PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

TERREMOTERO -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

viernes, 30 de diciembre de 2022

2174.- EL DIABLO 'BAILABA DESNUDO' EN EL KING KONG

Eduardo Bautista (La Opinión)

El burdel expedía incandescentes luces como si se tratara de relámpagos del Catatumbo.

En la Cúcuta de los años 30 cuentan que el diablo, ufano, se paseaba por muchos lugares tentando a quienes se apartaban de los cánones cristianos y las sanas costumbres para tomar su alma y llevarla al averno.

Uno de los sitios preferidos era el bar King Kong, en el mirador occidental de la apacible y recatada ciudad, al que acudían señores y señoritos de prestantes familias cucuteñas a derrochar plata en putas y copas, en interminables farras que veían la luz del nuevo día.

El lugar era frecuentado por comerciantes, petroleros, empleados de las compañías del ferrocarril y el tranvía, algunos funcionarios de los poderes local y regional, infaltables especímenes de la fauna política, contrabandistas de café y forajidos de bien ganada reputación, que se codeaban con lo graneado de esa parte de la sociedad que acude a lugares de lenocinio.

En el King Kong las mujeres servían copas y botellas de licor que libaban con insaciable sed los muy respetables clientes, a quienes también acompañaban en frenéticas danzas, muchas de ellas en el paroxismo de la fiesta sin ropa alguna, cual odaliscas formadas para el placer.

Un lugar propicio para que, en las pistas de baile y espacios especiales de aquel lugar, decorado al mejor estilo de los cabarets parisinos de la época, se colara el ‘compadre’ o el ‘patas’ como le llamaban los parroquianos al mismísimo diablo.

El amo de los infiernos y de lo oculto fue visto en esos menesteres, bailando - con cachos, cola y pezuñas - entre torsos desnudos de las bellas anfitrionas, junto a hombres que también se despojaban de las ropas y del pudor para satisfacer sus instintos más bajos de machos, el estado lujurioso del sátiro.

Cuentan que en desarrollo de esos bacanales el burdel expedía incandescentes luces como si se tratara de relámpagos del Catatumbo, y en el interior se escuchaba el tronar de pólvora y aterradoras explosiones, igual a las que padecieron quienes resistieron el asedio godo durante el sitio de Cúcuta no más de 30 años atrás, entre junio y julio de 1900, en desarrollo de la Guerra de los Mil Días.

Un misterioso olor exhalaba el antro donde la locura y el desenfreno hacían carrera alrededor del negocio del sexo, que bajaba por las empinadas avenidas y callejuelas para colarse por rendijas de puertas y ventanas, interrumpiendo el sueño de las piadosas familias en el valle de Cúcuta, heredad de la hidalga Doña Juana Rangel de Cuéllar.

Cierto o no, hombres y mujeres que iban al King Kong en uno u otro rol, llegaban a sus casas apestando a cacho quemado, y las manos con penetrante olor a azufre, que no se iba ni lavándose profusamente con jabón de tierra y lejía.


Se construyó para un sanatorio

El sitio donde funcionó el cabaret en mención fue levantado con otro propósito, tal vez más noble, para sanatorio de enfermos de tuberculosis, los tísicos, como llamaban de manera despectiva a quienes eran afectados por el Bacilo de Koch, por esos años de Nuestro Señor.

La idea que tuvo el médico Santiago Uribe Franco, quizá inspirado en ‘La montaña mágica’ (1924), la obra cumbre del escritor alemán Thomas Mann, era fundar una clínica para brindar atención y cuidados paliativos a esa población marginada y excluida, que tanto abundaba en esta zona fronteriza.

Sin embargo, tamaña empresa no fue tan fácil, porque además de la enorme inversión para levantar una casona de esa dimensión en un lugar predominante de Cúcuta y sostener sus gastos, casi sin vías y carente de servicios públicos, terminó fracasando.

El agua tenía que ser llevada a lomo de burro y el servicio de energía brindado por la Compañía de Alumbrado Eléctrico de Cúcuta tampoco era eficiente, lo que le imposibilitó una larga permanencia a una clínica que esos hombres y mujeres famélicos y de tez cetrina tanto necesitaban.

En el libro ‘Los turcos de Cúcuta’, del periodista Beto Rodríguez, se lee que esa edificación, ubicada en la calle 17 con avenida 13, barrio El Contento, al pie de la calle Circunvalación que era la puerta de entrada desde los Pueblos de Occidente, duró cerrada una temporada, expuesta a la acción de los vándalos, que empezaron a desmantelarla, cuando el turco José Atala la tomó en arriendo y montó allí un burdel.

El turco se dio a la tarea de hacer atractivo el lugar, que pintó con mucha dedicación, instaló luces de colores en la fachada y para rematar encargó que dibujaran un enorme gorila en una de las paredes, con una mujer rubia en uno de sus hombros y lo bautizó el King Kong, por la legendaria película que salió en cartelera en 1933, historia del director Merian Caldwell Cooper y el novelista Edgar Wallace, autor del guion original del filme, que por esa época tuvo furor en las salas de cine del mundo y que en Cúcuta también contagió a los amantes del séptimo arte.

Sin embargo, ese negocio tampoco fue de largo aliento, porque la iglesia católica lo atacó duramente, así como otros estamentos de la sociedad cucuteña, por lo que se decía que allí ocurría: Hombres y mujeres que bailaban desnudos, que se había convertido por esos y otros pecaminosos comportamientos y debilidades de la carne en lugar de culto al amo de las tinieblas, lo que se pregonaba desde el púlpito y se decía en corrillos de salones sociales y plazas de mercado.

No obstante, el tiempo en que sus puertas permanecieron abiertas, el King Kong fue el referente de la diversión en aquellas calurosas y tranquilas noches cucuteñas, donde además de hermosas mujeres, dicen que algunas impúberes, se amenizaba con música en vivo, con una prestante orquesta de planta, buen licor y otros servicios.

Tenía ganada reputación entre hombres de la alta sociedad, pero también entre los petroleros de rango al servicio de las empresas norteamericanas Colpet (Colombian Petroleum Company) y Sagoc (South American Gulf Oil Company), con los derechos para explotar y transportar el crudo producido en ‘Campo Tibú’ y El Tarra, en el Catatumbo, que les otorgaba la Concesión Barco.

Iban a comprar allí besos, caricias y demás menesteres que brinda el oficio más antiguo del mundo varios turcos, sirios y libaneses con asiento en la ciudad, algunos propietarios de diferentes y connotadas casas comerciales, mayoristas del próspero negocio del café, que no escatimaban en gastarse 5,0 pesos oro en una botella de whisky y un monto igual por los favores de la pareja de ocasión.

Eran clientes igualmente acaudalados venezolanos entre los que se contaban gochos, maracuchos, orientales y caraqueños, todos atraídos por la fama y el amplio catálogo de las damiselas del King Kong: Paisas, caleñas, pereiranas, bogotanas y costeñas, que competían con ocañeras y cucuteñas. La cuota extranjera era una que otra panameña, brasilera o europea que se dejaban ver por esta brava tierra del norte, atraídas seguramente por la fiebre del oro negro.

Los concursos de bailes fueron populares en esas noches de fiesta y barullo, donde el afortunado ganador disfrutaba su premio en la cama, pues le correspondía pasar un rato con la mujer más guapa del lugar o la de más reciente adquisición.

Allí se escucharon y bailaron los ritmos de moda, por ser los 30 una década pródiga en música, temas como Los cucaracheros, El Manisero, Tapetuza, El gallo tuerto, Calentadora, Mis tres novios, Jugando mamá jugando, Espinita venenosa; boleros como Arráncame la vida o Amor de mis amores del maestro Agustín Lara; los tangos Tomo y obligo, Cambalache, Cuesta abajo, Volver, El día que me quieras; piezas del repertorio ranchero, Cha Cha Cha, Blues y Danzones.

Un sábado en la noche, el primo del dueño del establecimiento, de ascendencia turca, y otro hombre con quien rivalizaba por cuestiones de la política, coincidieron en el King Kong y quisieron al calor del licor dirimir su diferencia, desenfundando sus armas y protagonizando allí monumental trifulca.

Esa noche llovió plomo en el bar, lo que puso pies en polvorosa a clientes y anfitriones, particularmente a las mujeres, que en franco tropel bajaron la empinada cuesta llegando hasta la esquina de Miraflores, seguidas de uno que otro músico. Allí asustadas y semidesnudas estaban la Plancha Gocha, la Mica, la costeña Encarnación, la Varonesa, la Premio Gordo, la Paloma, Lola la Grande y Carmen la Dulce, lamentándose además porque sus amantes de ocasión se habían volado sin pagarles, es decir que ‘les hicieron conejo’.

Esos escándalos que fueron frecuentes, junto con la denuncia de la recatada comunidad de que allí las parejas permanecían como Dios las trajo al mundo, llevó a que el alcalde Luis Marciales promulgara un decreto que fue motivo de burlas, el cual rezaba que a esos sitios públicos solo se podía ingresar con saco, corbata y sombrero, por lo que los mamagallistas cucuteños solían decir que los clientes del King Kong en atención a la norma acudían impecablemente vestidos, ropas que sus amantísimas esposas les arreglaban con todo el esmero, y que sus amantes les quitaban en un santiamén y sin delicadeza alguna. Muchos regresaban al hogar solo con el sombrero.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

miércoles, 28 de diciembre de 2022

2173.- PADRE FABIAN STAPER, CAPELLAN DE DEPORTISTAS

Celmira Figueroa (La Opinión)


Conozca al sacerdote Fabián Staper, quien ha estado varias parroquias de Cúcuta.

El padre Fabián Staper ha recorrido varias parroquias de Cúcuta después de ordenarse como sacerdote el 5 de diciembre de 1998.

Se considera un gramalotero de pura cepa que aprendió, en la vereda Miraflores, a valorar el campo. Y allá estudió primaria en la escuela rural de Santa Rosa, luego pasó al departamental Simón Bolívar y terminó bachillerato en el Sagrado Corazón de Gramalote.

Al tiempo que sintió curiosidad por el sacerdocio después de hacer la Primera Comunión con el padre Eloy Mora Peñaranda.

Se vino para el Seminario Mayor de Cúcuta el 26 de enero de 1991 a estudiar teología y filosofía. Y el 5 de diciembre de 1998 recibió la ordenación sacerdotal. Al día siguiente se estrenó como sacerdote en su desaparecido pueblo natal. Sin embargo, en Pizarro, en ese entonces barrio de invasión inicia la construcción de la parroquia, labor que se extendió hasta el 2004.

El 28 de noviembre de ese mismo año salió rumbo a Bogotá y al día siguiente a España a estudiar licenciatura en teología y teología moral. Después aprovechó que fue nombrado vicario parroquial para ahorrar y pagarse los estudios en la Universidad de San Dámaso, cerca de Alcalá de Henares. En el 2008 regresó a Cúcuta y se vinculó al Seminario Mayor como formador externo y también como ecónomo hasta el 2010.


Luego pasó al barrio El Bosque a construir la parroquia y en el 2013 fue nombrado párroco de la Sagrada Familia en la Ciudadela La Libertad. Tres años después (14 de febrero de 2016) asume como párroco de Cristo Resucitado del barrio Niza hasta el día de hoy.

En 1992 se vinculó con los medios de comunicación trabajando en La Voz del Norte, Radio Zulima, Radio Monumental, La Gran Colombia y en Antena 2 de RCN con el programa ‘Bienvenidos Siglo XXI’, todos los sábados con la participación de los obispos Rubén Salazar y Óscar Urbina, respectivamente. Apoyó también, en diseño y diagramación del periódico La Verdad.

Y en 1995 hizo un curso intensivo de Comunicación en Bogotá en la Universidad Javeriana. Ideó el proyecto de la emisora RCD, originando en Cúcuta para conectar a La Voz de San Rafael de Gramalote, Ecos de Tibú, Ondas de del Río Sardinata y Neblina Stéreo en Lourdes, pero el ambicioso proyecto quedó reducido a una cabina de grabación en el Seminario y el equipo de comunicación enviaría material a esos municipios.


Miembro de Acord Norte de Santander. Fue presidente de la regional desde el 2010 hasta el 2013 y le correspondió los Juegos Nacionales.

El padre Staper considera que el deporte es una gran pedagogía para formar en los valores éticos y espirituales a los niños, jóvenes y a la familia. En el 2001 lo nombran Capellán de Indenorte donde motivó a los niños en las vacaciones recreativas de mitad de año. Y también con el apoyo de IMRD creó la pastoral de recreación, el deporte y turismo.


Antes de la pandemia oficiaba misa en El Malecón para que los deportistas “no solo fortalecieran los músculos sino también el alma”.

Al Cúcuta Deportivo llegó como capellán en el 2002 dictando charlas, trabajo de equipo, de valores de fraternidad, de solidaridad, de motivación. “Trabajé con varios técnicos: Moisés Pachón, Germán Basílico, Eduardo Retat, Alvaro Gómez, Jorge Luis Pinto, Jaime de La Pava, entre otros. Soy el único sacerdote del país que tengo tarjeta Acord porque he hecho un trabajo de radio deportivo y soy integrante de la selección de fútbol de Norte de Santander”.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 26 de diciembre de 2022

2172.- CUCUTA EN 1938, UN RECUERDO INOLVIDABLE

Ramiro Pinzón Martínez (Hno. Rodulfo Eloy)

Puente San Rafael, 1938

Después de dos días de viaje, agradable por lo novedoso, llegamos el 13 de enero de 1938 a Cúcuta. Éramos los miembros de la Comunidad de Hermanos que irían a trabajar en el Colegio del Sagrado Corazón de Jesús durante ese año de 1938. Venían entre ellos los Hermanos Domingo León, el Director; Alfonso Juan, su sucesor a partir de agosto, en la Dirección del Colegio; y Aptat Francois, quien, como Visitador, había tramitado con el gobierno departamental en 1927, el regreso de los Hermanos a Cúcuta, donde ya habían estado antes entre 1906 y 1912, inclusive los años extremos.

La entrada a la ciudad se hacía por el Puente de San Rafael sobre el río Pamplonita, para esa época inmenso río miedoso en tiempos de invierno. El Puente de San Rafael lo era para camino de herradura; había sido construido por el Dr. Francisco de Paula Andrade, el mismo que hizo el trazo de la nueva Cúcuta, después del terremoto de 1875. En 1938 la parte más importante del puente era de calicanto, con algunos remiendos metálicos que testimoniaban los furiosos embates del Pamplonita; al adaptarlo para paso de vehículos automotores, había quedado de una sola vía. Para avisar el cierre o apertura de la vía, se disponía de un servicio telefónico local de un extremo a otro, pues la longitud del puente, los árboles y las edificaciones impedían ver lo principal del trayecto. Cuando nosotros llegamos estaba cerrada la vía.

Este puente, llamado Puente Cúcuta por sus constructores, fue Puente de San Rafael desde el 24 de octubre de 1886, según Pedro M. Fuentes, porque ese día, fiesta de San Rafael, el Pamplonita lo destruyó casi totalmente. Colocose el nuevo, bajo la protección del Santo Arcángel, protector de caminantes. Según el mismo historiador Fuentes, en 1940 se lo quiso llamar Puente Eduardo Santos, pero este declinó el honor e insinuó fuera Puente Benito Hernández Bustos, en honor de este ilustre jefe liberal y exgobernador del Norte de Santander, muerto el 27 de febrero de 1940 en un accidente de aviación, no lejos de Bucaramanga; un monumento en forma de obelisco entre Bucaramanga y la Corcova, señala el sitio del trágico suceso.

El antiguo Puente de San Rafael fue en gran parte destruido nuevamente por una furiosa creciente del Pamplonita en el inverno de 1938, ya para finalizar dicho año. El puente que lo reemplazó, construido en 1939, era en realidad un puente nuevo; en efecto, no se había construido en el mismo sitio del anterior; tenía doble vía y estructura de concreto y era además una de las principales obras destinadas para conmemorar en 1940, el Primer Centenario de la muerte del General Santander. Podía, por lo tanto, recibir otro nombre oficialmente y en efecto lo recibió y desde entonces se llamó oficialmente Puente Benito Hernández Bustos, aunque las gentes sigan llamándolo Puente de San Rafael.

Cruzado el río por el Puente de San Rafael aquel 13 de enero de 1938, continuó nuestro viaje por la estrecha callejuela con que terminaba el camino de herradura que llevaba a la ciudad. Era muy sinuosa esa callejuela y se la llamaba de la Vuelta del Molino, porque la curva mayor la ocasionaba el espacio ocupado por un molino al pie de una de las colinas que cierran por el suroeste los Valles de Cúcuta.

Al oriente se extendían amplios y fértiles terrenos; dedicados a la agricultura fecundados por las aguas del Pamplonita, de su gran Brazo y de numerosos canales de riego.

La sinuosa y estrecha callejuela era también la vía del ferrocarril que entonces sólo funcionaba como tranvía en esta parte de la ciudad. Un edificio destinado a estación que existe todavía casi frente al puente de San Rafael, ostenta en su frontis, como expresión de empuje, el nombre de Ferrocarril del Sur y un poco más abajo Estación del Sur.

La Quinta Teresa

No muy lejos de la Vuelta del Molino, desemboca la callejuela en la Avenida Cuarta, a la altura de la hoy calle 18 no determinada entonces todavía. Por esta avenida se entraba a la ciudad de Cúcuta trazada octagonalmente por el Dr. Francisco de Paula Andrade después del terremoto de 1875.

Ya en la Avenida Cuarta se veía a mano derecha el Asilo Andresen que eternizaba la filantropía de los esposos Cristian Andresen Moller y Teresa Briceño. Doña Teresa había querido que ese asilo, inaugurado en 1907, don de su generoso corazón, llevara el nombre de su esposo, muerto ocho años antes en Europa, así como él había dado el nombre de Teresa a la hermosa Quinta.

Una cuadra más adelante unas rejas metálicas separaban de la calle, es cierto, las construcciones, pero sobre todo invitaban a mirar hacia adentro, donde aparecía entre verdes jardines, árboles y palmeras en todo su esplendor la Quinta Teresa. Ella era el término final de nuestro viaje.

La impresión que dejó esta primera contemplación de la Quinta Teresa, me impulsó a escribir cuarenta y un años después en Recuerdos y glorias: "llegamos a la Quinta Teresa, situada todavía en las fueras de la ciudad; de estilo hermosamente clásico con toques de arte griego en sus glorietas, era construcción reposada y serena como lo pide el clasicismo en arquitectura. Había delante un gran curapo en pleno vigor que parecía el protector de la Quinta o el centinela encargado de guardar su entrada; una fuente con surtidor frente al centro del frontis, completaba la primera visión.

Se entraba a la Quinta propiamente dicha por anchos portones; su patio interior, rodeado de amplios corredores y salas, tenía una fuente en el centro que, durante el día refrescaba el ambiente y en el silencio de la noche, con monótono ruido, invitaba al sueño".

"El inmenso patio, antes huertos y jardines, profusamente arborizado tenía hacia el centro una alberca en forma ovalada, transformada después en piscina para alumnos; en su vértice norte había un coposo ficus o caucho que, para esquivar la sombra de unos curapos, extendía hacia adelante su ramaje cubriendo con él casi la mitad de la alberca. En ciertas épocas del año, llenábase de frutas que venían a comer numerosos pajarillos".

"Habíanse colocado alrededor de la piscina algunas bancas y era sitio ideal para la lectura y también para contemplar, en pequeño, simpáticos cuadros ofrecidos por la naturaleza. Porque a ciertas horas de la tarde los pajarillos se lanzaban al agua, pasaban rozándola, humedeciendo sus plumas y posábanse luego en la orilla opuesta, para sacudirse y terminar con el pico el arreglo de su plumaje".

"A este espectáculo poético, deleite del espíritu, se unía la existencia en el inmenso patio de numerosos mangos en plena cosecha traviesa que, a impulso de los vientos, tapizaban el suelo con dorados y sabrosos frutos".

Los esposos Cristian Andresen Moller y Teresa Briceño y unos amigos en la Quinta Teresa en 1894

En la interesante fotografía tomada en 1894 y que reproducimos aquí, se puede ver consagrado el papel de distracción y entretenimiento que tenía la pileta a que nos acabamos de referir, en los orígenes, vale decir, en la mente de los autores y realizadores del proyecto.

Más tarde se adaptó para piscina y por lo menos durante 35 años desempeñó ese papel y fue origen de la actual: Cambió su forma ovalada por la rectangular y se trasladó del centro del patio, donde estaba antes, a su límite oriental; con la adquisición de las casas vecinas a la carrera 3a. y con las nuevas construcciones hoy vuelve a ocupar un puesto central esa piscina.

Vense en esta histórica fotografía, de pie, al frente, con unas matas de plátano como telón de fondo, el señor Cristian Andresen Moller, a su derecha la señora Teresa Briceño de Moller y a la izquierda una dama elegante, sin duda de alta sociedad. Sentados con ceremonioso vestido de etiqueta, cinco caballeros. Pero lo más importante, allí aparecen dos niños en una barquita, dirigidos por un joven barquero. Esos niños tomaban simbólicamente posesión, en 1894, de esa Quinta Teresa cuya principal gloria iría a ser, servir de centro educativo a muchos jóvenes cucuteños.

Más tarde, cuando se organizaron bazares para obras sociales, como misiones, el templo parroquial o la Escuela La Salle, la Escuelita como cariñosamente se la llamaba, esta pileta, ya transformada en piscina, era también medio de diversión y pequeños ingresos, según puede apreciarse por la foto siguiente.


La Avenida Cuarta

Una de las vías más importantes dentro de la ciudad de Cúcuta fue por largo tiempo la Avenida Cuarta, la Avenida de la Quinta Teresa. Varias circunstancias contribuían a aumentar o por lo menos a destacar esta importancia. En la Avenida Cuarta desembocaba naturalmente la sinuosa Callejuela de la Vuelta del Molino, única entrada por muchos años a Cúcuta viniendo del Sur, es decir, de Pamplona, Bucaramanga y en último término de la capital del país.

Esta callejuela había sido trabajada por el paso de los transeúntes que, durante años, rehuyendo las zonas planas y anegadizas, buscaron camino por el pie de las colinas que cerraban el Valle de Cúcuta hacia el Suroccidente. Y eso no sólo de los viandantes que atravesaban el Puente de San Rafael, sino de aquellos que cruzaban el Pamplonita en Los Vados y seguían por la margen izquierda del río.

Al oriente en terrenos planos y bajos se veían extensos cultivos de caña. La actual Avenida Primera se iría a definir en estas zonas, sólo después del año cincuenta.

Porque en 1949, tras fuertes arremetidas del río contra los estribos del nuevo Puente Benito Hernández Bustos, hubo necesidad de alejar las aguas de la orilla, obras que hicieron desaparecer el Brazo del Pamplonita, y las grandes extensiones que fecundizaban sus aguas se tornaron en terrenos aptos primordialmente para ser urbanizados. Con ello poco a poco fueron perdiendo importancia como vías de entrada a Cúcuta, la Avenida Cuarta y la Callejuela de la Vuelta al Molino y la fue adquiriendo la avenida primera como más natural y recta entrada a la ciudad. A esta avenida desembocarían años más tarde, a la altura de la calle 20, las avenidas segunda y tercera.

Bastantes años después con la apertura de la avenida O y las obras del Malecón, se completaría la triple entrada actual a la ciudad de Cúcuta, partiendo del Puente de San Rafael o Benito Hernández Bustos.

Todo esto restaba naturalmente si no importancia, sí vistosidad a la Quinta Teresa.

Avenida 4ª a nivel del Asilo Andresen

Otro factor que, en la primera mitad del siglo XX, dio importancia especial a la Avenida Cuarta fue el que por ella pasaba el Ferrocarril del Sur. La Compañía alemana que compró el lote, vendido después a doña Teresa Briceño, había mostrado tener gran visión, pues la Casa de Comercio que debía ser la Quinta Teresa estaba al lado de un Ferrocarril que comunicaría el Magdalena con Maracaibo, vehículo extraordinario de comercio y progreso para los Valles de Cúcuta y la región nororiental del país.

El ferrocarril de Cúcuta fue una empresa digna de admiración. Hoy se lamenta que se la hubiera dejado morir para sustituirlo por carreteras que bien hubieran podido trazarse sin acabar con él.

El Doctor Julián Caicedo Arboleda en 'Vida, Pasión y Muerte del Ferrocarril de Cúcuta', señala algunos de los golpes, no siempre leales, lanzados contra esta obra, frenando el progreso en estas regiones de la patria y no teme citar el nombre de algunos que directamente atentaron contra la obra, como el General Benjamín Herrera. El doctor Julián Caicedo, tras de pedir a la Providencia fuerzas para rematar su original estudio, dice como tributo de admiración a la obra: "Bien merece dedicar unas cuantas horas de trabajo al estudio de tan seductora obra que abría para Cúcuta, no sólo una vía al mar, sino el ejemplo de entereza de generaciones que, hoy menguadas, no hemos sido capaces de llevar a la ciudad por las senda que los progenitores nos mostraron con su ímpetu, su coraje y vida dedicados al bienestar del terruño, pese a las adversas circunstancias".

El estudio del Doctor Julián Caicedo, iniciado con un discurso académico, completado con datos tomados directamente en los archivos del Ferrocarril, fueron publicado por la Cámara de Comercio de Cúcuta en 1991.

En 1938, cuando llegamos a Cúcuta, por primera vez, frente a la Quinta Teresa pasaba por la Avenida Cuarta, principalmente como tranvía, el Ferrocarril de Cúcuta, en su sección Sur. El tranvía utilizaba los rieles y las locomotoras del Ferrocarril. Por su relación directa con la Avenida Cuarta y la Callejuela de la Vuelta del Molino, vamos a hacer una ligera referencia, en capítulo aparte, al Ferrocarril y al Tranvía de Cúcuta.

El Ferrocarril y el Tranvía

El tranvía de Cúcuta saliendo de la estación Central del Ferrocarril

El ferrocarril partía de la Estación Cúcuta, situada donde está hoy la Central de Transportes o Terminal, entre las avenidas 7a. y 8a. y desde la calle 2a., como límite al Sur, hasta el comienzo entonces de la ciudad al Norte.

Laméntase, sin duda que, con razón, la destrucción de esta Estación. En el libro ya citado del doctor Julián Caicedo, se dice a este respecto: "La ciudad nunca podrá perdonar la demolición de la Estación Cúcuta, o al menos no haber protegido los materiales de demolición, bellas columnas talladas en piedra, que reconstruidas serían hoy un espléndido monumento a quienes, hace dos generaciones, forjaron la ciudad y su desenvolvimiento después del terremoto de 1875".

Comprendía el Ferrocarril tres secciones: La Oriental que se desprendía de la actual Avenida 7a., en la calle 10; seguía por ésta hasta el brazo del Pamplonita en el límite oriental de la ciudad. Luego, bordeando cañaduzales, seguía en forma desigual, como lo señala la Avenida de la Gran Colombia, hasta el puente metálico de San Luis; y luego por la carretera de Boconó, continuaba hasta el puente internacional del Táchira, frente a San Antonio.

La sección Norte debía detenerse en Puerto Villamizar, hasta donde era fácil la navegación del río Zulia; pero hubo de prorrogarse hasta Puerto Santander, cuando se trató de su empalme con el gran Ferrocarril del Táchira. Este empalme se realizó el 24 de julio de 1912. Por este Ferrocarril se viajaba hasta Encontrados, sobre el Catatumbo; seguíase este río hasta su desembocadura en el Lago de Maracaibo y por éste Lago hasta la ciudad de Maracaibo, sede de compañías comerciales de gran importancia con sucursales en Bucaramanga, Cúcuta y San Cristóbal.

En Maracaibo tenía su centro principal la Sociedad Minlos, Breuer y Cía, propietaria de la parte más importante de los terrenos comprados en 1887 por los esposos Andresen Moller Briceño para construir la Quinta Teresa. Maracaibo fue puerta de entrada de las inmigraciones alemanas del siglo XIX. como lo había sido en 1519 cuando llegaron, entre otros, Ambrosio Alfinger y Nicolás de Federmann. En la inmigración alemana de 1871, tal vez llegó al Estado de Santander el danés Cristian Andresen Moller.

En 1940 tuvimos oportunidad de viajar por Ferrocarril desde Cúcuta a Encontrados; el viaje era lento, es cierto, pero fue lástima haber dejado morir esta empresa ferroviaria.

La sección Sur del Ferrocarril de Cúcuta tenía especial interés por ser la destinada a comunicar a Cúcuta con el centro del país. Debía conectarse con el Ferrocarril de Puerto Wilches o seguir directamente a Tamalameque, en todo caso llegar hasta el río Magdalena, arteria notable para exportaciones en los comienzos del siglo XX. Saliendo de la Estación Sur, frente al Puente de San Rafael, subía el ferrocarril por la margen occidental del Pamplonita, logrando llegar hasta El Diamante, 43 kilómetros. En este trayecto se pueden ver todavía zonas de banqueo y edificios construidos para estaciones: Importantes fueron, como estaciones especiales, La Donjuana y Bochalema, así como fue particularmente difícil el recorrido por el cañón del Pamplonita frente a Peñas Blancas.

Dentro de la ciudad tenía el Ferrocarril de Cúcuta carácter de tranvía, prestando así un servicio más o menos con el siguiente recorrido: Salía de la Estación Cúcuta; subía por la Avenida 7a., pasando por el Parque Antonia Santos, la Cárcel, el Mercado y el Edificio de la Aduana. Al llegar a la calle 10 seguía por la ruta del Ferrocarril de Oriente; al llegar a la Avenida 5a. torcía hacía el sur y continuaba por la quinta hasta la esquina de la Gobernación, en la calle 14 y por esta hasta la avenida 4a. por donde pasaba frente a la Quinta Teresa; por la avenida 4a. se unía a la callejuela de la Vuelta del Molino, hasta la Estación Sur, en San Rafael. La parte más importante de este tranvía era precisamente la que, partiendo del Parque Santander, terminaba en San Rafael. Esta sección se inauguró con toda solemnidad el 29 de octubre de 1919.

El escaso movimiento motorizado en la Cúcuta de principios de siglo, convertía el tranvía en fuente de distracción para los muchachos. Por los años 1928, entonces muchacho, trabajaba Jorge Rincón Pérez como embolador por los lados de la Aduana. Al preguntarle cuál era su mayor distracción, decía que subirse al tranvía de donde lo bajaban el conductor o la policía, o él mismo se bajaba antes de que lo hiciera bajar la autoridad. Jorge Rincón Pérez fue un buen poeta popular. Durante cerca de cuarenta años estuvo Jorge desempeñando un oficio de embolador en el Parque Santander. De ese humilde puesto de embolador, pudo presenciar muchos acontecimientos políticos sucedidos en ese Parque, analizarlos y escribir sobre ellos sus ensaladillas o poemas que, imprimía y trataba de vender.

En 1986 entregamos a la Academia de Historia, una colección de unos veinte de estos poemas o ensaladillas, acompañado de un juicio crítico y detalles recogidos de su vida. Jorge Rincón Pérez era hijo del gran poeta popular Marco Antonio Rincón, profusamente dado a conocer en nuestro libro Poesía Popular del Norte de Santander en 1940 y la ensaladilla en el folclor nortesantanclereanos, en 1969.

La presencia de Jorge Rincón Pérez, muchacho vivo e inteligente, buscando ocasión para subir al tranvía de donde lo bajaban el conductor o la policía, da un toque de vida a esa metálica armadura que conocimos en 1938, época en que todavía pasaba por la Avenida Cuarta, frente a la Quinta Teresa. Llevaba esta bella edificación ya once años consagrada a la juventud estudiosa de Cúcuta.

Don Jorge Rincón Pérez, afirmaba que una de las ensaladillas de Don Marcos Jurungo, seudónimo de su padre Don Marco Antonio Rincón, tenía por título, Cúcuta y sus moradores. Lástima que no se haya conservado. Jorge recordaba sólo los seis últimos versos en que se hace alusión a los viajes en el ferrocarril. La impresión imborrable que produjo en el poeta Marco Antonio Rincón el viaje a San Antonio y a Puerto Santander, quedó admirablemente expresada en ese llamar en forma absoluta paseos en extremo a estas excursiones. ¿Pero paseos en extremo qué? No. Paseos en extremo al punto, se diría en el actual modo de hablar corriente. Bello elogio al ferrocarril. Perdurable recuerdo conservado en la memoria de un poeta del pueblo, capaz, como poeta, de apreciar el valor de estas cosas por su aspecto agradable.

Decía Don Marco Antonio Rincón o Marcos Jurungo:

Los paseos en extremo,

a la Frontera y al Puerto,

nos dejan el campo abierto,

para poder disfrutar,

un contento singular,

cada uno en su casilla.







Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

sábado, 24 de diciembre de 2022

2171.- NUESTRO COTERRANEO RAFAEL GARCIA-HERREROS UNDA, SIERVO DE DIOS

Antón de Roca Niz (Imágenes)




Mis mayores los Roca Niz de la hidalga población de Ocaña, enclavada en el valle hacariteño, fueron amigos de sus padres. Su alumbramiento acaeció en la cálida ciudad de Cúcuta en 1909, un 17 de enero, ocupando el tercer puesto de siete hijos del general conservador Julio César García-Herreros y de la matrona venezolana, doña María Unda Pérez, que, en su solar nutricio, le inculcaron virtudes cristianas y morales, provenía de entronque militar, con tíos militares que habían participado en guerras y parentela en el Perú.

Por el lado paterno, su progenitora era consanguínea del general Santander y el primer obispo de Cúcuta monseñor Pérez Hernández. Inició sus primeras letras en la escuela de la hermana Rosalía, antioqueña, ubicada en el parque Mercedes Abrego, en pleno centro. Su primaria la terminó en el colegio de las hermanas de la Presentación, de nuestro terruño San José de Cúcuta y el bachillerato en el colegio provincial de la gélida Pamplona, que es cantera de religiosidad.

En el seminario menor de la ciudad mitrada cursó estudios. Adelantó la ­ filosofía y la teología en el seminario Eudista de Usaquén, en Bogotá entre 1928 y 1943; perfeccionó sus estudios en ­ filosofía y sociología en Roma y en Friburgo entre 1950 y 1952.

Su vocación surgió cuando leía la imitación de Cristo de Kempis y la fue puliendo monseñor Luis Pérez Hernández. En 1932 ingresa de lleno a la congregación de Jesús y María de los Padres Eudistas, fundada por San Juan Eudes, quien fue un sacerdote misionero francés y autor de la adoración litúrgica del Sagrado Corazón de Jesús y también creó la orden de Nuestra Señora de la Caridad del Refugio.


El 19 de agosto de 1934 recibe la ordenación sacerdotal en nuestra capital, por el ilustre nuncio apostólico Paolo Giobe y oficia la primera misa en la parroquia de Nuestra Señora de las Angustias. Inicia su consagración en la formación de religiosos entre 1934 a 1954, en los seminarios de Santa Rosa de Osos; donde fue obispo monseñor Builes, que tuvo rupturas de todo orden con el expresidente Laureano Gómez.

Valga resaltar, que el padre instauró los misioneros de Yarumal, donde estudió Belisario Betancur el poeta de Amagá. También en la fervorosa población del suroeste antioqueño Jericó, reconocida mundialmente por sus esbeltos carrieles y en la culta población venezolana de Mérida, ubicada al occidente de Venezuela. La ciudad mitrada de Pamplona, Cartagena y Cali, contaron con este ilustre formador de novicios en ­ filosofía y en lenguas clásicas latín y griego y en la realización de obras sociales evangélicas.

Hago énfasis que mi connotado paisano era políglota; asiduo lector de literatura clásica y griega. Siempre cargaba en sus bolsillos libros pequeños para leer. No hay duda que cumplió de manera integérrima con sus votos de pobreza, de humildad y de castidad, porque así se lo inculcaron sus mayores. Estaba compenetrado con Jesucristo y consagrado al sacerdocio para enaltecerlo y colocar en praxis la función de la Iglesia al servicio de los menesterosos y así cumplir con la ­ filosofía del Estado Social Derecho de proteger al ciudadano, que esta in albis.


Tengo la certidumbre, que es un grado mayor de la certeza, que era un genio y apóstol de Dios en la tierra, un literato quien, con su consola cerebral, craneó cuentos, publicó a lo largo de su fecunda y ejemplar vida octogenaria, variedad de escritos con profundidad espiritual. Y como era admirador del teatro, escribió obras teatrales, biografías de santos, que fluían de su prodigiosa mente. Su slogan era: amar y servir a Dios.

Descolló como un gran orador sagrado, consejero espiritual y un excelso confesor. Tenía inteligencia para ser líder en lo atinente al emprendimiento y creatividad. Tenía visión macro y lo bueno del caso es que la gente filántropa del extranjero y connaturales le coadyuvaban para coronar sus proyectos, porque tenía carisma, porque tenía liderazgo.

Como estudió sociología, aplicaba las escuelas modernas en favor de los que sufren para dar aplicabilidad al estado bienestar, al estado garantista. Creó programas radiales y televisivos en varias ciudades del país y ayudo a construir múltiples viviendas a lo largo y ancho de nuestra adolorida y ensangrentada patria.

Creo un emporio con el nombre de Corporación Minuto de Dios, que con la iluminación del Espíritu Santo a quien tanto amaba, le permitió hacer el Banquete el Millón, fundar la universidad y realizar campañas sociales de perenne.

Incursionó en los campos de la economía con su carisma, con su inteligencia, con su don de gente, con su probidad, con su liderazgo y con su poder de convicción; siempre acompañado del Espíritu Santo y de la Santísima Virgen María. Y toda su obra la extendió por todo el país. No hay duda que era un lector incansable de obras clásicas no solamente en español sino en otros idiomas, pues era políglota. Otra de sus obras predilectas era los diálogos de “sabio idiota”. Dio clases de griego y geometría.

En 1963, incursiona en las breñas motilonas para iniciar la cristianización y civilización de los indígenas Barí. Ejecutó una obra fecunda e inconmensurable que no hay espacio para plasmarla. Fue condecorado por entidades privadas y públicas y obtuvo en varias ocasiones la Cruz de Boyacá, en diferentes categorías.

Estuvo metido en procesos de Paz y en la liberación de secuestrados, pero no le fue tan bien. Sin embargo, logró que el recordado capo, Pablo Escobar, se entregara. Añoró alcanzar el premio Nobel de la Paz, pero le fue esquivo.


Tuve el honor de conocerle y compartir con mis padres, a manteles en la ciudad de Cúcuta y nos daba cátedra de sencillez y de sapiencia. Tenía vuelo intelectual y don de gente sin fatiga, heredado de la cuna de sus mayores.

Leía clásicos de literatura griega. Era franco y sincero como buen santandereano, amó a Colombia, dejó impronta de reciedumbre espiritual y moral. Fue amante del arte, pintó algunos cuadros. Gran escritor sagrado, celebró misa casi todos los días por varias décadas.

En su actividad social puso en praxis las escuelas sociológicas aprendidas y de ahí su éxito rotundo con la Fundación Minuto de Dios, que abarcó muchos campos para hacer efectivo un estado social y de bienestar para los desvalidos y los que no tenían techo.

Era acatado y respetado por gentes de todos los pelambres. Tuvo a su lado filántropos que le dieron dinero y tierra para sus proyectos, porque de su consola cerebral bullían ideas magnánimas que el mismo decía que era gracias al Espíritu Santo. Tenía frases célebres. Era tan tenaz y convincente que motivó a Pablo Escobar a entregarse.

Su obra se extendió por todo el país. Sus compañeros de vida religiosa le recuerdan por pasar horas enteras rezando y meditando que parecía irse de este mundo. Estuvo por diversos seminarios como formador de novicios. Dejo fama de ser estricto.

Traigo a colación una anécdota: en Cúcuta, tuvo un caballo que arrastraba un carruaje donde él se movilizaba. No hay duda que nació para ser santo, pues tenía olor a santidad. Enalteció a su familia, cumplió a cabalidad lo recomendado por su padre; que fuera un sacerdote bueno y honesto. Jamás quebrantó sus votos religiosos, era amante de la buena mesa, del buen vino y le gustaba el jacuzzi. Obvio que en su mocedad.

A mediados de 1992, empieza a descompensarse su salud cardio-vascular, estuvo hospitalizado en la clínica Shaio, de Santafé de Bogotá. Y cuando le dieron el alta médica, se fue para la casa cural del Minuto de Dios, que era su bunker religioso y su zona de confort para la meditación, para escribir, para filosofar Y allí se agravó. Antes de agonizar empezó a rezar el Avemaría, hasta que su corazón, dejó de irrigar y expiró.

Tengo la certidumbre que es un grado mayor de la certeza que vamos a tener otro santo que tiene que ver con la greda motilona.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

jueves, 22 de diciembre de 2022

2170.- JUECES QUE DIGNIFICARON LA JUSTICIA


Pablo Chacón Medina (Imágenes)

Pablo Chacón Medina

Han pasado ya algunos meses, desde que tuve aquel sueño. Subía las gradas del Palacio Municipal, con dirección al Juzgado Quinto Penal Municipal de Cúcuta, despacho en el que había sido designado juez del mismo.

Era el primero de julio de 1966 y junto con cinco colegas más, que, igualmente, asumiríamos el mismo cargo, tomamos posesión ante el honorable Tribunal Superior.

El poder judicial en Colombia inauguraba, en esa fecha, la jurisdicción de plena competencia, que antes solo conocía de la parte sumaria y no de la del juicio que, ahora, nos correspondería de manera integral, instruir y dictar sentencia.

El poder judicial en Colombia inauguraba, en esa fecha, la jurisdicción de plena competencia, que antes solo conocía de la parte sumaria y no de la del juicio que, ahora, nos correspondería de manera integral, instruir y dictar sentencia.

Entre ellos recuerdo a Fanny Jáuregui, Jorge Mansilla Hernández, Jorge Mora Peñaranda, Miguel Méndez Camacho y Francisco Arb Bautista. Hoy casi todos existen, con la excepción de Francisco Arb Bautista y Jorge Mora Peñaranda, el primero fallecido hace algunos años y el segundo, recientemente.

De Jorge Mora, con quien mantuve una fraternal amistad, desde las primeras aulas del colegio, lamenté profundamente su fallecimiento. Vale la pena destacar que todos ellos fueron excelentes funcionarios.

Jorge Mora Peñaranda, fue alcalde de la ciudad, contralor del departamento, secretario de Gobierno, decano y profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad Libre y asesor jurídico de importantes empresas.

La doctora Jáuregui, quien posteriormente se desempeñó como Juez de menores, con el tiempo alcanzó la magistratura en el Tribunal Superior de la ciudad.

Miguel Méndez Camacho

Jorge Mansilla Hernández, que con el tiempo contrajo matrimonio con la doctora Fanny, ha venido ejerciendo la profesión de manera destacada, lo mismo que la cátedra universitaria. De él puede decirse que ha sido uno de los jueces más brillantes y consagrados que tuvo esa jurisdicción.

Ambos, han conformado una respetable pareja, que ha sido ejemplo de permanente y fraternal unión conyugal.

Miguel Méndez Camacho, quien además de juez, donde siempre se destacó por su preclara inteligencia y su alto sentido de equilibrio para aplicar justicia, con el tiempo ocupó posiciones de trascendencia local, nacional e internacional, que le permitieron descollar, tanto en el mundo diplomático, como en el académico y cultural.

Fue director del Instituto Nacional de Cultura, Decano de las Facultades de Periodismo y Cultura de la Universidad Externado de Colombia y agregado cultural de la embajada de Colombia en Argentina, durante varios años. Ha sido además directivo de la Casa de Poesía Silva, en Bogotá, lo mismo que destacado poeta, escritor, periodista y novelista de encumbrada pluma.

Finalmente, habré de referirme a Francisco Arb Bautista, quien además de haber sido un ponderado y respetado miembro del poder judicial, se distinguió por su seriedad, rectitud y éxito en el ejercicio de su profesión de abogado.

Considero necesario decir que, nuestra relación no se redujo al simple ámbito de administrar justicia. Al coincidir en que a casi todos nos gustaba practicar el fútbol, armamos un equipo aficionado, que empezó a ser conocido como el equipo del poder judicial.

Jorge Mora Peñaranda

De él entraron a formar parte, Luis Fernando Carrillo, quién era personero delegado en lo penal, del municipio, Orlando Arenas Alarcón, y Orlando Molina, jóvenes abogados litigantes de la ciudad.

El portero era el abogado David Vivas Jaimes, inspector superior policial, con sede en el mismo palacio. Gran amigo de Miguel Méndez Camacho, a quién cada vez que lo veía, solía saludar con una emocional y afectuosa frase que se me quedó grabada para siempre: “Miguelito Méndez, Miguelito Méndez”, acompañada de un efusivo y cordial abrazo.

En una ocasión, nuestro equipo jugó un preliminar con el equipo de Bavaria, en el estadio General Santander, como abreboca del que posteriormente deberían celebrar el Cúcuta Deportivo y el Independiente Santa Fe. Al tirarse a los pies de un atacante de Bavaria, para tratar de evitar un gol, dicho jugador, de manera accidental le rompió el buzo amarillo que esa tarde estrenaba David. Fue tal su reacción que enfurecido lo correteó por largo trecho, sin poder alcanzarlo.

Por último, debo decir que, desde entonces, he mantenido con ellos una permanente y respetuosa amistad, que me honra y dignifica, la que he sabido mantener en el tiempo, como símbolo de una valiosa relación que hasta ahora se mantiene incólume.

Fue una época en la que ostentar el rango de juez, era el mayor honor al que podría aspirar abogado alguno.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.




martes, 20 de diciembre de 2022

2169.- PERSONAJES QUE HAN PARTIDO

Jorge Saad Chauvez: prestigioso comerciante (La Opinión)

Su Almacén Saad fue uno de sus proyectos exitosos.

Jorge Saad Chauvez fue un conocido comerciante y empresario. Hijo de una familia libanesa aposentada en Colombia, nació en Bogotá el 8 de junio de 1941, ciudad donde cursó sus estudios primarios y secundarios en el Colegio San Bartolomé; al terminar su bachillerato cuando contaba solo con 19 años en 1960, se radicó en Cúcuta.

En ese entonces, bajo la sombra de su tío Elías Saad, comenzó su vida como comerciante, inicialmente al servicio de prestigiosas fábricas y marcas de ropa como Van Raalte y Manhattan siendo distribuidor de las mismas durante varios años, en la época en que comenzaba a florecer la ciudad como vitrina comercial para los venezolanos.

Posteriormente decidió independizarse y creó el Almacén Nápoli, comenzando ya la ciudad su mejor época comercial; posteriormente en vista del éxito que tenía el comercio local, abrió el Almacén Saad, en una de las esquinas más importantes de Cúcuta, proyecto también exitoso durante toda su existencia y que cuenta hoy en día con varias sucursales en los centros comerciales locales.

Fue Jorge un hombre pulcro en todas sus actuaciones, sin tacha alguna como padre y esposo, era también un excelente amigo y muy apreciado en los círculos sociales que frecuentaba.

Era muy bondadoso no solamente con su familia sino con mucha gente a la que ayudó durante su vida. En palabras de su esposa, “era un hombre irremplazable e inolvidable”.

Se casó muy joven con Fausille (Billy) Brahim Sus, descendiente también de familias jordanas en el año de 1962; de su hogar nacieron cinco hijos, todos profesionales destacados que son, Katrina, Consuelo, María Victoria, Jorge Isa y Ana María.

Falleció en Cúcuta el domingo 23 de septiembre de 2018.

El abogado Enrique Flórez Faillace (La Opinión)

Fue miembro del Directorio Nacional Conservador.

El abogado y dirigente conservador Enrique Flórez Faillace murió el 18 de enero de 2020 en Cúcuta a la edad de 92 años.

Estudió en el Colegio Provincial de Pamplona, se graduó como abogado de la Universidad Nacional y por varios años fue notario tercero de Cúcuta.

Fue un activo dirigente del partido Conservador en Norte de Santander, al que representó como diputado en la Asamblea Departamental y en la Cámara.

Estaba casado con doña Cristina Ana Ramírez y sus hijos son María Ximena, Francisco y Alfredo Enrique, éste último fue asesinado el 6 de octubre de 2003, en Cúcuta.

Por este hecho criminal fue condenado por el Tribunal Superior de Bogotá el ex-alcalde de Cúcuta, Ramiro Suárez Corzo, en fallo que ratificó la Corte Suprema de Justicia.

También fue miembro del Directorio Nacional Conservador.

Flórez Faillace fue socio activo por más de 50 años del Club del Comercio de Cúcuta, y uno de sus más antiguos miembros; también hizo parte de varias entidades y corporaciones cívicas y culturales, de Norte de Santander.

Remembranza del Profesor Pablo Mogollón (Isbelia Gamboa Fajardo - Somos la revista)


Desde la praxis de la química, a Pablo Pastor Mogollón Sánchez se le tenía el mayor de los respetos. Su acervo científico era demostrado con tal propiedad en las aulas de la Universidad Francisco de Paula Santander que nosotros, sus estudiantes, solo atinábamos al atesoramiento de una admiración profunda.

El profe Mogollón vio desfilar muchos universitarios y gran parte de ellos hoy reconocemos lo invaluable de su quehacer; cuando día a día impartía las clases en forma austera pero siempre con dominio del conocimiento, cuando era escaso ver su sonrisa porque seriedad impuesta en sus clases no daba pie a generar algún atisbo de distracción.

Esa condición es la que permitió a lo largo de muchos lustros que sus discípulos lo viéramos con una reverencia bien entendida hacia aquellos que profesan su labor con total dedicación y que logra tallar un buen recuerdo en nuestras mentes y ocupar un puesto relevante que todo excelente docente se merece.

Su figura en los pasillos era sinónima también de elegancia y amabilidad cuando con una leve inclinación de cabeza o tenue sonrisa decía buenos días.

Esas características de su personalidad le enaltecieron el ejercicio noble de la educación y ahora en su partida final deja reflejada en cientos de estudiantes sus enseñanzas.

Se ha cumplido el ciclo de la existencia del profesor Mogollón, pero ha dejado huella.

La Universidad Francisco de Paula Santander tuvo la fortuna de contar con su trabajo y reconoce lo importante que fue.

Es solo el ciclo natural de la vida, que llena de tristeza en estos momentos a su señora esposa Rosa Somavilla, sus hijos Pablo, Ruth, Daniel, nietos y demás familiares a quienes nuestro Señor dará la fortaleza necesaria para asimilar su ausencia física porque siempre estará en sus corazones.

Exdiputada Silvia Corzo Román (La Opinión)


La exdirigente conservadora Silvia Corzo Román, hermana del exsenador y embajador de Colombia en Cuba, Juan Manuel Corzo Román, falleció el viernes 22 de mayo de 2020 en Cúcuta, tras padecer una enfermedad que la afectó en los últimos años.

Corzo se graduó como diseñadora de interiores y posteriormente adelantó estudios de derecho en la Universidad Libre, seccional Cúcuta. Se especializó en Derecho Público y Alta Gerencia.

Durante varios años estuvo vinculada con el desarrollo de proyectos sociales y de atención a poblaciones vulnerables en Norte de Santander. Como parte de ese proceso participó en la creación de la Fundación Humanista Amiga de los Niños Enfermos del Hospital Universitario Erasmo Meoz (FHANE), creada el 20 de febrero de 1993.

La política también hizo parte de su larga trayectoria en la vida pública y fue así como en 2001 llegó a la Asamblea del departamento, a nombre del Partido Conservador, al cual militó desde siempre.

Todos recordamos a Sylvia Corzo Román cuando inició su lucha por el rescate de su hermano, el entonces congresista, Juan Manuel Corzo Román, secuestrado, junto con otros colombianos en un vuelo de Avianca. Recorrió el país, se metió al monte en busca de respuestas, buscó ayuda internacional, lloró e imploró al ELN para su liberación. Así llegó la época preelectoral y los amigos le dijeron que la única manera de conseguir respuestas era, metiéndosele al ruedo de la política. De esta manera llegó a su primer periodo como diputada a la Asamblea de Norte de Santander en el 2001. Mary Stapper-Somoslarevista.com.

Fue elegida para un segundo periodo consecutivo en esa corporación (2004-2007) y durante su último año como diputada tuvo la oportunidad de presidir le mesa directiva.

Después de su paso por la Asamblea, Corzo Román llegó en 2008 a la gerencia de Positiva Compañía de Seguros, en Norte de Santander, en donde estuvo hasta junio de 2014.

Entre 2015 y 2016 lideró la Secretaría de Cultura del departamento. Durante su permanencia en este despacho, la exdiputada tuvo a cargo la entrega de la renovada estructura de la Quinta Teresa.

Desde entonces, Silvia Corzo no volvió a figurar en la escena pública. Tras la aparición de su enfermedad viajó a Estados Unidos para ser operada y recibir tratamiento, y posteriormente regresó nuevamente a Cúcuta.

La exdirigente nortesantandereana fue velado en la Funeraria La Esperanza y fueron efectuadas sus exequias, teniendo en cuenta los nuevos protocolos que ha dispuesto el Gobierno, ante la emergencia sanitaria por covid-19.

El político Carlos Hernández Mogollón (La Opinión)


Carlos Eduardo Hernández Mogollón nació en Cúcuta en 1963. Por más de 20 años vivió en Villa del Rosario. Es el mayor de 4 hermanos y desde 1987 estuvo casado con Carolina Rosal García, con quien tiene 4 hijos.

Estudió en el Colegio La Salle de Cúcuta, de donde se graduó en 1979. En la Universidad Francisco de Paula Santander obtuvo el título de Contador Público. Magíster en Administración de Negocios de la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (UPTC), maestría que obtuvo con doble titulación en el Instituto Superior de Educación, Administración y Desarrollo de la Universidad Complutense de Madrid (España).

Cursó una maestría en Derecho Público en la Universidad Externado de Colombia, de donde también es especialista en Derecho Constitucional y Derecho Administrativo.

Empezó su vida pública siendo empresario cuando se postuló para conformar la junta directiva de la Cámara de Comercio de Cúcuta, donde fue electo como directivo para los periodos 2006 - 2008 y 2008 – 2010. Fue presidente Departamental en Norte de Santander de la Asociación de la Micro, Pequeña y Mediana Empresa (ACOPI), entre 2008 – 2009.

En 2010, Hernández Mogollón ganó un escaño en la Cámara de Representantes por Norte de Santander, al obtener más de 30.000 votos.

En su historial político también se recuerda que hizo parte del escándalo del parque Bavaria, por las irregularidades cometidas mientras se desempeñó como representante legal de la Corporación Parques Cúcuta entre febrero de 2008 y febrero de 2009.

Por este caso, en la Procuraduría le aparece registrada una sanción impuesta por el Ministerio Público que comprendía 10 meses de suspensión para el ejercicio de cargos públicos, y que se tradujo en una multa de $50 millones que Hernández Mogollón pagó.

En la Contraloría, también se le investigó como responsable de daño fiscal por el caso antes mencionado.

Fue director y propietario de la emisora La Voz de la Gran Colombia y tenía más de 20 años de experiencia en la industria del calzado.

El lunes 3 de agosto de 2020 falleció en Cúcuta este empresario y político nortesantandereano, Carlos Eduardo Hernández Mogollón. Había sido internado en UCI, luego de complicarse a causa de la COVID-19, enfermedad que le quitó la vida.

Pastor Castellanos exconcejal y exsenador (La Opinión)


Oriundo de Durania, Castellanos fundador de Apertura liberal y director de la revista Magazín de la Frontera, en donde desarrolló trabajos de investigación.

Justo Pastor Castellanos fue noticia en agosto de 2018, cuando el Juzgado Sexto Penal Municipal con Función de Conocimiento de Cúcuta profirió un fallo de primera instancia condenando al entonces director de la revista Magazín de la Frontera a 16 meses de prisión y una multa equivalente a 13,33 salarios mínimos, por el delito de calumnia, en perjuicio de Jensy Miranda Dávila.

La decisión judicial también estableció la inhabilitación para el ejercicio de derechos y funciones públicas por un periodo igual al de la pena.

Sin embargo, en noviembre de ese año, la sentencia quedó sin piso, luego de que en el trámite de la apelación, el Tribunal Superior de Cúcuta determinara que “la acción penal” en este caso ya se encontraba prescrita.

Castellanos había sido denunciado en 2015, luego de que en su medio de comunicación fuera publicado un artículo en el que relacionaban a Miranda con un posible negocio de tráfico de droga.

También lo cuestionaron duramente por las supuestas irregularidades que existieron en la selección de su empresa como ganadora del contrato del Programa de Alimentación Escolar (PAE).

El 14 de abril de 2021 falleció el dirigente político y periodista Justo Pastor Castellanos, quien fue concejal de Cúcuta y senador de Norte de Santander.

Trascendió que su muerte fue por causa natural, por su avanzada edad. A través de las redes sociales fueron diversas las reacciones de pesar por su partida a la eternidad, entre ellas la del expresidente y exsenador Álvaro Uribe Vélez, quien lo tildó de “noble amigo de décadas” y manifestó su solidaridad con su “querida familia”.

Doctor Luis Eduardo Lobo Carvalajino notable académico (La Opinión y otras fuentes)


El Doctor Luis Eduardo Lobo fue investigador, escritor, académico e historiador. Siempre dispuesto al diálogo, al análisis y al encuentro amistoso. Fue Vicepresidente y miembro de la Fundación Cultural El Cinco a las Cinco. Honor a su vida y sus obras.

Lobo Carvajalino fue un importante ingeniero mecánico egresado de la Universidad Industrial de Santander, quién ejerció con mucho decoro la docencia y la misión funcional de la administración académica como Decano y Rector en las Universidades Industrial de Santander y Francisco de Paula Santander, de docente y director del Programa de Ingeniería Mecánica de la Universidad Nacional de Colombia y de docente de la Universidad del Oriente en Venezuela.

Fue miembro de número de las Academias de Historia de Ocaña, de Santander, de Boyacá, del Táchira y de Norte de Santander, de la cual fungió como presidente. Además, Lobo Carvajalino fue presidente-fundador de la Asociación de Egresados de la UIS, hoy ASEDUIS, Representante de los Consejos Superiores de la Universidad Industrial de Santander, en nombre de los profesores y de la UFPS, en representación de los Ex rectores.

En la productividad intelectual del doctor Luis Eduardo Lobo Carvajalino se destacan: el libro “Mis pasos por la UIS, evocación y tendencia”, “Momentos y hechos en la Universidad Francisco de Paula Santander”, “Entorno histórico de la Provincia de Ocaña”, “Las viejas provincias y las nuevas subregiones”, “Poetas ocañeros de ayer y hoy”; “José Eusebio Caro y las Ibáñez” y “El Cable aéreo Ocaña-Gamarra”. Además, escribió muchas columnas editoriales, relatorías históricas y una importante cosecha poética.

Falleció el 7 de junio de 2021. Queda el recuerdo de su legado y obra de vida (compartió para las generaciones presentes y futuras su biblioteca de Ingeniería, la cual donó al servicio de la Biblioteca Pública Departamental “Julio Pérez Ferrero” en San José de Cúcuta).

Periodista Jesús Alberto Ramírez (La Opinión)

Jesús Ramírez

Era uno de los profesionales de más trayectoria en los medios de comunicación de la ciudad.

“Llevaba en su sangre la profesión de ser periodista”, así se refieren al periodista Jesús Alberto Ramírez sus colegas y amigos. El destacado comunicador de Cúcuta murió en esta ciudad el 4 de octubre de 2021 a sus 73 años, dejando luto en el gremio de los comunicadores sociales.

Parte de su larga trayectoria la desarrolló en Radio San José, en donde compartió con el también reconocido periodista Cicerón Flórez. Allí estuvo al frente del programa ‘Luces de la ciudad’. También trabajó en muchos proyectos de radio y televisión.

Jesús Alberto Ramírez igualmente pasó por RCN radio, Caracol Radio, La Voz del Norte y Tu Kanal, entre otros medios. De acuerdo con quien fue su adorada esposa Flor, Ramírez ejerció su profesión durante unos 50 años.

Mario Villamizar Suárez empresario, líder frontera (La Opinión y otras fuentes)

Mario Villamizar Suárez, reconocido académico, economista, 
historiador y empresario de Norte de Santander.

En su trayectoria empresarial y pública, Mario Villamizar se destacó como gerente del SENA de Norte de Santander, subdirector Nacional del SENA, vicepresidente de la Academia de Historia de Norte de Santander y consultor permanente de las entidades más importantes a nivel latinoamericano, por su amplio conocimiento en materia económica y de la dinámica fronteriza entre Colombia y Venezuela.

El líder fronterizo sobresalió por toda una vida de trabajo consagrado y ejemplar, dedicada a la construcción de región y con activa participación en los temas coyunturales para la sociedad nortesantandereana, desde su experticia en economía y como destacado miembro de la cultura regional.

Lo que dicen los amigos:

Antón de Roca Niz: No obstante, su endeble y brillante figura sucumbió por la malformación estructural de sus células. Se nos fue la figura cimera del economista, consultor empresarial de la elite de nuestro crepúsculo motilón. Otrora director del Sena quien lo proyectó a nivel nacional. El banquero insigne. Sus jocosos amigos dicen: “que cuando estaba entre su linaje se levantaba en puntillas para probar que tenía señorío”.

Otros lo recordamos por ser un extraordinario mamador de gallo y prueba de ello lo podrá dar su esbelta secretaria, que se encuentra compungida y con el alma a media asta por la partida de su entrañable jefe. Recuerdo que la última vez que hablé con él a la entrada de su oficina en el barrio Blanco, me invitó a comer el rico pan que vende de vieja data un ciudadano ejemplar en su bicicross.

Otros, dicen que se le recuerda porque era corto de codo, en síntesis, era un gran señor y caballero, descendiente de doña Ramona y don Carlos Julio, varones integérrimos que moldearon su personalidad con lingotes de oro. Allende esta la población histórica de Pamplona por su cultura y su alta religiosidad y de la encumbrada Chinácota, cuna de valores de nuestra prosapia que enaltecieron su consanguinidad.

No hay duda que el Divino Creador lo dotó de una consola cerebral inconmensurable; para descollar como banquero, como consultor de altos quilates de la élite local y de la construcción. Se le recuerda por la ideación del estudio del puente internacional de Tienditas, que sirve a la hermandad y la integración binacional.

Perteneció a la Academia de Historia de Norte de Santander, compartiendo sitial con el intelectual, escritor y ­ filósofo Juan Pabón Hernández y José Neira Rey. La última obra que publicó el principito Mario: se tituló Antonio Nariño, polifacético. No hay duda que es bien lograda por su calidad investigativa y calidez en la narrativa.

Era un gentleman con la gente de su estirpe. Se trasformaba en un Lord. Sus estudios de economía lo convirtieron en un gurú de las ­ finanzas locales, para recomendar inversiones. Era un gentleman y clubman, asistía a eventos sociales de cierta alcurnia, que para sobresalir tenía que empinarse dada su estatura.

Su enfermedad no le dio tregua, lo confinó por pocos días, en la Clínica Norte y allí fue tratado por su yerno, un ginecólogo, por su propio querer. A posteriori fue dado de alta, tuvo asistencia religiosa y se fue apagando su estelar vida de la mano de Dios.

Las honras fúnebres se efectuaron en la iglesia de las carmelitas, cuyo diseño arquitectónico lo elaboró el afamado arquitecto Juan José Yáñez Rey, que ganó premio Nacional de arquitectura. Acompaño de corazón a sus hijos, cónyuge, supérstite y demás familiares y en especial a mi padrino Álvaro Villamizar Suárez, quien es un referente en el sector inmobiliario, por su bien logrado Rentabien con proyección nacional y quien fuera formador de juristas, como Jairo Alberto Cuy Martínez, ¡a quien llama abogado próspero! ¡que Dios lo tenga en el santo cielo!

Gustavo Gómez Ardila: Lo juro: Jamás creí que Mario Villamizar Suárez fuera escritor. Y lo digo en serio. Porque hay gente que jura con mamadera de gallo, entre risas, y así nadie les cree. A decir verdad, Mario tampoco se daba ínfulas de escritor. El hombre era arrebatado, no podía estarse quieto un momento, y los escritores necesitan quietud, concentración, reposo, para escribir lo que quieren escribir, para recibir inspiración.

Mario era hiperactivo. Se sentaba, se levantaba, caminaba, daba tres pasos, volvía a sentarse y volvía a levantarse. Mi nona, cuando veía a alguien así, decía que tenía hormigas en el trasero. Una vez le murmuré en voz baja en una reunión de la Academia de Historia, de la que él era miembro de número: “¿Usted no puede estarse quieto un momento?”. “Es que me mortifica tanta pasividad –me contestó-, tanta palabrería y al final no se hace nada”. Ese era Mario Villamizar Suárez. Bueno para hacer. Malo para los discursos.

En cierta oportunidad nos quejábamos en la Academia, de que el espacio nos estaba quedando pequeño para tantas cosas: biblioteca, sala de eventos, reuniones de junta, sala de archivos, oficina… Al lado existía un local desocupado, allí donde alguna vez funcionó la oficina de Correos y telégrafos. Ni corto ni perezoso, Mario, el académico, el economista, el que fue gerente de un banco, el que llegó hasta la dirección nacional del Sena, el visionario de la ciudad, nos dio la solución:

-Pues tomémonos esa vaina, ese local. Abrimos una puerta por aquí –señaló el lugar y trazó la puerta con un marcador- y nos tomamos por la derecha ese pedazo de edificio que no está prestando ninguna utilidad. Cuando el gobierno se dé cuenta, ya nosotros nos hemos apoderado del inmueble, le hemos hecho mejoras, y ya no podrán sacarnos. Lo dijo con tanta convicción, con tanta seguridad, que todos nos quedamos perplejos ante la salida del académico ejemplar. “Cobardes –me dijo después-. En la vida hay que agarrar el toro por los cuernos y enfrentar lo que sea”. -Nos pueden meter a la cárcel, Mario. -No se atreverán, somos los guardianes de la historia.

Y por creerse el guardián de la historia y porque estaba decidido a sacar adelante la Academia de Historia de Norte de Santander, fue por lo que quería ser su presidente. Y sus intervenciones eran una andanada de críticas por lo que no hacíamos, dentro y fuera de ese vetusto edificio.

Y viendo que el tiempo pasaba y no se escuchaban sus planteamientos, se dedicó a escribir, pero el tiempo y algunos achaques no le permitieron sacar a la luz todo lo que escribía. Llegó a la vicepresidencia de la Academia y la pandemia también llegó, y el asunto se complicó.

Hoy, gracias a la labor de su esposa Mariela Sandoval, y de sus hijos Julio Mario, Ximena y Marcela Villamizar Sandoval, y al empeño que ellos le han puesto para que no se borre el recuerdo de su esposo y padre, contamos con dos valioso libros: Bolívar admirable, y Del bastón de doña Águeda al florero de Llorente, que recogen algunos de sus escritos, donde se muestra que yo estaba equivocado: Mario Villamizar Suárez, además de economista, ejecutivo, ingeniero militar, docente universitario, hombre de visión futurista y de grandes proyectos para la región, era un gran historiador, escritor e investigador.

Mario se fue temprano, pero nos quedaron su ejemplo, su constancia, sus admirables “locuras”, su querer hacer cosas, su amor por la ciudad y su imagen de bravucón por fuera, pero bueno por dentro. Ahora tenemos sus libros. ¡Para leerlo y no olvidarlo!

Falleció en Cúcuta el 12 de octubre de 2021.

Abogado y docente cucuteño Ángel María Corzo Labrador (La Opinión y otras fuentes)


El académico Ángel María Corzo Labrador estuvo vinculado a varias instituciones educativas como profesor de Derecho Laboral, entre ellas la Universidad Libre y la Fundación de Estudios Superiores Comfanorte (FESC). El egresado de la Unilibre prestaba asesorías laborales a varias empresas en la ciudad.

La FESC resaltó, a través de las redes sociales, “su compromiso, dedicación y valiosos aportes que contribuyeron significativamente al crecimiento de nuestra institución”. Sus amigos y allegados lo recordaron como una excelente persona y profesional.

Su padre, Ángel María Corzo Yáñez, fue un músico y compositor muy conocido en Norte de Santander. La partida de Ángel María Corzo deja un hondo vacío en sus hermanos Josefa, Jaime, César Jesús y Luis ya fallecido. Su compañera en los últimos 25 años, fue Susana Yáñez Carvajal.

Estudió en el colegio La Salle de donde salió bachiller en 1963. En su juventud se destacó como buen deportista y gozó de mucha popularidad entre sus compañeros, amigos y amigas, que mantuvo durante todo el trayecto de su vida.

Nacido en Cúcuta el abogado y reconocido docente universitario, falleció el día 22 de diciembre de 2021, a los 78 años, por una enfermedad que lo aquejó repentinamente, cuyos restos fueron sepultados en Jardines de Los Olivos-San José.

Carlos Corredor Pereira, vicerrector de la Universidad Simón Bolívar (La Opinión)


Carlos Corredor Pereira, quien en sus últimos años se desempeñaba en Cúcuta como vicerrector y miembro de Sala General de la Universidad Simón Bolívar. Fue químico de la Universidad Tennessee Wesleyan, máster en Ciencias de la Bioquímica Médica, de la Universidad de Missouri. Ph.D. en Bioquímica de la Universidad de Duke en Estados Unidos.

A la Universidad Simón Bolívar, en Barranquilla, llegó en el 2012 asumiendo el cargo de decano y fundador de la Facultad de Ciencias Básicas y Biomédicas y posteriormente, director de la Maestría en Genética. Además, por sus sendas cualidades y extensa formación, se convirtió en miembro de la Sala General. En el 2017 fue trasladado a Cúcuta por ser el profesional idóneo para la vicerrectoría de la sede, la máxima autoridad de la Institución de Educación Superior en la ciudad fronteriza.

De hecho, su desempeño le mereció ser honrado con varios reconocimientos, entre ellos la Medalla Simón Bolívar, otorgada por el Ministerio de Educación Nacional; la Orden Javeriana de Honor en el Grado de Comendador; premio a la Obra Integral de un Científico de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; primer recipiendario de la medalla "Águila de la Ciencia” concedida por la Asociación Colombiana de Ciencias Biológicas; reconocimiento como Servidor Meritorio de la Educación Superior, por la Asociación de Instituciones de Educación Superior de Antioquia, ASIESDA y la Agencia de Educación Superior, SAPIENCIA; premio Servidor Público Distinguido de la Asociación de Universidades del Valle de Aburrá; premio a la Vida y Obra de un Asociado de la Asociación Colombiana de Ciencias Biológicas.

Fue nombrado miembro de grandes instituciones académicas y científicas como la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales (ACCEFYN); la Real Academia de Ciencias de Madrid; la Academia de Medicina del Valle; la Academia Nacional de Medicina; la Asociación Colombiana de Ciencias Biológicas; la Asociación Colombiana para el Avance de la Ciencia; la Asociación Colombiana de Facultades de Ciencias; la Sociedad Española de Bioquímica; the American Association for the Advancement of Science; la Academia de Historia de Norte de Santander; presidente emérito del Círculo de Periodistas de Norte de Santander y columnista del diario La Opinión de Cúcuta.

Su incansable espíritu científico, promotor de la investigación de los problemas locales y defensor del acceso a la educación de calidad para la formación de profesionales idóneos al servicio de la sociedad, lo hicieron pertenecer a grupos como la Asociación Panamericana de Bioquímica; la primera Comisión Nacional de Doctorados y Maestrías y la Comisión Nacional Intersectorial de Aseguramiento de la Calidad de la Educación Superior (CONACES).

El 11 de abril de 2020 a los 85 años, Corredor Pereira se conoció el fallecimiento por muerte natural a raíz de complicaciones por deterioro de su salud. A ese momento era vicepresidente de la Junta Directiva de la Fundación Cultural ‘El 5 a las 5’.

Luís Alberto Santaella Ayala, años en la Cámara de Comercio de Cúcuta (La Opinión)


Santaella se desempeñó por más de 20 años como director Ejecutivo de la Cámara de Comercio de Cúcuta.

Durante su larga trayectoria en el sector público y privado se destacó como un hombre ejemplar, con vocación de servicio y comprometido con los proyectos de alto impacto para el desarrollo regional.

Con su trabajo, Santaella contribuyó al crecimiento del gremio comercial y empresarial de nuestra región.

A nivel académico, Luis Alberto, fue abogado del Externado de Colombia, especializado en derecho comercial y público.

Se desempeñó como Subsecretario de Gobierno de Cúcuta, secretario de Desarrollo del departamento y fue Gobernador encargado. Además, fue director de la oficina jurídica del departamento, jefe de personal nacional del seguro social, secretario general de la empresa de Servicios Públicos de Bogotá, gerente de los almacenes generales de depósito Almaviva.

Fue profesor universitario, director ejecutivo de la Cámara de Comercio de Cúcuta y miembro de la Comisión de Integración Fronteriza Colombo-Venezolana.

El domingo de pascua 17 de abril 2022 en la tarde, se confirmó la lamentable noticia sobre su fallecimiento del abogado Luis Alberto Santaella Ayala, quien fue director ejecutivo de la entidad cameral por más de dos décadas.

Roque Abel Peñaloza Adder, histórico del baloncesto (La Opinión)


Roque Peñaloza 'El pequeño gigante' fue un destacado basquetbolista de la Selección Norte y la Selección Colombia.

Odontólogo de profesión, Peñaloza fue miembro de la Selección Norte y la Selección Colombia en las décadas de los 50 y 60, cuando a Cúcuta se le denominaba la ciudad basquetera del país.

Apodado 'La fiera' y también 'El pequeño gigante', Roque fue un hombre que supo representar al departamento y al país con su gallardía en la cancha, agilidad y su rol de armador con gran visión periférica.

A Peñaloza lo bautizaron como 'El pequeño gigante' en el suramericano de 1957, disputado en Santiago de Chile. A sus 20 años, el cucuteño fue revelación en el certamen ganándose la admiración de la prensa deportiva especializada de la época.

"Roque lo recuerda, a pesar de alegar estar volviéndose olvidadizo, aquel juego con Uruguay que de haberse ganado llevaría a Colombia al mundial de México 1958. Faltaban pocos segundos, se perdía por un punto, con su visión periférica, ve que Édison Cristopher se cruzaba hacia la cesta. Le envía el pase, pero lo que debió ser algo fácil de convertir fue fallado. Solo había que embocarla. Nunca estuvo tan cerca Colombia de asistir a un mundial. Lo único en lo que no estuvo presente en su carrera que, se inicia como jugador representando al Colegio Sagrado Corazón de Cúcuta del que egresó bachiller en 1957", escribió Luis Carrillo, en 2020, en una nota de la separata Imágenes, de La Opinión.

Peñaloza fue jugador de las selecciones Colombia en los Juegos Bolivarianos, Centroamericanos, suramericanos y Panamericanos, luciendo siempre el dorsal 14. Era un jugador con gran capacidad de salto con solo 1.75 mt de estatura, visión periférica que le permitía tener el juego en su cabeza, su gran lanzamiento y pundonor a toda prueba.

Tras su paso como deportista, alcanzó en 1978 la dirección de Coldeportes en Norte de Santander. Su paso por el deporte rojinegro le fue merecedor de múltiples homenajes y reconocimientos.

El 5 de mayo del 2022, falleció Roque Abel Peñaloza Adder a los 85 años de edad, una de las glorias del baloncesto del país.

Luis Fernando Carrillo, ex-fiscal del Tribunal Superior (La Opinión)


El abogado Luis Fernando Carrillo nació en Cúcuta el 3 de febrero de 1940. Realizó realizó sus estudios de primaria y secundaria en la ciudad, luego emprendió un viaje a Bogotá para formarse en la Universidad Libre, de donde se graduó como abogado en 1967.

Durante el ejercicio del derecho, ocupó varios cargos, entre los que se destacan el de juez municipal, fiscal del Tribunal Superior y asesor jurídico del Tribunal de Ética Médica de Norte de Santander por varios años.

Además, estuvo en el grupo de fundadores de la Universidad Libre de Cúcuta, donde fue decano de la Facultad de Derecho y secretario académico de la misma. Fue también participante de la academia, siendo profesor en la Universidad Francisco de Paula Santander.

Formó su hogar con Lelis Magaly García Rozo en 1988, con quien tuvo una hija llamada Angélica Estefanía.

Luis Fernando Carrillo Rincón, quien fue columnista destacado de La Opinión por más de 20 años. Se recuerda que su último escrito fue publicado el 4 de febrero del 2020, y se tituló “Los que se fueron”, donde se refirió a varios de sus amigos que ya habían fallecido hace un tiempo.

EL 10 de mayo del 2022, los cucuteños lamentaron el fallecimiento del abogado. Sus restos fueron velados en Los Olivos, Sala San Martín, sede de la calle 14 y sus exequias se realizaron el jueves 11 de mayo, a las 3 pm. en la iglesia del Espíritu Santo.

Jairo Ortiz, transformó el Canal Tro


El Comunicador Social Jairo Ortiz Rico, gerente del Canal TRO durante el periodo 2002-2007, nacido en Pamplona el 12/10/64 y falleció en Bucaramanga el 22 de agosto de 2022, donde logró transformar la televisora del oriente.

Lo tildaban de loco porque "soñaba en grande, quería que el canal tuviera su propia sede, su propio satélite y una planta de personal que superara las 200 personas" dijo en una entrevista al programa ´Café de la mañana´ el año pasado cuando se cumplieron los 25 años del Canal TRO de estar al aire.

Precisamente esa fue su mayor satisfacción: ver cristalizado todo lo que proyectó desde que asumió las riendas de este medio de comunicación que reúne a los dos Santanderes en una misma pantalla.

En esa entrevista recordó que recibió una sede en un segundo piso donde se trabajaba de manera artesanal y donde solo se metían cassettes y se emitían grabaciones de 6:00 a 8:00 de la mañana y de 12 a 2:00 de la tarde.

"La orden era liquidarlo porque tenía un gran déficit económico y las cuentas estaban embargadas, pero empecé a gestionar en Bogotá y jalonar recursos" para resucitarlo. Y lo logró.

Hoy, 26 años después empezaron los reconocimientos de esa callada labor. Incluso dijo que para "ir a Bogotá le tocaba viajar en bus porque no había presupuesto".

Jairo Ortiz también se desempeñó como corresponsal del periódico La Opinión, antes de presentar su nombre a consideración para gerente del Canal TRO.

Ortiz Rico, no solo consiguió la nueva sede donde opera el Canal TRO a todas sus anchas, sino que también hizo, en el 2003, la primera transmisión en directo de la Semana Santa de Pamplona, su tierra natal, y a donde había regresado a trabajar en la empresa Empopamplona.

Su cuerpo fue velado en la funeraria Los Olivos y el 24 de agosto del 2022, se llevó a cabo la misa por su eterno descanso en la Iglesia de San Pedro Claver de Bucaramanga.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.