jueves, 29 de mayo de 2014

576.- HISTORIA DE DOS LOTES, MERCADO DE LA SEXTA Y ADUANA DE CUCUTA


Gerardo Raynaud

Mercado de La Sexta

Voy a contarles la evolución del lote donde estuvo el famoso y ya acabado mercado de La Sexta, cuando fue preciso que pasara casi un decenio para que se construyera en reemplazo del Mercado Central que se incendió a finales de la década de los cuarenta y que hoy se presenta como el Parque Lineal, una obra arquitectónica que no es propiamente una belleza pero que despeja de alguna manera la congestionada zona del antiguo mercado.

Cuando comenzó a construirse el hotel de turismo, que posteriormente se llamaría Tonchalá, uno de los mercados satélites que se construyó para satisfacer las necesidades de abastecimiento de los habitantes del oriente de la ciudad, era el mercado Rosetal que quedaba frente al nuevo hotel pero que por dificultades de su ubicación, sufría continuos deterioros debido a las continuas inundaciones, toda vez que por allí pasaban los principales brazos de la Toma Pública y por sus cotas bajas, las aguas se encausaban fácilmente, causando daños a los beneficiarios de ese mercado y por eso, la administración local decidió terminarlo para evitar futuros perjuicios.

Desde entonces ya se hablaba de la Central de Abastos y estoy hablando del año 54, cuando el alcalde de turno, habló de su propuesta de construir dos edificaciones, una para el gran mercado unificado y otra para la Central de Abastos.

Ambos edificios se iban a proyectar en el lote donde anteriormente  había sido la Quinta Cogollo antes de la Guerra de los Mil Días y que quedaba unos metros abajo del cuartel del Batallón Santander, específicamente en el lote comprendido en lo que hoy corresponde a las avenidas quinta y sexta con las calles quinta y sexta. En realidad el lote tenía algo más de treinta mil metros cuadrados y las vías y demás construcciones se fueron edificando sobre esa extensión.

 Por razones que desconozco, ese lote pasó a manos del Departamento cuando éste fue erigido en 1910 al ser escindido del Estado Soberano de Santander.

En 1933, el departamento lo cedió a la nación pero ésta no ejerció sobre él ningún derecho de dominio, de manera que en el año 37, la Asamblea retomó el dominio y autorizó a la Junta de Mejoras Públicas a ensanchar la calle sexta, la cual tomó buena parte del terreno del lote.

En el año 40 nuevamente la Asamblea cedió buena parte del lote para la construcción de los cuarteles de la policía y cinco años más tarde, una parte del lote, que ya por entonces quedaba con veintiún mil metros, sería cedido para una concentración escolar (que no se construyó).

En vista de lo anterior, en el año 47, la Asamblea Departamental, nuevamente cedió una parte para construir el Amparo de Niños y al año siguiente le hicieron una adición para que además se construyera el Parque del Libertador donde debía levantarse una estatua o un monumento a Simón Bolívar.

Al parecer, el lote estaba “salado” pues ninguno de los proyectos se realizó, ninguna institución quiso ejercer dominio, así que el lote regresó a la propiedad del Departamento que posteriormente lo cedió para la construcción del Mercado de La Sexta.

El proyecto de la Central de Abastos también se diluyó en el olvido hasta que muchos años más tarde se materializó en el conocido Cenabastos  de hoy.

Aduana de Cúcuta

A continuación vamos a narrar cómo fue el proceso para construir el edificio de la Aduana de Cúcuta, aquel hermoso edificio que posteriormente fue demolido para dar paso al conocido hoy Centro Comercial Oití.
Una anécdota muy conocida y comentada una vez terminado el edificio, fue el origen de la cúpula que, un día apareció en la construcción sin que nadie se explicara de dónde y porqué había llegado allí y que sin embargo, con la anuencia del constructor y de los interventores, fue instalada a la entrada, como dando la bienvenida a los visitantes que allí llegaban.

Pues bien, parece que algún tiempo después, esa cúpula de claro estilo inglés de principios del siglo pasado había sido despachada para techar una casa en Calcuta en la India, pero tanto el despachador como los transportistas que poco de geografía sabían, se dieron por traerla a Cúcuta; no era que hubiera mucha diferencia en la escritura, pero sí en el destino.

El hecho es que aquí vino a parar; no la devolvimos, tal vez porque era más costoso hacerlo o bien, porque nos hicimos los “gringos” y la aprovechamos en lo que estábamos haciendo, el edificio de la Aduana.

Pero bueno, no fue fácil desde el principio la escogencia del lote donde se construiría; el coronel Córdova, administrador de la aduana local tenía plenas atribuciones para escoger el lote y ante la insistencia y la premura por tener una sede digna, comenzó a buscar el sitio más apropiado.

A principio, le ofrecieron dos lotes, uno frente a los almacenes del ferrocarril y otro cerca de la estación central del mismo ferrocarril por la Diagonal Santander. Sin embargo ninguno de los dos satisfizo  las expectativas de la institución, pues se quería dotar a la capital de una representación que correspondiera a la importancia de la ciudad como puerto frontera.

La siguiente propuesta resultó más atractiva, por su ubicación más no por el estado de la edificación, toda vez que el concepto inicial era que no ofrecía el decoro y la presentación que requería la Aduana de Cúcuta y por lo tanto, era necesario proceder a realizar las adecuaciones necesarias. El lote situado en la esquina de calle diez con avenida séptima, tenía un área de 1.378 metros cuadrados por el cual la institución pagó la suma de $350.000 y se dispuso tumbar la construcción existente y edificar un nuevo inmueble, con las comodidades básicas que se requería en ese momento y que se había estimado que sería financiado con el producido de los recursos de máximo dos meses de ingresos, lo que nos indica lo lucrativo que era para el país, la aduana de Cúcuta.

El edificio donde funcionaban las oficinas anteriores fue traspasado al municipio en una operación de permuta que agilizó los trámites y permitió la nueva construcción en tiempo récord.

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