domingo, 15 de junio de 2014

585.- EL TEATRO MERCEDES


Gerardo Raynaud D.

Teatro Mercedes

Habíamos comentado en crónicas anteriores, las pocas oportunidades de diversión que tenían los habitantes de la ciudad comenzando la segunda mitad del siglo 20, por lo tanto, era de buen augurio, iniciar negocios en el campo de la entretención y del ocio. 

También les había comentado que después de algunos años de prestación de servicios, se había acrecentado el malestar ciudadano en contra de ciertos medios que las gentes consideraban, para el momento, costosos y deficientes, desazón que se hizo manifiesta, cuando un conato de incendio por poco acaba con el teatro Santander y que muchos, en lugar de solidarizarse, se alegraron por la tragedia, argumentando que era el castigo divino por los malos tratos que la empresa les infligía a sus usuarios.

Conocedor como debía ser, uno de los emprendedores de la época, reconocido tanto por sus virtudes como por su capacidad empresarial, se dio a la tarea de montarle competencia a los teatros del momento, que eran tan solo tres, el Guzmán Berti, el Teatro Municipal y el Santander. 

Esta crónica, pretende no solamente narrarles el desarrollo de las acciones tendientes al establecimiento del teatro, sino extender un reconocimiento a la persona que logró culminar con éxito dicho proyecto. 

Se trata de don Guillermo Arámbula Omaña de quien me permitiré transcribir unas pocas líneas que fueron escritas, en su oportunidad, por don Pedro Julio Vila. Pero ante todo, era uno de los  hijos predilectos de Cúcuta, de singulares atributos, ponderado caballero y hombre de lucha por la conquista de sus ideales, lo cual demostró con esa magnífica obra que legó para la prosperidad.

Decía el redactor que ‘desde los albores de su juventud se le vio luchando solo por abrirse paso y se consagró realizando prósperas y fecundas actividades comerciales hasta conquistar una holgada posición económica y situarse en el escenario de la vida, en palco de primera clase, mirando con ojos benignos y cariñosos a la humanidad que lo circunda. ’Que no era un hombre de odios ni de pasiones insanas, que tenía un temperamento profundamente humano y que nada en él era distinto al fiel cumplimiento de sus deberes como esposo, padre y amigo incomparable.

Habiendo logrado escalar todas esas posiciones, a punta de esfuerzo y tesón, fue llamado por primera a prestar su servicio civil, que paradójicamente, algunos llamaban entonces, ‘obligatorio’ no porque lo fuera como tal sino que constituía un compromiso ineludible para quien era nombrado, prestarle a su ciudad la función para la cual había sido designado.

Su primer cargo oficial, al parecer también, el único, fue la Secretaría de Obras Públicas Municipales en la cual marcó senderos de progreso, al punto que terminada su misión en esa dependencia fue nombrado en la gerencia del Ferrocarril de Cúcuta, la empresa privada más grande de la región y una de las más grandes del país. Desafortunadamente, la empresa estaba en sus postrimerías y prácticamente le tocó liquidarla, a pesar de haber sido nombrado para tratar de salvarla de ese posible naufragio en la que concluiría algunos años más tarde.

Hablemos entonces de su obra más preciada, la que le produjo las mayores satisfacciones, el Teatro Las Mercedes, así como está escrito pues era el teatro de sus preocupaciones, para él simbólico de Mercedes, como un homenaje espiritual a su digna esposa, la cual, en la dura brega de la vida, lo animaba y estimulaba para que no desmayara en la lucha.

Más de un año le tomó a don Guillermo la dura tarea de reunir todos los recursos tendientes a construir el teatro más moderno de ciudad y es que no era solamente el levantamiento de la estructura física del edificio del cruce de la calle diez con avenida décima, esquina conocida como ‘La Cruz Roja’  sino que debía conseguir todo el andamiaje técnico que caracterizaba un moderno teatro, con la tecnología más avanzada que se tuviera en ese momento, cosa que no era fácil para la época pero que no le fue difícil superar esos obstáculos.

Al parecer, fue fundamental la ayuda proporcionada por don Tito Abbo, pues con sus contactos en Italia, particularmente en Turín, logró hacerse a los mejores equipos de proyección, los Micron XX, los cuales fueron exhibidos, uno, en el almacén de Tito Abbo, donde hoy queda el Éxito del centro y el otro en el almacén de don Urbano Gil, en la avenida cuarta entre nueve y diez. 

Esos proyectores eran los mismos suministrados a los mejores teatros del mundo entre ellos, los de Milán en Italia y de Caracas, en el vecino país.

Así mismo, Tito Abbo se encargó de la importación de los demás implementos necesarios para el buen funcionamiento del teatro como fueron, el equipo de aire acondicionado, que fue el primero de la ciudad y la planta eléctrica de emergencia para cuando fallara el suministro de energía por parte de la empresa local, situación que se presentaba con bastante frecuencia.

Estos equipos eran de marca General Electric, la compañía americana que había invadido el mercado latinoamericano de electrodomésticos. La marquesina del frontis parecía un carrusel de luces multicolores que parpadeaban, corrían y daban vueltas, la taquilla aislada y por dentro era un verdadero exponente de belleza y ornato, sonido perfecto y espléndida iluminación, silletería cómoda y bien dispuesta así como dos telones de ‘boca’ que corren lentamente para dejar ver el lienzo sobre el cual se proyectarán las películas y todo se remataba con un espacioso ‘hall’ y un bar bien surtido y presentado.

El día de la inauguración fue programado para el 6 de mayo, era el año 53 del siglo pasado; el teatro se afilió al Circuito CYVA, que, digamos era la competencia de Cine Colombia. 

La función inaugural era la nocturna, es decir, la de las 9:15 p.m., pero en las primeras horas de la noche se reunieron los directivos del teatro con los empresarios del Circuito CYVA, sus familiares, asistentes y empleados para el acto inaugural oficial, durante el cual se pronunciaron los discursos de rigor y se ejecutó un atractivo programa musical con la orquesta del maestro Simón Maldonado, siendo el tema central ‘Las Brisas del Pamplonita’. 

Antes de darle entrada al público, se procedió a la colocación de la estampa de la Virgen de las Mercedes en el lienzo detrás del telón. Todo el programa fue transmitido por Radio Guaimaral y la fiesta continuó en la residencia de don Guillermo, adyacente a su obra recién estrenada.

La película de estreno fue una producción de MGM, en suntuoso Technicolor, llamada ‘Amor Brasileño’ (Latin Lovers en inglés) con los actores Lana Turner y Ricardo Montalbán; el precio de la boleta era de $2. 

La entrada al mercado local del teatro Mercedes, como se conoció entonces, hizo que  los teatros, los cuatro que ahora había, se pusieran de acuerdo en ajustar los horarios para que sus funciones comenzaran todos a la misma hora.

A partir de entonces, el teatro sirvió de referente para las mejores películas del circuito al cual estuvo afiliado y de escenario para otros eventos culturales, como las revistas musicales y presentación de magos.





Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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