puerto Villamizar, donde podía hacer conexión con el ferrocarril del Táchira, que a su vez lo llevaba a Encontrados; allí barcos de vapor lo transportaban por  el río Catatumbo al Lago, y luego en embarcaciones de mayor calado a Maracaibo.

Entre varios testimonios que existen al respecto, hemos escogido  fragmentos de un diario de viaje de tres pamplonesas —tía y sobrinas adolescentes— al Caribe en 1890, dada su espontaneidad y viveza descriptiva:

Día 15. Tomamos enseguida el tren que debía conducirnos al puerto. Allí después de un magnífico  almuerzo a bordo del vapor América, descansamos y salimos a las tres de la tarde. Si el tranvía nos causó tan grata impresión, cómo sería la vista de un vapor!...

Día 16. Habiéndonos encontrado la madrugada de este día con el vapor anclado aguardando El Uribante que debía conducirnos a Maracaibo, aprovechamos la demora para dirigir un saludo a La Vega y Pamplona.

A las tres de la tarde fuimos sorprendidas por el espectáculo más imponente que suponerse puede. El Uribante con toda su majestad y belleza se dejó ver anunciando nuestra próxima salida…

Día 17. A las cinco de la mañana salió nuestro El  Uribante con la velocidad acostumbrada y a las tres de la tarde fuimos sorprendidas por la vista de la inmensa laguna… Momentos antes de perder de vista la tierra, vimos varios caimanes a los que viajeros les hacían disparos…

…Al oír anunciar la entrada a la laguna, creímos ver aparecer el triple de la de Cácota; pero ¡oh, sorpresa!… Imposible dar una idea de la inmensidad de este lago. El cambio repentino de las aguas amarillas que traíamos, con las que nos esperaban verdes y cristalinas como las esmeraldas, fue otra impresión que nos sorprendió vivamente.

Día 18. A las cinco de la mañana anuncia el vapor con su campana la llegada a Maracaibo. (Del diario de viaje de Virginia, Carlota y Anita Hernández a Nueva York, en 1890).

Hoy se puede ir a Maracaibo  en 24 minutos en avión, y por tierra en tres horas (?), que es la misma distancia que hay entre Valledupar y Barranquilla.

¿Qué es la región zuliana?

 “Se denomina así el territorio que abarca el occidente venezolano y el oriente de Norte de Santander, que comparten la cuenca del Lago de Maracaibo, surcada por ríos navegables que históricamente han servido como rutas que conectan el interior de la región con el mar (Jaime Pérez López ”Colombia y Venezuela”).

La expresión cucuteña “nostalgia de mar” alude a la frustración y al aire caribeño que caracteriza a la ciudad. En el período geológico secundario la región fue un mar dulce, que se redujo al Lago de Maracaibo.

Al disolverse la Gran Colombia, los nuevos límites impuestos le cerraron a la región su vocación marítima.

Tres intentos hizo Norte por vencer la gran muralla de la cordillera oriental y conectarse por el río Magdalena: carretera, tren y cable aéreo. Los tres fracasaron.

Quedó el aire diáfano, la transparencia de su luz constante y el argumento supremo de la poesía que disuelve límites impuestos por los poderes terrenales.

Un amigo que de niño leyó las aventuras del Corsario Negro, de Salgari, me contaba de su maravillosa sorpresa al descubrir que la novela sucedía en Maracaibo, ciudad de donde era una de sus abuelas, llegada a Cúcuta en el siglo XIX; en su casa, como en otras, era usual oír de Maracaibo, y de Curazao, nombres casi mitológicos que le resultaban tan familiares como si quedaran cerca, tal vez un poco más abajo, siguiendo el curso del Pamplonita.

No se equivocaba; en un revés de su aventura novelesca, el Corsario se refugia en la selva cercana, que no podía ser otra que la del Catatumbo. (“¡Maracaibo, Maracaibo, has sido  cruel conmigo y yo lo seré para ti!”). Al chico de la historia se le hizo fácil, pues, ir al río todos los días, porfiado en que en cualquier momento vería entrar el navío del Corsario Negro, con su bandera pirata ondeando en lo más alto.

Parece garciamarquiano el cuento, sobre todo porque es contado por un adulto a través de los ojos del  niño que fue —los niños son los únicos seres capaces de vivir con naturalidad mundos fantásticos—, como sucede con el narrador de Cien años de soledad; la mención de la gran novela caribeña, aparecida en 1967, nos lleva al tema propuesto, el Caribe: Mar literario.

Descrito como mar abierto, el Caribe aparece, sin embargo, rodeado de las costas continentales y de islas e islotes que lo acotan como un escenario de agua azul, en donde ha ocurrido toda la historia. Abarca desde el sur de la Florida, el Golfo de México, América Central, las islas mayores, y desde la desembocadura del Orinoco —donde Daniel Defoe ubicó la isla de su Robinson Crusoe— hasta el Darién, en tierra colombiana.

No escasearon en épocas pasadas opiniones adversas, desmedidas, contra la costa Caribe, pronunciadas por intelectuales y políticos del altiplano, que  consideraban a gentes de la región  como  casi bárbaras, sin capacidad de creación y nula capacidad intelectual.

Es parte de la tradicional mirada desdeñosa que desde su atalaya capitalina, ciertas élites suelen otorgar a la provincia colombiana. ¿Qué podían decir hoy de una región que ostenta siete premios Nobel de Literatura? William Faulkner, el gran novelista del Sur, Octavio Paz de México, país en gran medida caribeño; Miguel Ángel Asturias, de Guatemala, Saint John Perse, gran poeta francés nacido en Guadalupe; Derek Walcot, Homero del Caribe, poeta de lengua inglesa, Nacid en Santa Lucía; V.S. Naipul, nacido en  Trinidad; y Gabriel García Márquez, nuestro Nobel, en 1983.

García Márquez dijo una vez que solo había escrito sobre una pequeña región del Caribe colombiano.

Gerald Martin, en su estupenda biografía del Nobel, define el área: “La verdadera región en torno al pueblo literario de Macondo es la zona norte del antiguo departamento del Magdalena, que va de Santa Marta a la Guajira, por Aracataca y Valledupar”.

Pequeña región del mundo que inspiró Cien años de soledad, cuya magia primordial no solo reside en sus maravillosas historias, sino en la invención de un lenguaje, único e imprescindible.

Desde el umbral de dos mundos fantásticos, los Andes y nuestro Caribe de la olvidada región Zuliana, celebramos con alegría los 50 años de la  aparición de la gran novela caribeña y universal.


Recopilado por: Gastón Bermúdez V.