martes, 1 de diciembre de 2015

850.- UNA SEDE NAZI EN CUCUTA



Iván Gallo

En pleno centro de Cúcuta operaba, a los ojos del todo el mundo, la casa Nazi donde podía pasar cualquier cosa.


En pleno centro de Cúcuta en medio de la arquitectura abrupta y las calles mal trazadas, en una esquina del tradicional barrio El Páramo está un hermoso palacete azul en ruinas.

Toco el timbre y para mi asombro aún funciona. Se escuchan perros y pisadas. Un hombre rubio me abre la puerta.

La sala es amplia, luminosa.  El piso se está hundiendo y las paredes son altas y tienen  suntuosos arcos. Las habitaciones son estrechas y sucias, hay pedazos de escombros por todas partes.

El techo se está agrietando y a medida que subimos los cinco pisos que tiene la casa el abandono es cada vez más notorio.

Hay una biblioteca completamente oxidada en idiomas inimaginables y los discos de música clásica lucen desnudos sobre el viejo mármol, retorcidos y chamuscados.

”Al abuelo Egon le gustaba esa música, sobre todo la ópera” , me dice su nieto al que la idea de que la casa sea declarada monumento municipal le da la esperanza para continuar viviendo.

Desde la terraza se puede ver todo Cúcuta y el magnífico techo gótico. Una gárgola descuartizada por el tiempo nos mira con sus ojos feroces desde la eternidad.

Volvemos a bajar a la sala principal por escaleras improbables, enredadas, como si fueran parte de un cuadro de Escher.

El hombre me muestra las fotos de Egon Bernhard, su abuelo, el que hizo esta casa a su gusto. En los negros álbumes está un señor obeso y serio en reuniones en la Alemania de los 30.

Las paredes están decoradas con svásticas mientras su orgulloso nieto me cuenta quienes son los duques, condesas y ministros que lo acompañan.

Hay fotos de paradas militares de la época y el hombre incluso me muestra un pequeño prendedor con el águila imperial del Reich aferrando entre sus garras de bronce una diminuta cruz gamada.

Tengo en mis manos el pasaporte de Egon. A la Colombia de Laureano Gómez entró 45 veces en 1937.

En 1941 se asienta definitivamente en Cúcuta después de que esta casa estuviera terminada.

El nieto aún conserva las listas con nombres de alemanes que vivían en Colombia y que su abuelo reunía en una finca en Fusagasugá.

Me muestra una primera edición de Mi Lucha en alemán y firmada por Hitler. Sus ojos se le iluminan cuando le digo que cualquier coleccionista podía dar una fortuna por ese libro.

En la casa nunca espantaron hasta que encontraron al abuelo muerto de un disparo en la cabeza en 1987.

Nadie supo quién lo mató pero se dieron cuenta del asesinato siete días después, cuando el cadáver ya estaba podrido.

Desde entonces él ha tenido que convivir con la presencia de una niña que aparece en los pisos superiores. Ella se queja todo el tiempo y él cree que si le deja tazoncitos de agua en la noche puede mitigar el dolor:  

“Yo siento que tiene sed y por eso viene a atormentarnos. A veces funciona, otras veces se pone rebelde”

Y la niña va a buscarlo al cuarto y él tiene que ver cómo, con sus pasos lentos y su mirada oculta por una sombra perpetua, se acerca hasta su cama y después desaparece entre la oscuridad de la noche.

El hombre afirma que todavía le da miedo la madrugada.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

8 comentarios:

  1. Me llamo Amalia Serrano, vivo en la casa desde el 2010. Conozco a quienes la han.habitado. y requiero corregir la informacion erronea publicada

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Doña Amalia, puede hacer las aclaratorias en un comentario

      Eliminar
    2. interesante historia pero no completo,el nieto todavia vive en este casa ?

      Eliminar
    3. Soy del equipo de cúcutalove nos gustaría visitar la casa y conoce su versión !

      Eliminar
  2. Claro no escriba que va a hacer si después no lo hace con esto deja entredicho la historia y aparte deja a los lectores con la duda�� Coja oficio ��

    ResponderEliminar
  3. Interesante historia. Pero bastante inconclusa.

    ResponderEliminar
  4. Sobre Her Bernhard no hay nada en Internet, pero no deja de ser interesante la historia y más aún para la historia de Cúcuta, a sabiendas que muchos alemanes llegaron acá como los que habitaron la casa quinta de la calle 15 con av 4

    ResponderEliminar