miércoles, 4 de marzo de 2015

723.- ZULIMA, HISTORIA CULTURAL DE CUCUTA



La Opinión

Teatro Zulima

En la historia de Cúcuta quedará inmortalizado el teatro Zulima como un ejemplo de la cultura local. El desarrollo en infraestructura que ha tenido en la última década y la consolidación de programas lo ponen a la vanguardia del ámbito cultural.

Manejado por la Fundación Cerámica Italia, que lo recibió en el 2006, el teatro amplía su horizonte cultural y facilita la apertura de espacios para que los artistas locales den a conocer su talento, así como para que los cucuteños accedan a espectáculos de envergadura mundial.

Desde la apertura del teatro Zulima, el 17 de septiembre de 1954, se levantó el telón a un nuevo panorama para el arte cucuteño, que a la luz del Siglo XXI es una de las que más progresos ha tenido en Colombia.

En los años de historia, el Teatro Zulima se ha consolidado como el espacio ideal de los cucuteños para apreciar cine, teatro, conciertos, muestras dancísticas, poesía,  monólogos y exposiciones.

La nueva era data de 2007, cuando la antigua estructura fue sometida a una recuperación en la que se invirtió una suma considerable de dinero, el cual fue gestionado por la Fundación Cerámica Italia con el apoyo del Ministerio de Cultura y la Gobernación de Norte de Santander.

El encargado de darle el aire moderno que hoy ostenta fue el arquitecto Arturo Cogollo, quien conservó el concepto original de su colega Gabriel Largacha.

El moderno lobby del teatro facilita la integración de los espectadores y el espacio ha sido testigo de agitadas tertulias en las que los artistas que hacen sus funciones interactúan con el público cucuteño.

La historia del teatro Zulima lo ubican como Bien de Interés Cultural de carácter departamental y es foco de referencia para los grandes artistas nacionales e internacionales que quieren presentarse en Cúcuta.

Dos de los proyectos que más aceptación han tenido en los últimos años son: Miércoles de Cultura Regional, que desde su primera edición han sido una iniciativa de la Fundación Cerámica Italia en sus políticas de habilitar espacios culturales para el desarrollo de la ciudad.

También está la apertura de la Galería Zulima, en mayo de 2013. Hasta antes de esa fecha, en Cúcuta, los artistas locales no tenían un espacio donde exponer y comercializar sus obras.

Por esa razón la Fundación Cerámica Italia, en su interés de fortalecer la cultura en la ciudad, habilitó la Galería.

En ese proyecto se venía trabajando desde 2012, con el acondicionamiento del tercer piso del teatro Zulima y la adquisición de mobiliario.

La sala se dotó con una iluminación acorde a la proyección de una galería y de mobiliario.

Así, queda claro que con los años el teatro Zulima es sinónimo de dedicación y empeño por sacarlo adelante y convertirlo en uno de los mejores del oriente colombiano.

Variada programación

El espacio, con el paso de los años, se ha consolidado como un epicentro cultural, registrando lleno total en la mayoría de sus presentaciones.

El teatro tiene capacidad para 800 personas y se ha hecho espectáculos de danzas, de teatro o de música, los cucuteños respaldan la oferta cultural.

Se hacen también  exhibiciones y ventas artesanales con la que se apoya el talento de los creadores locales. Tejidos, pulseras, collares, aretes y todo el ingenio del gremio de artesanos disponible para los cucuteños y habitantes de la frontera que se deleitan con este tipo de creaciones.

Los artesanos de la ciudad son activos y participan  con esmero para dar a conocer su talento.

La primera película que se presentó el 17 de septiembre de 1954, en esa época el cartel de ‘El Manto Sagrado’ aparecía pegado a la entrada del teatro anunciando la superproducción en cinemascope y tecnicolor.

Tras ese hecho el Zulima abría sus puertas a una época dorada donde los teatros eran el eje central de las ciudades: allí se proyectaban películas, se hacía teatro, comedias, danza y música.

En los actuales momentos se cumplen conciertos de gala con la Orquesta Sinfónica Juvenil, dirigida por el maestro Rafael Pineda.

La agrupación es uno de los íconos musicales de la frontera y por ella han pasado los mejores talentos de la región. La Sinfónica Juvenil ha servido de escuela de formación para niños y jóvenes que desde pequeños han sentido el llamado a incursionar en el mágico mundo de las notas musicales.

Para el sano desarrollo de la niñez se abren espacios para que los menores se acerquen a las manifestaciones culturales y es una de las prioridades de la Gobernación y la Fundación Cerámica Italia.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 2 de marzo de 2015

722.- BACHILLERATO EN CUCUTA, 1954-56




Carlos L. Vera Cristo


Leer la crónica sobre el maestro Pablo Tarazona Prada y recordar la imagen altiva, elegante y bondadosa, genotípicamente castellano-americana y fenotípicamente oscura, ejecutiva y modesta, de un hombre que en cada uno de sus pasos irradiaba estética, sabiduría y sensibilidad, inevitablemente me llevó a disfrutar de nuevo los tres últimos años de bachillerato en el Sagrado Corazón. Porque él fue uno de los iconos departamentales que los hizo inolvidables.

Razones de viaje y descuadre de fechas, hicieron pensar al rector Rodulfo Eloy (después hermano Ramiro Pinzón Martínez) que era más conveniente que reiniciara estudios con el grupo que venía un año detrás cuando me fui, así que cambié a Orlando Vargas, Pedro Luis García, Rosario Rivera y demás admirados amigos por Juvenal Granados, Eduardo Gamboa, Rafael Solano, Rafael Galvis y otros 33 entre los cuales estaban Joaquín Funk y la estrella basketbolista Juan de Dios Joves, después profesor de medicina en Manizales.

A otros igualmente admirados, el tiempo y el espacio solo permiten rememorarlos en grupo.

No me cayó  mal el cambio, porque yo soñaba con ser el mejor bachiller y no creo que Orlando Vargas me lo hubiera permitido.

Que Juvenal Granados de todas maneras me hizo pasar las duras y las maduras para lograrlo y sería un competidor tan duro como noble es también un recuerdo gratísimo.

Allí además reencontré, para mi gran fortuna, a Virgilio Durán, que se había atrasado motivo a enfermedad.

En el año inmediatamente posterior  estaban próceres como Ciro Jurado y Eugenio Wittenzellner  y en el siguiente Alvaro Enrique Alvarez, entre muchos igualmente destacables.

Los hermanos Díaz, Alfredo y Carlos, lideraban el invencible equipo de basket Guasimales, que evitó permanentemente  que La Salle, como llamábamos el del Sagrado Corazón, quedara campeón.
 
Ello nos enfurecía porque los hermanos Díaz habían sido parte de nuestro colegio en otras épocas (¿Han notado, a propósito, el increíble parecido entre Emilio Butragueño, eminente dirigente actual del Real Madrid y el Alfredo Díaz de los años setenta?).

Además, hasta pocos años antes,  la única cancha de la ciudad  con pequeñas tribunas de madera e iluminada era la grande entre las muchas del colegio, de manera que siempre perdíamos el campeonato jugando de locales.

Muy ocasionalmente llevaban a las niñas de bachillerato, en especial a las del colegio Santa Teresa, a ver los partidos, pero siempre en formación grupal y vigiladas por la intimidante hermana Martha para que los machistas no se les acercaran ni ellas pudieran tener éxito en sus coquetos intentos de conversarles. Se las acomodaba estrictamente en las bancas designadas para ellas.

Los que esto lean pueden pensar que los del 54 al 56 éramos unos pobres pendejos.

Pero más bien éramos, perdonando la expresión, unos verracos. Porque la mayoría de los ciudadanos apoyaban a la reverenda pero a pesar de todas las precauciones, la hermana Martha no podía estar en todas las calles ni tampoco en el club Cazadores, o el Tennis, o el mismísimo club Comercio que quedaba a cuadra y media del parque Santander, así que su eficiencia era apenas parcial.

Varios, como puede atestiguar cualquiera de las o los sobrevivientes, sí éramos unos pendejos; pero nos fuimos perfeccionando con la experiencia en unas décadas.

Posiblemente por las situaciones mencionadas,  uno de los graves problemas educacionales  en el colegio femenino era que los muchachos frecuentemente se subían al muro que rodeaba  el recatado centro,  para tentar a las chicas.

Aquí es donde puedo explicar por qué el maestro Pablo Tarazona me tomó simpatía a pesar de que yo no tenía la más mínima destreza musical.

Yo andaba, con base en experiencias allende el océano, con la teoría de que ese aparente descontrol cuando los grupos masculinos se acercaban a los femeninos era exclusivamente producto de la pésima forma de enseñar la convivencia por parte de los estamentos y que desaparecería cuando los absurdos controles se modificaran y se fomentaran las actividades comunes.

Para lo cual me parecía que no había nada mejor que realizar actividades literarias y artísticas en conjunto.
 
Ya había interesado en el tema a la hermana Martha y por descontado al hermano Rodulfo Eloy, así como a los directores de colegios masculinos y femeninos de Cúcuta y Pamplona a pesar de que inicialmente se había dicho que era una misión imposible.
 
Redondeaba el sueño de que se hiciera una velada lírico-literaria en el teatro Zulima, recién inaugurado y el más refinado de la ciudad, con participación de hombres y mujeres de cada plantel.

Había hablado y convencido a los rectores de colegios, que colaboraron para que nos lo  prestaran, pues pertenecía al gobierno. La única idea que no logré vender fue la de pedir al maestro Tarazona que la sinfónica departamental participara en ese evento, porque según todos,  el montaje y los compromisos de la orquesta no permitían imaginar siquiera que pudieran aceptar.

Así que tuve que  buscar al maestro yo solo. La radiante expresión de su cara cuando le manifesté nuestra solicitud ha sido un estímulo en todas las acciones de mi vida: contestó que prepararía el mejor concierto que se le hubiera escuchado a su sinfónica; estaba listo para aconsejar en la programación, preparación y coreografía del acto.

Desde ese momento, a pesar de sus múltiples ocupaciones, dio  la  impresión  de que no podía esperar a que llegara el día del acto. Así ocurría con todas las empresas en que se comprometía a ayudar.

Algún día de Octubre, imposible recordar cuál, de 1955, se llevó a cabo la brillante sesión en el entrañable teatro. Saco y corbata estricto para los hombres, traje de fiesta para las damas. La mayoría de los que  presentábamos algo, de smoking tropical.

La sinfónica ejecutó tres selectas y bellas piezas musicales. Alumnos de diferentes colegios leyeron obras o recitamos poemas. Pamplona se lució enviando entre sus representantes un alumno del colegio Provincial y una de la Presentación, de origen italiano, eximios tenor y soprano, novios para más señas.

 Virgilio Durán Martínez ejecutó canciones  acompañado de su guitarra. Rafael Galvis Velandia deleitó con su siempre recordada “noche de ronda”. Yo recité “la serenata de Schubert”, del único mejicano que le ha ganado a Jorge Negrete y a Pedro Infante: Manuel Gutiérrez Nájera, mientras simultáneamente las dos hermanas Ofelia y Colombia Méndez God la tocaban al piano.

Me contaron que al terminarla, la Señora Funk, abuela de Gisela y Joaquín, preguntó qué pensaría estudiar yo y cuando le dijeron que medicina, exclamó: “qué gran artista se va a perder”.
 
Soy bien consciente de que nunca pude dibujar una línea bien hecha y ni siquiera aprender a bailar la música popular. Y de que si hubiera pedido entrada a alguna escuela de teatro nunca me hubieran recibido. Pero el buen sabor que su frase me dejó, permanece. Al fin y al cabo era paisana de Wagner y de Goethe.

Sin embargo lo principal fueron la planeación y los ensayos mixtos durante meses, la continuación de actividades conjuntas durante el resto del bachillerato, incluida la asistencia a los partidos de Basket de los colegios sin el acompañamiento de la hermana Martha y sentándose en las bancas que se quisiera; y desde luego, la desaparición para siempre del problema de los bárbaros escalando el muro del colegio de Santa Teresa.

A menos que ahora que parece de moda repetir barbarismos se lo esté haciendo de nuevo.
 
Como epílogo puedo informar que al siguiente año por primera vez los jóvenes de los dos colegios rindieron sus exámenes escritos de fin de grado compartiendo con las señoritas un salón de Santa Teresa. Muchos envidiábamos a  Absalón Becerra Granados, que había estudiado para los exámenes con varias de las chicas y en consecuencia era el que más tranquilo se sentía. Las bachilleras fueron invitadas y compartieron sitio en el Zulima  con los bachilleres del Sagrado Corazón en nuestra ceremonia de grado.

Cecilia Mutis D., Alicia Ospina y muchas otras encantadoras damas que no me es posible anotar seguramente recuerdan esto con afecto.

Yo recibí de manos de mi padre que era el presidente de la Asociación de padres de familia, el galardón de primer bachiller; mientras la gente aplaudía  él me regañaba en voz baja por haber llegado tarde como de costumbre, lo cual decía me iba a causar muchos problemas en la vida. Y me los ha causado.

En seguida pasé adonde el doctor Tesalio Ramírez que como secretario de gobierno representaba al gobernador Gonzalo  Rivera Laguado que estaba fuera de la ciudad, quien me felicitó mucho y me hizo ver que me esperaba un gran porvenir.

No deja de deprimirme lo poco que he hecho a pesar de esos presagios. Y ganas me dan a veces, cuando traen la nueva tanda de cervezas, de poner en práctica la resignada y sabia máxima de los campesinos de los Santanderes:  Mano, ya que no hemos sido nada en la vida, degenerémonos. 

Nosotros los varones, terminamos además dejando al colegio en agradecimiento una estatua de San Juan Bautista de la Salle que hasta hace poco perduró en los jardines de la Quinta Teresa. Claro que en su base pusimos los nombres de todos. Nos emocionaba pensar que en adelante le haría compañía al hermoso monumento de Bolívar, que desde veintiséis años antes ornaba en el otro extremo la entrada del colegio, homenaje de la Federación Deportiva y estudiantes de la época al libertador en el primer centenario de su muerte. Por cierto el primer homenaje a Bolívar colocado en Cúcuta.

Estoy convencido de que si no hubiera sido por los corsajistas del 54-56, nuestros hijos y sobrinos y la siguiente generación, la actual, todavía tendrían que estar forcejeando con la hermana Marta o similares  y subiéndose al muro de Santa Teresa u otros  para llegar hasta sus bellas condiscípulas.

Que a ninguno le hayan contado cómo fue la cosa es una gran lástima. Pero fue así. Y el maestro Tarazona tuvo una parte en ello que debe estar contemplando divertido desde algún sitio privilegiado.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

domingo, 1 de marzo de 2015

721.- EL INFORME DEPORTIVO DE 1957



Gerardo Raynaud

Esta foto del recuerdo en Pereira muestra a la mayoría de los integrantes del equipo con su madrina, directivo Sepúlveda y algunos aficionados. Entre los jugadores están de pie Roque ¨fiera¨ Peñaloza, Carlos ¨cabezón¨ Castillo, Hernán ¨pipo¨ Gómez, Otto ¨cicuta¨ Jiménez, Alfredo Díaz, Hilario López y agachados David Morantes del cuerpo técnico, luego Luis Castro Lobo, Gustavo Martínez y Germán ¨patón¨ Sánchez.


Como todos los principios de año, las instituciones acostumbran a divulgar las actuaciones y actividades que realizaron durante el mismo periodo inmediatamente anterior, lo que hoy llamamos eufemísticamente, ‘la rendición de cuentas’, con el fin de informar a la ciudadanía o mejor aún, a los contribuyentes, cómo fueron invertidos lo recaudado por sus impuestos.

El año 57, como sabemos, fue un año atípico en lo político y lo social, situación que influyó necesariamente en las demás actividades de la vida diaria y por ello, el deporte no fue la excepción.

Existía entonces, la Federación de Deportes como entidad rectora de éstos y dependiente del Departamento y a la cabeza de ésta, el secretario que era quien, por norma, guiaba u orientaba la actividad, algo que consideraban quienes manejaban la gestión deportiva, como un serio inconveniente para que el papel de esta entidad fuese siempre acertado.

En los primeros meses de ese año, el secretario de deportes era el conocido Bonifacio Jaimes, hombre entregado al deporte durante toda su vida, aunque fuera detrás de un escritorio.

Debido a la falta de presupuesto y a la negativa de contribuir a su consecución, don Bonifacio perdió el apoyo de todas las ligas deportivas, razón por la cual tuvo que retirarse del cargo y en su reemplazo se nombró a don José García-Herreros, quien sin estar versado en deportes, supo atender a los dirigentes y proporcionar apoyo a todos los deportes.

Por esta razón, la dirigencia deportiva en su totalidad esperaba que para el año 58, la Federación esperaba cumplir una labor más eficiente y como todos ansiaban ‘digna del reconocimiento general’.

Después de esta breve introducción, el informe rendido a la comunidad sobre el desempeño de los deportistas y debidamente socializado, reflejaba la realidad del deporte regional; escasos progresos a pesar de la mucha actividad pero sin mayor técnica.

El informe mostraba lo que se había hecho en el campo de los deportes más representativos como fueron el ajedrez, el atletismo, basquetbol, beisbol, ciclismo, futbol y tejo.

Veamos entonces lo que se informaba al respecto del desempeño de nuestros deportistas en cada una de sus especialidades.

Comenzaremos con el deporte ciencia. Mucha actividad se desarrolló en torno a esta práctica; varios torneos fueron escenificados, tanto en los amplios salones de la emisora La Voz de Norte, como en el Club Deportista, por entonces el más reconocido patrocinador de las actividades deportivas de la ciudad.

Allí practicaron nuestros ajedrecistas para representar el departamento en el campeonato nacional que se realizó en Montería, donde ‘nuestros representativos pudieron darse cuenta cabal de la importancia de los detalles de orden técnico, que es necesario imprimir a la organización y el desarrollo de las actividades locales para lograr progresos y llevar a nuestros ajedrecistas a adquirir una más sólida y efectiva preparación.’

Era la forma diplomática de relacionar la desastrosa participación de los integrantes de la selección local.

En el siguiente punto del informe, se trataba el tema del atletismo. La queja fue generalizada contra la Sección de Educación Física del Departamento por cuanto, decían, se oponían sistemáticamente a la participación de los estudiantes de los planteles educativos, en las distintas actividades que permitiera desarrollar talentos atléticos.

Sin embargo, la liga de atletismo programó algunas pruebas, dentro de las limitadas suficiencias técnicas, por lo cual no se pudo realizar el campeonato departamental.

La falta de apoyo por parte de las entidades oficiales para efectuar el arreglo y acondicionamiento de las pistas, de las que sólo a mediados del mes de diciembre se obtuvo alguna atención, hizo renacer la esperanza que para este deporte se presentaría el año siguiente.

De las pocas pruebas que se realizaron, la que mayor espectacularidad mostró fue la ‘Maratón de los Barrios’, entre otras, por el entusiasmo que mostraba el entrenador de la liga, Natalio Molinari, que le permitía foguear a su pupilo Carlos Alarcón con los atletas locales, con miras a su participación en el principal evento deportivo de fin de año que era la Maratón de Girardot, como preparación a la más famosa de las carreras de fin de año, la Carrera de San Silvestre.

El deporte que tal vez sacaba la cara por el departamento era, sin duda el basketbol y conste que lo escribo así, como era la costumbre en esa época, haciendo caso omiso a las recomendaciones de la Academia, sólo para mantener el ambiente que se vivía en los años de mediados del siglo pasado.

Durante el 57, la afición cucuteña tuvo la oportunidad de disfrutar y gozar del espectáculo basketero en toda su intensidad, con ocasión de los partidos de la Copa Colombia, tanto en las eliminatorias, como en su etapa final.

El equipo del Norte tuvo la fortuna de tener el respaldo general de las instituciones del sector público, así como el patrocinio de las empresas  más representativas del sector privado local.

Para su participación en ese torneo de Copa, el equipo contó con la ventaja de tener un entrenador propio y de innegables conocimientos técnicos, por lo cual se logró la conquista del subcampeonato.

Luego de este trofeo, que le dio la oportunidad de clasificarse para el Campeonato Nacional que se realizó en la ciudad de Pereira, en donde nuevamente el equipo obtuvo, el subcampeonato nacional, pero además, el título de campeón nacional de tiros libres, mención que recayó en la persona del jugador y entrenador Alfredo Díaz.

Aunque desde el principio, el equipo lamentó las ausencias de algunos de sus mejores jugadores, como fueron Carlos Díaz, Álvaro Silva y Sergio López, siempre creyeron que lograrían mejores resultados si hubieran estado presentes y que finalmente por razones diversas no pudieron asistir.

El siguiente de la lista en pasar al tablero, fue el beisbol y la dirigencia de ese deporte se quejó en primer lugar, de la falta de apoyo gubernamental para lograr un estadio propio donde realizar la práctica de su deporte.

A pesar de los pocos respaldos, la liga logró llevar a cabo el campeonato departamental y unos partidos de intercambio con Santander y el Estado Táchira.

Al ciclismo se le reconoció como el deporte de más intensa actividad, por cuanto se ejecutaron los proyectos de la Primera Vuelta al Norte, el Campeonato Nacional de Ruta y la participación en la Vuelta a Colombia, donde los deportistas más representativos fueron, Bochalema Rivera, Douglas Superlano y Gustavo Rojas quienes sembraron la semilla para los futuros ciclistas que representarían al departamento en el futuro.

Cerraban el informe las ligas de fútbol amateur y de tejo, las que como se dice popularmente, cumplieron su labor ‘sin pena ni gloria’, ambas marginadas de las competencias nacionales, a pesar del entusiasmo y de la buena fe de su dirigencia, apenas lograron que sus equipos hicieran una labor ‘paritaria´ de aciertos y equivocaciones.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.