martes, 26 de noviembre de 2013

484.- EL “GORDO” GARCIA-HERREROS



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De filiación conservadora, se desempeñó como plenipotenciario en la embajada de Colombia en Venezuela, habiendo trabajado con anterioridad en el Banco de La República, el IDEMA, Artesanías de Colombia, Publicar y como Tesorero durante la construcción del Hospital Erasmo Meoz.

El “gordito” García Herreros como lo llamaban cariñosamente sus amigos, nació el 15 de noviembre de 1944 en Cúcuta, de profesión comerciante y constructor,  manejó la campaña a la Presidencia de Andrés Pastrana en Norte de Santander, fue gobernador de Norte de Santander en el periodo 1997-2000, ministro Plenipotenciario de Colombia en Caracas de 1980 a 1983 y Cónsul de Colombia en San Cristóbal del 2000 al 2001, ex representante a la Cámara del 2002 al 2006 y del 2006 al 2010.

Su logro en el ejercicio legislativo, corresponde al ajuste de las Zonas Económicas Especiales de Exportación ZEEE, siendo Cúcuta una de ellas. Y como gobernador restauró y transformó el viejo hospital en lo que hoy es la Biblioteca Pública Julio Pérez Ferrero. Según los ocañeros, Jorge García-Herreros gestionó para Ocaña los recursos del colegio Artístico Rafael Contreras Navarro y otras obras más.

Víctima de un infarto, falleció en la Clínica Norte de Cúcuta el sábado 26 de enero de 2013.

Quienes lo conocieron guardan una buena imagen de este hombre que se destacó tanto en lo público como privado. Casado con María Eugenia Duplat Sanjuán, quien lo acompañó desde que contrajeron matrimonio en la adolescencia, de cuya unión se encuentran sus hijos Alexandra, Germán, Miguel y María Isabel.

Juan Fernando Cristo B.

Dos días antes del asesinato de mi padre en 1997 se inscribieron como candidatos a la gobernación de Norte de Santander Alfonso Chamie por el Partido Liberal y Jorge García-Herreros por el Partido Conservador, ante la decisión de Juan Alcides Santaella de declinar su aspiración, quien para la época reunía un gran consenso bipartidista. A la sede de la Registraduría acompañaron a Chamie los principales dirigentes liberales del departamento, incluido Jorge Cristo, quien pocas horas después fue asesinado a la entrada de su consultorio. Regresé apresuradamente de Atenas a Cúcuta para asumir el duelo y la tristeza en medio del comienzo de una nueva campaña regional. Pocos días después del entierro de mi padre tuve una conversación con Jorge García-Herreros, quien en pocas palabras y con su particular estilo me dijo, “Ud. me tiene que apoyar a mí porque si su papá estuviera vivo él estaría conmigo de frente”. Recuerdo que le contesté, que más allá de la amistad familiar que en efecto teníamos, eso no era posible porque ya había candidato liberal y además avalado por mi papá. Por eso nos la jugaríamos por Chamie manteniendo el afecto personal por él. Mes y medio después el “Gordo” ganó la gobernación por un estrecho pero suficiente margen, que le permitió a su partido conservador recuperar el primer cargo del departamento. Duró más de 15 años mamando gallo con el episodio y repitiendo que no lo habíamos querido respaldar.

Así era el “Gordo”. Frentero con sus amigos y contradictores, sencillo, contertulio ideal, buena vida en todos los aspectos y un cucuteño raizal que no perdonaba los pasteles de garbanzo, las morcillas, las hayacas los sábados, la turmada y el infaltable “bucanero” como solía decir. Y obviamente todos recordamos sus entradas a la cocina de la Lonchería de Cúcuta para ponerle “pisito” a su almuerzo con un buen plato de mute. Nunca tuvo ínfulas ni pretensiones, se burlaba de la pompa del poder, conocía sus ventajas y sus limitaciones en el ejercicio del gobierno y la política. Su gran fortaleza fue siempre un sentido común excepcional y la objetividad para el análisis de la coyuntura política. Conservador como el que más, leal a su partido, pero abierto al diálogo en forma permanente y con posiciones abiertas en materia de libertades individuales como en los temas de aborto o uniones de parejas del mismo sexo. Le gustaba recordar que en la Cámara siempre había votado a favor del matrimonio gay en contradicción con la posición oficial de su partido. Por eso el “Gordo” era una figura política heterodoxa y singular, que recogía apoyos importantes en sectores liberales que lo apreciaban y respetaban.

Hoy recuerdo las interminables tertulias en los años ochenta en el Virrey en Bogotá con Hernando Barjuch, Beto Clavijo, Álvaro Leyva, José Fernando Bautista y mi papá. Se combinaba la alta política con el chisme local. Sus atenciones con María Eugenia en Caracas, que fueron tal vez los años que recordaba con mayor alegría. Su ejercicio responsable en la gobernación con un equipo al que sabía delegar y escuchar. Nunca hizo locuras ni se metió en irresponsables aventuras. Y especialmente recuerdo sus dos periodos en el Congreso durante los cuales profundizamos una amistad sincera más allá de las circunstancias políticas. Con el “Gordo” siempre había una anécdota, una salida inteligente y rápida, un análisis político simple y directo. En los últimos años siempre me gustaba acudir a su opinión y consejo desapasionado y práctico.

Cuando comenzaron sus problemas de salud hace tan pocos meses, nunca imaginé que fueran tan graves. Varias veces conversé con él durante ese tiempo y aunque se veía alicaído y sin la misma chispa de alegría, pensé que saldría adelante. El domingo anterior al 24 de diciembre lo llamé y fui temprano a visitarlo a su apartamento. Se paró de su cama a conversar y me dijo que se sentía muy mal, con mareo permanente, sin dormir bien y sin hambre. Fue la última vez que “echamos paja” y nos reímos un poco, no tanto ya como antes, ni con las mismas ganas. Se notaba nostálgico y aburrido y me contó de la posibilidad de su viaje a Houston. Hablamos después por teléfono cuando aún se encontraba en Estados Unidos y lo sentí optimista con el dictamen de los médicos allá. Jamás pensé que no lo volvería a ver.

La madrugada de su muerte me levanté temprano en Cúcuta y me preparaba para salir directo a la Clínica Norte a verlo, cuando me entraron los mensajes al celular de los amigos comunes contándome del infarto. De inmediato me invadieron los recuerdos y una profunda tristeza. Su imagen bonachona entrando al consultorio de mi papá a donde llegaba a tertuliar primero con él y después conmigo, sus expresiones de afecto sincero, su apoyo decidido y generoso a Andrés, sus carcajadas en Odontocúcuta al escuchar las “barbaridades de Pérez” como solía decir, sus giras por los restaurantes de Bogotá disfrutando la buena mesa. Y, sobretodo, se me vino, de nuevo a la cabeza, como tantas veces, la imagen de mi papá, de Hernando Barjuch, de tantos cucuteños de pura cepa que nos han abandonado en los últimos años y que tanta falta hacen a la ciudad. El “Gordo” nos hará mucha falta. Se nos fue un muy buen cucuteño. Un abrazo afectuoso y solidario a María Eugenia, su inseparable compañera, a María Alexandra, Papí, Miguelito y Marucha, quienes disfrutaron un papá que era un verdadero bacán.

José Miguel Arguijo Puente


No nos acostumbramos a la idea de que el Gordo Garcia-Herreros ya no está con nosotros. Tenemos la sensación de que en cualquier momento lo veremos pasar en su Toyota, sentado como un obispo saludando con su típico gesto, entre altivo y bonachón, o sentado en Pasteluchos o La Ricota haciendo honor a la vieja costumbre cucuteña de comer pasteles de garbanzo con ají, y Coca-Cola bien fría, rodeado de políticos, de amigos y otros contertulios infaltables a esa cita.
Fue un ser humano excelente, buen amigo y miembro de familia, así como exitoso y honesto en el desarrollo de las actividades públicas y privadas en las que se desempeñó con lujo de competencia. Pero la sensación más poderosa que tenemos al recordarlo, es la de que fue un hombre bueno, una persona a quien todos queríamos y por sobre todo, CUCUTEÑO.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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