domingo, 21 de diciembre de 2014

687.- COMIENZA LA MODERNIDAD, 1954




Gerardo Raynaud

Colegio La Salle

Habíamos dicho y repetido en estas crónicas que la ciudad comenzó su despertar y su iniciación al mundo moderno, recién comenzó la segunda mitad del siglo pasado.

Pues bien, los invito a un breve paseo por la Cúcuta del año del título para recrear la memoria y reverdecer los recuerdos de aquellos tiempos que, aunque no volverán, seguirán existiendo en nuestra mente y nuestro corazón.

Así pues, desde al año anterior, cuando se produjo el movimiento político que alteró la conciencia democrática del país con la asunción al poder del último “dictador”, si así es como suele llamársele a quienes optan por ascender al poder mediante golpes de fuerza, la ciudad comenzó su lenta pero firme evolución a la modernidad.

Comenzaremos por reseñar la iniciación de actividades del nuevo colegio de los Hermanos Cristianos en esta ciudad, toda vez que venían desempeñándose en la misma actividad académica desde hacía exactamente 25 años, por segunda vez, al frente del colegio Sagrado Corazón de Jesús.

Traídos en esa oportunidad por el gobernador Ramón Pérez Hernández a instancias del entonces párroco de San José, Demetrio Mendoza, a quien por estos días le celebraban un año más de aniversario de su nacimiento, se decidió como fecha de inauguración el jueves 14 de enero por conmemorarse ese mismo día de 1929 el retorno a la ciudad de la congregación lasallista luego de su retiro temporal por razones que ya fueron expuestas en una de las crónicas anteriores, en las que se narró las primeras experiencias de la comunidad a comienzos del siglo pasado.

El colegio fue edificado en el barrio Rosetal y se nombró como su primer rector al Hermano Rodulfo Eloy a quien se le debe, no sólo, la construcción del moderno edificio, sino el exceso de nobleza, desinterés y consideración para con el pueblo cucuteño, por haber establecido las mensualidades a precios populares, accesibles a toda la población sin distingos de clases sociales.

Asistieron al acto de inauguración, las autoridades civiles, militares y religiosas de la región y por parte de la comunidad de los Hermanos Cristianos, el Provincial Visitador Alfonso Juan y el Hermano Domingo León, rector del Colegio Provincial de Pamplona, así como el resto de los religiosos de la comunidad, tanto de Cúcuta, como de las poblaciones vecinas de Pamplona y Bucaramanga.

La oferta educativa inicial era desde el 2° año de primaria hasta el 1° de bachillerato; los estudiantes que querían seguir sus estudios de bachillerato, tenían la opción de hacerlo en el Sagrado Corazón, eso sí, presentando las pruebas de rigor exigidas entonces.

Mientras tanto y no lejos de allí, la comunidad de los misioneros Redentoristas habían comprado hacía cinco años, media manzana de terreno en el barrio La Merced, cuadra y media del estadio, para construir allí el Templo del Corazón Eucarístico de Jesús.

La comunidad de los Redentoristas había estado vinculada a la ciudad desde el mismo momento en que doña Juana Rangel hizo la donación para erigir la parroquia, que posteriormente se convertiría en la noble villa de San José de Cúcuta y el artífice de este retorno fue, nuevamente,  el presbítero Demetrio Mendoza.

La nueva iglesia tuvo especial aceptación entre los pobladores de los barrios de los trabajadores de la Colombian Petroleum Company que para algunos quedaba más cerca que el recientemente inaugurado templo de Sevilla y constituía una nueva avanzada contra la arremetida de los protestantes Adventistas que tenían también su nuevo templo a pocas cuadras de allí, donde es hoy la avenida cuarta entre calles quinta y sexta.

Pasando a otro tema, un poco más mundano, las actividades de entretenimiento que por entonces eran pocas, comenzaban a desarrollarse con entusiasmo.

Se leía en la prensa que con el auge que estaba tomando estos actos, el pueblo “no pedía pan pero si desea divertirse” y todo por el impulso que se le venía dando a la industria cinematográfica, me refiero a la presentación y exhibición de películas que era la diversión de moda.

Existían entonces, el Teatro Guzmán Berti y el Santander; el teatro Municipal estaba en pleno proceso de construcción, así como el llamado Teatro de la Lotería que en ese momento estaba en estudio y que como sabemos, fue posteriormente construido con el nombre de Zulima.

En campaña de expectativa se hallaba don Guillermo Arámbula con su propuesta de teatro Las Mercedes, que finalmente inauguró con gran éxito.

Pero ahora y en vista del triunfo obtenido y sin haber comenzado las funciones de su última sala, ya pensaba en abrir otra por los lados del barrio Saucedal, que quedaba por los lados del Colsag, sobre la carretera internacional, la que hoy conocemos como la carretera ‘vieja a San Antonio’.

Entusiasmado por el respaldo obtenido, don Guillermo compró un lote de ochocientos metros cuadrados, de veinte por cuarenta metros y era tanto el optimismo que había mandado a elaborar los planos y hasta nombre le tenía.

El edificio tendría su ‘hall’ con su ‘plafondo’ a la usanza de la época, magnífica silletería, servicios sanitarios, cantina y profusión de luz, además los pedidos de los equipos de proyección y sonoridad habían sido realizados de manera que su propietario estimaba que dentro de máximo seis meses el nuevo cinematógrafo estaría abriendo sus  puertas al público. Pero parece que solo quedó en proyecto…

Y ya para terminar con los sucesos de comienzos del 54, baste decir que otra de las actividades que estaba emergiendo vigorosamente, era la constructora.

Desde hacía algunos meses se venía trabajando en la nueva edificación de la Aduana Nacional y en el sector privado los personajes sobresalientes de la ciudad habían comenzado, unos a adquirir los viejos edificios del centro de la ciudad para construir, como decían, soberbios edificios, como el proyectado por don Gustavo Buenahora, en la avenida quinta entre calles once y doce, frente al recién vendido Almacén de Tito Abbo, que había sido adquirido por la cadena nacional de Almacenes Ley y que apenas comenzaban labores, adecuando las instalaciones a sus propios requerimientos. 

Otros edificios que estaban, bien en proceso de terminación de su construcción o iniciándola, eran los del Boulevard Morales y el suntuoso edificio Copello de don Antonio Copello, quien lo estaba proyectando en el lugar donde estuvo la antigua casa de comercio alemana Bruer Moller, en la manzana de las calles once y doce y las avenidas cuarta y quinta.

Finalmente construiría el edificio donde posteriormente y durante los años de bonanza funcionaría el afamado almacén Tony.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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