lunes, 30 de abril de 2012

165.- EL ALMACEN TIA


Gerardo Raynaud D.


Cúcuta ha exhibido su tradición mercantilista y su vocación comercial. Desde tiempos inmemoriales, esto es, desde antes de la llegada de los conquistadores, los indígenas que poblaban esta región intercambiaban sus productos con aquellos que habitaban las zonas ribereñas aledañas al gran lago de Coquivacoa. Desde mantas tejidas, plantas medicinales y alimentos como la quina y el cacao eran intercambiados por sal y productos propios de la región.

 Los nativos del llamado Pueblo de Cúcuta, en la zona que hoy conocemos como el barrio San Luis y quienes fueron los primeros pobladores, mantenían una estrecha relación con sus pares de las zonas altas de la cordillera que se introducía en el territorio de la Capitanía General de Venezuela, de ahí que no sea de extrañar las vinculaciones de parentesco entre los integrantes de la población de este reducto fronterizo.

 Erigida la ciudad por el noble gesto de doña Juana, la prosperidad no se hizo esperar y en pocos años de pueblo se pasó a villa y luego, con la ayuda de la naturaleza, se pasó a ciudad. Su condición de “cruce de caminos” entre Caracas, Maracaibo y Santafé contribuyó especialmente a este desarrollo. Sabemos que se establecieron grandes casas de comercio europeas, principalmente italianas y alemanas atendiendo las facilidades de la vía marítima Hamburgo Maracaibo y de allí a la capital del Virreinato pasando por los principales poblados  de la época como lo eran Pamplona, El Socorro y Tunja antes de llegar a Santafé. 

El hecho es que en todo ese trayecto, los extranjeros fueron creando oficinas y sucursales de sus empresas una vez consolidaban su mercado. Las grandes distribuidoras tenían sus sedes en las cuatro esquinas del Parque Santander y en sus alrededores disputándose su clientela a punta de promociones y de calidad de sus productos, nada diferente de lo que ocurre hoy en día. Claro que el principal negocio no consistía en la venta de las mercaderías sino en la compra de los productos de exportación como lo eran, al principio, el cacao y la quina y posteriormente tabaco y café.

 Siempre tuve la inquietud por saber la razón de la desaparición de tan prósperos negocios hasta que descubrí que el motivo principal había sido consecuencia de las guerras mundiales. 

Estos antecedentes para ambientar el impulso que sufrió el comercio local luego de la desaparición de las casas comerciales extranjeras. Terminada la segunda gran guerra, la escasez era la nota predominante. El único gran almacén existente en la ciudad durante los años cincuenta era Tito Abbo Jr. en la esquina de la avenida quinta con calle doce que logró sobrevivir las severidades de la guerra pero que se quedó sin qué vender, pues la Europa de donde provenían sus mercancías había quedado destruida y por lo tanto, condenado a cerrar por sustracción de materia.

El país, que a pesar de haber declarado la guerra a las naciones del eje, estaba iniciando una etapa de holgura y las empresas comenzaron a expandirse por todo el territorio nacional y Cúcuta constituía un atractivo especial por su vecindad con Venezuela, por su gran potencial a raíz de sus recientes descubrimientos petroleros.

Los almacenes de Luis Eduardo Yepes “LEY” fueron los primeros en detectar esa oportunidad y adquirieron las instalaciones de Tito Abbo Jr. e implementaron su conocido almacén. Por esa misma época, unos reconocidos comerciantes, al parecer con la colaboración de inversionistas de origen judío, copiaron literalmente el esquema de localización y se constituyeron en su principal competencia. Aunque el modelo de organización comercial era complemente diferente, las dos empresas compartían los lugares comunes en ciudades como Bogotá, Cali, Bucaramanga, entre otras y por eso no tardaron en poner sus ojos en Cúcuta. 

Ya instalado el LEY, se inició la negociación con los señores Buenahora, propietarios del inmueble ubicado justo enfrente de su competencia y vecinos de otro gran almacén de entonces, el LECS especializado en vestuario y complementario a los productos que ofrecería.

La construcción se hizo en tiempo récord, pues para finales del primer semestre de 1967 el almacén TIA estaba construido y listo para entregarlo al servicio de cucuteños y venezolanos.

Así, el viernes 30 de junio de 1967 se inauguró oficialmente el almacén TIA Cúcuta. En ceremonia que congregó a las autoridades civiles, militares y eclesiásticas, cortó la cinta inaugural uno de los propietarios, el señor Tomás Steuer. El local fue bendecido por el párroco de la catedral el infaltable R.P. Daniel Jordán.

El discurso de apertura corrió por cuenta del asesor jurídico de la compañía Dr. Enrique Arrázola.

 Entre los principales invitados estaban el gobernador Gustavo Lozano Cárdenas y el Alcalde Eustorgio Colmenares quienes con los demás asistentes degustaron la copa de champaña que había sido destinada para el efecto, mientras recorrían las 32 secciones en que se había dividido el almacén para exhibir los miles de artículos, ofertas espectaculares y todos los artículos de primera necesidad, que según rezaba la propaganda, estaban a precio de costo. 

El recorrido terminaba en la maravillosa lonchería, al fondo del almacén, donde los participantes del evento se habían congregado para escuchar las explicaciones de los administradores del local. En este caso, como en los muchos y frecuentes que ocurren en nuestra ciudad, fue nombrado gerente del almacén el señor Óscar Gómez quien fue trasladado del almacén de la ciudad de Bucaramanga. El slogan del almacén era “TIA Ltda. el popular entre los populares”.

Algunos años más tarde y aprovechando la gran afluencia de compradores venezolanos, del segmento de la población de más bajo poder adquisitivo, de aquellos que vienen en “carrito” y que llegan o más bien, llegaban a la Central de Transportes y disfrutando de los beneficios de la alta cotización del bolívar, dentro de su política de bajos precios o precios populares, almacén TIA Ltda. abrió un nuevo establecimiento en los alrededores de la Central, en la esquina de la calle segunda con avenida séptima, que duró muy poco tiempo y si no me falla la memoria fue hasta la siguiente gran crisis de 1983 época después de la cual cerró definitivamente sus puertas.



Recopilado por : Gastón Bermúdez V.




1 comentario:

  1. interesante,no sabia que eran judíos los inversionistas de este almacén...

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