PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

Terremotero -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

lunes, 30 de junio de 2014

592.- EL SUPERMERCADO DE ROSETAL



Gerardo Raynaud

Después del incendio del Mercado Central en 1949, el municipio fue incapaz de resolver la sustitución de una plaza de mercado que abasteciera las necesidades de la población, concentrada en un solo sitio, como había sido la costumbre ancestral y por ello, para no dejar desabastecidos a sus habitantes optó por establecer cuatro placitas de mercado satélites que sirvieran para suplir esas necesidades, ubicadas en los cuatro puntos cardinales de la ciudad, a saber: 

En el barrio La Cabrera, la única que aún subsiste; en El Contento donde las instalaciones siguen en pie pero cada día deteriorándose; en el barrio Sevilla, cuyas instalaciones fueron vendidas hace algunos años y en el barrio Rosetal, exactamente en la esquina de la avenida cero con décima.

Esta última fue la que menos acogida tuvo y la que más problemas presentó, en buena parte por su ubicación debido a que cada vez que había aguaceros torrenciales como los que ocasionalmente se presentan en la ciudad, se inundaba acarreando la pérdida total de los alimentos y el deterioro de los enseres, lo que a la larga resultaba poco atractivo para los inquilinos que como se sabe son de recursos limitados en estas actividades. 


Todo esto a pesar del ofrecimiento que hiciera don Asiz Abrahim de construir una moderna plaza de mercado en el mismo lote que dejó el incendio, para que el municipio se la pagara como pudiera, pero fue entonces cuando empezaron, según las noticias de entonces, las intrigas de los envidiosos, de los que ni hacen ni dejan hacer, con el pretexto que no era otro que esa persona se iba a enriquecer a costillas de los impuestos de los ciudadanos. 

Esta postura solamente generó una pérdida de tiempo de varios años, sin que se pudiera disfrutar de una confortable plaza de mercado, que tan solo se dio cuando se construyó el hoy desaparecido Mercado de la Sexta.

Sin embargo, este punto o por lo menos esta zona, ubicada a la entrada de la ciudad, tenía un incentivo en el largo plazo y era que el desarrollo urbanístico, en ese momento, se proyectaba hacia el oriente y este sitio era el eje de esa proyección.


Por razones como ésta es que los emprendedores visualizan las oportunidades y tratan de aprovecharlas hasta que paulatinamente pierden interés y aquí es donde entran los jugadores empresariales a proponer sus fórmulas. 

Al parecer, esta placita de mercado, de propiedad del municipio, tuvo problemas desde el mismo inicio y fueron varios los proponentes que trataron de reemplazarla, sin mayor éxito, tal como sucedió con el proyecto de la beneficencia del Norte de Santander,  por intermedio de la Lotería de Cúcuta, que puso al servicio un supermercado, que tampoco resultó y tuvieron que cerrarlo al poco tiempo.

Sin embargo, el proyecto y la ubicación seguían siendo atrayentes para los negocios; recordemos que en la esquina de la primera con calle diez había un distribuidor de automotores, el más grande de la ciudad, Cumotors, que además ofrecía un servicio de restaurante con buenos resultados.

Ya pasando al tema que nos incumbe, el supermercado de Rosetal fue una idea desarrollada por don Luis Hellal a quien le agradecían que hubiera pensado en dotar a la ciudad de una plaza de mercado ‘enormísima’ aunque no tan grande como fuera lo deseable para una ciudad como Cúcuta, pero su esfuerzo representaba la culminación de un anhelo. 


La descripción del negocio era bastante florida y la campaña de expectativa que se desarrolló respecto de la puesta en marcha adecuada a las circunstancias y los recursos del momento. 

Decían las noticias que el local era adecuado para la venta de animales de pluma, sitio para la venta de pescado, de carnes de toda clase sobre mesones de cemento, que también habían mesas de cemento para la exhibición y venta de verduras, bastimento y pancoger, además de locales para los llamados ‘toldos’ o casas de madera para la venta de granos, arroz, fríjoles, harinas, papas y panelas, así como casetas para la venta de mercancías, zapatos y lo llamado aquí ‘chucho’, es decir, lugares para pequeños almacenes. 

La construcción de este supermercado levantó los mejores elogios al punto que en algún medio local se publicó una nota que mencionaba que ‘cuánto ganaría el municipio si solicitara la experiencia, la inteligencia, su concepto práctico de las cosas y la capacidad de trabajo de don Luis Hellal y la pusiera al servicio de otras plazas de mercado similares para la necesidad de media ciudad de hoy’.

Incluso se había hablado de otro proyecto similar que en su momento fue propuesto por el doctor Miguel García-Herreros consistente en transformar la Quinta Cogollo en una especie de mini mercado como se le llama hoy, para  reemplazar al que consideraban era ‘diminuto e inadecuado mercado de la Cabrera’ ubicado a escasas dos cuadras de allí.

Era interesante para entonces, conocer cuáles eran las perspectivas de desarrollo urbanístico que se tenía pensado y que no distan de lo que hoy se ha convertido la villa de Cúcuta. 


Los argumentos para que se construyeran más sitios de abastecimiento se basaban, precisamente, en la tendencia que tendría la ciudad para el futuro y esta era para aquellos días la siguiente: el corazón de ciudad será dentro de unos años en los cuarteles del regimiento Santander habida consideración que las urbanizaciones comienzan en Corral de Piedra y terminan en El Resumen, de norte a sur y por el oriente, hasta el río, pero solamente desde la Quinta Bosch hasta la avenida Olaya Herrera, es decir, hasta antes de llegar a San Rafael.

Ahora bien, para terminar con esta crónica, don Luis Hellal aprovechó además, la coyuntura que se presentó a raíz del cierre de la ‘pesa’, el matadero municipal que así se llamaba, debido a la exigencia que se tenía para poder continuar con la construcción del Hotel de Turismo al que conocemos hoy como ‘Tonchalá’. 


Esa situación aumentaba la afluencia de compradores, especialmente de carne, que sería uno de los productos de mayor demanda. 

Se esperaba dar al servicio las instalaciones para después del domingo de Ramos y antes del domingo de Pascua; finalmente se inauguró en la Semana Santa, el sábado 17 de abril de ese año del 54, antes del domingo de Resurrección, fecha en que resultó, todo un éxito, pues ya se había superado de antemano las dificultades propias que representaba iniciar actividades durante la Semana Santa, especialmente en lo concierne al expendio de carne, por entonces, pecaminoso en extremo.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

sábado, 28 de junio de 2014

591.- CUCUTA AL ENCUENTRO DE SU IDENTIDAD?



Maria Villamizar/Roger Araque


Sale el sol.  Como es costumbre en la ciudad de Cúcuta, el calor se despierta temprano, abraza a la gente y les dice que es hora de iniciar una nueva jornada laboral. La  bulla en las calles no se hace esperar y empieza la atareada faena. 

Los habitantes de la llamada “Perla del Norte” alistan las herramientas que han adecuado para realizar su trabajo y que corresponden a su ingenio, astucia y perspicacia para lo que ellos llaman “el rebusque diario”.

Entre esas herramientas se pueden encontrar elementos curiosos tales como neveras recicladas que se tienden en una base para ser usadas como cavas sobre los andenes de la ciudad y así mantener las bebidas frías. 

Por otro lado sin un rumbo fijo se encuentran las escandalosas minitecas rodantes que generan un enorme ruido a su paso y que van paseándose por las calles de la ciudad vendiendo todo tipo de música. 

Para calmar el hambre de los transeúntes que no han desayunado, es muy fácil conseguir a los famosísimos pasteleros quienes salen en sus bici vitrinas muy temprano a la búsqueda de las masas trabajadoras, obreros y estudiantes, para ofrecerles de todo tipo de pasteles. Entre los más buscados están los tradicionales pasteles de garbanzo y las papas rellenas que son  acompañadas de limonada ó avena.

Un verdadero espectáculo de gente colorida ocupada en cientos de oficios, realizados por gente amable y emprendedora, oficios que a veces pasan inadvertidos por los mismos habitantes de la ciudad, pero que para sus visitantes son consideradas labores muy curiosas o graciosas, como los pimpineros o los maneros al lado de la frontera y que son el resultado de la búsqueda de la satisfacción de la necesidad, en eso que suelen llamar la cultura popular.

Es así como desde temprano la ciudad se va llenando de vendedores que invaden los andenes, parques o cualquier rincón por donde hay afluencia de público. 

La gente sale a hacer sus “vueltas” cotidianas se pasea por las calles abriéndose paso en el suelo que a veces se satura de tenderetes.

Algunos de estos trabajadores son llamados en el vecino país como buhoneros, sin embargo, al preguntarles por su oficio se hacen llamar comerciantes, y lo dicen con orgullo porque se sienten dueños de su propio negocio.

Por eso al revisar las cifras de instituciones tales como el DANE se evidencia que los números son muy acordes con la realidad que se presenta en las calles y que la ciudad se ha ido llenando de vendedores informales o como diría el historiador cucuteño Silvano Pavón, se ha llenado de “mercachifles”.

Conforme avanzan las horas comienza a calentar mas  el sol, el paisaje se va convirtiendo en lo que se llamaba un mercado persa donde se consiguen desde ofertas de descargas eléctricas hasta ofertas de cualquier tipo de información que se necesite. 

En esa mezcla de ruido, mercancía de todas las clases, tipos, colores, tamaños, sabores, miles de stands improvisados pero realizados con mucho ingenio, se encuentran oficios que surgen a través de los años y que resultaron de su estrecha relación con el vecino país, siendo esta la consecuencia de las necesidades y oportunidades,   y que se han consolidado para ser parte del paisaje urbano y cultural.

Wilson Vargas es como ese botón que sirve para la muestra. En sus manos, las cuales sienten rugosos cuando las extiende para saludar amablemente, se notan los duros años de trabajo como minero. 

Sin embargo, luego de pasar por otros empleos tales como celador u obrero en una ladrillera se cansó de ganarse un sueldo mínimo trabajando 8 o más horas seguidas y por eso sin pensarlo más, tomó la decisión de ser su propio jefe y así formar lo que llama su propia empresa. 

Un día se dio cuenta era muy fácil tener un negocio, solo era una cuestión de decisión.  Como lo hizo la mayoría de las personas que laboran en este oficio buscó un campito para invadir al lado de alguna vía pública y allí montar su tenderete de venta de gasolina. 

Las pimpinas, mangueras y demás elementos para su negocio salían a bajo costo y hasta resultan del mismo reciclaje de potes plásticos de gaseosa y medias veladas o coladores de café usados que sirven de filtro  para quitar las impurezas físicas que se pueden mezclar con la gasolina.

Desde hace muchos años Wilson ha trabajado en este oficio, conoció de el por medio de unos amigos que desempeñaban la misma labor, además del conocimiento que se encuentra en las calles sobre la llevada y pasa de productos desde Venezuela.  Desde el momento en que pensó montar su empresa, su vida cambió.  

Se le abrieron posibilidades de comenzar este negocio con su hermano y decidió lanzarse de cabeza.  El negocio resultó ser rentable y se dio cuenta que las ganancias superaban un salario mínimo. Fue así como adapto hábitos o costumbres como el de dormir en las mañanas y realizar turnos completos de 24 horas. 

Ahora  almuerza en su puesto con su esposa o hijos quienes le llevan su comida al trabajo. Wilson se siente agradecido con su oficio por el tiempo y las oportunidades que le dado su negocio como lo son poder mantener su casa y  sacado a flote a sus hijos para los cuales aspira una vida llena de oportunidades, estas cosas lo hacen sentirse orgulloso de su trabajo.

Aunque su visión de negocio se consolidó con la formación de este puesto de venta, dice que no necesita nada más para ser feliz, apoya y defiende su trabajo y es consciente de las desventajas que trabajar en el sector informal le trae a su ciudad, pero al contrario de lo que piensan las personas al menos en lo que se refiere a la venta informal de gasolina, Wilson y los llamados “pimpineros” o vendedores de pimpinas se encuentran organizados; poseen sus cooperativas, se encuentran sectorizados con puestos específicos ubicados por Cúcuta y tiene permisos de ventas mínimas otorgados por la alcaldía.

En cuanto a su visión de la ciudad de Cúcuta, considera que tiene sentido de pertenecía pues  manifiesta que se siente orgulloso de su trabajo y lo que más le gusta es que es su propio jefe. 

Opina que por esa libertad que siente el cucuteño y esa sensación de que puede vender cualquier cosa o vender lo que todo el mundo vende y ganar es que los habitantes prefieren ser comerciantes. 

También, dice que a pesar de no haber nacido aquí, se siente más cucuteño que muchos, pues está muy agradecido por las oportunidades que le ha brindado la ciudad para salir adelante. Defiende la ciudad y sus habitantes y cree fielmente en que Cúcuta es una ciudad con muchos campos para explotar.

Así que por personas como Wilson quienes a pesar de no laborar en los trabajos pre-establecidos por las sociedades que se rigen por los parámetros comunes de cultura, es que esta ciudad es reconocida, gente del común, personas que se preocupan de llevar el pan diario a su hogar, que no se varan por no tener estudios, con una imaginación muy amplia, y aun mas importante agradecidos y consientes de las oportunidades que poseen ante otros, al vivir en una ciudad de frontera, donde el comercio es más estable.

Son esos cucuteños quienes al llegar la noche, regresan a sus casas agradeciendo lo que su ciudad les brindo en el día, sin quejas ni reclamos, llevando en silencio ese agradecimiento profundo  pasando de generación en generación esa enseñanza atípica del rebusque que identifica a nuestros “mercachifles”, comerciantes que con orgullo defienden su ciudad y a su gente.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

jueves, 26 de junio de 2014

590.- LOS SUCESOS DEL 10 DE JULIO DE 1944 EN CUCUTA



Gerardo Raynaud

Vamos a remontarnos al año 1944, a la fecha del título, para narrar lo acontecido ese día, para algunos de ingrata recordación, pues fue una de las últimas tentativas antidemocráticas del siglo 20. 

He seleccionado la descripción de los hechos relatados por Eduardo Zuleta en su biografía del presidente López Pumarejo: ”cuando el presidente resolvió ir a Pasto a presenciar las maniobras militares tenía información de que sería víctima de un golpe armado. ¡Y no se acobardó! 

Quería definir la situación política para saber si la oposición, invitando a la revuelta y al magnicidio, prevalecería, o sí, al contrario, la opinión pública respaldaría al régimen elegido democráticamente, impidiendo que la soldadesca rebelde sirviera de instrumento a los enemigos de la “mudable tiranía de las mayorías ocasionales”, como calificaba el senador Gómez a los gobiernos escogidos por el pueblo. 

En la noche del 9 de julio, estando el presidente y su comitiva alojados en el Hotel Niza, en Pasto, escucharon a unos reclutas que gritaban “mueras” y “abajos” al gobierno. 

En la madrugada del día siguiente, lunes 10 de julio, el coronel Luis Agudelo despertó a López y a su hijo Fernando con estrepitosos golpes en la puerta, para informarles que el Ejército se había rebelado. López quedó a merced de la sedición.

Superadas ciertas dudas sobre a dónde llevarlo, finalmente lo condujeron a la hacienda de los hermanos Bucheli, en Consacá, quienes lo recibieron con las debidas consideraciones. 

“Todo parecía sonreírnos; menos los soldados que se agrupaban en el patio de la casa, mirándonos con ojos de pocos amigos. No me saludaban, ni hacían ademán alguno de reconocerme. Según me contaron en las horas de la noche, les habían asegurado que yo los tenía vendidos a los Estados Unidos, unos a $5 y otros a $10 por cabeza, y que había ido a Tumaco precisamente a visitar los buques en que deberían ser trasladados a pelear contra el Japón”.
Entretanto en Bogotá el Primer Designado, Darío Echandía, trabajaba febrilmente con el Ministro de Gobierno, Alberto Lleras, para controlar la situación. 

Echandía tomó posesión de la Presidencia y a las 7 y 30 de la noche Alberto Lleras, con el poder de su talento y la autoridad de su voz, se dirigió al país por la Radio Nacional para informarlo sobre el fracaso del golpe. 

Dijo que un oficial de segundo nivel, el coronel Diógenes Gil, se había rebelado, desconociendo la constitución y la jerarquía militar, pretendiendo usurpar la dignidad de la Presidencia. 

Con lo que logró incitar rivalidades entre los oficiales de más alta graduación: aunque algunos simpatizaron con el levantamiento, no toleraron que un subordinado, violando el escalafón, osara aspirar a una posición superior y condenaron el cuartelazo. 

Mientras tanto, en Nariño, la conjura adquiría visos de astracanada. No sabiendo qué hacer con el tigre que tenían agarrado por la cola, el vacilante coronel Gil, pretendiendo mantener la iniciativa  dispuso el traslado de López a Popayán y encargó de esa tarea al capitán Rafael Navas Pardo. 

Adelante de Yacuanquer, López y su comitiva se encontraron con una caravana militar, en la que venía el coronel Gil, quien ofreció solucionar el problema si se absolvía a los oficiales comprometidos, y a él ¡se le nombraba Ministro de Guerra por un mes! Gil estaba destruido anímicamente. 

Para el presidente López el peor momento había pasado. A continuación se trasladaron a Yacuanquer y desde su oficina telegráfica intentaron comunicarse con Pasto o Túquerres. 

En esas estaban cuando el capitán Navas Pardo informó que el coronel Gil se había entregado prisionero. Otra conspiración, que esta vez había llegado hasta el cuartelazo, fracasaba. 

Pero eso no era todo. No se había tratado de un hecho aislado del coronel Gil; el movimiento tenía ramificaciones y era evidente que el sector laureanista del conservatismo lo había mirado con simpatía, si es que no tuvo participación directa en él. 

En Ibagué y Bucaramanga hubo conatos armado s, que incluyeron el asesinato del coronel Julio Guarín, comandante de la plaza de Bucaramanga, y el apresamiento de Alejandro Bernate, gobernador del Tolima.
Coronel Diógenes Gil, jefe del cuartelazo
Laureano Gómez, que había aplaudido la revuelta armada y desde su periódico alentado a los sublevados, solicitó asilo en la embajada del Brasil, el 12 de julio, y viajó a Quito como asilado político, el 28 de julio.”
Pero qué sucedió en Cúcuta? Fue más o menos un sainete del cual algunos se rieron y otros no tanto. 

Las noticias de la época dicen que a eso de las 3:30 p.m. se dirigieron al palacio de la gobernación, las filas de veteranos encabezados por los doctores Miguel Roberto Gélvis Sáenz y Alberto Durán Durán, “listos a aniquilar al partido conservador como si ese fuera el enemigo” acompañados de las huestes ‘gelvistas’ conocidas y reconocidas de la ciudad.

Los dos se autonombraron ‘generales de brigada’ y designaron de inmediato sus capitanes y oficialidad, abandonaron el despacho del gobernador y se dirigieron a las calles. 

El cierre de negocios fue lo primero y en seguida vino la captura de los conservadores. En una de las mesas del Café Roxy se encontraban charlando amenamente don Pedro S. Rincón y los doctores Gregorio Vega Rangel y Manuel Yepes H.; al ver la muchedumbre enardecida, el paisa Yepes puso pies en polvorosa y no se le volvió a ver sino 8 días más tarde; mientras tanto, fueron deteniendo a los otros dos, conservadores por más señas y cuando avanzaban por los lados de la carrera quinta (hoy avenida 5) con calle 13 se les unió, Montegranario Sánchez quien traía otro “godo” y le entregó al general Gélvis a Marco A. Soto Ramírez. 

Llevados al palacio de la gobernación, en medio de “vivas al presidente López” y de “abajo los godos”, el general Gélvis los declaró ‘rehenes del gobierno’ y en su discurso gritó que ‘estaba listo a derramar hasta la última gota de sangre’ para sostener la paz. 

Habiéndolos dejado custodiados en una de tantas oficinas de la gobernación, por un grupo de centinelas y de policías de la nacional con bayoneta calada, cuando se irrumpió un joven de apellido Uribe, hermano del diputado Antonio quien traía de los brazos a don Víctor Pulido, el conocido “Yodoformo”, lo empujó hacia el centro del salón y gritó: ¡Ahí va otro godo!

Mientras tanto, la plana mayor del liberalismo, muchos de ellos ignorantes de la situación, se reunía en los corredores de palacio, hasta que el coronel Gilberto Clavijo y el doctor Samuel Darío Téllez le preguntaron al grupo allí  supuestamente detenido, qué pasaba? A lo cual respondieron que los había traído presos el general Gélvis y el general Durán y agregaron que no sabían por cuenta de qué autoridad se estaban perpetrando esas “atenciones”. 

Ante esta situación llamaron al Secretario de Gobierno Pedro Entrena quien les respondió, luego de enterarse de sus condiciones, que estaba sorprendido, que esas eran locuras ocurridas al calor de los acontecimientos y que todos estaban libres y podían irse cuando quisieran.
Al día siguiente, cuando se supo con alborozo patriótico que el excelentísimo doctor Alfonso López había sorteado felizmente la situación y que él mismo había hecho preso al coronel Gil, el grupo de conservadores detenidos, con el mejor sentido del humor cucuteño le dirigió el siguiente telegrama:

“Excelentísimo Presidente, Bogotá. Su Excelencia en Pasto, nosotros aquí hemos sido sacrificados en el altar de la patria. Felicitémonos liberación. –Podemos cobrar pensión como próceres? – Firman, Compatriotas respetuosos.”
Al día siguiente, sin que hubieran transcurrido 24 horas, uno de los censores les hizo llegar la copia de un despacho, el cual dudaron de su autenticidad, pues el texto rezaba: 

“Señores…No es cuestión de felicitaciones. El lazo no degenera. Para mártires agotose cupo en el santoral nacional. Quedaba renglón vacante en el coro de las vírgenes y lo ocupó Emilia (¿?). Hay puesto como magos pero si lo prefieren métanse a brujos…”
Después de semejante aventura, el grupo de infortunados de conservadores, se lamentaba de su suerte y en alguna carta que alcanzaron a publicar en uno de medios locales afectos a su ideología, decían que la prisión a la que habían sido sometidos “no conmovió a la ciudad, no ‘sentimentalizó’ a nuestras amistades, no fue sentida ni lamentada por nuestros queridos copartidarios, no alcanzó a promover la protesta del periodismo pero tampoco sirvió para coronar de laureles las sienes atormentadas de los dos caudillos que la llevaron a cabo”.


Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

martes, 24 de junio de 2014

589.- CAMINO A CUCUTA EN 1883



Leopoldo Vera Cristo




Para 1883 uno podía ir directo de Bogotá a Pamplona y luego a Cúcuta por el camino que pasaba por Tona y el páramo de Tona, o dirigiéndose al Norte hacía la región de Rionegro, centro cafetero, pasando por Matanza, punto central de los recolectores de orquídeas, tomando rumbo noroeste hacía Vetas, cruzando el alto y frío páramo de Santurbán y bajando por el nordeste al páramo de Mutisona, para ascender finalmente a Pamplona.

Pamplona, muchos años antes capital provincial, conservaba todavía su carácter de sede episcopal. Poseía antiguos conventos y otras construcciones de la época colonial, pero su posición alta en las montañas le vedaba entonces participación en el desarrollo de una actividad económica digna de mencionar. 

Era famosa la Penitenciaría del Estado de Santander en Pamplona, cuyos ocupantes habían convertido la ciudad en sede principal de artes manuales colombianas.

Llevaba a Cúcuta un camino apenas reconstruido hacía algunos años, que recorría la orilla del rio Pamplonita. Jornada y media tomaba alcanzar a San José de Cúcuta, a la que se entraba una vez cruzado un hermoso puente de piedra construido sobre el rio Pamplonita que daba paso a unas casitas miserables y a algunas ruinas y ranchos mezquinos, para finalmente entrar a la espaciosa plaza y luego a la calle principal con grandes almacenes y casas de habitación.

Hablamos de ruinas porque acababa de pasar el terremoto que el 18 de mayo de 1875 a las 11:15 a.m. destruyó la ciudad. 

Sucedió que las calles de la Cúcuta, antes del temblor estrechas y llenas de casas de varios pisos con estructura pesada, se reconstruyeron amplias y bordeadas de casas de un solo piso. 

Pasaba Cúcuta entonces por ser una ciudad limpia, de casas simpáticas, salpicada de cocoteros y otros árboles que le daban un aspecto agradable, diferente a la zona de ranchos de la entrada.

Se dice que los almacenes nada tenían que envidiar a los de Bogotá ni en presentación ni en surtido y que para el viajero el nivel de vida del cucuteño parecía superior al de otras partes del país. 

Muy calurosa y polvorienta, era también castigada de junio a septiembre por el fuerte viento que sopla desde el sur a las horas del mediodía. 

A pesar de su clima seco y saludable fue azotada en ese año por la fiebre amarilla que durante meses impidió que la gente del interior del país se atreviera a visitarla.

Constituía el centro comercial de una vasta región de la cordillera central cuyo radio de acción tocaba inclusive al de Bogotá. 

Como tenía puerto propio en Maracaibo, se daba el lujo de ser uno de los pocos puertos independientes del río  Magdalena. 

El comercio que en un principio tenía sus casas principales en Maracaibo, se había interesado notablemente en Cúcuta, siendo los alemanes quienes poseían las casas de mayor importancia (Minlos, Breuer y Cía, Van Dissel, Farmacia Alemana, etc…). 

Se exportaba café especialmente a Nueva York a pesar de que por esa época la baja de su precio, la fiebre amarilla y la inseguridad política habían disminuido las transacciones.

A Maracaibo se llegaba desde Puerto Villamizar, en el extremo superior de la parte navegable del Río Zulia. 

Este puerto se comunicaba con Cúcuta por una vía carreteable y por una vía férrea ya en servicio en sus dos terceras partes, que por otra parte era la segunda construida en Colombia, después de la del istmo de Panamá. 

Agua Blanca, situada a un buen trecho de Cúcuta era el terminal férreo. El trayecto era casi todo el plano con un paisaje que se iniciaba seco y terminaba selvático.

Puerto Villamizar, antiguo San Buenaventura o San Bueno, era el inicio de un viaje que dependiendo del nivel de las aguas tomaba entre 24 horas y 4 días. 

Los barcos, parecidos a los del Magdalena, eran tripulados por bogas zambos y negros. 

Se llegaba a Encontrados, sitio de encuentro del Catatumbo y del Zulia, y de allí después de abrirse el río se entraba a la bahía del lago de Maracaibo.  

Se desembarcaba el café y se embarcaba mercancía europea y americana para emprender el viaje de regreso.

Como Uds. ya lo habrán sospechado, yo no conocí todas esas maravillas; las supe por valientes aventureros de la época,  como Alfred Hettner,  un viajero alemán, especie de Humboldt,  que viajó por nuestras tierras y pudo apreciar la belleza que nosotros no percibimos.




Recopilado por:   Gastón Bermúdez V.