jueves, 20 de julio de 2017

1159.- INTERLIGAS DE NATACION EN CUCUTA



Omar Romero Güiza/Jairo Andrés Navarro

La nadadora tolimense María Clara Román Mantilla (centro) impuso nueva marca nacional en los 200 metros mariposa.

Acompañados por una radiante semana, y las calurosas aguas del complejo acuático, se cumplió en Cúcuta el Nacional Interligas de Natación en las categorías juvenil II y de mayores en damas y varones.

El torneo, selectivo al Mundial de Budapest (Hungría), los Juegos Bolivarianos de Santa Marta 2017 y los Olímpicos de la Juventud en Argentina 2018, cuenta con los nadadores más connotados de Colombia.

Como es habitual en este tipo de campeonatos, los grandes protagonistas son Antioquia, Valle, Bogotá, quienes rivalizan frente a otras 14 ligas en la pelea por los primeros lugares del podio.

En ese sentido, Norte de Santander, se hizo del pabellón nacional con Silvino Páez, al entregarle la primera alegría al departamento al lograr la medalla de plata en los 50 metros mariposa con un registro de 26’’24.

La gran novedad del campeonato la dio la tolimense María Clara Román Mantilla, al imponer un nuevo récord nacional en la distancia de los 200 metros mariposa, al cronometrar un tiempo de 2’14’’56, batiendo la anterior marca que poseía   la vallecaucana Jessica Camposano Ríos, de 2’14’’81, registro que había logrado en Veracruz (México), en 2014. María Clara, además se destacó en las dos primeras jornadas al cosechar tres preseas de oro, en los 200 metros libre, en los 100 y 200 metros mariposa.

Con gran entusiasmo se desarrolló el Nacional Interligas de Natación en el Complejo Acuático de Cúcuta


Otros de los destacados son el bogotano Omar Andrés Pinzón y la vallecaucana Isabella Arcila Hurtado. Pinzón se alzó con las medallas de oro en la prueba de los 100 y 200 metros espalda y una de plata en los 200 metros combinados. Entre tanto, Isabella se hizo a los metales dorados en los 50 metros espalda y los 100 metros estilo libre.

Jorge Mario ‘La Trucha’ Murillo de Antioquia también obtuvo el oro en los 50 metros pecho.

Antioquia y Valle dominaron

Las delegaciones de Antioquia, Valle y Bogotá continuaron en un cerrado duelo por la clasificación general del Nacional Interligas de Natación que se cumplió en el Complejo Acuático de Cúcuta.

Las competencias que más llamaron la atención fueron las de 200 metros mariposa y relevo 4x100, que se repartieron entre Antioquia y Valle. Los paisas ganaron en masculino y los vallecaucanos en femenino.

En la parte individual, Norte de Santander con Diego Aldair Molinares ganó la medalla de bronce en los 200 metros pecho. Es la segunda presea de los rojinegros, luego de la  plata que conquistó Silvino Páez, en los 50 metros mariposa.

Además, la nadadora tolimense María Clara Román Mantilla volvió a ser protagonista, al sumar su cuarto oro en la prueba de los 400 metros libre la que se une a los metales dorados en los 200 libre, 200 mariposa, con récord nacional, y el oro en los 100 metros mariposa, su especialidad.


Una de las destacadas fue la colombo-estadounidense Michelle Marie Narváez Parra, de la Liga del Valle, al conquistar la medalla de oro en la modalidad de los 200 metros espalda, con un tiempo de 2’22’’95, ganando de lejos la competencia. En la carpa de los vallecaucanos la felicidad fue total, al ver como Michelle con sus brazadas fue dejando en el camino a las rivales. De esa manera sumó su tercer metal dorado en los 50, 100 y 200 metros espalda.

Por los lados de Antioquia, el nadador Jorge Mario ‘La Trucha’ Murillo aseguró el tiquete al Mundial de Budapest al lograr la marca A. ‘La Trucha’, además, completó tres preseas de oro. Ganó la de los 100 metros pecho, con un registro de 1’01’’34. Las otras las obtuvo en los 50 y 200 metros pecho.

Asimismo, el vallecaucano Jhonatan David Gómez Noriega al tener un buen campeonato y lograr los metales de oro en los 400 y 200 metros combinados y en los 200 metros mariposa, es uno más que entra en la lista de la selección Colombia al Mundial de Hungría.

Cúcuta le cumplió al Interligas de Natación


El cálido clima cucuteño acompañó la competencia durante todo el fin de semana, pero no fue impedimento para que los nadadores demostraran todas sus capacidades en el agua.


El Campeonato Nacional Interligas de Natación en el Complejo Acuático de Norte de Santander, dejó nuevas marcas nacionales, deportistas clasificados a campeonatos internacionales, un espectáculo inigualable para los asistentes, y la confirmación de que Cúcuta está lista para seguir organizando eventos del más alto nivel, en los escenarios que están siendo bien administrados.

Como se esperaba, por el nivel de competencia de los deportistas que trajeron, las ligas de Antioquia y Valle del Cauca dominaron de principio a fin las pruebas, que se llevaron a cabo desde el 25 de mayo hasta el 29 de mayo de 2017.

En la clasificación por puntos los paisas fueron los que lideraron el escalafón, mientras que en el medallero general los deportistas vallunos fueron los más ganadores.


El balance general para Norte de Santander fue el esperado, de acuerdo a lo expresado por el presidente de la Liga Nortesantandereana de Natación, Manuel Romero.

“Todas las delegaciones se fueron muy contentas con el escenario, con el aseo, la logística y la comodidad que tuvieron. Se impusieron tres récords nacionales, uno en pruebas individuales y dos en relevos. Para nosotros como liga organizadora contar con la presencia de los mejores nadadores de Colombia fue muy importante”, afirmó el presidente.

En resumen para Norte de Santander, Diego Molinares ganó dos medallas de bronce, John Angel Jaimes obtuvo una de plata y una de bronce, y Silvino Páez se colgó una de plata.

Los nadadores nacionales buscaban las marcas necesarias para clasificar al Campeonato Mundial de Budapest; la Copa Pacífico en Bolivia, los Juegos Bolivarianos de Santa Marta 2017, y los Juegos Olímpicos de la Juventud 2018, en Buenos Aires. Los deportistas más destacados del certamen nacional fueron Jorge Mario Murillo, de Antioquia; Omar Andrés Pinzón, de Bogotá; la vallecaucana Isabella Arcila Hurtado, y la tolimense María Claudia Román Mantilla.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

martes, 18 de julio de 2017

1158.- PRIMER CASO DE SIDA EN CUCUTA



La Opinión

Así registró La primera página de La Opinión la noticia del primer caso de sida en Cúcuta
                            
El miércoles 27 de mayo de 1987, fue la fecha en la que Cúcuta se enteró del primer caso de Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida), en la ciudad.

Una publicación del diario La Opinión informó que se trataba de un hombre de 40 años que había llegado a la capital nortesantandereana procedente de Venezuela.

El paciente ingresó el 13 de mayo de ese año a las urgencias del Hospital San Juan de Dios, en busca de atención para una infección en el aparato digestivo.

El director de la entidad, doctor Luis Emilio Morales, señaló que luego de una primera valoración, los médicos decidieron hacer pruebas de laboratorio para confirmar si se trataba de un caso de esta enfermedad letal.

Tras confirmarse la noticia, el hombre, al cual siempre se le mantuvo en reserva su identidad, fue aislado inmediatamente para evitar cualquier tipo de contaminación.

En esa época, los implementos usados para el tratamiento del ciudadano venezolano eran incinerados como medida preventiva.

El contagio


Según las investigaciones en ese año, el paciente contrajo la mortal enfermedad en Caracas, en agosto de 1986. Allí fue diagnosticado por el Centro Nacional de Inmunología, en la Clínica Caracas.

Luego de recibir esta noticia, se desplazó a Colombia y se radicó en el municipio de Los Patios, pero solo hasta mayo de 1987, se conoció oficialmente el caso en Norte de Santander.

Alerta y recomendaciones

Tras conocerse la noticia del primer caso del sida en Cúcuta, las autoridades de salud, de ese momento, entregaron una serie de recomendaciones para tratar al paciente en el hospital.

El personal hospitalario, de laboratorio, odontología, entre otros, también recibió una serie de instrucciones para evitar un contagio.

Fue entonces cuando se ordenó disminuir el número de transfusiones de sangre y evitar que las embarazadas tuviesen contacto con sangre.

Según datos proporcionados por la Secretaría de Salud, en el 2016 se registraron 216 casos de VIH Sida en Cúcuta,  la mayoría de los afectados se encontraban entre los 18 y los 45 años de edad.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

domingo, 16 de julio de 2017

1157.- MIRADOR DEL CERRO DEL GALEMBO



Gerardo Raynaud 

El monumento al almirante José Prudencio Padilla levantado en 1923 en honor a la Batalla del Lago de Maracaibo, ubicado en la llamada 'Piedra de Galembo' en la avenida Circunvalación.


Para contextualizar esta crónica es necesario que el lector se sitúe cronológicamente en la Cúcuta de los años cincuenta y compare esta vista con los proyectos turísticos que la alcaldía de la ciudad pretende desarrollar antes del 2020.

Son proyectos de gran importancia para el desarrollo turístico de la ciudad, toda vez que a excepción del llamado “Malecón” no hay más opciones donde los visitantes puedan departir momentos de sano esparcimiento.

Sabemos de buena fuente que dos proyectos están en plena ejecución, empezando por el monumento de El Nazareno, un mirador en uno de los barrios más tradicionales de la ciudadela de Juan Atalaya, que a pesar de haber sido inaugurado aprovechando los días de la Semana Santa de 2017, le faltan las obras que permiten el acceso expedito al sitio, sin las incomodidades que presenta, debido a la ausencia de vías pavimentadas que dificultan la entrada de vehículos.

Tal vez se pensó que los visitantes irían de visita a pie, en peregrinación o como penitencia por sus pecados; el hecho es que todavía deben agregarse algunos elementos más para que sea un atractivo realizar el viaje. Razón por la cual los vecinos se quejan, pasados los días santos, de la falta de visitantes.

El otro proyecto en ciernes es el de la ampliación y modernización del monumento a Cristo Rey, cuya crónica escribimos hace algún tiempo y que hoy celebramos como la obra con mayor futuro para el turismo local. Ésta, sin las dificultades geográficas de la anterior y que esperamos tenga la acogida que en su momento tuvo, cuando en el pasado se inauguró con modestia y religiosidad.

Ahora bien, la crónica de hoy tiene que ver con una situación similar que ocurría a mediados del siglo pasado y que, guardadas proporciones,  se asimilaba a las circunstancias actuales cuando las gentes buscaban qué hacer durante los días festivos o cualquier excusa válida para salir a “dar una vuelta” y escapar de la rutina o simplemente como remedio al aburrimiento, habida cuenta de las pocas oportunidades que se tenían entonces.

El mirador, donde acudían los cucuteños, era el llamado Cerro del Galembo, en la parte alta de lo que hoy es el barrio Circunvalación, específicamente en la esquina de la calle 17 con avenida novena, piedra que aún es visible y que entonces era un lugar despoblado desde donde se apreciaba la ciudad en toda su extensión, mirando hacia el norte se veía el cerro Tasajero y tanto hacia el oriente como hacia el oeste se distinguían las escasas viviendas, unas en cercanía al río Pamplonita y algunas más humildes, en el otro extremo, poblado de cujíes en los cerros áridos donde se distribuían caóticamente los hogares de los modestos lugareños.

El sitio era una excursión obligada para quienes hacían el recorrido por el Paseo de la Circunvalación, que se había tornado famoso desde 1923 cuando el gobierno local, promovió la construcción del monumento conmemorativo de los cien años de la Batalla de Maracaibo, en honor del Almirante José Prudencio Padilla, al que aún se le recuerda y conoce, a pesar del abandono en que está sumida la Columna de Padilla.

Para los visitantes, el recorrido por el Paseo de la Circunvalación, era uno de los mayores atractivos a pesar que en el lugar no había comodidades de ninguna clase, solamente la vista del exuberante valle.

Sin embargo, el impacto que producía entre los forasteros era tal, que con orgullo reproducían las experiencias vividas y narradas, como las expuestas por don Antonio Brugés Carmona, la que paso a contarles.

Dice nuestro visitante:

“…desde el Cerro del Galembo se ve San José de Cúcuta, extendida sobre su valle entre leves casas azulinas, mientras de la sierra, por entre los boquerones que por allí se abren, viene una brisa impetuosa que dobla los cocoteros y despeina las altas copas de los árboles añosos. La ciudad vista desde allí sugiere una hermosa evocación marina.

 Es fácil seguir desde allí, amorosamente como en un mapa de alto relieve, el nacimiento y ensanche de la ciudad. Estas casuchas humildes, que a manera de casitas de pesebre navideño forman en una loma y otra, el maravilloso conjunto de los barrios humildes, marcan el derrotero geográfico del turista, que está parado al pie de la Columna de Padilla.

Ahora los grupos son menores, ya no son más de tres casitas que se acercan a la ciudad en pleno. Cúcuta se revela entonces en toda la fuerza de su personalidad. Las calles, que son avenidas, están vestidas con el verde follaje de las acacias, los matarratones y los almendros, donde juega la orquestación del viento marinero, que no se sabe de dónde viene. Las calles de Cúcuta son una fiesta de color. Pero entre todos, el blanco cobra las más alta distinción. El sol se encarga de este efecto maravilloso de lo blanco, más allá de la tonalidad común que nos es familiar.

Las mujeres van de blanco y resaltan su belleza como si disfrutaran de un extraño secreto de fotogenia. Y los demás colores extreman su oficio de adorno para que el blanco conserve el raro prestigio que tiene el blanco de las gardenias. Lo demás es rumorosa alegría de vivir. Risas, canciones y pregones aumentan el encanto de las calles de gentes en constante actividad de crear.

A corta distancia de la frontera con Venezuela, Cúcuta es como una gran antesala de la patria donde se acendran los más puros amores por ella. Por eso nace allí la paradójica armonía de lo internacional que estimula la posición geográfica de la ciudad y la hospitalidad de sus habitantes, y la nacionalista que se nutre del fervor de los cucuteños, celosos guardianes de la heredad de los mayores., por eso en Cúcuta, en la propia orilla del terruño colombiano, cuando físicamente estamos más lejos del corazón de Colombia, es más grande y más impetuoso el amor por ella.

Desde el cerro el Galembo, viendo a Cúcuta recostada a su valle, próvido, majestuosa y soberbia, que abre generosa sus brazos al viajero, sentimos, entre sentimentales y calculadores, la grandeza de la patria.”

Don Antonio, visitó entre otros lugares, conducido por sus amigos cucuteños para mostrarle el desarrollo que estaba adquiriendo la ciudad, las quintas residenciales que entonces se estaban levantando en los barrios cercanos al Pamplonita, como el moderno barrio Libertador, el barrio Blanco y el Colsag, que a pesar de los riesgos que generaban las crecidas del río, esperaban que con la construcción de las murallas de la margen izquierda se atenuara el peligro de las inundaciones, tan famosas como temidas en el pasado.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.