lunes, 11 de mayo de 2015

757.- EL ULTIMO FABRICANTE DE BALDOSAS



Jennifer Rincón



Ricardo Wilches, lleva 59 años dedicado a la fabricación de baldosines. Su fábrica es la única de este tipo que sobrevive en Sevilla.

Hasta hace seis meses, Ricardo Wilches no recibía ningún pedido de baldosín. Su viejo taller en Sevilla fue el último que sobrevivió de ocho que durante  tres décadas mandaron la parada en este sector.

Un pedido de 20 mil baldosines revivió esos primeros años en su fábrica, cuando el metro de baldosín valía 400 pesos, y cada semana hacía unas 20 mil tabletas para tapizar los pisos de las casas de la ciudadela Juan Atalaya, Guaimaral, y Lleras.

Pese a que el negocio no es tan rentable porque la cerámica le ganó la carrera por su precio, unos 3 mil pesos menos por metro, Wilches, a sus 80 años se niega a cerrar la fábrica que levantó hace 46 años.

“Empecé en 1955 como empleado en una fábrica vecina y luego de aprender este arte terminé montando mi propia fábrica”, recordó desde su viejo taller.

Cómo en la época los cortes de luz eran el pan de cada día decidió invertir sus ahorros en prensas manuales, las mismas que utiliza hoy. Hasta las mesas siguen siendo las mismas.

Wilches reconoce con dolor la decadencia de su negocio, y vio cómo sus vecinos fueron cerrando ante la falta de clientes y vendieron sus máquinas como chatarra, sin embargo el siguió de pie con su negocio exhibiendo sus 50 modelos de baldosines, y fabricando casi que al menudeo.

“Las personas llegan buscando una decena, o solo cuatro baldosines para reparar sus pisos antiguos”, dijo. “Muy pocos vienen por varios metros para cambiar los pisos de sus casas”.

Respecto a la calidad del material, dijo que a diferencia de la cerámica, el baldosín está fabricado para soportar gran cantidad de peso, de ahí su durabilidad. En su casa y en la de sus vecinos llevan unos 40 años con el mismo piso.

Con una mezcla de cemento, color mineral, arena blanca, y marmolina, Wilches, y ahora su hijos y sus sobrinos, han tapizado de colores pisos de casas, iglesias y parques.

Wilches dice con orgullo que los baldosines del parque principal de Arboledas son de su autoría.

El mes pasado le volvieron a pedir unas muestras de baldosín para que él vuelva a fabricar los baldosines que le pondrán al restaurado escenario.

Entre sus creaciones, la que más se vendía hace unos 30 años era la unicolor, seguida de los baldosines chispeados de colores.

El más sencillo vale 15 mil y la más cara puede costar hasta 70 mil por metro.

Incluso llegó a fabricar baldosines de imitación de madera, granito y mármol, los mismos que aún exhibe en su taller.

“Sé que después de este gran pedido volverán las épocas de receso, pero no importa. Este es mi arte, mi oficio y mi pasión y seguiré fabricando mis baldosines”, dijo Wilches.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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