viernes, 12 de agosto de 2016

984.- UFPS EN QUE MOMENTO SE PERDIO?



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El 17 de abril de 1970, la Universidad Francisco de Paula Santander adquiere la propiedad denominada La Casona, antigua casa de la finca El Piñal, que anteriormente funcionaba como oficina administrativa de la Colombian Petroleum Company y sede del Club Colsag en la década de los cincuenta. El inmueble se destinó al funcionamiento de la Rectoría, la Secretaria General y la Pagaduría de la institución durante cerca de cinco lustros.


La Universidad Francisco de Paula Santander nació como un organismo privado en 1962 y fue oficializada como entidad de carácter público del orden departamental en 1970, al tiempo que su planta docente recibía un impulso con un programa de becas para estudios en el exterior, financiado por la OEA a través del ICETEX, cuyo objetivo era formar maestros de alta calidad y competencia.

Buena parte de los primeros maestros hicieron estudios en diferentes ingenierías, por ejemplo, en Estados Unidos y otros países.

En los anales históricos de la misma universidad aparecen como maestros fundadores: Raúl Espinoza Rodríguez, Alejandro Escobar Díaz, Senén Botello Rangel, José Luis Villamizar Melo, Guillermo Eliseo Suárez Peñaranda, Eduardo Colmenares Abrajim, Ciro Díaz Lozano, Antonio Guerrero Gallardo, Luis Roberto Parra Delgado y Fausto Rodríguez Duarte.

La vocación originaria de la Universidad fue técnica e ingenieril, además de empresarial, financiera y mercantil. En su comienzo, la Facultad de Economía llamada originalmente Escuela de Economía, entró a dinamizar las áreas de ingenierías, humanidades y ciencias empresariales. El primer decano fue el Doctor Rafael Espinoza Rodríguez.

La UFPS configuró su inicio formal como casa de estudios superiores al incorporar la Escuela de Topografía y Dibujo Arquitectónico, al tiempo que se ubicaba en una sede más competente y fortalecía su estructura orgánica.

El Señor José Luis Acero Jordán, exgobernador del Departamento, se hizo nombrar rector; antes había estado apoyando la institucionalidad universitaria desde la esfera política y gubernativa.

En diciembre 23 de 1965 se graduaron los primeros profesionales en Dibujo Arquitectónico y Topografía. En 1966 el Ministerio de Educación Nacional reconoció el programa de Contaduría Pública que para aquella fecha ya llevaba cuatro semestres funcionando.

La oficialización de la UFPS como universidad pública regional tuvo su partida en la Ley 67 de 1968, donde se le daba marco jurídico y carácter de universidad, pero solo hasta la expedición del Decreto 323 de 1970, mayo 13, no se oficializó la UFPS como institución educativa superior, del orden departamental.

Argelino Durán Quintero fue el gobernador que dio luz a este hecho. Para aquella época la UFPS asumió la tendencia nacional de las carreras técnicas cortas e implementó el programa de Tecnología Electrónica y el Laboratorio de Suelos de Ingeniería en 1971.

Aquel mismo año abrió los programas de Administración de Empresas Contaduría Pública, Ingeniería Civil y licenciaturas en Biología y Matemáticas. En 1972 se crearon los estudios en enfermería, a nivel de enfermería general; nació entonces la Escuela de Enfermería.

También se organizó e implementó la biblioteca universitaria Eduardo Cote Lamus, así como el programa de transferencias estudiantiles con la Universidad Industrial de Santander; UIS, en Ingeniería Química y Electrónica.

Se creó también la oficina de Investigaciones: hoy es una vicerrectoría. En 1975 llegó a la UFPS el primer ordenador, un “poderoso 1620 de IBM”. Ya se había aprobado el Plan de Estudios de Ingeniería Civil y Mecánica.

En 1978 se creó e implementó el Laboratorio de Carbones, apoyado por el Ministerio de Minas y Energía, fundamental para el desarrollo de las tecnologías e ingenierías de minas de la Universidad.

En 1983 se implementó el Programa de Educación Abierta y a Distancia, con el cual se abrieron innumerables CREADs de la UFPS por todo el país, haciendo de esta modalidad de formación docente un verdadero estropicio con la educación superior a nivel de formación de maestros.

Cientos, mejor miles, de individuos terriblemente mal formados empezaron a copar las aulas del Sistema Educativo Nacional, dando al traste con la calidad de la educación primaria y secundaria en Colombia.

Estos programas de formación a distancia se manejaron como una feria de títulos en los CREADs, a tal punto de llegar a entregar cartones por cientos en una sede un mismo día, como cuenta jocosamente un maestro jubilado de la UFPS, al recordar que en cierta ocasión lo mandaron a representar a la Universidad para la graduación de licenciados en educación, pero eran tantos que no aguantó de pie entregando cartones; debió hacerlo sentado.

Se convirtió la Educación a Distancia en foco de corrupción y mercado miserable y desvergonzado de la formación y titulación universitaria, pues algunos individuos de la Universidad, profesores o docentes directivos, solían abrir negocios en los lugares más impensables del país, donde quizá jamás se había oído hablar de la UFPS, inscribían y recaudaban el valor de las matrículas y luego no volvían por allá.

Luego los afectados tenían que venir a buscar en Cúcuta por qué les habían incumplido y acá en la Universidad ni siquiera sabían de la existencia de ese lugar en sus registros. Para resolver el problema terminaban yendo a parapetar el asunto y en todo caso entregar los títulos ofrecidos.

Es posible que si se hiciera una evaluación crítica y certera del daño que a la sociedad se le ha hecho con estos programas de Educación a Distancia, la UFPS debía ser demolida de tajo y sus agentes destituidos y enjuiciados de ipso facto; aunque no solo a la Francisco de Paula, a todas, pues la Universidad de Pamplona no se queda atrás en ese mercado desventurado de la titulación mediocre y miserable de docentes mal formados.

En 1985 se abrió el Programa de Ingeniería de Sistemas. En 1990 se implementó el Laboratorio de Suelos. En 1995 se abrió Ingeniería Eléctrica y en 1997 Ingeniería Electromecánica e Ingeniería Agraria y del Ambiente, amén de otros programas.

En materia de obras e infraestructura en el Campus Universitario, las construcciones físicas se iniciaron entre 1975 y 1976 con el Centro de Cómputo y algunos laboratorios.

El edificio de Educación a Distancia se construyó en 1987 – 1990.

El edificio de Aula Sur entre 1991 y 1996, así como el inicio de la Torre Administrativa. Luego se fueron sumando bloques y más bloques hasta llenar el Campus de ladrillo y cemento, pensado como camino o sinónimo de calidad educativa, o calidad de los negocios… más bien.

A nivel de modelo universitario, como lo planteara el Doctor Darío Botero Uribe, la UFPS termina constituyéndose en términos históricos en una suerte de dos universidades en una.

Una, la Torre Administrativa, burocrática, ajena a todo pensamiento y quehacer académico educativo superior, como incoherente, incompetente y por supuesto corrupta. Y, dos, la Torre Académica, hedonista, arrogante, tribal, mediocre, ensimismada, descontextualizada y ajena a la realidad socioeconómica y cultural de la sociedad cucuteña.

Las últimas rectorías, han politizado, corrompido y pervertido el carácter de universalidad, modernidad y ciudadanía que debe asistir a toda institución de Educación Superior.

Consolidaron el poder a partir de la cooptación de agentes sindicales, estudiantiles y gremiales.

Llevaron a nuestra Universidad todos los males de la política corrupta e indecente que consume a la sociedad y nación colombiana en todas las esferas del poder público, en vez de hacer de la UFPS el faro de esperanza de la reivindicación intelectual y política de la región.

Hicieron de la UFPS, de la institución educativa superior de los cucuteños y nortesantandereanos, responsable del desarrollo y la más alta expresión de ciudadanía y modernidad en la región, un verdadero antiejemplo y vergüenza de Universidad.

Totalmente desacreditada, programas humanísticos sin registro calificado, ocupando los honrosos últimos lugares en todos los rankings posibles. No forma, MALFORMA a los profesionales que la región NO necesita, que nadie necesita, en una suerte de autoengaño colectivo a nivel de ciudad y región.

Por ejemplo, egresa cientos de administradores de empresas cada año, como muchos otros garajes privados lo hacen y, sin embargo, Cúcuta es la ciudad más mal administrada sobre la faz de la tierra.

Eso se llama impertinencia total de la educación.

Ahora bien, surge la pregunta en torno a si además de la cúpula rectoral como sus agentes administrativos y directivos, ya sean secuaces o cooptados, ¿quién más es responsable de semejante descalabro institucional y social?

No cuenta la Universidad con un Consejo Superior, encabezado por el Señor Gobernador del Departamento, además de los representantes del Gobierno Nacional. Qué hicieron los últimos gobernadores en el Consejo Superior, firmar las actas y los acuerdos para legalizar y legitimar las acciones del Señor Rector en ese feudo llamado UFPS.

Es posible que los últimos cinco o seis gobernadores son igualmente responsables de esa lamentable, vergonzosa y desventurada historia de la UFPS.

Y de los otros miembros del Consejo Superior ¿Qué se puede pensar o indagar, qué rol jugaron en todo este desastre?

Y los estudiantes ¿Cuál ha sido su rol político? Cómo fue posible que diferentes liderazgos estudiantiles, antes que enfocar sus luchas y reivindicaciones por la calidad de la educación y el sentido adecuado de la Universidad frente a la sociedad, hayan sido cooptados la mayoría de ellos y en lugar de consolidar identidad y lucha política por su clase, por sus intereses y los de la sociedad, hayan terminado haciéndole las campañas al Rector en sus distintos procesos electorales.

Los estudiantes, sus líderes, en vez de constituirse en grupos de presión, veeduría ciudadana y lucha por la transparencia y la política sana, el ejercicio la democracia y la verdadera universalidad del Alma Mater; terminaron comprados por mucho menos que un plato de lentejas.

Ellos también entran en esta historia en términos no muy heroicos, van a hacer parte de esta suerte de historia indigna que la Universidad viene configurando en estas últimas décadas.

Finalmente, caen como anillo al dedo unos apuntes muy juiciosos que, estando aun inéditos y seguramente ignorados en los ámbitos académicos universitarios por su perspectiva acrítica y su conformismo gregario, pero que bien ilustran y tipifican el tipo de universidad en que han convertido la UFPS al secuestrarle su norte y sumirla en la mediocridad y la indecencia administrativa.

-“La comunidad universitaria de la Universidad Francisco de Paula Santander no marca una diferencia con su entorno, no plantea un horizonte, no moldea un futuro, no suscita una personalidad y en consecuencia ningún ethos contrario al que le configura su entorno a nivel de ciudad y región.  

Reina la informalidad, el facilismo, el corto esfuerzo pero sí el agrado por los buenos resultados, el evadir responsabilidades, el desarrollar sus encargos con el menor compromiso y esfuerzo posibles.

Una ausencia muy generalizada de soportes, de fundamentos para asumir un problema del conocimiento o una discusión teórica o disciplinar.  El quehacer universitario es doxástico por excelencia, muy poca inclinación por el logro.  Así es la región, la ciudad, sus instituciones académicas y escolares”.

-“La UFPS en su historicidad se ha caracterizado por ser una institución que funge como centro de educación superior para las clases económicamente menos favorecidas del departamento Norte de Santander, permitiendo con matrículas, costos académicos, comedor para almuerzos, subsidio de libros, y otros beneficios a muy bajo costo en comparación con otras academias de la región, dar una oportunidad real para que los menos favorecidos puedan lograr un título académico y con ello garantizar el derecho a la educación para aquellos que tienen los méritos pero no los recursos”.

-“La Universidad no pudo superar esa impronta mercantilista e instrumental de la vida académica. Asumió y vivificó la generalizada inclinación del hombre de frontera por la informalidad frente a los negocios, frente al trabajo, frente a la ciudadanía, pero en especial frente a las normas y los deberes públicos.  

Esto no le permitió a lo largo de su historia configurar su propio Ethos para la transformación, para el cambio, o para participar e incluso pulsar el desarrollo de la sociedad en la cual está inserta”.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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