lunes, 21 de agosto de 2017

1174.- CUCUTA EN EL AÑO 1947



Gerardo Raynaud

Terminando el año, la prensa y en general los medios, publican sus ediciones extraordinarias de final de período, solicitando a los personajes que se destacaron, para que escriban sobre los hechos y acontecimientos que fueron noticia durante los doce meses que culminarán el último día de diciembre.

En esta ocasión, le correspondió el honor al destacado dirigente Alfonso Lara Hernández, quien con el título en mención, expuso sus apreciaciones sobre el progreso de la ciudad en los términos que les paso a narrar. Mejor descripción del estado de la ciudad no pudo haberse escrito para la ocasión.

Veamos, en sus propias palabras “hemos vivido en una ciudad de comerciantes, ganaderos, pequeños industriales e incipientes agricultores; habíamos llevado un ritmo lento porque cada quien se contentaba con las pocas ganancias que su pequeño negocio le deparaba al fin de cada año. Como consecuencia de ello, nuestra vida ha venido desarrollándose en forma paulatina y lenta con un concepto de pequeña burguesía.”

Continúa su artículo diciendo que los pequeños almacenes pobres, tristes y sucios que vendían alpargatas y zarazas al lado de machetes tamandúa y toda clase de cosas sin discriminación, están siendo sustituidos por bonitos almacenes que se iluminan con luz neón para aparecer falsamente brillantes pero vistosos y agradables.

Agregaba que se veían surgir pequeños edificios que para el cucuteño eran grandes y que tapaban la cúpula de la iglesia (se refería a la vieja iglesia de San José). Que la Sociedad de Mejoras Públicas ya no arreglaba las calles con las piedras redondas del río Pamplonita sino con “negro petróleo como cualquier ciudad del futuro”.

También aprovechó esta oportunidad para destacar la labor de los fundadores del Club de Cazadores, que ese año ofrecía a la comunidad su nueva sede  con “bellos salones, lindas pistas tropicales de baile y un circo de toros, todo enmarcado dentro de la más frondosa arboleda que invita a colgar la hamaca en nuestras tardes de calor fulgurante.”

A la administración municipal le dedica su crítica constructiva al exponer que “el nuevo Palacio Municipal es una de las obras más bellas, sólidas y orgullosas del pueblo y que ahora los despachos de los funcionarios  son limpios, llenos de luz y más o menos, bien amoblados y que dejaron de ser un reducto de viejecitos sustanciadores de delitos contra el honor sexual y buenos componedores de pleitos de comadres.”

Culmina esta sección dedicada al servicio público de la ciudad con una alabanza a “ese gran movimiento cívico que se llamó Acción Cucuteña por imprimirle un ritmo nuevo a la vida administrativa de Cúcuta y dejó bases muy sólidas en el desarrollo del porvenir.”

Continúa su retrato de los beneficios recibidos en la ciudad por las obras realizadas en ese año, tales como la apertura de los “tapones” de las avenidas quinta y sexta hacia el norte, el trazado de nuevas calles, como la Diagonal Santander y la avenida Alfonso López y tal vez la más importante de las obras públicas, la puesta en marcha de “las seis moles negras que se hayan emplazadas en  Pescadero donde el zumbido de los motores Diesel eléctricos generan la energía que parece que estuviéramos en otra tierra más aguijoneada por el deseo de progreso.”

Con relación al nuevo acueducto de la ciudad, su opinión no es tan indulgente y se aprecia cierto tono de reproche que espero mis lectores sepan interpretar. Al respecto escribe lo siguiente:

“Por primera vez en la historia, desde que Juana Rangel de Cuéllar firmó la Escritura de Cesión de estos terrenos a favor de los vecinos blancos y no negros del Valle de Guasimales, Cúcuta siempre había tomado agua que unas veces tenía el color del café con leche y otras, para variar, la del chocolate. El nuevo acueducto, inconcluso todavía, nos asegura a estos pobres mortales, que beberemos agua pura y probablemente abundante y que las fiebres colibacilares dejarán de ser el azote que hasta ahora ha venido siendo.”

Para finalizar su recuento sobre las realizaciones hechas en 1947, lanza una propuesta, de esas que hoy nos arrepentimos, pero que entonces correspondía a una posibilidad viable, de no ser por el prurito que se tenía de copiar lo que en los países industrializados era una solución para sus problemas en condiciones muy diferente a las nuestras.  

Su idea era la de acabar con el Ferrocarril de Cúcuta, para darle paso a una nueva empresa, tal como lo manifestara en los términos que a continuación les presento:

“En 1882 se firmó una escritura por la cual se constituía una sociedad para construir un ferrocarril al Puerto de Villamizar. Los carros de mulas, que eran propiedad del municipio y que iban  al puerto de San Buenaventura, le dieron paso a la locomotora pujante y para esos tiempos, veloz. Con paciencia y valor inigualables esa benemérita compañía ha venido sirviéndole a este pueblo hasta donde sus fuerzas se lo han permitido.

Desgraciadamente, ‘La Pamplonita’, ‘La Torbes’ y ‘La Catatumbo, ya no nos resuelven el problema del transporte y a pesar de los esfuerzos titánicos de Emilio Gaitán Martín vemos que la vía del ferrocarril se consume rápidamente, lo cual constituye una amenaza gravísima para nuestro progreso.

Considero que la Compañía del Ferrocarril, como en los viejos tiempos de la Compañía del Camino de San Buenaventura, debe ser absorbida por una nueva empresa que levante esos rieles y tienda una maravillosa carretera, de especificaciones internacionales, para que los remolques de quince y veinte mil kilos lleven nuestra carga de exportación, traigan nuestra carga de importación, transporten nuestros campesinos y trabajadores y turistas, vivifiquen esa zona de intenso porvenir agrícola y ganadero.  

La compañía podría financiarse fácilmente por parte del Municipio, del Departamento y  de particulares y podría vivir cobrando, como se hace en los Estados Unidos, módicas cantidades sobre el tonelaje que por ellas se transporta.

Yo no creo ni he creído  nunca, que el gobierno central compre el ferrocarril, y lo que es peor, considero que la compra del ferrocarril por parte de la Nación no soluciona nuestro problema de transporte al exterior.

Solamente un camino carreteable, un ‘Speedway’ o algo similar a nuestra carretera a la frontera, constituye nuestra única solución y estoy seguro que los venezolanos, en donde hay un criterio perfectamente definido en favor de las carreteras, harían algo similar, siguiendo nuestro ejemplo, con el Ferrocarril del Táchira.”

El hecho es que, ni lo uno ni lo otro, puesto que no se construyó carretera alguna y el ferrocarril, finalmente se acabó, quedándonos sin una salida al exterior, tal como lo proponía nuestro ilustre dirigente y de lo cual, hoy nos lamentamos profundamente.






Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

sábado, 19 de agosto de 2017

1173.- CARTAS AMOROSAS DEL GRAL. LEANDRO CUBEROS NIÑO



Pablo Emilio Ramírez Calderón

Por bondad de mi amigo, el abogado, escritor e investigador doctor Alberto Donadío Copelo, tengo en mi poder, copia de la extensa correspondencia del general Leandro Cuberos Niño, con su novia y posteriormente su esposa, doña Laurita Giusti de Cuberos Niño, dama venezolana, de Colón y a ella voy a referirme.



Carta de 1922 siendo novios, del General a Laurita

Son centenas de cartas, escritas desde hace una centuria, abril de 1917, de todas partes del país y del exterior, de Bogotá, de Cúcuta, de Caracas, de Maracaibo, Curazao, Boconó, de la Cámara de Representantes, del Senado de la república, etc…, todas ellas muy románticas y llenas de amor, desde antes del  noviazgo, hasta después del matrimonio por poder en San Cristóbal en 1925, por sus enfrentamientos con el clero, hasta su muerte ocurrida en Maracaibo, en 1934, cuando se desempeñaba como cónsul de Colombia en la capital del Estado Zulia, ocasionada por una hemorragia digestiva masiva.

Con las dificultades de la época, ir de un sitio a otro, era una calamidad, no más a San Cristóbal, peor a Bogotá. A Maracaibo por barco o pequeñas canoas, de acuerdo con las circunstancias o la disponibilidad del momento; después del matrimonio, viajar a Bogotá donde el victorioso general de Peralonso y  derrotado y herido en Palonegro, vivía como congresista, viajar su esposa, recién casada a la capital, era una verdadera odisea para una dama no acostumbrada a esos viajes largos, unos trechos en carros y a caballo en otros, pero al fin, logró hacerlo.

Todas sus cartas, llenas de amor, estaban plenas de recomendaciones de todo tipo, de un hombre hondamente enamorado, a una damita, que supo corresponderle y esperarlo, durante largos años, no obstante la diferencia de edades, para terminar casándose, formar un hogar y levantar una familia, honra  y prestigio de  la sociedad y la patria.

En ellas, lucía como médico, recomendándole alimentación especial, cambios de clima, diversión, paseos al aire libre, dietas nutritivas para aumentar de peso,  combatir la anemia, los catarros y las gripas ella y su familia.

Son una colección de cartas, con indicaciones de toda clase y esbozos de la lucha política, de entonces con una sociedad, pacata y retardataria, en contradicción con un clero beligerante, orientado por ministros religiosos, que amaestraban turbas facinerosas, listas a destruir las maquinarias del periódico La Mañana y preparadas para destruir el recién fundado Comentarios, que gracias a la oportuna movilización del pueblo, fue salvado de la destrucción.

Carta de 1928 como esposos, del General a Laurita



Gracias, doctor Donadío, por regalarme, este archivo documental de la época, no encontrado en ningún otro sitio y que es parte de la historia íntima de un guerrero, que luchó en las guerras de la época,  en el parlamento y en la prensa, desde principios del siglo veinte, hasta su muerte en 1934 , enfrentado a los sectarios poderes, de entonces.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

martes, 15 de agosto de 2017

1172.- DON TRINO PARADA, UN HOMBRE BUENO



Guillermo Vargas/Wolfgang Parada Vivas


En la mirada y la sonrisa Trino Parada nos enseñaba que él es un hombre bueno, comprensivo, sincero, laborioso y fraternal, un pamplonés más que se agrega a la lista de ciudadanos ecuánimes, nobles e inteligentes que los Valles de Cúcuta y El Espíritu Santo, saben entregar a las hojas de la historia.

Trino Parada conocía la comunidad en sus puntos más sensibles y en una reciprocidad edificante la comunidad lo conocía a él.

Una mutualidad inevitable en los testimonios, confrontaciones, aciertos y desaciertos que los núcleos humanos ofrecen a los investigadores, a los sicólogos, sociólogo ó simples vecinos de modestas culturas.

Trino Parada ha sido un consejero de familias y un orientador de individuos en trance de cruzar el Rubicón de la vida.

El consejo de Trino Parada ha llegado por igual a los seres con fortuna y a los desafortunados, a los generosos y a los tacaños, a los sinceros y a los mentirosos, a los ilustres letrados y a los iletrados, a los incrédulos y a los creyentes, a los que aman y a los que odian.

Sin ningún apasionamiento sectario Trino Parada ha sabido evaluar los sucesos y acontecimientos del gran país colombiano y se ha mostrado solidario con los que sufren y merecen una vida mejor.

Trino Parada sabe observar, sabe analizar para conceder en los contrincantes la legítima razón. Por eso en ocasiones hace brillar la luz de la justicia en los vecinos confrontados, en los vecinos engañados.

Trino Parada ha pertenecido a la comunidad y se ha metido a los temperamentos ofuscados o a los comportamientos demasiado serenos.

No es un ciudadano de voces exaltadas, de aquellas que invitan a los enfrentamientos y las peleas por causas mínimas e insignificantes. 

Por eso sus logros están marcados en los tableros de los introvertidos, en tanto que los análisis empujan su comportamiento a un plano donde la introversión se mezcla con las influencias de la extraversión en un equilibrio conceptual y emprendedor.

Don Trino Parada ofrece las características de un hombre bueno, de un padre de familia ejemplar y de un ciudadano meritorio. Tiene a su favor la ayuda y colaboración de su esposa Carmen y su hermana Gertrudis quienes cruzan sus miradas en un horizonte de paz y entendimiento.

Don Trino Parada y doña Carmen Vivas de Parada con sus hijos. 
De pie de izq. a der.: Wolfang y Amilcar.
Sentados: Judith, don Trino, doña Carmen, Jairo y Elsa.

Cualidades refrendadas por uno de sus hijos en su despedida en los casi 99 años de vida, 1º de mayo de 2013:

Buen viaje papá:

Trino Parada o mejor don Trino, el nombre que a diario repetían todos los que de alguna manera lo conocieron, recibieron sus consejos o fueron receptores de sus obras y generosidad.

Mi papá, personaje sin duda inolvidable para su familia, pero también para sus vecinos, amigos, gente sencilla que llegaba al Lago en busca de ayuda, solidaridad y servicio; pasó sus últimos años aquejado de una penosa enfermedad que le fue consumiendo en vida. Suficiente dolor y sufrimiento padeció, y a todos los que le rodeamos, por lo que no deseo hablar de ello ahora.

Su envoltorio terrenal cesó su función y su alma ha partido a descansar en ese Oriente Eterno que tanto repetía, tal vez significando el perpetuo nacimiento del Sol hacia la Luz eterna que debe ser al entregarse con el Creador, en quien fervientemente creía.

Quiero simplemente hacerle un homenaje a su vida. A esa vida que vivió a plenitud, porque estoy convencido que mi papá fue un amante de la vida y de los placeres que proporciona vivir. Amó, rio, sirvió, creó, comió, bebió, viajó, aconsejó bien, y sobre todo dejó una huella imborrable en la vida de muchos.

Gozó de una longevidad heredada, por lo que casi todos los amigos de su generación partieron hace rato antes que él. Sin embargo, los que quedamos sabremos trasmitir su legado a las futuras generaciones.

Perteneció a una estirpe familiar pamplonesa, de la cual heredó el amor por los demás, la voluntad de servicio, el liderazgo nato y una personalidad cautivadora que supo adobar con su verbo admirable para embelesar a quienes le escuchaban hipnotizados por sus historias.

Fue un padre exigente, muchas veces severo, pero obsesionado por sus hijos se formaran en la academia, pues solía decir que era la herencia más preciada que nos podía dejar. Y sin duda así fue, mi papá jamás se apegó a lo material, para él significaba solo el vehículo para hacerle la vida más llevadera a los que nada tienen.

Con su vocación de líder comunal, impulsó obras perecederas en su entorno como la Clínica de Leones en puente Barco que aún sigue prestando sus servicios, sólo por nombrar alguna.

Su temprana formación e inquietud intelectual por disciplinas ancestrales del pensamiento humano, le dieron acceso a un grupo de hombres preclaros de nuestra sociedad para extender sobre otros a través de sus obras su incansable vocación de servir.

Junto a él, en este discurrir por la vida, siempre al lado suyo, como su bastón, su compañera y su amiga por setenta años, Carmen Sofía, mi mamá. Para ella también este homenaje pues nunca desfalleció ni en las más duras circunstancias, movida por ese amor inmenso que ha profesado siempre por todos nosotros. Gracias mami.

Queda tu huella en toda tu familia, tu herencia se va extendiendo poco a poco, y ya va en tus bisnietos, que también llevan tu sangre. Buena parte de lo que somos refleja tus enseñanzas, principios y ejemplo, y todo ello se reproduce como una planta que fue sembrada en suelo fértil y abonada con devoción y amor.

Somos una familia entrañablemente unida, honesta, generosa, buena, servicial que seguirá por esta senda haciendo énfasis en el servicio, el amor por los demás y replicando ese legado.

Muchos de los aquí presentes en algún momento tuvieron tu afecto, tu amistad y tu consejo, mientras exista en el mundo alguien que te recuerde vivirás para siempre.

Gracias te damos papá por la vida: Judith, Jairo, Amilcar, Elsa, Wolfgang, Anamaría, Juan Manuel, Andrés, Catalina, Andrea, Daniel, Natasia, Alex David, Aurelio, Emilia y Emilio, buen viaje al encuentro con el Gran Arquitecto del Universo, a tu encuentro con todos los que amaste y te precedieron en este último viaje.

Nos quedamos arropados por tu presencia, y estamos felices y regocijados porque fuiste un ser fundamentalmente bueno. Celebremos tu vida, y el nacimiento a una nueva dimensión, con un gran aplauso.

Sus hermanos masones ya habían hecho en su momento un reconocimiento a su vida ejemplar:




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.