miércoles, 26 de agosto de 2015

799.- CLUB DEL COMERCIO DE CUCUTA, el club más antiguo



Manuel Waldo Carrero Becerra

Salón principal del Club del Comercio en la avenida 4ª con calle 11. Este tradicional Club fue fundado en 1880 y es actualmente uno de los más antiguos de Colombia, si no el más.

ORIGENES

El significado inicial en inglés de la palabra CLUB, que quiere decir “casino, círculo, tertulia”, fue desde la Edad Moderna en Inglaterra, “una asociación cuyos miembros se reunían en una sede para hacer política, conversar, recrearse, informarse, etc.”

Más adelante a los de carácter político se les dio el nombre de “Coffee Houses” (Casas de Café) y, así, se extendieron por Austria, Alemania y Francia como el de los “Jacobinos de París” durante la Revolución Francesa.

En el siglo XVIII comienzan a aparecer los de carácter deportivo y recreativo. En la Edad Contemporánea en todo el mundo el número es enorme, sobre todo de los deportivos.

En América la mayoría son recreativos y, en algunos países, se llama “Clubes” hasta las juntas de individuos en ocasiones clandestinas.

En Cúcuta, los sobrevivientes del terremoto, los encargados de reconstruir la ciudad, los fundadores del ferrocarril, los primeros grandes industriales de la ciudad y los creadores del departamento encontraron en el Club del Comercio, un espacio para dejar volar la imaginación.

También los Presidentes, cardenales y contertulios repasaron sus convivencias en sus salones y compartieron buenos momentos.

El Club del Comercio es la “mejor historia de la ciudad”, escribió Antonio García.Herreros en su libro de los 100 años del Club.

Por la Ley 1° del 5 de agosto de 1908 el Presidente General Rafael Reyes creó el departamento de Cúcuta y, con fecha 31 de agosto de 1908, nombró los gobernadores para que empezasen su vida administrativa el 1º de octubre de ese mismo año y apareció el nombre de Francisco Sorzano para gobernador del Departamento de Cúcuta; mientras éste se posesionaba fue nombrado gobernador interino en el mes de septiembre, el recién nombrado Jefe Militar de la Frontera el General caucano Andrés A. Quintero. Le dio posesión el Presidente del Concejo Virgilio Barco Martínez y ofreció un brindis el vicepresidente don Manuel Guillermo Cabrera.

El 8 de octubre tomo posesión el Dr. Sorzano y el 28 de octubre le fue ofrecido a él y a su señora Matilde Jiménez de Sorzano, un baile de gala en el Club del Comercio de Cúcuta, donde la orquesta del Club estrenó en la primera parte el gran vals “Inspiración” y, en la segunda parte, el arreglo de la misma orquesta, en ritmo de pasillo “Nueva Inspiración”, (Año 1908). Tomado del libro oficial original del Club.

Años después se atribuye, (¿?) como compositor del pasillo, que lleva el mismo nombre de “Inspiración” a Felipe Lamus Cáceres.

También eran oficiales los bailes de gala el día del aniversario del club y el 31 de diciembre, cuando se hacía la presentación en sociedad de las señoritas hijas de los socios, y al principio de la temporada la elección de la Señora Club del Comercio y de la Princesa.

En los años 20, en los carnavales cucuteños, tomaba parte activa el club junto con Gremios Unidos.

Estas costumbres se perdieron en todos los clubes de Colombia cuando en estos se presentó la crisis a finales del siglo pasado.

ANTECEDENTES

En Colombia aparecen con el nombre de Club de Lectores, para leer en su biblioteca. Por internet, aparece que en 1845 se fundó un Club del Comercio de Bogotá, distinto al actual que se fundó en 1936; en las décadas de 1870 y 1880 se establecieron los primeros de carácter social, como el caso del Liceo de Soto de Bucaramanga en 1872, en 1873 Club de Soto y, a finales de 1877, algunos de sus socios fundaron el actual Club de Comercio; pero, como dice en la introducción del libro el Club del Comercio y Bucaramanga, 125 años de historia, editado en 1997:

“…en buena parte los integrantes del club fueron políticos por afición. Pertenecientes a uno y otro partido tomaron parte activa en los conflictos bélicos que tuvieron como escenario la región: en 1876, 1885, 1895 y en la Guerra de los Mil Días, hechos que motivaron clausuras del centro social y reestructuraciones con nuevos objetivos” (de 1881 a 1890 y de 1899 a 1903 fecha en que se fundó de nuevo, totalizando menos de 132 años de funcionamiento hasta el 2012.

FUNDACION

Dadas esas circunstancias el Club del Comercio de Cúcuta, fundado formalmente el 1° de junio de 1880, cumple 132 de existencia como entidad institucional y sin interrupciones hasta hoy, pero antes funcionaba desde la década de 1870, sin estatutos ni sede propia, como una “asociación de comerciantes para actos culturales, tertulias, banquetes y bailes y para jugar tresillo y leer en su biblioteca”, como lo demuestra el obsequio de Luis Pérez Ferrero, fechado en Cúcuta en junio de 1877, de un libro “Para el Club del Comercio”.

Así, son 132 de vida institucional y mínimo 3 sin estatutos ni sede propia, totalizando 135 años de funcionamiento hasta el 2012, que lo hacen el CLUB CON MAS AÑOS DE EXISTENCIA CONTINUA EN EL PAÍS.

El segundo sería el Gun Club de Bogotá fundado en 1882; pero, a raíz del incendio del edificio de las Galerías, fue clausurado y reapareció en 1893.




SEDES

La primera sede estaba situada en la esquina suroeste de la calle 1ª con calle 3 (hoy Avenida 7ª. con calle 7ª).

El 19 de mayo de 1923 trasladó su sede a la esquina noroeste de la calle 10 con Avenida 6ª.

El 1° de junio de 1935 se inauguró la sede de la calle 11 con Avenida 4ª.

Mientras se terminó la construcción de la sede actual, estuvo provisionalmente en la esquina de la calle 16 con Avenida 1ª. El 16 de Diciembre de 1961 se inauguró la sede actual de la Avenida 1ª. N° 16-32.

TRANSFORMACIONES

La primera asociación funcionó sin personería jurídica. A esa misma asociación se le reconoce como persona jurídica por Resolución de la Presidencia de la República del 30 de Mayo de 1890, publicada en el Diario Oficial # 8.091 el 10 de junio de 1890.

Así funcionó como Sociedad con títulos de acciones, pero por razones tributarias se transformó nuevamente en corporación, con personería jurídica reconocida por Resolución N° 053 de junio 12 de 1975 del Gobierno Nacional, con títulos de Aportes de Asociación.

ESTRUCTURACION ACTUAL



Entrada principal actualmente, avenida 1ª. N° 16-32

Esta corporación por disminución del número de socios, gravosas convenciones laborales y por no haberse tomado decisiones oportunamente, en 1997, para terminar de ejecutar el plan que se había hecho para salvar la entidad, la llevaron prácticamente a la quiebra.

El plan de reestructuración se inició en abril de 1996 y se empezó a ejecutar con la Escritura N° 218 del 29 de enero de 1997 de la Notaría Segunda, mediante la cual se constituyó la sociedad “Club del Comercio de Cúcuta S.A.” de la que formaron parte 383 socios: los de la antigua corporación honorarios, vitalicios, activos, ausentes, damas asociadas y muchos de los hijos y nietos de socios, que constituían la nueva generación de relevo.

Para salvar la institución económicamente se abrieron también las puertas a nuevos y selectos socios profesionales y empresarios de la Cúcuta actual, sin perder la tradición de elegancia y distinción que siempre caracterizó al club y a sus socios, dentro de las exigencias y realidades del mundo moderno.

Las Asambleas de abril 15, julio 31 y septiembre 30 de 1997, en busca de nuevas alternativas que fracasaron, dilataron la continuación del plan previsto, cuyo paso siguiente era la venta del edificio a la S.A., por lo cual a la Asamblea de Socios de marzo 24 de 1998, ante la presentación del déficit doblado, agravando la situación, no tuvo más remedio que resolver el cierre total de la antigua corporación y se capitalizó la Sociedad Anónima con un aporte de “salvación” de $1.000.000, así algunos de los socios de la antigua corporación que no pagaron, perdieron sus derechos.

Por escritura 2050 de junio 25 de 1998 Notaría 5ª. la antigua corporación vendió el edificio a la sociedad anónima y se creó una nueva corporación operadora del establecimiento, solamente con los socios nuevos y antiguos que habían suscrito acciones; la “Asociación Comercio 1880”  según acta del 24 de julio de 1998 de la Asamblea General de asociados, inscrita en la Cámara de Comercio el 3 de agosto de 1998 bajo el N °000012221 del Libro 1 de personas jurídicas sin ánimo de lucro, que arrendó el edificio y empezó a operar un nuevo establecimiento.

La antigua corporación hizo un acuerdo de pago de prestaciones con los trabajadores y se liquidó.

Esta es la estructura actual de un Club para los nuevos tiempos: en su elegante sede se prestan excelentes servicios, no solo a los socios, sino a las entidades públicas y privadas que allí realizan sus eventos y a la comunidad en general dentro de los reglamentos establecidos; hoy, como ayer, sigue siendo una institución muy importante de la ciudad y de su gente y será orgullo de las futuras generaciones, pertenecer al club que más años de existencia ininterrumpida tiene en el país.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 24 de agosto de 2015

798.- MÁS ALLÁ DEL SOL...



Renson Said

Julio César Quintero

No murió de vejez porque apenas era un niño de 69 años. Ni le cayó el cielo encima porque lo llevaba en su corazón.  Ni se rompió la vida bajando una escalera, ni sufrió naufragio, ni lo invadió la peste; ni siquiera murió porque quisiera morirse sino porque estaba lleno de vida.

Murió para que otros pudiéramos respirar su ausencia. Julio Quintero se fue hace algunos meses y todavía hoy, amigos y familiares, derrotados por los murmullos de la memoria, lo evocan como lo que realmente fue: un hombre que  se hizo libre  por los libros que leía. Un lector desaforado que quiso ajustar su vida al tamaño de sus lecturas.

Muchos tendrán anécdotas, historias y fotografías con ese hombre que parecía un patriarca bíblico.

Muchos podrán recordar el aliento volcánico de su carcajada estrepitosa y su labia florida.

Otros, incluso, traerán a cuento sus años de bohemia, sus amores contrariados, su conversión a la fe.

Mi recuerdo, en cambio, es simple y contradictorio y tiene varios momentos: en la infancia lo odié, en la adolescencia discutí sus opiniones sobre Dios y la política, y de adulto admiré su inmensa generosidad.

Julio Quintero, junto a mi padre, hizo construir un tablero de clases en el patio de la casa. Llevaron unas cuantas sillas e improvisaron un salón de estudio.

En las vacaciones Julio llegaba con tiza y almohadilla a darnos clases de matemáticas, física y química.

Durante el bachillerato nos enseñó, a mis  hermanos y a mí, los principios de la filosofía antigua, nociones de teología y una laaaarga perorata sobre la existencia de Dios.

Por eso odié con todas mis fuerzas a ese hombre que arruinaba, a las tres de la tarde, mi programa favorito de Hanna y Barbera.

Muchos años después, cuando tomaba cursos de filosofía en la Universidad Nacional y literatura en la Universidad Javeriana, me lucía frente a los profesores repitiendo lo que Julio nos decía en el patio de la casa.

Julio Quintero fue el mejor amigo de mi padre. Cuando mi padre muere, Julio pronuncia unas palabras improvisadas en el jardín del cementerio.


Julio César y el recopilador del artículo en 2012, amigos condiscípulos en el colegio Sagrado Corazón


Dijo que mi padre no había muerto sino que se había ido de viaje y que era mejor recordarlo con alegría. Fue una tarde irrepetible.

En el cementerio se alzaba un vapor de jazmines, y el aire parecía de diamante y había en el cielo una luz radiante de pájaro vivo. Lo vi llorar y su voz temblaba.

Luego del funeral Julio se convirtió en lo que siempre había sido en secreto: el tío sabio que toda familia tiene.

Lo volví a ver hace un año y estaba transfigurado: tenía una barba blanca y larga y espesa de profeta del Antiguo Testamento.

Su voz era más suave pero infundía autoridad. Se había vuelto ermitaño, vivía en medio de libros de teología, descifrando códigos ocultos entre versículos bíblicos que transcribía en un cuaderno de escolar.

Ahora, cuando Julio ha decidido viajar más allá del sol, me acuerdo de las muchas charlas que quedaron inconclusas. De las muchas cosas que inevitablemente se llevarán al carajo los vientos inexorables del paso del tiempo.

No pude ir a su funeral y doy gracias al destino de que haya sido así.  De esa manera pienso que Julio no ha muerto sino que se ha ido de viaje y es mejor recordarlo con alegría.

Estas son, para sus hijos y nietos, las palabras que me hubiera gustado decir en el cementerio.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

sábado, 22 de agosto de 2015

797.- DISQUISICIONES DE CUCUTA



Olger García

La “muela” de la avenida Cero entre calles 8 y 8A, vista desde la calle 8A.


La “muela” de la avenida Cero entre calles 8 y 8A, mirando desde la calle 8.


Quiero referirme a sugerencias o cosas que diariamente comentan los ciudadanos o publica la prensa, sobre acciones que debería emprender la Administración para embellecimiento de la ciudad.

Alguna administración municipal anterior -y en otras ocasiones algunos columnistas- han sugerido la posibilidad de adquirir y demoler la “muela” de la avenida Cero entre calles 8 y 8A.

Esto tomó fuerza cuando se hizo otro tanto con su vecina de la esquina noroccidental de la avenida Cero con calle octava, contigua al hotel Arizona y donde entonces funcionaba un taller de reparación de máquinas de escribir, que era lo de la época.

Solamente la prensa recuerda de vez en vez esta antigua aspiración.

A este anhelo podríamos agregarle otro: que la Administración adquiera, derribe e incorpore al sistema vial de la ciudad el predio donde por años funcionó el restaurante La Silla Coja –ubicado en San Luis, al norte del parque Los Panches-, que tengo entendido por años tuvo su época de esplendor.

El periódico La Opinión alguna vez publicó una nota sobre la decadencia del lugar con ocasión de la muerte de don Jesús Emilio Henao, su propietario, a quien la Concesionaria San Simón quiso comprarle el predio y no llegó a ningún arreglo.

La administración municipal puede retomar la idea y con las diferentes opciones jurídicas que tiene a su favor procurar entregarle a la ciudad este espacio.

Esquina noroccidental de la avenida Cero con calle octava.

Una disquisición sobre el barrio San Luis: cuando llegué a Cúcuta no tardé en darme cuenta de que los habitantes de este barrio, ubicado a lado y lado de la avenida Demetrio Mendoza, eran marginados por sus paisanos del casco céntrico de la ciudad.

A mediados del siglo pasado este barrio tuvo en el médico y concejal Augusto Martínez a uno de sus mejores benefactores, en el sentido que fue él quien desde el Concejo municipal propuso conectar a la ciudad con el antiguo “pueblito”, como se decía antiguamente, cuando era impensable la construcción de viaductos sobre el río Pamplonita.

Si observamos detenidamente advertiremos que hoy el barrio San Luis marcha hacia el progreso porque sus antiguas casonas, y con mayor razón las que amenazan ruina, paulatinamente han sido demolidas y reemplazadas por construcciones modernas.

Hoy vemos edificios de apartamentos y en construcción un inmenso conjunto residencial contiguo al Hotel Bolívar. Chévere!



Recopilado por: Gaston Bermudez V.