domingo, 11 de diciembre de 2016

1043.- ALGUNAS MATRONAS DE CUCUTA...



Gastón Bermúdez Vargas

En este escrito se hace un homenaje a señoras respetables de Cúcuta, o adoptadas por este terruño, que se ganaron el reconocimiento, admiración y respeto en el sitio y ambiente en que vivieron, por su don de damas, personalidad y carácter:  

Josefa Bermúdez de Hernández


En los primeros días del siglo XX en plena Guerra de los Mil Días, el 16 de enero de 1900 nace en Cúcuta doña Josefa Bermúdez de Hernández.

Contrajo matrimonio alrededor de 1916, con el cucuteño en segundas nupcias, don Víctor Manuel Hernández Jaimes, con quien trajo al mundo 11 hijos: Josefa, Víctor Hugo, Rosa Isabel, Blanca Cecilia, Carlos Ignacio, Alberto Darío, Rafael, José Rafael, Alix Angélica, Jorge Augusto y Alvaro Eduardo.

Al principio vivieron por mucho tiempo en el barrio El Contento en la calle 12 Nº 13-63, donde levantaron a su numerosa prole. En el año 1947 muere don Víctor en plena formación de sus últimos cinco hijos, por lo que a doña Josefa quien había estado dedicada completamente a su hogar, toma el control completo del mismo junto con la ayuda de sus  hijos mayores.

Ya con un poco de mejor situación económica, compran un terreno y construyen una de las primeras casas del barrio Lleras Restrepo, donde se mudan en el año 1958 a la calle 1ª Nº 2-32.  Su madre Angélica con quien vivía, falleció ya octogenaria en Bogotá a donde había sido trasladada para tratamiento médico, hacia el año 1959.

Doña Josefa fue muy respetada y admirada por sus vecinos por su tesón en levantar con esmerada educación a sus hijos, vivió para ellos, dándole en lo posible lo mejor para su futuro. Era de principios rígidos y estricta en el buen comportamiento de los muchachos, es así que los últimos hijos, sobrinos y amigos de ellos, de forma cariñosa y respetuosa le llamaban doña Jo, ya se pueden imaginar con la intensión con que se lo decían, y que ella tomaba jocosamente.

En buena parte de su vida tuvo el acompañamiento de sus tres hijas juntas, Chepita, Rosita y Blanquita, como se les llamaba,  quienes siempre le dieron el apoyo moral y económico para completar la educación de los hijos menores.

Producto de su entereza y constancia dio de esta tierra hijos profesionales al país en el área del derecho, los doctores Carlos Ignacio y Alvaro Eduardo, y en el de la salud al doctor Jorge Augusto como bacteriólogo. Eficientes y competentes secretarias ejecutivas como Chepita y Blanquita,  una buena modista como Rosita, responsables y honestos empleados y trabajadores como Hugo, Alberto y José Rafael. Alvaro Eduardo se destacó además como jugador del baloncesto y también como dirigente de ese deporte.

Tuvo el dolor de ver partir anticipadamente, muy jóvenes,  a sus hijos Rafaelito muy niño y Alix en 1941 de una enfermedad que la agobió, y a José Rafael en 1963 en un trágico accidente automovilístico en Venezuela; y también a su hijo mayor Víctor Hugo en 1974 en Caracas.

Descansó en paz doña Josefa después de cumplir su misión que Dios le encomendó a los 89 años, el 6 de junio de 1989, en su ciudad natal.

Evelia Acevedo de Morales


Doña Evelia nació el 5 de junio de 1909 en Sardinata,  Norte de Santander. Hizo estudios de primaria y normal en la ciudad de Pamplona. Trabajo como maestra rural en varios municipios del departamento Norte de Santander por más de 20 años.

El 27 de julio de 1930 contrajo matrimonio con Carlos Julio Morales Vera, oriundo de Pamplona, trabajador del Ferrocarril de Cúcuta y posteriormente de la Colombian Petroleum Company hasta pensionarse. De esta unión hubo 14 hijos: Carlos, matemático instructor del SENA fallecido en el 2009; Gustavo, bachiller que dedico su vida a la política, desempeñando en Cúcuta cargos importantes como director del Reformatorio, director de transportes y alcalde de varios municipios del Norte de Santander y Santander, fallecido en el 2014; Jorge, secretario del juzgados en el poder judicial, ya pensionado; Graciela, ama de casa y dedicada a la decoración de interiores en Bogotá; Blanca, empleada pública; Guillermo, abogado laboralista, fallecido en 1993; Alvaro, licenciado con maestría en educación; César, Abogado; Fernando, ingeniero civil y destacado basquetbolista del Norte; Francisco gemelo de Fernando, fallecido bebé; Homero, administrador; Ricardo, sacerdote franciscano, fallecido en 2016; Orlando, periodista y abogado y Jairo, estudios de hotelería y turismo.

Doña Evelia se estableció en Cúcuta después de su matrimonio viviendo en el barrio de La Cabrera  en la avenida 5ª con Calle 15 esquina, después se traslado a Pamplona donde vivió entre 1943 y 1957,  año cuando regresó a Cúcuta a vivir en el barrio La Playa. Años más tarde vivió entre Bogotá y Cúcuta por períodos. Ya al llegar a sus 95 años y habiendo partido a mejor vida en 1997 su compañero por 65 años, don Carlos Julio,  decidió radicarse definitivamente en Bogotá.

Cómo no recordar ahora sus valores espirituales: Fe en Jesucristo y su devoción a la Virgen María; Sus virtudes morales: Entereza de carácter, rectitud en el obrar, dedicación de madre solícita de catorce hijos, esposa fiel y defensora a ultranza de la indisolubilidad del matrimonio y la unidad familiar, y honradez a toda prueba; Sus capacidades intelectuales y humanas: Vocación por la educación, habilidad y finura en las artes de la costura, el bordado y la pintura, su voz limpia, rítmica y armoniosa, cultivo de la lengua castellana que usaba siempre verbalmente y por escrito con corrección y elegancia, profunda admiración por la obra de la creación reflejada en el gusto y deleite con las flores.

En el año 2015 fue llamada al  encuentro con Dios, el 22 de marzo a la edad de 105 años.
     
Ismenia Vargas de Bermúdez


No puedo dejar de mencionar a mi madre, Ismenia Vargas de Bermúdez, nacida en Cúcuta el 3 de abril de 1918, hija de Eduardo Vargas Avendaño, de familia maracaibera por los Vargas, quien fue empleado de la Casa Breuer Moller Co. en Cúcuta por muchos años, y de Mercedes Abello Carvajalino distinguida dama ocañera.

Casó con Luis Adolfo Bermúdez Hernández en 1938 siendo ambos estudiantes de Educación Física en Bogotá, y al terminar la carrera mi padre en 1939 en la Universidad Nacional se establecieron en Cúcuta, donde procrearon cinco hijos: Luis Ramón, Joaquín Eduardo, Estrella de Jesús, Gastón Adolfo y Mario Iván. 

Ismenia se dedicó a su hogar, mientras que Luis Adolfo trabajó en el área de educación ocupando varios cargos oficiales entre ellos de Profesor de Educación Física, Jefe de la Sección Departamental de Cultura Física, Director de Educación Física del Departamento y por último fue nombrado Director de la Escuela Industrial de Cúcuta.

Siendo muy jóvenes aún y con cinco hijos, buscando mejores condiciones de vida, decidieron emigrar a Maracaibo – Venezuela en 1948. Ya establecidos en la ciudad acompañó a mi padre hasta el 6 de mayo de 1954, momento desafortunado al quedar viuda con 5 muchachos donde el mayor estaba por cumplir 15 años y el menor los 6 años.

Desde ese momento para poder levantar y darle educación a sus hijos, tomó también las riendas económicas de su hogar y comenzó a desarrollar con fuerza un taller de costura que había comenzado a montar en Maracaibo antes de tan lamentable pérdida, logrando en poco tiempo hacerse un nombre como profesional de alta costura, siendo muy reconocida en la sociedad local por la calidad y belleza de sus confecciones y la responsabilidad en la entrega de sus compromisos.

Luego de cumplir las obligaciones de madre, a la cual le dio prioridad en su vida, y ya libre de responsabilidades y compromisos, contrajo un segundo matrimonio con un reconocido comerciante marabino de nombre Napoleón Boccheciampe, con quien vivió parte de la última etapa de su vida, porque también enviudó de él.  

Fue muy respetada, admirada y querida por sus familiares, clientes y amigos, destacando en ella su personalidad, y fue siempre muy asertiva y buena conversadora. Estuvo lúcida hasta los últimos días de su vida y partió al lado del Señor en Maracaibo el  30 de julio de 2007, a la edad de 89 años.

Isabel Omaña de Carrillo


Esta matrona cucuteña, nació el 25 de mayo de 1.918. Fue la hija menor de los seis hijos de Micaela Cáceres y del tachirense Benjamín Omaña, y fue criada en el barrio El Llano.

En 1938, con solo 20 años, se casó con el pamplonés Víctor David Carrillo Niño de 26 años, contador de profesión, y se establecieron inicialmente en la ciudad de Pamplona, vivieron en la calle Real a una cuadra donde estuvo el Hotel Cariongo.

Don Víctor tenía enfrente del parque Agueda Gallardo, la imprenta y papelería Selecta, teléfono Nº 85, y allí imprimía su revista Selecta que tuvo por varios años. Por cierto en dicha revista, Eduardo Cote Lamus publicó sus primeros escritos mientras estudiaba en el colegio Provincial. Doña Isabel inicialmente lo ayudaba en el negocio hasta que comenzó a crecer la familia.

En la ciudad mitrada nacieron todos sus hijos, y al igual que sus padres, tuvieron cinco hembras y un varón: Laura Josefina, Gladys Victoria, Esperanza, Alvaro David, Isabel Teresa y Martha Lucía.       

Don Víctor atendía el negocio y doña Isabel se dedicaba al hogar y a la crianza de sus hijos, hasta que en una jugada de la vida pierden el negocio por un incendio. Entonces deciden trasladarse a Cúcuta en 1953 con los hijos aún muy pequeños, donde establecieron nuevamente la Papelería Selecta en la calle 11 entra avenidas 4ª y 5ª por algunos años.

En Cúcuta vivieron inicialmente en la calle 10 Nº 1-38,  luego a la avenida 5ª Nº 15-63, y en los barrios Lleras Restrepo, Popular y Quinta Oriental hasta el final de sus vidas.

Buscando mejores oportunidades cierran la papelería, y don Víctor decide ejercer su profesión como contador de varias empresas y fue corredor de seguros  junto con su gran amigo Carlos Sepúlveda. Mientras que doña Isabel pendientes de sus hijos, simultáneamente ayudaba con la costura, de la cual era considerada, como se decía en esos años, como una excelente y creativa modista.

La mayoría de sus hijos profesionales formaron sus hogares y hoy ellos les hablan a sus hijos, nietos y bisnietos de los maravillosos abuelos que algunos alcanzaron a conocer.

Doña Isabel se caracterizaba por ser una mujer de temperamento muy fuerte, estricta pero muy justa, amorosa, comprensiva y preocupada por la educación de sus hijos. Fue muy querida por sus amigos y tenía mucha sensibilidad social. Trabajó en los años sesenta como Dama Rosada, un grupo voluntario de mujeres para ayudar en el hospital San Juan de Dios.   

Falleció en Cúcuta aún joven, por cumplir 59 años, el 18 de marzo de 1.977, adelantándosele a don Víctor por diez años.

María Margarita Alvarez de Lamk


Doña Margarita, nació en San Antonio del Táchira, Venezuela, el 10 de junio de 1921 y se residenció en Cúcuta en 1944.

Como había estudiado comercio, llegó a administrar un almacén en el centro de Cúcuta, en donde conoció a Said Lamk Atala un comerciante libanés, hombre fuerte de carácter pero muy apreciado en el medio, de quien se enamoró, y al poco tiempo contrajeron matrimonio, se casaron ese mismo año de 1944, y del cual nacieron 9 hijos: Juan Jose, Said Fernando, Jesús Ricardo, German Rafael, Juana Margarita, Freddy Orlando, Jairo Omar, Cristian Raúl y Nelson Yesid.

Inicialmente vivieron en el barrio El Contento, y después se mudaron al barrio La Playa en una casa típica de fachada española de la avenida 3ª Nº 16-51, que se caracterizaba por sus amplios espacios y corredores, además de tener una frondosa mata de uva que cuidaban mucho para repartir su fruto entre familiares y amigos, sobretodo de descendencia libanesa. Disfrutaban teniendo familia e invitados en su casa. Fueron muy buenos anfitriones.   

Doña Margot, así también la llamaban, un ejemplo típico de señora cucuteña, era locuaz, hablaba duro, rápido, y sus descripciones de los hechos y personas eran abundantes en detalles. Una persona dedicada a su familia, sentía un profundo amor por sus hijos, quienes eran bastantes, a todos los defendía y quería. Don Said la adoraba, y también la celaba. Fue una buena amiga, muy solidaria.

Mientras don Said trabajaba en el comercio, doña Margot se dedicaba a la crianza y formación de sus hijos, incluyendo a su hijastro Francisco, a quien quiso como a uno más de los suyos. Varios de sus hijos se caracterizaron por ser buenos basquetbolistas destacándose en la selección del Norte, incluyendo su única hija Juanita, a quienes ambos apoyaron con toda la pasión de un fanático. Doña Margarita llegó al punto de ser considerada la Madre del Baloncesto del Departamento en su momento.

Cuando ya sus hijos mayores estaban encaminados en la universidad en sus carreras profesionales, sobrevino de pronto la partida de don Said en 1969, y cuando iban a festejar sus 25 años de matrimonio, dejándole un gran vacío y la falta de apoyo para continuar con la educación de sus hijos, pero no se amilanó y su esfuerzo fue compensado, logrando sacar adelante como profesionales a casi todos, salvo a Said Fernando que le faltó poco para graduarse de médico.

Tuvo el dolor de ver partir tempranamente a sus tres hijos mayores Juan José, Said Fernando y Jesús Ricardo, como una ironía de su vida. Esta dama entregó su alma a Dios el 13 de octubre de 2007 en Cúcuta a la edad de 86 años, acontecimiento muy lamentado en la ciudad.

Felicidad Guerrero de Maldonado


Doña Fela, como se le llamaba cariñosamente, nació en Cúcuta el 7 de marzo de 1923, hija de Clodomira Arjona, venezolana, y Timoleón Guerrero, colombiano, quienes vivieron en Pamplona y en el barrio El Contento de Cúcuta.

De joven trabajó en el almacén de Tito Abbo en actividades de ventas y administración, lo que le permitía darse sus gustos para engalanar su belleza. Era una mujer muy hermosa y atractiva, al punto que los jóvenes de la época, iban los domingos al  parque de Santander para verla pasar al ir a la misa de la catedral.

Se enamora de Luis Francisco Maldonado Moreno, un hombre de 37 años cuando ella tenía 26. A pesar de su edad, su familia se oponía a dicha relación. Por tal motivo deciden casarse “a escondidas” el 17 de enero de 1948 a las 5 de la mañana en la Iglesia de Villa del Rosario. De esa unión nacen sus dos hijos: Gloria y Luis Fernando.

Formaron su hogar en Cúcuta, inicialmente en el barrio El Callejón, luego en el barrio El Contento y por último en la calle 15 entre avenidas 5ª Y 6ª. Luis Francisco se dedicó a trabajar en el área de Seguros, hasta llegar a ser ejecutivo  de la Compañía Colombiana de Seguros en Cúcuta y Barrancabermeja, gozando de amplia reputación en el ramo. Mientras que doña Fela al casarse, se desvincula de su trabajo y se dedica exclusivamente al cuidado del hogar y a la crianza de sus hijos.

A principios de 1963 se mudan a Barrancabermeja por haber sido Luis Francisco Maldonado nombrado Gerente de la oficina de dicha ciudad. Desafortunadamente una grave enfermedad se le presenta y fallece el 21 de febrero de 1965 a los 54 años de edad.

La fuerza interior de doña Fela se puso a prueba al morir su marido después de tan solo 17 años de matrimonio y quedar con dos hijos apenas saliendo de la adolescencia. Batalladora y triunfadora: “A   mí no me jode el que quiere sino el que puede”, solía decir después de algún percance con algún semejante. Regresa a Cúcuta, vive en el barrio Lleras en la avenida 3ª en la casa Nº 2-70, y apoyó a sus muchachos quienes se convirtieron en profesionales del Derecho. 

Enseñó a sus hijos, en compañía de su marido y sola después, el trabajo como el valor y bien más importante, el respeto a los demás, la honradez, la rectitud, la lealtad, el valor de la palabra empeñada, la autoestima, la autenticidad y el no doblegarse ante la adversidad.

Fue buena consejera, las personas la buscaban para contarle sus historias y problemas. Además, era cordial, agradable, simpática, divertida. Tenía un magnetismo especial. Muchos la recuerdan saludando siempre con su amplia y sincera sonrisa.

Doña Fela convivió permanentemente con su hija Gloria en Cúcuta y posteriormente en Chinácota y Bogotá. Vio partir a la eternidad a su hijo Luis Fernando el 2 de noviembre de 2005. Y ella atendió el llamado del Señor en Bogotá, el 9 de octubre de 2007, a los 84 años de edad.


Hilda Villamizar de Salgar


La matrona Hilda Villamizar de Salgar nació en Cucutilla, Norte de Santander, el 13 de abril de 1926 y desde muy joven, en diciembre de 1943, formó su hogar con Carlos Salgar R., del cual nacieron sus hijos Edgar, Álvaro, Alfonso, Yadira, Gustavo, Carlos Arturo y Luis Ernesto, hoy distinguidos profesionales de la medicina y la ingeniería en nuestra ciudad.

Con el esfuerzo y el trabajo compartido por los esposos Salgar Villamizar, toda la vida, educaron a su familia bajo los principios cristianos del respeto, honorabilidad, responsabilidad y trabajo; inclusive doña Hilda fue hasta casi los últimos años de su vida la secretaria personal de su hijo Edgar en el consultorio médico dentro de esa gran empresa que forjaron con tesón los integrantes de la familia Salgar Villamizar como lo es la Clínica San José.

Lúcida hasta el final de sus días, pasó los últimos años en el retiro forzoso que su avanzada edad le obligaba, pero siempre pendiente de todos sus hijos y nietos y por supuesto de la Clínica, empresa que vio nacer, crecer y consolidarse en la ciudad de Cúcuta.

El día 26 de abril de 2015  falleció en la ciudad de Cúcuta Doña Hilda Villamizar viuda de Salgar a la edad de 89 años. (La Opinión)

Ana Romelia Villamizar de Chacón


Ana Romelia había nacido en Durania, Norte de Santander, el 4 de octubre de 1926.

Desde muy joven, en 1947, formó su hogar con Rodolfo Chacón, bumangués de nacimiento con quien se establecieron en la ciudad.

Comerciante por vocación y familia, fueron los fundadores de una tradicional casa comercial de Cúcuta, la Casa Gladys, Casa de Las Novias, situada en los bajos del Edificio San José, muy conocida en la ciudad en la segunda mitad del siglo XX.

Luego de la muerte de su esposo en 1978, Ana Romelia continuó al frente de los negocios comerciales.

De su hogar son sus dos hijos, Rodolfo y Carlos Enrique, hoy en día profesionales distinguidos en la ciudad del derecho y la medicina.

Su partida fue muy lamentada en los distintos círculos sociales de la ciudad, pues sus cualidades como esposa, madre y amiga la hicieron gozar del aprecio de quienes la conocieron.

El 16 de junio de 2016 falleció, en Cúcuta, Ana Romelia Villamizar de Chacón, a la edad de 89 años, matrona de una tradicional familia de comerciantes de la región.  (La Opinión)

Alicia Quintana de Ramírez





Doña Alicia Quintana de Ramírez nacida en 1917 en Cúcuta en el seno de una muy conocida familia de comerciantes de la ciudad, los Quintana Castro, su padre fue Mario Alfonso Quintana. Falleció en la clínica San José de Cúcuta a la edad de 98 años.

En 1937 en una de las célebres fiestas de Cúcuta, participó y fue Reina de los Estudiantes, y allí conoció a un joven locutor, Carlos Ramírez París, con quien dos años después contrajo matrimonio, el 19 de abril de 1939 en el corregimiento de La Donjuana.

Fue su esposo el famoso ‘Trompoloco’, propietario de la Radio Guaimaral y columnista de La Opinión en los años 60 y 70 y ex-alcalde de la ciudad, quien fuera muerto en un confuso incidente en 1977.

De ese hogar nacieron tres hijos, Natacha, Vivian (Millita) y Carlos Eduardo, ampliamente conocidos en nuestra sociedad, quienes le sobreviven.
(La Opinión)


Julieta Fernández de Faillace





Doña Julieta Fernández de Faillace nació el 25 de agosto de 1928 en San Juan del Cesar, en ese entonces municipio del Magdalena, hoy de la Guajira. Falleció esta apreciada dama de la sociedad cucuteña, a la edad de casi cumplir 89 años, en Cúcuta de forma repentina el 8 de julio de 2017.

Conoció a quien sería su esposo, el médico y ganadero Humberto Faillace, en el matrimonio de un compañero de estudios en Valledupar, unión que se formalizó en 1949 en su ciudad natal.

La pareja se radicó en Cúcuta y de su unión nacieron sus tres hijos, Ricardo, Sylvia y Claudia, todos apreciados profesionales radicados en Cúcuta y París, Francia.

Amante y defensora de la cultura musical de su tierra, era paisana y amiga personal del juglar Rafael Escalona y tía abuela del acordeonero de Diomedes Díaz, Juancho Rois.

De gran trato con sus familiares y amigos, en Cúcuta participó activamente durante su vida en diversas actividades de solidaridad social, siendo muy apreciada en la sociedad local.

Su repentino deceso fue muy lamentado por sus amigos y conocidos quienes reconocieron en ella sus altas calidades humanas y familiares. (La Opinión) 



Después de haber terminado este documento biográfico me siento interiormente satisfecho, alegre y profundamente emocionado por recordar la vida de estos bellos seres de nuestra región, donde se manifiesta el temple y formación de nuestras mujeres. Agradezco a hijos, familiares y amigos de ellas, quienes ayudaron con los recuerdos y su información. 


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