jueves, 19 de marzo de 2015

730.- EL DOCTOR JULIO CORONEL, UN TALENTO SUPERIOR



Eduardo Durán Gómez


Me han pedido dirigir unas palabras en este acto de reconocimiento a la vida y obra de Julio Ernesto Coronel Becerra, y la verdad es que lo he aceptado con la emoción que produce la exaltación de un extraordinario ser humano y de un profesional de las más calificadas condiciones.

Desde muy joven supo entender que el conocimiento profundo estaba en los libros y en la academia, y se consagró con toda su capacidad hasta graduarse con los máximos honores en la Universidad Nacional, que le otorgó el título de médico.

Inmediatamente se trasladó a México y allí adelantó sus estudios de especialización en Medicina Interna y Cardiología.

Después de este recorrido para la consagración profesional, se radicó en Cúcuta en donde contrajo matrimonio con Marina Jordán Peñaranda y como complemento de esa familia llegó Isabel Cristina, para alegrar ese hogar que ha estado ahí, ofreciendo sus mejores frutos a la sociedad a la que pertenecen.

Julio, consciente de sus enormes responsabilidades en un medio que requería elevar su nivel científico para atender con acierto la enorme demanda de pacientes, no solo de ese Departamento, sino de la vecina república de Venezuela, se dedicó a ejercer un apostolado desde los claustros de los hospitales San Juan de Dios y Erasmo Meoz y desde las nacientes clínicas privadas, que él se encargó de impulsar con su talento y dedicación.

Pero a su vez asistía a foros nacionales e internacionales y dictaba conferencias para transmitir el conocimiento que diariamente adquiría, hasta que participó activamente del nacimiento de organizaciones como las sociedades de medicina interna y de cardiología, el tribunal de ética médica y la Academia de Medicina.

He tenido el privilegio de contemplar de cerca el trabajo de Julio Coronel en los últimos 20 años y siento una profunda admiración por su capacidad de trabajo, que alimenta en jornadas diarias que comienzan a las cuatro de la mañana, sin pausa alguna, y que lo mantienen hasta avanzada la noche, en donde analiza documentos sobre los últimos avances de la ciencia médica, atiende sus pacientes, dirige procedimientos clínicos en los centros hospitalarios, participa de comités científicos y comparte criterios con sus colegas, que lo reconocen como a un verdadero maestro de la profesión.

Yo siempre he estado convencido de que Julio fue premiado por el Creador con un talento superior, que él ha puesto al servicio de los demás.

Esa vocación es acompañada por un don de gentes, que hace transmitir un sentimiento de afecto, de nobleza, de compañerismo y de solidaridad, que hoy todos los que lo distinguen le reconocen, rodeándolo de una admiración que en verdad merece.

Sería bueno que pronto se analizara el alcance de esa tarea magnífica, que ha cumplido y sigue cumpliendo sin pretensiones de ninguna clase, y siempre pensando en aplicar el máximo de su talento en las responsabilidades de su profesión.

Me vienen al recuerdo las palabras de un médico ya ido, Manuel Dangond, quien lo conoció desde las aulas de la universidad, quien un día me dijo: Julio ha sido un médico superior en todo, ninguno de los de nuestra generación ha podido igualarlo.

Y también el recuerdo de su gran amigo de todos los tiempos: Edmond Saaibi, que se refería al desempeño profesional de Julio, como inigualable en el medio y de mostrar ante extraños. 

Sé que la modestia de Julio se va a ver notablemente afectada por este reconocimiento, pues siempre ha sido ajeno a esta clase de actos que tal vez hieren su sentimiento de misión, dentro del apostolado que se impuso; pero como es deber rendir tributo a quien tributo merece, nada más adecuado que esta emotiva expresión de sus propios colegas, para señalar el alcance de una tarea que todavía se cumple y que se seguirá cumpliendo, pues esa responsabilidad la continuará viviendo a unísono con su sangre. 




Recopolado por: Gaston Bermudez V.

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