lunes, 23 de enero de 2012

123.- DOCTOR ERASMO MEOZ

1858 - 1918

Fuentes: Medina S, Luis A. Cita histórica, tomo 2. Academia de Historia de Norte de Santander. Pp 349-353. Ramírez Calderón Juan Agustín. Historia de la Medicina. Academia de Historia de Norte de Santander. Pp 15.

Nos ocuparemos del filántropo discípulo de Hipócrates Padre de la medicina, el más ilustre médico de la antigüedad. Vamos a evocar el recuerdo del Dr. ERASMO MEOZ, destacado galeno y benefactor de la sociedad y comunidad cucuteña, porque es necesario resaltar nuestros valores humanitarios, la generosidad personificada y nobleza de corazón de un médico que le sirvió a la humanidad, el hombre humanizado con el dolor y la solidaridad social humana y cristiana donde ahí estaba diciendo presente el Dr. Erasmo Meoz.

Cúcuta guarda con gratitud y cariño el nombre de este preclaro hijo, nacido en los valles  Guasimaltecos de San José de Cúcuta acariciados por el roncar sonoro del río Pamplonita.

Aquí transcurrieron los años de su infancia, alejándose hacia Maracaibo en donde hizo estudios de medicina, y regresando nuevamente a su patria, a su terruño, para serle útil a la humanidad doliente, con una virtud sin límites ni condición humana. Tanto fue su amor y solidaridad humana con el desvalido y doliente agobiado por el dolor, que el Dr. Erasmo Meoz, visitaba todos los hogares de Cúcuta atendiendo sus necesidades de consulta médica a la hora que sus servicios eran solicitados, así estuviera lloviendo a cántaros, o el sol candente y fatigador lo agobiara. Así acudía a prestar sus servicios médicos con la más buena voluntad. Lo llevaban a caseríos vecinos hasta montado en burro como cabalgadura; y, él con la sencillez que lo caracterizaba y con espíritu humanitario y apostolado cristiano y médico acudía presuroso.

El Dr. Erasmo Meoz fue un médico de gran fama y prestigio, de vastos conocimientos que lo aprestigian como un apóstol de la ciencia y del humanitarismo y la caridad. Filántropo por excelencia, jamás opuso a su ciencia y profesión barreras que obstaculizaran su labor, no supo de egoísmos ni de castas, ni de privilegios; llevó el consuelo y mitigó el dolor desde la mansión más lujosa, hasta la covacha más humilde que carecía de medios económicos para remunerar los servicios médicos.

A su iniciativa se debe la fundación del Salón de la Maternidad en el Hospital San Juan de Dios de esta ciudad, donde prestó sus servicios. Fue durante muchos años médico de la Sociedad Mutuo Auxilio y también del Sindicato Femenino, a cuyas entidades prestó sus servicios en una forma desinteresada, sin esperar el lucro ni la recompensa; esa era su gran virtud SERVIR.

Este ilustre médico, nació en Cúcuta el 5 de octubre de 1858, hijo legítimo de Francisco de Paula Meoz y doña Ana Wills . Pasó su infancia en Cúcuta, cursó estudios de medicina en Caracas, Venezuela graduándose el 21 de octubre de 1885.

A reglón seguido se trasladó a su ciudad natal y de inmediato comenzó a ejercer su profesión correspondiéndole la atención de los enfermos de fiebre amarilla, tras la epidemia que se presentó en 1884. Ejerció por treinta años su profesión. Fue fundador del salón de maternidad del Hospital San Juan de Dios de Cúcuta, médico de la Sociedad de Mutuo Auxilio y del Sindicato Femenino. Aunque fue un filántropo y benefactor de la sociedad y comunidad de la ciudad de Cúcuta, no dejó escrito ningún artículo científico. Las visitas a los pacientes las hacía en cabalgaduras que ponían a su disposición. Luego compró una mula a la que llamó Morrocota.

Era un hombre al que le gustaba vestir bien, en su casa se reunía con gente importante, tocaba violín, era robusto, usaba barba y bigotes a la época, bien sostenidos. Abnegado, gentil, humanitario, desinteresado y muy buen amigo. Los biógrafos dicen que su huella como ser humano y como médico es algo imitable, ejemplar; por varios años fue miembro del Ayuntamiento (Concejal). Erasmo Meoz poseía un carácter fuerte propio de su rectitud y honestidad.

Médico de los cucuteños, de la mayor parte de las familias, por eso, aún su memoria flota en la gratitud y el recuerdo de muchos hogares, y su memoria es sagrada para todos en el reconocimiento de sus merecimientos científicos y su apostolado, su abnegación y desinterés, condiciones todas que brillan en la personalidad del Dr. Erasmo Meoz.

En 1916 viajó a Europa en busca de alivio para la enfermedad que padecía, pero fue demasiado tarde. Volvió a Cúcuta y murió el 1º  de junio de 1918, a la edad de sesenta años.

En el año de 1918, la muerte inexorable le arrebató su existencia al médico que tantas veces llevó el consuelo, a los que yacían en el hecho del dolor, el amigo sincero y caritativo, el ciudadano correcto y ejemplar y el benefactor de la humanidad doliente.

El escultor Olinto Marcucci, a solicitud del Dr. Juan Agustín Ramírez Calderón, Presidente de la Sociedad de Mejoras Públicas, ejecutó la obra de un busto del Dr. Erasmo Meoz, siendo colocado en el Parque Colón frente al Hospital San Juan de Dios, donde él prestara sus servicios.

SUS DESPOJOS MORTALES. Los despojos mortales del ilustre y filántropo galeno, yacen en Cúcuta.

Primero reposaron en la Iglesia de San Antonio, bajo una Placa de mármol que rezaba así:
“Aquí yacen los restos mortales del Dr. Erasmo Meoz, excelso médico que sirvió a la ciudad con su ciencia y su vida”. La Sociedad de Mejoras Públicas rinde homenaje de gratitud a su memoria en el primer centenario de su nacimiento, 5 de Octubre de 1959.

HOMENAJE POSTUMO. Como homenaje póstumo, el moderno hospital  de Cúcuta y fantástico centro asistencial, lleva el nombre de “ERASMO MEOZ”. Ahora sus restos reposan en el monumento erigido en su nombre que está ubicado a la entrada del hospital que lleva su nombre. El historiador Mario Mejía Díaz escribió como homenaje al médico Meoz: Esta mole arquitectónica, refugio y alivio de los males del pobre y del potentado, fuerte y estilizada, blanca y hermosa, simboliza como templo de la caridad, la grandeza del corazón, la fortaleza de la acción y la inmaculada nobleza del alma de quien fuera el doctor Erasmo Meoz Wills.


Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

jueves, 19 de enero de 2012

122.- RESEÑA HISTORICA DEL HOSPITAL UNIVERSITARIO ERASMO MEOZ





MARCO LEGAL Y ACTOS ADMINISTRATIVOS DE CREACIÓN

Se necesitaron mas de 40 años para que fueran escuchadas las solicitudes reiteradas hechas por el cuerpo médico, autoridades asistenciales, políticas y comunitarias de Cúcuta para que se determinara el momento de construir un nuevo hospital para cubrir las necesidades de salud de los nortesantandereanos. Es así como el Hospital Universitario Erasmo Meoz es producto de la Ley 39 de 1969 por medio de la cual se implementó el Plan Hospitalario Nacional; plan que fue presentado por el Senador León Colmenares Baptista.

Posteriormente la ley 43, de diciembre 31 de 1973; por medio de la cual la Nación se asocia al primer centenario de la reconstrucción de la ciudad de Cúcuta, en su artículo 7ºplantea: El Gobierno Nacional impulsará la terminación de las siguientes obras actualmente en ejecución :a) Construcción y dotación del Hospital Erasmo Meoz de Cúcuta cuya edificación fue comenzada en 1973 mediante contrato entre la Nación, el Departamento Norte de Santander y la Beneficencia de Norte de Santander.

Fue autorizada su creación como ente jurídico mediante ordenanza 019 de la Honorable Asamblea Departamental el día 2 de diciembre de 1986 con el nombre del Doctor Erasmo Meoz, posteriormente el decreto 000293 expedido por la gobernación del Departamento el 2 de abril de 1987, reglamentó su constitución.

En la década de los 90 y de conformidad con lo dispuesto en la ordenanza 00060 del 29 de diciembre de 1995 emanada por la Asamblea departamental, el Hospital Universitario Erasmo Meoz se transformó en la Empresa Social del estado Hospital Erasmo Meoz, una entidad pública descentralizada del orden departamental con personería jurídica, patrimonio propio, autonomía administrativa, sometida al régimen jurídico de los artículos 194, 195 y 197 de la Ley 100 de 1993 y sus decretos reglamentarios.

En noviembre 27 de 2003, mediante ordenanza 00038, la honorable asamblea del departamento de Norte de Santander modificó la denominación de la entidad quedando de la siguiente forma: ESE HOSPITAL UNIVERSITARIO ERASMO MEOZ, tal como se conoce en la actualidad.

CONSTRUCCION Y FUNCIONAMIENTO

La construcción del hospital se inició en marzo de 1972 y duró 15 años, esta se inició en un lote donado por el municipio de Cúcuta, la obra fue llevada a cabo por el consorcio DARIO M. DAMATO y GUSTAVO VELA & CIA LTDA, la obra fue asesorada por el Fondo Nacional Hospitalario, los acabados los realizó la firma de Alfredo E. Vargas Ramírez por contrato de administración delegada y la administración técnica del arquitecto Gustavo Álvarez Gutiérrez quien además se encargó del proyecto de dotación y organización inicial del hospital.

El hospital inicia sus labores en forma escalonada a partir del 15 de octubre de 1987, atendiendo primero la demanda en medicina general en 36 centros y puestos de salud de su entonces denominada área de influencia. El día 19 de noviembre de 1987, se dio al servicio el departamento de ginecobstetricia con 65 camas, luego en enero 04 de 1988 el departamento de pediatría inició su atención con 63 camas, el 28 de marzo de 1988 inició labores medicina interna con 42 camas y el 30 de marzo del mismo año el servicio de cirugía general con 105 camas; a mediados de 1988 quedaron habilitadas 325 camas.

Un año después de su entrada en funcionamiento (1988) la planta de personal del hospital, ascendía a 1100 funcionarios, siendo la mayor parte de sus trabajadores los que laboraban en el antiguo hospital San Juan de Dios, también se vinculó al personal de la clínica infantil Teresa Briceño de Andressen y del hospital sanatorio Amelia.((1) DR JAIME FIGUEROA QUIÑONEZ MEDICO CIRUJANO REVISTA SINERGIA VOLUMEN 3 AÑO 2001)

AJUSTES INSTITUCIONALES REALIZADOS

En el año de 1999, el hospital es reestructurado en su planta de personal, estructura organizacional y portafolio de servicios en el marco del convenio de desempeño No 475 de 27 de diciembre de 1999, dentro del proyecto de mejoramiento, fortalecimiento y ajuste en la gestión de IPS públicas, del Ministerio de Salud. El cual fue el suscrito por el HOSPITAL ERASMO MEOZ ESE de CUCUTA, el Departamento de NORTE DE SANTANDER, la DIRECCION DEPARTAMENTAL DE SALUD DE NORTE DE SANTANDER y el Ministerio de Salud DE Colombia, el mismo duro en su seguimiento y evaluación 5 años.

El proceso de retiro de los funcionarios cuyos cargos fueron suprimidos se produjo entre el 31 de marzo hasta el 31 de agosto de 2000, desvinculados a través de este un total de 252 servidores públicos clasificados de la siguiente manera:

96 Empleados Públicos, inscritos en carrera.
43 Empleados Públicos, mal clasificados en convención como trabajadores oficiales.
108 Trabajadores Oficiales.
5 Empleados Públicos, nombrados en provisionalidad. Por otra parte se hizo efectiva la  entrega de
los cargos correspondientes a 6 municipios (I Nivel de Atención); que el hospital tenía a cargo, los cuales fueron entregados de la siguiente forma:
NºDE CARGOS ENTREGADOS AL MUNICIPIO DE CUCUTA: 234 (01-01-2000)
NºDE CARGOS ENTREGADOS AL MUNICIPIO DE LOS PATIOS: 26 (01-01-2000)
NºDE CARGOS ENTREGADOS AL SERVICIO SECCIONAL DE SALUD: 64 (01-04-2000)

        TOTAL CARGOS FUNCIONARIOS PRIMER NIVEL ENTREGADOS: 324

En 2004 el Departamento de NORTE DE SANTANDER, la DIRECCION DEPARTAMENTAL DE SALUD DE NORTE DE SANTANDER y el MINISTERIO DE LA PROTECCIÓN SOCIAL, suscribió el convenio de desempeño No 169 de 2004, dentro del PROGRAMA DE REORGANIZACIÓN, REDISEÑO Y MODERNIZACIÓN DE LAS REDES DE PRESTACIÓN DE SERVICIOS DE SALUD, este convenio a diferencia de anterior no contemplaba el proceso de liquidación de cargos dentro de la planta sino que se basa en un proceso de auto ajuste pasivo que contempla la supresión de sucesiva de dentro del plan de cargos, de los cargos que queden vacantes en la planta por conceptos de: Jubilación, renuncia de los titulares o muerte de alguno de estos, este convenio tiene una vigencia de 10 años y durará hasta el año 2014.

PREMIOS Y DISTINCIONES RECIBIDAS

Como consecuencia de la aplicación y cumplimiento de los compromisos derivados del convenio de desempeño 475 de 1999, en ceremonia especial en la CASA DE NARIÑO el 5 de mayo de 2004, el señor presidente de la republica, Doctor Álvaro Uribe Vélez otorgó el PREMIO NACIONAL DE ALTA GERENCIA a la ESE HOSPITAL ERASMO MEOZ DE CUCUTA. (PRIMER PUESTO), por el documento denominado “PROCESO DE REESTRUCTURACIÓN DE LA ESE HOSPITAL ERASMO MEOZ (ESE – HEM) DE CÚCUTA, ANÁLISIS Y RESULTADOS DE LA EXPERIENCIA 4 AÑOS DESPUÉS”; experiencia que el Gobierno Nacional inscribió en el Banco de Éxitos de la Administración Pública.

Así mismo por haber logrado el primer lugar en el Premio Nacional de Alta Gerencia (2003-2004), el gobierno nacional a través del departamento Administrativo de la Función Publica; postuló en diciembre de 2005 a la entidad ESE HOSPITAL UNIVERSITARIO ERASMO MEOZ al Premio de Naciones Unidas, premio que se otorga anivel internacional, la entidad fue inscrita en la categoría Nº 2 “Mejorando la prestación de los servicios”, el cual se entregó en la reunión anual del consejo de seguridad de las naciones unidas en Nueva York, en junio 23 de 2006, por América Latina el ganador de la categoría fue el estado brasileño de Bahía. Este concurso se realiza anualmente desde el año 2003 y se ha convertido en una herramienta efectiva para resaltar las mejores prácticas e innovaciones en el Servicio Público a nivel mundial.

¿COMO ESTA CONFORMADA LA E.S.E. HOSPITAL ERASMO MEOZ?

La estructura organizativa y órganos de dirección de la entidad están distribuidos de la siguiente forma:
1. DIRECCION: Conformada por la Junta Directiva, compuesta por seis miembros de diferentes estamentos del departamento y el Gerente de la ESE.
2. ATENCION AL USUARIO: Conformado por la Sub-Gerencia de Servicios de Salud y cuatro secciones: Apoyo a la Atención, Servicios Hospitalarios, Servicios Quirúrgicos y Servicios Ambulatorios
3. LOGISTICA: Comprende la Sub Gerencia Administrativa la cual tiene a cargo tres secciones: Talento Humano, Recursos Físicos yFinanciera.

ORIGEN DE SU NOMBRE:

ERASMO MEOZ WILLS: nacido el 5 de octubre de 1858 en San José de Cúcuta, cuando cumplió 20 años, y años después del terremoto del 18 de mayo de 1875 que destruyó la ciudad, viajó a Venezuela, donde adelantó estudios de medicina cursó estudios en la Escuela de Medicina de Caracas donde terminó la etapa de formación el 21 de octubre de 1885. Regresó a la ciudad y de inmediato comenzó a ejercer su profesión correspondiéndole la atención de los enfermos de fiebre amarilla, tras la epidemia que se presentó en 1884, que causó numerosos muertos.

Abnegado, gentil, humanitario, desinteresado y muy buen amigo. Los biógrafos dicen que su huella como ser humano y como médico es algo imitable, ejemplar.

Por varios años fue miembro del Ayuntamiento (Concejal), médico del hospital San Juan de Dios, en donde estableció el servicio de maternidad, y formó parte de la Sociedad Mutuo Auxilio o el servicio de maternidad, atendió a los heridos de la batalla de Peralonso (1899).

Erasmo Meoz, poseía un carácter fuerte propio de su rectitud y honestidad. Durante 20 años prestó sus servicios al municipio. En 1916 viajó a Europa en busca de alivio para la enfermedad que padecía, pero fue demasiado tarde. Volvió a Cúcuta y murió el 1 de junio de 1918. Tenía 60 años.

Sus restos reposan en el monumento erigido en su nombre y que está ubicado a la entrada del hospital. El historiador Mario Mejía Díaz escribió como homenaje al médico Meoz: “Esta mole arquitectónica, refugio y alivio de los males del pobre y del potentado, fuerte y estilizada, blanca y hermosa, simboliza como templo de la caridad, la grandeza del corazón, la fortaleza de la acción y la inmaculada”

Su labor al frente de la medicina mereció el reconocimiento para que el hospital de la ciudad, llevara su nombre.


Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

121.- PARQUE COLON O DE LA VICTORIA

Fernando Vega Pérez, Miguel Palacios  y otros recuerdos.

Ubicado en el importante sector de La Playa, calles 12 y 13, avenidas 2ª y 3ª. Monumento a la Victoria. Este monumento, es uno de los más importantes de la ciudad rodeado por un frondoso bosque. 

Antes del terremoto, frente al Hospital de Caridad por el lado occidental, existía una plazuela llamada “San Juan de Dios”, que luego del terremoto y por motivo del nuevo trazado de la ciudad se desplazó de su sitio original, quedando ubicada sobre terrenos de propiedad de las familias de Milcíades Caballero, Alcibíades González, Mario Fernández, los hermanos Villasmil (José Mª, Pedro Antonio, Marcos, Inés, Roberto, Eleuterio y Mª Trinidad), Santiago Bocaranda, los hermanos García-Herreros (Eduardo, Mario y Gustavo) y, Victoria y Augusto Duplat.

Años mas tardes , bajo el acuerdo 12 del 15 de julio de 1892, se dispuso la compra de varios solares, ubicados frente al hospital San Juan de Dios. Estos terrenos fueron adquiridos por el municipio mediante escrituras números 1892, 1893, 1897 de la Notaría Primera de Cúcuta, autorizada por medio del acuerdo. 

Esta plazuela luego del terremoto debió llamarse  “La Pola”, en honor de la mártir de la Independencia Policarpa Salavarrieta. Pero por medio del mismo acuerdo número 12 de 1892 cambió su nombre por el de Cristóbal Colón debido a que “se acerca el 12 de octubre, cuarto centenario del descubrimiento de América y que esta ciudad no le ha dedicado ninguna obra pública al ilustre varón que después de ofrendar sus desvelos a la magna obra del descubrimiento de América, sacó avante su colosal inspiración a costa de grandes sacrificios”.

A finales del siglo XIX esta plazuela solo era un lugar cubierto de cujies y maleza.

En varias ocasiones y alternando con el parque Santander, la plazuela del Libertador y el parque de  El Llano, se celebraban en él las famosas corridas de toros con motivo de las fiestas julianas, que religiosamente programaba el honorable Concejo para festejar el Grito de la Independencia. 

El 9 de noviembre de 1895, el General Virgilio Barco, Prefecto de la Provincia de Cúcuta en compañía de un grupo de integrantes del Batallón 21, inició los trabajos de nivelación y arborización del terreno,  adecuándolo como un gran parque. 

Sus árboles fueron sembrados en el año 1899 por el comandante de ese entonces Batallón Bomboná No. 15 acantonado en Cúcuta, A. R. Díaz, según se desprende de la nota enviada al honorable Concejo, en mayo 12 de 1899, donde solicita permiso para su siembra y se compromete a su mantenimiento.

El 20 de julio de 1910, al posesionarse como primer gobernador de Norte de Santander Víctor Julio Cote Bautista, se conoció el anuncio de que los comerciantes sirios establecidos en Cúcuta, encabezados por Habid Babur, Jorge Chedraui y Julio Chavela, construirían un quiosco en el parque Colón. La obra fue diseñada y realizada por el arquitecto español Clemente Palau Bergés.

Con la ayuda prestada por la ciudadanía y con aportes de la municipalidad pudo terminarse y fue inaugurado en el año 1910 siendo alcalde de la ciudad de Cúcuta Don Pedro L. Jordán. 

Acercándose el 7 de agosto de 1919, primer centenario de la Batalla de Boyacá, el alcalde Ricardo Jordán y el secretario Andrés B. Fernández, dispusieron la erección de un monumento en el centro del parque para conmemorar esa efemérides.

Inicialmente contrataron con el maestro José Crisanto Ramírez la construcción de un pedestal y una columna de 13 metros de alta, de estilo corintio, coronada con un hermoso capitel, las cuales tuvieron un costo de $1012, 75.

Después le compraron al artista cucuteño Olinto Marcucci Ramírez la obra escultórica La Victoria; estatua que representa una joven con vestidura suelta al viento, con una corona de laurel en la mano izquierda y una espada en la mano derecha como exponente de la victoria, a un costo de $4175. 

En el año 1919 la Gobernación del Departamento cambió el nombre de Cristóbal Colón por el Parque “La Victoria”, por medio de la ordenanza No. 19 de ese mismo año, para la “conmemoración del primer centenario de la Batalla de Boyacá, que aseguró la libertad de América del Sur”.

Inaugurado el 7 de agosto de 1919 por el gobernador del Norte de Santander en esa época, el doctor Fructuoso V. Calderón, fue construido en honor a Francisco de Paula Santander quien fue el organizador de este enfrentamiento con que se selló la Independencia de Colombia.
Lilia Forero Torrado cuya familia fue residente del Barrio La Playa en los años cincuenta y sesenta, en su niñez iba con frecuencia al parque y rememora la hermosura del Parque Colón, sembrado de abundantes árboles frutales especialmente  mangos, muy buscados por los niños por lo dulce y exquisitos. 

Era sitio de esparcimiento y recreo de los cucuteños, la banda municipal tocaba  retretas una vez  a la semana o cada quince días. 

Evoca que en las tardes  había un personaje muy popular, un funcionario  de la Policía Nacional  de apellido Torres, que cuidaba el parque y entretenía a los niños con cantos, juegos, adivinanzas y hasta payaseaba en la glorieta central. 

También el policía se encargaba de bajar mangos y los repartía entre los niños  con la condición de que no se treparan en los árboles ni les lanzaran piedras.   ¡ Recuerdos de niñez !

Este parque queda en pleno centro académico, histórico y cultural de la ciudad. Hoy día es lugar de encuentro de artistas, ferias artesanales, festivales musicales y celebraciones especiales.



Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

domingo, 15 de enero de 2012

120.- ESAS TOCHADAS DE AYER

Carlos H. Africano

En los últimos días de cada año parece como una costumbre inveterada hacer reflexiones y hasta formular promesas para el futuro. Llegadas las festividades de fin de año, nos asalta la nostalgia del pasado un tanto remoto, que en definitiva creemos fue mejor.

Y fue mejor porque tal parece que somos el resto de una generación que verdaderamente disfruto con las fiestas navideñas, gozó la alegría de la Navidad, vivió el fervor de la semana Santa, se zarandeó con los atropellos de los gobiernos de turno, gozó, oyó, cantó y bailó la buena música, estudió los clásicos antiguos, aprendió geografía e historia universal, participó con ardor en contiendas electorales de toda índole, sufrió con el amor, el candor y la feminidad de las damas, amó con pasión inocente a las inocentes nenas, le llevó románticas serenatas y les escribió poemas de amor.

Es una verdadera lástima, para mí una tragedia, que todo haya acabado: las buenas fiestas navideñas en casa, que se prolongaban hasta el otro día, con música de Guillermo Buitrago, tamales, buñuelos, pasteles, chicha, masato, chirrincho y tapetusa.

Y aquellas apuestas de aguinaldos, que se hacían con la amiga, la amigovia o con la novia o con la chica pretendida, a la pajita en boca, al si y al no, al dar y no recibir, al tiento con el grito de alerta "! Pao-pao!"; o, cuando la paloma ya caía, al beso robado y a que comiera más cabuya.
La puesta de aguinaldos era un juego navideño entre dos, en el que se apostaba un regalo.

Por ejemplo, a  la Pajita en Boca consistía en tener una pajita en la boca cuando se apareciera por sorpresa el contendor y la solicitara.

Al Si y al No era una apuesta en que el contendor escogía el "si" y al otro el "no". El juego consistía en responder siempre "si" o "no", respectivamente, a cualquier cosa que preguntara la contraparte.

Al Dar y No Recibir consistía en no recibir nada al contendor.

Al Tiento era una apuesta que consistía en sorprender y darle una palmada al contendor por la espalda, al grito de "! Pao-pao!".

Al Beso Robado era o una apuesta que consistía en sorprender y besar en la cara o, si se dejaba o si se podía, en la boca a la contendora, que casi siempre se hacía la sorprendida. Juzguen ustedes quién ganaba y quien perdía.

Al que Coma Más Cabuya era una apuesta que se hacía con la novia o pretendida. Cada uno tomaba una punta de un hilo y empezaba a "comer" hasta quedar boca con boca y! zuaz!, el beso. En la práctica ganaba los dos porque era un motivo para besarse, en aquel mundo un tanto mojigato. Pero en la apuesta ganaba el que "comiera" más cabuya. Adivinen quien se esmeraba en comer más.

Ya nadie recuerda las novenas bailables en las casas de familia, que muchas veces se prolongaban hasta el amanecer para empatar con la misa de aguinaldos.

Ya no hay pesebres con musgo y lama traídos de la montaña, en un paseo que se organizaba para el 15 de diciembre, en el que no podía faltar la traída del chamizo de Navidad, que luego se adornaba con envoltorios de algodón, juguetitos de plástico recogidos en la piñata, cajitas que simulaban regalos y bolitas brillantes multicolores.

Ya no llaman las campanas a la misa de aguinaldo, ni se oyen los villancicos en las iglesias, ni se ven los pastores, ni los gitanos que con sus dulces y hasta adormiladas voces los interpretaban en aquellas misas.

Ya no se ven las comparsas de disfrazados con los Reyes Magos de los diablos con las vejigas de toro, con las que correteaban a las muchachas al grito de "! Diablo, diablo!".

Se acabó el bullicio de la pólvora, el colorido de las bengalas, las martinicas, los salta pericos, los triquitraques, el correr de las vacas de candela y el rodar de las bolas de candela, con las que jugábamos un fútbol extraño y atrevido por las calles de la ciudad, el noche de diciembre, después de la novena.

Ya no se ven la banda de música y los voladores que alegraba la fiesta cada día de la novena a las seis de la tarde, para llamar a la novena y a la procesión, y a las cuatro de la mañana, para llamar a la misa y a la hora suprema de la elevación.

Gracioso el espectáculo de cada día en este sublime momento de la elevación. La banda de música, ubicada en la puerta de la Iglesia, se disponía a interpretar el himno nacional. En ese momento se prendía fuego a la recámara de pólvora. Volaban totes por todos lados, los intérpretes de los instrumentos corrían, la gente se espantaba y, en el momento de mayor recogimiento, sólo del cura oficiante era el único que permanecía incólume con la hostia en alto mientras los demás corrían despavoridos en una estampida desbocada.

Se acabaron los amasijos de la abuela, las mantecadas, las colaciones, los tamales, las hayacas, los buñuelos, la natilla, el majarete, el dulce de lechosa, los pasteles y el masato, con ese sabor tan especial que él le ponía la nona para celebrar la Navidad.

Se acabaron los huevos chimbos y los dulces importados del Salón Blanco, el café aromático de la Araña de Oro, los remolinos de viento frente al almacén Tony, quien levantaba las faldas de rotonda de las chicas por aquellos diciembres, los adornos navideños de La Flecha Roja, los abarrotes decembrinos de la tienda El Tequendama.

¿Con todo ello, me van a decir que vivimos un mundo mejor? Ustedes, amigos lectores jóvenes y amigos lectores extranjeros de estas tierras, no conocieron lo que fueron la buena fiesta de Navidad que se pasaban en Cúcuta.


Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

119.- HOSPITAL SAN JUAN DE DIOS DE CUCUTA


 Luís A. Medina S. y otras fuentes


El antiguo Hospital San Juan de Dios, hoy Biblioteca Pública Julio Pérez Ferrero, guarda en su estructura los primeros indicios de salud en Norte de Santander.  Allí se gestaron los primeros  datos sobre la cirugía en el departamento y se convirtió en epicentro de la medicina por más de 100 años.

Este antiguo edificio situado en la avenida 2 entre calles 12 y 13, frente al parque de La Victoria más conocido como el parque Colón, fue el centro hospitalario más importante de la ciudad.

Miles de pacientes acudieron allí para encontrar mejoría en sus problemas de salud. Venían personas de todas las condiciones sociales y económicas, del departamento y del país entero.

El 3 de octubre de 1803, el Rey de las Españas Carlos IV, por Real Cédula expedida en el Palacio de San Lorenzo, firma la Real Cédula por medio de la cual se decreta la fundación del Hospital San Juan de Dios de Cúcuta, y otorga algunos privilegios, al Instituto cuya creación se llama pedido al Soberano Peninsular.

Fue don Pedro Medinueta el Virrey de la Nueva Granada, quien hizo la solicitud de la “fundación” de un Hospital en la Villa de San José de Cúcuta, en el virreinato de la Nueva Granada y solicitaba la expedición del 15 por ciento de sus fondos.

El Hospital se fundó con la donación hecha por don Manuel Antonio Fernández, y en Cédula Real se aprecia que la fundación del Hospital debía ser atendida por religiosas de San Juan de Dios, dotada de dos enfermerías separadas. Una para hombres y otra para mujeres, de ocho o más camas, una sala de convalecencia, una Capilla inmediata con “Sagrario y Capellán”, dotada con $200 mensuales.

Fue nombrado Albacea don José Jerónimo de Tovar, y se destinó a favor de esa fundación el noveno y medio por ciento de los diezmos de las jurisdicciones de las dos referidas ciudades de Pamplona y Salazar de las Palmas.

Pudiéramos decir, que la verdadera fundación del Hospital San Juan de Dios, en la Villa de San José de Cúcuta, fue labor meritoria como queda dicho, de don Manuel Antonio Fernández de Novoa, vecino generoso y altruista de Cúcuta, natural de España y muerto en San José de Cúcuta, el 24 de octubre de 1788. Este generoso señor fue quien donó los suficientes bienes de fortuna para el sostenimiento del Hospital. En principio se le llamó "Hospital Real" y el primero de junio de 1802 se le entregó a la comunidad de los Hermanos de San Juan de Dios.

Su construcción se terminó en el siglo XVIII y empezó a funcionar en los primeros años del siglo XIX, bajo la dirección de los hermanos hospitalarios  de la orden de San Juan de Dios. Desde entonces funcionó de forma ininterrumpida, hasta el 18 de mayo de 1875, cuando el terremoto destruyó a la ciudad en su totalidad.

PENURIA ECONOMICA DEL HOSPITAL.

 Parece que este centro asistencial de beneficio comunitario, de tan hondo sentido humano y cristiano, toda la vida estuvo “enfermo” económicamente desde su primitiva fundación.

El 26 de febrero del año 1871, ante la penuria económica del hospital, el Dr. Antonio Urquinaona, Síndico del Hospital, después de haber solucionado más de un contratiempo para mantener los servicios hospitalarios y prestar atención a los pobres, una y otra contrariedad, para allegar recursos ante la miseria y crisis que atravesaba el Hospital San Juan de Dios, logra presentar una función teatral a beneficio, poniendo en escena “DEUDAS DE LA HONRA”, del comediógrafo español don Gaspar Núñez de Arce.

Reparto Teatral. La distribución de los personajes, fue la siguiente:

ANA— Señora doña Mercedes R. de Villasmil.
Petra— Señorita Dolores Villamizar.
Don Andrés— señor don Manuel J. Martey.
Don Juan— señor Juan Villasmil.
Don Felipe— señor don Juan Luciani.

También se puso en escena, la jocosa y chispeante comedia “ELLA ES EL” de don Juan Bretón de Herreros.

Precios. Entrada general: tres reales. Palco, dos pesos cada uno. Las boletas se distribuyeron dos días antes de la función, desde las ocho de la mañana; los puestos en escaños (prestados a las escuelas públicas), valían un real.

Las boletas las vendía el mismo señor don Pedro Villasmil, quien a la vez desempeñaba los puestos de distribuidor de palcos y el de consulta para lo que se ofreciese.

No se permitía sacar los asientos sino al día siguiente de la función. Es de notar el sentido de colaboración de las gentes, la función constituyó todo un éxito, fue tanta la resonancia y aceptación del público asistente a la primera presentación teatral a beneficio del hospital, que los improvisados artistas se vieron obligados a repetir funciones, entre sábado y domingo siguientes, y el doctor Urquinaona, obligado a complacer al público cucuteño, que según el historiador, no se quedó nadie en sus casas, sin asistir a las funciones y así contribuir y colaborar al beneficio del hospital.

La Prensa. Los periódicos que circularon en aquellos días, semanarios como “La Prensa”, “El Diario del Comercio”, llenaron los espacios y columnas en varias ediciones, aplaudiendo a los artistas y la forma como respondió el público cucuteño a solucionar la pobreza del hospital.

Asimismo facilitando al doctor Urquinaona, por la ejecución de las funciones en beneficio del Santo Asilo, que tenía a su cargo y cuya organización en el correr de los años, la corona de su inmortalidad y gratitud en el corazón de los cucuteños.

CONOCIENDO AL DR. URQUINAONA

El Dr. Antonio José Urquinaona Bracho, quien nació  en La Cañada, Estado Zulia, Venezuela, en 1823 obtiene el título de Doctor en Derecho Civil en 1854.  En 1860 el Dr. Antonio José Urquinaona, jurista, catedrático y filántropo, además de Venerable Maestro de la Logia Regeneradores Nº 15 de Maracaibo para el momento, toma el propósito de crear un asilo de mendigos en Maracaibo.

Logra entonces el 25 de enero de aquel año que el Concejo Municipal de Maracaibo cediera la Casa Nº 32 conocida como La Garita (situada en la Avenida 5 Urdaneta entre calles 94 Carabobo y 95 Venezuela) para establecer la institución propuesta.

Meses después, y tras sortear varios escollos, el 5 de agosto de 1860, fue inaugurada en Maracaibo la Casa de Beneficencia, considerada como la primera institución establecida en Venezuela y Suramérica destinada a la caridad social.

Ese mismo año, la Logia obtuvo del gobierno nacional el permiso para importar, instalar y explotar la primera máquina productora de hielo que existió en Venezuela, obteniendo un monopolio por tres años para llevarla a cabo. La renta proporcionada por esta fábrica de hielo permitió el financiamiento inicial de la Casa de Beneficencia junto con las donaciones particulares de filántropos.

El 5 de diciembre de 1865, el Dr. Urquinaona, alejado de Maracaibo por razones políticas y en vista del crecimiento de la institución, decide crear una Sociedad de Beneficencia que se dedicara exclusivamente a la administración y dirección de la casa. Dicha sociedad se instaló el 1 de enero de 1866, y recibió de la logia masónica la suma de 16.000 pesos como fondo para su sostenimiento, siendo conformada por seis miembros de la Logia y otros seis que éstos elegirían.

Ese mismo año la Casa de Beneficencia se trasladó a la antigua sede de la Cárcel Pública, contigua al Hospital de Caridad, fusionándose luego ambas instituciones bajo el nombre de Casa de Beneficencia y Hospital Anexo (actual Hospital Central Dr. Urquinaona en Maracaibo). La antigua sede será ocupada años después por la Sociedad “Mutuo Auxilio”. Luego por esas razones políticas mencionadas  decide residenciarse en Cúcuta y fue cuando se relacionó con el Hospital San Juan de Dios. En 1872 muere en Cúcuta el Dr. Urquinaona.

INFRAESTRUCTURA.

El Hospital San Juan de Dios quedó totalmente destruido por el Terremoto de Cúcuta de 1875.

 Posteriormente fue reconstruido en 1877, con una capacidad para 28 camas,  para lo que se recibieron entre los aportes 1000 libras esterlinas enviadas por la Reina Victoria de Inglaterra.

Su reconstrucción se pudo finalizar gracias a las donaciones que se recogieron en Londres para las víctimas del terremoto.


En las década de 1880 y 1890, la ciudad se estaba levantando de los estragos causados por el fuerte sismo cuando llegaron las epidemias, la más mortífera de la época fue la fiebre amarilla que dejó cerca de 3.000 víctimas.

Con el paso de los años el Hospital fue aumentando su capacidad y fue modernizándose.

El Progreso de la medicina en Cúcuta en los últimos 60 años ha sido realmente espectacular. Actualmente Cúcuta recibe de manera constante importantes corrientes turísticas en busca de salud, lo que ha contribuido para que la ciudad disponga de buenos y modernos servicios en este campo, destacándose el Hospital Erasmo Meoz, Las Clínicas San José, Norte, Santa Ana, San Antonio, Santa Mónica, Los Andes, Los Samanes, La del Niño, La Oftalmológica Peñaranda, la Integral de Salud Oral, La de la Piel, y la Cancerológica.

A partir de 1993 albergó la Secretaría de Salud Departamental, luego al reubicar esta entidad, en 1998 se destinó para sede la de la Biblioteca Pública Julio Pérez Ferrero, para lo cual la edificación debió ser restaurada plenamente y reinaugurada en el año 2000, después de haber sido declarada Monumento Nacional y en consecuencia Patrimonio Arquitectónico e Histórico de los colombianos.

Es un lugar hermoso de espacios amplios, claros, luminosos de múltiples servicios, salas de exposición, salones de conferencias, patios para espectáculos. Es sede del archivo departamental, biblioteca y hemeroteca pública. En la actualidad funciona en él la Biblioteca Julio Pérez Ferrero.

Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

.

viernes, 13 de enero de 2012

118.- ESQUINAS CUCUTEÑAS

Carlos Eduardo Orduz



Así es como luce actualmente la esquina de Miramar


Muchas esquinas de nuestra ciudad fueron punto de referencia cuando Cúcuta era pequeña y apacible, además eran sitios escogidos para tertulias por sus habitantes o Centro de Actividades Mercantiles.

Como recordar es vivir, vamos a refrescar la memoria con los nombres de las más famosas, es bueno si advertir que la mayoría de ellas han desaparecido para dar paso al modernismo.

Partiendo del oriente donde se inicia la urbe estaba “Cumotors” firma especializada en carros, repuestos y con  un taller de reparación.

“El Circo” sitio inolvidable por sus golosinas, dio comienzo a los hoy llamados supermercados.

“La Bomba Cúcuta” que contaba con un garaje-parqueadero todo techado para favorecer a sus clientes.

Los extranjeros que tenían sus negocios en el centro de la ciudad, especialmente italianos y una que otra familia de abolengo se alimentaba en el “Palacé”.

Siendo centro de importancia para el comercio con Maracaibo “La Aduana” tenía sus oficinas en una de las mejores casonas.

“La Víctor” con su enorme perro y victrola todo transeúnte se detenía a observarlo, se le acomodaron chistes como el de buscar un empleado para sacar el animal a hacer pipí.

Los escolares y padres de familia sabían que en la “Rosa Blanca” conseguían los enseres necesarios para el estudio.

Los chóferes tenían su “Punta Brava”, lugar por el cual no podía pasar una dama por cuanto la desnudaban con la mirada, además allí se sabía la vida y obra de medio Cúcuta con pelos y señales “todas estas a lo largo de la Calle 10”.

En la Calle 11 podemos citar a “Benhur” sitio muy visitado por los empleados bancarios, a veces se aglomeraba la gente que salía de cine del Teatro Santander.

Al frente el “Club Comercio” en el cual la Sociedad terminó que se utilizaba para designar a los de la alta alcurnia y adinerados, celebraban fastuosas fiestas que les servía de programa a las mujeres de clase media y noveleros que se prendía de las amplias ventanas para admirar los vestidos de última moda y oír hasta tarde la música de la orquesta que allí actuaba.

Los domingos había programa antes de asistir a la misa principal o de 11, en el “Café Comercio”.

La calle 9a se distinguía por el “Palacio” que le trae buenos recuerdos a la patota de vagos que allí día y noche durante mucho tiempo descueraron a los cucuteños, algunos de ellos son hoy figuras importantes de la política.

Se puso de moda la rockola y sus adeptos se dedicaban a librar en el “Cordovés”, “Rojo y Negro” o “Bola Roja”.

Si se quería el más rico dulce de platico o cortados, arrastrados y toronjas se visitaba a doña Rita en “La Cita”.

Los amantes del juego se reunían en “El Casino Berti” en las noches para el bingo; contaba además con un comedor para atender a sus clientes para no abandonaran el local.

La pequeña industria se hizo notoria por la “Estrella” que fabricaba jabones, pastas alimenticias y velas para la exportación a los municipios.

Era común el dicho o refrán medirle el aceite cuando a una persona le herían con arma filosa y por eso sobresalió “El Palenque” que contaba además con su personaje típico que era el enano “Tirso” con su caja de embolar casi tan grande como él.

Al calor de los tragos y las rancheras se formaba grescas fenomenales en “La Lucha”.

Las amas de casa salían de apuros, cuando cosían y bordaban, en “Puerto Berrío” pues allí se encontraba desde un botón hasta el adorno más caro.


Tienda Miramar (pintura)

Algunos niños del Barrio El Llano y El Contento compraban sus dulces y gaseosas en Miramar, avenida 11 con calle 11, y los adultos se tomaban una cerveza y  comentaban las noticias o mamaban gallo con los hijos de Don Martín Bermúdez,  Pacho, el gordo Rafael, Martín, Agustín, Fernando o  Roque destacados mamagallistas  y de vez en cuando conversaban con sus hijas Matilde, Cristina y Virginia o con su esposa doña Virginia.

Las damas tenían su “Sabrina” en donde podían enterarse de los aconteceres mientras esperaban el turno para el arreglo del cabello.

Los pícaros le temían a la “Cárcel Municipal” cuando eran recogidos en la Lora.

Los que trabajaban en las petroleras al llegar a Cúcuta se reunían en “El Ciclón”.

Los agentes viajeros y turistas se encontraban como en su casa en “Hotel Europa” y en el Internacional”.

Los estudiantes visitaban con frecuencia la esquina de “La Coja Delia”.

Otras esquinas muy conocidas. Puerto Arturo-Tequendama-La Roca-El Lago-El Relámpago-La Victoria-Bola Roja-El Campín-Buenos Aires-Polo Norte-Los Alpes.

Si usted vivió en el Cúcuta de antaño, espero que esta remembranza lo haya transportado a tiempos gratos que muchas veces nos hacen suspirar y decir que todo pasado fue mejor, aunque la juventud diga lo contrario.




Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

martes, 10 de enero de 2012

117.- DIAS DE TONY

Luis Fernando Carrillo



1.

Los que superviven a la guerra del tiempo deben recordar que el almacén Tony, allá por los años sesenta, y por esos noviembres, quedaba en la calle once con avenida quinta, donde hoy hay una agencia bancaria.  Almacén fundado por Darío Donadío, Fausto Donadío, Miograd Savori, y que para entonces gerenciaba don Héctor Ibáñez. Persona amable que ofrecía al público el ramo de camisería, pantalonería. En general ropa para  damas y caballeros de alta calidad. Camisas de Caribú, Van Heusen, Mcgregor, adornaban las vitrinas de almacén. Miradas por los jóvenes, que desde los diversos colegios de la ciudad, se aprestaban a estrenarse como bachilleres, y después ir a la conquista de otros sueños. Años maravillosos. En ellos se cuajaron las personalidades, las amistades, los amores, las rivalidades deportivas y académicas, y se  organizaban las pequeñas fiestas. Con ellas los bailes en donde, al son, ya, de la Billos de Felipe Pirela, Cheo García, Memo Morales, Billo Frometa, historias misma de la ciudad, que los integró a sus quehaceres, se hicieron las amistades y los romances. Ahora instituciones de la Cúcuta misma. Era Cúcuta una ciudad campestral, provinciana, amañadora como siempre, y llena de cucuteños por todas partes. Todo el mundo se conocía por sus nombres  y apodos y los jóvenes se encontraban en todas partes. El viejo tango, ciudad llanera, el cordobés de don Arturo Mesa, la roca,  el cenadero de la turra Petra, y sus guisados de pezuñas de cerdo, Antonio Navas y su estrella Camelia, los cenaderos de la pesa. En fin esos sitio de confluencia de las amistades de siempre y para siempre.


2.

En la esquina del almacén Tony, todos los días de esos años maravillosos, después de la cuatro de la tarde, cuando comenzaba a amainar el sol, se reunía un combo. De los que aparecerían en los mosaicos de bachilleres que se expondrían en La Corona, como actualmente se hace. Para orgullo de los padres y suspiros de las enamoradas, que verían a sus novios y admiradores, exponiéndose como triunfadores. Desfilan ahora los amigos de siempre. Ismael Quintero, Montgómery Rangel, Ricardo Bobrek, Humberto Castillo, Clímaco Ramírez, Hernando Yepes, Highlander Marciales, Eulogio Cabrales, Carlos Pinto, Jorge Castrolobo, Alberto Alvarez, Carlos Jara, Raúl Fernández, Carlos Uribe. Y muchos otros que volvían el encuentro una manifestación de amistad  duradera en los andares de la vida. Allí se estaba hasta las siete de la noche hablando “tochadas”. Viendo desfilar el pensil de cucuteñas que miraban a tan selectas personalidades del mundo del porvenir. Después el retiro hacia la casa a degustar la sencilla comida.

Hecha con las manos cariñosas de la madre. Y así muchos días de todos los días en ese conjugar de la juventud. Nacida en esa Cúcuta que ya no es la Cúcuta de hoy.


3.

Por esto es correcto y apropiado, ahora, en el ayer que se hace presente, se vuelvan los recuerdos a  esa esquina que ahí está como señal  de la ciudad eterna. A pesar de los vientos que la azotan por estos días de su calamidad. Fue hace tiempo, pero parece que fue ayer cuando se sucedía estas historias. Ahora contadas para recordar grandes momentos.  Los años de los flamantes bachilleres con todo el costal de sus recursos para siempre.




Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

domingo, 8 de enero de 2012

116.- GUSTAVO ROJAS PEREZ

La Opinión

Sesenta y tres años de su vida los dedicó Gustavo Rojas Pérez a los medios de comunicación, en Norte de Santander. Hasta el último día de existencia estuvo metido en el mundo de las noticias.

Se le recuerda por la versatilidad en Diario de La Frontera. Era periodista y reportero gráfico formado en la escuela de la experiencia. Siempre reconoció a Luis Parra Bolívar como su maestro y mentor.

Nació en tierras pamplonesas el 5 de marzo 1935. Cargaba en la billetera la Tarjeta de Periodista No. 029, expedida por el Ministerio de Educación Nacional.

Gustavo Rojas Pérez, en el centro, en sus épocas de ciclista

Su pasión por el ciclismo lo llevó a recorrer el territorio nacional. Él mismo escribió en La Opinión una crónica sobre su incursión en el mundo de las bielas.

-El 7 de junio de 1956, cuatro jóvenes ilusos, pero orgullosos de vestir la camiseta roja y negra, los colores de Norte de Santander, se alinearon en el Parque San Francisco de Bucaramanga, para emprender la odisea de enfrentar la orografía, las planicies y los terrenos quebrados de la geografía colombiana (…), reseñó el 13 de agosto de 2006 en el artículo ‘Pedalazos de 50 años’.

Douglas Superlano, de Cúcuta; Guillermo Rivera, de Bochalema; Gustavo Rojas Pérez, de Pamplona, y Hernando ‘Tribilín’ Barbosa, de Ocaña, se aventuraron en la Vuelta a Colombia. Rojas volvió en otras tres oportunidades.

Al devolver el tiempo para referenciar su recorrido como comunicador, salta a la vista que inició muy joven en oficios  relacionados. En los periódicos ‘Sagitario’ y ‘Hoy’ laboró como ayudante de linotipista.

Ligia Echeverría, antigua propietaria del desaparecido Diario La Frontera recordó la vinculación del muchacho pamplonés, de 12 años,  quien aprendió a levantar textos en tipo suelto.

En la celebración de los 50 años de La Opinión recibió un reconocimiento

De cajista pasó a prensista. El ángel que lo conduciría hasta convertirlo en periodista fue Parra Bolívar. Él y doña Ligia se convirtieron en sus segundos padres.

“Parra tomó a Gustavo como un hijo. Lo empezó a formar. Le pagó el estudio porque vio que era inteligente y vivo”, dijo ayer la señora Echeverría desde el lecho de enferma.

Entristecida por el súbito fallecimiento de quien ‘consideró su mano derecha’ en el periódico conservador, relató el proceso de aprendizaje que le permitió a Rojas Pérez dar el salto a la redacción.

“Parra vio la aptitud de Gustavo quien tenía el deseo de aprender periodismo. Entonces, lo primero que hizo fue enseñarle a escribir en máquina”.

Luego, según los detalles que se le vinieron a la cabeza, el entonces director lo instruyó en lo relacionado con la redacción de noticias, la ética y la orientación de las informaciones. También aprendió lo relacionado con la fotografía.

“Yo le decía todero”, destacó Ligia Echeverría sobre las capacidades de Gustavo Rojas, quien fuera redactor, jefe de redacción y director encargado del diario que funcionó en la calle 14 entre avenidas tercera y cuarta, de Cúcuta.

El trajinar por los caminos de la comunicación social lo llevaron a desempeñarse como corresponsal de El Espectador, en Norte de Santander.

En la radio, manejó en la Voz de La Gran Colombia, en el noticiero ‘El Tribunal del Pueblo’.

Estuvo al frente de la Secretaría de Prensa de la Alcaldía de Cúcuta durante la administración de José Gélvez Albarracín.

En el campo gremial, se afilió al Colegio Nacional de Periodistas, seccional Norte de Santander, del cual fue presidente, y estuvo vinculado al antiguo Cicrodeportes, reveló Eduardo Jaimes, quien hoy emitirá una reciente entrevista.

Cuando era candidato, el presidente Juan Manuel Santos visitó La Opinión, y en la sala de redacción saludó a Gustavo Rojas Pérez

El 24 de abril del 2000, Gustavo Rojas Pérez entró a hacer parte de la planta de periodistas de La Opinión.

Cubrió hechos relacionados con las áreas judicial, económica y política, al igual que noticias referentes a Cúcuta y Norte de Santander.

El sábado 27 de noviembre 2010 quedó marcado como el último día de brega periodística de Rojas Pérez, quien el domingo 28 de noviembre en la mañana, a los 75 años, dejó de existir.

En la página segunda consignó las noticias locales tituladas: “Faltan 242 artículos para aprobar”, “Viceministro viene a Cúcuta” y “Presentaron programa Policía Cívica Juvenil en el AMC de Cúcuta”.

Intempestivamente,  Rojas Pérez se enfermó en la madrugada del domingo. Recibió atención en la clínica Santa Ana. Como al regresar a la casa, su estado empeoró, los familiares lo volvieron a llevar al médico, pero no pudieron salvarlo.

Le sobreviven su esposa Marta Cecilia Garavito y sus hijos Gustavo, Jhon, Ivonne y Marta a quien inculcó el amor por la reportería gráfica.

Los compañeros del periódico quedaron compungidos con la desaparición del veterano periodista. “Estaba donde el matasanos”, les dijo jocosamente el 27 de noviembre, mostrándoles la bolsa de medicamentos. Esa noche se le vio salir sonriente y hasta ayudó a desconectar las luces del pesebre de la sala de redacción.

Mary Stapper  : Hoy tengo sentimientos encontrados. Buenas noticias porque mi hijo mayor acaba de informarme que es papá, mejor dicho que soy abuela y malas noticias porque en la Clínica Santa Ana, falleció el colega Gustavo Rojas Pérez, quien en Diario de la Frontera por allá en el 76, me enseñó cómo redactar una noticia, escribir una crónica o hacer un gran reportaje, aunque muchas cuartillas fueron a dar a la cesta de la basura. Gracias Gustavo por haber sido exigente en el trabajo y generoso en la amistad.


En una máquina de escribir Remington, Gustavo Rojas comenzó a escribir sus primeras noticias

Hablar de Gustavo es hacerlo de la historia del periodismo en Norte de Santander porque creció en Diario de la Frontera donde me cuenta doña Ligia Echeverría de Cabeza, comenzó desde niño cuando apenas el periódico abría sus puertas y se levantaba letra por letra en tipografía y luego en linotipo (plomo) de la mano y genialidad de  su primer esposo el también periodista Luis Parra Bolívar. De eso hace 62 años. Allí Gustavo era redactor, editor, jefe de redacción, entrevistador y maestro.  Cuando el doctor Parra Bolívar murió, fue Gustavo, hombro a hombro con doña Ligia quien sostuvo la calidad del periódico y continuó con Teodosio Cabeza Quiñones hasta que el diario se modernizó y comenzó a imprimirse en Offset a todo color. Cuando llegaron los problemas económicos, fue vendido al ex senador Félix Salcedo Baldión.  Después de ser un periódico conservador pero con apertura a otras corrientes políticas como la liberal, el diario se convirtió en vocero de una fracción del partido liberal. Después pasó a manos del conservador Mario Javier Pacheco y ahí fue “enterrado” el que por años fuera el medio de lectura obligada de Norte de Santander.

También hizo radio y desde más o menos ocho años para acá, comenzó en el Diario La Opinión donde trabajó hasta el día de su muerte.

Gustavo también fue ciclista y no le importaba si era el primero o el último pero  llegaba a la meta final en la vuelta a Colombia.  En periodismo pasó de la vieja máquina de escribir Remington al computador e Internet, de montar en camión, bus, bicicleta, helicóptero o avión o de hacer largas caminatas para cubrir una noticia.

Cumplida la meta de su vida, Gustavo descansa en paz.

Esta fotografía en homenaje a Gustavo Rojas Pérez, fallecido repentinamente el domingo 28/11/2010 en la ciudad. Gustavo desde muy joven ejerció el periodismo en el Diario de la Frontera casi toda la vida y los últimos diez años en La Opinión, donde gozaba del aprecio de todos nosotros. Cuando requeríamos ayuda con estas fotos antiguas, él era uno de los que nos sacaba del apuro con los nombres de las personas. Esta gráfica debió ser de la década del 70 o comienzos de los 80 en alguna reunión de periodistas en su estado natural o sea brindando, y en ella de izquierda a derecha recordamos a: Gustavo, Mary Stapper Vargas, Rafael Bruno Bruno, Jaime Calderón, Laura Villalobos, Rosa Emma Arenas de Méndez, Miguel Méndez Camacho, Samuel Cárdenas y Cicerón Flórez.

Cicerón Flórez Moya : No es por el hecho de su muerte que ahora adquiere relevancia el trabajo periodístico de Gustavo Rojas Pérez en los medios de comunicación de Cúcuta durante casi medio siglo.

En vida se le hizo reconocimiento a su buen desempeño cotidiano en el manejo de la información.

Gustavo Rojas fue un periodista de tiempo completo. Estuvo en todas las áreas de su oficio, sin caer en posturas de envanecimiento, sin incurrir en  actos reprochables y sin hacerle concesión  a las presiones de quienes les interesa más la distorsión o la tergiversación que la verdad.

La carrera periodística de Gustavo Rojas dejó huellas en  Diario de l,a Frontera, la que fuera  su casa paterna del oficio. Allí se formó y allí refrendó su vocación y su idoneidad día tras día. Lo hizo también en el radioperiódico El Tribunal del Pueblo, en la Voz de la Gran Colombia bajo la batuta de José Neira Rey, en El Espectador, diario del cual fue su corresponsal en Cúcuta. Finalmente se vinculó a La Opinión con el mismo  talante  que aplicó a la búsqueda de la clave de los hechos que eran noticia y tras los cuales se movía con   la dedicación de un apasionado lúcido.

En Gustavo Rojas habrá que apreciar su fidelidad a la sencillez y a la autenticidad,  la trasparencia en su relación con las fuentes, su disciplina en el cumplimiento de los compromisos y su acatamiento a los principios esenciales del periodismo.

Y hay que destacar también en Gustavo Rojas su sensibilidad por lo regional. Tenía conocimiento de los asuntos esenciales de Norte de Santander. Le dolían sus desgreños y sus frustraciones.

Es cierto que “Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es es el morir”, pero duele la partida de las personas que debieran seguir trazando rumbos.




Recopilado por : Gastón Bermúdez V.