domingo, 24 de agosto de 2014

621.- LA RETRETA



Pablo Chacón M.


Quién no recuerda en la Cúcuta de los años cuarenta, el espectáculo de la retreta. 

Aquella sinfonía de canciones hermosas interpretadas por la banda municipal, en el costado izquierdo del parque Santander, frente al edificio de la Alcaldía, hoy Palacio Municipal. 

Allí quedaba la glorieta donde los músicos vestidos de riguroso traje azul, interpretaban con estricta consonancia y formidable dirección orquestal, aquellos valses y oberturas selectas que antaño formaron parte del repertorio inolvidable que nos legaron los máximos exponentes del virtuosismo ruso, francés y español.

También ahí se prodigó la ciudad de majestuosos conciertos populares, donde las brisas del pamplonita y otros aires de nuestro propio alar, nos hicieron vibrar de emoción, con el sano sabor de haber percibido, sin la sola pronunciación de una palabra, el más aglutinante mensaje de nuestra orgullosa identidad.

I.-

Quién no mantiene, guardado entre nostalgias/ como si fueran románticas postales/ aquellas caminatas nocturnales/ alrededor del parque y de la iglesia/ donde las criadas y alegres polizones/ se encontraban con las niñas distinguidas/ que del brazo de sus novios elegantes/ exhibían su palidez como un trofeo/ tratando de parecerse a Greta Garbo.

Pero volviendo los pasos hacia atrás/ a nuestras calles de piedra cucuteñas/ que bordeaban el marco del entorno/ donde solía presentarse la retreta/ muchas imágenes aún en blanco y negro/ guardamos en el álbum de los años.


Hacia aquella romántica glorieta/ las flores más hermosas del jardín/ irradiaban su exquisita fragancia.

Como un ramillete de claveles de ensueño/ que daban a la música un sabor a viñedo/ en tiempos de cosecha guardó nuestra memoria/ oculta en su nostalgia un sabor a recuerdo.

Remembranza que el tiempo ha ido desmoronando/ y que hoy ni siquiera podemos retenerla/ pues el hechizo poético que envolvía la glorieta/ se rompió en mil pedazos el día que un acuerdo/ con afán modernista, resolvió destruirla.


II.-


Me acuerdo del fotógrafo de lente provinciano/ que con rústica mano iba captando historias/ con sus fotos de grana recubiertas de gloria.


Postales ovaladas con palomas trenzadas/ entre dos corazones palpitantes y ansiosos/ señalaban del labio su candor femenino/ unido al varonil encendido de fuego.

Eran fotos tomadas por un viejo poeta/ que hacía del lente un verso escrito con sus ojos/ para tallar de besos con dos flechas cruzadas/ la llama incandescente de sus amores tiernos.

Hoy el tiempo ha borrado al rústico poeta/ y olvidado el encanto de aquel lente de antaño/ que recubría de música los trazos del retrato.

Nos ha dejado en manos de la foto insensible/ aquella que se toma tan solo en un segundo/ sin una sola letra incluida en el verso/ porque el tiempo instantáneo no permitió escribirlo.

III.-

Mas si el milagro existe volveremos al parque/ y otra vez la retreta con sus valses de antaño/ esparcirá su música en sus horas nocturnas.  


Los músicos de verde o de azul o de rojo/ entonarán sus cánticos a la luz de la luna/ mientras cruza un poeta con una vieja máquina/ capturando luceros tras dos flechas trenzadas/ hechas de amor y lágrimas como en los tiempos viejos.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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