PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

PORTAL CRONICAS DE CUCUTA: Estandarte cultural de historias, recuerdos y añoranzas cucuteñas…

TERREMOTERO -Reconocimiento, enero 2018-

Apasionantes laberintos con inspiraciones intentan hallar rutas y permiten ubicarnos en medio de inagotables cascadas, son fuentes formadas por sudores de ancestros. Seguimos las huellas, buscamos encontrar cimientos para enarbolar desprevenidos reconocimientos en los tiempos. Siempre el ayer aparece incrustado en profundos sentimientos.

Corría finales del año 2008, Gastón Bermúdez sin advertir y sin proponerlo, inicia por designios del destino la creación del portal CRONICAS DE CUCUTA. Parecen haberse alineado inspiraciones surgidas por nostalgias. Gran cúmulo de vivencias, anécdotas, costumbres y añoranzas, fueron plasmadas en lecturas distintas.

Ya jubilado de la industria petrolera venezolana, recibió mensaje que expresaba una reunión de amigos en Cúcuta. Tenía más de cuatro décadas ya establecido de forma permanente, primero en la ciudad del puente sobre el Lago y después en la cuna del Libertador. Viajó ilusionado, acudió puntual a la cita desde Caracas. Encontró un grupo contemporáneo, conformado por amigos ex-jugadores de baloncesto y ex-alumnos del Colegio Sagrado Corazón de Jesús.

La tierra cucuteña levantada desde primeras raíces plantadas, siempre acompañó todos los hijos ausentes. Cuando encontramos distantes los afectos, creemos separarnos de recuerdos. Nos llevamos al hombro baúles de abuelos, cargamos con amigos del ayer, empacamos en maleta la infancia y juventud. Muchas veces una fotografía antigua, atrapa y confirma que nunca pudimos alzar vuelo.

Entonces por aquellos días apareció publicado ´La ciudad de antaño´, parido desde generosa pluma con sentido de identidad comprometida, fue el mártir periodista Eustorgio Colmenares Baptista dejando plasmados recuerdos de finales de los 50 y años 60. Sin querer, esas letras fueron presentación inaugural de CRONICAS DE CUCUTA. Los Inolvidables sentires viajaron al modesto grupo de amigos y abrieron compuertas para afianzar arraigos de infancia. Don Eustorgio culmina la crónica con frases retumbando las memorias: “Había muchos menos avances tecnológicos a disposición de la comunidad, pero vivíamos como si nada nos faltara. Nos bastaba con vivir en Cúcuta”.

Sentires intactos, ahora plasman recuerdos en calles transitadas por niños que fuimos. Nuevamente los arraigos hacen despejar las avenidas a los rieles del antiguo ferrocarril. Nos bastaba con vivir en Cúcuta. Asoman madrugadas entre indetenibles remembranzas y añoranzas.

Sin planificar nada, Gastón compartía vía internet las crónicas del Diario La Opinión aparecidas cada ocho días en lecturas dominicales. Sin saber, creció el portal CRONICAS DE CUCUTA. Cada acontecimiento recopilado se convertía en homenaje In Memoriam para hombres y mujeres que dejaron muy alto el Valle de Guasimales. Igualmente, exalta la dignidad con reconocimiento a grandes glorias del ámbito artístico, cívico, periodístico, religioso, deportivo, cultural, social y político.

Oficialmente se convierte en PORTAL WEB el 7 de octubre 2010. En forma admirable acumula ya 1.329 recopilaciones tipo crónicas, casi todas extractadas de periódicos y publicaciones locales, libros populares, escritos nacidos de historiadores, periodistas, inéditos autores y muchos escritores del Norte de Santander. El portal permite hallar el original ADN ancestral y ubica el sentido innato de pertenencia cucuteña. Llegó un día a la vida de todos los internautas, igual como aparecen las buenas nuevas, sin avisar, sigilosamente introduciéndose en las cortezas que somos y las venas que siempre fuimos. Su creador, nunca imaginó un buscador que tocara el alma y menos tallar imborrables despertares en ávidos ojos de lectura.

Aparece ahora como paso determinante para navegar en referencias de Cúcuta. Asegura a nuevas generaciones herramientas para afianzar valores jamás perdidos. La perspectiva futura para ámbitos históricos, culturales, sociales y deportivos, harán necesario considerar el Portal como insigne buscador de consulta e informativo. Importante archivo tecnológico para infantes en colegios y escuelas. Podrá acceder directamente cualquiera a profundos arraigos allí recopilados. Casi imperativo considerarlo como salvaguarda del sentido de identidad y pertenencia.

CRONICAS DE CUCUTA se convirtió en sugestivo repaso de acontecer histórico, recopilado en 19 capítulos o clasificaciones. Portal libre, siempre abierto a todo aquel deseoso por descubrir datos históricos, biografías, nombres de grandes personajes, fechas emblemáticas, sucesos de vida social, cultural, deportiva, religiosa, artística y política. Formidable vía adentrándose en acontecimientos del siglo XVIII hasta nuestros días. Todo expedicionario oriundo se encontrará representado en cada letra, apellido, dato, foto y fecha. Todos volverán a observar las luces de la gran ciudad en medio de rutas por hallar orígenes.

CRONICAS DE CUCUTA no debe tener como destino el olvido, deberá asegurar a nietos de nuestros nietos, inquebrantables lazos surgidos de nostalgias, recuerdos y añoranzas. CRONICAS DE CUCUTA es herramienta tecnológica para demarcar el hilo conductor entre hoy y ayer. Parece luz encontrada en días oscuros, nos abre el entendimiento. Pulsar la tecla nos lleva a destinos con encuentros pasados. Valiosa información contenida en páginas adornadas con sentimientos profundos.

CRONICAS DE CUCUTA garantiza el resurgir de valores originarios que parecían adormecidos por culpa del avasallante mundo moderno. CRONICAS DE CUCUTA llegó para quedarse, igual que mares inundados por recuerdos. CRONICAS DE CUCUTA confirmó la premisa donde las nostalgias se convierten en vehículos para transportar la historia. Una enciclopedia virtual presentada por nuestras gentes con sencillo lenguaje.

Anclados quedarán por siempre nuestros sentires, intactos los arraigos, despiertas las añoranzas y vivas las costumbres intactas. Ahora aseguramos el reguardo de raíces que retoñan desde cenizas del ayer. Dios jamás declaró desértico el Valle Arcilloso, siempre fue bendecido, tampoco declarado deshabitado para la vida del hombre.

Fueron creciendo raíces en medio de cenizas y milagrosamente reverdecieron los gigantescos árboles frondosos. CRONICAS DE CUCUTA reafirma lo que somos. Seguiremos siendo aquello que siempre fuimos, nada cambió, solo algunos pañetes y varios techos distintos.

Todo estará por volver, todo por crecer y todo por llegar. Nunca estaremos solos. Cada generación hará brotar nostalgias por siempre convertidas en historias llenas de arraigos.

Nos bastaba con vivir en Cúcuta…

miércoles, 31 de diciembre de 2025

2726.- JUAN E. HOHBERG, EL CHARRUA ROJINEGRO QUE ESQUIVO A LA MUERTE

ESPN.com.ve/ Cúcuta Los Motilones/ Gastón Bermúdez Vargas


Juan Eduardo Hohberg, “El Verdugo”, es dueño de dos particulares historias. Nació en Córdoba, Argeantina, el 8 de octubre de 1927. Se lo recuerda como un futbolista extraordinario que en 1949 fue contratado por Peñarol de Uruguay. Con la camiseta aurinegra ganó todo. Histórico delantero del club Peñarol que se destacó en el fútbol uruguayo y sudamericano de los años 50. Se nacionalizó y se puso la celeste. Fue un ex-futbolista y entrenador argentino nacionalizado uruguayo.

Hohberg fue otro de los jugadores mundialistas que pasó por el Cúcuta Deportivo donde jugó (1961 y 1962) y dirigió (1962 y 1963) por primera vez en Colombia, y podríamos decir que fue donde descubrió su pasión por la carrera de director técnico del fútbol, al iniciar como jugador-entrenador de los motilones en 1961-1963. Al llegar al Cúcuta se destacó como centro delantero formando un poderoso tridente en el ataque con Luis Alberto Decevo y Luis Alberto Piris y/o Walter Gómez, demostrando un potente disparo y era un excelente cabeceador. Murió en Lima, Perú, el 30 de abril de 1996, después de haberse cotizado como un buen estratega como director técnico en varios equipos de Suramérica y en la selección de Uruguay.

En el Mundial de 1954 fue protagonista de un hecho insólito: en pleno partido sufrió un infarto. ‘’El Verdugo’’ anotó los dos goles de la selección uruguaya en la semifinal contra Hungría, un partido que perdura al paso del tiempo como uno de los más recordados de la historia del fútbol mundial. El segundo tanto fue en la hora reglamentaria. La celeste perdía 1-2 y apareció Hohberg para forzar el alargue. Luego del gol, ‘’El Verdugo’’ se desmayó. Por un instante se fue literalmente. Se le paralizó el corazón. Los masajistas Juan Kirchberg y Carlos Abate, consiguieron que resucitara.

Este, uno de los momentos más dramáticos de la historia de los Mundiales, vividos en el Wankdorf Stadium de Berna en Suiza 1954. El campeón defensor (Uruguay) y el máximo favorito (Hungría), se veían las caras en uno de los choques más atractivos del campeonato.

La alegría charrúa al lograr el empate y forzar la prórroga, se transformó en preocupación y angustia tras el paro cardiaco que sufrió en la celebración de su tanto el delantero Juan Eduardo Hohberg. Se destacó en la selección uruguaya que ocupó el 4º lugar en el mundial de Suiza 1954.

Recordado por el segundo gol que le hizo a la selección húngara del histórico Ferenc Puskas, en aquel partido Hohberg sufre un paro cardíaco en la celebración de su gol y fallece por unos segundos, siendo luego reanimado y así, por iniciativa de él, siguió jugando el tiempo suplementario.

Juan Eduardo Hohberg prácticamente se formó profesionalmente en el club Peñarol de Uruguay donde fue un ídolo, previo haber pertenecido a Rosario Central de Argentina. La figura de Hohberg trascendió fronteras. La Roma y la Juventus de Italia surgieron como sociedades interesadas en contratar al futbolista. Pero Peñarol lo declaró intransferible. Luego fue contratado por el Cúcuta Deportivo de Colombia, de donde se retiró como jugador en 1961 jugando 37 partidos y marcando 19 goles. Posteriormente como entrenador jugó ocasionalmente en partidos oficiales tanto en el Cúcuta Deportivo como en el Nacional de Colombia.

Juan Eduardo Hohberg, Walter Gómez y Luis Alberto Decevo

Juan Eduardo Hohberg es considerado una de las figuras más importantes del futbol de Uruguay y fue protagonista de esa historia de lo más sorprendentes en los recorridos de la Copa del Mundo, y así los 30 de junio de cada año se celebra aniversario de aquel evento de 1954.

El originario de Córdoba, Argentina no solamente presumía de grandes logros deportivos sino también de haber vencido a la muerte en dos ocasiones. A continuación, te invitamos a conocer la narración que le dedicó Señorans a Juan Eduardo Hohberg “El Verdugo”, dueño además de otra singular historia. Se lo recuerda como un futbolista extraordinario que anotó los goles de la selección uruguaya en la semifinal contra Hungría, un partido que perdura al paso del tiempo como uno de los más recordados del fútbol mundial. El segundo tanto fue en la hora reglamentaria, cuando la celeste perdía 1-2 y apareció Hohberg para forzar el alargue.

El libro ‘La culpa la tiene el técnico’: historias del loco mundo de los entrenadores, del periodista Jorge Señorans relata la increíble historia de Hohberg.

Corría el año 1958 cuando el técnico uruguayo, Enrique Fernández lo mandó buscar por los dirigentes de Sporting de Portugal. Lo convencieron. Hohberg viajó, entrenó, jugó y gustó. Pero el fichaje no se concretó porque Sporting tenía el cupo de extranjeros cubierto, por lo que ‘El Verdugo’ emprendió el regreso sin imaginar lo que le tenía deparado el destino.

Pánico y locura. Los motores del DC-6 Constellation fallan. El avión se desplomaba. Gritos, llantos y desesperación a cinco mil metros de altura. La gente rezaba. Los que tenían niños los abrazaban. La peor de las despedidas. Tan cruda como real.

Abajo, kilómetros y kilómetros de agua. Hasta que allá, en el horizonte, el capitán Mereles divisó tierra. Isla Grande. Por las características del territorio era imposible lanzar el avión ahí. La única solución era el agua. No dudó.

El constellation pegó tres veces. En la primera se desprendió un asiento con un pasajero. La aeronave se deslizó de costado por la arena hasta que detuvo su marcha. Silencio. Miedo. Fue apenas un instante hasta que los alaridos de dolor de los heridos gobernaron la escena. El hombre atinó a abrazar a su hijo Pablo. Estaban con vida. Un milagro. Cuando evacuaron lo que quedaba del avión, el fuselaje se prendió en fuego mientras los sobrevivientes corrían por la arena.

“Junto a mi señora y a nuestro hijo Juan Pablo regresábamos de Portugal a bordo de un DC-6 Constellation. Partimos de la capital portuguesa con 9 horas de retraso por desperfectos. La primera escala era Dakar, donde solamente –por una epidemia- los aviones cargaban combustible y seguían de inmediato. Estuvimos tres horas. El aparato no funcionaba bien”, comenzó narrando Hohberg, sobre aquel viaje, en Estrellas Deportivas de El Diario de Uruguay el 11 de octubre de 1977.

Posteriormente la aeronave levantó vuelo. Pero evidentemente algo estaba mal, como lo contó el propio Hohberg. “Salimos hacia Recife, Brasil. Tuvimos que aterrizar en Natal porque se reiteraron los inconvenientes mecánicos. Nosotros, los pasajeros, nunca nos dimos cuenta de la gravedad de la situación. Más tarde seguimos hacia Río de Janeiro, donde tras permanecer un prolongado lapso por los mismos problemas, emprendimos vuelo hacia Buenos Aires. A la hora, se nos comunicó que regresábamos a la capital del Brasil. Pernoctamos en Río y al día siguiente, a las 11 de la mañana, levantamos vuelo hacia la capital argentina”.

Fue un 10 de junio de 1958 cuando, a los 25 minutos de vuelo, se paró uno de los motores del avión. Pero la situación se tornó dramática cuando, 10 minutos más tarde, ocurrió un desperfecto en otro de los motores. Allí apareció la voz del comandante de la nave en pleno vuelo: “Señores pasajeros tenemos un incendio en un bimotor, controlamos el fuego, retornamos a Río”.

Cúcuta Deportivo. 1961.-Atrás, de izquierda a derecha, Juan Gámez, Juan Tejera, Víctor Pignanelli, Alejandro Sinisterra, Cleto Castillo y “Monalisa” Ramírez; agachados, Hilario López, Juan Eduardo Hohberg Luis Piriz, Luis Decevo y Manuel “Tinta” González.

Pero cuando el avión giró para corregir su vuelo las cosas empeoraron. Hohberg narró que “se paró un tercer motor y, encima, se prendió fuego. Estábamos a cinco mil metros de altura y caíamos rápidamente. Fue entonces que el capitán Mereles, divisó Isla Grande, que tiene entre 400 y 500 metros de largo, pero en forma de media luna. No podía largarse ahí”.

Isla Grande es una isla que durante el siglo XIX fue destinada como lugar de aislamiento para las personas enfermas de lepra. Posteriormente se transformó en un penal al que eran enviados los criminales más peligrosos de Brasil. A Isla Grande también fueron enviados presos políticos durante el régimen militar de 1964. Treinta años después el gobierno decidió dinamitar el edificio, debido a la cantidad de fugas que se habían producido. Hoy es un reconocido lugar turístico y se ganó el mote de Caribe Brasileño. El lugar tiene la particularidad de que está prohibida la circulación de autos, solo se puede andar a pie, en bicicleta o barco.

“Aterrizar era imposible, por lo que el comandante optó por no sacar el tren de aterrizaje para caer en el agua y tratar de terminar en la arena”, contó Hohberg que viajaba con su señora y su hijo Pablo al que envolvieron con unas almohadas.

“Mi viejo me contaba que lo que más lo marcó en el momento en que el avión pega en el agua fue ver como se desprendió el asiento donde viajaba un joven que empezó a golpear contra todos lados como si fuera una pelotita de ping-pong”, reveló Pablo Hohberg, sobreviviente del accidente, desde Perú. Lo cierto es que la aeronave pegó tres veces en el agua y el piloto logró meterla de costado en una playa donde finalmente detuvo su marcha.

El comandante de un avión que venía atrás presenció la maniobra. Tomó su equipo de radio y avisó a la torre de control que “un avión tocó el agua, explotó y se prendió fuego”. Pablo Hohberg acotó que el piloto expresó en su comunicación que “los muertos estaban flotando en el agua cuando en realidad eran las valijas de los pasajeros”.

No fueron sencillas esas primeras horas en Isla Grande. El dolor, el lamento y los gritos de los heridos hicieron dura la permanencia mientras aguardaban el rescate.

“Relatarlo ahora, hasta diría que me resulta fácil. Recuerdo los hechos claramente. Y también, los difíciles momentos que vivimos”, rememoró Hohberg en la nota con El Diario.

Los pasajeros fueron rescatados y sacados de la isla en helicóptero. “Según mi viejo, subirse a un helicóptero luego de caerse de un avión fue de las sensaciones más feas que le tocó vivir”, expresó el hijo de ‘El Verdugo’. Los Hohberg fueron sometidos a chequeos médicos y posteriormente trasladados a Río de Janeiro.

Al día siguiente, 11 de junio de 1958, emprenderían el regreso a Uruguay. El vuelo aterrizó en Ezeiza y luego tuvieron que trasladarse a Aeroparque para tomar un avión de Pluna con destino a Montevideo. “Cuando estábamos por ascender al avión, un llamado telefónico nos hizo regresar. Era mi madre. Quería saber si en verdad estábamos bien. Nos quedamos un día con ella. Lloramos juntos”.

Cuando los Hohberg bajaron en la capital argentina se generó un tumulto por la cantidad de gente que los estaba esperando, sobre todo periodistas. El hijo de ‘El Verdugo’ reveló que su papá le contó que allí nació la leyenda de que no había muerto nadie en el accidente porque en el avión viajaba un angelito. “El angelito supuestamente era yo. Mi padre me contó que se generó como una especie de leyenda conmigo. El aeropuerto se llenó de gente porque querían tocarme. Decían que yo era un ángel. Para salir del aeropuerto fue todo un tema. Pusieron las luces contra la gente para encandilarlos y nos dijeron, ustedes bajan primeros, y nos subieron a un auto”.

Pablo recordó que cuando su abuela paterna lo vio le pegó unas palmadas en la nalga para que llorara porque no podía creer que estuviera vivo. Mientras tanto, la casa de ellos en Montevideo, en Monzón y Avenida Italia, era un enjambre de periodistas. Nadie se animaba a tocar timbre. “Acá había salido la noticia de que el avión en el que venía Hohberg, la señora y el hijo, se había estrellado y no había sobrevivientes. Mi abuela Agustina se enteró por la radio”, reveló Pablo.

“Cuando volvimos nos enloquecieron los reportajes. Tenía 31 años. Supe cuánto valía la vida...”, rememoró Hohberg.

En el accidente los Hohberg perdieron todas sus pertenencias. “Mi viejo llegó a Montevideo con un peso uruguayo en el bolsillo. No tenía nada de dinero guardado”, comentó su hijo Pablo. Golpeado por el accidente, Hohberg tomó la decisión de abandonar el fútbol y al poco tiempo empezó a trabajar como cobrador de UTE (la Empresa Eléctrica Estatal de Uruguay). Fue entonces que la hinchada de Peñarol inició una campaña llamada “La recuperación de Hohberg”, con el objetivo de que volviera a la actividad. Se juntaron firmas y así él regresó para jugar en la Reserva donde se coronó campeón.

Pablo Hohberg recordó un cuento que le hizo su padre referido a aquellos años donde la peleaba sin un peso. Resulta que cierto día apareció una persona en la puerta de su casa. Tocó timbre y esperó. Cuando Juan Eduardo salió, el hombre, que era un albañil, se sacó la gabardina que llevaba puesta y se la entregó a él. “Acabo de sacar la quiniela y como sé que usted no está pasando bien, le quiero regalar esto”, le dijo el albañil. El detalle que pocos saben es que ese hombre era hincha de Nacional y dejando de lado las rivalidades tuvo un gesto de vida. Su hijo reveló que su papá atesoró esa gabardina durante años. “Según él, era el mejor regalo de su vida”.

Luego de una extensa carrera como futbolista, se convirtió en entrenador. Del lado de afuera de la cancha también tuvo una dilatada trayectoria. Y lo que no olvidan aquellos que lo tuvieron como conductor era la forma en que le pegaba a la pelota.

Martín Lasarte era un jovencito lleno de ilusiones cuando Hohberg lo ascendió al primer equipo de Rentistas. Al margen de que era el entrenador del equipo principal, Martín conocía a ‘El Verdugo’ por los cuentos de su padre. “Mi viejo vino en el año 1958, era vasco, y siempre decía que lo mejor que había visto en su vida era a Hohberg”, rememoró Lasarte para dar paso a una anécdota que vivió con quien era su entrenador.

“En Rentistas éramos nómades, aún no estaba el Perrone, por lo que se entrenaba en cuarteles. Un día, en un entrenamiento, Hohberg nos mandó a hacer ejercicios de definición. Llega mi turno, encaro, y no recuerdo la burrada que me mandé que el Flaco Balerio (portero) se empezó a reír de lo que hice, supongo que en un tono burlón porque a Hohberg no le gustó. Paró el entrenamiento. Tomó la pelota y le dijo a Balerio ‘’vaya al arco’’.

‘Ahora yo le voy a decir dónde va la pelota, trate de atajarla’, le comentó. Y fue increíble. Yo nunca había visto una cosa igual. Un hombre que ya tenía sus años, pero le pegaba a la pelota de manera impresionante, pero no por la fuerza, recuerdo la precisión, le avisaba dónde iba a ir el tiro y la pelota iba ahí”.

Juan Eduardo Hohberg integra la galería de entrenadores que estuvo más de un ciclo al frente de la selección uruguaya. El primero correspondiente al Mundial de México 1970 y el segundo para el Mundial de Argentina 1978. En total dirigió 27 partidos de los cuales Uruguay ganó 11, empató nueve y perdió los siete restantes.

Sus ciclos estuvieron rodeados de algunas polémicas lo que llevó a Hohberg a declarar en Estrellas Deportivas: “Como jugador tuve tardes muy malas, donde erré goles hechos y fallé de punta a punta, en Peñarol y en la selección; pero allí nunca nadie me insultó y me criticó con la violencia y la saña que en mi etapa de técnico de la selección. ¿Por qué? ¿Se me puede juzgar exclusivamente por lo de la selección?”.

Cuando todo quedó atrás. Cuando las luces de la fama se apagaron. Refugiado en el calor del hogar, Juan Eduardo solía decir en la intimidad de su familia que era el único hombre que había nacido tres veces: cuando llegó al mundo, cuando su corazón se detuvo en el Mundial de 1954 y cuando se cayó el avión en el que viajaba. Un milagro de vida.


Nota.- Para concluir, como recopilador de este escrito, debo mencionar que, siendo yo en ese momento un apasionado aficionado del Cúcuta Deportivo que devoraba las páginas deportivas de los periódicos Diario de La Frontera y La Opinión, y era furioso radio escucha de los diferentes programas deportivos tales como ‘Antorcha Deportiva’ de Gilberto Maldonado Moreno y/o ‘Cornucopia Deportiva’ de Alvaro Barreto y Roque Mora, durante los años 1961-1963, que recuerde, nunca escuché el apodo ‘El Verdugo’ de Juan Eduardo Hohberg, ni tampoco comentarios del incidente del mundial de 1954, ni del accidente del avión. Ha sido información novedosa para mí.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

lunes, 29 de diciembre de 2025

2725.- FUTBOL COLOMBIANO 1963, OMAR VERDUN BOTIN DE ORO

Jorge Enrique Rico Orduz

Cúcuta deportivo 1963: Parados: Edilberto Solís; Julio Brusecci, uruguayo; Omar “sordo“ Ayala, argentino; Mario Sanclemente; Juan de Dios “caquita“ Díaz; Cleto Castillo, uruguayo.
Agachados: Eladio Álvarez; Omar Verdún, uruguayo; Rene Tideo Olaza; Juan Eduardo Hohberth, uruguayo y Manuel ‘’tinta’’ González.

El Campeonato colombiano 1963, fue el decimosexto torneo de la Categoría Primera A del fútbol profesional colombiano en la historia.

En esta temporada participaron 13 equipos, de los cuales fueron 12 que disputaron la temporada anterior, con el regreso del Unión Magdalena que, regresó a la competencia tras estar ausente durante dos años consecutivos.

Se jugaron cuatro vueltas (dos de local, dos de visitante) sumando 48 fechas. Este campeonato fue el tercero consecutivo que ganó Millonarios.

Se jugaron 312 partidos entre los 13 clubes inscritos y se anotaron 1.062 goles siendo el Santa Fe el que más anotó con 112 conquistas y el que más recibió fue el Unión Magdalena con 121 goles en contra.

Los goleadores fueron Omar Lorenzo Devanni del Atlético Bucaramanga y José Omar Verdún del Cúcuta Deportivo con 36 goles.

El Cúcuta deportivo dirigido por el entrenador uruguayo Juan Eduardo Hohberth hizo una gran campaña.

Los motilones ocuparon la casilla cuatro por detrás de Millonarios, Santafé y Deportivo Cali. Cúcuta Deportivo jugo en el año 48 partidos, de los cuales ganó 21, empató 13 y perdió 14. Anotó 95 goles y le marcaron 68 para una diferencia de goles más 27 a favor.

Jugadores Cucuteños: Marco Tulio Niño, German “Burrito” González, Juan de Dios Díaz, Elías Rincón, Gilberto ‘’palomo” Ramírez, Luis Alfonso “culebro” Rojas, Rolando Serrano.

Jugadores con más partidos: Julio Brusecci (48), Heriberto Solís (48), Omar Verdun (45), Rene Tideo Olaza (42), Omar “sordo ‘’Ayala (40), Juan Eduardo Hohberg (35) Juan de Dios Díaz (36).

Presidente: Hernando Lara Hernández.

Director técnico: Juan Eduardo Hohbert, uruguayo.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

sábado, 27 de diciembre de 2025

2724.- EL PADRE GARCIA HERREROS, GRAN CREADOR EN LA TIERRA

Claudio Ochoa Moreno (Revista Semillas)

El padre Rafael García herreros Unda durante la trasmisión del Minuto de Dios, en 1955

El sacerdote eudista, Padre Rafael García He­rreros Unda, un nortesantandereano, cucuteño exactamente, que ha contribuido a la grandeza de Colombia. Distinguido por su fuerte personalidad, serio en sus actuaciones e insobornable, por don­de sea que lo analicemos –lástima por la aridez que desde hace décadas padece el Norte en la materia. Influido por la vida militar de su abuelo, general Ré­gulo García Herreros y su padre, también general, Julio César García Herreros.

A la vida y obra de este gran colombiano ha dedicado su más recien­te tarea investigadora el literato e historiador Antonio Cacua Prada, miembro sobresaliente de las Academias Co­lombianas de Historia y de la Lengua (en ambas instituciones sus pro­pios compañeros acadé­micos lo han enaltecido a la máxima distinción, de “Miembro Hono­rario”). “Crónicas del Siervo de Dios Rafael García Herreros” es su obra, que ha publicado la Corporación Universitaria Minuto de Dios, una de las instituciones de la Organización El Minuto de Dios, dirigida por el sacerdote eudista Diego Jara­millo Cuartas. Este último también discípulo (desde 1952) del Padre García Herreros, su biógrafo y ahi­jado de ordenación sacerdotal.

Interesante tarea plasmada en casi 360 pági­nas, prácticamente todas absorbentes, reveladoras de historias, del Norte, Sur de Santander y Colombia. Que inicia con Doña Juana Rangel de Cuéllar y la fundación de Cúcuta, para luego llevarnos a la estir­pe de los García Herreros, el primero de los cuales, don Manuel, quien vino de España en 1809 y a con­tinuación contrajo nupcias con doña María de Jesús San­tander y Rangel de Cuéllar, prima hermana del General Francisco de Paula Santander.

El Padre nació en “La Perla del Norte” el 17 de enero de 1909, y falleció en Bogotá el 24 de noviembre de 1992.

LOS GARCÍA HERREROS Y CÚCUTA

El niño Rafael en su caballo Bocadillo.

En uno de sus párrafos nos ilustra con este dato logrado por el padre Jaramillo Cuartas: que en el árbol genealógico de la familia García Herreros Unda están, además de Juana Rangel de Cuéllar, María de Jesús San­tander, prima del general Santander; el general Orbego­zo, presidente del Perú; el obispo Juan Vicente Unda, firmante del acta de Independencia de Venezuela, en 1811, y monseñor Luis Pérez Hernández, primer obispo de Cúcuta.

En 1983, durante la conmemoración de los 250 años de la ciudad, el Padre ratificó su “cucutaneidad”, recordando cómo jugaba en la plaza de Mercedes Ábre­go, oyendo a Elías Soto tocando las “Brisas del Pamplo­nita”, memorizando los poemas de Teodoro Gutiérrez Calderón, escuchando los “sermones encendidos” del padre Daniel Jordán (recuerdo su presencia cuando nos organizaba en los desfiles escolares… a mí me provo­caba mucho respeto y hasta temor), leyendo las cartas que el general Santander le escribió a su abuelo don Manuel, contemplando las palmas del parque Santander, bañándose en los pozo del río Pamplonita… Oyó tocar muchas veces al legendario violinista Ángel María Cor­zo, comió los pasteles de la “turra” (entre los cucuteños, pequeña, enana) Petra, recibió alivio de manos del mé­dico Erasmo Meoz, presenció a doña Teresa Andressen estableciendo colegios y asilos para los niños. Cuántos personajes y vivencias que le graduaron como cucuteño de primera, que nuestros historiadores ojalá divulgaran como ejemplo de la grandeza de esta ciudad y de su gen­te, ¡de primera!

Su acción por la verdadera convivencia entre los colombianos, por la verdadera paz fue su construcción diaria. Todo fue tan claro en el eudista… Cita Cacua Pra­da el reconocimiento del Banco Interamericano de De­sarrollo a su obra, que fue la creación de “un modelo de erradicación de la pobreza”.

EL SACERDOTE Y ESCRITOR

La comunidad de los padres eudistas, de origen francés, llegó a Colombia en 1883, y 40 años después, el 3 de febrero de 1923, recién cumplidos sus 14 años de edad, el joven Rafael ingresó al Seminario Menor de Pamplona y logró su bachillerato en 1927, en medio de pequeñas dificultades, pues a veces no acataba la autori­dad, al punto de que lo quisieron sacar del Seminario y su papá lo amenazó con meterlo al cuartel…

El sacerdote Diego Jaramillo Cuartas, actual con­ductor de la Organización Minuto de Dios y discípulo del eudista García Herreros también ha escrito una com­pleta biografía del Padre, “Una vida y una obra”, en don­de destaca su decisión de ser sacerdote, con sus palabras: “Uno no escoge, lo escogen. De un momento a otro le llega a uno la vocación de rendirse personalmente a Cris­to. Se apodera de uno una fuerza interior, y lo esclaviza, lo somete, lo subyuga.”

En 1928 García Herreros es admitido en la Co­munidad de los Sagrados Corazones de Jesús y María (los Eudistas) e inicia la nueva etapa en el Seminario Mayor de la Comunidad, en la hoy localidad bogotana de Usa­quén, entones municipio cundinamarqués. Aquí ---cita el biógrafo Cacua Prada-- leyó autores griegos, libros de historia, de ciencias…más tarde los escritos de Santo To­más de Aquino, de San Agustín de Hipona, etc., además de consagrarse en hablar, leer y escribir “el castellano, latín, griego, francés, italiano, hebreo, portugués, inglés y alemán”.

También participó en dos centros literarios, y comenzó a destacarse como cuentista y humanista. Con los años publicó ensayos, reseñas, crónicas y numerosos géneros que han sido recopilados por la Corporación Centro Carismático Minuto de Dios. Incontables escri­tos y libros produjo el padre García Herreros, también relacionados con la dramática.

El 1931 comenzó sus estudios teológicos y la probación eudista. Esta última, dice el Padre Diego Ja­ramillo, son “los cuatro años que debe vivir el aspirante eudista para probar su vocación a la vida comunitaria”.

Se familiarizó con el dogma, la moral, el derecho canóni­co, la liturgia, etc. y en marzo de 1932 recibió las prime­ras órdenes menores, año en el cual se inició el conflicto bélico con Perú, y el seminarista pidió ser enrolado, lo cual afortunadamente no se concretó.

El 19 de agosto de 1934 recibió la orden sacerdotal en el templo de Nuestra Señora de las Angustias de Bogotá, que sigue de pie en San Diego, carrera 13 A # 23-23. Al día siguiente se es­trenó como sacerdote, oficiando su primera misa en las Basílica de Chiquinquirá. Finalizando esa semana cantó misas en Cúcuta, en la iglesia de San Antonio.

Posteriormente tuvo varios encargos, como pro­fesor en el Seminario de Santa Rosa de Osos y en Jericó. En 1939 pasó al Seminario de Mérida, Venezuela, y lue­go al Seminario de Santo Tomás de Aquino, en Pamplo­na, a Cartagena y Barranquilla.

EL EUDISTA Y CACUA PRADA

Una pausa, para exponer la vieja admiración que tiene el biógrafo Antonio Cacua Prada por el sacerdote eudista. Resulta que entre los regalos que el niño Cacua recibió con motivo de su primera comunión, el 19 de julio de 1938, estaba un librito titulado “Cuentos, por Rafael García Herreros, presbítero eudista”, que leyó con entusiasmo. Seis años luego, Cacua Prada llegó al Junio­rato de San José de Miranda, pueblito santandereano en donde el reconocido académico de la Lengua e Historia comenzó a prepararse para la vida.

El Padre, junto con otro valor cucuteño, el presidente
Virgilio Barco Vargas.

Allí conoció a Gar­cía Herreros, quien a sus 35 años de edad ejercía como profesor de historia, además de griego, latín, literatura, apologética…. en este internado.

Han transcurrido 80 años…y el escritor santandereano, venido del pueblito llamado San Andrés, sigue estudiando al próximo beato colombiano. El Padre Rafael, dice, me estimuló en mis aficiones por el canto, la música, la declamación, el arte escénico, la caligrafía y el periodismo.

Cacua Prada ha preparado a miles y miles y miles de periodistas, y durante su amplia carrera profesional (es abogado de la Universidad Javeriana) ha sido diplomático y congresista. Autor de numerosas biografías y de histo­rias sobre el periodismo en Colombia.

LA RADIO, PLATAFORMA PARA EL MINUTO DE DIOS

Estando como catedrático en Cartagena, en 1946, el Padre Rafael conoció a Antonio José Fuentes López-Tagle, propietario de Radio Fuentes, quien lo invitó a hablarle a la comunidad, por lo cual el cura creó el espacio semanal La Hora Católica, que luego difundiría en la radio de Cúcuta, junto a su hermana Ana Elvira García Herreros, y posteriormente esta­bleció otra “Hora Católica”, en Medellín.

Desde entonces, el sacerdote eudista dedicó sus energías a crear y crear. En 1946 llevó a cabo una campaña cívica, erigiendo en la bahía de Carta­gena un monumento a la Virgen del Mar, de 8 me­tros de altura, y su niño Jesús de 2 metros, sobre un podio de 10 metros.

En 1950, en la ya citada Radio Fuentes inició su programa “El Minuto de Dios”, de cuya justificación tomamos este renglón: “…De­bía existir un minuto, en la Tierra, de la Divinidad, para que hubiera paz, silencio, fe y alegría en este mundo. Es solo un momento, pero es el tiempo de la Verdad; en otras palabras, “El Minuto de Dios” expresa un instante de Dios en la Tierra”. Ocho meses duró el programa, pues el padre Rafael fue trasladado a Europa, a estudiar Filosofía en la Uni­versidad Gregoriana de Roma.

En 1952 inició su cátedra de Filosofía en el Seminario Conciliar de Cali, a la vez que revivió el programa “El Minuto de Dios”, con 3 minutos de duración, por Radio Pacífico y La Voz de Cali, que comenzó a reproducirse por varias emisoras del país, comenzando su campaña “Una casita propia para cada familia pobre”, en un barrio caleño de 100 viviendas, que llamaría “El ojo de la aguja”, con la contribución de los más ricos, de $ 1.500 por vi­vienda.

Algún sacerdote pensó que el cura García Herreros se estaba volviendo comunista e intrigó para hacerlo trasladar a Medellín, truncando su pro­yecto.

En esta ciudad estaba el joven seminarista Diego Jaramillo Cuartas e iniciaron la amistad que los llevaría a trabajar muy unidos, formalmente des­de 1967, siendo hoy Jaramillo la autoridad máxima de la Organización El Minuto de Dios. En la capi­tal paisa volvió a iniciar el programa “El Minuto de Dios” en La Voz de Antioquia y en Radio Libertad, de Medellín, por muy poco tiempo, pues de nuevo lo trasladaron a Bogotá y consiguió inmediatamente un espacio para su programa en la Radio Nacional.

Estando en esto se encontró con el rector de la Uni­versidad Incca, Jaime Quijano Caballero, quien lo invitó a participar en sus programas a través de la Televisora Nacional…era diciembre de 1954.

NACIÓ EL BARRIO MINUTO DE DIOS

El 10 de enero de 1955 ya produjo la primera emisión de “El Minuto de Dios” en la televisión colombiana, e inició en forma su proyecto de conseguir vivienda para las familias de menores medios. Su ima­gen comenzó a verse en los hogares y ya recibía donaciones de los más pudientes.

Estableció “El centavo de Dios”, centavos que aportaba la gente con base en el núme­ro de años de vida completados, y en los centros comerciales y en varios comercios colocó alcancías con el símbolo de su pro­grama. Desde ese momento y hasta hoy, el Minuto ha contado con el patrocinio de Azúcar Manuelita. Inició los aportes a la construcción de viviendas, con un barrio en Palmira. Ayudar a los más pobres para que tengan una casa digna es la base para la dignificación de la persona, siempre basaba así sus actuaciones.

En 1956, ya en Bogotá, con el apo­yo de unos universitarios construyó ocho viviendas elementales en la invasión Pardo Rubio, hasta que los sacaron de allí. Hicieron otras construcciones en el barrio Altamira.

En 1956 Antonio Restrepo Barco y Esta­nislao Olarte, donaron al padre dos hectáreas de terreno entre las calles 80 y 90 y carreras 72 a la 75, dando inicio al Barrio Minuto de Dios, en Bogotá. Al año siguiente entregó allí las 3 primeras casas, a la vez que ahí comenzó a funcionar su primera de 17 “Escuelas Populares”.

Fue instituida la Asocia­ción Comunitaria de los Habitantes de El Minu­to de Dios, y con presencia del Padre, los sábados realizaban asambleas por cada conjunto delimita­do. El Padre inició la publicación del periódico co­munitario El Mensajero. Comenzaron a “llover” donantes, como la institutora Cecilia de Duque, la colonia judía sefardita, el presidente Alberto Lleras Camargo, entusiasta promotor de otra nueva obra del Padre Rafael, el célebre “Banquete del Millón”, que anualmente desde 1961, congrega a donantes pudientes, quienes a cambio de gruesas sumas de dinero recibían una taza de caldo y un pan.

Estados Unidos y Canadá han sido sedes para el Banquete. Luego, en 1972, cambió el consomé por una copa de vino. Coincidencialmente, cuando se llevaba a cabo el Banquete número 32, el 24 de noviembre de 1992, falleció el Padre en la Casa Cural de El Minuto de Dios.

Numerosos programas de vivienda campesi­na alcanzó a operar el Padre. También creó el Insti­tuto de Desarrollo de las Comunidades y junto a lí­deres cristianos dieron vida a Fe-Rural, para el mercadeo de productos campesinos. Un programa de mejoramien­to de vivienda. No todo tuvo feliz avance, la indiferencia y la falta de compromiso presentes en Colombia obs­taculizaron varias obras.

En complemento a lo anterior, en 1976 siendo embajador en Guatemala el historiador Antonio Cacua Prada, ocurrió allí un terremoto. Éste in­vitó a su antiguo profesor, el Padre Rafael, quien hizo presencia en ese país, logrando un acuerdo para cons­truir dos mil viviendas en favor de los afectados por el desastre natural. Ante el terremoto de Popayán, en 1983, llegó el Padre, construyendo muchas casas, erigiendo una planta de casas prefabricadas y montando una planta de prefabricados de concreto. Ante la tragedia de Armero (1985) puso en marcha un hospital para recibir a heridos, y luego organizó 36 Banquetes del Millón, con miras a la reconstrucción en Guayabal y Lérida, en la vecindad armerita.

El Minuto de Dios en su inicio

Cúcuta también se benefició de sus programas de vivienda. La familia Abrahim le donó la hacienda El Ro­deo, con 60 hectáreas de extensión. Erigió entonces un barrio, dotado de colegio, templo y servicios públicos.

EL COLEGIO, LA PENA DE MUERTE, LA UNIVERSIDAD

El Barrio siguió adelante. En 1962 comenzó a operar el primer Colegio de Bachillerato de El Minuto de Dios, seguido del teatro y el Museo de Arte Contempo­ráneo, declarado en 2022 como el segundo mejor museo universitario del mundo.

En 1979 inició un colegio para los alumnos reprobados, el Ateneo San Juan Eudes, bajo el principio de que había que ayudarlos, pues mu­chas veces sus papás los castigaban y echaban de la casa.

Dos nortesantandereanos contribuyeron con el himno de la comunidad: Pedro Gelves con la letra, y Oriol Rangel con la música. En 1964 construyó la Casa Cural y el Templo Parroquial, constituyendo posteriormente la Parroquia San Juan Eudes, barrio Minuto de Dios, con su primer párroco el Padre Rafael.

Fundó una panadería y supermercado, y luego diversos talleres artesana­les, además de casas prefabricadas. Junto al Padre Jaramillo inició en 1971 las Casas Comunitarias del Minuto de Dios, para la formación de sacer­dotes en la modalidad de pequeñas comunidades.

El siempre incansable Padre García Herre­ros tuvo la idea de convertir a los nativos motilo­nes o barí al catolicismo, y en noviembre de 1963 los visitó en la selva del Catatumbo, vestido con “taparrabos”. Posteriormente recibió el apoyo de las Misioneras de Santa Laura Montoya, quienes abrieron allí una casa de misión.

En este tiempo partici­pó en un debate sobre la pena de muerte, declarándose a favor de ella, como medida en contra de la violencia. Años atrás también se había declarado partidario de la pena capital.

Por fin, el 5 de febrero de 1992, nació la obra que venía preparando desde hacía 30 años, la Universidad Minuto de Dios. El Padre tenía claridad sobre la edu­cación que comenzaba a dar en los establecimientos de El Minuto de Dios, entre sus premisas estaba: “En estos colegios y en la Futura Universidad del Minuto de Dios, queremos formar jóvenes sumisos estrictamente a la Ley, seguidores insobornables de la Ley, de la Ley de Dios, de la Ley natural, de la Ley de la conciencia, de la Ley de la patria…”

LA OBRA SIGUE, PLENAMENTE

Ante la limitante de espacio que debemos tener con los lectores, es necesario privarnos de citar muchas otras obras y aportes del Padre García Herreros, que el académico Cacua Prada detalla en su obra “Crónicas del Siervo de Dios Rafael García Herreros”.

Una parte de nuestra historia nacional, con relevo pleno en la brillan­te dirección del Padre Diego Jaramillo Cuartas, a partir del 24 de noviembre de 1992, día del fallecimiento del candidato a beato desde el año 2012, con el apoyo de la Comunidad Eudista.

Un gran creador de bienestar en la Tierra, para orgu­llo de los nortesantandereanos y de Colombia. Avancemos sobre sus propósitos, tal como lo señala Cacua Prada: “Rea­licemos sus anhelos, compadezcámonos por los sufrimien­tos ajenos, ayudemos a los necesitados y pobres…”



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

jueves, 25 de diciembre de 2025

2723.- F. DE P. SANTANDER, EL ORGANIZADOR CIVIL DE LA REPUBLICA

Fuente: BanRepública Cultural (Revista Semillas)

Francisco de Paula Santander

Francisco José de Paula Santander y Omaña era hijo de Juan Agustín Santander Colmenares y de su tercera esposa, Manuela Antonia de Omaña y Rodríguez. Don Juan Agustín había sido gobernador de la Provincia de San Faustino de los Ríos y cultivador de cacao en sus posesiones rurales, producto que constituía el segundo renglón de exportación de la Nueva Granada, después del oro.

La infancia de Francisco de Paula transcurrió cómoda en medio de las grandes propiedades de su padre, sembradas de café, cacao y caña, al cuidado de numerosos dependientes y esclavos. Perteneció pues a una clase social y económica de grandes prerrogativas y bastante influencia en los asuntos de su región. Por las venas del general Santander corría aún con fuerza la herencia de dos razas, que empezara en la unión del conquistador español Diego de Colmenares con la hija del cacique de Suba, Ana Sáenz.

Esta herencia indígena marcó su presencia no sólo en la complexión, color y rasgos físicos, sino también en su temperamento, en su apatía social, en su mutismo, y en la soledad que siempre lo caracterizó. Descendiente por línea directa paterna del capitán español Francisco Santander, identificado como Martínez de Ribamontan Santander, su cuarto abuelo, llegado al Nuevo Reino de Granada alrededor de 1619 como gobernador de la Provincia de Santa Marta.

Por línea directa materna su primer antepasado en América lo constituyó el capitán español Antonio de Omaña Rivadeneyra, también su cuarto abuelo, llegado a la ciudad de Ocaña en el siglo XVII, donde ocupó los puestos de alcalde ordinario y de juez de residencia. La educación de Francisco de Paula se inició en una pequeña escuela privada de la Villa del Rosario de Cúcuta; luego, en la biblioteca paterna, tuvo la oportunidad de ampliar los conocimientos adquiridos.

A los 13 años fue enviado a Santafé de Bogotá, a cursar estudios en el Colegio Real Mayor y Seminario de San Bartolomé, donde aprendió las bases de la teoría e ideas políticas, conociendo a fondo las doctrinas jurídicas y la legislación romana y española. Si la adolescencia de Santander discurrió por entre los claustros académicos y por las calles de la Santafé colonial, su juventud tuvo como escenario campos más aviesos y rudos, consagrado a un ideal político y a una lucha que templaron su carácter hasta transformarlo en joven adusto y circunspecto.



Colegio Mayor de San Bartolomé

Los sucesos de 1810 lo sorprendieron en el preciso momento en que daba fin a sus estudios, pues el 11 de julio de ese mismo año había presentado su examen público sobre práctica forense. Sólo le restaba ejercer en calidad de pasante al lado de un jurisperito, para recibirse como abogado de la Real Audiencia.

La revolución de independencia de las colonias españolas lo sorprendió de colegial, cambiándole en un instante su vida apacible y rutinaria.

CAUSA INDEPENDENTISTA

Siguiendo el ejemplo de sus eminentes profesores, cambió su toga de colegial por la capa de guerrero. El 20 de julio de 1810 dijo adiós a su colegio, ingresando el 26 de octubre como voluntario al servicio militar activo con el grado de subteniente-abanderado del batallón de infantería de Guardias Nacionales, a la edad de 18 años.

Desde aquel día lo encontramos tomando partido en la confrontación civil entre federalistas y centralistas de la Primera República, y combatiendo el dominio español a las órdenes de Manuel Castillo y Rada y Antonio Baraya Ricaurte.

La vida del joven Santander empezó una fulgurante carrera militar que lo llevó al generalato de división a los 27 años. En nueve años escaló todas las posiciones castrenses: en mayo 25 de 1812 era teniente; el 1 de junio, capitán, al lado de los federalistas; cuando éstos trataron de tomarse la capital del antiguo virreinato, fortín de los centralistas, fue prisionero después de recibir dos heridas. En enero de 1813, en un canje de prisioneros, resultó fa­vorecido y al llegar a Tunja, el 10 de febrero de aquel año, asumió el grado de sargento mayor, con el cual empezó a luchar por la independencia de Venezuela, destacándose por su bizarría y buen comportamiento.

En tal calidad sirvió bajo las órdenes de Manuel Castillo, Simón Bolívar, Gregor Mac Gregor y de Cus­todio García Rovira. El 4 de junio de 1814 le llegó el despacho en que era ascendido a coronel, efectivo desde el 13 de mayo del mismo año.

A partir de 1816 su jefe inmediato fue Manuel de Serviez, con quien pasó de la invadida Nueva Granada a Venezuela, retirándose a los Llanos de Casanare, donde mantenían viva la chispa de la independencia el coronel Miguel Valdés, comandante general del Ejército de Oriente, el coronel Nepomuce­no Moreno, gobernador de Casanare y el general Rafael Urdaneta.

Estos jefes, en vista de las altas calidades militares e intelectuales del joven Santander, de 24 años, el 16 de julio de 1816 lo eligieron comandante en jefe del ejército. Santander asumió sus funciones, pero un hombre de sus condiciones, letrado y refinado no satisfizo a los burdos llaneros que pronto impusieron a uno de los suyos, al teniente coronel José Antonio Páez. Santander aceptó aquel golpe y presentó su renuncia. Continuó en Vene­zuela participando en las campañas militares. Fue nom­brado subjefe de Estado Mayor General.

El 12 de agosto de 1818 fue ascendido a general de brigada de los ejércitos de Venezuela y escogido para reorganizar las fuerzas revolucionarias dispersas y anar­quizadas del Casanare. Fue desde este destino que en la mente del joven granadino se fraguó la idea de invadir la Nueva Granada, limpiarla de españoles y luego retornar con el ejército triunfante a Venezuela.

Trabajó infatiga­blemente, impuso disciplina y marcialidad en las tropas, atendió todos los campos de la logística y del aprovisio­namiento y diseñó el plan estratégico y la ruta para la invasión al Virreinato de la Nueva Granada, terminando en los sucesos de Boyacá, que le valieron su ascenso a general y ser el “Organizador de la Victoria”.

En la historia colombiana ningún hombre ha di­vidido tanto las opiniones de los escritores políticos y sociales, ninguno ha originado tantas controversias como Santander. La verdadera dimensión de Santander no la debemos ver en el caudillo militar, sino en el estadista, en el administrador, en el legislador.

VICEPRESIDENTE DE LA GRAN COLOMBIA


La labor del general Santander después de la ba­talla de Boyacá, como vicepresidente de Cundinamarca primero, y luego de Colombia (incluidas Venezuela y Ecuador), fue inconmensurable, mucho más tratándose de un joven general de 27 años, novel e inexperto en el manejo de los asuntos públicos, pero que gracias a sus aprovechamientos jurídicos en su época de colegial supo dirigir con acierto y con brío el naciente Estado.

Ha sido lugar común en los escritores políticos enemigos de San­tander el reprocharle, a título de baldón, la ejecución de los 38 prisioneros realistas capturados después de la jor­nada de Boyacá.

Ese acto al parecer de crueldad innecesaria fue, precisamente, el que le posibilitó gobernar efectivamente en un país donde las masas populares eran indiferentes a las ideas independentistas, y en donde la alta clase social, en un elevado porcentaje, simpatizaba abiertamente con la monarquía española. Nadie quería obedecer a las nuevas autoridades, mucho menos contribuir con ellas.

Por la experiencia reciente de la Primera Re­pública, los chapetones y los hacendados criollos cundiboyacenses consideraban que esta nueva Re­pública era otra hoja más al viento del tormentoso torbellino político, efímera y sin porvenir. Por ello inundaban de rumores la ciudad, hablando de la nueva reconquista española y de la formación de fo­cos de resistencia realista en las afueras de la ciudad y en el mismo Monserrate.

Después del fusilamien­to del general José María Barreiro y de sus compa­ñeros, otra fue la tonada; ya nadie en las calles de la capital añoró la presencia de los virreyes ni de los oidores.

Boyacá apenas abrió la Nueva Granada a los independentistas en una porción de su territo­rio, sólo en su parte central, pues el norte y todo el sur continuaron bajo la esfera del poder realista. Y he aquí precisamente la grandeza de Santander, sus altas cualidades no sólo como estadista sino como administrador y organizador: gracias a su diligen­cia para conseguir y obtener recursos pecuniarios y humanos con qué auxiliar los diversos frentes de guerra, se logró en poco tiempo la unificación de la Nueva Granada primero, la independencia de Vene­zuela, Ecuador y Perú.

Ello fue posible porque como ecónomo de guerra desde la retaguardia, Santander levantó ejér­citos con sus vituallas, armas y dinero para enviar masivamente a todos los frentes de batalla. Ese hombre egoísta y leguleyo se las sabía arreglar para convertir el caos en disciplina y la miseria en posibi­lidades; ese hombre gris creó una Nación de la nada, erigiendo las bases de la democracia y del Estado de Derecho.

El país que obtuvieron las tropas indepen­dientes y el que recibió Santander al ocupar Santafé, era un remedo de país, afectado de ignorancia gene­ralizada, arruinado y presa del desgobierno, donde las viejas instituciones jurídico-políticas del sistema monárquico aún calaban profundo en las mentes y en los corazones de la mayoría de la población.

Se imponía en aquel momento una ardua la­bor ideológica, tendiente a permear los sentimien­tos realistas, arraigados en las masas por más de tres siglos de dominio. Era necesario imponer nuevas concepciones institucionales y políticas, otras ideas y formas de gobierno, y a esta titánica misión se consagró Santander.

Su fin primordial era culturizar al pueblo en las bases de civilidad y en el imperio de la democracia, y para ello se valió de la instrucción pública. A través del maestro de escuela, Santander pudo transformar ideológicamente la concepción de un pueblo de sentimiento monarquista, iniciándolo en el culto a las libertades individuales y sociales. Pronto la joven Nación estuvo provista de literatos y políticos, de abogados y oradores, de una alta inte­lectualidad en la América de su tiempo.

Santander estableció la vida civil en la Repú­blica. Gracias a su labor, la conciencia política de la nación colombiana se cimentó en el civilismo de­mocrático que aún alienta a las nuevas generaciones; hoy Colombia continúa como una de las naciones que menos regímenes militares ha presenciado a lo largo de su historia.

Sin la dirección de Santander, militar juris­consulto, soldado con educación y vocación civil, los gobiernos colombianos hubieran sido como los del resto de repúblicas centro y suramericanas después de su rompimiento con España, prebendas de una oligarquía militar y cesarista. El culto al que se con­sagró Santander no fue al de la gloria mentirosa de la guerra, ni al pesado fardo de la riqueza, sino al de la ley como garantía de vida social, base del Estado de Derecho.

El tino político y civilista de Santander lo pode­mos comprender a partir de 1830, cuando la llamada Gran Colombia se disolvió definitivamente y cada una de las secciones tomaron el rumbo propio de sus desti­nos, como diría Milton Puentes, Colombia ingresando a la Universidad, Venezuela entrando al Cuartel y Ecuador internándose en el Convento.

Gracias a la ilustración de Santander en las ciencias políticas, el Estado colombiano ha sido, a lo largo de su historia, civilista y de Derecho. En la figura de Santander encarnó la libertad en el orden jurídico.

Es conocida la anécdota sobre la visita que un an­tiguo compañero de armas de la campaña del Casanare al joven vicepresidente de Colombia en su propio des­pacho de gobierno, encontrando abierta la Constitución sobre un sable desenvainado, hecho que el magistrado le explicara con estos términos: Significa que la espada de los libertadores tiene que estar, de ahora en adelante, so­metida a las leyes de la República.

Santander seguía fiel a su proclama del 2 de diciembre de 1821 en Cúcuta: “Las armas os han dado la independencia, las leyes os darán la libertad”.

Sin embargo, esta actitud de sumisión y respeto a la ley, que tanto ha dado que escribir y que causó tanta desavenencia política, fueron comprendidas y respetadas por muy pocos militares de la guerra de independencia.

El juicio de Santander

Las facciones políticas, dividieron la opinión política en dos. Un sector embriagado por los laureles del triunfo revolucionario y carentes de conciencia política civilista, desconocedores del incipiente Estado de Derecho, que por entonces apuntalaban con dificultad un equipo de juristas granadinos, hizo blanco de sus odios y críticas a la figura del general Santander, vicepresidente de la nueva República.

Casi toda la casta militar venezolana lo combatió políticamente, al lado de los sectores latifundistas grana­dinos, haciéndolo responsable de los descalabros de la economía y la milicia colombiana. Quienes no pudieron derrotarlo jamás en el campo de las leyes y de la política, ni en sus relaciones con el Congreso, tuvieron que acudir a la intriga, a la calumnia y a la maledicencia públicas. Santander se distanció de Bolívar por los manejos que éste hacía del poder y de la política.

Las tendencias militaristas de Bolívar y de sus se­guidores fueron combatidas por los civilistas granadinos que hicieron de Santander su líder, procurando por todos los medios el restablecimiento pleno del orden consti­tucional y legal de la República.

Los bolivarianos, por el contrario, simpatizantes de las facultades extraordinarias del Ejecutivo y, sobre todo, de las conferidas a Bolívar, vieron un serio peligro en el hombre de la Constitución y de las leyes, procediendo por todos los medios a derro­carlo políticamente.

Fue así como se le implicó en la conspiración sep­tembrina de 1828. Le siguieron un juicio, que constituyó el paradigma de la violación al debido proceso, modelo de alteración o de desaparición de pruebas, y se le senten­ció a muerte.

Gracias a las gestiones de los granadinos y de la jerarquía eclesiástica, la pena le fue conmutada por prisión y destierro. Santander se exilió en Europa y Nor­teamérica, donde gozó del reconocimiento y admiración de sus estadistas y de sus prohombres.

PRESIDENCIA

Del destierro volvió mucho más engrandecido de lo que había partido; fue restablecido en sus grados y ho­nores militares, de los cuales lo despojaron Bolívar y sus seguidores en 1828.

Fue tal la simpatía y reconocimiento que Santander inspiró en los granadinos, que en 1832 fue elegido presidente de la República de la Nueva Granada. Con el mismo espíritu liberal progresista que siempre lo caracterizó, continuó la era de reformas que iniciara en 1819, hasta 1837 cuando entregó el mando a José Ignacio de Márquez, por ministerio de la ley, gloria a mi patria y al sistema constitucional. Murió en Bogotá, el 6 de mayo de 1840.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

martes, 23 de diciembre de 2025

2722.- WALTER GOMEZ EN EL CUCUTA DEPORTIVO

Tolo Leal/ Gastón Bermúdez V.


Nacido en Montevideo el 17 de diciembre de 1927, Walter Gómez Pardal da sus primeros pasos en el fútbol en el Central Football Club (antes de ser Español). Poco tardaría en pasar a Nacional, el club más importante de Uruguay. Y ahí, con apenas 18 años, se convierte en ídolo.

Formaría un formidable ataque junto a Castro, Porta, García y Viviano Zapiraín, jugando generalmente Gómez por la derecha. Un ataque que le da dos títulos consecutivos al equipo, en 1946 y 1947, después de dos temporadas en blanco. También ganaría un Torneo Competencia y un Torneo Honor.

Sin haber cumplido los 20 años Walter Gómez no sólo ya es internacional, es pieza clave de la selección de Uruguay, una de las más potentes del planeta. Especialmente recordado, es un partido ante Argentina el 15 de agosto de 1945. A pesar de la derrota de su equipo, Gómez deslumbró a todos, marchándose ovacionado por la afición argentina del Estadio Gasómetro de la avenida La Plata, al ser sustituido en el segundo tiempo. No hay duda. Está llamado a ser una leyenda en casa. Imposible dejar salir a un futbolista así del país. Pero…

El puñetazo que lo cambió todo


Durante la disputa del clásico uruguayo, entre Nacional y Peñarol, Walter Gómez, que, también es conocido por sus frecuentes actos de indisciplina, cruza todos los límites. Visiblemente enfadado por las decisiones del colegiado, Aníbal Bochetti, en un momento dado se lanza sobre él y le agrede. Le suelta un puñetazo que es historia del fútbol sudamericano. Una acción que le supondría una durísima sanción: expulsado de Nacional y de la selección uruguaya durante un mínimo de un año. Sin poder jugar en casa, decide buscar un nuevo destino.

Antonio Vespucio Liberti, presidente de River Plate, no desaprovecha la oportunidad que de manera inesperada se le acaba de presentar. Y tras asegurar una importante suma de dinero tanto a Nacional como a Walter Gómez, se lleva al futbolista a Argentina.

La nueva Máquina

La llegada de Walter Gómez a River se producía justo en el ocaso de La Máquina de los 45, con Moreno, Muñoz, Pedernera, Di Stéfano y otros, desterrados a finales de 1949 a los Millonarios de Bogotá, para crear el ‘Ballet Azul’; las delanteras más famosas en la historia del equipo argentino.

En esta foto de la poderosa ‘’Máquina’’ de River Plate, aparece en el medio el gran número 9 de los motilones, el gran Walter Gómez. A la izquierda Omar Sívori y a la derecha Angel Labruna.

Y el debut no puede ser mejor. Lo relata él mismo, en El Gráfico: "Llegué de Montevideo, me embarcaron para Rosario, me presentaron a mis nuevos compañeros en el vestuario y salí a jugar el primer partido del año, contra Newell's. Al minuto recibí un pase de Angel Labruna y marqué el primer gol del campeonato".

Es el inicio de un quinquenio legendario. De la segunda máquina de los 50, junto a Angel Labruna, Félix Loustau, Eliseo Prado y Santiago Vernazza. De 1950 a 1955 Gómez y River Plate ganan tres títulos de liga y una Copa Ibarguren. En total, disputa 121 partidos en los que anota 74 goles. Y deja algunos partidos inolvidables.

Como el que disputó ante Lanús en 1954: marcó cuatro goles en 21 minutos, récord que continúa vigente. Así lo recuerda Enrique Omar Sívori, leyenda del fútbol argentino: "yo estaba muy nervioso, recién empezaba a codearme con los grandes. Debía jugar porque Labruna estaba enfermo. Tenía unos nervios bárbaros. Walter, que no hablaba nunca, me vio la cara blanca y quiso tranquilizarme: "No te preocupes, pibe, que este partido lo gano yo solo... me dijo. Esa tarde le metió cuatro goles en 20 minutos a Alvarez Vega"

O aquel encuentro el 16 de julio de 1950. Sí, el día que Uruguay se proclamó campeona del mundo con el inolvidable Maracanazo. Walter Gómez no pudo disputar el Mundial al continuar vigente la sanción por el puñetazo a Bochetti. Durante el transcurso del partido entre River y San Lorenzo se conoció la victoria uruguaya, y todo se detuvo. "Cuando entré a la cancha para el segundo tiempo lo anunciaron por los altavoces. El público me ovacionó como homenaje a mi país, y todos mis compañeros y los jugadores de San Lorenzo me vinieron a felicitar. Me temblaron las piernas. Después entré a buscar una pelota cruzada desde la derecha y la metí de zurda en el arco de Blazina. Me acuerdo que hice el gol con los ojos llenos de lágrimas", relata en El Gráfico.

Tras abandonar River Plate en 1955 puso rumbo a Europa. Nada menos que al Milan de Italia. Pero ahí tuvo un incomprensible paso: disputó un único encuentro, amistoso, y sería cedido al Palermo, por falta de cupo de extranjeros en el primero. En dos temporadas, una en Serie A y otra en Serie B, lograría 9 goles en 51 partidos. Bagaje escaso para sus antecedentes.

En 1959 regresa a Nacional, para iniciar un periplo que le lleva por Colombia y Venezuela, antes de dejar definitivamente el fútbol con 38 años.

En el Cúcuta Deportivo

De izquierda a derecha parados: Juan Tejera, Víctor Pignanelli, Efraín ‘Monalisa’ Ramírez,
Cleto Castillo, NI, Alejandro Sinisterra; Agachados: Fabio Ossa, Juan Eduardo Hohberg,
Walter Gómez, Luis Alberto Decevo y Luis Alfonso ‘Pingo’ García.

En el año 1961 estando la Junta Directiva del Cúcuta Deportivo y algunos colaboradores, entre otros León Londoño Tamayo, Hernando Lara Hernández, José Urbina Amorocho, Reynaldo Omaña Lozada, Mario Patitucci, Marino Vargas y Giovanny Martin luchando por la recuperación económica del equipo, contrató a uno de los jugadores más extraordinarios que ha venido al equipo Motilón.

Reunión de junta directiva del Cúcuta Deportivo en la que aparecen Reinaldo Omaña (izquierda), Marino Vargas, León Londoño Tamayo (centro), Mario Patitucci y Geovannni Martin.

Fue nada más ni nada menos que a Walter Gómez, "Botija" así llamado en el sur, ex integrante de la segunda famosa máquina de River Plate de Argentina, al lado de Loustau, Labruna, Prado y Vernazza. Luego se entendió con Omar Sívori.

Los hinchas de River Plate coreaban este estribillo en el estadio Monumental cuando salía al campo de juego el gran Walter Gómez. La hinchada cantaba así: "La gente de River ya no come, por venir a ver a Walter Gómez".


Walter Gómez era genial, gambeteador, con regates que sentaban a los defensas y fino con el balón. Era un fenómeno con el control de la esférica, goleador y buen asistidor, eso sí por arriba de cabeza poco, él mismo lo decía: ‘’De arriba yo no sabía nada, para mí el fútbol se jugaba únicamente a ras del suelo’’.

Llegó a mediado de 1961 hasta 1962 para el Cúcuta Deportivo como centro delantero, No 9, estando acompañado como interior derecho, el No 8, por otro monstruo del fútbol uruguayo, el gran Juan Eduardo Hohbert, caracterizado como excelente cabeceador y con un potente disparo al arco y de Luis Alberto Decevo, el No 10, como gran pasador del balón. El tridente se alternaba con Luis Alberto Píriz, posteriormente llegó Omar Verdún y estaban acompañados en la punta derecha con Hilario López o ‘Palomo’ Ramírez e izquierda con Manuel ‘Tinta’ González o Elías ‘El maestrico’ Rincón, entre otros.

Debemos resaltar que tanto Walter Gómez como Hohberg llegaron al equipo negri-rojo en el ocaso de sus carreras, ya pasaban de los 30 años (es así que Walter Gómez se retiró del fútbol en 1965), los llamaban los viejos, pero cuando estaban juntos y tenían destellos e inspiraciones con su técnica, enamoraban en todos los estadios de Colombia, en especial a sus fanáticos en el estadio General Santander. Los equipos contrarios sufrían cuando jugaba junto este dúo, eran terribles. Al poco tiempo, inició el retiro de Hohberg como jugador, al comenzar a alternar el juego con la dirección técnica del equipo.

A mediados de 1962 pasó al Once Caldas de Manizales y en 1963 regresó nuevamente al Uruguay. Como todavía sentía plenitud de condiciones con ganas de más aventuras de fútbol, tuvo la oportunidad de jugar en Venezuela en 1964, cuando pasó al Deportivo Galicia de Caracas donde tras ocho meses de duro torneo ayudó a ganar el campeonato y a clasificar el equipo para la Copa “Libertadores”. Sin embargo, el fallecimiento de un hermano impidió que jugara la serie clasificatoria y apresuró un definitivo alejamiento del fútbol y el regresó a Uruguay…

‘Palomo’ Ramírez, Omar Verdún, Walter Gómez, Luis Alberto Decevo y ‘Tinta’ González.

A pesar de su imborrable legado como futbolista en Uruguay y Argentina, y dejar algo de su estela de grandeza en Colombia y Venezuela, sus últimos días no fueron los más merecidos. Terminaría en el anonimato. Casi en la pobreza, de no ser por la ayuda que le ofreció River Plate, y de ser el encargado del estacionamiento en el estadio Monumental. Walter Gómez fallecería el 4 de marzo de 2004 a la edad de 76 años, debido a una afección pulmonar.

Se marchaba así uno de los mejores goleadores de la historia del fútbol sudamericano. Leyenda en Nacional de Montevideo a pesar de todo, y especialmente en River Plate de Argentina. Ahí, dicen, en las gradas del Monumental se escuchó por primera vez el cántico hoy extendido por todo el planeta fútbol de: "U-ru-guayo… U-ru-guayo… U-ru-guayo… ", cuando se inventó esa bella forma de homenaje del arte de un hermano uruguayo, por parte de los argentinos. Un recuerdo eterno para un futbolista eterno.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

domingo, 21 de diciembre de 2025

2721.- BAQUERO, GUAJIRO QUE ESCRIBE SU HISTORIA EN EL BALONCESTO DE N. DE S.

Gustavo Contreras Sabogal (La Opinión)


En los libros de historia del baloncesto de Norte de Santander aparecerá el nombre de un guajiro que supo ser campeón profesional como jugador de Cúcuta-Norte en 2008 y 2009 y como asistente técnico de Motilones del Norte de 2024.

Desde Riohacha, José Guillermo Baquero Serrano llegó a este departamento fronterizo donde se desarrolló en diferentes ámbitos y ahora procura retribuirle con la formación de nuevos talentos.

Enseña con su club Baqueros y tiene la autoridad para hacerlo, después de una carrera de casi 10 años compitiendo en los diferentes maderámenes de Colombia como ala-pivot.


De La Guajira a Norte de Santander

Del calor intenso de su ciudad de origen, ubicado en la costa norte del país, pasó al frío de Pamplona, adonde aterrizó en luchando por una beca deportiva para estudiar ingeniería mecánica, carrera de la que es profesional.

Si bien en el principio no le gustaba el deporte de la pelota naranja y era fanático por jugar futsal, al gigante de 2.03 metros de estatura, el técnico Benancio Pinto Mendoza vio un prospecto y lo llevó a la práctica durante su juventud.

Ese ojo de Pinto no falló. Con la Universidad de Pamplona, José se destacó en Juegos Ascun compitiendo de la mano de Jhon ‘Chiquillo’ Hernández (jugador activo), quien también llegó desde la costa a formarse académicamente.


Además de sus presentaciones con el equipo universitario, donde sobresalía guiado por el entrenador Marco Monroy, y la selección Norte, en 2008 vino a Cúcuta a competir en un torneo aficionado donde captó la atención del puertorriqueño Ramón Meléndez.

Bicampeón con Cúcuta-Norte

“Estaba jugando las finales y se me acercó Meléndez, quien era asistente de Julio Torres en ese entonces. Me comentó que lo mandaron como una avanzada para ver jugadores locales, para ver qué tenía la región y formar a Cúcuta-Norte. Él, en la gradería de la Toto Hernández, nos vio campeones y me propuso jugar profesional. No lo dudé”, contó José, en conversación con La Opinión.

El hijo de Ospicio Baquero e Inés Serrano se metió en el roster del equipo de Julio Toro y terminó siendo campeón en su primer año.

“Llegan muchos jugadores de experiencia, entre ellos Édgar Moreno. Comienza la pretemporada y yo quería estar ahí, ganarme un puesto, no solamente hacer parte de la plantilla, sino tener minutos. Fue un proceso difícil, pero se disfrutó bastante. Me dieron la oportunidad de jugar partidos de local, empecé a escalar y a tener más minutos queriendo estar como sexto o séptimo hombre. El sexto fue ‘Chiquillo’, gracias a Dios se dieron las cosas y logramos ser campeones”, recordó Baquero, hoy con 41 años.

Tras ese primer título, el guajiro se consolidó en el equipo que quedó a cargo de Meléndez luego de la salida del boricua Julio Toro.


“Tuve más oportunidades, más minutos, más protagonismo, fue un año inolvidable por el bicampeonato. Fueron momentos gratificantes porque llegó al equipo solo, sin conocer a nadie, peleando por un espacio para mostrarme. Confié en mis capacidades y sabía lo que tenía, lo que podía dar y la garra para estar en el equipo”, expresó.


Experiencias en Manizales y Tunja

Con Cúcuta-Norte también fue subcampeón en 2010 y pudo competir en Copa Sudamericana. Ello hizo que otros clubes del baloncesto colombiano se fijaran y vivirá experiencias profesionales en distintas ciudades.

La formación, un nuevo rol en el baloncesto

Cumplido su ciclo como jugador profesional, José decidió crear la escuela formativa Baqueros Club con sedes en Cúcuta y Villa del Rosario. “De una me dediqué al club, saqué este proyecto buscando darle oportunidad a nuevas generaciones”, dijo.

Con este equipo ha podido competir en diferentes certámenes nacionales y llegar a México, El Salvador y Panamá.

“Como jugador pelee por estos colores de Norte de Santander, yo me siento un nortesantandereano más, fue muy gratificante lograr los títulos con Cúcuta-Norte, hacer parte de esta historia. Ser entrenador es una experiencia muy bonita que me estoy disfrutando. Quiero seguir aportando, aprendiendo”, expresó.


Esas experiencias le han permitido asumir la dirección técnica de diferentes selecciones Norte de Santander tanto de la rama masculina como de la femenina.

“Espero que la ciudad se siga proyectando, que siga avanzando y que vuelva a ser la capital basquetera como era mencionado anteriormente”, añadió.

Campeón con Motilones del Norte


En el más reciente título del deporte profesional de Cúcuta, con Motilones del Norte en diciembre de 2024 después de derrotar en las finales a Caribbean Storm, José Baquero hizo parte del cuerpo técnico comandado por el dominicano Richard Ortega en el rol de asistente.

“Motilones del Norte es un gran proyecto, un proyecto que mostró obviamente el baloncesto y es una ventana para que estos chicos se proyecten. Espero que permanezca en la ciudad, que sea apoyado porque se necesita para las futuras generaciones”, declaró.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.