miércoles, 9 de noviembre de 2011

98.- TEATRO GUZMAN BERTI

Luís A. Medina S. / John J. Jaimes
 Teatro Cúcuta
              
El teatro antiguo de Cúcuta, construido un año después del terremoto. Fue don Domingo Guzmán, un distinguido caballero, hombre de espíritu cívico y de trabajo emprendedor y de progreso, considerado como uno de los pobladores de la Nueva Cúcuta después del terremoto, un ciudadano de grandioso caudal de espíritu público.

Bella y sólida construcción del primer Teatro construido en Cúcuta, un año después del terremoto por Don Domingo Guzmán, más tarde debido a una sociedad con un señor Berti, se le llamó Teatro “GUZMAN BERTI”.

Don Domingo Guzmán su fundador murió en Cúcuta en febrero de 1879.

Quien no recuerda la frase: "CANENDO ET RIDENDO CORRIGO MORES" que existía dentro del teatro?

El señor Guzmán vio surgir dentro de los escombros del cataclismo del 18 de mayo de 1875, emprendedoras obras de progreso, contando con la voluntad y colaboración de hombres como Melitón Añez, Trinidad Ferrero, Christian Andressen Moller, Juan Atalaya, Elauterio García, G. Fhingstorn, Juan Villasmil, Florentino González, Julio Pérez Ferrero.

El señor Domingo Guzmán obsequió terrenos, dinero y todo su esfuerzo, entusiasmo, dinamismo personal y actividad para el mayor ensanche del plano de la ciudad, obra encomendada al ingeniero venezolano, Dr. Francisco de Paula Andrade Troconis, por el Honorable Concejo Municipal de San José de Cúcuta.

El señor Guzmán emprendió la construcción del edificio para el teatro llamado “Guzmán”, que más tarde se le agregó Berti, obra iniciada en el año de 1876, es decir, un año después del terremoto por un hombre de virtudes personales puestas al servicio de Cúcuta y de la región.

El señor Guzmán fue periodista y excelente discípulo de Gutemberg, su nombre como periodista y tipógrafo se encuentran vinculados no solamente en Cúcuta, sino también en el Estado Táchira, Venezuela, donde fundó una imprenta y hacía periodismo.

Don Domingo Guzmán murió en Cúcuta el 11 de febrero de 1879. El Concejo de Cúcuta, con fecha 12 de febrero de 1879, aprobó la siguiente moción de duelo: “El Cabildo del Distrito, lamenta profundamente la muerte del señor don Domingo Guzmán, acaecida en esta ciudad, el día de ayer once de febrero, quien por su condición de vecino de esta ciudad, no omitió gasto alguno en bien de ella”.

Allí en el teatro, en 1898 tuvo lugar la primera proyección de imágenes en movimiento de la que se tiene registro en la historia de la ciudad. Se realizó con un Kinetoscopio, aparato que cinco años después de su invención (1893) fue traido por el General italiano J.A. Berti y por el ciudadano de origen alemán Don Enrique Hoffman. La exhibición eran cortas escenas de la vida diaria, similar a la que hicieran los hermanos Lumiére, en París, en 1895. El Kinetoscopio causó gran sensación al igual que la Linterna Fría, otro aparato de animación de imágenes en el que unas bailarinas avanzaban sobre enormes bolas de madera.

Pocos años después, a principios del Siglo XX, el Teatro Guzmán fue demolido para dar paso a la construcción del que sería el más emblemático de los escenarios de Cúcuta: el Teatro Guzmán Berti.


 Teatro Guzmán Berti. 1916

El nombre por el que se haría célebre el teatro fue el resultado del reconocimiento a sus dos principales gestores Don Domingo Guzmán en el S.XIX y el General Berti, forjador en los albores del nuevo siglo.

El Teatro fue levantado en el sitio exacto donde había funcionado el viejo Teatro Guzmán. Era 1914 y la población de San José de Cúcuta florecía al esplendor de las maravillas modernas de entonces, entre esas las artes. El creciente auge de intercambio comercial y la designación de Cúcuta como capital del naciente departamento de Norte de Santander, hicieron de esta, un puerto terrestre receptor y acopiador no sólo de lujosas mercancías sino una plaza donde se daban cita diversidad de culturas de todas las latitudes.

“El Teatro Guzmán Berti fue, indudablemente, un hito en la historia de Cúcuta. Ahí llegaban importantísimas compañías teatrales de Europa, que llegaban vía Maracaibo, por el ferrocarril. Se hicieron grandes festividades de dramaturgia, concursos importantes, demostraciones de cultura y gran inteligencia se desarrollaron en sus escenarios” relata José Toloza, secretario de la Academia de Historia de Norte de Santander.

Al respecto, Alfonso Ramírez Navarro, miembro de número de la misma corporación académica señaló: “Se presentó durante mucho tiempo la Compañía Ortiz de Pinedo, la célebre compañía de zarzuela española que paseo su arte por muchas partes del mundo. Aquí en Cúcuta tuvimos oportunidad de disfrutarlos también, en las instalaciones del Guzmán Berti. Era muy interesante y el público respondía. Todos los actos solemnes de la ciudad se hacían allí. Las representaciones de los colegios, obras de arte, todas las compañías de lo que fueran, llegaban allí. Cúcuta tenía en ese teatro algo magnífico sin duda. El Guzmán Berti era el (teatro) Colón nuestro”

La mayor parte de su estructura estaba construida en una mezcla de madera y tapia pisada.”Tenía unos arcos de madera muy hermosos, con un letrero muy bello que invitaba a asistir y abrir la mente y el espíritu a las artes. Las sillas eran también de madera pero muy cómodas. Todo el mundo asistía con gran respeto y admiración” culmina Alfonso Navarro.

“Recuerdo que tenía un letrero muy bello, escrito en latín que decía: CANENDO ET RIDENDO CORRIGO MORES, que significaba: cantando y riendo se corrigen las costumbres” relata a su vez, José Toloza.

El mítico escenario de la Avenida Sexta, fue el lugar de innumerables anécdotas que, lamentablemente, no es fácil tener conocimiento, debido a que la mayoría de quienes las presenciaron, protagonizaron o pudieran contarlas, han fallecido o han salido de la ciudad. Sin embargo, siempre se puede contar con la suerte de escuchar de viva voz, algunas de estas historias.

Juan de la Cruz Contreras, maestro por mas de cuarenta años cuenta que este fue el primer sitio en el que disfruto algunos placeres mundanos a los cuales no se tenía fácil acceso por causa de las distancias. “Recuerdo más o menos, por allá en 1944. Estaba yo muy joven y las películas que se proyectaban aún eran mudas. La primera película que vi fue “La quimera del oro”, de Charles Chaplin con su célebre personaje Charlot. Eso hacía las delicias de todos los muchachos de mi edad. Nosotros nos embelesábamos con todas estas maravillas del cine y cuando llegó el cine sonoro ni hablar. Lo único que hacíamos era comentar las películas que habíamos visto y de las que iban a proyectar después. También hablábamos de lo lindas que eran algunas actrices rubias hermosísimas que aparecían en pantalla, caso Marlene Dietrich, Ava Gardner, Rita Haibort o la misma Grace Kelly”.

La división de la silletería se hacía en Palcos, Platea y Galería. La sección de Galería pagaba la entrada más económica y estaba destinada para la gente del común y para los estudiantes. A Platea asistían las clases más pudientes de la sociedad y los palcos estaban reservados para autoridades e invitados especiales.

Don José Toloza, al igual que Alfonso Ramírez y Juan de la Cruz Contreras no pueden evitar ponerse nostálgicos al hablar de los acontecimientos de su vida que tuvieron como escenario el célebre monumento perdido. No pueden ocultar tampoco su tristeza, desazón y sentimiento de impotencia cuando la magnífica edificación fue demolida para, en su lugar, construir los apeñuscados e incómodos locales de lo que es hoy el Centro Comercial Alejandría.

“Se pasó de un monumento a las artes y al cultivo del espíritu, a un monumento a la chabacanería, la informalidad y la grosería” es la queja de Juan de la Cruz.

“Lástima cuando se terminó, eso causó gran impacto en la sociedad. Se acabó tal vez porque esos espectáculos se volvieron muy comerciales y la gente prefería entonces irse a los teatros mas modernos como el Rosetal, el Avenida o el Zulima, que lamentablemente, vemos hoy en día que también se vinieron a pique. Que haya sido cerrado fue una lástima, pero ya cuando se fue a destruir fue indignante. Lo que perdió la ciudad fue mucho, por la arquitectura, la tradición y lo que representaba esa maravilla tan nuestra” se lamenta Alfonso Ramírez.



“Fue un error gravísimo haberlo demolido, gravísimo. Porque primaron los intereses económicos nefastos de algunos que no eran de aquí. Primaron sobre los intereses nuestros y en su lugar se construyeron locales comerciales. Lamentable, de verdad lamentable, porque así como se atrevieron a hacer eso con el teatro Guzmán Berti, lo pueden hacer fácilmente con cualquier otro monumento cultural nuestro. De hecho lo están haciendo. Ahora hay un lío jurídico porque se había empezado a demoler la casona de Los Marciales en la calle Once. El teatro Zulima ya lo habían empezado a convertir en un mercado persa, hasta que un grupo de ciudadanos inteligentes y con dolor de su ciudad decidieron emprender una cruzada para recuperarlo”

Quien pase ahora, si puede pasar, por la caótica Avenida Sexta entre Calles Octava y Novena, frente a la entrada principal del Centro Comercial Alejandría, debe saber que no siempre fue así.

En tiempos remotos, cuando los abuelos de nuestros padres reconstruyeron a brazo partido la ciudad que les arrebatara en segundos el fatídico movimiento telúrico de Mayo del 1875, ese fue el epicentro de las artes que ellos quisieron dejar como muestra de una raza bravía y pujante.

Ellos pudieron disfrutar de ese monumento arquitectónico y cultural durante largo tiempo. Nosotros, lamentablemente no podremos legar a nuestros hijos aquel centro donde se fabricaron maravillas de la imaginación.

Tal vez, aguzando un poco el oído en medio del tráfico, los pitos estridentes y los gritos, logremos escuchar aún, a lo lejos, las voces histriónicas de los actores y los aplausos enfebrecidos de un público cucuteño perdido en el tiempo, que supo disfrutar la sencillez de su ciudad natal.

RECORDANDO EL PASADO

Recordar el pasado, es vivir el presente haciendo la historia de tiempos idos que no volverán jamás. Esa gama de recuerdos que nos impulsa a hacerlos presentes, cuando el oro y las morrocotas corrían como pesetas de a cinco reales. Por allá en el año 14 cuando la primera guerra mundial, cuando se importaban muebles de Viena, cerveza alemana, queso finlandés, vinos de Rhin y Rioja, paños de Inglaterra, sedas del Japón, perfumes de Francia, caviar de Rusia, porcelanas y vajillas de Checoslovaquia, revólveres y pistolas de los Estados Unidos y de Bélgica, que se vendían públicamente en el comercio y sin permiso de las autoridades.

Aquellos tiempos cuando calzábamos alpargatas de suela compradas al sordo Martínez en “El Tesoro Escondido” de la Casa de Mercado. Las gentes vivían una vida feliz sin tantos atafagos.

Cuando los que contraían matrimonio, lo hacían con absoluta responsabilidad, el hombre no esperaba que los padres de la novia le compraran el atuendo matrimonial como hoy día. Cuando los hijos obedecían a los padres, tenían a ellos un profundo respeto.

Cuando así los llamados “Botines”, solo usaban los hijos de los ricos como Pedro Jara el “millonario “, Pedro Mejía “el negro”, Pancho Leche, José Rafael Unda, Agustín Berti, José Almirati y los compraban donde Ismael Pelayo, Diego Báez y don Felipe Sánchez.



Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

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