PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

Terremotero -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

lunes, 30 de abril de 2012

165.- EL ALMACEN TIA


Gerardo Raynaud D.



Tradicionalmente Cúcuta ha exhibido su tradición mercantilista y su vocación comercial. Desde tiempos inmemoriales, esto es, desde antes de la llegada de los conquistadores, los indígenas que poblaban esta región intercambiaban sus productos con aquellos que habitaban las zonas ribereñas aledañas al gran lago de Coquivacoa. Desde mantas tejidas, plantas medicinales y alimentos, como la quina y el cacao, eran intercambiados por sal y productos propios de la región.

Los nativos del llamado Pueblo de Cúcuta, en la zona que hoy conocemos como el barrio San Luis y quienes fueron los primeros pobladores, mantenían una estrecha relación con sus pares de las zonas altas de la cordillera que se introducía en el territorio de la Capitanía General de Venezuela, de ahí que no sea de extrañar las vinculaciones de parentesco entre los integrantes de la población de este reducto fronterizo.

Erigida la ciudad por el noble gesto de doña Juana, la prosperidad no se hizo esperar y en pocos años de pueblo se pasó a villa y luego, con la ayuda de la naturaleza, se pasó a ciudad. Su condición de “cruce de caminos” entre Caracas, Maracaibo y Santafé contribuyó especialmente a este desarrollo.

Sabemos que se establecieron grandes casas de comercio europeas, principalmente italianas y alemanas atendiendo las facilidades de la vía marítima Hamburgo Maracaibo y de allí a la capital del Virreinato pasando por los principales poblados  de la época como lo eran Pamplona, El Socorro y Tunja antes de llegar a Santafé.

El hecho es que en todo ese trayecto, los extranjeros fueron creando oficinas y sucursales de sus empresas una vez consolidaban su mercado. Las grandes distribuidoras tenían sus sedes en las cuatro esquinas del Parque Santander y en sus alrededores disputándose su clientela a punta de promociones y de calidad de sus productos, nada diferente de los ocurre hoy en día.

Claro en el principal negocio no consistía en la venta de las mercaderías sino en la compra de los productos de exportación como lo eran, al principio, el cacao y la quina y posteriormente tabaco y café.

Siempre tuve la inquietud por saber la razón de la desaparición de tan prósperos negocios hasta que descubrí que el motivo principal había sido consecuencia de las guerras mundiales. 

Estos antecedentes para ambientar el impulso que sufrió el comercio local luego de la desaparición de las casas comerciales extranjeras. Terminada la segunda gran guerra, la escasez era la nota predominante.

El único gran almacén existente en la ciudad durante los años cincuenta era Tito Abbo Jr. en la esquina de la avenida quinta con calle doce que logró sobrevivir las severidades de la guerra pero que se quedó sin qué vender, porque la Europa de donde provenían sus mercancías había quedado destruida y por lo tanto, condenado a cerrar por sustracción de materia.

El país, que a pesar de haber declarado la guerra a las naciones del eje, estaba iniciando una etapa de holgura y las empresas comenzaron a expandirse por todo el territorio nacional y Cúcuta constituía un atractivo especial por su vecindad con Venezuela, por su gran potencial a raíz de sus recientes descubrimientos petroleros.

Los almacenes de Luis Eduardo Yepes “LEY” fueron los primeros en detectar esa oportunidad y adquirieron las instalaciones de Tito Abbo Jr. e implementaron su conocido almacén.

Por esa misma época, unos reconocidos comerciantes, Federico Deutsch y Kerel Steuer de origen checo, al parecer con la colaboración de inversionistas de origen judío, copiaron literalmente el esquema de localización y se constituyeron en su principal competencia.

Habían llegado de Europa donde eran dueños de los almacenes “Teta” que en checo hace referencia a la “Tía Navidad” y se habían extendido a los países vecinos, Rumania y Yugoslavia hasta que las desventuras de la guerra hizo que se mudaran a la fría, pero hospitalaria Bogotá. 

El primer almacén, inaugurado el 13 de octubre de 1940, se ubicó en el centro de la capital y aún funciona hoy en día. Aunque el modelo de organización comercial era complemente diferente, las dos empresas compartían los lugares comunes en ciudades como Bogotá, Cali, Bucaramanga, entre otras y por eso no tardaron en poner sus ojos en Cúcuta.

Ya instalado el LEY, se inició la negociación con los señores Buenahora, propietarios del inmueble ubicado justo enfrente de su competencia y vecinos de otro gran almacén de entonces, el LECS. La construcción se hizo en tiempo récord, pues para finales del primer semestre de 1967 el almacén TIA (Tiendas Industriales Asociadas) estaba construido y listo para entregarlo al servicio de cucuteños y venezolanos.

Así, el viernes 30 de junio de 1967 se inauguró oficialmente el almacén TIA Cúcuta. En ceremonia que congregó a las autoridades civiles, militares y eclesiásticas cortó la cinta inaugural uno de los propietarios, el señor Tomás Steuer. El local fue bendecido por el párroco de la catedral el infaltable R.P. Daniel Jordán.

El discurso de apertura corrió por cuenta del asesor jurídico de la compañía Dr. Enrique Arrázola. Entre los principales invitados estaban el gobernador Gustavo Lozano Cárdenas y el Alcalde Eustorgio Colmenares quienes con los demás asistentes degustaron la copa de champaña que había sido destinada para el efecto, mientras recorrían las 32 secciones en que se había dividido el almacén para exhibir los miles de artículos, ofertas espectaculares y todos los artículos de primera necesidad, que según rezaba la propaganda, estaban a precio de costo.

El recorrido terminaba en la maravillosa lonchería, al fondo del almacén, donde los participantes del evento se habían congregado para escuchar las explicaciones de los administradores del local.

En este caso, como en los muchos y frecuentes que ocurren en nuestra ciudad, fue nombrado gerente del almacén el señor Óscar Gómez quien fue traslado del almacén de la ciudad de Bucaramanga. El slogan del almacén era “TIA Ltda. el popular entre los populares”.

Algunos años más tarde y aprovechando la gran afluencia de compradores venezolanos, del segmento de la población de más bajo poder adquisitivo, de aquellos que vienen en “carrito” y que llegan o más bien, llegaban a la Central de Transportes y disfrutando de los beneficios de la alta cotización del bolívar, dentro de su política de bajos precios o precios populares, almacén TIA Ltda. abrió un nuevo establecimiento en los alrededores de la Central, en la esquina de la calle segunda con avenida séptima, que duró muy poco tiempo y si no me falla la memoria fue hasta la siguiente gran crisis de 1983.

Nota del recopilador.-

Cierre de los Almacenes Tía (Jorge Andrés Ríos)

La noticia del cierre en el país de Almacenes Tía, cogió por sorpresa a todo el mundo, incluyendo a los empleados de la marca que, como los clientes, se estrellaron literalmente con esta decisión.

En Cúcuta en el Tía de la avenida 5ª entre calles 11 y 12, los más de 40 empleados que tenía la empresa trabajaron normalmente hasta el miércoles 22 de noviembre de 2017. Ese día, al finalizar la jornada, les dijeron que al siguiente día tenían que asistir todos a una reunión a las 8 de la mañana en un hotel de la ciudad. Hasta ahí, aunque extraño, nadie se imaginaba lo que iba a suceder.

Todos, conforme a la orden, llegaron temprano a la cita. Pasaron casi dos horas y nadie llegaba. “Ya nos íbamos a ir, pero a las 10 de la mañana nos pusieron un video, donde hablaba un señor ahí, que nos dio la noticia y las gracias por haber hecho parte de esta familia. Eso sobre todo para las que llevaban muchos tiempo”, contó una de las afectadas que trabajó los últimos tres años para la marca.

El que hablaba en el video y daba las gracias era Antonio Menier, quien básicamente les explicó que la empresa ya no era capaz de seguir en el mercado, “no daba más”.

Aunque la decisión es un tema de orden nacional, en Cúcuta la marca venía perdiendo terreno desde hace varios años y sobretodo, sufriendo la inestabilidad del mercado fronterizo, lo que le había significado pérdida de clientes y reducción de las ventas, por la dificultad de competir especialmente contra el precio de los productos venezolanos.

De esta manera termina una historia de 50 años de Almacenes Tía en Norte de Santander, una empresa que llegó en 1967 a la región, para hacerle competencia directa al almacén Ley, que estaba ubicado justo al frente, el mismo que en ese momento es el Éxito.

En el país los almacenes Tía tenían 19 puntos de venta, todos ahora, como dice el letrero en Cúcuta, ‘cerrados por inventario’.

De acuerdo con la información publicada por El Espectador, la empresa había registrado pérdidas mayores a $12.000 millones en los  últimos años. Aunque en 2016 los activos habrían sumado $19.500 millones, los pasivos $12.700 millones y el patrimonio calculado era $6.700 millones.

Con esta decisión, que llegó unos días antes de iniciar las festividades navideñas, se quedaron sin empleo más de 500 personas, todas cabezas de familia con más de dos personas a cargo, aseguró en una entrevista a Caracol Radio, Luz Mary Sánchez, presidenta del sindicato, quien además manifestó que nunca les avisaron ni les tuvieron en cuenta para plantear alguna solución.

Al final, la empresa que inició en Colombia en 1940 cumpliendo 77 años de historia en el mercado nacional, se va por los problemas financieros y la falta de competitividad con los nuevos integrantes del mercado.

A los empleados, al parecer, se les ofreció un plan de retiro voluntario con una compensación por el tiempo de servicio.



Recopilado por : Gastón Bermúdez V.




domingo, 29 de abril de 2012

164.- EL SEMINARIO MENOR DE CUCUTA


Gerardo Raynaud


Inicio del seminario

Desde el mismo momento de la creación de la diócesis de Cúcuta y según lo estipulaba la misma Bula del papa Pío XII, en la que el pontífice había determinado, “queremos que el obispo de Cúcuta funde lo más pronto posible un seminario menor, según las normas establecidas por el derecho canónico”, uno de los objetivos que se propuso el nuevo obispo, Luis Pérez Hernández fue impulsar las vocaciones, sin embargo, su trabajo apostólico no le alcanzó para dar inicio a las actividades materiales y le cupo el honor a su sucesor, el excelso obispo Pablo Correa León,  quien realizó la bendición de la primera piedra del que posteriormente sería el Seminario Menor de Cúcuta, el 29 de agosto de 1961. 

Ambos prelados siguieron las instrucciones consignadas en el canon 1534 del catolicismo en el que se lee que “todas las diócesis deben tener en un lugar conveniente, escogido por el obispo, su seminario o colegio en el cual, conforme a las posibilidades y amplitud de la diócesis, se forme cierto número de jóvenes para el estado clerical.”

Luego de cinco años, durante los cuales se fueron realizando los estudios y ajustes necesarios para obtener las autorizaciones correspondientes y con ocasión de la celebración de los primeros diez años de la fundación de la diócesis, el 26 de mayo de 1966 se inauguró, con toda la solemnidad y la pompa que caracteriza a la iglesia católica, el Seminario Diocesano, rodeado por todo su clero, por los benefactores del seminario, los alumnos acompañados de sus padres y de los excelentísimos señores, arzobispo de Nueva Pamplona y obispos de Bucaramanga, Barranca, Ocaña y San Cristóbal y el señor prelado Nullius  del Catatumbo.

Este último, para mayor conocimiento de mis lectores, es un cargo similar al del obispo, a cargo de un territorio, no establecido como diócesis, en el cual realiza todo lo que es jurisdicción de un obispo, excepto lo propio del orden episcopal. Fue convertida en la diócesis de Tibú, en 1998 por el papa Juan Pablo II, doce años después que esta región fuese elevada a la condición de municipio.

A la inauguración del Seminario, asistieron además de los anteriormente mencionados, las primeras autoridades del departamento y del municipio, así como los comandantes de los cuerpos armados acantonados en el lugar.

En las instalaciones del seminario, donde además se estrenaba la capilla y el oratorio, se cumplió el acto inaugural en el cual, el punto central es la concelebración de una misa por los siete prelados asistentes, número sacro que recuerda los siete dones del Espíritu Santo.

En el primer sermón oficiado en el seminario, el obispo Pablo Correa se dirigió a los participantes con unas bellas palabras de las cuales extractamos algunos apartes:

“Es este un acto de trascendencia suma en la vida religiosa de una diócesis y en la vida cultural de un pueblo. La palabra seminario viene del latín y significa semillero; es allí donde la Iglesia cuida con mano delicada por lo maternal, la semilla divina de la vocación al santuario que Dios providente, va sembrando en el corazón de los niños y jóvenes generosos que sienten en su ser desde la primavera de la vida el ideal de consagrarse a Dios, a quien servir es reinar.

 Acto de trascendencia para la vida religiosa de una diócesis, sin sacerdotes no hay predicación, origen de la fe, sin sacerdotes no hay culto divino para honrar a Dios, el sacerdote encarna el evangelio y su sola presencia es la promulgación del decálogo.

El seminario es fuente de cultura. La Iglesia exige al sacerdote grandes y prolijos estudios en humanidades, ciencia, historia eclesiástica y profana, así como derecho, liturgia, oratoria y lenguas clásicas y modernas.”

La ceremonia inicial culminó con una recepción social ofrecida por la curia diocesana a los prelados visitantes y a todas las personas e instituciones que contribuyeron desinteresadamente a la obra.

Siguiendo el protocolo establecido por la Iglesia, el día de la iniciación de labores, el obispo de la ciudad expidió el decreto que corresponde a la erección canónica del Seminario Menor de Cúcuta, decreto refrendado por el Canciller de la Diócesis, el recordado padre Carlos Martínez.

En el decreto se hace alusión a las normas recientemente modificadas por el Concilio Vaticano II, en las cuales establece que en estos establecimientos “su género de vida sea la conveniente a la edad, espíritu y evolución de los adolescentes y conforme a las normas de la sana psicología, sin olvidar la experiencia de las cosas humanas y la relación con la familia y que los estudios se organicen de modo que puedan continuarlos, sin perjuicio, en otras instituciones si cambia de género de vida.

A partir de estos preceptos, el seminario queda facultado para impartir enseñanza secundaria a todos los jóvenes de la ciudad y el territorio de la diócesis, siguiendo el “pensum oficial”, esto es, el establecido por el Ministerio de Educación Nacional, de manera que los alumnos que demuestren inclinaciones y aptitudes para el sacerdocio, puedan continuar sus estudios propiamente eclesiásticos en un seminario mayor y los demás, quedan intelectual y moralmente formados para servir en el laicado como cristianos integrales.

El decreto también establece, que de acuerdo con el canon 100, se le concede personería moral eclesiástica, lo cual le permite ser reconocido como institución de educación religiosa y recibir todos los beneficios que para tal fin están definidos en la Iglesia Católica.

Para ese primer año de labores, el colegio tenía abierto tres cursos; quinto de primaria, primero y segundo de bachillerato, en los cuales se matricularon cuarenta y ocho estudiantes y que se consideran los alumnos fundadores, el rector y vice-rector eran los sacerdotes Eduardo Trujillo y Guillermo González, los profesores seminaristas Enrique Botello y Gonzalo Pérez y el director espiritual, padre Ignacio Latorre.

Entre los fundadores, sólo nombraré algunos, por razón de las restricciones de espacio y espero me excusen quienes no sean nombrados.

Entre otros estaban, en quinta elemental, Antonio Vicente Granados, Carlos Humberto Montañez, Pablo Emilio Vanegas y Luis Carlos Lázaro; en primero, David y Eduardo Almeida, Álvaro y Antonio Ochoa y Daniel Terán.

En segundo de bachillerato y quienes serían los primeros Bachilleres; de este grupo inicial de 16 estudiante terminaron 13, entre quienes figuran, Emel Arévalo y Germán Eduardo Parra, quienes serían los primeros sacerdotes egresados, Hugo Álvarez, los ingenieros Alfonso Palacios y Álvaro Castro, profesionales en diferentes especialidades como Kiko Vargas, Ramón Vidal, Eduardo Peñaranda, Jaime Chaparro, Rafael  Botello y el abogado agropecuario Pedro Roa.  De este grupo, dos fallecidos, Aníbal Díaz y José Rafael Balaguera.

Primeros bachilleres

Durante la década de los años sesenta se presentó en la ciudad un período de prosperidad, como consecuencia de los cambios políticos surgidos en ambos países, al transitar por la nueva senda de la democracia luego de años de turbulentos episodios de dictaduras y regímenes autocráticos que por igual se presentaron tanto en Colombia como en Venezuela.

Al final de los cincuenta, ambas naciones se habían sacudido de estas incómodas situaciones y emprendido el camino de la democracia participativa casi simultáneamente pues la diferencia fue de escasos meses entre los años 58 y 59 del siglo pasado.

En las crónicas anteriores hicimos referencia de algunos de los colegios, tanto masculinos como femeninos, que han sido o que fueron tradicionales en la Cúcuta de antaño.

Sin embargo, algunas necesidades faltaban aún por satisfacer además de las profesionales que comentábamos, debido a la falta de universidades, razón por la cual quienes querían seguir sus estudios profesionales no les quedaba más opción que trasladarse a las grandes capitales o al exterior.

Algunos optaban por universidades venezolanas aprovechando su condición de doble nacionalidad, que dicho sea de paso, entonces era ilegal.

Faltaba pues, la satisfacción de las necesidades espirituales. Las vocaciones religiosas eran orientadas desde la curia hacia los seminarios de las otras ciudades y en el caso local hacia el Seminario Mayor de Pamplona.

La sensible disminución de las vocaciones sacerdotales fue un tema que a mediados del siglo pasado preocupaba seriamente a la iglesia católica. El Vaticano trató y evaluó el tema buscando la fórmula que impulsara nuevamente el gusto por las carreras religiosas y luego de un largo y profundo análisis concluyó que las vocaciones no solamente nacían con el individuo sino que también podían adquirirse y cultivarse con el tiempo y con dedicación, pero se le debía ayudar a la persona a forjar su personalidad y su juicio religioso desde la más temprana edad.

Fundamentados en esta lógica y con la ayuda posterior de las reformas realizadas en el Concilio Vaticano II, la iglesia católica inició la propagación de sus seminarios menores que no eran más que otros colegios, pero con énfasis en el desarrollo de los temas de la Fe Cristiana como prioridad académica.

Si mal no recuerdo, en sus comienzos, el Seminario Menor estaba ubicado en una casona alejada del “mundanal ruido” entre la autopista a San Antonio y la carretera antigua a San Antonio, en una finca llamada Los Cujíes. Esa localización no les permitía facilidades a los futuros estudiantes, ni era atractivo por la lejanía así que hubo que pensar en una ubicación que llenara las expectativas tanto de la comunidad estudiantil como de la curia diocesana y esa se dio con las instalaciones que fueron adaptadas en su sede de la Quinta Oriental (1986) en un centro equidistante de los más diversos complementos.

El impulso dado por monseñor Pablo Correa León fue decisivo y en febrero del  66 iniciaba labores con unos sesenta estudiantes distribuidos en tres cursos entre quinto de primaria y segundo de bachillerato, muchos de ellos venidos, especialmente, de los pueblos del departamento, verdadero semillero de vocaciones y esperanza de sus progenitores.

El rector, reverendo padre Eduardo Trujillo, era el encargado de la dirección académica. En lo espiritual, el guía era el presbítero Juan Ignacio Latorre; la mayoría de los profesores eran sacerdotes, entre los que se recuerdan, Laureano Ballesteros, Reinaldo Acevedo, Eloy Mora y Adolfo Villasmil entre otros, además de maestros de la talla del ingeniero Víctor Andrade en física y del Hermano Camilo, Lasallista, profesor de química.

Por fin, recorrido el arduo camino de los estudios de bachillerato, 13 jóvenes culminaron con éxito y obtuvieron su correspondiente cartón. No puedo asegurar contundentemente que el objetivo principal se haya conseguido, pues al revisar los resultados, podemos observar que sólo dos estudiantes siguieron la carrera del sacerdocio, lo que matemáticamente da algo más del 15%.

Habría que profundizar hasta el día de hoy, cuarenta años más tarde y aplicar la misma fórmula para determinar la proporción de cumplimiento. Pero independientemente de los resultados, esta crónica es un homenaje a quienes fueron los pioneros de una experiencia que hoy se replica en todos los rincones del mundo, particularmente en los países con presencia de la Iglesia Católica.

Entre los primeros egresados, como ya dije, están dos sacerdotes: Hemel Arévalo y Germán Eduardo Parra, párrocos en sendas iglesias locales; dos ingenieros civiles, reconocidos por sus amplias trayectorias como constructores que son: los ingenieros Alfonso Palacios Mora y Álvaro Castro Valencia; el administrador de Empresas Luis Ernesto Vargas Cuberos y los educadores Ramón Vidal Ortiz y Hernando Peñaranda.
Un médico autoexiliado del cual no se tiene noticias recientes Jaime Chaparro Jaime y el estudioso Rafael Darío Botello Ortega, quien primero estudió licenciatura en Biología y Química y luego ingeniería mecánica, más o menos similar al administrador de empresas agropecuarias Pedro Vicente Roa Cornejo quien al parecer, descontento y desilusionado de su profesión, optó por el derecho como nueva carrera profesional y dicen quienes lo conocen, que en ella se mueve como pez en el agua.

Mención especial merece Hugo Eliécer Álvarez Sanjuán, víctima de una terrible enfermedad que le impide llevar una vida normal como los demás, pero que sus compañeros y familiares, todos los días elevan plegarias al Padre Eterno para que le de la fortaleza en esa lucha tan injusta como desigual. 

Finalmente, dos que se fueron, abogados ambos, Aníbal Díaz Carvajal víctima de la intolerancia, de las balas asesinas que callaron su voz y truncaron su proyección humanitaria y José Manuel Balaguera a quien una terrible enfermedad lo persiguió por años hasta derrotarlo. Murió siendo Juez de la República.



Recopilado por : Gastón Bermúdez V.