miércoles, 24 de agosto de 2016

990.- MELQUIADES RANGEL QUIÑONES, uno de Los Tres Grandes



Isabel Cristina Rangel Gamboa

Melquiades Rangel Quiñones

Nació el 8 de enero de 1923 en Villa del Rosario, en Los Patios, entonces corregimiento, sus padres fueron Felipe Rangel y Sofía Quiñones, abuela paterna Ninfa Rangel y abuelos maternos Exequiel Quiñones y Aquilina Maldonado, sus hermanos fueron Nicolasa, Óscar, Carmen Sofía, Victoria, Alejo, Reyes y Jorge.

Fue bautizado el 8 de mayo de 1924 en la Parroquia Nuestra Señora del Rosario, por el Pbro. Marco A. Mora M., sus padrinos Ismael Lara y Anaís Díaz. En la finca de sus padres, “Montebello”, donde se construyó la actual urbanización Montebello, pasó su infancia.

En enero de 1944 el béisbol seguía “subiendo”: En la cancha de Carora se jugaban torneos muy animados con madrinas, barras, murgas y bazares. Los equipos Alfa, Carora, Buenos Aires, Salón Blanco y Tachirense tenían sus fanáticos y los mejores jugadores eran Melquiades Rangel, Ignacio Vargas, Víctor Maravia, Koop, ‘Boy’ Rojas y Pablo Granados, liderados por Tomás Arrieta, se enfrentaban con las “novenas” fronterizas, como Los Grandes del Norte.

En sus conversaciones recordaba a Tomás Arrieta, Carlos ‘Petaca’ Rodríguez, Pedro ‘Chita’ Miranda. Jugaba también en el equipo de la Guardia Nacional en San Cristóbal, tenían una adaptación de la canción: “tengo un sombrero de guama, una bandera, tenemos peloteros de fama nacional”.

Jugaba en la posición de campo corto que requiere gran agilidad y reflejos, irradiaba mucha energía alentando constantemente al equipo. En casa escuchaba los juegos en el radio trasoceánico, sabía muy bien combinaciones de las jugadas.


El almacén Los Tres Grandes

En la década del cuarenta la plaza de mercado de Cúcuta era, si no la mejor, una de las mejores que había en el país, su construcción y dotación abarcaba la manzana comprendida entre las calles once y doce entre avenidas sexta y séptima. Estaba ubicada en el corazón de Cúcuta y era el sitio de reunión de la comunidad.

Se abría al público cuando empezaba el día y se cerraba a las cuatro de la tarde. Las gentes que tenían allí sus puestos de venta eran las más conocidas de la localidad. Fue un lugar símbolo de la época, construida por mandato del concejo de Cúcuta y dada al servicio en 1904.

El 21 de mayo de 1949 un incendio la destruyó totalmente, dejando cientos de damnificados a quien nadie ayudó. Comerciantes destacados fueron afectados como Marino Vargas, Ernesto Corzo, Luis A. Medina, Víctor Manuel González y Melquiades Rangel.

Melquiades Rangel, Belisario Rodríguez y Antonio Castrillón conformaron la Sociedad “Rodríguez Rangel & Cía. Ltda.” Le compraron a la Sra. Ana Teresa Arapé Vda. de Gamboa, posteriormente su suegra, el local “La Canastilla” ubicado en la Calle 12 entre Avenidas 5° y 6° #s 5–57, 5–59, 5-61; el cual llamaron Almacén “Los Tres Grandes”.

Los venezolanos venían a Cúcuta entre finales de los cuarenta y principios de los ochenta con dos claros objetivos: de compras y a “parrandear”; por ejemplo, el presidente Rafael Caldera, a quien atendió personalmente el 24 de septiembre de 1962.

Melquíades atendiendo al doctor Rafael Caldera en 1962

Los Almacenes de más prestigio una vez cerrado el Rívoli de don Tito Abbo, quien se mudó a Maracaibo y que posteriormente sería el Almacén Ley, eran Los Tres Grandes en la calle 12 y el Lecs sobre la avenida Quinta al igual que La Corona.

Desde muy pequeño conoció y valoró el trabajo del comercio como fuente de ingresos y dominó las artes de la seducción en la venta, el lenguaje florido, el detalle oportuno, que lo convirtieron en un vendedor imbatible que consolidaba el gana-gana en la negociación con el cliente.

Compartió ese conocimiento con todas las personas y ahora gran parte de sus “hijos, sus negritos, sus arrastradores de la Calle 12” quienes conocieron y entendieron su lenguaje particular forman la generación de relevo en el comercio cucuteño: en cada uno de sus corazones sembró amor, alegría, fue su maestro y su amigo.

El 30 de Noviembre de 1950 en la iglesia de San Antonio de esta ciudad contrajo matrimonio con la señorita Ana Cristina Gamboa Arapé hija de José Agustín Gamboa Rueda y Ana Teresa Arapé, la ceremonia la celebró el Pbro. Manuel Alvares.

Su vida fue el amor al trabajo calificado como un excelente vendedor, amaba su trabajo despertaba en él naturalmente esa alegría, que emanaba espontáneamente de su corazón disfrutando el arte de vivir intensamente, dejando una cultura comercial, se auto-llamaba el “Alcalde de la Calle 12” y representó una raza de comerciantes que gestaron el desarrollo de la ciudad.

En el día de su matrimonio con Ana Cristina

Utilizaba expresiones alegres en su actividad comercial como: “dale camino”, “usted no la agarra”, “qué te pasa negrito”, “dale plan y pa’l cuartel”, sus anécdotas, el lenguaje calé, el manejo de la clave “Hermanitos” quedarán en nuestro recuerdo, en nuestro corazón y en la cultura comercial de Cúcuta.

El 4 de Agosto de 1984 el Club de Cazadores S.A. lo exaltó como Socio Honorario.

A nosotros sus hijos Isabel Cristina, José Melquiades (Q.P.D.), Felipe Agustín, Doris Teresa, Juan Carlo y Selma Soraya nos educó con su ejemplo de vida.

Era un hombre de palabra, responsable, nos enseñó el amor al trabajo; era comprensivo, alegre, con gran calor humano, sencillo; sus principios éticos, morales, religiosos y sociales fueron pilares que nos inculcó en el diario trajinar; su ejemplo ha quedado como patrimonio moral de la familia y sus hijos tenemos el deber de enaltecer su nombre, porque cumplió el principio universal del bien que Dios sembró en los corazones de los seres humanos.

Una de sus grandes obras fue su valioso aporte a la construcción de la iglesia de San Martin de Porres ubicada en la Avenida 9a. # 2-12, barrio Callejón. Su predilección por los tangos y las milongas la disfrutaba los domingos en sus amenas manos de dominó, donde demostraba su mente despierta y vivaz. Se destacó por su alusión de los difuntos, a quienes prodigó especial devoción teniendo un altar en la casa.
 
Melquíades Rangel Quiñones compartiendo con sus amigos Justo Calderón y Ciro Téllez

Fue un hombre muy bueno de palabra, íntegro y transparente, de valores cristianos que consolidó en un matrimonio feliz con Ana Cristina a quien amó, respeto y valoró, consolidando una bella relación de 50 años, los cuales cumplieron el 30 de Noviembre del 2000; sus hijos, nietos, nueras, yernos y familiares se reunieron en una eucaristía para la renovación de sus votos en la iglesia de San Antonio, donde se casaron y su celebración fue en su residencia de la Avenida 1a. # 7-59 del Barrio Latino, la que construyó a su gusto y disfrutó gran parte de su vida. Fue una fiesta de gran felicidad, por tantos años de entrega, de apoyo mutuo, de compartir y de amarse.

El 3 de Agosto del 2001 a la edad de 78 años  murió a las 11:20 a.m. de muerte natural, el Señor lo llamó y ahora vive de cara al Dios que amó y a quien le prometió la vida: el viento del amor ha henchido las velas de su barca que vemos alejarse en la profundidad de Dios.

Su muerte marcó su nacimiento a la vida eterna; sólo nos quedan los recuerdos de las hermosas fiestas en familia, de su fecha cumpleañera, 8 de enero, de la vida y los dones que compartió entre nosotros, de su ejemplo de padre respetuoso y cariñoso que nos dio seguridad y confianza.

Melquiades y Ana Cristina en la celebración de sus bodas de oro con sus hijos, Juan Carlo, Isabel Cristina, Felipe Agustín, Doris Teresa y Selma Soraya.

Gracias por su inmenso amor, por hacernos crecer bajo la honestidad y la sencillez, enseñándonos que el hombre vale más por lo que es, y siente, que por lo que tiene. Nos sentimos orgullosos y esperamos emular su ejemplo, como sus nietos: Mauricio, Andrés, Felipe, Juan Melquiades, Juan Carlo, Yaneth Cristina, Mario Antonio y Juan Agustín, que continuamos este camino terrenal.

Padre me siento muy orgullosa de ser tu hija, estoy convencida de tu descanso en la paz del Señor, porque toda tu vida te preparaste para este momento. Danos la serenidad que necesitamos para soportar tu ausencia temporal.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 22 de agosto de 2016

989.- DIEZ AÑOS DE LA FUNDACION CULTURAL EL CINCO A LAS CINCO



Patrocinio Ararat Díaz




Por este mismo tiempo de mayo pero del año 2006, con los doctores Andrés Entrena, Jaime Barajas, Pedro Cuadro (QEPD), María Esther Soto y el ilustre profesor español de la Universidad Politécnica de Valencia don Enrique de Miguel Fernández, arrancamos en la Universidad de Santander, Udes, sede Cúcuta, el movimiento cultural El Cinco a las Cinco, en medio de la actitud pasiva de la comunidad universitaria y la apatía más impresionante de las gentes cucuteñas.

La situación regional era similar a la actual y nuestros indicadores socioeconómicos, académicos y culturales eran muy parecidos.

Altos desempleo, subempleo, informalidad, indigencia, inseguridad y politiquería y escasos desarrollo y calidad de vida, bajo nivel educativo y pocas competitividad e industrialización.

Junta Directiva 2014-2016

Este sombrío panorama regional nos obligó a quienes detentábamos algún conocimiento, a pensar en fórmulas alternativas para el mundo de nosotros en la región. Y determinamos crear el Cinco a las Cinco para luchar por la cultura y la educación y tratar de encontrar un mejor futuro regional, enmarcados en los temas del emprendimiento, la ciencia pura y aplicada, el pluralismo ciudadano, la convivencia social y la tolerancia, la preservación de los derechos humanos, la rectitud de carácter, el orgullo por la patria y el respeto por las ideas ajenas, la legalidad, la dignidad, la ética y la moral.

Por el camino difícil y tortuoso por el que se debe atravesar cualquier movimiento cultural, decidimos en el año 2013, convertirnos en la Fundación Cultural El Cinco a las Cinco, organización de derecho privado sin ánimo de lucro. La verdad es que el cambio ha valido la pena.

Tengo la sensación de que en estos diez años, hemos cumplido una buena tarea y no hemos sido inferiores al compromiso; hemos liderado programas y logrado que, poco a poco, la gente de la ciudad vaya entrando por el huequito de la esperanza de un mañana mejor para todos.

Por esta razón, el solo hecho de ser un hito regional con la característica de la permanencia en el tiempo, es además un reconocimiento general para una demostración sin precedentes de que acá si se puede hacer algo positivo en medio del marasmo general.

Como una prueba de esta aseveración, permítaseme referir a las dos últimas actividades que realizamos en el mes de mayo, como parte de la celebración de nuestras efemérides. Fueron dos contribuciones espléndidas de la Fundación Cultural El Cinco a las Cinco a la conciencia ciudadana local.

Por un lado, el 5 de mayo, presentamos ante más de 1700 personas y en la Biblioteca Pública Julio Pérez Ferrero, al Dr. Sergio Fajardo Valderrama, matemático con Maestría y Doctorado en ese campo, exgobernador de Antioquia y exalcalde de Medellín, quien disertó sobre el tema “Educación, la herramienta más valiosa para la transformación del país, una propuesta para Norte de Santander”. Las magníficas conclusiones de esta conferencia aún se comentan en las redes sociales y en los distintos ambientes de la ciudad.

Gastón Bermúdez, Patrocinio Ararat, Eduardo Fernández, José Miguel González y Eduardo Briceño Prato

Y por otro, el 19 de mayo, con un éxito total, el Maestro Giovanni Pava Colmenares dictó la excelente conferencia-concierto denominada “La historia de la salsa en América” ante 146 personas, con la cual se le dio un toque cultural de primera categoría a la celebración.

Debo agregar que nuestra Fundación está más viva y vigente que nunca, y que hoy podemos mostrar unas importantes realidades y una clara filosofía de apoyar el desarrollo regional a través de objetivos, principios y valores que han dado resultado en muchas partes del mundo.

En concreto, creemos que el futuro de la ciudad y del Norte de Santander, está supeditado al desarrollo de la educación y la cultura, en los distintos niveles y en la gran extensión de toda nuestra población.

Esto lo hemos venido impulsando desde hace diez años con relativo éxito pues desafortunadamente nuestra clase dirigente no cree o no quiere creer en las bondades y beneficios de esta estrategia.

Ahora, he de referirme a la realización de uno de los sueños más grandes que como Presidente de la Fundación he tenido. Dar a conocer a través de un medio impreso todas las acciones y actividades desarrolladas por nuestra entidad en el último decenio. Con el apoyo de la Administración Municipal anterior, la colaboración de varias personas socias de la organización y con el trabajo de muchas manos, escribimos la obra “Diez años construyendo futuro a través de la educación y la cultura”.

La obra es un libro editado a todo color, para leer y repasar, con muchas fotografías, gráficas y símbolos. Es una obra de colección para colocar en un buen lugar de la biblioteca. El autor del arte y belleza del libro es el Dr. Hernando Parra, compañero de la Fundación y uno de los mejores diseñadores gráficos de la ciudad. La obra es un regalo de la Fundación Cultural El Cinco a las Cinco para todos los ciudadanos de Cúcuta y el Norte de Santander y para muchos amigos de otras ciudades y latitudes, allende las fronteras.


Hacia el futuro, esperamos que haya más sonrisas y satisfacciones. En este sentido:

1. La Fundación va a seguir creciendo positiva e institucionalmente. La idea es aumentar el número de socios en forma responsable, para reforzar el trabajo que cotidianamente desarrollamos en beneficio de la región.

2. De acuerdo con lo dispuesto por la Asamblea General de socios, se va a apoyar y estimular a las personas o grupo culturales de la región, no solamente de Cúcuta sino de Pamplona, Ocaña y demás municipios.

3. Vamos a crear un espacio en la Biblioteca Pública Julio Pérez Ferrero en el cual la Fundación Cultural El Cinco a las Cinco consigne los videos, fotos o archivos de sus conferencias y actividades.

4. Vamos a continuar los sueños de traer gente importante de Colombia y del mundo, de los cuales, los ciudadanos puedan aprender algo bueno e importante. Por ello, se harán ingentes esfuerzos para traer a Cúcuta a personajes como el argentino Andrés Oppenheimer, el uruguayo José Mujica, el costarricense Óscar Arias, el chileno Salvador Piñera, la venezolana Lilian Tintori y los colombianos Roberto Pombo, director de El Tiempo, el periodista Juan Gossaín, el cantante Yury Buenaventura, el economista Guillermo Perry Rubio y la congresista Angélica Lozano.

Alvaro Riascos, Rodolfo Llinás Riascos, Patrocinio Ararat y Hugo Espinosa

Alrededor de lo anterior, hago eco del cantautor Joan Manuel Serrat cuando expresa: “La vida sin utopías no sería más que un largo ensayo para la muerte”. En realidad son sueños, quizá utopías, que pueden realizarse con un gran esfuerzo, como aquel que hicimos, en su momento, cuando logramos traer a Cúcuta al científico más importante de Colombia Dr. Rodolfo Llinás Riascos, Director Científico de la Clínica de Nueva York y del Departamento de Fisiología y Neurología de la Universidad de la misma ciudad.

Somos conscientes de que la calidad regional requiere de gente comprometida y que al invertir en la educación y la cultura, se obtendrán con seguridad, los mejores resultados sociales.

Tenemos mucha fe y esperanza en el futuro regional. Por ello, no perderemos ninguna oportunidad para seguir trabajando, con el corazón y las agallas, en esas causas educativas y culturales con las que estamos comprometidos, para lograr más pronto que tarde, una región más consciente, preparada, solidaria y segura.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

988.- GUERRA DE CERVEZAS EN CUCUTA



Gerardo Raynaud

Cervecería Bavaria

Antes de terminar la primera mitad del siglo pasado se había desatado, entre los fabricantes y expendedores de cerveza, una feroz pugna por el mercado de los bebedores. Habíamos narrado sobre el control a las bebidas alcohólicas y fermentadas que el gobierno nacional, en busca de garantizar el buen manejo de la salubridad pública, había decretado comenzando los años 20.

Por esa misma época, se les otorgó a las Asambleas  de Norte de Santander las facultades de restringir la producción, venta y consumo de licores destilados y bebidas fermentadas, entre ellas la chicha, que era la bebida preferida del pueblo raso, pero que originaba grandes perjuicios a la salud de quienes la consumían, con las consecuencias muchas veces fatales que preocupaban a las autoridades de higiene.

Sin embargo, la influencia de los fabricantes de cerveza era tan grande, que lograron introducir, lo que hoy llamamos “un mico” en las leyes de intervención a las bebidas alcohólicas, consistente en que “se exceptuaban de este control, las cervezas cuyo contenido alcohólico no excediera el 4% y que tengan la calidad de extractos que correspondan a aquella proporción de alcohol”. Así pues, la garantía estaba servida y esta condición perduró hasta finales del siglo.

En las principales ciudades se habían instalado pequeñas cervecerías que fueron creciendo a medida que penetraban los mercados. Con el tiempo se fueron fusionando o fueron adquiridas hasta conformar los sólidos conglomerados que hoy conocemos, no solo en Colombia, sino en el mundo entero.

En Cúcuta, desde 1912 se había fundado la Cervecería Santander que, en 1930, construyó un magnífico edificio que aún podemos observar en la esquina suroriental del cruce de la avenida sexta con calle trece, ahora sede de un colegio oficial, pues tengo entendido que fue cedido al departamento, una vez se trasladaron a su nueva ubicación, con la condición que se destinara al uso exclusivo de la educación de la juventud cucuteña, lo cual hasta ahora se ha cumplido ya que inicialmente fue entregado en concesión a la comunidad de los padres escolapios, quienes establecieron el colegio Calasanz, luego cedido a la Universidad Francisco de Paula Santander y últimamente funciona allí un Colegio Departamental.

Ahora bien, la Cervecería Santander comenzó fabricando los clásicos tipos de cerveza conocidos en ese momento, la Pilsen, la cerveza negra tipo lager, más fuerte y amarga que la tipo stout, que también se fabricaba, así como los sifones de cinco litros, que eran cervezas sin pasteurizar.

Algunos años después la familia Barco fundó la Cervecería Nueva de Cúcuta, cuyo mayor éxito fue la explotación comercial de su marca Sajonia, la que comercializó a gran escala, acción que hizo disminuir la participación de la Cervecería Santander, al punto que a mediados de los años treinta fue absorbida por su competencia.

Después de la fusión, la nueva empresa gerenciada por don Jorge Enrique Barco, emprendió una estrategia expansionista que la posicionó como una de las más importantes del país.

Aprovechando estas ventajas, la empresa cervecera sacaba al mercado las populares marcas como la Chivo, que se promocionaba como la cerveza de los deportistas; en realidad era la marca popular a un precio inferior a la elitista Sajonia, la que se anunciaba como una inimitable tipo Pilsen y todas las cervezas se exhibían como fabricadas a base de la afamada malta checa, única en el mundo.

Por ser el maestro cervecero originario de ese país europeo, don Rodolfo Stalzer, lograba la excelencia de sus productos a base de conocimiento y experiencia.

La conquista de los mercados con la Sajonia no impedía que se probaran nuevas marcas y por esta razón, buscando conquistar a las damas, que en esa época eran poco dadas al consumo de bebidas alcohólicas y menos aún cerveza, la Cervecería Nueva de Cúcuta, lanzó al mercado un producto orientado a satisfacer el refinado gusto de las mujeres y para ello presentó su nueva cerveza Cucuteña.


Tal vez no fue la mejor ocasión para sacar una bebida para mujeres, cuando las costumbres veían con malos ojos que se inclinaran a la perdición, pues la percepción que se tenía entonces era que solo las mujeres de mala reputación eran quienes consumían licores y en general esa clase de bebidas y además, en lugares que no eran propiamente recomendables, al decir de los señores párrocos en sus púlpitos, en la misa dominical.

Esta empresa también envasaba bebidas gaseosas que anunciaba, fabricada con las aguas destiladas con las que se elaboraba la cerveza y con esencias finísimas, legítima garantía para su salud. La producción de gaseosas se suspendió cuando la empresa dedicó todo su empeño a contrarrestar la arremetida de la competencia.

La Cervecería Nueva de Cúcuta, se constituyó en un orgullo para la ciudad y por esa razón, en los años finales de la década de los treinta y comienzos de los cuarenta, se desató una batalla campal con la competencia representada por la empresa Bavaria, que poco a poco había venido apoderándose de las pequeñas fábricas cerveceras en distintas ciudades.

Buscando la fórmula que le permitiera quitarle clientes a la empresa cucuteña, Bavaria, que en realidad ya era un consorcio cervecero a nivel nacional, nombró como su representante exclusivo al señor Mario A. Quintana para que iniciara el proceso de penetración de sus productos, con estrategias de divulgación propagandísticas y de rebaja de precios, además de ciertas promociones que eran ofrecidas de manera preferencial a sus clientes tenderos, sus mayores compradores.

No faltaron otros competidores que invadieran nuestro mercado, que por ser tierra caliente era atractivo para ese refrescante producto, como fue el caso de la Cervecería Águila de Barranquilla con su producto del mismo nombre, al que trasportaban en barcazas por el rio Magdalena y que llegaba a la ciudad por la ruta de Ocaña.

A pesar del arraigo de las marcas tradicionales de la Cervecería Nueva de Cúcuta, marcas de la competencia como la Bohemia y la popular Bavaria fueron tomando puesto en el gusto de los consumidores locales.

De la misma manera los productos de malta entraron en la pelea, pues la Doble Malta de Cúcuta, la Maltina de Bavaria y la Nutrimalta de Águila, se disputaban por igual el gusto de los jóvenes.

Finalmente, la partida la ganó el Consorcio Cervecero Nacional Bavaria, cuando en el año 1943 absorbió a la fábrica cucuteña, que a pesar de todo se quedó con la administración y con una buena participación en la nueva empresa, situación que perduró hasta finales del siglo XX y que por razones de todos conocidas, cerró sus instalaciones en la ciudad.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.