jueves, 31 de julio de 2014

609.- NAVIDAD, MOMENTO IDEAL PARA HACER TAMALES



Rafael Antonio Pabón


A lo largo del año, muchas familias cucuteñas preparan el momento ideal para hacer tamales sin ánimo de lucro. La cuarta semana de diciembre es ideal para dar rienda suelta a esa actividad. 

La tradición se impone y lo bueno es comer, en la cena del 24, estos envueltos salidos de la olla humeante.

Cada hogar los prepara a su mejor manera. Los hay con sabor llanero, combinados de pollo y cerdo, con aceitunas y uvas pasas, de arroz y guiso con garbanzos, de maíz amarillo o de harina. Las hojas son vitales y se escogen los mejores bojotes para que rindan.

El fogón cumple papel fundamental. La leña se compra por atados o se busca en el solar de enfrente. Los tizones son gruesos para que duren o delgados para que la candela avive. Al comienzo hay que soplar fuerte; luego, el fuego consume los palos y la olla hierve.

Esta tradición de miles de cucuteños se cumple con puntualidad religiosa en una familia del barrio Belén. 

Los once hermanos Mantilla Cuadros aprendieron la lección muchos años atrás y la aplican con sagrada exactitud en la mañana del día que nace el Niño Dios.

A la cita no falta ninguno. Si alguien anuncia que no llegará, mejor pensar en aplazar la actividad que en cumplirla sin ese brazo fundamental para el desarrollo de la tarea. 

Por eso quienes viven lejos de Cúcuta abandonan en su ciudad las labores cotidianas para llegar a tiempo y asumir el papel asignado años atrás y que no variará.

Unos piden vacaciones, otros se las toman de hecho para estar con esposas e hijos en el patio trasero de la casa materna a la hora señalada y con la ropa indicada para cumplir el oficio. 

La jornada no puede tener un hueco en la cadena humana. Se notaría y sería motivo de nostalgia.

Al principio, en los años remotos, los más de 10 kilos de maíz se cocían en fogones improvisados y se molían en molinos manuales. La cocina se industrializó y de la máquina aquella de manivela y tolva pequeña se pasó al motor eléctrico que ahorra energías y agiliza el proceso. La madrugada era buena para empezar la tarea. Ahora, hay tiempo para unas horitas más de sueño.

Comienza el trabajo. No hay necesidad de repetir qué debe hacer cada uno ni con quién debe acompañarse. Los once, más una que otra voluntaria, toman posición. La masa está lista. Hay que darle punto para que no quede con grumos, suelte y se deje moldear. El guiso está preparado. Lleva carne de cerdo, buen aliño y los componentes elementales de un tamal cucuteño.

En el extremo sur, Jesús y la comadre Olga se encargan de hacer bolas de masa que depositan en un recipiente. Las manos untadas de grasa permiten el manejo seguro. Tienen el tanteo dado por la experiencia para que el tamaño del tamal sea el ideal. Mi muy chico ni muy grande, sino suficiente para servir dos al desayuno.

Sigue el llenado de la masa. Inés y Vanessa hacen el hueco en la bola de maíz y con ‘sapiencia suma’ toman el guiso del perol, lo ponen adentro y cierran. Este producto va a la mesa principal donde continúa el proceso.

El ambiente familiar es agradable. De un tema trascendente pasan a uno ligero y sin dificultad. No interesan las opiniones, valen los comentarios. Bien pueden hablar del papa Francisco como personaje del año, como de la muerte del cantante Diomedes Díaz, o de las ocurrencias del alcalde Donamaris Ramírez, o de lo sucedido a la vecina.

En ese ir y venir de frases, palabras y decires aparecen los cuentos de siempre. Solo basta con que alguien recuerde lo ocurrido en el último viaje familiar para que todos hagan comentarios que suenan chistosos y permiten las risotadas. Esos chistes los han oídos y contado en las últimas cinco reuniones y todavía los disfrutan a carcajadas.

La mesa central está copada por Myriam, encargada de escoger las hojas, previamente sancochadas, separar los pedazos que servirán para envolver los tamales y tirar al piso los trozos rotos. Pareciera que es quien menos esfuerzo hace, pero la justificación está en que debe tenerse ojo para la selección y ella es la experta.

Cecilia y Rosalba toman las hojas y enrollan las bolas de masa con guiso. Son las encargadas de darles la forma cilíndrica a los tamales. Dos, tres, cuatro vueltas, doblan las puntas y las entregan. La agilidad ganada con el tiempo les permite ir al ritmo del paso anterior.

Luis y su esposa Trina tienen lista la cabuya. Toman el atado y lo amarran. La cantidad es suficiente para no permitir que el calor las desate y que al otro día no haya dificultad para soltarlo y servir el delicioso alimento.

De la línea trasera llega otro gracejo. Vuelven a escucharse las carcajadas propias de este grupo caracterizado por la hermandad. No hay distracción, solo es un momento para la diversión. Los recuerdos asoman a la mente de los Mantilla y repiten las vivencias con la misma gracia de la primera vez, hace unos 10 años.

Miguel y Monguí no están en la mesa central. Trabajan juntos en un costado. También están encargados de envolver y amarrar. La pareja está sincronizada. No despabilan para no quedarse en el cumplimiento de la tarea asignada.

Los tamales están listos. El resultado de esas largas horas de dedicación son 400 ‘cilíndricos mantecosos’ que Silverio, con cuidado extremo, ordena en dos ollas gigantes, cubiertas con los pedazos de hojas que no sirven para la envoltura. La labor ha terminado. Hay regocijo. Otro año que se cumplió con la tarea. El fogón industrial y a gas se encargará del resto. No hay leña para atizar, ni fuego para soplar.

El remate de la tradición dice que el sitio de trabajo hay que dejarlo limpio. Entonces, comienza el desorden. Entre todos se lanzan agua y se emparaman, porque así lo han hecho en los últimos 40 años. Risas, juegos, chistes, recuerdos.

La ‘tamaliada’ de los Mantilla ha terminado. Mañana, en el comedor de los once hogares, aparecerán los tamales que hace mucho tiempo les enseñaron a preparar doña Carmen y don Silverio.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

miércoles, 30 de julio de 2014

608.- SALAS X, FUE SALVACION DEL TEATRO MERCEDES



Hernando Escobar
(Publicado El Tiempo 25/03/1999)



Cerca de un año tuvieron que improvisar los devotos del cine pornográfico sus reuniones en parques y cafeterías de Cúcuta, pues su santuario, el teatro Mercedes, había sido ocupado por el grupo cristiano Oración Fuerte al Espíritu Santo.

Un cliente del teatro durante 20 años, recordó que la sala había sido el punto de encuentro para un grupo de 15 amigos, a quienes no les importó que las películas de acción, humor o romance fueran reemplazadas por las pornográficas. 

Pero la angustia se apoderó de ellos cuando los lamentos de sus diosas favoritas fueron reemplazados por las prédicas del pastor y tuvieron que buscar otro sitio para reunirse y recordar tiempos mejores. 

Sin embargo, el milagrito se les hizo cuando el mes pasado los creyentes cristianos entregaron el teatro a las directivas, que lo convirtieron nuevamente en sala X.

La administradora de los tres teatros de Royal Film en Cúcuta, Nancy Gaona, dijo que desde que se reabrió la sala reciben al día, en promedio, 150 personas, en su gran mayoría hombres, pero que era mejor negocio tenerlo arrendado porque no había que pagar sueldos, servicios ni impuestos.

Ahora, en lugar del letrero en la entrada que decía ´PARE DE SUFRIR´, figura oferta especial de sexo. 

Al mismo tiempo, las fotos de bautismos fueron reemplazadas por las de rubias multisilicónicas acompañadas de hombres en provocativas y vulgares poses, completamente desnudos.

Es poca la diferencia. Antes la gente entraba y salía cabizbaja y con paso lento, como si les pesaran los zapatos. Ahora también salen con la cabeza gacha, pero para que no los reconozcan, y los pies, por el contrario, les vuelan, cuenta un vecino del teatro.

Otra persona acepta que mucha gente se avergüenza de ir al cine X y quisieran ser invisibles cuando entran o salen, pero a mí no me da pena, el sitio es sano. Aquí la gente se distensiona y conversa igual o mejor que en cualquier otro cine.

Lo doloroso es que durante más de 20 años el barrio El Llano, donde está ubicado el Mercedes, ha ido cambiando su carácter residencial por comercial. 

Las casas de familia fueron vendidas y remodeladas para emplearlas como bodegas o ventas de repuestos, espumas y plásticos.

Un funcionario de Royal Film, empresa dueña de otros 29 teatros en el país -nueve de los cuales funcionan como salas X y dos como centros de oración- dice que estos cambios, en especial en las zonas céntricas, alejaron a los espectadores del cine habitual y las únicas formas para que las salas no generen pérdidas son arrendarlas o pasar en ellas cine para adultos. 

No es que nos guste ese uso explicó el funcionario, pero si un teatro no da resultado, para lo único que sirve es para parqueadero. El cine ha venido decayendo y sólo en la Costa (Caribe) se han cerrado más de 80 teatros en los últimos 20 años.

Para uno de los pocos vecinos que vive a dos cuadras del teatro Mercedes y que tiene una tienda a media cuadra del mismo, ¨lo que hagan en el teatro nos es indiferente porque esto ya no es residencial y cada quien está pendiente es de su trabajo¨.

Una comerciante de dólares en la esquina del teatro, aseguró que aunque hay gente que critica a los espectadores de cine X, ellos no se meten con nadie, no forman escándalos, y entrar o no entrar es cuestión de gustos; si les gusta, hay que respetarlos, añadió.

Un asiduo asistente, recordó que para lo primero que usó la cédula no fue para votar, sino para entrar al teatro Mercedes a ver cine X. 

La pornografía es un género más al que sólo le falta tener una categoría en los premios Oscar. 

Pero así como otros géneros hacen llorar o reír, la pornografía produce excitación que, igualmente, es un estímulo artificial. 

Lo que sucede es que la gente se las da de escrupulosa cuando ve un par de senos, a pesar de que no se aguanta…



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

martes, 29 de julio de 2014

607.- SUCEDIA EN EL AÑO 53



Gerardo Raynaud

Las condiciones sociales y políticas colombianas han sido difíciles a través del tiempo. Desde el mismo momento del grito de independencia y aún antes, se tiende a estructurar un Estado que le permita a la Nación obtener los mayores y mejores beneficios de todos sus recursos de manera que los beneficiados sean todos sus pobladores. 

Esto ha sucedido en todos los países del mundo de una u otra manera, así que nuestra situación es totalmente idéntica a la de las demás  regiones y comarcas del mundo; lo que sucede es que todavía no hemos completado el proceso y de ahí a que lo hagamos, esperemos que no falte mucho tiempo.

Pues bien, para esta crónica vamos a ubicarnos en el punto medio del siglo pasado y concluiremos que nuestros problemas no eran diferentes a los mismos de otros países que ya lograron superar esta realidad. 


Haremos un recorrido por nuestras calles, por nuestras instituciones, por nuestros negocios, tratando de retratar el ambiente que se vivía entonces y colegir cuáles eran las realidades y las vivencias en las  que estaban sumergidos nuestros coterráneos.

Empezaremos por decirles que se vivía un tenso ambiente político, razón por la cual, los medios estaban sometidos a un severo control que trataba de vigilar que la situación de calma se mantuviera dentro de los márgenes establecidos, así que cualquier noticia, informe o reseña debía pasar previamente por la mirada inflexible de los censores designados por el gobierno, además, era obligación del medio, informar que su publicación oral o escrita, había sido revisada por la censura oficial y autorizada su publicación.

Y ni qué decir de la censura en los teatros y cines del país, donde se había establecido una Junta de Censura, primero con cuatro miembros y posteriormente ampliada a cinco, donde los párrocos eran los amos y señores, pues tenían dos miembros que se repartían la responsabilidad con las autoridades locales; por la presión de los medios, estos alcanzaron a obtener un puesto en esa Junta, como tratando de suavizar un poco las exigencias; sin embargo, comenzando la segunda mitad del siglo, todavía estaban vedadas las películas en las que aparecían escenas donde presentaban bailarinas ligeras de ropa y danzando ritmos tropicales candentes como la rumba y el mambo. 


En los teatros, se debía indicar en los carteles de las películas, la edad mínima de ingresos, si era para todos los públicos o para mayores de 15  o de 21 años.

A pesar de las dificultades que acarreaba tener que someterse a censuras y controles, la prensa no perdía oportunidades para ‘darle palo’ a las autoridades cuando estas, a juicio de los medios así lo merecía, si no miremos el artículo que le publicaron al alcalde Numa P. debido al mal servicio de aseo en la que se había sumido la ciudad en cierta ocasión.

Como en esta Perla del Norte no faltan los mamagallistas, por entonces, mientras se organizaba el servicio de recolección, ahora llamado de residuos sólidos, algunos “chuscos” pasaban gritando que sacaran los burros, pues la gente ya estaba sacando los cajones de la basura. 


Claro que esto no le causaba gracia a don Numa P. y aprovechando su acceso a los medios, precisamente el día de San José, Patrono de la ciudad, le remitió al director del diario que había publicado la burrada, una nota en la que expresaba su desconcierto por haber escrito un editorial en el que se quejaba del incremento excesivo de los precios del servicio, especialmente para la población de la clase media.

En su respuesta, el alcalde presenta varios ejemplos del aumento de las tarifas y a la vez se pregunta si estos son desmedidos. 


A la empresa Colombian Petroleum Company le estaban cobrando dos pesos mensuales ($2.oo) por recoger la basura y barrerles el frente tres veces por semana; ahora se había decidido subirles la tarifa a veinte pesos ($20.oo), un incremento que parece a todas luces exagerado pero que así lo ameritaba, dadas las condiciones de la empresa y del beneficio que recibía y comparaba lo que sucedía con el Consorcio de Cervecería Bavaria (ubicada en la calle trece entre quinta y sexta) a quienes le recogían “dos camionados” diarios de basura y que le habían subido la tarifa de $200 a $300 preguntando además ¿quién le cobraría a Bavaria $5 por viaje? 

A la clase media, que era el eje de la controversia, el alcalde manifestaba que la tarifa promedio era de tres pesos mensuales ($3.oo), que cada viaje equivalía a diez centavos por viaje y que por lo tanto, no era una cifra que afectara sustancialmente el bolsillo de esos ciudadanos.

Además, se quejaba que el mayor problema era que mucha gente no pagaba el servicio (que se facturaba con el conjuntamente con el del acueducto y que las normas de entonces prohibía la suspensión). 


Agregaba que todas las quejas se estaban atendiendo (como hoy) y que el asunto de la burocracia creciente en la Empresas Municipales no era cierto sino todo lo contrario, pues se había disminuido en 29 puestos de trabajo distribuidos así: 5 en aseo; 7 en acueducto; 3 en el matadero; 7 en las plazas de mercado y 7 más en las oficinas administrativas y que adicionalmente, los sueldos se habían disminuido en un 20%. 

De esta manera, quedaba aclarada la situación del alza de los servicios y el alcalde satisfecho de su gestión.

Mientras esto se discutía, los menos favorecidos luchaban por sobrevivir, por subsistir con los pocos ingresos que percibían y para ello comenzamos a indagar, cómo era la vida del ciudadano del común por los tiempos de la mitad del siglo pasado y encontramos algunos detalles interesantes.

Comenzaban a proliferar las “cocinas populares”, que constituían una solución tanto para quienes las atendían como para quienes las usufructuaban; el problema comenzó a presentarse cuando se fueron extendiendo por las aceras de la ciudad, en una clara invasión de lo que conocemos hoy como el espacio público y como es suponer, no se hicieron esperar las quejas de los comerciante formales y de los habitantes de las viviendas que vieron invadido su acera.

De nuevo se acometió una cruzada para conocer en detalle del problema y de nuevo se le sugirió al alcalde que adoptara el modelo que se estaba implementado en otras ciudades y que se llamaba “los comedores populares”. 


Le proponían que se construyeran unos “kioskos” en determinados puntos de la ciudad para que allí concurrieran, no solamente los obreros y sus familias, sino todas aquellas personas que tuvieran interés en el servicio. 

Le decían al alcalde, que el proyecto se había desarrollado con mucho éxito en la ciudad de Barranquilla y que en otras ciudades intermedias se estaba promoviendo el mismo proyecto, todos en los alrededores de la plaza de mercado, tanto la central como las satélites; claro que el problema de Cúcuta era que no había mercado central, pues éste se había quemado años atrás.

El proyecto de los comedores populares, además de solucionar un problema económico, solventaba el problema higiénico de la preparación y manipulación de los alimentos, pues eran como se dice popularmente, un mal necesario. 


Al alcalde le sonó la idea y comenzó  a promoverlo en las plazas de mercado de los barrios, La Cabrera, Sevilla, El Contento y Rosetal, siendo esta última la de mayores dificultades, por los continuos aguaceros.

Lo que más influyó para que el alcalde  atendiera el llamado urgente que le hacían sus compatriotas, fueron las cifras que arrojó la investigación realizada por los medios, especialmente el Diario de la Frontera, en la que se mostraba la precaria situación de los obreros en la ciudad; el reflejo de esta investigación, muy brevemente esbozada fue la siguiente: el ingreso diario era de $5, es decir  $150 mensuales.

Al desglosar este valor, una familia de cuatro personas gastaba $15 pesos de arriendo mensual en un “barrio para pobres”, $120 en alimentación mensual y los $15 en los demás gastos. 


Sin contar que debían “echar quimba” para desplazarse pues no les alcanzaba para el bus. 

Ante estas cifras, el proyecto comenzó su tortuoso camino hasta lo que conocemos hoy como las cocinas del mercado, que dicho sea de paso, son la expresión autóctona de la gastronomía local, en todas las poblaciones del mundo.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

domingo, 27 de julio de 2014

606.- CUANDO LA ESTRELLA ROJINEGRA...



La Opinión


El 20 de diciembre de 2006 fue una fecha que marcó la historia de los hinchas rojinegros. El Cúcuta Deportivo consiguió, en ese entonces, por primera vez ser campeón del fútbol profesional colombiano, al empatar 1-1 con Deportes Tolima en Ibagué, habiendo ganado 1-0 en el General Santander.

El júbilo invadió la ciudad y las principales calles se vieron atiborradas de aficionados que no querían parar de celebrar.

Esta fue, además de los épicos juegos donde los motilones han hecho vibrar sus hinchas, la mayor alegría para la afición cucuteña, generalmente acostumbrada a ver sufrir su equipo.

Y fue este también el motivo que reunió a los integrantes de la barra La Gloriosa Banda Rojinegra, que celebraron la conquista del máximo trofeo del fútbol colombiano.

En el partido de ida, el 17 de diciembre de 2006 en el General Santander, los rojinegros ganaron por la mínima diferencia con gol del antioqueño Rodrigo Saraz. 


 Ese día Cúcuta jugó con: Robinson Zapata; Braynner García, Wálter Moreno, Roberto Peñaloza, Elvis González; Nelson Flórez, Charles Castro, Jarín Asprilla, Rodrigo Saraz, Macnelly Torres; Blas Pérez. El autor del gol fue Rodrigo Saraz, en el minuto 23.

El Cúcuta Deportivo se coronó por primera vez campeón del fútbol colombiano, sustituyendo al Deportivo Pasto, al empatar 1-1 ante Deportes Tolima en partido de vuelta disputado en el Estadio Manuel Murillo Toro de Ibagué, ante 30 mil espectadores.

Tolima comenzó ganando el partido, con anotación de Yulián Anchico en el minuto 60, pero sobre el minuto 77 MacNelly Torres dio el empate al Cúcuta en una importante jugada colectiva, donde también participó el panameño Blas Pérez.

El técnico campeón es Jorge Luis Pinto, quién al frente del recién ascendido Cúcuta, consiguió ante el Deportes Tolima su primer título en el fútbol nacional antes de tomar las riendas de la Selección Colombia.

El estratega de 54 años había salido campeón en el balompié de Perú y Costa Rica, pero le faltaba ser profeta en su tierra.

Contra los pronósticos, Pinto llevó al Cúcuta a la final del torneo Finalización tras completar la mejor campaña a lo largo de la temporada regular.

Todo esto bajo el liderazgo de jugadores referentes como Macnelly Torres, Róbinson Zapata y el panameño Blas Pérez.

El goleador de Cúcuta con 9 conquistas en el segundo semestre del 2006 fue el delantero panameño Blas Pérez, de amplio recorrido en Colombia. Jugó en Envigado, Centauros en la Primera B y fue campeón en el segundo semestre del 2005 con el Cali. 

Por su parte, el autor del gol en el partido de vuelta, Macnelly Torres, disputó 93 encuentros con la camiseta rojinegra entre el 2006 y 2008, de los cuales marcó 11 tantos. Hoy ídolos de toda la afición. 2008, de los cuales marcó 11 tantos.

Hoy ídolos de toda la afición.

Tolima, dirigido por Jorge Luis Bernal, fue invencible en su estadio Murillo Toro de la ciudad de Ibagué, pero no logró la esperada segunda estrella, en tanto que para los motilones, ávidos de gloria, fue la primera en 56 años de vida.

Estadísticas:

Partidos jugados: 159
Partidos Empatados: 57
Triunfos del Cúcuta: 49
Triunfos del Tolima: 53
Goles anotados del Cúcuta: 219
Goles anotados del Tolima: 196
Puntos ganados del Cúcuta: 100
Puntos ganados del Tolima: 109

Alineaciones:

Deportes Tolima:

Arquero: Agustín Julio
Defensas: Gerardo Vallejo, Hilario Cuenú, César Vásquez y Darío Alberto Bustos
Volantes: Emir González, Yulián Anchico, Juan Carlos Escobar, John Jairo Charria
Delanteros: Carlos Darwin Quintero y César Rivas.
Director Técnico: Jorge Luis Bernal

Cúcuta Deportivo:

Arquero: Róbinson Zapata
Defensas: Braynner García, Wálter Moreno, Pedro Portocarrero, Joé Luis Raguá
Volantes: Nelson Flórez, Charles Castro, Macnelly Torres, Roberto Bobadilla (Carlo Henry, 63´)
Delanteros: Blas Pérez, Jarín Asprilla (Rodrigo Saráz 25´PT)
Director Técnico: Jorge Luis Pinto
Goles: Yulián Anchico-Tolima (60´), Macnelly Torres-Cúcuta (77´)
Arbitros: Central: Jorge Hernán Hoyos (Caldas). Asistentes: Eduardo Botero (Caldas) y Humberto Clavijo (Meta)
Estadio: Manuel Murillo Toro de Ibagué, al que asistieron 30 mil espectadores.

Para muchos aficionados, en 2013 el recuerdo de la conquista del título fue la única celebración que tuvieron en un año negro para el Cúcuta Deportivo, quizá el peor de su historia, pues al final terminó  perdiendo la categoría.

Lejos de ese brillante equipo que se formó en 2006 un año después de lograr el ascenso, la ciudad fue parte de uno de los momentos más tristes que le ha tocado vivir con el equipo: el regreso nuevamente a la ‘B’.

El 2013 fue, verdaderamente,  para el olvido en materia de resultados futbolísticos para el Cúcuta, pero además un año para que la nueva dirigencia del cuadro motilón tenga en cuenta lo que pueden ocasionar las malas decisiones y, principalmente, sobreponer los intereses particulares sobre los de toda la afición.

No obstante, siete años después de vivir esa época dorada en la primera división y en la Copa Libertadores, los hinchas rojinegros estarán alentando al equipo como cada tarde, en el General Santander.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.