lunes, 10 de julio de 2017

1154.- INFLUENCIA MUSICAL DE BILLO EN CUCUTA



Gastón Bermúdez Vargas
(Preámbulo ´Billo en Cúcuta y su Legado Musical´-Sergio Peña-. Libro de la Fundación ´El 5 a las 5´)


Cúcuta ha tenido siempre una relación muy estrecha con Venezuela primero por ser camino obligado entre Bogotá y Caracas en las épocas de la independencia, para no comenzar desde el tiempo de la conquista, y aún más atrás, en tiempo de nuestros aborígenes.

Luego este nexo entre familias, se hizo más estrecho con las exportaciones de productos, principalmente del café, que se hacían a través del lago de Maracaibo como rutas más corta y por la facilidad en el transporte fluvial, caminos y carreteras, y posteriormente por tren, comercialización que hacían las casas exportadoras e importadoras europeas que se fueron instalando en Maracaibo con sus sucursales en Cúcuta y en algunos otros sitios del Norte de Santander.

No olvidemos el natural intercambio de frontera existente entre Cúcuta y poblaciones del estado Táchira, y a medida que mejoraron las carreteras, como las construcciones de la Trasandina y posteriormente la Panamericana, se fue desarrollando el intercambio también con los otros estados del occidente de Venezuela.

Felipe Pirela
Acá podemos mencionar lo que una vez afirmó David Bonells de los cucuteños: ‘El hecho de ser alegre, de bailar pegado a lo Billo’s, se explica en el preciso instante en que la ciudad se conectó con la salida al mar’ (por el lago de Maracaibo).

Llegó el momento en que el diferencial cambiario de la moneda comenzó a ser importante a favor de Venezuela, impulsado por el crecimiento de su industria petrolera y la revisión de su legislación en dicha área, aunque la situación política en ambos países era bastante difícil, por regímenes dictatoriales gobernando principalmente en Venezuela, y en Colombia por la lucha partidista,  pero que se iba resolviendo hacia finales de los años 50 del siglo XX.

‘Cheo’ García

Así que llega el inicio de la década de los años 60 con un cambio monetario bien favorable para Venezuela y en crecimiento, y las familias venezolanas comienzan a enviar a sus hijos a esta zona de Colombia para su educación, ya que se consideraba era de superior calidad a la venezolana, lo cual les favorecía y les era atractivo en todos los aspectos. Esta situación perduró hasta el llamado ‘viernes negro’ de febrero de 1983, momento que se desplomó la moneda venezolana.

Debemos destacar en ese período, cómo la televisión y la prensa, amén de la radio, nos pusieron al otro lado de la frontera. Recordemos como muy temprano frente al teatro Zulima, encontrábamos El Universal y Ultimas Noticias, mientras que los periódicos de Bogotá, si acaso después del mediodía, llegaban a Cúcuta.

La TV venezolana era la única que se podía ver en esta ciudad, porque Colombia no nos tenía en cuenta, y solo en el gobierno de César Turbay Ayala se decidió traerla a Cúcuta, mientras que la de Venezuela en forma clandestina y por supuesto ilegalmente, la obtuvimos desde los mediados de los años 60, aunque muchas veces con una mala señal,  pero tanto influyó en nuestra población, que con sorpresa, por ejemplo, nuestros hijos  pequeños de pronto nos cantaban el himno de Venezuela, debido a que la oían cada seis horas por la TV, por disposición legal de ese país. 

Todos estos factores debieron también repercutir en la música, tanto la bailable como la de baladas y otras. Mencionamos la pasión que causó a la juventud cucuteña por ver el programa ‘Esta noche Billo’ en la televisión venezolana.

En Pamplona, los colegios, se abarrotan de estudiantes venezolanos provenientes principalmente de Maracaibo y Caracas, como el de varones colegio Provincial de los hermanos lasallista y el colegio El Norte manejado por el padre Rafael Farías y posteriormente (1959) llamado Colegio Carmelitano por los padres de mismo nombre, y los de mujeres como el de la Presentación, las Bethlemitas y las Terciarias, para hablar de los más grandes. Por su parte en Cúcuta inicia el colegio Andrés Bello que los venezolanos comienzan a utilizar de una forma mayoritaria.

´Memo´ Morales

Se trae esto a colación para relacionar un poco la influencia en la forma de bailar del cucuteño a comienzos y mediados de los años 60. En Cúcuta se estilaba hacer fiestas pagas en casas de familia donde se concentraba un gran número de estudiantes y se pasaba toda una tarde bailando en su gran mayoría música de la Billo’s Caracas Boys, Los Melódicos y cualquier otro conjunto, combo  o canciones que estuvieran de moda. Personalmente considero que el baile de los estudiantes venezolanos tanto en Pamplona como en Cúcuta, llamaba la atención de los colombianos quienes trataban de imitarlos, y debido a esto, los cucuteños desarrollaron un estilo de bailar muy propio, el cual se fue transmitiendo a través de esas casi tres décadas que hemos estado reseñando, 1960-1988.

En los años 60 durante el año escolar, la juventud bailaba casi todos los fines de semana en esas fiestas pagas o a las que fuera invitado por amigos, como por ejemplo para un cumpleaños o simplemente querer bailar. También se bailaba en fiestas más formales como unos quince años o cualquier otro festejo importante, tal como unas bodas de plata o aniversarios destacables que a veces eran con orquesta que podían ofrecer algunas familias pudientes de Cúcuta, entre las cuales contrataban la orquesta de Víctor Manuel Suárez, ‘El Chato’ Simón Maldonado, Manuel Alvarado o Edmundo Villamizar Mantilla, que en su repertorio incluían las piezas musicales de la Billo’s Caracas Boys, porque sabían lo mucho que gustaban, y trataban de imitarla lo más fiel posible. Para esos años, principio y mediado de los 60, la orquesta que mejor imitaba a la Billo’s   era el Súper Combo de Edmundo Villamizar.

Luego el año concluía con las fiestas de grados de bachilleres que casi todos los colegios, por tradición, las efectuaban en el club Cazadores porque para ese tiempo Cúcuta, relativamente pequeña con no más de 100.000 habitantes, se consideraba que el club Tennis estaba muy retirado del centro de Cúcuta y el club de Comercio no se prestaba para tal fin, aunque habían fiestas también en los otros clubes como el club Colsag, Bavaria y Bancario. Eran las fiestas donde se demostraba lo aprendido en baile y se tiraban los mejores pasos para bailar esa música caribeña e isleña que desarrollaba Billo con su orquesta y se enamoraba a las muchachas con los boleros  de esos MOSAICOS.

Recordemos la vez que vino la Billo’s Caracas Boys a Cúcuta a un baile pago en el club Bavaria, que se efectuó en 1965 con sus cantantes Cheo García, Memo Morales y José Luis Rodríguez, donde se tuvo que bailar como se dice coloquialmente ‘en un ladrillo’ debido a la gran cantidad de gente que asistió, hoy me pregunto, cómo se podría bailar Karakatis-ki, por ejemplo?  o un pasodoble cantado por el ‘gitano maracucho’?  Además se observaba a la gente agrupada en frente a la tarima, principalmente por las ‘sardinas’ cucuteñas, para ver cantar a José Luis sus éxitos como Uno, Un cigarrillo, la lluvia y tú y En mi viejo San Juan.

Acordémonos también del recibimiento moderado que tuvo Felipe Pirela en la cancha Toto Hernández cuando fue presentado como solista más o menos al año de haberse retirado de la Billo’s en 1963, hubo una buena asistencia pero los cucuteños no lo quisieron ver fuera de esa orquesta, a pesar que José Luís Rodríguez había conquistado ese público.

José Luis Rodríguez

Posteriormente ya en los años 70 comenzó a mejorar la parte económica en Cúcuta y los clubes comenzaron a traer las ya muy conocidas e influyentes Billo’s Caracas Boys y Los Melódicos, junto con otras orquestas y combos venezolanos, que habían empezado su penetración a finales de década de los 60 como Orlando y su Combo, el Súper Combo Los Tropicales y Los Blancos de Maracaibo, entre otras. Para ese momento las fiestas se llenaban y ninguna de las muchachas se quedaba ‘comiendo pavo’, es decir no se quedaban sin bailar, como podía haber sucedido en los años anteriores.

No hay que dejar de mencionar que en esa influencia musical de las orquestas venezolanas tiene un especial puesto la participación de Edmundo Villamizar como trompetista de Los Melódicos y principalmente como primera trompeta de la Billo’s Caracas Boys por varios años, y además la de un cantante muy apreciado y reconocido en la ciudad como lo es Ciro Rodríguez, quien fue cantante de Los Melódicos de Renato Capriles y que perteneció por muchos años a la orquesta de Manuel Alvarado. Ellos fueron un factor importante porque debían conocer los secretos del ritmo y cómo manejaban los maestros Billo y Capriles, ese tipo de música.

Ya para principios de los años 70 la orquesta de Manuel Alvarado fue quedando como orquesta para alternar con la de Los Melódicos o Billo’s Caracas Boys, que anteriormente competía con las otras de Cúcuta como Villamizar y Suárez en las fiestas decembrinas que se efectuaban en los grandes clubes de la ciudad. Hubo un momento, a través de tantos años compartiendo, que el maestro Billo manifestó que la orquesta de Manuel Alvarado era la que mejor imitaba a su orquesta e inclusive se refería a él como ‘mi ahijado’. Es así que el maestro Alvarado fallece en 2015, tocando durante muchos años en la forma que lo hacía el maestro Billo los arreglos de éste, y hoy día aún esta orquesta sin el maestro, continúa tocando lo que llamó Sergio Entrena  la “música eterna del cucuteño” de los años 60’ y 70’.

Mientras que Edmundo Villamizar, que al principio se perfilaba como el más fiel intérprete de la música de Billo, no se queda en Cúcuta y alrededor de 1964, buscando mejores horizontes se traslada a Bogotá, pero se orienta a una música más variada, movido por un ambiente diferente al de Cúcuta, cambia, y toca música al estilo de la que tocaba Tito Puente o Ray Barreto, tipo charanga, a base de trompeta, trombones y timbales, música muy tocada en Nueva York y Puerto Rico, tales como Un verano en Nueva York y Nació varón. Más o menos a los seis años después, sale de  Bogotá y se traslada a Venezuela a probar suerte y regresa a Cúcuta en 1987 donde probó nuevamente con el Súper Combo pero no logró levantarla nuevamente a los niveles esperados.

En cuanto a Víctor Manuel Suárez, se encaminó por la música que tocaba Lucho Bermúdez que es a base de clarinete, donde predominaba el porro y la gaita, podemos poner de ejemplos canciones como Carmen de Bolívar, San Fernando y Caprichito.

Ely Méndez

Y ‘El chato’ Simón, se mantiene como una orquesta pequeña, con menos organización y recursos, que muchas veces necesitaba improvisar con músicos para cumplir con sus compromisos. Esta orquesta se llamaba Los Leones del Norte.

De esa forma es que Manuel Alvarado, llamada a nivel nacional como “La Billo de Colombia”, se consolida como la orquesta bandera de los cucuteños, obteniendo orgullosamente reconocimientos a nivel nacional, entre ellos por ejemplo en los carnavales de Barranquilla de 1972, que compitiendo con orquestas como Los Melódicos, Lucho Bermúdez, Pacho Galán y el mismo Edmundo Villamizar, entra otras orquestas, ocupa el 2º puesto en ‘El Congo de Oro’, que en esa oportunidad se lo ganó la orquesta Los Melódicos de Renato Capriles. Esa vez sin embargo sobresalió fue con la balada Historia de amor.

Aprovechamos para agradecerle a Ciro Rodríguez el aporte suministrado sobre la evolución que sufrieron las mencionadas orquestas cucuteñas a través del tiempo en base a sus propias vivencias.

Si los cucuteños de esa época, evocamos música bailable, inmediatamente transportamos nuestra mente a recordar a los marabinos Cheo García en las guarachas, Memo Morales en los pasodobles y a Felipe Pirela en los boleros, sin dejar de recordar a José Luis Rodríguez y a Ely Méndez aún activo, entre otros. Es cierto que hoy día la juventud prefiere otros ritmos modernos como el reguetón, e inclusive el vallenato, pero nosotros los veteranos cucuteños de esos años no dejaremos los clásico de Billo y además con la misión de no dejarlos morir. A través del tiempo surgieron en Cúcuta muchas personas que fueron coleccionando la música de Billo, creando verdaderas ‘BILLOTECAS’ incluyendo su documentación, por lo que podemos decir que surgió en la ciudad una ‘BILLOMANIA’.

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