domingo, 21 de mayo de 2017

1127.- NORTE EN EL INTERCLUBES DE PATINAJE

Omar Romero Güiza

Torres brilló ganó cuatro medallas: tres de plata y una de bronce. Winston Tarek Torres y Lindarte lograron otras cuatro medallas para la región.

La expectativa

El certamen fue preselectivo al próximo Mundial de carreras.

El patinadero Enrique Lara Hernández dio el campanazo inicial con la prueba de la contrarreloj individual de 300 metros.

Más de 300 patinadores de 28 ligas de los diferentes clubes llegaron con la ilusión de ratificar su ranquin nacional.

Norte de Santander tuvo puesta sus esperanzas en los corredores Daniela Lindarte, María Camila Torres Arias (Crear Colombia-Arroz Zulia), Mayerly Amaya Villamizar (Comfanorte), Winston Tarik Torres García, Brayan Blanco (North Skate) y Jhonatan Calderón (Estrellas en Línea).
  
Para el entrenador Luis Ernesto Higuera, el optimismo reinó dentro del grupo y las expectativas fueron buenas, más cuando se jugó de local.

“Importante el selectivo que se va a hizo acá en Cúcuta con el que se cerró la temporada 2016-2017, donde esperaron los resultados se dieran”.

Higuera precisó que el torneo abrió un espacio hacia los Olímpicos de la Juventud de Argentina donde el patinaje sobre ruedas hará su debut en 2018.

“Los corredores de la categoría 2000, son los que tuvieron esa posibilidad de estar en ese grupo selecto y la más opcionada por Norte de Santander es María Camila Torres”, señaló Higuera.

Precisamente una de las novedades que tuvo el campeonato fue la inclusión de la prueba olímpica la cual es la sumatoria de las competencias de 500, 1000 y 5000 metros eliminación, que otorgó las preseas de oro, plata y bronce.

En cuanto las sensaciones que tuvo de este campeonato la fondista, campeona del mundo de 2015, Daniela Lindarte conceptuó que “gracias a Dios tengo los puntos suficientes (en el ranquin) para el selectivo del equipo de Colombia. Estoy clasificada y para este torneo me siento bien física y mentalmente, y confiando en Dios todo se va a dar”.

Lindarte recalcó que buscarían aprovechar la localía, sacarle buen provecho al calor y obtener varias medallas en cualquiera de las pruebas de fondo.

Acerca de cómo va lo de la casa que se comprometieron a darle la Gobernación y la Alcaldía, la mundialista dijo que “muy bien, sé que el gobernador William Villamizar Laguado y el alcalde César Rojas me van a cumplir con el sueño de tener vivienda propia. Estoy ansiosa de estrenarla, de saber dónde va a quedar ubicada, tengo fe de que me van a cumplir con ese sueño antes de que termine el  2017”, aseguró la deportista.

Para Mayerly Amaya, el Interclubes fue parejo y a la vez difícil, en su primer año de categoría mayores.

“Este un campeonato demasiado importante, primero porque corro en casa y la idea es hacerla respetar. Segundo porque sigo peleando cupo para entrar a la selección Colombia, por lo que va a ser una válida de grandes retos”, indicó la cucuteña.

Entretanto, la juvenil María Camila Torres Arias expresó previamente que “esperamos que hagamos una buena presentación, tengo muy buenas expectativas donde estrenaremos la prueba olímpica, competencia de los Juegos Olímpicos de la Juventud en Argentina y acá se hará la apertura de esas pruebas (en 500, 1000 y 5000 metros eliminación).

Torres es tercera en el escalafón con 211 puntos.

De su lado, Winston Tarik Torres, octavo en el escalafón de los juveniles con 106 puntos fue claro “este nacional Interclubes es el último del ciclo del año. Es pasar o pasar, acá se queda todo y demostrar en la casa de qué estamos hechos”.

Sostuvo que el rival a vencer es el bogotano Javier Baldión.

Brayan Blanco adujo que  “tengo buenos propósitos en lo personal y grupal como es buscar una medalla en este Interclubes, en la pruebas de velocidad y fondo. Todos nos hemos preparado bien para este nacional”, estimó.

Por último, el más veterano del grupo de la categoría mayores, Jhonatan Calderón buscaba tomar revancha, luego de que el año pasado la suerte no lo acompañara.

“Vamos a dar todo en la pista, vengo con buenas sensaciones e ilusiones. Somos locales e intentaremos dar la pelea en las finales”, afirmó el patinador.

El evento

Se bajó el telón de la sexta y última válida del Nacional Interclubes de Patinaje que se disputó del 6 al 9 de abril de 2017 en los patinaderos Enrique Lara Hernández y Teódulo Gélvez Albarracín, de Cúcuta.


El certamen selectivo al Mundial de Nanning (China), se llevó a cabo en las categorías prejuvenil, juvenil y mayores en damas y varones, donde los patinadores de Norte de Santander tuvieron una excelente presentación con María Camila Torres Arias, Daniela Lindarte Garaviz (Crear Colombia-Arroz Zulia-Comfanorte) y Winston Tarik Torres García ( North Skate), bronce en los 20.000 metros combinada.

María Camila Torres (izq.) y Daniela Lindarte.


Los rojinegros cosecharon ocho medallas, distribuidas en tres preseas de plata y cinco de bronce, cumpliendo con las expectativas trazadas de hacer respetar la localía.

En la clasificación general por equipos, PAEN de Antioquia fue el gran campeón mientras que en la individual la patinadora Fabriana Arias, en  mayores, una vez más ratificó por qué es una de las mejores del mundo.

Sin duda, la patinadora María Camila Torres fue la más sobresaliente de la casa, al obtener tres medallas de plata, en los 1000 metros, en la prueba olímpica de los (500, 1000 y 5000 metros), y ayer en los 25.000 metros ruta. Así mismo,  obtuvo la presea de bronce en los 15.000 metros eliminación.

Fue más que un justo premio para la cucuteña en su último año en la categoría juvenil, que el jueves en la noche sufrió un aparatoso accidente, el cual pudo haberla sacado de la competencia, en la prueba por puntos y en la última recta se cayó, raspándose un brazo y las piernas, al igual que el pómulo derecho y los labios.

A pesar de las dificultades, María C. se sobrepuso al dolor y se mostró contenta por los resultados alcanzados y con la aspiración de ser convocada al selectivo de la preselección Colombia en su categoría.

“Gracias a Dios fue un balance muy bueno, con muchas expectativas para el selectivo, quedaron muy buenas sensaciones, a pesar de la caída y el duro golpe que tuvimos logré tres medallas de plata y un bronce”, afirmó la deportista aun con cicatrices.

Torres recalcó que dentro de lo planificado lo primordial era terminar  bien la temporada. “Primero terminar el año juvenil muy bien, logramos una medalla de plata en una prueba de laboratorio (la olímpica), para lo que va a ser los Juegos Olímpicos de la Juventud en Argentina 2018 y gracias a Dios conseguimos figurar”.

Daniela guerreó

A su turno, Daniela Lindarte también se mostró satisfecha con las tres medallas de bronce que alcanzó, aunque dijo que le hubiera gustado que el color hubiera sido de oro, pero sabía que tenía unas contrincantes difíciles.

Respecto a la última competencia de los 25.000 metros eliminación, opinó que “la carrera fue muy buena (para mí), la manejé muy bien fue un gran aprendizaje, que la dos niñas que ganaron el oro y la plata (Fabriana Arias y Johana Viveros), han sido varias veces múltiples campeonas del mundo en mayores y les he recortado distancia a pasos agigantados y me siento muy feliz y agradecida con Dios por todas estas bendiciones”.

Mientras Lindarte y Viveros lucharon solas para estar en el podio, a lo largo de las 62 vueltas, Fabriana estuvo respaldada por tres corredoras que la dejaron servido todo en bandeja de plata.


Nortesantandereanos en la preselección de patinaje


Los patinadores cucuteños María Camila Torres Arias (izquierda) y Winston Tarik Torres García, ya cumplieron el primer objetivo: entrar a la preselección Colombia.

El patinaje nortesantandereano vive un momento importante.

La patinadora Daniela Lindarte  Garaviz (Crear Colombia Arroz Zulia-Comfanorte) compite con la selección Colombia en la gira europea que se cumple en Grob Gerau (Alemania), con un notable desempeño.

Y la Federación Colombiana de Patinaje le entregó otra alegría. Los patinadores María Camila Torres Arias (Crear Colombia), y Winston Tarik Torres García (North Skate) fueron convocados por el técnico Elías Del Valle, con miras a escoger el equipo que participaría en el Mundial de carreras que se disputaría del 3 al 10 de septiembre de 2017 en Nanjing, (China).

Nunca antes Norte de Santander había tenido tres corredores en un selectivo con grandes posibilidades.

No obstante, en el pasado, el primero en ser convocado a la preselección nacional fue el fonoaudiólogo  Carlos Velasco (1995), luego estuvo, Jessica Rozo (2012), Mayerly  Amaya y Daniela Lindarte (2013), pero tres a la vez no se había dado.

Para María C, es el segundo llamado pues en 2016 también estuvo en concentración.

En la última válida nacional Interclubes cumplida en Cúcuta, María Camila fue la deportista más destacada al lograr tres medallas de plata y un  bronce en fondo juvenil.

Aunque la cucuteña terminó segunda en el ranquin nacional juvenil, estaba a la expectativa y recibió la grata noticia que la motiva más.

“Gracias a Dios se dieron los objetivos de estas seis válidas, era algo que me esperaba y anhelaba, producto de los resultados obtenidos a lo largo de la temporada y la convocatoria se fija con respecto al escalafón nacional en el que me ubiqué de segunda y solo estaba a la espera de la resolución de le federación”, explicó María Camila. Añadió que “me siento feliz porque es mi segunda convocatoria al selectivo (2016 fue el primero), tengo muchas expectativas, al que llego con un más experiencia con la ilusión de ser selección Colombia”.

De otro lado, el más sorprendido fue Winston Tarik, pues a pesar de luchar no le había alcanzado para estar entre los seis clasificados, pero dado su desempeño, Del Valle le ha dado la oportunidad de mostrarse.

“Para mí ha sido importante este llamado al selectivo, fue una gran sorpresa, no lo esperaba de verdad, porque llamaban a los seis primeros del escalafón y yo quede de séptimo”, acotó el deportista.

Asimismo, dijo que igual se sentía contento por lo conseguido en la temporada, aunque su sueño era estar en el selectivo.

“Contento de todas maneras porque hice un gran campeonato, fue una medalla de bronce y además de un cuarto y quinto puesto. 







Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

viernes, 19 de mayo de 2017

1126.- LA CENTRAL HIDROELECTRICA DEL ZULIA

Gerardo Raynaud

A principios del siglo XX, en Cúcuta como en el resto del país, el servicio de energía eléctrica tenía, relativamente pocos años de estarse prestando y sólo para el alumbrado público. Cúcuta fue la primera de todas las ciudades de Colombia que tuvo alumbrado público, tan solo 17 años después de haberse inventado las bombillas incandescentes por parte de Edison.

En el último quinquenio del siglo XIX se fundó la Compañía del Alumbrado Eléctrico de Cúcuta. Para no quedarse atrás, el municipio, después de un año de trámites, decidió participar de la empresa, entrando como socio con el 3% del capital. La generadora estaba ubicada en la hacienda Los Patios y captaba agua del entonces caudaloso Pamplonita; alcanzaba abastecer de fluido eléctrico a las 400 lámparas que contemplaba el contrato que por trece años habían firmado en mayo de 1896, sin la obligación de tener que hacer ningún traspaso al municipio al vencimiento del plazo.

Al término del contrato, hubo un fallido intento de crear una nueva empresa, pero al no lograrse ningún acuerdo, se le concedió una prórroga por cuatro años más, incluida la exención total de los impuestos municipales. Esta empresa funcionó hasta 1953, año en que fue adquirida en su totalidad por el municipio de Cúcuta.

Mientras esto ocurría con el alumbrado público, en 1914, recién declarada la primera Guerra Mundial, se constituyó la Compañía Unida Eléctrica de Norte, siendo su principal accionista el municipio de Cúcuta y algunos particulares, entre los cuales estaban los hermanos Mariano y Eugenio Penagos y algunas otras personalidades de la ciudad.

A partir de entonces se produce la expansión de la compañía por los municipios aledaños a la ciudad, incluyendo la planta de mil kilovatios construida sobre el río Peralonso en el sitio conocido como el Alto de Los Compadres, dada al servicio al finalizar la década de los años veinte.

A partir de entonces, las necesidades del servicio fueron creciendo, razón por la que, se hicieron evidentes las prioridades para detectar alternativas que permitieran el montaje de nuevas plantas electrificadoras.

Ante estas perspectivas, a partir del año 44 del siglo pasado se generó un movimiento cívico-político que buscaba por todos los medios a su alcance promover e impulsar una obra redentora para la región, cuyo principal objetivo era proveer de energía eléctrica la ciudad de Cúcuta y sus municipios aledaños. Podría decirse que este proyecto es el precursor de la tan mencionada represa del Cínera o el mal llamado Embalse Multipropósito del mismo nombre. Digo mal llamado, porque aunque la aspiración era loable, tanto las condiciones como las circunstancias, no cumplían con las expectativas de un proyecto de esta envergadura.

Los entes territoriales de hoy, como fueron la Gobernación, encabezada por  Manuel José Vargas, el municipio de Cúcuta, cuyo alcalde Benjamín Ochoa Rueda y el Concejo  que presidía el médico Miguel Roberto Gélvis Sáenz, con la promotoría del Comité de Acción Cucuteña, se dieron a la tarea de impulsar el proyecto que consideraban, tendría la capacidad suficiente para suplir las necesidades presentes y futuras de las viviendas y serviría para impulsar la industria que desde ya comenzaba a vislumbrarse. El proyecto fue llamado Central Hidroeléctrica del Río Zulia.

Como cada uno de los entes  tenía sus intereses, la propuesta se fue complicando a medida que el tiempo pasaba. El Concejo, es decir, la coalición mayoritaria, no mostraba mayor interés sino que prefería que la actual empresa proveedora del servicio eléctrico, del que era accionista mayoritario el municipio, ampliara su capacidad mediante la compra de otra unidad generadora.

Esta alternativa, según estudios hechos por técnicos contratados por el Comité de Acción Cucuteña, señalaba que, a pesar del ensanche propuesto, el nuevo equipamiento sería insuficiente para satisfacer las exigencias  de la capital nortesantandereana  y que esta operación, en lugar de solucionar el problema vendría a agravarlo  y a hacerlo insoluble, según manifestaron algunos de sus líderes “Resulta peregrino pensar que el municipio, después de adquirir el nuevo equipo y cuyo costo será sin duda considerable, vaya a abandonarlo para montar la Central Hidroeléctrica.”

Por su parte, la Gobernación era la más interesa en el desarrollo de la Hidroeléctrica y para demostrarlo, expidió un decreto, en uso de facultades extraordinarias que le había aprobado la Asamblea, mediante el cual aprobaba el traslado de $150.000 del Banco Ganadero, para completar los aportes a la sociedad Central Hidroeléctrica del Río Zulia.

Según el Secretario de Gobierno Departamental Eduardo Silva Carradini, ya se tenían listos todos los requisitos exigidos por las normas de entonces, para constituir una sociedad, que inicialmente se estableció fuera de Responsabilidad Limitada, con aportes distribuidos así, la Nación con el 51 %, el departamento con el 29% y el municipio de Cúcuta con el restante 20%.

La sociedad de responsabilidad limitada se había propuesto, pues se consideraba el instrumento jurídico más adecuado para darle consistencia legal a la asociación de las tres entidades de derecho público. En la correspondiente minuta de constitución se habían definido los estatutos, de manera que lo acordado constituía ley para todos los socios, además para facilitar su normal funcionamiento, se habían establecido fórmulas que procuraban una acertada y eficaz administración, sin sacrificar los derechos de la minoría.

Los estatutos propuestos por el Ministerio, que representaba la Nación, establecían que tanto las modificaciones al contrato social, como la elección del Gerente, se debían autorizar con el 85% de los votos. Esta propuesta no gustó ni al gobernador, que proponía que la proporción para estos casos fuera del 80%, que para los efectos administrativos le convenía suficientemente, pues en compañía de la Nación obtendría fácilmente este porcentaje, ni al alcalde – y menos a los concejales-, que solicitaban que los votos necesarios para la toma de decisiones fuera del 70%, muy conveniente para sus aspiraciones burocráticas.

El hecho es, que por estas peleas intestinas, el proyecto se fue diluyendo paulatinamente. Mientras tanto, el municipio de Cúcuta, compró la Compañía Unida Eléctrica del Norte en 1947 y cinco años más tarde, fundó oficialmente su propia central eléctrica y para enterrar definitivamente el proyecto de la Hidroeléctrica, en 1955 contrató con la Colombian Petroleum Company, el montaje de una planta
térmica en Tibú, con tres unidades que se dieron al servicio en los siguientes siete años y que suministraba electricidad a 30 municipios del departamento.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

miércoles, 17 de mayo de 2017

1125.- PARAMO DE SANTURBAN, DONDE NACE LA VIDA

Jonathan Ruiz

Varias historias se cuentan de estas lagunas.

Temprano en la mañana. La hora de emprender el viaje es importante. El páramo de Santurbán tiene un clima impredecible, por lo tanto, mientras se disponga de mayor tiempo para la caminata es mejor. En La Viuda (Silos) empieza el frío, aunque nada comparado con lo que vendrá.

Metros más adelante y por la misma vía que lleva a Bucaramanga, hay una salida sutil. A la derecha se entra a un camino de herradura angosto y durante 15 minutos en vehículo se atraviesan cultivos de papa o de cebolla larga. La última parcela es El Estado, de ahí en adelante los pies son el transporte.

Buen abrigo e impermeable, botas pantaneras, suficiente agua, dulces, la ración de comida y mucha voluntad son las herramientas necesarias para emprender camino. Se pasa una quebrada de agua cristalina, más fría que el ambiente. El guía explica que el origen del agua es adonde se debe llegar.

A pesar de solo haber recorrido 100 metros, la falta de oxígeno hace sentir el corazón en la garganta. La cabeza duele, la respiración se acelera por el paso, la neblina llega y se va, amenaza a quien venga con mala intención. Cuando se alcanzan los 3800 metros sobre el nivel del mar, se ve.

El páramo de Santurbán regala la primera postal, un pequeño valle entre dos cumbres donde chorrean pequeñas nacientes, reservorio que dará vida a la quebrada. De igual manera peligroso. La tierra hace el último filtro, enriquece de minerales el agua, una marisma en las alturas que parece papilla. Si pisa se entierra.

A una hora del inicio, empieza el ascenso a la cumbre, 2000 metros por la falda de la montaña se cortan en diagonal. Esta distancia solo para subir los últimos 200 metros en vertical hasta las Lagunas Verdes, destino de la caminata. El viento que silba entre la baja vegetación mueve los únicos valientes atrevidos en crecer, los frailejones.

La longevidad del frailejón paramuno es inigualable, centímetro al año crece conforme filtra la vida recogida del aire. Estos gigantes de más de dos metros, majestuosos y frágiles, enseñan de manera paciente su altruismo. La paz les permite desarrollarse a plenitud, celosos de su habitad. “Si los dañas, hacen que el páramo te eche”, advirtió el guía.

Si era difícil caminar al subir, la infinidad de hilos de agua que caen por la falda forman esponjas de pastos cortos engañosos al pisar, rocas lisas y la pendiente de unos 45 grados, hacen que el esfuerzo crezca. Un sorbo de agua, una mordida al dulce, ajuste al abrigo y aferrarse a la voluntad que la vista a mitad de camino, reaviva.

La recomendación es permanecer en pie, cualquier cambio en el ritmo implicaría mareos o vómito, depende de la preparación física. Unas tres horas a paso medio son requeridas y luego de subir la última pendiente de pasto casi amarillo, el espejo de agua que refleja la cima con la reunión de frailejones más grande visto en el recorrido, marcan la meta.

Son tres lagunas en los límites de Silos, Mutiscua y Vetas, pero el complejo Lagunas Verdes pertenece al parque natural Mutiscua. A este municipio pertenecen 1600 de las 5000 hectáreas del páramo de Santurbán, terrenos comprados por gestión de Corponor y la administración local. Esfuerzo en pro de la conservación.

Varias historias se cuentan de estas lagunas, que “los indígenas chitareros hacían ritos y que al igual que otras tribus alrededor del país, lanzaban el oro a la laguna para venerar a los dioses”, que “hay una tumba memorando un miliciano guerrillero” y que “la laguna se comió dos ciudadanos californianos que visitaron sin prevención el área”.

Edwuard Vanegas, uno de los guías y el más conocedor de los hallazgos del páramo, asevera que si se sigue por la misma ruta, kilómetros adelante se llegará al Valle de los Salados. En donde se encontraron cuevas con cerámica vidriada, pinturas rupestres y cuecos dejados por las tribus chitareras nativas antiguas.

Estas lagunas alimentan el río Zulia, fuente hídrica de abastecimiento para Cúcuta. De vital importancia es, entonces, conservar el área originaria del agua que se consume en la capital del departamento. La parte del páramo del lado santandereano se declaró patrimonio natural, título que aún le falta a la parte  nortesantandereana.

Hace unos años, la multinacional Greystar mostró interés por la zona, luego de efectuar el estudio satelital que reveló los secretos del subsuelo. Santurbán es rico en oro y el fondo de las lagunas de agua glaciar milenaria rebosa del mineral.

El impredecible clima arrecia en cualquier momento, por eso la recomendación es estar poco tiempo en la cima. La neblina baja rápido por el cerro El Viejo, de 4050 metros de altura sobre el nivel del mar, el segundo más alto del municipio. Llegó la hora de bajar y por la misma ruta de subida se emprende el regreso.

El bajar se hace sencillo. En una fracción del tiempo se desciende la montaña. Paso a paso quedan atrás la cima, el pantano y el valle. Los frailejones, cada vez más pequeños en el fondo, continúan erguidos e imponentes. Laguna Verde, de 21 metros de profundidad, y Laguna Surcura, de 81 metros, desaparecen de la vista, escondidas por la altura.

Dos horas después se divisa la parcela El Estado. Los 15 kilómetros  recorridos cobran cuentas en el cuerpo. El barro en la ropa, las mejillas rojas y una travesía lograda se unen para dar satisfacción de la proeza terminada. Un destino de uso consiente al que la naturaleza regala, la majestuosidad de un remanso de paz en peligro de desaparecer.

Cae la tarde y baja el manto blanco que cubre a Santurban para preparar la noche. Temperaturas tan bajas que hasta los menos cuatro grados centígrados llega y que solo soportan las especies nativas. Es su hogar, el que usurpamos por unas horas para conocer dónde nace la vida y el tan preciado líquido que la provee.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 15 de mayo de 2017

1124.- EN RECUERDO DE LUIS TRISTANCHO ORDOÑEZ

Susana Buitrago Valencia


Habiéndole permitido la vida sobrepasar los 90 años de edad con lucidez y vitalidad sorprendentes, para satisfacción familiar, a quienes amó entrañablemente, el 17 de febrero de 2017, Dios llamó a su encuentro con él, y a reunirse con su esposa Aurita, a nuestro amigo de siempre, al excelente ser humano, al ciudadano íntegro en todo el sentido de la palabra, a un ser inolvidable que permanecerá en nuestros corazones: a Luis Tristancho Ordóñez.

Gran señor que por su alegría desbordante, por su don de gentes, por su honorabilidad a toda prueba, su trato afable que le brotaba por los poros, su dinamismo incansable y su arrolladora personalidad, definitivamente deja huella indeleble.

Un gran vacío produce entonces su ausencia física. No solo como el patriarca de la linda y unida familia de sus ocho hijos, fruto del ejemplar y admirable hogar que conformó con Aurita Cogollo, integrado por: Luis Francisco, Martha, Judith, Miryam, Luz Marina, Eleonora, Josué y Fabiola; hoy ampliado con nueras, yernos y nietos, sino también en los espíritus de quienes nos sentimos sus amigos de verdad.

Siempre cercanos en la empatía y en el afecto (que en él, lo sabemos, era recíproco), e identificados con su temperamento de hombre ejecutivo, en permanente función de la actividad productiva (se destacó como hombre de negocios y en ramo de los seguros), conciliador como el que más, ajeno a los conflictos, y preocupado por el bienestar de la familia y de la gente, presto a la solidaridad, consciente de que a este mundo vinimos fundamentalmente a dos misiones: a aprender y a servir.

Es por ello que Luis Tristancho amorosamente llamado desde siempre por sus hijos - ‘Papaíto’, denominación cariñosa que, ampliamente conocida, fue luego asumida también por los amigos más próximos para referirse y dirigirse a él, sumado a su carisma y liderazgo arrolladores para unir y para convocar, que adornaba con su natural sonrisa, con ameno y prudente trato, fue todo un personaje. Ahora, ya a la diestra de Dios Padre, de perenne recordación.

Personalmente es para mí de mucha complacencia dar testimonio, entre otros bellos recuerdos que guardo en el alma, de cómo olvidar la más agradable y divertida etapa de la niñez  compartida con él, con Aurita -también entrañable ser de la más grande calidad humana- y con sus hijos, durante algunos años maravillosos de esa etapa de la vida, cuando nuestra familia Buitrago Valencia, tuvimos la fortuna de ser sus vecinos, en la emblemática Avenida Cero de Cúcuta, en la misma cuadra, frente al colegio La Salle.

Cuántos estupendos programas familiares compartidos, cuántas anécdotas y situaciones de alegría; cuánta solidaridad y generosidad que sus hijos le heredaron, al recibir el mejor de los legados: su ejemplo de honrar el valor de la amistad; el de la comprensión hacia nuestros semejantes, y el de aprender a no causar jamás daño alguno al prójimo; así como también, el don de la sencillez, el de saber disfrutar frugalmente, y el de agradar y compartir, elementos indispensables para una vida de armonía plena, premisas esenciales en las que los formó.

A Luis -cariñosamente Papaíto hay que recordarlo, ante todo, como un hombre feliz, consentidor de sus hijos como el que más, agradecido con la vida de ser padre de su extensa prole, por excelencia alegrísimo bailarín y entusiasta organizador de viajes y de paseos.

En la época de niños, cuando ello constituía una deliciosa diversión y se podía practicar, se deleitaba realizando invitaciones a maravillosos paseos de sancocho al río Zulia, infaltables los primeros de enero de todos los años, como infaltables también fueron para toda la muchachada, cuando compartíamos los 24 de diciembre en su casa, los regalos del Niño Dios colocados cuidadosamente por él, a la media noche: bolsas que contenían ricas galletas, deliciosos cereales Kellogg’s, y variados confites: pipas - en el argot cucuteño-, entre otras exquisiteces que todos en nuestra infancia esperábamos ansiosos encontrar los 25 de diciembre. (Me cuentan sus hijos que nunca abandonó este detalle, que de grandes, siempre continuó obsequiándolos).

Y ni qué decir de aquel extraordinario paseo por carretera desde Cúcuta hasta Barranquilla cuando adquirió el campero de marca Gaz (de fabricación rusa) a principios de los años 70, en unas vacaciones de julio, para visitar a su hermano gemelo Josué Tristancho y disfrutar del mar caribe, al cual fuimos generosamente admitidas mi hermana María Victoria y yo, pese a que se sumaba un alto número de pasajeros, y haciéndose cargo de la responsabilidad que implica llevar niños ajenos, y que nuestros papás, con acierto, depositaron en él y en Aurita.

Por todo lo anterior, y por muchas más razones que no alcanzan a narrarse en estas líneas, para él en la eternidad y para toda su querida familia presente, dirijo esta sentida semblanza, con inmenso cariño, y en memoria del gran Papaíto: LUIS TRISTANCHO ORDÓÑEZ.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.