martes, 22 de enero de 2013

320.- RECUERDOS DE 1968 II

PARTE II/II

Gerardo Raynaud


En esta casa de Villa del Rosario nació Café Galavís hasta su traslado a la ciudad de Cúcuta a finales de la década de 1960

Y cambiando de deporte, el Cúcuta Deportivo venía presentando una mala racha. Hacía tres años se había coronado subcampeón del rentado nacional. 

En ese año se decidió cambiar el sistema de todos contra todos, tradicionalmente utilizado hoy en las ligas europeas y el equipo venía ocupando la última posición, situación que se volvió común en los años siguientes. 

Era entrenador, el uruguayo Rubén Bravo, muy conocido en el ámbito futbolero internacional y en Cúcuta, además de buen estratega, era perseguido por los solteros de la ciudad para que concediera los permisos necesarios para que su hija asistiera a cuanta reunión social se desarrollara, pues era toda una belleza y aquellos, que usualmente no eran muy aficionados al balompié, resultaban asistiendo al estadio, no sólo a los partidos sino a todos los entrenamientos, con tal de poder ver a la hija del entrenador. 

Pero esa no es la historia. El hecho es que el equipo estaba en tan mala situación (como casi siempre), que tanto el entrenador como los directivos Hernando Lara Hernández y Giovanni Martín anunciaron que el equipo se podría liquidar si el gobierno municipal y departamental no pagaba los auxilios aprobados antes del 20 de junio, fecha en que comenzaba el torneo Finalización. 

Como la situación se dilató más de la cuenta, los directivos y jugadores llegaron a un acuerdo que le permitió al equipo participar en el juego. 

A partir de ese momento, la dirección del conjunto será ejercida de manera colectiva por los jugadores y éstos se comprometieron a pagarles a los directivos el 20% de las ganancias que obtengan, con el objeto que se puedan pagar los intereses del pasivo existente; el acuerdo estaría vigente hasta la terminación del campeonato, en el mes de diciembre.

Aunque el equipo terminó en una de las últimas posiciones, -afortunadamente no existía el descenso para los equipos que terminaban de últimos-, la experiencia resultó positiva pues el equipo logró salir avante de sus infortunio financieros.

Cabe destacar que la gestión se desarrolló con la representación de los tres estamentos, los jugadores extranjeros, los nacionales y los directivos. 

Actuaron representando a cada uno de ellos, Omar Verdún y Marcel Suárez para los primeros, Helí Rubio y Tulio Niño por parte de los nacionales y Hernando Lara y Giovanni Martin por los directivos. 

Por último, quiero destacar que la prensa de la época no era propiamente generosa con el equipo y sus jugadores, pues se burlaban descaradamente de ellos como sucedió durante el partido realizado el 30 de junio contra el DIM, en el cual, el portero Alejandro Sinisterra tuvo una desafortunada intervención y la prensa no tuvo ningún reparo a apodarlo “bikini”, en una jugada que terminó en gol en contra y que posteriormente, fuera anulado por el árbitro, afortunadamente. 

Al finalizar el año se jugó la final por primera vez, entre los campeones de los dos torneos, Apertura y Finalización entre el Unión Magdalena y el Deportivo Cali, siendo este último, el campeón.

En lo empresarial, puedo comentarles dos actividades que se venían gestando en ese momento. La celebración de los primeros cincuenta años de la empresa Café Galavís, la empresa vigente más antigua de la ciudad, hasta que alguien me demuestre lo contrario. Había sido fundada el 20 de junio de 1918, lo que significa que está a escasos seis años del centenario y que bien merecidos los tiene. Entonces don Lino Galavís como propietario y el doctor Gustavo Rodríguez Duarte como gerente, preparaban la celebración con “todos los hierros”.

Por otro lado, se gestaba la creación de una entidad financiera local que sirviera de apoyo a los empresarios de la ciudad y la región. Se hacían las reuniones preliminares, las que culminaron exitosamente dos años más tarde, con la puesta en marcha de la Corporación Financiera del Oriente S.A..

Antes de comenzar nuestro itinerario por las postrimerías del 68, echemos un vistazo a los acontecimientos que merecieron comentarios entre la opinión pública local y que tuvieron alguna trascendencia social, política o económica.

Habían pasado las elecciones que se llamaban de “Mitaca” y entre los elegidos diputados registramos con beneplácito el nombre del dirigente conservador José Luis Acero Jordán, a quien recientemente habían designado rector de la naciente universidad Francisco de Paula Santander, en ese momento entidad de derecho privado. 

Tan pronto se oficializó su elección, dijo que se posesionaría en su curul de la Asamblea, aun cuando el Consejo de la Universidad lo había ratificado en su cargo. 

Sin embargo, para despejar cualquier malentendido solicitó que las dietas correspondientes le fueran cedidas a la biblioteca de la Universidad. No hubo discusiones ni alboroto de ninguna clase, los pocos estudiantes de las  carreras  tecnológicas, tomaron el gesto del rector con agradecimiento y la biblioteca tuvo los recursos adicionales para la adquisición de los textos requeridos para actualizar los conocimientos tan necesarios en la fase inicial de sus estudios.

Mientras tanto, la Beneficencia de Norte de Santander y su producto estrella la Lotería de Cúcuta, luego de varios años de bonanza en los cuales paulatinamente fue elevando el monto de su premio mayor hasta la suma de $300.000, había readquirido el lote donde años antes había funcionado uno de los mercados satélites de la ciudad, el mercado Rosetal, el cual entró en franca decadencia a partir del momento en que se dio al servicio el nuevo mercado central de la Sexta a mediados de los años cincuenta, además que al frente se había construido el más moderno hotel de la ciudad y un mercado de esas características, no armonizaba en el conjunto urbano que se le quería imprimir a la ciudad. 


La Lotería llevaba varios años estructurando un plan de inversiones en construcciones en todo el Departamento, así como desarrollaba simultáneamente una reorganización administrativa que le permitiera agilizar la toma de decisiones y poder operar eficientemente para lograr beneficios que se retribuyeran en favor de las arcas del Departamento. 

Por esos días, se le había vencido el periodo de dos años al gerente Francisco Jordán y urgía el nombramiento del nuevo gestor, toda vez que la Beneficencia había emprendido un ambicioso proyecto de renovación urbanística del sector de la calle diez con Avenida Cero, que entonces había sido bautizada en honor del dirigente caldense Gilberto Alzate Avendaño y el nuevo edificio que embellecía esa esquina estaba terminado y debía ser dado al servicio casi de inmediato. 

Como la elección se demoró más de la cuenta, tuvo el honor de inaugurarlo, el secretario general de entonces, el economista Carlos Gil Ceballos como gerente encargado. El edificio es el que conocemos hoy, pero en ese momento, además del teatro Cínera se había proyectado la apertura de un supermercado de “especiales características”, el cual no operó mucho tiempo y tuvo que ser cerrado y los locales ofrecidos en arriendo. 

Tenía, adicionalmente, un parqueadero diseñado tanto para los clientes del supermercado como para los usuarios del Teatro, con capacidad para sesenta vehículos. 

Días más tarde, se procedió a la elección del gerente, decisión que recayó en el nombre del señor Luciano Jaramillo Cabrales, en un fallo casi unánime, toda vez que cinco de los seis miembros de la Junta Departamental votaron a su favor.

Ya corría el mes de noviembre y comenzaban a publicarse los nombres de los bachilleres de la promoción del 68 en todos los establecimientos de educación de la ciudad y entre ellos, algunos de nuestros conocidos a quienes hoy recordamos y ofrecemos nuestras felicitaciones después de tantos años transcurridos. 


En esos días se graduaba como Experta Auxiliar de Oficina en la Academia Estudios Comerciales de los esposos Vila Casado, la señorita Tulia Albarracín Medina, hermana de mis compañeros de colegio y universidad, Rómulo y Alberto.

En el Colegio de La Presentación, ese mismo día, recibía su cartón de bachiller María Elena Contreras Ramírez, hoy economista, quien durante buena parte de su vida laboral se desempeñó en la gerencia del Instituto de Bienestar Familiar. 

En La Salle, egresaba como bachiller el hoy ingeniero civil Julio César Casanova Navas, de la dinastía de los Casanova del recordado Clubes Casanova. 

Para finalizar y con el ánimo de no hacer una lista interminable de bachilleres de la época quiero manifestarles que los actos en los que se les entregaba los diplomas eran de una seriedad y un protocolo que envidiarían las más altas dignidades diplomáticas. 

Por lo general, los colegios que no tenían un auditorio con suficiente capacidad para albergar a todos los involucrados, graduandos y sus familiares, realizaban el acto en el Teatro Zulima con toda clase de presentaciones, musicales, poéticas, teatrales y los correspondientes discursos de despedida y de futuros augurios de éxito en las nuevas actividades que emprenderían desde ahora.

En aquellos tiempos, también se realizaban las actividades tendientes a proveer de los recursos necesarios a nuestra reina, la señorita Norte de Santander, para que nos representara dignamente en el Reinado Nacional de la Belleza, en Cartagena de Indias. 


Martha Eugenia Valero, la linda representante de la belleza nortesantandereana, contribuyó con su presencia a deleitar a los participantes de la celebración de los 42 años del Club Tennis y de paso, a lograr el apoyo de la empresa privada para financiar parte del presupuesto que necesitaba para lograr un presentación digna en el reinado tradicional de la belleza colombiana.

En cuanto a los sucesos de farándula que por esos días se presentaban en la ciudad, había un espectáculo al que le hacían bastante publicidad, ya cuando el Teatro Guzmán Berti había caído a un bajo nivel y en él solo ve veían algunas películas pasadas de moda, por lo general, del ciclo dorado del cine mexicano y una que otra función de personajes de poco renombre, que iban de paso o venían del vecino país.




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

2 comentarios:

  1. El año 1968 me recuerda el fallecimiento de un estudiante de 6° Bto del Salesiano a causa de una leucemia. El muchacho vivía en La Merced, sobre la avenida 5a, en una casa en donde posteriormente funcionó una oficina de Berlinas de Fonce. El día del funeral, la banda de guerra y todo el colegio acompañó al féretro.

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  2. Señor Bermúdez, permítame corregirle su equivocación al manifestar que el Cúcuta terminó de colero en el 68, cuando en realidad terminó en el puesto 8. Me acuerdo muy bien que asistí al último partido contra el Pereira, finalizado 3-0 a favor nuestro. Fue la despedida del Burrito González, vendido al Cali, para resarcir la crisis económica. Mi papá me llevó a la tribuna de lateral.

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