PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

Terremotero -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

domingo, 30 de marzo de 2014

546.- JOSE E. ABRAJIM ELCURE: UN CUCUTEÑO EXCELSO


José Pablo Tarazona Montañez



Con sus hermanos Antonio y Teresa y su mamá Doña Nayibe en 1929. Estaba en los 7 años de edad.


Empieza a clarear el siglo XX sobre la ciudad fronteriza de San José de Cúcuta, azotada por el terremoto un cuarto de siglo antes de acabar el XIX, y la reconstrucción de la muy noble y leal villa, ha corrido por cuenta de esa generación pujante a la cual se incorporan legiones de inmigrantes que ven en su comercio próspero, la forma de iniciar su economía familiar, para lo cual se apuntalan en la gran ventaja  comparativa y geográfica de conectarse al mar, saliendo de Cúcuta antes del terremoto, hasta el Puerto de Los Cachos sobre el río Zulia, y posteriormente por el camino de San Buenaventura hasta lo que hoy es Puerto Villamizar, y de allí mediante la navegación de los ríos Zulia y Catatumbo hasta llegar al Lago de Maracaibo, y precisamente sobre este camino se decidió tender los rieles del ferrocarril a partir de 1876, lo cual fue determinante para la entrada a la región de todas las mercaderías producidas en los centros manufactureros europeos, así como los adelantos tecnológicos, con las que la floreciente ciudad descolló en el ámbito nacional, con facilidades para la vida humana de las que carecían las demás ciudades colombianas, asumiendo el papel de capital del departamento Norte de Santander a partir de su creación en 1910, tras ardua lucha de sus estamentos ciudadanos en contra de los intereses de la capital de Santander que no quería dejarse arrancar tan codiciada presa.

El crecimiento demográfico es de tal magnitud, que pese al desastre natural, a comienzos del siglo XX cuenta con algo más de 15.000 habitantes, los cuales crecen al doble en los siguientes 15 años, triplicándose al cabo de 10 años, y en 1938 ya era una ciudad de poco menos de 60.000 almas, con la dinámica propia de las ciudades comerciales y que además contaba con el aliciente de ser el cruce de caminos, antaño entre el virreinato de la Nueva Granada y la Capitanía General de Venezuela, y para la época la zona fronteriza colombo-venezolana, epicentro de las actividades económicas y sociales del oriente colombiano y pujante región movida por el comercio y el intercambio de productos.

De oriente nos llegaron los Abrajim, los Sus, los Brahim, los Amat, los Gossain, los Hellal, los Nader, los Haddad, los Turbay, y toda la invasión de ‘turcos’ sucedida antes de la primera, y entre las dos guerras mundiales. Unos vendían batanería a domicilio y otros...

Y es este Valle de San José de Cúcuta, que lo ve nacer el 7 de Julio de 1922, en el seno de una familia conformada por una pareja ilustre de inmigrantes libaneses, donde su padre don José Abrajim Elcure, llegado de tan lejanas tierras con su hermano Aziz, donde encontró fértil tierra para sus actividades comerciales, y el amor en doña Nayibe Elcure Saldivia (su prima), de su sangre, pero nacida en Barquisimeto (Venezuela), y la cual haciendo honor a su cuna, era dueña de exquisito espíritu musical que volcaba en el teclado del piano, instrumento que interpretaba con donosura, lo cual heredó a su hijo en los primeros años de su vida, infortunadamente ausente cuando nuestro bardo contaba solo 7 años, ya que su vida le fue arrancada en un accidente automovilístico, ocurrido en las curvas de Carora, Estado Lara, en el tórrido mes de Agosto de 1929, absurda paradoja en la vida de la familia, que así ve signada con el fatalismo de la orfandad materna, su devenir y posterior formación de los infantes miembros de la saga Abrajim Saldivia; el maestro y sus hermanos pasan a ser educados bajo la férrea disciplina de la abuela materna, doña Esther Saldivia, quien a su vez era hija de madre siria, y el carácter severo del maestro, encuentra aquí su explicación.


Al piano ya al final de su vida.

La familia vivió en la ciudad en la hermosa casa donde hoy labora el periódico La Opinión cruce de la calle Zea (calle 16), con la avenida Venezuela (avenida 4ª), la cual conserva el nombre de Quinta Yezmín, en amoroso recuerdo de sus padres a su primogénita. 

Frente a ella pasaba el tranvía de Cúcuta en su continuo recorrido hasta la Estación Sur de San Rafael, junto al puente Benito Hernández Bustos.

Así cuenta el cronista al hablar del recorrido del tranvía por esta parte de la ciudad, “…la carrera de Venezuela entre las calles de Soto, Delhuyar, Zea, Márquez y Castillo y Rada es zona residencial de conspicuas familias…”, y más adelante describe a sus burgueses habitantes, “… en el cruce con la calle de Zea, a un lado la Quinta Cogollo, antes Quinta Steinworth, residencia de Arturo Cogollo, y al otro, la Quinta Yezmín, de José Abrajim (Elcure)… más al sur, por la acera de enfrente, Pedro Felipe Lara, destacado “entrepreneur”… ahí están saliendo sus hijos para misa: Alfonso, Guillermo, Enrique, Hernando, Alfredo, Marina, Laura, Lucila …. Y en la esquina José S. Cortés … sus hijas fundarán un colegio para niños …. Se llamará el Domingo Savio …”. Es así como se encuentra en el vecindario, quien más adelante sería su esposa.

Como se dijo antes, eran sus hermanos: Yezmín, Josefina, José Elcure, Antonio, Consuelo y Teresa. 

A los 9 años de edad es enviado a Beirut, capital del Líbano, la tierra de sus mayores, a continuar sus estudios, posiblemente el ojo paterno avizoraba el espíritu artístico del vástago, y considera que el contacto con su linaje primigenio, posibilite el ensanchamiento de sus expectativas musicales e intelectuales y magnifique el potencial que dejaba entrever a su corta edad.

Es así como la desmesura de la cultura milenaria a la que arriba, le amplía el panorama a este recién llegado que a la vuelta de cada esquina descubre cosas nuevas y se siente invadido por el recuerdo atávico de sus costumbres ancestrales y cree que siempre ha pertenecido a esta tierra y se reconoce en sus costumbres, sus creencias y su espiritualidad, por lo cual esto es al cabo de poco tiempo, un reconocimiento de la etnia propia y se siente no como recién llegado, sino como el de haber vuelto a su solar nativo.

Matrimonio con Mercedes Cortés en 1955.


Este período de vida de nuestro personaje, trae implícito la tarea del aprendizaje de su lengua original y la del país colonialista que ocupaba esta tierra, a la sazón era Francia, además debemos contextualizar la formación del artista, en un país mediterráneo, que hace parte de la cuna del mundo, con ciudades-museo como la nombrada y sufrida Beirut su capital, el puerto fenicio de Tiro, que contempló el asedio y la grandeza de Alejandro el macedonio, que acrecentó su fama como centro cultural, la ciudad de Sidón, capital del mundo 10 siglos antes de nuestra era, rival de Tiro, y famosa por sus necrópolis, lo mismo que Trípoli, el legendario puerto; ciudades estas que explotaban ante los ojos asombrados del recién vuelto, con toda la magia de sus mil y una noches, sus olores a especias y su cargado ambiente ruidoso, vocinglero y coloquial.

Encuentra una civilización con costumbres sanas, formada por seres bondadosos, generosos, apacibles y sencillos que lo acunan con especial cariño, no obstante las convulsiones de telúrica social y política que la acometen. 

En este espacio vital pequeño, tan lleno de cosas viejas pero nuevas al tacto de nuestro artista, comienza a desarrollar su reaprendizaje rodeado del ambiente familiar de su parentela, empezando este proceso por renombrar tantas y diversas novedades que excitaban su curiosidad y forzaban a su espíritu a entrar en diálogo con nuevos saberes y la fantasiosa imaginación a descubrir nuevos escenarios en donde transcurrir su vitalidad juvenil.

La familia paterna cuyo apellido era realmente Tebshraney, lo que comprobamos con el diploma de membresía a la Logia Masónica Leones del Líbano, provenía de la zona rural de este país, localizada al nororiente del país, en la parte montañosa denominada Bteghrine, y la cual es referenciada como Betegrin en el Diploma expedido a nombre de su padre por la Respetable Logia “Estrella Boreal No. 9”, al Oriente de Cúcuta, el 18 de Marzo de 1916, cuyo texto colocamos más adelante.

Aún sin terminar secundaria se inscribe en clases de violín en el College du Sacre Coeur de Beirut, aunque simultáneamente adelanta sus estudios de piano, el instrumento fundamental en su vida. 

A los 20 años forma parte de la Orquesta Sinfónica de la Universidad Americana de Beirut, uno de los grupos orquestales más importantes del Líbano de esa época, y en su carácter de músico de avanzada pertenece a un grupo de jazz de ese mismo centro.

Recién termina la segunda gran guerra, ocurre un suceso trascendental en el medio oriente cual es el nacimiento de Israel, corre el año de 1948, y se agrega un nuevo elemento de tensión a esa zona, evento este que hace pensar en la vuelta a su América lejana y es así como emprende el retorno a la patria, pasando antes por Nueva York, atendiendo la invitación a tocar con una gran orquesta en esa ciudad, en donde pasa un tiempo, y a los 30 años se encuentra nuevamente en su ciudad natal, lugar en el cual hay conjunción de espíritus e ideales y forma parte del grupo de quijotes que da origen a la Orquesta Sinfónica del Norte de Santander, junto a Pablo Tarazona Prada, Angel María Corzo, Rafael Pineda Solano, Víctor Ramírez, Saturio Rangel, Víctor Manuel Guerrero y tantos otros músicos raizales, interpretando la viola del grupo de cuerdas.

En los 50 en Cúcuta frente a la Alcaldía.


Para ese entonces ya cuenta con una extensa producción que incluye boleros, baladas, conciertos para piano y orquesta y piezas sinfónicas, producto de su formación académica, la cual con el tiempo se ve enriquecida por bambucos, paseítos y muchos pasillos, en los que se refleja lo más sublime de su alma de compositor.

En su caluroso valle se dedica a divulgar su música y se empeña en dar a conocer a propios y extraños, la música de otros compositores colombianos; para ello realiza una serie de conciertos con el pianista italiano Humberto Blondeth y con el formidable pianista y entrañable amigo, el compositor pamplonés Oriol Rangel. La conjunción de estos astros musicales llenó el aire regional de sonidos acordes con sus intérpretes, y melodías que aún resuenan en el recuerdo de quienes tuvieron el privilegio de conocerlos y aplaudirlos.

Transcurre el año de 1955, cuando el amor toca su corazón y junta su vida a la de la ilustre matrona Doña Mercedes Cortés, quien vivía cerca a su casa (ya lo habíamos considerado al citar lo escrito por el cronista del tranvía), aplicando el aforismo de “ … cásate con tu vecina, porque la conoces.”; y es así que el 24 de Abril del citado año llegan al altar, resultando la conjunción de una pedagoga musical y de un consumado compositor, de cuya unión, retoñan sus hijos José Ricardo y Silvia. Doña Mercedes vive en la ciudad de Mérida.

El reconocimiento de su talento es tal, que sus obras han sido interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Colombia y la Filarmónica de Bogotá, también por diversas agrupaciones musicales nacionales, y por pianistas de la talla de Harold Martina, Oriol Rangel y Beatriz Acevedo Meza, notable pianista cucuteña.


Certificado masón de José Abrajim padre.

“Gozó de exquisita inspiración hasta los últimos años de su vida,”… y su vida cotidiana en el Cúcuta calorífico, bonachón, despreocupado, tranquilo, durmiendo sobre sus laureles de antigua capital de la Gran Colombia, no dejaron cuajar en José ese extraordinario artista que había en él. 

El músico completo: virtuoso, compositor, crítico. En el medio archiculto de París hubiese resonado muy alto. Pero él se había desposado con Cúcuta lugareña, amorosa, intrascendente. Solo el calor, la conversación, los amigos, resonaban en su alma melódica. 

Renunció a los conspicuos escenarios sin dolor, y tal vez con el alma adolorida, partió con su música de la Cúcuta que lo tuvo como uno de sus hijos dilectos.”

Si analizamos detenidamente el párrafo anterior, se puede leer entre líneas una crítica suprema al medio cultural en que vino a vivir, el cual no permitió el pleno desarrollo de las potencialidades creativas del joven músico, sino que hace una comparación rimbombante con el medio “archiculto” de la metrópoli francesa, y tal como le sucedió al también maestro Pablo Tarazona Prada, sucumbieron ante los cantos de sirena de su estrecho medio cultural local y del círculo de amistades, antes que salir a buscar mejores campos para dar rienda suelta a su inspiración; pero también debemos pensar que si esto hubiera sucedido, no los sentiríamos tan añejamente nuestros, ni estarían tan cerca de nuestra alma regional, o quizás se empecinaron en intentar hacer germinar en este medio las raíces musicales con que los había dotado natura. Puso música además, al himno del Gimnasio Domingo Savio, institución regentada por la familia Cortés, y en la cual su esposa fue durante muchos años, docente musical.

De todas maneras, sus obras denotan especial belleza en la unión de melodía y armonía con el uso maestro del contrapunto y la composición. En la Voz de la Gran Colombia tuvo por los años de finales de los 70, un programa musical denominado Horizontes Musicales, desde el cual se propuso llevar a la comunidad cucuteña, su música y la de los grandes compositores nacionales, labor en la cual se vio acompañado por instrumentistas como Alberto Eusse, Daniel Cáceres y Héctor Vianchá, quienes supieron calibrar el tamaño de la empresa que acometía el maestro, y acudieron en forma solidaria a brindarle la debida colaboración.



De su aprendizaje musical y espiritual, cuenta el último de los nombrados, “… cuando lo vi por primera vez andaba en los sesenta, y cojeaba un poco de la pierna izquierda (¿producto tal vez de una artrosis?), el dedo corazón de la mano derecha no respondía muy bien y la nariz tenía un tono rosáceo; pero lo más notorio era esa voz áspera y la tos seca que le acompañaba (finalmente el cigarrillo hizo lo suyo).

Yo andaba por los veinticinco y tenía en mi mente los éxitos roqueros de Santana, Ten Years After, Joe Cocker y todo el elenco de Woodstock 1969. Aparentemente dos personas totalmente opuestas; pero nos unía un sentimiento profundo por la música colombiana del interior como se llamaba en ese entonces y que ahora lleva el eufemístico nombre de música colombiana andina. 

Nocturnal Colombiano y Los Maestros habían forjado mi idea musical con ayuda de los Hermanos Martínez a través de Radio Santa Fe, aprendiendo empíricamente los fundamentos de la guitarra y el tiple y la amplia gama de ritmos colombianos. Y venir de pronto a encontrarme con el hombre que había creado “Lo que el viento se llevó”, uno de mis temas favoritos, fue como conocer a una estrella del rock o algo así.

El arquitecto Juan José Yáñez realizaba tertulias muy amenas en Salazar y no sé en qué momento me pidieron lo acompañara en una presentación. Aquel encuentro fue el inicio de una gran amistad que me sirvió para conocer al poeta y al músico que ha estado olvidado en los anales de la historia nortesantanderana. Sin duda Juan José fue uno de los mecenas que más solicitudes hizo en el tiempo en que lo acompañé en sus presentaciones.

No solo componía pasillos, bambucos y otros ritmos con la sapiencia que le habían dado sus estudios musicales en Roma (sí, la Roma de los Césares), sino que su vena poética llegó de idéntica manera. Los boleros no le fueron ajenos y la lírica impecable de sus letras hace ver a un hombre de una gran ilustración y humildad. Fue como pocos, MUSICO, POETA y ¡No señor! nada de loco, los pies muy puestos en la tierra que fue su primer amor y a la que pese a su ancestro del medio oriente dedicó su vena musical y poética.

Sin los recursos de Mozart o Schubert para los poemas sinfónicos, ni la vena depresiva que inunda las obras de Luis A. Calvo creó un poema musical de hondo sentimiento en “Lo que el viento se llevó”. La primera parte es el reflejo de una tristeza profunda, que es narrada con gran melancolía en la segunda parte, en el primer cambio de tono; el desenlace es en una alentadora tercera parte en subdominante, que nos deja ver que la esperanza no se ha perdido y que se puede recuperar LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ.”

Nació para la posteridad el 12 de Abril de 1986, en su tierra cucuteña en donde cantó tantas veces al amor y a la vida, con esa exquisita sensibilidad que lo caracterizó, por lo cual formó parte del paisaje humano y espiritual de la ciudad, incluso de su perspectiva tropical y dulzona, y que hizo exclamar a Manuel José Cabrera, su coterráneo y vecino desde su púber existencia, que “….. Si bien no puedo presumir de crítico musical me parece que la producción de José Abrajim se clasifica entre lo clásico, y así aceptada, de alta calidad además, y como tal tendrá muy buena acogida en ámbitos de la misma Europa, como en América, si nuestras embajadas se proponen divulgar que existe tan valiosa producción artística colombiana”.

Y además catalogarlo con un adjetivo calificativo en grado superlativo “José Abrajim, un cucuteño excelso”.


Foto posiblemente cuando estudiaba en el colegio Sagrado Corazón de Jesús a principios de los 30. José Abrajim de pie primero de izq. der. y su hermano Antonio hincado al centro


AGRUPACIONES MUSICALES EN SU VIDA

Esta faceta del artista como integrante de grupos musicales, es harto compleja, ya que debido a su carácter bastante serio y adusto, aun cuando sus conocidos como el Dr. Agustín Guarín no dudan en calificarlo de “hombre cálido, expresivo y musicalmente muy bien dotado…”, no lo hicieron partícipe de grupos musicales en la ciudad, solo podemos hablar de las orquestas con las cuales tocó en su juventud, tanto en el Líbano como en Norteamérica. 

Anotamos que el maestro Abrajim no vivió enteramente de su arte, lo cual no lo obligó a contar con agrupaciones musicales, sino se limitó a tocar y dar muestras de su categoría interpretativa y de composición, al reducido círculo de sus amistades que pertenecían a la parte más íntima de sus querencias.

Como se ha expresado anteriormente, perteneció a la Orquesta Sinfónica del Norte de Santander, y la Dirección del Conservatorio le fue ofrecida en 1970, cargo que declinó para no prestarse a los juegos burocráticos de los dueños para ese entonces de la cultura burocratizada; como un consumado bohemio, tocó tanto al lado de los consagrados, como de quienes quisieron acompañarlo en ese sueño infinito de dar a conocer nuestra música vernácula, tal como el grupo que hizo el programa Horizontes Musicales en la Voz de la Gran Colombia, durante una corta vida de algo más de 2 años alrededor de los 80, y sobre todo el círculo íntimo de sus amigos del alma, con los cuales dio rienda suelta a su inspiración y destreza al piano.

ASPECTOS RELEVANTES DE SU MÚSICA

La mayor parte de su producción musical está compuesta para piano. Varias de sus composiciones están acompañadas de letra, por él compuesta, en las cuales se muestra como el poeta escondido pero tantas veces recobrado, para mezclar con las melodías de la divina Euterpe, las palabras de los dioses y de los hombres cuando queremos mostrar a la amada lo mejor de nuestra alma enamorada.

Cultivó diversos géneros musicales, todos posibles en un artista dotado de sus capacidades, pero sobresalen sus pasillos, boleros e intermezzos, casi todos de ritmo lento, con una pausa deliciosa en los silencios, nostalgia de lo vivido y de lo amado; no debemos olvidar que “La música, es el arte de oír …. el silencio”. No cultivó mucho el bambuco aunque conocía el discreto encanto del bambuco nortesantandereano, con un compás de ¾ inserto donde ningún compositor del interior lo ha logrado.


Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

viernes, 28 de marzo de 2014

545.- EL PUENTE ELIAS M. SOTO



Armando Palacios

Puente Elías M. Soto

Fue el primer gran puente de los cucuteños.

Desde finales del siglo XIX , el puente San Rafael, inicialmente llamado Puente Cúcuta, fue la principal vía de acceso a la Perla del Norte.

En 1893, cuando el Ferrocarril de Cúcuta puso en funcionamiento la Línea de La Frontera, fue necesario importar de Inglaterra un puente metálico que atravesara el río Pamplonita y que entró en funcionamiento a finales del siglo XIX. Inicialmente este puente fue llamado puente San Luis y desde 1933 pasó a llamarse puente Araújo.

Registros periodísticos de finales de 1939 dejan constancia de las múltiples comunicaciones entre José María Angel, secretario de la Oficina de Circulación y Tránsito, y el jefe de las Zonas de las Carreteras Nacionales,  exponiéndole la necesidad de mejorar la entrada a la ciudad por el puente San Luis. 

Esa necesidad se solventó en septiembre de 1943. El Concejo de Cúcuta expidió el Acuerdo 28 que dispuso en el artículo 4: Construir un puente sobre el río Pamplonita que continúe la calle 11 y la una al barrio San Luis.


Puente Araujo o de San Luis

Solo hasta 1952, en el gobierno del teniente general Gustavo Rojas Pinilla se cristalizó la obra. Para esa época, el nortesantandereano Lucio Pabón Núñez era la mano derecha del presidente de la república.

Construido  en tiempo récord por la empresa Morrison, el puente fue inaugurado el 8 de enero de 1954 con el nombre de Lucio Pabón Núñez. 

La esposa del gobernador , Doña Magdalena Martínez de Rivera estrelló sobre el pavimento la botella de champaña que protocolariamente se acostumbra. Periódicos de la época reseñaron, ¨Como estaba anunciado se sucedió la bendición e inauguración del nuevo puente. 

El acto tuvo la solemnidad de un acontecimiento si hemos de tomar en cuenta que si fue poca la concurrencia por tratarse de un día ordinario en las calendas del mes, pues al gobernador y colaboradores  se les olvidó el día cívico, esa concurrencia fue selecta. 

En el acto ritual ofició el obispo de Pamplona excelentísimo monseñor Forero. Luego se sirvió una copa de champaña para los invitados de honor. 

El homenaje lo ofreció a nombre del señor gobernador el Secretario de Agricultura, doctor Manuel Guzmán Prada, quien en frase galana, en estilo tajado, cantó los méritos ciudadanos del doctor Pabón, su desvelado afán de servicio al departamento, el prestigio que lo rodea como intelectual y hombre de letras, y su esfuerzo de superación para lograr la cima…¨.

En mayo de 1954, varias columnas periodísticas pidieron la iluminación del puente, al que se consideraba la entrada principal de la ciudad. A finales de 1956, en la alcaldía de Isidoro Duplat, se inauguró la modificación.

El tiempo pasó y las desavenencias políticas llegaron. Des mediados de 1956 los cucuteños empezaron a llamarlo puente Judas. 

El 31 de octubre de 1957 el alcalde Enrique Vargas Ramírez expidió el Decreto 192 y dispuso que el puente sobre el río Pamplonita, que comunicaba la Diagonal Santander con la avenida Demetrio Mendoza, llevara el nombre de Elías M. Soto, como homenaje al insigne maestro de la música cucuteña.

José Elías Mauricio Soto Uribe (Cúcuta, 22 de sept./1858  -  Cúcuta, 11 de oct./1944), fue uno de los grandes exponentes del género musical nortesantandereano. Su esposa María Elisa Ramírez Moros inspiró el bambuco Brisas del Pamplonita.


Antiguo puente San Rafael o ´puente Cúcuta´

Con el transcurrir de los años fue necesario ampliar el puente a dos carriles por cada vía. La frontera colombo-venezolana pasaba por buenos tiempos y el flujo vehicular así lo exigía.

Cuando fue construida la avenida Los Libertadores se cerró el Elías M. Soto por un tiempo, mientras se construía el puente sumergido.

En la administración de Pauselino Camargo el puente se intervino de nuevo. Tres carriles  por cada vía impusieron el numeroso tráfico que día a día lo aborda y que en las horas pico lo colapsan.

Con la construcción del megaproyecto sobre la glorieta de San Mateo, en la administración de Ramiro Suárez Corzo, el puente Elías M. Soto adquirió un nuevo dinamismo y actualmente luce rápido, seguro y  moderno.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

miércoles, 26 de marzo de 2014

544.- EVOLUCION DEL DEPORTE CUCUTEÑO, 1900-1950

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Alfredo Díaz Calderón

(Tomado del Libro DEPORTE CUCUTEÑO DESDE 1900 HASTA EL 2000)


Momento  a principios de los 60 cuando la Liga de Fútbol de Norte de Santander inauguró un monumento al deportista cucuteño Daniel Antolínez, quien en la primera mitad del siglo XX se destacó como una de las grandes figuras del fútbol criollo. Este monumento inicialmente se ubicó frente a la entrada principal de la tribuna occidental del Estadio General Santander, pero cuando este fue remodelado en su totalidad en el 2006 por la administración de Ramiro Suárez, fue retirado. De izquierda a derecha recordamos a Mario Jaimes, Manuel Valdivieso, Luis Figueredo Corrales, Alfonso Martínez Badillo, Jorge Arango y algunos espontáneos.


El primero de enero de 1900 los trabajadores del Ferrocarril de Cúcuta organizaron una fiesta cultural y deportiva para celebrar la llegada del siglo XX. La atracción principal de la fiesta fue un partido de fútbol con el cual se cerró la programación de ese día. Se jugó en forma bastante rudimentaria. La pelota fue un cuero relleno de aserrín. Las porterías unos palos deformes amarrados con sogas, y desde luego, sin mallas. La cancha sin líneas demarcatorias. Y el partido sin árbitro.

El sitio donde se jugó este primer partido había sido hasta diez años antes el cementerio de Carora, pues debido a la epidemia de fiebre amarilla que azotó a Cúcuta en 1889, fue definitivamente clausurado en diciembre de ese año.

A partir de ese partido, el interés deportivo fue tomando fuerza allí. Los jóvenes ya no decían cementerio de Carora sino plaza deportiva Carora. Los partidos, informales, se jugaban los sábados y domingos, y a veces entre semana. Muchos cucuteños ancestrales, apoyados por algunas autoridades, crearon un movimiento opositor al deporte, alegando que los jóvenes estaban irrespetando a los muertos del barrio Carora, y se llegó a afirmar que algunos habían pateado cráneos y osamentas como si fueran balones.

Hasta 1910 el deporte se practicó en forma irregular, pues con frecuencia los partidos se suspendían por exigencias o presiones de veteranos vecinos caroreños.

A mediados de 1910 aparecen dos personajes de gran importancia para el deporte cucuteño: Federico Williams, un venezolano ”gomoso” del béisbol. Armado de bates, guantes y pelotas, se da a la tarea de enseñar este deporte y lograr conformar varios equipos. La práctica del béisbol en Carora acabó con los prejuicios que los mayores tenían contra el deporte. Y David Maduro, un dominicano apasionado del fútbol, utilizó balones de cuero con vejigas de toro infladas, demarcó la cancha, enseñó las reglas del fútbol y se encargó de arbitrar los partidos.

Williams, el venezolano, y Maduro, el dominicano, eran hombres de sanos principios, y desde el primer instante crearon una gran amistad basada en el mutuo respeto y en el amor de ambos por el deporte y los ideales deportivos. De allí nace un acuerdo genial para repartirse salomónicamente la cancha los fines de semana, avalado por ellos en forma personal, que concreta desde enero de 1913 y que dice así:

Béisbol en la cancha Carora: Los sábados de 12:30 pm a 3:30 pm, y los domingos de 8:00 am a 12:30 pm. Director: Federico Williams.

Fútbol en la cancha Carora: Los sábados de 4:00 pm a 6:00 pm, y los domingos de 1:00 pm a 6:00 pm Director: David Maduro.

Este acuerdo fue el inicio de una gran explosión deportiva en la ciudad. Mientras en el barrio Carora se jugaba fútbol y béisbol en forma organizada, en los demás barrios de Cúcuta los muchachos se tomaban las calles para jugar y divertirse. En contraste, ellos no contaban con ningún tipo de organización. Esta situación obligó a que las autoridades cucuteñas, por primera vez, tomaran cartas en este problema llamado Deporte.

El concejo Municipal de Cúcuta, por acuerdo No 29 del primero de agosto de 1913, dispuso la compra del terreno comprendido entre las calles octava y novena y las carreras tercera y cuarta de esta ciudad, en una extensión de cien metros de oriente a occidente y de sesenta y seis metros de sur a norte. Donde hoy está el Palacio Nacional. La denominación de avenida sustituiría a carrera algunos años después.

Desde ese mismo año este escenario se llamó plaza del Libertador, en forma oficial. Pero el lenguaje popular cucuteño la bautizó plazuela del Libertador, y allí, los habitantes de la ciudad, empezaron a realizar ferias, regocijos públicos, corridas de toros y espectáculos culturales y deportivos.

El 5 de noviembre de 1913 nace el primer club eminentemente deportivo en nuestra ciudad. Se llamó Deportista Fútbol Club. Presidente David Maduro, Tesorero Ciro Cogollo, Secretario Abel Castro. Y empezó la fiebre de la emulación deportiva y organizativa en nuestra ciudad. Y empezaron a crearse clubes legalmente estructurados.

El 3 de junio de 1915 aparece el Córdova Sport Club, presidente Pedro María Fuentes. El 14 de agosto de 1915 el Santander Fútbol Club, presidente Luis Alberto Ramírez Pico. El 12 de septiembre de 1915 el Colombia Sport Club, presidente Jesús Foliaco M.. Este club introdujo algo novedoso en lo social, pues, aparte del deporte, desarrolló una gran labor cultural. De este club surgieron músicos como los violinistas Angel María Corso y Víctor Florencio Ramírez, los compositores José María Rivera y Francisco Marciales y el gran pianista y compositor Fausto Pérez.

El 5 de noviembre de 1915 el Deportista Fútbol Club se reestructura y cambia de nombre. Su nuevo nombre es Club Deportista de Cúcuta y conforma equipos representativos en cuatro deportes: TENNIS,  BÉISBOL, CICLISMO y FÚTBOL. La  JUNTA DIRECTIVA quedó conformada por David L. Maduro, Carlos Julio Rosas, Francisco Moros Hevia, Federico Garbiras, Honorio Rodríguez, Eloy Monroy, Luis Chaustre, Pablo Emilio Castillo y Marco Tulio Atencio. La reestructuración y modernización del Club Deportista de Cúcuta se debió a la necesidad de mantener el liderazgo que ese centro deportivo ejerció desde su creación, y esto fue muy positivo porque siguieron creándose clubes deportivos cada día mejor organizados y con mayor respaldo social.


Club Deportista de Cúcuta 1917.  Directiva. Primera Fila: Francisco Moros Hevia, Federico Garbiras. Carlos Julio Rosas, David L. Maduro, Honorio Rodríguez, Elio Monroy Luis A. Chaustre, Pablo Emilio Castillo, Marco Julio Atencio.  Segunda Fila: Saúl Ramírez, Luis Entrena Jr., Pedro Entrena Suárez.  TENNIS  Primera Fila: Alfredo Ramírez Berti, Luis Ernesto Lares Rúan, Manuel José Vargas Duran, Luis Alberto Ramírez Berti.  BEISBOL Primera Fila: José Antonio Méndez, Roberto Yáñez O., Daniel Peña.  Segunda Fila: Francisco Ruiz Guerra. Juan Navarro, Carlos Sánchez Romero.  Tercera Fila: Ramiro Ríos, Alberto Flórez, Vicente Gutiérrez O. CICLISMO  Ismael Pelayo,  Hernán Sánchez, Ciro A. Cogollo, Ramón Uribe, Olinto Merchán.  FÚTBOL  Primera Fila: Augusto Rúan Durán, Cayetano Hernández García, Jorge Faría.  Segunda Fila: Joaquín Ramírez, Mario A. Quintana, Jesús Quintero.  Tercera Fila: José A.Villalobos, Rodolfo Yáñez O., Rosario Fernández, Segundo González,  Carlos Julio Atencio.


El 25 de febrero de 1916 aparece el Napoleón Sport Club, presidente Carlos Vega Bautista. Desde su creación, este club se convierte en el más popular de la ciudad. La mayoría de sus socios eran pequeños comerciantes, artesanos y empleados.

El 30 de abril de 1916 aparece el primer periódico deportivo de Cúcuta, El Balón, periódico quincenal, dirigido y administrado por Sebastián Ontiveros M. Sus redactores eran Jesús Sánchez y Pedro María Fuentes para fútbol, y Simeón Docauz y Justo Vera para béisbol. El Tennis y el ciclismo respectivamente lo comentaban dos colaboradores anónimos que se identificaban como Contrabajo y Ferrusa de Piamonte.

En el año 1917 se crean el Ferrocarril Sport Club y el América Fútbol Club. En 1918 aparecen Abrego Fútbol Club, España Sport Club y Ricaurte Fútbol Club. En enero de 1919 es el Tarqui Sport Club, sus directivos, muy jóvenes, también son futbolistas activos. Este equipo causó impacto por la técnica y velocidad de sus jugadores. Los más destacados eran Samuel García, José María Apolinar, Rafael Galvis, Pedro Pérez, Teodocio Ortega y Víctor Angarita.

En el año 1920 se inicia con mucha actividad deportiva en Cúcuta. El tennis se practica y se juega en las sedes sociales de los clubes. El ciclismo desarrolla actividades en las calles y vías periféricas durante los días festivos. El béisbol y el fútbol concentra su actividad en la plaza de Carora y la plazuela del Libertador.

El deporte se vuelve una actividad importante para los habitantes de la ciudad. Los “gomosos” del fútbol se organizan en grupos para apoyar con gritos, consignas y canciones a sus equipos. Los equipos de béisbol vinculan por primera vez a la mujer cucuteña con esta actividad, al reglamentar la presencia de lindas madrinas en cada equipo. Aparecen los primeros ídolos deportivos y los aficionados los reconocen, ya no solo en las canchas y en los momentos competitivos, sino también en las calles y en los sitios de trabajo.

Los más destacados ciclistas en ese momento son Ismael Pelayo, Ramón Uribe y Ciro Cogollo. En tennis sobresalen Alfredo Ramírez Berti, Luis Ernesto Lares y Manuel José Vargas Durán. En béisbol Vicente Gutiérrez tremendo bateador, Carlos Sánchez Romero excelente pitcher y Francisco Ruiz Guerra. El fútbol tiene gran cantidad de practicantes pero los más reconocidos son Mario Quintana, Rafael Darío Gutiérrez, José Villalobos y José Rosario Fernández.

La popularidad deportiva se transformó en éxito social y económico para algunos de estos deportistas. Ismael Pelayo se transformó en el mayor fabricante de calzado y creó la mejor zapatería de la frontera; Ramón Uribe fundó la joyería y relojería El Sol; Ciro Cogollo acrecentó su capital y fue en su momento el más respetado y acreditado empresario de la ciudad; Mario Quintana fue propietario de un almacén de telas, ropa y artículos de tocados; Rafael Darío Gutiérrez fue más adelante uno de los mejores sastres y dueño de la mejor sastrería de Cúcuta. Otros de los de aquí destacados, aparte de exitosos ciudadanos, culminaron carreras profesionales y se transformaron en líderes de la región.

Fue tanta la fiebre deportiva por esos días en Cúcuta que en menos de tres años se crearon otros once clubes deportivos.

En 1922 se fundó el Girardot Fútbol Club y Unión Sport Club. En el año 1923 se constituyen los clubes Minerva Sport Club, Táchira Sport Club, Nápoles Infantil Fútbol Club, Los Andes Sport Club, Latino Fútbol Club, ABC Sport Club, Obrero Sport Club, Murillo Toro Fútbol Club y Gremios Unidos Sport Club.

Al finalizar el año 1923 existían 22 clubes deportivos. Todos tenían equipo de fútbol y querían mayor actividad en este deporte, pero no habían logrado acuerdos a pesar de varias reuniones realizadas en el transcurso de ese año. En el mes de enero de 1924 se reunieron en la sede del Santander Fútbol Club los presidentes de los clubes Santander, Tarqui, Napoleón, Minerva, Gremios Unidos y Latino dirigidos por Alberto Ramírez Pico, en su calidad de presidente del club anfitrión y autor de esa convocatoria. El 30 de enero de 1924 nació la Asociación Deportiva Cucuteña, presidida por Luis Alberto Ramírez Pico, con la finalidad de realizar el primer Campeonato Municipal Cucuteño de Fútbol. La Asociación aprobó sus estatutos, definió el reglamento del torneo, estructuró el presupuesto de gastos y creó el cuerpo arbitral.

El primer domingo de marzo de 1924 se inició el I Campeonato Municipal Cucuteño de Fútbol con ocho equipos, pues, aparte de los seis clubes fundadores, aceptaron las inscripciones de los equipos Girardot Fútbol Club y Obrero Sport Club. El torneo se jugó íntegramente en la plazuela del Libertador con 4 partidos por fecha, únicamente los días domingos, y culminó en el mes de noviembre con el triunfo del Napoleón Sport Club, que se clasificó campeón. Contaba con la siguiente nómina: Luis Eduardo Celis, Pedro Mogollón, Raúl Báez, Julio Acosta, Dimas Apolinar, Julián Estévez Pernía, Ramón Saúl Moreno, Nicasio Escalona, Arturo Navarro y Jesús Sanguino.

De marzo a noviembre  de 1925 se realizó el II Campeonato Municipal Cucuteño de fútbol con 10 equipos participantes, en el cual la Asociación contó en forma permanente con un cuerpo oficial de jueces, integrado por 4 principales y 6 auxiliares, titulándose campeón el Latino Fútbol Club.

En noviembre de 1926 el fútbol cucuteño se desplazó a Caracas, invitado por la Federación Deportiva Venezolana para jugar 2 partidos con la selección Caracas, perdiendo el primero y ganando el segundo. La Asociación Deportiva Cucuteña envió una selección que jugó con el nombre de Cúcuta Fútbol Club. Fue conformada con los mejores futbolistas que inscribieron los clubes para participar en el III Campeonato Municipal Cucuteño de Fútbol.

El 12 de octubre de 1926 nace el Club Tennis Cúcuta. Este club se conformó inicialmente con socios jóvenes del Club Comercio y con varios jugadores de tennis que pertenecían al Club Deportista de Cúcuta. La motivación principal en ese momento para su creación fue la práctica y el desarrollo del tennis, pero cultivando otras actividades sociales y deportivas. Por primera vez un club cucuteño, aceptó a la mujer como socia, como directiva y como deportista activa. Allí las mujeres empezaron a jugar tennis con gran intensidad. Los directivos fueron Pedro Rafael Cárdenas presidente, Alfredo Ramírez Berti secretario e Hilda Pacheco tesorera.

En 1927 se realizan los I Juegos Deportivos del Oriente en Bucaramanga. La Asociación Deportiva Cucuteña participa en estos juegos con un equipo de fútbol, conformada por los mejores jugadores del IV Campeonato Municipal Cucuteño de fútbol, jugado ese año. Daniel Antolínez con 17 años es la figura del equipo cucuteño. Esta vez fue la segunda salida de nuestros futbolistas, que se presentaron nuevamente, al igual que en Caracas, con el nombre de Cúcuta Fútbol Club,  y se enfrentó a equipos de Bucaramanga y Bogotá. El Cúcuta Fútbol Club se coronó campeón invicto de este evento y al regreso el pueblo cucuteño le dio a los jugadores recibimiento de héroes.


Cúcuta Deportivo 1928. Primera fila: Valeriano Jaimes, Julio Acosta, Pedro Pérez.  Segunda fila: Dimas Apolinar, Pacho Neira, Julián Estévez, Pernía, Pedro Rincón.  De pié: José Rosario Jaimes, Polidoro Rico, Sixto Jaramillo, Carlos Julio Pinzón, Anacleto Ramírez.

En febrero de 1928 nace en forma oficial el Cúcuta Deportivo, que se inscribe ante la Asociación Deportiva Cucuteña para participar en el V Campeonato Municipal Cucuteño de Fútbol, que se jugó de marzo a noviembre de ese año, y que culminó con el triunfo del Cúcuta Deportivo al coronarse como campeón municipal de fútbol de aquel año.

El 2 de diciembre de 1928 ocurre la muerte trágica de Ciro Cogollo, pionero y héroe del deporte cucuteño, fue asesinado en su propio domicilio por 2 malhechores que irrumpieron esa mañana en su habitación para robarlo. La tragedia causó enorme conmoción y dolor en toda la región, y fue motivo para una gran manifestación de todo el público cucuteño, repudiando ese crimen. Ciro Cogollo fue fundador y tesorero en 1913 del Club Deportista de Cúcuta, que nació con el nombre de Deportista Fútbol Club como primer club deportivo de Cúcuta. Fue ciclista estelar hasta 1920, periodista y editor de El Bien Social; director y redactor de El Santandereano; y fundador y redactor del diario La Tarde. Había cumplido 38 años de edad y era uno de los máximos empresarios de nuestra ciudad.

Con motivo de los I Juegos Olímpicos Nacionales, celebrados en Cali del 20 de diciembre de 1928 al 10 de enero de 1929, nuestro departamento fue representado en ese certamen por el Cúcuta Deportivo, por ser el campeón del V torneo municipal de fútbol. En la ceremonia inaugural de los juegos, los futbolistas cucuteños desfilaron con una bandera bicolor dividida por mitad en dos franjas horizontales, negra arriba y roja abajo. Así nació el emblema negro y rojo del Cúcuta Deportivo, que también es hoy escudo y bandera –negra y roja- de nuestra ciudad y nuestro deporte.

El año 1929 transcurrió en medio de cierta apatía deportiva, motivada por ese recuerdo trágico del 2 de diciembre de 1928. El deporte cucuteño se afectó en diversas formas: el ciclismo desapareció como deporte, porque los ciclistas no volvieron a participar en competencias. El Club Deportista de Cúcuta dejó de ser lo que fue y se transformó en un club social.

El día 16 de enero de 1930 se inaugura el Hipódromo Cúcuta Jockey Club. Las primeras carreras de caballos se realizan ese día después de los actos protocolarios. Desde el principio se consideró como un espectáculo elegante para influir en las formas de vida de nuestros medio, y como un alto recurso de fomento agropecuario. Pero cuando la afición había creado prosélitos con mucho entusiasmo, y se pensaba hacer de Cúcuta un eje en cuestiones de carreras de caballo, el Cúcuta Jockey club se disolvió por causa de rivalidades. El hipódromo estuvo al oriente de la avenida Cero y al norte de la calle  de Los Faroles, en donde hoy están los barrios Quinta Bosch y Quinta Oriental.

Para el año de 1932, con ocasión de los II Juegos Olímpicos Nacionales, en Medellín, del 5 al 25 de agosto, la bandera negra y roja se presenta por segunda vez en una olimpíada nacional. El equipo de fútbol cucuteño, Cúcuta Deportivo, fue nuevamente nuestro representante, y ganó a Bucaramanga y a Popayán en las eliminatorias. El 17 de agosto enfrenta a Cali en cuartos de final. A los 25 minutos del segundo tiempo el partido está empatado a 1 por 1, y el Cali, herido en su orgullo porque faltan 20 minutos para que se acabe el partido y no le está ganando a un equipito de pueblo chiquito, emprende una arremetida contra el arco de Daniel Antolínez, quien controla magistralmente el balón en esa jugada de apremio, pero es golpeado brutalmente por el delantero caleño de apellido Angarita. Daniel Antolínez queda inconsciente en el acto, y en ese estado es retirado del campo de juego. En la pista atlética el médico dictaminó que es necesario trasladarlo urgentemente a una clínica. Entonces los jugadores y los dirigentes del Cúcuta Deportivo, como protesta, redactan y firman esta declaración: “Es imposible jugar con un adversario que emplea un juego tan brusco. Que se les dé el triunfo, que nosotros nos retiramos terminantemente”. La entregan al veedor del partido, y van del estadio a la clínica en donde han internado a su compañero. El 19 de agosto dan de alta a Daniel Antolínez, y ese mismo día el equipo emprende el regreso a Cúcuta.

En el año 1931 llega el baloncesto. En los primeros meses de ese año el hermano lasallista Arturo Monier, enseña a sus estudiantes del colegio Sagrado Corazón los fundamentos de este deporte y construye la primera cancha en Cúcuta. En 1933 se juegan los primeros partidos interclases. Y para el año 1934 se juega el primer campeonato intramural en el colegio con asistencia de público externo.

Al terminar el año de 1934 el baloncesto era el sexto deporte que se practicaba en Cúcuta en forma competitiva, pues en su orden eran así: Fútbol,  Béisbol, Ciclismo, Tennis, Hípica y Baloncesto. Pero lo que ya se percibía en ese momento era la gran admiración que este nuevo deporte estaba causando en el sexo femenino. Por primera vez las mujeres era la gran mayoría entre el público que todos los sábados asistía a la canchita de tierra, para ver a sus nuevos y espigados ídolos deportivos.

El 26 de enero de 1935 se inauguran en Barranquilla los III Juegos Olímpicos Nacionales, y por tercera vez el Cúcuta Deportivo representó a Norte de Santander, a pesar de que en esos juegos los deportistas no representaban ciudades sino departamentos. Nuestro departamento solo participó en fútbol con los colores rojo y negro y no superó la ronda eliminatoria. Nuestros deportistas realizaron tremenda odisea para llegar a Barranquilla. Salieron de Cúcuta el día 13 de enero vía terrestre hasta Girardot y allí tomaron el barco de la Naviera Colombiana para llegar por el río Magdalena a Barranquilla el día 26 de enero. A duras penas pudieron guardar sus maletas en la concentración, almorzar y dirigirse al estadio para el desfile de inauguración de los juegos. Podríamos decir que el viaje los mató.

En 1936 se institucionaliza el clásico departamental de baloncesto entre el colegio Provincial de Pamplona y el colegio Sagrado Corazón de Cúcuta.

El 20 de diciembre de 1936 se dio el desfile inaugural de los IV Juegos Atléticos Nacionales en Manizales. Desde ese día los juegos no se llamaron Olímpicos sino Atléticos y los deportistas no desfilaban ni competían a nombre de ciudades sino de regiones departamentales. Nuevamente el fútbol fue nuestro único representante de estos juegos, pero no participó a nombre de Cúcuta sino en representación del departamento. A pesar de ser la menos numerosa nuestra delegación fue muy aplaudida, pues encabezó el desfile con un tigrillo bien domesticado que despertó la admiración del público asistente. El animalito había sido capturado en el Catatumbo y fue aportado como mascota a nuestra delegación allá en Manizales, por un aficionado cucuteño residente allí.

Nuestros futbolistas ganaron a Nariño y a Cauca, pero uno de ellos sufrió una lesión en su pierna izquierda. El tercer juego fue contra Antioquia el día 29 de diciembre y lo jugaron todos con cintas  negras sobre sus uniformes, en señal de duelo por la muerte, el día anterior, de Daniel Salas, capitán del equipo de Santander, que fue atropellado por un camión a la salida del estadio Palogrande. La tragedia conmocionó a todos los deportistas participantes, pero afectó sobremanera a los santanderes del sur y norte. El equipo perdió ese partido y quedó fuera de las finales. Nuestra selección alineó con Lucio “capino” Andrade (portero), Valeriano Jaimes y Julio Foliaco (defensas), Jorge Hernández, Pacho Neira y Antonio Velazco (medio campistas), Concho Prato, Juan Romero, Julio Román Olivares, Félix Caicedo y Daniel Antolínez (delanteros). Después del partido se descubrió que Félix Caicedo tenía fracturada una pierna, y desde ese momento se le conoció como “pateyerro” , ese apodo lo hizo famoso.

En 1937 se realizó en Cúcuta del 20 al 28 de junio el I Campeonato Nacional de Basket Masculino. Se inscribieron 5 equipos, Santander (Bucaramanga), Bogotá (Hispania), Tolima (La Salle), Norte de Santander (lasallista Colegio Sagrado Corazón) y Boyacá. Este último se retiró del torneo antes de la inauguración por problemas internos en su propia delegación. Norte de Santander se tituló campeón con Toto Hernández, Pablo Morales, Gustavo Castellanos, Luis Enrique San Juan, Pablo Moreno, Lucio Andrade, Santiago Hernández, Alfonso Soto, Carlos Arenas, y Alberto Bustamante.

En el año 1938 se organizan los primeros equipos femeninos de baloncesto y se organiza el primer campeonato femenino.

Del 1 al 15 de diciembre de 1939 Norte de Santander participó con su mejor selección en el  I Campeonato Nacional de Fútbol en Cali, y se clasificó subcampeón perdiendo en reñida final con Antioquia que se coronó campeón. Nuestro equipo fue dirigido por Jorge “manino” Escobar y sus titulares fueron Lucio “capino” Andrade (arquero), Manuel “turilo” Dávila y Julio Foliaco (defensas), Félix García Medina, Elio “belleza” Velazco y Próspero “moga” Solano (volantes), Juan “marranito“ Romero, Julio Román Olivares, Daniel Antolínez, Pedro “palito“ Medina y Concho Prato (delanteros). Fue este el mejor equipo de fútbol que presentó nuestro departamento a nivel nacional, hasta ese momento. Tres nuevas figuras impresionaron Félix García Medina, técnico y fuerte, Elio “belleza” Velazco, inteligente y hábil con izquierda y derecha y Pedro “palito“ Medina pequeñito, vivísimo, hábil y rápido, con escasos 19 años de edad en ese torneo. Daniel Antolínez volvió a ser la figura del campeonato. Lo que nadie imaginaba es que era su última cita con la selección. El 30 de septiembre de 1940  fue asesinado  (tenía 30 años de edad) en el sector conocido como El Tanque de los Tres Pitos, situado en una popular barriada del sur de Cúcuta , el autor ubicó ese sitio en lo que hoy es el barrio Santo Domingo.

La trágica muerte de Daniel Antolínez fue la noticia más impactante del deporte cucuteño en el año 1940, pese a lo cual se crearon nuevos clubes por ejemplo el 3 de agosto de 1940 se fundó el Club de Cazadores, surgieron más deportistas y aparecieron otras actividades con características de diversión competitiva como el Tejo que llegó el 21 de diciembre con la inauguración por el señor Angel González de dos canchas para jugar turmequé, juego típico de Boyacá, en su restaurante El Tunjo. Así  empezaba la vida de un deporte, que más adelante se organizaría como Liga Nortesantandereana de Tejo.


El 15 de diciembre de 1940 culminó el primer  Campeonato Departamental de Fútbol organizado por la Liga Nortesantandereana de Fútbol que fue reconocida oficialmente en noviembre de 1939, presidida por Alfonso Lara Hernández. En realidad desde 1937 hasta 1939 también se llamaron departamentales para poder asistir a los Campeonatos Nacionales y Juegos Atléticos Nacionales pero dirigidos por la Asociación Deportiva Cucuteña. En este evento Unión Santander se tituló campeón por cuarta vez consecutiva (1937 a 1940) con la siguiente nómina: Gonzalo Ardila, portero; Jorge Hernández y Julio Foliaco, defensas; Luis “el turro” Pérez, Elio “belleza” Velazco y Darío Bustamante, medios; Pedro “palito” Medina, Julio Ramón Olivares, Manuel “cora” Gutiérrez, Félix “pateyerro” Caicedo y Kiko Medina, delanteros. Después del torneo mediante Resolución de la Liga se creó el cargo de Entrenador Oficial de Fútbol y nombró a Jorge “manino” Escobar, quien ya desde 1937 lo ejercía espontánea y desinteresadamente.


Equipo Norsander 1940. María Elena Cuberos, Gisela Porras, Delfina Maldonado, Carmen Sofía Durán, Rita Villalta, Alicia Otero, Teresa Cuberos, Domitila Chaustre y Nohemí Otero.

En el mes de enero de 1941 el club Norsander con el fin de ampliar sus servicios se mudó del lote de la calle 9 entre avenidas 6 y 7 a un extenso predio más al oriente de la ciudad ubicado en la calle 9, entre el callejón Rosetal y la avenida 1. Allí se construyeron canchas reglamentarias para baloncesto, tennis, bolo campesino y una pequeña cancha de fútbol. En el centro de las instalaciones un tambo grande con techo de palma y piso de mosaico como área social y juegos de ping pong, ajedrez, dominó y damas. En ese momento se colocó como el segundo club deportivo de Cúcuta.

El 23 de octubre de 1941 es contratado Eloy Ronquillo, futbolista internacional ecuatoriano, como entrenador departamental, quien prepara y dirige nuestra selección en los  V Juegos Atléticos Nacionales en Bucaramanga. En esos juegos para el deporte nortesantandereano fue histórico porque por primera vez no fue la más reducida delegación en las ceremonias inaugurales, ya que presentó equipos en 3 competencias diferentes: Fútbol, baloncesto masculino y baloncesto femenino. El baloncesto masculino fue la gran decepción al ser eliminados a pesar de tener grandes esperanzas por la calidad individual y colectiva de Toto Fuentes, Toto Hernández, Luis Ayala, Francisco Contreras, Ignacio Valderrama, Gustavo Castellanos, Moisés Barroso, Carlos Arenas, Víctor Vega, Hugo Uribe, Luis Moncada y Eustorgio Colmenares. En cambio las mujeres fueron la gran revelación ocupando el tercer lugar con la nómina compuesta por Gisela Torres, Aurora Sánchez, Rita Villalta, Teresa Cuberos, Luz Ramírez París, María Higuera, Magdalena Maldonado, Cristina Jurado, Delfina Maldonado, Ana Francisca Corredor, Aurora Barrera y Noemí Otero. Y para completar la satisfacción, nuestros futbolistas Lucio “capino” Andrade, Luis “gallito “ Contreras, Jorge García Medina, Félix García Medina, Onofre Prato, Julio Foliaco, Ricardo Sánchez, Elio “belleza” Velazco, Pedro “palito” Medina, Manuel “turilo” Dávila y Juan “marranito” Moreno dirigidos por Eloy Ronquillo recibieron medalla y trofeo por el tercer puesto.

El año 1942 fue de gran actividad futbolística a pesar de que el llamado estadio Olaya Herrera ubicado en la avenida Olaya Herrera hoy San Rafael, no era más que un peladero encerrado en caña brava, sin gradería ni servicios sanitarios, alejado de la zona urbana de Cúcuta. Se jugaron partidos de talla internacional como el Santiago Wanders de Chile que había ganado todos los partidos en su gira por Colombia y empató con el Cúcuta Deportivo a 2 goles. Se efectuó una serie con el El Samario de Santa Marta catalogado mejor equipo de Colombia en el momento, ganando este a Unión Santander (3-1) y empatando con el Cúcuta Deportivo (1-1). En ese estadio también se jugaron todos los partidos de la Liga. El único partido que se jugó en el estadio General Santander, aún en construcción, fue el de Cúcuta Deportivo contra Millonarios, único equipo profesional colombiano, ganándole el Cúcuta Deportivo (2-1). Ese año 1942 El Samario Fútbol Club dirigido por Jorge “manino” Escobar se tituló campeón departamental lo cual representó una total renovación para nuestro fútbol.

El éxito multitudinario y taquillero logrado en el estadio General Santander con la presentación de Millonarios, convenció a nuestros dirigentes de que allí estaba “la mina de oro” para nuestro fútbol, pero como todavía estaba en construcción, se resolvió jugar allí únicamente partidos de carácter extraordinarios y programar todos los eventos locales nuevamente en el Olaya Herrera.

En 1943, la presencia en Cúcuta de un gran pelotero revivió el entusiasmo por el béisbol. Tomás Arrieta fue traído desde Barranquilla, como mecánico para el taller del aeropuerto y alrededor de él un grupo de fanáticos beisbolistas volvieron a practicar este deporte en la cancha Carora. Primero en forma recreativa y después organizaron un mini torneo con tres “novenas”. Luego conformaron una selección con el nombre de Los Grandes del Norte jugando partidos contra equipos venezolanos de Ureña, San Antonio, Rubio, Táriba y San Cristóbal.

El 1 de diciembre de ese año pierde la vida el aviador y basquetbolista cucuteño Antonio José “toto” Hernández Mora al estrellarse el avión que piloteaba en condición de instructor militar.

En el mes de enero de 1944 los futbolistas cucuteños Félix y Jorge García Medina, quienes vivían en Caracas y jugaban en el equipo El Litoral, vinieron de vacaciones a Cúcuta y autorizados se llevaron contratado a Luis “gallito” Contreras a ese equipo del fútbol venezolano con el visto bueno de la Liga Nortesantandereana de Fútbol, convirtiéndose así en el primer futbolista cucuteño contratado para un equipo extranjero. El fútbol local continuó jugándose en el estadio Olaya Herrera. Eloy Ronquillo fue contratado por la Colpet para organizar y dirigir el fútbol en sus campos petroleros de Tibú y de Petrólea, ante esto la Liga trajo desde Caracas al argentino Oscar Zabranzky.

El béisbol mientras tanto seguía “subiendo” en la cancha de Carora. Se jugaban torneos muy animados con madrinas, barras, murgas y bazares. Los equipos Alfa, Carora, Buenos Aires, Salón Blanco y Tachirense tenían sus fanáticos, y los mejores jugadores eran Melquíades Rangel, Ignacio Vargas, Víctor “maravia” Koop, “boy” Rojas y Pablo Granados, todos ellos siempre liderados por Tomás Arrieta. Se enfrentaban con frecuencia con las “novenas” fronterizas con la insignia de Los Grandes del Norte.

El baloncesto realizó por primera vez un torneo departamental de clubes en la rama masculina, Bolívar, Alfa, Hispania, San José, Departamental, Tennis Club,  Batallón Santander y Sajonia coronándose campeón el equipo Alfa. Los destacados basquetbolistas del año fueron Moisés Barroso, Francisco Contreras, Carlos Arenas, Bartalomé Cardentey y Víctor Vega entre los veteranos. Y las revelaciones fueron Eduardo Jácome, Carlos Celis Carrillo y Enrique Olivares.

Para el mes de febrero de 1945 el Instituto Nariño conformó un tremendo equipo de béisbol ganando a los colegios de Pamplona, Cúcuta, Rubio y San Cristóbal. Participó en el campeonato de Carora y lo ganó en forma invicta. Los jugadores estelares eran 5 maracuchos Orlando Pirela, Hernando Rincón, Rafael Barrios y los hermanos Atilio y Adalberto Fuenmayor.

Durante el mes de julio de 1945 se realizan en Pamplona los I Juegos Intercolegiados Departamentales, organizados por el Secretario de Educación, Milcíades Mogollón Fernández, en 3 deportes, Fútbol, Baloncesto y Béisbol. El colegio Sagrado Corazón (con el nombre La Salle) ganó invicto el baloncesto con los jugadores Eduardo Jácome, Carlos Celis, Carlos Rangel, David Darío Porras y Alfredo Díaz. El campeón del torneo de fútbol fue la Normal de Pamplona. El instituto Nariño ganó invicto el torneo de béisbol distinguiéndose Adalberto Fuenmayor, Pablo Granados y Rafael Barrios.

Nos situamos en 1946 y el baloncesto después de 5 años participa en el III Campeonato Nacional Masculino y Femenino de Basketball en Barranquilla del 15 al 30  de enero, participando solamente en masculino quedando eliminado con el equipo conformado por Carlos Arenas, Hugo Uribe, Víctor Vega, Héctor Olaya, Alfredo Díaz, Eduardo Jácome, Carlos Rangel, Moisés Barroso, Juan José Cuberos y Enrique Olivares.

El 2 de junio de 1946 se inaugura oficialmente las instalaciones como gramilla, tribunas y pistas de atletismo del estadio General Santander. Desde ese momento todo el campeonato de primera categoría de la Liga Nortesantandereana de Fútbol se traslada a ese estadio y las categorías menores continuaron en la cancha Olaya Herrera. En agosto las Ligas de Fútbol y de Béisbol mediante acuerdo tuvieron que racionalizar el uso del escenario, igual como había sucedido 33 años atrás, en 1913,  para repartirse “salomónicamente” la cancha de Carora.

Para marzo de 1947 se inicia el campeonato cucuteño de béisbol con Colpet, Nariño, Cumotor, La Tachirense, Alfa, Piratas, Salón Blanco y Buenos Aires jugando los sábados y domingos y resultando campeón el instituto Nariño destacándose Rafael Barrios, Pablo Granados, Telmo León y Roberto ‘papaíto” Meléndez. Se transforma en el deporte líder, no solo por la gran cantidad de aficionados sino por la gran audiencia que fue cultivada por las transmisiones radiales narradas por Carlos Ramírez París que el mismo locutor llamó “Locución Locataria” pero que la afición bautizó como “Trompo Locada”.



La novena Piratas. De pie: “gatico”Hernández, Ramón Sánchez, Pedro Betancour, Luis Rojas, Armando Pérez, ël zurdo Zoama, “negro” Blanco, Juan Gómez, Carlos Betancourt, “capi”Urbina, “boy” Rojas, don José Cano;  En cuclillas: Pedro Villalta, Marcelino Acosta, Roque Mora, Pablo Granados, Ignacio “relojito”Vargas, “capote” Salcedo, “gitano”  Hernández

En el mes de julio se celebra el IV Campeonato Nacional Masculino y Femenino de Basketball en Manizales y Norte participa con Eduardo Jácome, Samuel Castañeda, Luis Enrique Ayala, Víctor Vega, Carlos Arenas, Heriberto Porras, Francisco Contreras, Enrique Olivares, Alfredo Díaz, Carlos Merchán y Antonio Soler pero tampoco logra estar entre los 3 primeros.

En Octubre Guasimales Fútbol Club ganó el Campeonato Municipal de Fútbol y Unión Frontera fue el subcampeón.

El 1 de abril de 1948 se inicia el campeonato municipal de basket en el colegio Cúcuta (esquina calle 13 con avenida 4) quedando campeón Tennis Club con Eduardo Jácome, Luis Enrique Ayala, Samuel Castañeda, Carlos Arenas y Juan Garbiras. El 12 de agosto se inicia el campeonato departamental con los equipos Tennis Club, Caribe BBC, Departamento Sport Club, Alfa, La Salle, Nariño, Reformatorio y Provincial de Pamplona. Se tituló campeón Caribe BBC con Alfredo Díaz, Carlos Díaz, Hugo “bombero” Guerrero, Fernando Bautista, Víctor Vega, Rosario Gómez, Víctor Ramírez, Jesús Castillo, Hernando Sayago y Moisés Barroso.

En noviembre de 1948 culminan en el estadio General Santander los campeonatos departamentales de fútbol y béisbol quedando campeones Colpet y La Tachirense respectivamente.

En el mes de marzo de 1949 se efectúa la histórica asamblea general de la Liga Nortesantandereana de Fútbol donde se nombra una comisión integrada por Alfonso Cubero Porras, José Rosario Fernández y Manuel Blanco Suárez para crear un equipo profesional que jugara en el campeonato profesional de la Dimayor y se escoge por unanimidad el nombre del equipo como Cúcuta Deportivo S.A. . Posteriormente se nombró la junta directiva del Cúcuta Deportivo, Manuel Blanco Suárez, presidente; Hernando Lara Hernández, Alejandro Sánchez Cuadros, Miguel Villa Valero, Juan B. González y Luis Enrique San Juan como vocales principales; y Alfonso Cuberos Porras, Felice Torres, Rafael Reyes Acero, José González Rangel y Juan E. Martínez como vocales suplentes. Hernando Lara Hernández  fue encargado de gestionar la afiliación del Cúcuta Deportivo ante la Dimayor. En febrero de 1950 la Dimayor acepta la inscripción del equipo conformado por 9 jugadores uruguayos Juan José Tulic, Julio Ulises Terra, Luis Pérez Luz, Alcides Mañay, Juan De Luca, Ramón Alberto Villaverde, Luis Alberto “el marciano” Miloc, Abraham González y Carlos Zunino; 2 jugadores argentinos Juan Barbieri y Luis Orlando; y 7 criollos “gallito” Contreras, “çajurra” Díaz, “tarzán” Mendoza, Roberto Serrano, “gorilo” Ortiz, Juan “chalamú” Barbosa y “terremoto” García.

El día 26 de febrero de 1950 se da el primer partido del Cúcuta Deportivo en el III Campeonato Profesional de la Dimayor. El Sporting de Barranquilla fue el primer visitante que se presentó en el estadio General Santander para enfrentar en su debut al Cúcuta Deportivo. El Cúcuta presentó a Tulic, Terra y “gallito” Contreras; Pérez Luz, Mañay y “carruja” Díaz; De Luca, Villaverde, Miloc, González y Zunino. Cúcuta ganó 2-1 con goles de Villaverde y Zunino. El paraguayo Sixto Noceda anotó por el Sporting. Todos los partidos del campeonato del fúrbol profesional que ese año se jugaron en Cúcuta, llevaron gran cantidad de gente al estadio General Santander. Al término del campeonato, el debutante Cúcuta Deportivo ocupó el 5 lugar entre los 16 equipos participantes. El campeón fue Deportes Caldas.

El 29 de enero de 1950 se realizaron los VI juegos Nacionales  en Santa Marta, Norte participó en fútbol, béisbol y basket masculino. En fútbol fuimos eliminados. En béisbol perdimos contra Magdalena, Atlántico y Bolívar debido a la lesión sufrida por el pitcher estelar en el primer juego Luis “morfina” Angulo. Y en basket se logró el 2 lugar con equipo conformado por Samuel Castañeda, Alfredo Díaz, Carlos Díaz, Hugo Guerrero, Alvaro Ramírez, Enrique Olivares, Francisco Contreras, Carlos Arenas, Carlos Merchán y Alfredo Garbiras.

El 20 de diciembre de 1950, culminó el VI Campeonato Nacional Masculino y Femenino de Basketball en Cali. Norte llevó únicamente equipo masculino y ocupó el 5 lugar.

Muy importante destacar en esos momentos la presencia de los medios de comunicación en el deporte, toda vez que desde el año 1950 La Voz del Norte inicia leal y positiva competencia a La voz de Cúcuta conformando un excelente equipo de locutores y comentaristas deportivos con Carlos Ramírez París, Roque Mora y Alvaro Barreto, aumentando la afición de la gente por los deportes debido a la audiencia radial.


Recopilado por: Gastón Bermúdez V.