viernes, 21 de abril de 2017

1112.- LAS INVASIONES ATRINCHERAN A CÚCUTA

Orlando Carvajal




Cúcuta es una ciudad de invasiones. Los datos de las secretarías de Gobierno y Planeación municipal indican que en total son 52. En ellas viven  12 mil familias. Algo así como 60 mil personas, que son los mismos habitantes que tiene Pamplona.

En Cúcuta, al menor descuido, se invaden lotes para construir ranchos de tabla y techos de zinc. Y esto, ocurre casi a diario.

El alcalde César Rojas lanza una advertencia: las cifras más recientes sobre las invasiones que se han intentado sin éxito desde el primer día de su gobierno a la fecha, dan cuenta de unas 30, lo que confirma que el fenómeno sigue tan vivo como hace tres décadas.

¿Cuánta gente ha invadido en los últimos cinco años? ¿Cuánta gente ha llegado a Cúcuta procedente de Venezuela o de las regiones del Catatumbo y la provincia de Ocaña? Nadie, ni las mismas autoridades, tienen un censo real de esta situación. Lo único cierto es que pocas comunas están exentas del asunto.

El mapa de los asentamientos humanos informales, es una telaraña de puntos rojos por todos lados. Los hay en las comunas, pero donde más se acentúan es en las de occidente, norte y oriente. (Ver infografía).

También los hay en el sector rural. De manera concreta, en los corregimientos Carmen de Tonchalá y San Pedro.

Ni siquiera la que fuera la hacienda de la fundadora de Cúcuta, Juana Rangel de Cuéllar, ubicada en el corregimiento Carmen de Tonchalá, se ha salvado de las intocables mafias invasoras de tierras.

Allí, los hermanos Jaimes denunciaron a La Opinión que de 325 hectáreas que eran de su propiedad solo les quedan 25; las demás les fueron arrebatadas hace un año por supuestos propietarios que un día llegaron con escrituras, instalaron vallas de propiedad privada y, de la noche a la mañana, se creyeron los dueños.

El secretario de Gobierno del municipio, Oscar Gerardino, sobre quien recae la vigilancia para impedir que el desorden urbanístico siga creciendo, expresa con asombro que en todas las invasiones que han desalojado en los últimos diez meses, siempre se encuentran con las mismas caras, lo que deja al descubierto que detrás de esta irregular práctica de adueñarse de lo ajeno se esconde un negocio de finca raíz bien consolidado, con inmobiliarias ambulantes que son las que se encargan de mantenerlo.

De hecho, en la Seccional de Fiscalías de Cúcuta se adelantan, de años atrás, 35 procesos contra presuntos urbanizadores que terminaron estafando a incautos ciudadanos con la venta de la casa que siempre soñaron.

En el costado occidental del Anillo Vial, que va desde la vereda El Pórtico hasta conectar con la carretera que conduce a Puerto Santander, en el extremo norte, se concentra, según Planeación Municipal, el mayor número de invasiones de tierra, 28 en total, con 6 mil 960 viviendas y unas 31 mil personas. 

De este grupo sobresale La Fortaleza, la más grande, donde llegaron a vivir 400 familias.

Ser una ciudad receptora de desplazados le imprime a Cúcuta una debilidad enorme para enfrentarse al fenómeno de invasiones de tierra. Se calcula que unos 30 mil desplazados han llegado a la ciudad en la última década, según la Oficina de Víctimas del municipio.

El arquitecto Horacio Suárez, miembro de una compañía asesora de urbanismo, sostiene que muchas de las invasiones que se han producido en Cúcuta han surgido de esta población de desplazados, víctimas de la guerra, campesinos que debieron huir de sus parcelas, gente que sueña con encontrar un trabajo, y de la que algunos se aprovecha para hacer negocio.

Carlos Chacón, gerente de Metrovivienda, denuncia una lógica perversa: hay quienes invaden las zonas de más alto riesgo en Cúcuta, no tanto por necesidad, sino suponiendo, erróneamente, que eso los va a privilegiar cuando el gobierno elija a los beneficiarios de las viviendas gratis. “No va a haber más vivienda gratis en Cúcuta, ni tampoco van a clasificar para titulación gratuita predios de invasiones surgidas después de 2001, porque hacerlo sería fomentarlas”, dijo el funcionario.

Agregó que las tres mil 600 viviendas gratuitas que se entregaron fueron para desplazados y damnificados por la ola invernal.

El negocio

Es un hecho que detrás de las invasiones de tierra se esconde el negocio de los ranchos.

“Casi en todas las invasiones que hemos impedido los últimos meses, nos hemos llevado la sorpresa de ver las mismas caras protagonizando el reparto de lotes”, recalca Gerardino.

Un líder de El Progreso que pidió no ser identificado, denunció que por rancho, al mes, los traficantes de tierra ajena reciben $100.000.

Pero el negocio es el volumen. La fuente dijo que conoce gente que tiene hasta 15 ranchos alquilados, es decir, que recibe $1.500.000 cada 30 días, libres de impuestos, servicios públicos. Justamente por las invasiones, Aguas Kpital reporta pérdidas de hasta el 50 por ciento de agua que no contabiliza porque se desvía de manera irregular para esos ranchos que se levantan en las invasiones.

Gerardino señala que ver caras repetidas en cada invasión supone que hay un negocio, por eso se está invitando a los dueños de las tierras a que contraten vigilancia privada para evitar que sean invadidas. “Nos estamos desgastando inútilmente porque hoy desalojamos y mañana vuelven y nos invaden”.

Esfuerzos en vano

Ha faltado una política pública e interés político, para tratar la desbordada informalidad urbanística que azota a Cúcuta, dice el sociólogo Juan Robles, quien asegura que la ciudad sigue en riesgo en esta materia, no solo socialmente, sino en materia de infraestructura.

Pese a los esfuerzos de la alcaldía por evitar el nacimiento de nuevas invasiones en la ciudad, hay asentamientos que están debilitando obras vitales para la seguridad de Cúcuta a lo largo de los canales de aguas lluvias como el Bogotá, Pizarro, Chiveras, entre otros.

Mauricio Bolívar, técnico de la empresa Aguas Kpital, lamenta que por las invasiones de tierras que se presentan en el costado occidental de la ciudad, de manera concreta en los sectores de La Isla, está en riesgo todo el plan de saneamiento básico de vertimientos que corresponde al colector de de aguas residuales Rudesindo Soto-Villas de la Paz-Belén de Umbría-quebrada Tonchalá. “La gente construyó viviendas sobre el canal”. El POT dice que en esta zona no debería haber construcciones. Pero allí se crearon al menos tres invasiones que no permiten el desarrollo de la obra. 

Robles dice que ha faltado mano dura de la alcaldía para evitar las invasiones.

El impacto social

Las familias que habitan en las escarpas de Cúcuta, en los asentamientos subnormales, viven en condiciones de pobreza, y algunas, en la miseria. En las visitas que hizo La Opinión para dialogar con los líderes de estas comunidades, manifestaron que, en su mayoría, las familias que viven allí lo hacen con menos de $200.000 mensuales, es decir, están en la pobreza extrema, según los indicadores del Dane y el Departamento Nacional de Planeación.

Muy pocos tienen ingresos mensuales entre los $201.000 y $408.000, o sea, están en la pobreza. Los bajos ingresos, argumentaron, se debe a que el sustento viene del rebusque en las ventas callejeras, por venta de gasolina de contrabando, trabajos de construcción, en el servicio doméstico (lavado y planchado de ropa), o en lo que salga.

Por las vías de hecho, Cúcuta ha crecido en medio del desorden en las tres últimas décadas, engrosando los cordones de miseria y pobreza.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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