domingo, 22 de diciembre de 2013

497.- EL TURCO CHUCHO LAMK NOS DEJO HACE YA 30 AÑOS



Gastón Bermúdez Vargas






Si te alejas,
tu amistad eterna te sigue.
Si pierdes el camino,
tu amistad eterna te guía y te alegra.
Tu amistad eterna te lleva de la mano
y te dice que todo va a salir bien. (Anónimo)

Se cumplió el 30 aniversario de la partida de entre nosotros de nuestro compañero y amigo Jesús Ricardo Lamk Alvarez, sin haber cumplido todavía sus 35 años de vida.

Jesús Ricardo nació en Cúcuta, el 12 de Junio 1948  hombre muy orgulloso de haber nacido en esta tierra nortesantandereana, de familia paterna de inmigrantes de ahí el remoquete de turco  que se le dio por su padre don Said Lamk, y su madre una gran mujer cucuteña doña Margarita Alvarez.

Vivió su niñez y adolescencia en el barrio La Playa, estudió todo el bachillerato en el colegio lasallista Sagrado Corazón de Jesús de Cúcuta y la carrera de Derecho en la Universidad Libre de Bogotá allá por el año 1.972. Mientras efectuaba sus estudios universitarios se desempeñó como Comisario de Inspección en la policía de Teusaquillo en la ciudad de Bogotá, con lo cual le daba práctica a sus estudios y se ayudaba económicamente.

En el sentido positivo de las palabras, era por naturaleza muy presumido y con mucho espíritu de superación, características que lo hacían destacar. Le gustaba liderar, cosa que lo ayudó a surgir rápidamente. Fiel y solidario con sus amigo, muy orgulloso y bromista con los demás, pero le disgustaba que le efectuaran bromas a él.  

Recuerdo en el colegio al turco Lamk sentado en su pupitre escondiéndose con la espalda del compañero de adelante para que no lo viera el profesor de turno, mirándose en un espejito, peinándose los lados y sacándose el copete, como yo estaba atrás y a un lado le “mamaba gallo”, y cuando no se ponía bravo que era la mayoría de las veces, por el mismo espejo me miraba, levantaba una ceja y se reía, e inmediatamente terminaba su peinada y guardaba su espejito en el pupitre...en ocasiones alguien le tiraba un papelito para “sacarle la piedra” pero sin dejarse ver... ah, y que a nadie se le ocurriera despeinarlo...Era de los que le gustaba lucir como a lo que en nuestros tiempos llamaban “cocacolos”, así que no faltaba en él el uso de medias blancas con los pantalones tubitos y subida la bota un poco más abajo de los tobillos, camisa blanca o clara con mangas cortas con el borde dobladas hacia arriba y con un par de mosquitas sostenedoras de las puntas del cuello. Qué ganas de vivir teníamos en ese momento.

Fuera del colegio cuando yo vivía en el barrio Lleras Restrepo donde mi tía doña Josefa de Hernández (cariñosamente doña Jo, se pueden imaginar por qué…) coincidíamos con Chucho frecuentemente en el hogar de los Maldonado Guerrero en la avenida 3ª frente al estadio, punto de reunión en los últimos años de bachillerato. Asistían normalmente Fernando Morales, Alvaro Carrillo, César Contreras Chaustre, Alberto D’Pablo, Eduardo Forero y vecinos como Esperanza y Nelda Ramírez y su hermanita Nubia, y por ahí “echando jareta” Nelson y John, Merceditas Ramírez uno de los rostros mas bellos de Cúcuta de la época, Belén Pérez ya volantona pendiente de su hermano Carlos Andrés para cambiarle los pañales, Ciro, Alba y Norita Zambrano entre otros, o también nos reuníamos en la casa de Alvaro Carrillo en la calle 1ª del mismo barrio donde doña Isabel (otra alcahueta de nosotros) y don Víctor Carrillo, con sus hijas Gladys, Esperanza, Chela, Marthica y Yadira pupuseándose, quienes junto con Luis Fernando y Gloria Maldonado, formábamos el bonche, recocha o programábamos cualquier otra cosa que se nos ocurriera. A doña Fela de Maldonado, Chucho la llamaba tía y con quien conversaba mucho, porque ella era una persona muy especial con todos nosotros, a quienes en algún momento nos aconsejó en cuestiones de amores juveniles, sobre nuestro comportamiento, oía las confidencias y hasta nos alcahueteó algún asunto que para ese momento pudiera ser no convencional. Era una gran orientadora.

Foto en 1966 de izq. a der. César Contreras Chaustre, Chucho Lamk, Eduardo Forero (atrás), Alvaro Carrillo (haciendo muecas), Fernando Morales, Gloria Maldonado  y Gastón Bermúdez.

El turco Lamk le tenía un amor profundo al baloncesto en el cual participó como jugador, siendo integrante del equipo Campeón Nacional Juvenil de 1965, y posteriormente fue dirigente deportivo en dicho deporte hasta llegar a ser el presidente de la Liga Nortesantandereana.

No era muy técnico en el juego como sus hermanos Juan José y Said, sino mas bien camorrero de ahí que en el partido crucial con San Andrés jugando en la Toto Hernández le puso tanto empeño al cotejo que buscó un choque dándose codazos y empujones contra Arturo Watson, uno de los espigados y excelentes jugadores del equipo isleño, simulando quedar tendido inconsciente a consecuencia de la bronca,  lo que ocasionó que don Said, quien estaba en la tribuna, creyendo que su hijo había sido lastimado trató de saltar a la cancha teniendo que ser contenido por las autoridades policiales, ocasionando a su vez una reacción general del público  y el juego fue suspendido alrededor de 15 minutos hasta que los ánimos se tranquilizaran. La pasión del juego llevaba a estas cosas. Al día siguiente luego del partido contra Antioquia a quienes derrotamos sin contratiempo y nos coronamos campeones, uno de los que más festejó el triunfo fue precisamente Jesús Ricardo quien no dudó durante la caravana del festejo colocarse en la capota del bus con una bandera rojinegra y festejar con la afición el trapo campeonil en medio de una pertinaz lluvia.

Momento del juego Norte-Antioquia en el XIII Campeonato Nacional Juvenil

Litigó como abogado  y ejerció sus primeros cargos públicos en la ciudad de Bogotá desempeñándose como Comisario en las comisarías de Las Ferias, San Fernando y de la 43 con carrera 13, donde adquirió experiencia en gerencia pública hasta aproximadamente el año 1976 cuando decide trasladarse a Cúcuta. Apasionado de la política y de ideas liberales, militó en el partido político Renovación Liberal  liderado por Jorge Cristo y va ocupando diferentes cargos públicos comenzando por el de tesorero del Municipio de Cúcuta, de allí pasó a ser Secretario Departamental en la administración de Cayetano Morelli hasta aproximadamente 1981, cuando es nombrado Director Regional del Instituto de los Seguros Sociales cargo que desempeñó hasta su trágica muerte el 13 de enero de 1983. Su muerte ocurre fruto de una mala jugada y de una manera sorpresiva y prematura. Siendo una persona tan joven y con tanto futuro, de manera estrepitosa cae en una discusión, seguramente sin sentido, y  la  intolerancia acaba con su vida,  cosa que nunca debió suceder. Estoy casi seguro que hubiera ocupado posiciones importantes en el liderazgo y dirección del Norte de Santander o del país.


También destacó por sus escritos de opinión  política en el prestigioso diario  La Opinión de Cúcuta, en donde también fue colaborador, encargándose de realizar entrevistas a dirigentes de varias vertientes políticas.

La última vez que lo vi y hablé con él fue en 1980 siendo Tesorero Municipal un poco antes de ser nombrado Secretario Departamental en casa de mi primo Jorge Hernández Bermúdez donde yo había llegado de vacaciones desde Maracaibo y estuvimos charlando largamente de qué había pasado en nuestras vidas y recordando nuestras épocas en el colegio. Buen momento que pasamos esa noche.
  
Tuvo  tres hijos quienes residen en Bogotá. Con Yaneth Basto Alvarez tuvo una hermosa hija Karem Lamk Basto,  abogada. Y de su unión matrimonial  con Mª Eugenia Espinosa Reyes nacieron los dos hijos varones, Navik y Litvak Lamk Espinosa, abogado y administrador de empresas respectivamente.

Mientras escribía, esto y muchas otras cosas vinieron a mi mente de las vivencias que tuvimos con nuestro entrañable Chucho y quise compartir algunas con ustedes porque un gran amigo nunca se olvida.

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