lunes, 21 de noviembre de 2016

1032.- LA VERJA DEL PARQUE SANTANDER



Gerardo Raynaud


El parque Santander, como plaza pública, es el escenario alrededor del cual gira la vida social de la ciudad. A pesar de que la ciudad no fue fundada, siguiendo las estrictas normas establecidas por la Corona Española cuyas indicaciones de diseño establecía el trazado geométrico cuadriculado o damero, a cordel, en el que se empleaba como unidad de medida un cordel de longitud equivalente a una vara de Castilla, es decir de 0,8359 metros y que debía ubicarse, la Plaza Mayor en el centro y que a su alrededor se debían construir los edificios que simbolizaban el poder, el cabildo, la casa de gobierno, el palacio de justicia y la iglesia, de acuerdo con la “categoría” del poblado.

Solamente después de casi sesenta años, en 1792 y cumplidos la mayoría de los requisitos y a solicitud de los vecinos, ya en ese momento todos muy pudientes y prósperos, como resultado de sus esfuerzos, obtuvieron del rey español de la época, Carlos IV, por Cédula Real del 13 de marzo del año en mención, el título que ha distinguido la ciudad desde entonces: “Muy noble, leal y valerosa Villa de San José de Guasimal” y a partir de entonces, pudiendo contar oficialmente con Alcalde Ordinario, un Alguacil, un escribano de Concejo y Público y un mayordomo, todos ellos acompañados del respectivo cura párroco como protector de sus almas y evangelizador de indios.

La parroquia, sin embargo, había sido erigida desde el mes de noviembre de 1734, un año después de la cesión que hiciera doña Juana Rangel de Cuéllar y fue precisamente frente a ese rústico templo que se fue desarrollando la ciudad.

En ese entonces, el espacio ocupado por el que hoy es el Parque en cuestión, servía como mercado público los domingos y como estacionamiento de las mulas y bestias que trasportaban las cargas, además de utilizarse como escenario para los eventos sociales, culturales y religiosos, incluyendo de vez en cuando, una que otra corrida de toros.

Ahora bien, el parque tal como lo identificamos hoy, fue así definido durante la reconstrucción de la ciudad después del terremoto de 1875.

Al año siguiente comenzaron las remodelaciones que tanto atractivo tienen para quienes ocupan el principal sillón municipal. En esa ocasión, construyeron las dos fuentes de agua, que aún permanecen, sólo que su costo fue de dos mil pesos, eran en bronce y fueron traídas de Alemania. Adicionalmente, instalaron unos faroles o mecheros de kerosén que duraban prendidos toda la noche y eran alimentados con la recordada “Luz América” producto de la refinería del general Virgilio Barco.

En 1890 se realizó la primera gran trasformación. Por orden del Concejo se ordenó el cerramiento del parque, pero antes hubo necesidad que “subir” unos setenta centímetros el piso, pues las inundaciones del Pamplonita, alcanzaban el lugar en tiempos de crecidas del río.

Para la ejecución del encierro del parque, los más insignes personajes, aquellos como se decía “pertenecían a una pléyade de hombres prodigio, de aquella raza de envergadura irresistible que supieron imprimirle a la ciudad una trayectoria inmortalizante”, promovieron una suscripción pública, toda vez que las arcas del municipio permanecían casi siempre vacías.

Fue gracias a la contribución de personas como Hermes García Guzmán, Francisco Troconis, Manuel Cabrera, Luis Morales Berti, los hermanos Carlos y Juan Ferrero, Gabriel Gálvis, Julio Pérez Ferrero, José Agustín Berti y muchos otros, quienes recaudaron los dineros necesarios para importar, también desde Alemania, los cuatrocientos metros lineales de rejas decorativas.

El encierro del lugar tenía la intención de resguardarlo contra la invasión de elementos indeseables, especialmente las bestias de monta y sus respectivos jinetes, que en años anteriores solían allí aparcarse, pues dentro de los planes se había pensado erigir en el centro de la plaza, una estatua en honor del máximo prócer local, el general Santander, lo cual se cumplió posteriormente, el día de la conmemoración de la Batalla de Boyacá del año 1893. Ya para entonces, la verja del parque, pintada de color rojo ocre, tenía ocho puertas de acceso, una en cada esquina y en el centro de cada una de las calles que lo circundaban.

Es necesario anotar que aprovechando la importación de las rejas del parque, que fue realizada por la casa alemana Andresen, Moller & Cía. suministró otras del mismo diseño, que fueron utilizadas en las casas de habitación de los ejecutivos de ese establecimiento comercial, conocidas más adelante, como la Quinta Teresa y la Quinta Steinworth, adquirida después por la familia Cogollo de quienes tomó finalmente su nombre. Aún hoy pueden apreciarse dichas rejas en sus respectivos lugares.

Pero al contrario de las anteriores, la verja del Parque Santander desapareció, no por arte de magia, sino por decisión de algún oscuro funcionario municipal, sin que hasta el día de hoy, se sepa quién fue.

En 1931 se impartió la orden de desmontarla, pues no se quería restringir el acceso a sus instalaciones, especialmente para que pudiera admirarse la imponente estatua del general Santander de quien ahora llevaba honrosamente su nombre.

En un principio habían establecido, las autoridades municipales, que serían destinadas para adornar otro pulmón de la ciudad, pero no. Luego se pensó que se utilizaría para enrejar el jardín del Cementerio Católico (donde hoy se levanta la cancha de fútbol del barrio Carora), pero tampoco.

Durante algún tiempo estuvo adornando el parque Amelia, pero solamente una parte de las rejas, pues las dimensiones de ese parque (situado hoy frente al centro comercial Ventura) era de menos de la mitad.

Otra parte, se utilizó para cercar el frente del Reformatorio de menores antes de ser trasladado frente al parque Amelia. Finalmente, terminó convertido, como dijeron en esa época, “en hierro pesado para darla a la venta por toneladas”, hoy decimos que para venderla por chatarra.

Algunos años más tarde, la curiosidad periodística, trató de averiguar su destino y la conclusión puede leerse en el siguiente escrito:

“No podemos hacerle el cargo a la persona que según la opinión pública es la responsable, porque en la representación y defensa de los intereses administrativos del municipio, existen varios elementos obligados a responder esta pregunta; el alcalde, el personero y la Junta de Mejoras Públicas y Embellecimiento… cuál de estos sería?”



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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