viernes, 16 de junio de 2017

1138.- EN LA CIMA DEL MIRADOR ‘JESUS NAZARENO’



Rubén Agudelo/Anderson Salinas/La Opinión


El espectáculo de los fuegos pirotécnicos comenzó. Múltiples colores y luces acompañaron la magnífica ceremonia. La alegría en el rostro de niños, jóvenes y adultos enmarca la noche esperada por el arquitecto cucuteño Jesús Eduardo Romero.

La sociedad cucuteña merece algo como lo sucedido aquella noche de abril de 2017 en el barrio Antonia Santos, de la Ciudadela Juan Atalaya. Todo era júbilo para los habitantes del sector y el éxtasis de sentimiento saciaba los sinsabores que la historia dejó a su paso en el devenir de los años.  Esos que han trascendido sin cambios.

A pesar de que las calles de la casa de duendes son adornadas por la inseguridad, la zozobra, una tasa de desempleo superior a la de todas las ciudades del país y un crecimiento exagerado de la población que ha llevado a la frontera más activa de Latinoamérica a ser solo un bonito recuerdo en los libros de historia, Cúcuta se vestía de gala, con zapatos de material y con la esperanza renovada.

Como si se tratara de las mejores historias de los agentes  especiales estadounidenses, el turismo se convierte en la llave maestra para desactivar el pin que bloquea la chapa. La inauguración del Centro Turístico y de Peregrinación Jesús  Nazareno fue la indicada. Un mirador trasformado en monumento que simboliza la religiosidad y la pasión por el catolicismo.

La llegada es compleja. El lugar se sitúa en la periferia, lo que hace larga la travesía larga para los visitantes ajenos al barrio. Con la ansiedad de desnudar  la ciudad con una perspectiva de 180 grados, la cumbre, poderosa, contempla hasta el último rincón de los suburbios. Comienza el recorrido que dirige a la cima, la misma que fue llamada en su pasado Tres Cruces, una caldera social que hoy renueva la leyenda.

Cientos de visitantes se aglomeran en la parte baja de la montaña y otros, cansados, detienen paso y dan marcha atrás. Es un momento único en el sector. La activación económica que genera hace que se puedan reunir vendedores de agua, heladeros,  madres cabeza de hogar  con pasteles caseros y dulces de guayaba, escapularios de madera con crucifijos de arcilla, chuzos, limonada en bolsas plásticas y una variedad de alimentos que satisfacen el paladar de los peregrinos.

El discurso de los líderes retumba con cada palabra. Es un logro para la comunidad. La paz, por fin, comienza a llegar. El ascenso comenzó con algunas particularidades. Un letrero ‘Bienvenido SR alcalde, gracias por esta obra’ y decenas de hombres y mujeres con chalecos amarillos que direccionan una inauguración que se adoptó con nombre y apellido. Una apertura que representó el lavado de pies y que pronostica uno que otro sacrilegio público.

Policía, Ejército y uno que otro encubierto custodian a las personalidades en la inauguración, también prestan seguridad por unos instantes al recorrido. Los curiosos, observantes de la magnitud de los anillos de protección, reflejan asombro. Es lo más cercano que han estado bajo los privilegios del Estado. La ley se ha olvidado de estos sectores marginados y señalados por décadas.


El rotulo ‘Bienvenidos al Cerro Jesús Nazareno’ marca el inicio del trayecto al que se debe llegar con buen estado físico (si no desea pasar un mal momento). Escalones que parecen no acabar se combinan con los parales de madera que embellecen la arquitectura. Una botella de agua se convierte en el mejor acompañante para el ascenso prodigioso al encuentro con el más alto.

En el camino varias cruces de madera fina, pulida y lacada, indican el inicio del Vía crucis, las 14 estaciones donde condenan, crucifican y sepultan a Jesús. Las indicaciones para hacer más corto el recorrido, son llevar  la cabeza abajo y caminar en zigzag. Unas cuantas paradas para tomar aire y retomar la escalada. Veinte minutos eternos, pero no es imposible.

En la cumbre una cantidad de gente expectante, policías a caballo, mimos, luces, cámaras y unos cuantos ayudantes que acicalan el escenario para un instante marcado en la memoria de los presentes. Las palabras de la presentadora no paraban en elogios al gabinete que maneja los hilos de la ciudad.

Innumerables frases de agradecimientos por la obra, a empresas privadas, habitantes del sector, comunidad eclesiástica, juntas de acción comunal, líderes y otras personalidades. La inversión millonaria embelleció en poco tiempo la cara del sector, a diferencia del resto de elefantes blancos que quedan en la ciudad.

Al seguir el programa, las palabras del alcalde César Rojas cargadas de optimismo y esperanza para los habitantes del sector, con el epígrafe de ¡Si se puede progresar! Así, se da inicio a una nueva etapa para sellar la brecha social, que caracteriza a los barrios más recónditos, aquellos que encuentran en lo más simple el motivo para sonreír.

Los medios de la región y los comunicadores de la nueva era transmiten en vivo este momento único. Se exhibe al país lo nuevo que hay para mostrar en la cuna artística del pintor Salvador Moreno, un destino indicado para el encuentro especial. Un cubrimiento que retumba por las redes sociales y que se escuchó hasta lo más profundo del ciberespacio.

Para culminar el símbolo que representará el vínculo fraternal, 900 plantas de Urapo entregadas por Corponor. Un lazo que debe fortalecerse con la protección y la perduración. Un sentimiento que reivindica cada instante en la memoria de una juventud invadida por la global deforestación.

Al son de ‘Las brisas del Pamplonita’, en interpretación de la sinfónica nortesantandereana Fundarte se inaugura el primer sitio turístico de máxima envergadura para la ciudad. Uno que reconstruya cada grieta en la identidad y represente el motivo de conocer y dar a conocer a cada pariente o visitante de la Perla del Norte.

El espectáculo de los fuegos pirotécnicos comenzó. Múltiples colores y luces acompañaron la magnífica ceremonia. La alegría en el rostro de niños, jóvenes y adultos enmarca la noche esperada por el arquitecto cucuteño Jesús Eduardo Romero, al que su amor por estos lares lo impulsó por esta obra. Una semilla que floreció lejos de la tierra y echa raíces en la natal Cúcuta.

Esa noche quedará guardada como el comienzo de otro capítulo en la historia de la ciudad, a la que la indiferencia espera vencer y terminar como aquel practicante de seguridad que titubeo “¡Cuál tranquilidad… que prendan las luces!, al menos si está seguro”.


Los turistas no van al Cerro Jesús Nazareno





La vista desde el mirador es agradable, pero hay muy pocos que se atreven a ir a lo más alto del cerro de las tres cruces.

Después de la Semana Santa de su inauguración, los visitantes mermaron. Han pasado 2 meses y es raro ver que la gente suba durante la semana al Cerro Jesús Nazareno, considerado el primer mirador turístico de Cúcuta y en el que se invirtieron 2.179 millones de pesos.

En lo alto de la montaña se divisa la imponente  escultura de Jesús Nazareno. Ya en el mirador, en días de sol, el calor se combina con la brisa y hacen agradable la estadía. Los 292 escalones están siempre listos. La vista de 360 grados de la zona está siempre esperando para una foto para del recuerdo. 

Sin embargo, según  comentan los vecinos de los barrios Antonia Santos y El Progreso, los visitantes no se ven con frecuencia. “Fue una cosa de momento, muy bonito y todo, pero la gente no se ve tanto”, argumentan.

Javier Galvis, vecino del barrio El Progreso, por donde también se puede acceder al mirador, cuenta que la razón por la que la gente no se anima a subir es porque aún existe la percepción de inseguridad.

“El alcalde se comprometió con nosotros a que los fines de semana iba a tener policías para garantizar la seguridad de los visitantes. Además, nosotros mismos nos hemos dado a la tarea de ayudar”.

Dice que ‘si despega’, el comercio sería una nueva forma de generar ingresos. “Imagínese… si vinera gente todos los días, montaría una tiendita”.

Tanto por las escaleras (barrio Antonia Santos), como por El Progreso (acceso destapado), los visitantes, casi todos de Atalaya, solo van los viernes en la tarde, sábados y domingos. Durante los otros días, solo los niños del sector son quienes suben y bajan constantemente en medio de sus maratónicas jornadas de recreación.

Según la secretaría de Infraestructura del municipio, se trabaja en lo que será la segunda fase del proyecto, que permitirá un mirador integral, con más alternativas para los visitantes.

Parqueaderos para carros, motos y bicicletas, plazoleta de comida así como la ampliación de la zona de acceso vehicular y mejorar el alumbrado público, hacen parte de lo que serán las obras complementarias del Cerro Jesús Nazareno ubicado en Antonia Santos.

Sin embargo, aún no se tiene definida la inversión que se hará, Yonny Pascual Contreras, secretario de Infraestructura de Cúcuta, dijo que todo está en estudio para evaluarlo por la secretaría.

Mientras tanto, solo unos cuantos curiosos se atreven a divisar la panorámica de Atalaya. 



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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