miércoles, 25 de julio de 2012

210.- LA CREACION DEL CLUB DE CAZADORES


Gerardo Raynaud


Describen los relatos pioneros de este centro social que la razón o el origen de esta institución radicó en la idea de tener un lugar donde compartir las maravillosas experiencias dejadas luego de largas, excitantes y agotadoras jornadas de cacería. Pues bien, hoy quiero compartirles una perspectiva complementaria a tan romántica faceta, toda vez que mis relaciones con la familia de los fundadores es de la más íntima afinidad.

Digo la familia de los fundadores, puesto que quien más influyó en la creación y constitución de un colectivo que agrupara a quienes tenían como afición la cacería (además de la pesca) tenía en mente otras intenciones más mundanas que el simple interés de intercambiar vivencias, cual era el provecho económico. Quien fue el más interesado en el proyecto, no sólo practicaba el deporte de la caza sino que su negocio giraba en torno a esa ocupación. Me refiero a don Luis Alberto Contreras Hernández, comerciante de rancia raigambre entre los empresarios de comienzos del siglo veinte; se había establecido en la ciudad de Cúcuta luego de haber dejado su pueblo natal de Mutiscua.

Ya organizado, se dedicó al comercio de las pieles de animales de cacería y a la proveeduría de munición, armas y demás accesorios propios de la actividad, hasta cuando las circunstancias propias de la modernidad lo excluyeron del negocio. Aún hoy, dentro de las propias limitaciones que exige este tipo de labor, su último descendiente continúa con el negocio de la venta de pólvora negra y algunos otros elementos que aún se emplean en los pocos instantes y lugares donde se ofrece la oportunidad de cazar. Esta actividad legalizada a través de los múltiples trámites que exigen las normas de hoy es una de las pocas empresas que cuenta más de 75 años en el mercado de la ciudad y la frontera.

La constitución del Club se concretó en tres asambleas, reunidas en las oficinas de Cristóbal Rodríguez en la antigua sede de la Cervecería Santander, en la calle 14 entre avenidas quinta y sexta; 25 personas nombraron una junta provisional con el anfitrión de presidente y don José Saieh como vicepresidente; Don Luis A. Contreras fue elegido vocal principal. Durante los próximos días estuvieron reuniéndose para acordar la elaboración de los estatutos, la comisión compuesta por Luis A. Contreras, Luis Eduardo Ramírez, Pedro L. Durán e Hipólito Aguilar; ese mismo día se aprobó la recolección de una cuota voluntaria entre los asistentes para sufragar los gastos de constitución y se recolectaron $173 y a las 8:50 p.m. de ese 3 de agosto de 1940 quedó oficialmente constituido el Club de Cazadores de Cúcuta.

En el registro original se llamó Cazadores Sport Club; sólo en la asamblea del mes de octubre siguiente, don Rafael Moreno, el farmaceuta de la botica La Grancolombia, de la calle doce, presentó una reforma que fue aprobada por unanimidad en la que el nombre sería, Club de Cazadores a partir de ese momento.

Junto con sus cuñados y primos, igualmente aficionados al deporte de la caza, los hermanos Jaimes Hernández, Alfonso, Luis Francisco y José María (Chepe) conformaron el grupo que impulsó la consolidación del Club; de hecho, el primer baile oficial celebrado por el naciente club, el 27 de septiembre de 1940,  se llevó a cabo en los entonces lujosos salones de la casa de habitación de don Luis A. Contreras, recién inaugurada, en uno de los nuevos barrios que se abrían al sur de la ciudad, contigua a la vía del tren-tranvía y relativamente cerca de la estación Sur del Ferrocarril de Cúcuta  y que se le había asignado el nombre  de Barrio Blanco por el color característicos de las nuevas construcciones. 


Estado actual de la casa de la avenida 2ª Nº 19-26 

Rezaba la tarjeta de invitación que “el Club de Cazadores invita al regio baile que se realizará en la avenida primera No. 19-26 con el objeto de recaudar fondos para financiar sus obras”. El producido líquido, dice el informe que fue presentado a la siguiente asamblea fue de $190.95.

Las reuniones venían cumpliéndose en las oficinas del presidente que a su vez era representante de la Chevrolet en la ciudad y a quien el Club le había comprado una camioneta que utilizaban los socios en sus desplazamientos de cacería y en la cual, no sólo se trasportaban las personas sino sus infaltables compañeros, los perros rastreadores.

Los canes tuvieron un lugar preponderante en las etapas iniciales del Club, eran el alma de la cacería y compañeros inseparables de los cazadores, al punto que su compañía resultaba más importante que las personas; incluso en los primeros años no se elegían reina, princesa o señora club sino mascota club, distinción que recayó en un perro gozque de fino olfato que llevaba por nombre “Nacional” y que se había destacado en las largas jornadas como el más habilidoso y eficaz detector de venados de la comarca. Baste decir que a su muerte, siendo presidente don Luis A. Contreras en 1943, el día del entierro narró a sus colegas a manera de epitafio la siguiente reflexión, registrada en las actas de la época, “fue para nosotros tristísimo tener que enterrar a la mascota del Club, perro que nos hizo pasar ratos inolvidables por su nobleza y maestría en la cacería”.

Los canes constituyeron los primeros activos del Club; al principio eran seis, amaestrados en el arte del rastreo de venados y que se habían concentrado en la hacienda Pajarito al cuidado de Rafael Maldonado y que acompañaban a los rastreadores de propiedad de los socios cazadores del club.

 Casa de la hacienda Pajarito ubicada a 15 km del Zulia, don Rafael María Maldonado Vega hizo de esas tierras un paraíso, y donde pernoctó el Libertador Simón Bolívar. Hoy día en completo abandono.

Trasladado don Cristóbal Rodríguez a la ciudad de Barranquilla, de donde era oriundo, las asambleas dejaron de reunirse en su oficina, razón por la cual tuvieron que trasladarse a los salones de la biblioteca departamental que entonces estaba situada en la calle 10 entre avenidas 7 y 8.

Hasta entonces, el club no tenía sede propia, como dijimos, las asambleas se reunían en la Biblioteca y los eventos sociales, léase bailes, en la casa de Luis A. Contreras, sin embargo, los anteriores presidentes se habían dado a la tarea de conseguir un lote de terreno para la construcción de la sede, sin llegar a una negociación posible.

En 1944 bajo la presidencia de Rafael Moreno y en compañía de Luis A. Contreras sirvieron de garantes de un préstamo bancario para la compra del primer lote. Aunque en el lote en mención no se estableció la sede social sirvió para permutar otro a la Fundación Virgilio Barco, contigua a sus instalaciones, sobre la avenida Grancolombia que en ese entonces no era más que la vía a la frontera o carretera antigua a San Antonio, no existía todavía la Diagonal Santander. Solamente en la presidencia de José María Ramírez Parada se inició y concluyó la construcción física de la sede, lo que hoy es la casona y la piscina. Inaugurada la sede social, el Club de Cazadores se convirtió en el eje de las más importantes reuniones y celebraciones locales, las cuales prometo contarles en próximas crónicas.



Recopilado por : Gastón Bermúdez V.

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