lunes, 25 de agosto de 2014

623.- TRAGEDIA AEREA EN EL CERRO, ¨EL ESPARDILLO¨



Alfredo Díaz  Calderón  y otras fuentes

El diario El Tiempo recordó los 15 años del siniestro aéreo y tituló: “El Espartillo”. Valga la aclaración: allí, en ese cerro, no existe árbol ni planta con ese nombre. Lo que hay por allí es mucho pardillo y, cuando algún forastero pregunta “¿Qué árbol es éste?”, los lugareños le responden: “Es pardillo”, y por eso desde siempre el cerro se llama “Espardillo”. (A.D.C.)



Era la 1 y 18 minutos de la tarde del jueves 17 de marzo de 1988 y en la torre de control del aeropuerto Camilo Daza de la ciudad de Cúcuta, no había ningún motivo de preocupación: el decolaje del avión Boeing HK-1716 de Avianca había sido normal.

Cuatro minutos antes, a la 1 y 14 minutos, el avión Boeing 727-100, al mando del capitán Francisco Ardila Series, había despegado del aeropuerto de Cúcuta con destino a Cartagena, siguiendo los procedimientos normales en estos casos y sin reportar ninguna falla o anomalía a bordo.

Las condiciones meteorológicas eran buenas, sin llegar a ser las ideales: 28 grados centígrados de temperatura, una visibilidad de 8 mil metros y cielo parcialmente cubierto por humo -el mínimo de visibilidad con que opera ese terminal es de 3 mil metros-, vientos provenientes del norte con una intensidad de 15 nudos -nada peligrosos para ese tipo de aeronave- y una humedad relativa del 71 por ciento.

Con estos datos, el capitán Ardila decidió despegar con procedimiento visual, maniobra que la torre de control autorizó. La aeronave dejó el terminal de pasajeros y empezó a carretear hacia la cabecera de la pista a la que llegó 4 minutos más tarde. 

Una vez allí, el comandante le imprimió el máximo de potencia a los motores, el avión aceleró a fondo por la pista hasta elevarse y un minuto después el controlador aéreo Iván Robayo, en su última comunicación con la nave, le informó al piloto que estaba en el aire y que pasaría a manos del control de llegadas de Cúcuta -que también se encarga de las salidas-, a lo que Ardila respondió indicando que se comunicaría al lograr una altura de mil pies. "Chao" fue la última palabra que Robayo le oyó pronunciar al piloto. 

Segundos después, Ardila habló con su colega que venía al mando del HK-727 de Avianca, que estaba llegando a Cúcuta procedente de Bogotá y, supuestamente, le dijo que tenía el campo libre para su maniobra de aterrizaje.

De ahí en adelante, nada se supo del HK-1716 hasta que, ya entrada la tarde y luego de desechar posibilidades como la de un secuestro y de comprobar que no se había comunicado con otros centros de control, Henry Albarracín Flechas, un campesino de la región, llegó hasta la inspección de Policía de Zulia, un municipio cercano a Cúcuta, y relató cómo el avión, que venía volando muy bajo, primero rozó la copa de algunos árboles y, finalmente, fue a estrellarse de frente contra el cerro de "El Espardillo". 

Sus tanques de combustible, que llevaban gasolina suficiente para tres horas de vuelo, explotaron causando un fuerte desprendimiento de tierra que cubrió parte de los restos del aparato. El saldo: 141 personas muertas.

A juicio del alto tribunal, el siniestro obedeció a una falla en el servicio de la Aeronáutica Civil porque los controladores aéreos autorizaron al piloto a despegar visualmente, es decir, sin el apoyo de instrumentos, pese a que las condiciones atmosféricas eran difíciles.

Consideró también que la aerolínea resultó solidariamente responsable, pues según las conclusiones de una investigación hecha por la propia Aerocivil en el momento del accidente el comandante de la nave estaba distraído atendiendo a personas ajenas en cabina (conversaba con el colega y compañero Capitán Roberto de la Cruz Bermúdez  quien iba de pasajero en la cabina de pilotos) y dejó todo el control de la operación a cargo del copiloto.

En el accidente del avión que iba rumbo a Cartagena murieron en forma instantánea todos los 141 ocupantes del avión.

Los datos precisos de las víctimas de esta tragedia son 6 tripulantes, 72 pasajeros viajeros algunos turistas que viajaban a La Heroica en busca de ¨playa, brisa y mar¨, otros viajaban a hacer negocios y 63 deportistas que participarían en los Juegos Interdistritos de Ecopetrol, que se iniciarían al día siguiente, representando las delegaciones del Distrito Norte Tibú, Distrito Centro Barranca y la del Distrito Cúcuta.

Los equipos de fútbol contaban con su propio entrenador. El de Tibú era dirigido por Carlos Zunino y el de Cúcuta por Eloy Ronquillo, personas bastante conocidas en el ámbito deportivo en Cúcuta. 

Zunino, nacido en Uruguay, había llegado a Cúcuta en febrero de 1950 con el primer grupo de futbolistas uruguayos que integraron nuestro equipo profesional. 

Ronquillo, nacido en Ecuador se radicó en Cúcuta desde octubre de 1941, después de jugar en Millonarios. 

Los dos se casaron con cucuteñas y crearon sus familias en nuestra ciudad. En ese momento pensaban en las competencias que al día siguiente se iniciaban en Cartagena, y estaban optimistas sobre el desempeño que tendrían sus equipos en ese torneo interdistritos.

También viajaba un basquetbolista, César Gutiérrez Rivera, excelente jugador en los campeonatos intercolegiados y universitarios, departamentales y nacionales. Representó al Norte en un nacional juvenil. 

En su etapa estudiantil, a pesar de su juventud, fue monitor de baloncesto en Coldeportes Norte. 

Egresado como ingeniero Civil de la UFPS y se especializó como ingeniero Hidráulico en Francia con las mejores calificaciones, formó su hogar en nuestra ciudad con una prestante dama cucuteña, y dictaba cátedra como profesor en la UFPS.

Otro de las víctimas del siniestro fue el ingeniero Civil César Humberto Contreras Chaustre,  cucuteño, estudiante Lasallista graduado de bachillerato en el Sagrado Corazón en 1966, entusiasta participante como jugador en el colegio y la liga de baloncesto del Norte de Santander. 

¨Aficionado al fútbol donde de manera amena siempre escogía la posición de puntero izquierdo, para que siempre le dejaran jugar¨, le decía a su hijo. 

Destacado ingeniero civil de la Universidad del Cauca, empleado del Instituto Nacional de Salud INAS, donde por muchos años se encargó del saneamiento básico y rural en los municipios del Norte de Santander. 

Su labor en la docencia a cargo de materias básicas de Ingeniería Civil en la UFPS, estarán en la memoria de cientos de alumnos que compartieron con él aulas.

Aparece César Humberto Contreras Chaustre (derecha) con Luis Fernando Maldonado Guerrero (izquierda) y  Alberto D´Pablo Sepúlveda (centro) durante los retiro espirituales en Bucaramanga antes de la graduación de bachilleres en 1966.


Por primera vez en su historia el estadio General Santander, en menos de 16 horas, cambió radicalmente su aspecto y cumplió dos funciones totalmente diferentes:

El jueves 17 de marzo de 1988, a las 06:00 pm, se inició, ante más de 10.000 aficionados, el Clásico del Oriente Colombiano que terminó empatado 0-0.

A pesar de la falta de gol, el partido fue intenso y emocionante.

Antes de concluir el partido, una de las cadenas radiales suspendió momentáneamente la transmisión del juego para dar un informe desde el cerro “Espardillo”, en la voz de Esaú Jaramillo Montaño.

El informe detallaba que el avión HK 1716 había impactado cerca de allí y que ya las comisiones de rescate estaban listas para iniciar, a primera hora del día siguiente, su humanitaria labor. Y que también estaban allí periodistas y reporteros gráficos en su trabajo profesional.

A las 10:00 pm terminaba la fiesta deportiva en el estadio y los hinchas salían para sus casas con sus gorras, camisas y cojines negri-rojos.

Pero a medida que salían del estadio, los aficionados cucuteños se enteraban mejor de la tragedia de El Espardillo, y entre llantos y gritos de rabia, pena y dolor empezaban a comprender su verdadera magnitud.

El estadio General Santander se utilizó, desde el viernes 18, para que los helicópteros depositaran su carga fúnebre y allí mismo se procediera al reconocimiento oficial de los cuerpos de las víctimas.

La recuperación de los cuerpos fue muy penosa, por lo difícil y escabroso del sitio donde se produjo el accidente.

Desde las 08:00 a.m., las puertas del estadio se congestionaban de personas deseosas de entrar para ver a las víctimas del siniestro, que empezaban a ser traídas en los helicópteros hasta el centro del escenario deportivo.

La mayoría de las personas vestía de negro, porque ya sabían que no había sobrevivientes.

Las autoridades acordonaron el escenario y únicamente permitían la entrada a los familiares con el fin de evitar el desorden.

El día 19 de marzo, el periódico La Opinión causa gran impacto con las crónicas del periodista Carlos Forero y las fotografías de Manuel Infante desde el sitio de la tragedia.

El espectáculo allí, en “El Espardillo”, es desolador y los cucuteños entienden la realidad del siniestro.

A las 6:00 p.m. hay honras fúnebres en la Catedral San José, con presencia de las autoridades civiles, militares y eclesiásticas.

El obispo de la Diócesis de Cúcuta, monseñor Alberto Giraldo Jaramillo, lee las condolencias del papa Juan Pablo II a los familiares de las víctimas y al pueblo cucuteño. 

Y anunció que, de común acuerdo con el gobernador Eduardo Assaf Elcure y el alcalde Carlos Rangel Rodríguez, se declararía camposanto el sitio de la tragedia, debido a las dificultades que representaba el rescate de tantos restos humanos esparcidos en un diámetro de más de 3 kilómetros en terreno de difícil acceso.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

2 comentarios:

  1. Yo estuve en el rescate de las victimas de ese siniestro. Tuvimos que esperar toda esa noche hasta que las autor permitieran el ascenso al espardilo al amanecer. Esa noche los dueños de la finca prepararon cena para todos los recastistas. Un hombre joven se me acercó y me dijo como iban vestidas su hija una niña de más o menos tres,años y su esposa. Ya arriba encontré debajo del ala pequeña en la o arte,de atrás a la niña que me habían descrito la noche anterior. Recuerdo que nos habían repartipo bolsas plásticas negras para recoger los cadaveres. Bajando la montaña rodé por un abismo junto con la bolsa ya que el peso de la misma hizo que perdiera el equilibrio. Caí en una saliente con varias magulladuras pero nada grave. Conmigo estaba freddy fuentes quien pude corroborar lo sucedido.

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