lunes, 1 de febrero de 2016

883.- LOS BARRIOS ALFONSO LOPEZ, STO. DOMINGO, CUBEROS NIÑO Y SU PARROQUIA



Silvano Pabón Villamizar


Parroquia San Juan María Vianney.  Esta parroquia atiende a tres populosos barrios de Cúcuta, ubicados al sur occidente de la ciudad: los barrios Alfonso López, San Domingo y Cuberos Niño.

El barrio CUBEROS NIÑO, anteriormente llamado la Goajira o Patio de Brujas, fue creado en 1948 bajo la administración municipal del capitán Daniel Cuervo Araoz, y presidente del Concejo Municipal el Señor Nicolás Colmenares.

Se llamó así en homenaje al general Leandro Cuberos Niño.

Es la sede de la parroquia que se erigió gracias al esfuerzo de líderes comunales como Gonzalo Alarcón, Roque Julio Tarazona, Marcos Vera, Vicente Carrillo y Marco A. Reyes.

Este barrio Cuberos Niño limita al Norte con la Calle 19 con Avenida 7ª; al Sur con la Avenida 7ª hasta la Calle 25, limitando con Santo Domingo. Al Occidente con la Calle 25 hasta llegar a la Avenida 9ª; y al Oriente con la Calle 28 pasando por los tejares de Reyes Méndez, limitando con la colina de El Pórtico hasta llegar a la Avenida 13 de sur a norte.

El barrio SANTO DOMINGO es el más antiguo de los tres, su primer nombre fue Los Arenales (por la composición física de sus terrenos), comenzó a conformarse alrededor del año 1927.

Los primeros moradores fueron gente de pueblos circunvecinos, quienes vinieron a Cúcuta en busca de mejores horizontes. Dichas personas fueron tomando lotes de terrenos y levantaron sus viviendas.

Limita al norte con la Avenida 4 hasta encontrar el callejón de Cuberos Niño. Al sur con la Calle alta de la colina que da a San Rafael. Por el oriente con la Calle 26 desde la Avenida 4ª a encontrar los límites con San Rafael. Al occidente con el callejón en límites con Cuberos Niño hasta encontrar el punto de la curva.

El barrio ALFONSO LÓPEZ, llamado en sus orígenes “El patio de Girardot”, surgió como una invasión alrededor de los años 1930, posteriormente sus habitantes adquirieron la propiedad de los terrenos en un proceso de legalización con el Municipio de Cúcuta.

Ha sido gente muy laboriosa, aún hay familias dedicadas a actividades como latonerías, zapaterías, dulcerías, sastrerías y alfarerías, entre otras actividades económicas urbanas.

La consolidación del asentamiento se hizo a partir de la organización de un comité cívico que luego dio origen a los grupos de acción comunal, defensa civil y comité de deportes.

Alfonso López está delimitado así: Por el norte por la Calle 18 con Avenida 8ª hasta la Avenida 16. Por el sur, con el mirador (Cota 400). Por el oriente con los barrios Camilo Torres y Cuberos Niño. Y por el occidente con el  Barrio José Antonio Galán y San José.

La Parroquia

La parroquia San Juan María Vianney se erigió en vicaría debido a la necesidad espiritual de los moradores de los barrios Cuberos Niño, Alfonso López, Santo Domingo y Camilo Torres, barrios de extracción popular que surgieron a partir de las migraciones de gentes provenientes de los pueblos del departamento, así como de Santander y del Sur del Cesar, e incluso arribaron también los primeros antioqueños que migraron a Cúcuta, con la intención de trasladarse a Venezuela o asentarse en la pequeña ciudad de entonces, que despertaba al comercio y a la industria petrolera del Catatumbo y del sector del Lago de Maracaibo en el país vecino.

Debido al crecimiento demográfico de este sector de Cúcuta y al correspondiente aumento de la feligresía católica, se hizo imposible para los párrocos de estas jurisdicciones atender de manera debida a los moradores de los nuevos asentamientos en asuntos sacramentales.

Esta parroquia se creó mediante el Decreto Diocesano número 07 de 1960, con el título de Vicaría Parroquial San Juan María Vianney.

Este decreto sostenía que “mientras se llenaron los requisitos canónicos para erigir en su territorio la parroquia, el rector de la Vicaría tiene el carácter de vicario cooperador, con territorio asignado de los párrocos de San Rafael y del Perpetuo Socorro, a quienes deberá suplir en todo el ministerio parroquial exceptuando la misa, de acuerdo con el Canon 476. El Vicario percibirá para su sustento los diezmos, los derechos de estola, y los demás emolumentos correspondientes a su territorio según las leyes diocesanas”.

La erección de esta parroquia y vicaría, así como la construcción del templo parroquial, ocurrieron a finales del año de 1959 en la tierra donde se levanta la Columna de Padilla, donde se alimenta la esperanza de los habitantes del barrio Cuberos Niño.

Se reunieron allí el señor obispo de la Diócesis de Cúcuta, Monseñor Pablo Correa León, el padre José Manuel Calderón y el Padre Daniel Jordán, mirando hacia estribaciones del parque de Cuberos Niño.

El padre Calderón sugirió a Monseñor erigir allí una nueva parroquia, y tanto el padre Jordán como Monseñor aprobaron la idea y acordaron los tres que el 1ro de marzo de 1960 entregarían la Vicaría San Juan María Vianney, designando como guía y orientador al presbítero Martín Parada Parada, quien desde ese día se propuso transformar el espacio irregular y erosionado que formaba un callejón y llegaba hasta un canal de aguas lluvias en una iglesia de arquitectura moderna pero popular.

Cuentan los abuelos del barrio que comenzó inmediatamente el padre Parada a conseguir los recursos económicos para la construcción del templo parroquial.

Con una ardua y paciente labor de recolección de los fondo, andaba el padre Parada con una mochila colgada de la sotana negra recorriendo los mercados cubiertos de la Avenida Sexta, los mercados libres de los barrios periféricos de San Rafael, Alfonso López y en ocasiones hasta en las cantinas y bares solicitando su aporte a los “borrachitos” y a las personas de buen corazón.

Algunas personas lo tildaron de cura loco, hubo estupor, risas burlonas y hasta tomates malolientes llegaron a lanzarle. Sin embargo, en la medida en que llegaban las primeras limosnas la construcción iba avanzando. Los donantes curiosos acudieron a comprobar el resultado.

El padre Parada empezó cavando las cepas profundas, canalizando las aguas negras y, con volquetas llenas de piedra, con la ayuda de los vecinos, fue llenando el callejón e iniciando el edificio.

El proyecto se inició el primero de octubre de 1960 y se terminó en 1982 luego de 22 años. Contó con la asesoría del técnico constructor Félix Pastor Villamizar y el albañil Pascual Jaimes.

Se alzaron los muros, se empañetaron paredes y se dispuso de un telón para proyectar películas mexicanas, entretener a la gente y recaudar dinero.

Se construyó el teatro auditorio aprovechando el desnivel del terreno y en su parte más profunda se levantó la ciudadela de los muertos.

Todos estaban desconcertados; unos se abrazaban al padre, otros lo miraban indiferentes, pero al fin de cuentas se acordó un presupuesto semanal de donaciones por vendedores y clientes que se desprendían de las monedas que les sobraba del mercado.

El padre Parada consiguió poner un enrejado de hierro y cemento para techar el panteón y resultó, “como milagro”, un piso firme y resistente de hormigón y ferroconcreto que le permitió edificar un templo y la residencia sacerdotal.  

A la sombra del templo fue creciendo el barrio, se pavimentaron las calles, se abrieron escuelas, puestos de salud y vigilancia. La iglesia se terminó el 15 de junio de 1982.

Cuando el obispo Rubén Salazar Gómez renovó totalmente las parroquias, el padre Martín Parada se desprendió de su obra, le hizo la señal de espera a la tumba por él preparada y se retiró silenciosa y santamente sin hacer ruido para mortificar a su sucesor.

Murió en mayo de 1996 en la clínica de los Seguros Sociales en la ciudad de Cúcuta. Había nacido en la población de Cucutilla en 1917.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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