miércoles, 23 de julio de 2014

604.- ALGUNAS GLORIAS NATIVAS DEL BALOMPIE ROJINEGRO



Pedro Jáuregui Avila

JUAN  BARBOSA, ´CHALAMU´

Sentado en su silla de ruedas ’Chalamú’ ve desfilar los días y los recuerdos que a veces le flaquean, como es lógico, por el paso inexorable de los años.

Hasta hace dos años, su estampa fue familiar cada mañana en la capilla del ancianato Rudesindo Soto, sobre el costado occidental del parque Colón. Claro, aquella diaria escena en la misa de alba terminó en la silla de ruedas a la que quedó confinado por culpa de la edad y de los achaques de una salud que en 1950 parecía inquebrantable.

En ese año, Juan Barbosa ‘Chalamú’ no tenía motivos para avizorar los lentos paseos que hasta hace poco hacía por la avenida Quinta hasta la cafetería del parque contiguo a la capilla tras asistir a la eucaristía.

Nacido el 27 de diciembre de 1928 en el desaparecido hospital San Juan de Dios, del barrio La Playa, que hoy sirve de sede a la biblioteca Julio Pérez Ferrero, justo frente al asilo de ancianos, el viejo Chalamú es el único sobreviviente de esa legión de futbolistas, que se distinguió no solo por su buen juego, sino por los avatares de una vida pletórica de excesos.

“No fui un santo, pero tampoco un   sinvergüenza”, comenta sentado en la silla de ruedas donde ve pasar los días en la casa de uno de los seis hijos que tuvo con Máxima Gutiérrez, de quien enviudaría hace pocos años.

Con ella se casó en la iglesia San Rafael, a unas cuantas cuadras del parque Colón, lugar en el que nació aquella familia conformada por Sergio Humberto, César Iván, Julio Omar, Álvaro, Omaira y Carlos. De ellos, Julio Omar fue el que mejor hizo acopio de la experiencia futbolística de su padre: integró la selección Venezuela de 1983 e hizo parte además del Deportivo Táchira. Por si fuera poco, un hijo de Julio Omar juega en las divisiones inferiores del cuadro aurinegro.

Cúcuta Deportivo 1950, segunda vuelta, de pie, de izquierda a derecha: Washington Barrios, Lauro Rodríguez, Alcides Magnay, Julio Terra, Pablo Mendoza, Juan José Tulic, “Cajurra” Díaz, Andarín Barbieri Oliveira (técnico) y Salcedo (masajista). Hincados en el mismo orden: Dardo Acuña, “Chalamu” Barbosa, Carlos Zunnino, Abraham González, Luís Alberto Miloc, Juan Carlos Toja, Ramón Villaverde, Juan de Lucca, “chino” Luz  y “Gallito” Contreras.

En cuanto a su presencia en aquel vistoso Cúcuta Deportivo de 1950, dirigido por Miguel Olivera, quien procedía de Millonarios, Chalamú  recuerda perfectamente el salario que cobraba entonces: 120 pesos mensuales, además de 60 pesos por partido ganado y 30 por juego empatado, además de la comida.

Célebre por su fuerte patada y sus certeros golpes de cabeza, Chalamú evoca las circunstancias que envolvieron su contratación. A su juicio, la oportunidad le fue dada por el puro cansancio que le producía al entrenador Olivera verlo todos los días en los entrenamientos. A la final, a Olivera le llamó la atención su capacidad para defender, patear e ir al ataque.

“En un entrenamiento le hice un gol olímpico al ‘Niño’ Tulic (Juan José) y otro de golpe de cabeza”, dice este hombre tratando de aclarar las cosas que quizá hicieron posible su presencia en el equipo profesional.

¿Y el remoquete ‘Chalamú’?  Su versión señala a un vendedor de prensa como el autor de un sobrenombre que hoy parece su apellido. “Un día cuando iba por la prensa donde las Hermanas Paulinas, que estaban ubicadas en la calle 11, entre avenidas 4 y 5, el me gritó ‘Chalamú’ y de ahí en adelante todos me llamaban así”.

Sobre sus compañeros de aquel glamoroso 1950 menciona a Luis Eduardo ‘Gallito’ Contreras. “Era extraordinario. Le daba a uno seguridad cuando tenía la oportunidad de acompañarlo en la titular”, confiesa. “Le aconsejaba a sus compañeros sobre la necesidad de no amilanarse con los  extranjeros, especialmente los delanteros. Jugaban cinco o seis, que querían ganar de presencia. ‘Dele, pero que no se den cuenta’, nos decía”, remata este cucuteño, amante como es de los pasteles de garbanzo según confiesa.

‘EL PERRO’ JUAN GÁMEZ


Juan Gámez sonríe en ocasiones cuando algunas palabras lo sacan de su nebulosa.

El diagnóstico de su enfermedad hace algún tiempo hizo añicos los testimonios directos que Gámez, el mítico defensa del equipo rojinegro, hubiera podido entregarnos sobre una época en la que muy pocos jugadores cucuteños integraron la divisa motilona.

Recluido en el hogar de paso del barrio Lleras, Juan Gámez vive paradójicamente a espaldas de ese templo del fútbol que le dio notoriedad en 1953 a los 21 años, cuando se incorporó en Cúcuta al club con el que la ciudad se jactaba de estar entre las grandes ligas del balompié nacional.

Hoy, con 82 años a cuesta, los recuerdos de esa vida rebosada de glorias deportivas navegan caóticamente en su mente. Si no fuera por su esposa Ana Celina y sus hijas Gloria y Pilar, las guardianas de su sitiada memoria, poco sabríamos de uno de los jugadores cuya nombre quedó esculpido para siempre en la historia del Cúcuta Deportivo.

Son ellas, cada vez que lo visitan en el hogar de paso, quienes le hacen gambetas a la vida para disfrutar de los pocos momentos de lucidez que le llegan a su esposo y padre. Tendrían mucho más que contar de no ser porque hace casi dos años, apenas conocieron el diagnóstico del alzheimer, decidieron botar las fotografías que le unían al pasado.

Un arrebato de confusos sentimientos primó en aquella decisión, destinada también a destruir el papel fotográfico que plasmaba rostros que tal vez solo Gámez podría haber reconocido. Centradas en el presente, Celina, Gloria y Pilar prefieren recordarlo como el hombre que intuyó que la gloria futbolística podía ser un espejismo capaz de destruir lo que más amaba: su familia.

Poco antes de que su memoria comenzara a apagarse, Gámez se encargó de dejar en claro que lo primero siempre fue su familia. Por ella prácticamente dejó el fútbol, una decisión que aunó a su certeza de que el balompié no le brindaría una seguridad económica con el cual hacerse a un futuro sin angustias.



Cúcuta Deportivo 1955. De pie, izquierda a derecha: Arturo “La Garza” Caicedo, Pedro “Cajurra” Díaz, Juan Gámez, Darío “Patilla” Zapata, Juan “Rumbo” Vidal, Carlos Peñate y “Pulgarin”. Hincados: Eloy Ronquillo, “Chita” Ramírez, “ kilo” Jiménez, Luís Miloc, Carmelo E. Colombo y Bibiano Zapirain.

Pero en la cancha, fue un defensa recio, que cabeceaba y pateaba bien con ambas piernas. Jugaba descalzo en sus comienzos hasta que Jorge ‘Manino’ Escobar lo obligó a ponerse guayos.

Y, claro, antes de su boda, Gámez no escapó a la tentación que despertaba en aquella nómina de lujo el gusto por los excesos.

“Juan tomaba trago lo mismo que los otros jugadores, pero un día y ante el ultimatum de la Colombian Petroleum Company (Colpet) –empresa donde él laboraba – decidió retirarse de su gran pasión que era el fútbol”, cuenta hoy su esposa.

“Eso fue después de disputar un cuadrangular en Guayaquil (Ecuador) junto a Barcelona, Emelec y Deportivo Cali”, agrega, tras recordar que el ecuatoriano Eloy Ronquillo, fallecido en el accidente aéreo de Avianca del 17 de marzo de 1988, que cubría la ruta Cúcuta-Cartagena, fue quien llevó a su esposo a jugar con el Cúcuta y luego con el equipo de la Colpet.

Pero del Juan Gámez, el mismo que hoy vive en una galaxia donde él es el único habitante, Ana Celina prefiere evocarlo como el esposo cariñoso y el excelente padre que, según ella, fue este hombre que en 1952, en el Nacional de Fútbol, se refugió con la Selección Norte de Santander en el colegio Gremios Unidos, el mismo lugar hasta donde Ana Celina y sus amigas iban a diario a visitarles. La selección era dirigida por Jorge ‘Manino’ Escobar, que alcanzó el título nacional, y lo integraron además de Juan Gámez, Pedro ‘Palito’ Medina, Enio Ojeda, Jorge ‘Chema’ Méndez, Luis Enrique ‘Terremoto’ García, Eloy Moyano, Eddie Apolinar, Ernesto ‘Casildo’ Vivas, Marco Antonio ‘Fleishman’ Contreras, Eparquio García e  ‘Hijo mío’ Carrillo. El delegado fue Alfonso Cuberos Porras.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 21 de julio de 2014

603.- AÑORANZAS DEL DIARIO DE LA FRONTERA



www.unipamplona.edu.com y otras fuentes


El Diario de La Frontera primero fue conservador, más antiguo que La Opinión, Luis Parra Bolívar era su inspirador y lo fundó al lado de doña Ligia Echeverría el 17 de febrero de 1951, quien seguiría la obra de Luis Parra acompañada del doctor Teodosio Cabeza Quiñonez. Periódico que poco a poco se consolidó y abrió una nueva etapa en la información noticiosa regional y de la frontera con Venezuela.

El Diario de La Frontera alternó con Comentarios y Oriente Liberal antes de la llegada de La Opinión a partir de 1.960. 

El  10 de agosto de 1969 fallece en Cúcuta su propietario fundador doctor Luis Parra Bolívar quedando el Diario de La Frontera bajo la dirección de su viuda doña Ligia Echeverría.

El Diario de La Frontera cumplió sus 25 años en 1976. En la celebración estuvieron presentes personalidades y líderes políticos entre otros el liberal Otto Morales Benítez y los conservadores Alvaro Gómez Hurtado y Lucio Pabón Núñez. La dirección en ese momento estaba a cargo de Teodosio Cabezas Quiñones. El Diario fue por muchos años orientador de la sociedad cucuteña y de la vida política del Departamento. 

Sin embargo en la época de los 80 por problemas económicos, se vende el periódico a la familia Salcedo, de tendencia liberal, en cabeza de Fernando, Aidé y su líder desde la parte política el senador Félix Salcedo Baldión.

Hacia finales de esa década el Diario de la Frontera alcanzó un importante desarrollo, planteando cosas diferentes para la ciudad. Sus dueños de ideología liberal, contrataron como asesor de contenidos  y nueva cara del periódico al reconocido académico y periodista, Guillermo León Aguilar de la Universidad Autónoma de Bucaramanga y tenían en Jairo Matíz un jefe de Redacción sagaz, preocupado por la primicia y la investigación. En ese grupo estaba Ernesto Duarte Rojas, quien era acompañado por Roberto Ospino, Ciro Rodríguez, entre otros.

Luego fue comprado por el conservador doctor Mario Javier Pacheco, eminente poeta ocañero, dándole una orientación más que todo cultural, pero el negocio dejó de ser prospero. Pasó lo mismo que con El Comercio, La Noticia y muchos otros periódicos.

El Diario de La Frontera alternó la jefatura de redacción con Jairo Matiz, Gustavo Rojas Pérez y Juan Ricardo Gélvez.

El Diario de La Frontera le dio la oportunidad a la ciudadanía de tener suplementos literarios y páginas dedicadas a la cultura, sección liderada durante mucho tiempo por el comunicador social Javier Bosch Fossi.

 Recordamos en los actos de celebración del 25 aniversario del periódico en 1976 de izquierda a derecha entre otros a Otto Morales Benítez, Ligia Echeverría, a ese otro gran jefe conservador de la época, Álvaro Gómez Hurtado, Lucio Pabón Núñez y la gobernadora María Carmenza Arenas Abello. 

Hubo también una columna semanal del maestro Pablo Tarazona Prada desde los años 60, donde comentaba diversos aspectos del arte musical; escribía sobre vida y obra de reconocidos compositores e intérpretes colombianos y también de grandes compositores del mundo entre otros a Mozart, Beethoven, Bach, Haendel, Haydn y Schubert, teniendo la ciudadanía la oportunidad de ilustrarse, lo cual constituyó una actividad cultural muy importante.

En tamaño universal, el Diario de La Frontera sacaba separatas comerciales de fin de año, tuvo su unidad investigativa y batalló durante 50 años, pasando por todos los procesos: máquina de escribir, tipeo, computadores.

El paso tecnológico ayudó a realizar más páginas, apoyándose además en casas de prensa internacional con fuentes diferentes como DPA (agencia alemana) y PL (prensa Latina) desde Cuba.

Reporteros gráficos como Agustín Yáñez y Mirto Flórez, pasaron por el Diario de La Frontera, Ramón  ??? con sus crónicas judiciales, Rodolfo Ogliastri (q.e.p.d.), Ciro Rodríguez fiel con su página deportiva, Claudia Cecilia Sarmiento, Laura Dúmez, Mary Stapper directora de páginas especiales, quien tuvo la oportunidad de entrevistar a personajes de la historia como Lucio Pabón Núñez, Carlos Andrés Pérez, Álvaro Gómez Hurtado, Luis Herrera Campins, Misael Pastrana Borrero, Alfonso López Michelsen, María Elena de Crovo, Juan Martín Caicedo Ferrer, Juan Agustín Ramírez Caderón,  y pasaron otros comunicadores. Edgar Allan Niño Prato fundó la primera unidad investigativa del Diario de la Frontera.

Mary Stapper entrevistó a personajes de la historia de Colombia, uno de ellos, Álvaro Gómez Hurtado.


Gerardo Raynaud hace recordar en una de sus crónicas  de mitad del siglo pasado:

¨... la celebración de la edición 100 del Diario de la Frontera, un verdadero hito constituía la llegada a esa cifra, que para todas las publicaciones  es un logro que todas esperan poder cumplir. Recibió las felicitaciones protocolarias de todos sus colegas y en especial de sus copartidarios quienes no ahorraron adjetivos para reconocer su invaluable aporte como vocero de las necesidades e intérprete de los problemas de una de las ciudades más florecientes del país, que por su situación geográfica se constituye en una avanzada de la patria en la línea de la frontera norte. 

Pero además de los elogios, el Diario de La Frontera les proponía a sus lectores nuevos atractivos especialmente en sus secciones de entretenimiento. Para ello, habían contratado con la empresa americana Editor Press, las tiras cómicas de dos de los personajes más famosos del momento y que se mostraba como la publicación más atractiva y divertida que producía el agudo ingenio americano, se trataba de Benitín y Eneas, quienes de ahora en adelante y a partir de la edición 101 harían las delicias de sus lectores y para completar la dicha habían adicionado un producto que también desapareció de la publicaciones escritas y que para algunos formaba parte de su acervo diario, que preferían en lugar del conocido horóscopo, se trataba del ‘Pozo de la Dicha’, un pasatiempo que traía un mensaje diario, que dependía del nombre del lector, de la cantidad de letras de él y que era una especie de rompecabezas numérico¨.

También se recuerda el apoyo que daba el Diario de La Frontera al deporte nortesantandereano patrocinando equipos en actividades deportivas. Por ejemplo en basquetbol patrocinó en 1965 un equipo juvenil que la mayoría de sus integrantes eran del colegio Lasallista Sagrado Corazón conformado por Guillermo Yepes, Carlos González, Arturo Camperos, Luciano Aceros, Rafael Mojica, Oscar Chaustre, Jesús Lamk, Alberto D´Pablo, Gastón Bermúdez, Gabriel Moure y Fernando Morales, entrenados por Said Lamk, quienes compitieron contra Fanal, Gaseosas Hipinto, Café Galavís entre otros, quedando Diario de La Frontera Campeón Juvenil Municipal en forma invicta.  


Doña Ligia de Parra Bolívar, gerente del Diario de La Frontera condecora a Gastón Bermúdez uno de los jugadores del equipo de este periódico que se consagró invicto como Campeón Juvenil Municipal de Basquetbol 1965. Observan otros jugadores, Arturo Camperos, Oscar Chaustre y Fernando Morales. El acto se llevó a cabo en la cancha Toto Hernández y en él la Liga Departamental hizo entrega de los trofeos, medallas y diplomas a los campeones. En la gráfica aparece también el doctor Luis Parra Bolívar, propietario de esta empresa.


Luis Parra Bolívar

Ante todo un conservador de tiempo completo se caracterizó en el departamento por su apoyo a la gobernación y la actividad política de Lucio Pabón Núñez, el historiador Jorge Meléndez Sánchez autor de Política, Violencia y Esperanza en el tomo III de la serie Ocaña siglo XX, documento con sitio en la red, describe el talante de Luis Parra Bolívar quien desde el Diario de la Frontera impulsaba a quienes habían sido autoridades máximas del departamento, no con un periodismo informativo y por el contrario considerado altamente parcializado hacia el partido conservador. La casa Laureanista y luego la Ospinista fueron escenarios donde se movió el doctor Pabón Nuñez, quien incluso acompañó el período de Rojas Pinilla.

Gustavo Rojas Pérez narraba una anécdota de don Luis Parra quien  en cierta oportunidad decidió publicar en el Diario un aviso en el que anunciaba a la ciudadanía que no aceptaba cargos, postulaciones y que no daba recomendaciones a nadie. Esa y muchas historias más, se escuchaban y en cada una de ellas, se reflejaba la moral del periódico y la ética,  con que  Luis Parra  manejaba  las cosas.

Gustavo Rojas Pérez

Considerado maestro del periodismo escrito en el Norte de Santander, Gustavo Rojas Pérez, quien fue ciclista, se dejó atraer por la magia de la prensa escrita. En el Diario de la Frontera escribió sus mejores páginas, conoció a todos los gobernadores de mitad del siglo XX en adelante, su obsesión por la página regional, donde se movía como pez en el agua, y bien sea con la vieja máquina Remington, con los computadores y con los últimos adelantos tecnológicos, demostró que fue un periodista de vocación.

Todos lo identificaban con la divisa azul, con Parra Bolívar, con don Teodosio Cabezas, con doña Ligia de Cabezas, pero cuando tuvo que trabajar con los dirigentes liberales, no escatimó esfuerzos para informar con objetividad. Por ese motivo era bien recibido en todos los círculos sociales y políticos.

Era un lobo de mar, capaz de realizar hasta ocho páginas, si le tocaba hacer el periódico solo lo hacía y salía porque salía.  Sacaba fotografías, revelaba, era autosuficiente y además asesoraba y enseñaba a quienes aparecían como nuevos en el periodismo. Bastaba verlo girar desde su sitio de trabajo, retirar sus gafas y hacer el comentario preciso para desmentir, contradecir, cuestionar o simplemente asentar con la cabeza que las cosas si iban por buen camino.

Su última experiencia periodística fue con La Opinión y su muerte fue tan repentina, como las noticias que sacaba en primicia, nadie lo esperaba y sencillamente su corazón no quiso vivir más las lides del periodismo, Gustavo Rojas trabajó hasta el último día.

La familia Salcedo Baldión

En 1.988 la familia del entonces senador Félix Salcedo Baldión compra el Diario de la Frontera y lo sostienen por casi una década. El diario, tenía una población cautiva conformada por los miembros del Movimiento de Unidad Liberal, quienes seguían las incidencias de sus líderes desde las páginas del periódico.

El final del gobierno Barco, el gobierno de César Gaviria y el gobierno de Ernesto Samper, los tres presidentes liberales pasaron por las páginas del Diario de la Frontera. Los nombres de Jairo Slebi, los hermanos Maldonado Jorge e Iván, Edgar Rochells Marín, hacían parte de los protagonistas del Diario de La Frontera, que no escatimó esfuerzos en hacer evidente la nueva ideología.

El matutino en 1995 volvió a las manos conservadoras pero en nombre del poeta Ocañero Mario Javier Pacheco García, logrando mantenerlo durante sus últimos siete años.

Leopoldo Vera Cristo cuenta del Diario de La Frontera, que las rotatorias fueron vendidas a Juan Carlos Quintero quien fundó El Pilón de Valledupar. Lamentable venta para el departamento la que se realizó quizás por malos consejos. Por un tiempo él trató de interesar a algunos coterráneos para adquirirlo entre todos y lograr su permanencia, pero, además de que no se obtuvo el suficiente respaldo económico, definitivamente la cultura no era la prioridad de la clase política. 

La desaparición del diario a principios de siglo, 2002, después de haber cumplido sus 50 años, cerró un ciclo quedando La Opinión como único matutino de los cucuteños.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.