miércoles, 17 de septiembre de 2014

635.- EL DIA QUE ME GRADUE DE HOMBRE



Pablo Chacón M. 


FORMA DE VESTIR DEL JOVEN CUCUTEÑO.- Los jóvenes Bermúdez Ramírez de una familia típica cucuteña, Roque, Pacho y Martín Camilo, con saco pero con pantalón corto, las hembras Virginia, Matilde y Cristina, vestidas con camisero de la época, y los varones mayores Agustín, Rafael y Fernando, ya con traje formal. 1942.


De todas las alegrías juveniles que me deparó la providencia en mis años de infancia, ninguna que se haya gravado tanto en mi memoria, como el recuerdo inolvidable del día que estrene mis primeros pantalones largos.

Para mi aquel acontecimiento significó algo así como haberme graduado de hombre. 


Como haber alcanzado una especial jerarquía frente a los demás de mi edad, como haber adquirido una responsabilidad que me obligaba a comportarme de manera diferente.

Y no existía razón para que la sensación fuera distinta. Al fin y al cabo, en aquella época alargarse el pantalón era un compromiso tan serio y de tanta solemnidad, que en casa de quien acababa de dar ese paso de tanta significación familiar, se armaba una fiesta con baile y serenata incluidos, a la que no podían faltar ni los vecinos, ni los amigos del barrio.

Ya eran muchas las súplicas andando detrás de mi mamá, en aras de poder alargármelos. Cuando crezca le hago unos, mientras tanto sígase vistiendo de cortos.

Una y otra vez le insistía y una y otra vez, me respondía lo mismo.

Aquel deseo inalcanzable, poco a poco se me fue convirtiendo en algo obsesivo. Ya el reposo y la tranquilidad habían dejado de posarse en mí y solo la angustia y la vigilia me acompañaban con inusitada frecuencia. Ningún juego infantil, ni ninguna ocurrencia traviesa de alguno de los muchachos de la cuadra, lograban distraer mi propósito.

Nada, ni siquiera correr detrás del balón o jugar a la pega o al trompo o a las metras, me sacaba la idea que seguía perturbándome. Cada vez, con mayor intensidad, la idea me seguía taladrando.

Cuando tuviera pantalones largos  ya sería un hombre y ya podría llegar tarde. Es más, ya podría conseguir novia y de pronto, pensar en casarme. Ya no sería motivo de burla entre las muchachas volantonas, cada vez que les pretendiera lanzar un piropo.

¡Tengo pantalón largo! , y eso bastaba para que me oyeran con atención y me miraran con respeto. Podría, además, pegarme una rodadita hacia confines tradicionalmente prohibidos a los chiquillos.

Intentaría alguna incursión intima, altamente ligada con las profundidades del alma.

Fueron muchas las jornadas y ruegos, para que al fin atendiera mis súplicas. Ocurrió con ocasión de una velada de la escuela, donde dos compañeros teníamos que hacer la representación de un duelo. Allí dos campesinos armados de machete, se disputaban el amor de una muchacha pueblerina.

Desde luego que el papel exigía ir de alpargatas y sombrero y usar pantalón largo arremangado.

 Contra su voluntad mi mamá terminó aceptando las recomendaciones de la maestra. Una vez terminado el acto, me salí por la puerta de atrás, a darle rienda suelta a mi hombría.

Me dirigí a la escuela donde estudiaban las muchachas volantonas. Cuando las vi salir de clase les restregué el machete contra el piso y enseguida les mostré mis pantalones, para que supieran de quien se trataba.

Al instante una de ellas me picó el ojo. A continuación, guardé mi machete en el cinto y saque de adentro una sonrisa de hombre, que llevaba guardada hace mucho tiempo, desde cuando era un niño.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 15 de septiembre de 2014

634.- LA CIUDAD EN EL 51…




Gerardo Raynaud


En 1951 se construye la Iglesia de la Candelaria y fue inaugurada en febrero de 1952


Con varios detalles interesantes, merece la pena comenzar esta crónica que pretende mostrar las similitudes y diferencias que se han ido presentando a lo largo de estos últimos años, todo con el ánimo de entender la evolución que ha sufrido nuestra querida Perla del Norte.

Empezaremos pues, por informar que el precio del bolívar comenzando el año se cotizaba a $4.15 y se auguraba estabilidad en la cotización toda vez que llevaba dos semanas con el mismo precio y ya desde entonces se decía que era un ‘bolívar fuerte’

Qué paradoja nos deja la historia, era fuerte entonces sin necesidad de endilgárselo al nombre que hoy tiene pero que de eso no existe hoy el menor asomo de verdad.

Como era comienzo de año, las estadísticas del año anterior y los proyectos venideros eran materia de discusión y análisis de los medios y del público en general, que los debatían en clubes y cafés. 

Claro que cuando las cifras llamaban la atención de los periodistas, las calificaban de ‘curiosidades’ como fue el caso de la noticia sobre el consumo mensual de carne por parte de los cucuteños, durante el recién pasado año, pues se asombraban que sólo se hubiera consumido 2.020 reses mensuales. 

Claro que lo interesante del dato es que se incluía toda la variedad de animales así, ganado mayor, el cual discriminaban en machos y hembras, en cantidad de 1.856 unidades; ‘cerditos’ (así llamaban a los porcinos de hoy), 560; con los caprinos eran igualmente indulgentes, pues los clasificaban como ‘chivitos’, 263; y corderos 11 cabezas. Agregaban además que, ‘la carne de oveja no contaba con mucha hinchada en los paladares del poblado’.

Otro dato de interés eran los números referentes a las estadísticas demográficas, pero de estas había una que llamaba la atención. La noticia iba básicamente dirigida a las señoritas y decía algo así como lo siguiente: ’las cifras estadísticas se pueden humanizar; muchos de sus datos inspiran alguna tristeza como por ejemplo aquellos que corresponden a la mortalidad infantil; pero otros que provocan cierta amargura como los que enseguida daremos…’ 

Decía el periodista de turno que durante el mes de septiembre del año anterior, murieron 30 hombres solteros y sólo 18 mujeres ídem, cuyas edades oscilaban entre los 18 y 90 años… y agregaba que ‘no dejaron ni un recuerdo de sus vidas desiertas’.

En relación con la actividad económica, el sector inmobiliario registraba, finalizando el año, un bajón en sus ingresos y lo atribuían a las alzas en los arrendamientos que empezaban a ser notorios debido a la restricción de los créditos bancarios que se hicieron manifiestos desde mediados del año anterior, debido en buena parte a lo que llamaban entonces, ‘la irrupción de la crisis en ciertas operaciones comerciales´.

La apreciación previa era el resultado del análisis de la información suministrada por las dos notarías existentes en la ciudad sobre la cantidad de operaciones mensuales realizadas en materia de compraventa, hipotecas y remates que en total sumaban 354 operaciones por un valor de un poco más de 668 mil pesos que representaban una disminución de más del 28% con relación al mes anterior.

Pasando a otro tema, de los que no podían faltar, eran los escándalos del sector público. 

Esta vez, no se trataba de un desfalco o un asalto al erario, sino de la clausura del Teatro Municipal por parte del alcalde Manuel Jordán.

En un principio se argumentó que había sido motivada por las condiciones antihigiénicas en que funcionaba el teatro, así como el resto de los locales, que según decían, estaban en peores condiciones de sanidad. 

Sin embargo, se supo posteriormente que cuando se consultó al Director Municipal de Higiene, este manifestó que las condiciones de salubridad del inmueble había sido una sola de las razones por las cuales se produjo el cierre.

Ante esta eventualidad, los acuciosos periodistas se fueron a entrevistar al alcalde para que les aclara la verdadera situación y esto fue lo que dedujeron de las respuestas del burgomaestre: ‘La medida se apoya en la conveniencia pública y en la necesidad de defender los intereses del municipio de Cúcuta.’ 

Mejor dicho, las condiciones insalubres que encontraron no fueron otras que la excusa perfecta para recuperar un bien que había sido entregado ilegalmente a un tercero para su beneficio.

Pero veamos cómo es el cuento completo. 

Dijo el alcalde que por el teatro, la empresa arrendataria venía pagando un canon de $150 pesos mensuales; irrisoria suma que se consideraba exigua y que no le proporcionaba ningún beneficio al municipio; para completar, hizo un pormenorizado análisis retrospectivo de la situación, explicando que ‘que no existe ni había existido contrato de arrendamiento alguno.’ 

Al parecer todo se originó cuatro años atrás, cuando el alcalde de turno, sin autorización del Concejo y de motu proprio resolvió entregar a una empresa particular, con el compromiso de exhibir ‘material de alta calidad artística’, obligación que nunca se cumplió y por esa razón, el actual alcalde decidió rescindir dicho contrato verbal, vía resolución de cierre por razones sanitarias.

Agrega el alcalde, que en los próximos días saldrá una licitación pública ofreciendo las instalaciones sobre la base de un canon de $20.000 anuales y que si no consiguen proponentes, la administración municipal tomará directamente su administración.

Para terminar, una historia que le hará reverdecer la memoria a uno de mis amigos. 

Para ello es necesario recordar que la situación económica del país y del mundo en general, a mediados del siglo pasado era bastante precaria, en razón de la reconstrucción que tuvo que realizarse terminada la guerra, que asoló al llamado primer mundo pero que afectó a todos los países. 

Era una característica general, el desabastecimiento con sus correspondientes controles, que las autoridades ejercían con gran celo.

Así pues en una de esas tantas visitas que se realizaban al comercio, el Jefe de la oficina de Control de Precios, Sergio Aristizábal, elaboró una resolución mediante la cual se multaba con la suma de $500 al señor Alfredo Cabrera, agente en Cúcuta de la Distribuidora de Grasas.

La noticia se regó como pólvora y como es lógico, el primero en revirar fue el propio Cabrera, quien se fue lanza en ristre contra el periódico que hizo la publicación y que según cuentan, perdió los estribos y solicitó, a través de otros medios, la rectificación inmediata de tal comunicado.

La razón de la providencia era sencilla; el argumento del funcionario era que se había dispuesto la salida de 480 latas de manteca al almacén de uno de sus clientes, Gutiérrez & Jaimes Ltda. lo cual violaba, según la interpretación de la Oficina de Control de Precios, la autorización dada por Icograsas S.A. que no permitía el almacenamiento en un lugar diferente al de su distribuidor, pues ello configuraba una infracción de acaparamiento, que era la que se estaba castigando con la multa.

Parece que la situación se resolvió favorablemente con la intervención del señor Jaimes, al aclarar que no se trataba de un almacenamiento sino de una compra. 

Lo que no pude saber al final del cuento es si la multa fue pagada o no, lo cual espero que mi amigo, el de comienzo de la crónica me resuelva. 

Hasta acá hemos  avanzado un buen trayecto del año, pero varios detallitos se quedaron en el tintero y por tal motivo decidí extenderme un poco más para redondear las actividades sucedidas durante el año en mención.



Les había comentado que pasado el medio siglo la ciudad comenzó a modernizarse y las empresas nacionales cada día se entusiasmaban más, razón por la cual, empezaron a promover sus servicios y a ofrecer sus últimas variedades, cuyos clientes eran en realidad los vecinos que a partir de entonces comenzaron a vivir sus épocas de gloria, que en realidad poco les duró debido al manejo desacertado de su economía hasta el entierro final que les propinó el comandante Chávez.


La ciudad, que desde la Colonia se ha distinguido como el cruce de caminos entre Bogotá y Caracas, paso obligado para quienes todavía hoy transitan por esa ruta, ha visto desfilar por su vecindario, los más diversos personajes, buenos y malos, en todas las épocas, muchos de los cuales no quedan registros que puedan certificar la veracidad de esta afirmación.

Sin embargo, para los años de mitad de siglo, algunas referencias hemos podido obtener de estos sucesos, pues registros periodísticos, afortunadamente nos lo confirman y por ello, paso a contarles un hecho aparentemente banal pero que habida cuenta de la fama actual de los protagonistas, merece la pena comentarlo.

Despuntaba el día de uno de los primeros meses del 52, era un jueves, día tranquilo y soleado; el lugar, la esquina nororiental de la calle once con cuarta, diagonal al Club del Comercio, cuando un grupo de gentes se agolpó alrededor de unas personas, que estaban admirando el paisaje, pero especialmente el hermoso edificio construido metros más abajo, era el teatro Santander. 

Uno de ellos tenía una cámara fotográfica que disparaba en dirección al teatro y los demás cuidaban los instrumentos musicales –las guitarras-.

Los curiosos, rápidamente los identificaron, era el ya famoso Trío Los Panchos, quienes habían llegado el día anterior y se disponían a viajar al vecino país a cumplir con sus compromisos artísticos. 

Estaban allí, dispuestos a salir para San Antonio, cuando una linda chica cucuteña se les acercó con uno de sus discos en la mano para que se los autografiara, lo cual fue para ellos, un verdadero solaz a sus ojos, pues se dice que era ‘una joven de belleza embrujadora, fresca como un jardín en primavera, alegre con alegría de triunfo y una sonrisa de corazones robadora’ y así, Alfredo “el Güero” Gil, Chucho Navarro y Hernando Avilés, los primeros tres famosos integrantes de Los Panchos, estamparon su rúbrica en la carátula de uno de sus iniciales LP y salieron presurosos a su cita con el destino, en el vecino país.

Y en otros menesteres propios de la ciudad, un grupo de periodistas celebraba con gran entusiasmo la llegada a su edición 100, el Diario de la Frontera. 

Dicho suceso concretaba el reconocimiento de los esfuerzos de todos los trabajadores de ese periódico y en especial de su director, el doctor Luis Parra Bolívar, cuando era admitido que el periodismo seguía tropezando con las dificultades que se le presentaban desde hacía muchos años y que, hacer un diario que apareciera regularmente y con vida asegurada, demandaba una gran voluntad y una férrea constancia.

Decía ‘El Siglo’, que esas cien ediciones eran la muestra que el periódico ‘se había constituido en vocero de las necesidades e intérprete de los problemas de una de las ciudades más florecientes del país y que por su situación geográfica, en una avanzada de la patria.’

Para celebrar el acontecimiento y otorgarle a sus lectores, mejores alternativas informativas y de esparcimiento, contrataron con la acreditada casa americana Editor Press, las tiras cómicas más divertidas y atractivas del momento, ‘Benitín y Eneas’; le comunicaban a sus lectores que adicionalmente habían obtenido licencia para publicar el reconocido “Pozo de la Dicha”, un rompecabezas numérico que traía un mensaje diario, una especie de horóscopo ‘que deletreará su fortuna’ de acuerdo con las letras de su nombre y que hoy ha desaparecido de la mayoría de los diarios del mundo.

Al final, la nota informativa remataba con el agradecimiento por la cordial y generosa acogida que le han dispensado hasta ese momento y esperaban con estas nuevas propuestas corresponder a dichos reconocimientos.

Siguiendo en la línea periodística pero esta vez en otro medio, las tres emisoras de Cúcuta se peleaban con tesón la audiencia y para ello buscaban fórmulas innovadoras. 


La entrada de Radio Guaimaral, había sacudido el ambiente radiofónico de la ciudad, aletargado por la inercia y la falta de incentivos, lo que hizo que comenzaran a pensar en nuevos programas que motivaran a sus oyentes a preferirlos.

Por entonces, lo más atractivo de las emisoras eran los programas desarrollados en la radio-teatros, funciones que se popularizaron en las capitales como Bogotá y sobre todo en Medellín; fue cuando por iniciativa del periodista Julio Palacios Pérez que le propuso a la Voz de Cúcuta, un programa que despertara el interés de los cucuteños y los motivara a asistir y participar de las actividades de la emisora.

El programa se llamó ‘Preguntas y Respuestas’, se emitía las días miércoles y viernes en el horario de las 7:30 p.m. el cual dirigía y animaba; como quien dice ‘le tocaba hacer todo’. 

El programa resultó un éxito durante los primeros meses pero a medida que avanzaba el tiempo y los interrogantes se iban resolviendo, el público fue dejando de asistir hasta que desafortunadamente, desapareció por sustracción de materia.

Finalmente y ya para cerrar esta crónica, unas noticias sociales que dieron de qué hablar por esos días.

Se inauguraba la iglesia de la Candelaria en el Barrio Sevilla y el obispo de la diócesis de Nueva Pamplona se encontraba en la ciudad para impartir su beneplácito a la nueva parroquia.

Había llegado de la capital de la república al aeropuerto Cazadero y habían ido a recibirlo los muy ilustres comerciantes Luis Francisco y José María Jaimes Hernández quienes eran, al decir de la prensa, los ricos oligarcas de la ciudad, pues se habían desplazado a esa terminal en su lujoso convertible para que monseñor pudiera apreciar en todo su esplendor la bella construcción de la nueva iglesia. 

El padre Clavijo había sido nombrado su primer párroco y la misa de inauguración sería concelebrada por todos los sacerdotes de las demás parroquias existentes.

De plácemes, como se dice en el lenguaje periodístico, se hallaban las dos familias de los distinguidos profesionales que habían obtenido su diploma profesional, uno en Medicina y el otro en Derecho; se trata de los jóvenes Sergio Lamus Guerrero quien recibió ‘lúcidamente’ el título de Médico y Cirujano de la Universidad Nacional y de uno de ‘los jóvenes más meritorios e inteligentes de las nuevas generaciones’ quien obtuvo su grado de Doctor en Derecho y Ciencias Políticas, Gustavo Sánchez Chacón; la prensa consignaba jubilosamente la noticia y les anhelaban los más seguros éxitos en sus carreras profesionales.

  





Recopilado por Gastón Bermúdez V.