domingo, 10 de noviembre de 2013

475.- CASA DE LA CULTURA ROSARIENSE: UNA CASA LEVANTADA SOBRE LA HISTORIA



villanoticias.com



Construida después del terremoto de Cúcuta, la Casa de la Cultura de Villa del Rosario empezó a autodestruirse, precisamente, a los 137 de años de conmemorarse el cataclismo que redujo a escombros a esta región colombiana.

El demoledor movimiento telúrico tuvo lugar el 18 de mayo de 1875. Y sin que en 2012 se tenga conocimiento de un fuerte temblor, el séptimo día del quinto mes, parte de la antigua casona se fue al suelo. Asombrado se quedó el historiador y profesor Gerardo García cuando vio el triste destino de este bien inmueble que data de 1890. La importancia de esta construcción radica en que fue una de las primeras que se levantó en esa localidad,  luego del destructivo fenómeno natural que se abatió sobre la frontera.

En el ayer y el hoy de la localidad fronteriza, antes el pueblo estaba asentado en lo que se conoce como Villa Antigua, con seis barrios.  El Rastrojo donde hicieron las campanas de la iglesia. Sogamoso, al norte, que era el balneario de los rosarienses. El barrio Bochalema, en el que se encuentra la Casa del General Santander. El Pueblito que corresponde al área del Templo Histórico, que era la parte central del pueblo, donde funcionaba la casa de acuñación de monedas.  El barrio Tamarindo, en el lugar en que se encuentra el tamarindo histórico y del calicanto hacia arriba se encontraba el sector de Los Ejidos.  Allí, los miembros del ejército patriota contaban con las caballerizas para alimentar y darles de beber agua a las bestias.  Y para cerrar ese marco emblemático de un pasado que fue borrado por acción de la naturaleza, subiendo por el costado derecho estaba el cementerio municipal.

El terremoto parte la historia en dos, es la afirmación del educador oriundo de Villa del Rosario. El nuevo pueblo empezó a dibujarse hacia la parte de arriba, para protegerse también de las inundaciones del río Táchira.  A los pocos meses del destructivo remezón, Piedecuesta fue el primero en surgir, luego La Pesa o Fátima, que data de 1878. En ese mismo año se le dio vida al camposanto para que recibiera a los difuntos del poblado que surgió luego del cataclismo. En aquél tiempo era alcalde Rosario Olarte.  

Pasados doce años, o sea en 1890, es la época a la que se remonta el precedente de la vivienda en que funcionó la Casa de la Cultura.  Las paredes de bajareque y el techo de teja, albergaron en un comienzo la Alcaldía y la Cárcel Municipal. A la entrada había una verja, que defendía el ingreso al penal, desde la cual se podían observar a los reos detenidos en esa área. Ahí estaban los que cometían faltas leves. Quienes eran señalados de fechorías, terminaban en el calabozo. Y hay más. A alguno de los que iban a parar al penal, la situación que les esperaba no era muy agradable. Un cepo se convertía en la peor pesadilla.

Vamos al diccionario de la Real Academia para ver la descripción de ese elemento: “Instrumento hecho de dos maderos gruesos, que unidos forman en el medio unos agujeros redondos, en los cuales se aseguraba la garganta o la pierna del reo, juntando los maderos”.

Otra de las funciones que cumplió correspondió a la de coso público o lugar para guardar los animales callejeros, especialmente aquellos que se comían las plantas y las flores del parque Pedro Fortul, situado al frente de la edificación.  Los dueños de los perros, caballos, vacas y otros cuadrúpedos que eran pillados con los dientes entre las matas, eran obligados a pagar una multa para que se los devolvieran.



Las sorpresas continuaron saliendo de aquella histórica casona que hoy se encuentra en el centro de la discusión, pues aparte de sacar la gran cantidad de basura que se depositó dentro de ella, no hay ningún movimiento que indique el proceso para rescatarla.

En la multifuncional estructura pública, el gobierno de ese entonces mantenía un ataúd al que denominaban de las ánimas. Era para las personas que fallecían y no tenían dolientes. A esos difuntos los llevaban hasta el cementerio, donde los sepultaban en tumbas de tierra, recordó el profesor García.  ¿Qué pasaba con el cajón? Pues volvía a la casa municipal, porque el cadáver era enterrado envuelto en sábanas. Se trataba de una especie de acción humanitaria para procurarles un entierro decente.

Como si fuera su gemela, a la par emergió la que a finales del siglo XIX se conocía como la escuela Pedro Fortul. Hoy, ese lugar lo ocupa el colegio Manuel Antonio Rueda Jara.

En los años cuarenta del siglo pasado, allá también iban los amantes del cine a disfrutar de películas mexicanas, en el teatro que funcionaba dentro de la Alcaldía.

La especie de estación de Policía Municipal que igualmente tenía sede en la hoy derruida vivienda, contaba con un funcionario llamado el polizonte. Su misión era muy singular y tal vez adecuada para estos tiempos modernos: iba todos los días por las escuelas a preguntar si los alumnos habían ido a estudiar. A las casas de los muchachos que el director reportaba por inasistencia, el polizonte iba a visitarlas para preguntarles a los papás la razón por la cual sus hijos no fueron a clase. Como muchas veces la respuesta era: ¿Cómo que no, si yo lo mandé?  Entonces el polizonte salía por el pueblo, que era pequeño, a buscarlos, especialmente a la ‘Tapa el Cacho’ que era el balneario de los habitantes de Villa del Rosario.

En 1890 es la ‘fecha de nacimiento’ de Esquina Redonda, que corresponde a una casa localizada en la cuesta de la calle séptima con carrera quinta.  Quienes pasan por allá la pueden ver, razón por la cual deben saber que sirvió de refugio a muchos políticos venezolanos exiliados de la dictadura.

Dentro del contexto en que se levantó y desarrollaron algunas actividades en la vieja casa, la región ya estaba siendo abatida por enfrentamientos entre liberales y conservadores que desencadenaron en la Guerra de los Mil Días.

La casa Municipal

En la Casa Municipal despachó el primer alcalde nombrado por decreto, cuyo nombre era Sebastián Porras, en la temporada  en que nació Norte de Santander, en 1910.

Desde allá despachó cerca de seis veces Agustín Granados Torres y los rosarienses también fueron gobernados desde la ruinosa casa por José Jacinto Manrique Báez, que en cuatro oportunidades ocupó la silla de alcalde. Él fue el que construyó la famosa casa del túnel y a quien se le debe el montaje de la piedra en el parque, en la cual se notan unos jeroglíficos, que hacen referencia al paso por aquí de personas provenientes del continente asiático.

“Según parece, esa piedra era la lápida puesta sobre la tumba de unos jefes de esas misiones asiáticas. Es muy importante dentro del contexto histórico de Villa del Rosario y fue Manrique quien la reportó a la Academia de Historia de Bogotá”, recordó el profesor Gerardo García.

En un acelerado transcurso del tiempo, hay que detenerse en 1994, cuando se registró un atentado contra la Alcaldía del municipio histórico. Los efectos del ataque obligaron a trastear el despacho municipal de nuevo a la Casa de la Cultura. Ahí duró por espacio de un año mientras se hicieron las reparaciones a la estructura afectada por el ataque.

¿Y qué ha pasado? Luego un aguacero que empezó el 6 de mayo en la tarde hasta la madrugada del 7, la historia del importante inmueble empezó  a desaparecer al caer estruendosamente parte del muero y del techo.

Cuando ocurrió el incidente, allá funcionaba la biblioteca municipal, una virtualteca y un archivo. Diariamente 200 niños asistían a cursos de danzas y música. También era la sede de la coral infantil.

Los siguientes son los anuncios oficiales que siguen pendientes de volverse realidad:

-El proyecto de reconstrucción fue presentado a la Gobernación de Norte de Santander y se articuló con los lineamientos de la Secretaría de Cultura, para conseguir los recursos que permitan la recuperación del patrimonio.

-Se requieren $525 millones para la reconstrucción, de acuerdo con los cálculos de la Alcaldía de Villa del Rosario.

-La Secretaría de Cultura del Departamento reportó que en la primera reunión del Consejo Departamental de Patrimonio de 2012  se revisó el proyecto y se dio la aprobación.

-Bajo ese esquema se devolvió con el visto bueno a la Alcaldía, para la gestión de los recursos ante el Ministerio de Cultura. La Gobernación está comprometida con el proyecto y se están uniendo esfuerzos para lograr que se reconstruya la casa de la cultura, es el compromiso de la entidad departamental.

En el pueblo corre la advertencia de que deben respetarse los parámetros antiguos de la edificación y no copiar los de otra parte o hacer unos que no correspondan. “Por eso es que en Villa del Rosario se ha ido perdiendo la identidad y borrándose la historia”, notificó Gerardo García, quien vive en una vivienda igualmente antigua que aquella que albergó la cultura local.


Su reconstrucción


Desde 2012 el inmueble ha estado en abandono, el epicentro de las formaciones culturales de niños y de jóvenes, por fin será reconstruido aparentemente.

Para ello, se aprobó un proyecto por $1.350 millones, de los cuales el Mincultura aporta $600 millones, igual cifra la Gobernación de Norte de Santander por medio de recursos IVA, estampilla Procultura y dineros de apoyo a la promoción cultural. Por su parte, la Alcaldía de Villa del Rosario, aporta los restantes $150 millones.

La Casa de la Cultura está ubicada en la carrera 8 con calle 4 del barrio Bellavista, zona céntrica de Villa del Rosario.

Los encargados de devolverle el encanto a la edificación son los integrantes del Consorcio Santander. Ellos son Juan Pablo Dorado Martínez y Andrés Dorado Martínez, con domicilio en Pereira.

Los trabajos tendrán una duración de 10 meses y se espera que en el último trimestre del año 2017 sea entregada para el disfrute de los niños y jóvenes del histórico municipio.

El contrato incluye el reforzamiento estructural, reconstrucción de paredes, construcción de cubierta, pisos, muros, instalaciones eléctricas, habilitación de baños, trabajos de carpintería y toda la obra blanca para dejar el inmueble en óptimas condiciones. 




Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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