martes, 24 de septiembre de 2013

447.- HACE 50 AÑOS: COLEGIO LA SALLE



Alfonso Gandica Dávila


Promoción de bachilleres 1962 del colegio La Salle. Izq. a der. 1ª fila: Juan José Mendoza, Jaime Blanco Villamizar (q.e.p.d.), Antonio Berbesí, Anatolio Estupiñán, Sergio Rosas Sayago, Arnulfo Alarcón (q.e.p.d.) y Augusto Fernando Duplat Troconis; 2ª fila: Edgar Humberto Arellano,  Ricardo Andrade (q.e.p.d.), Rafael Yáñez (q.e.p.d.), Orlando Avendaño, Benjamín Ochoa Moreno, Jorge Eduardo Zúñiga Alvarado, Luis Francisco Villamizar Rivera,  Carlos Cárdenas Mantilla, Oscar Monsalve y Julio E. Colmenares Sayago; 3ª fila: Alberto Vicente Conde Vera, Jaime Hernández Flores, Euro Claret Uzcátegui (q.e.p.d.), Miguel Angel Contreras, Alberto Marciales, Alvaro Buitrago (q.e.p.d.), Orlando Antonio Arenas Alarcón, José Francisco Ramírez Uribe, Joaquín Eduardo Bermúdez Vargas; Ultima fila: Alvaro Eduardo Hernández Bermúdez, César Augusto Gallardo, Jorge Sánchez (q.e.p.d.), Miguel Antonio Cárdenas, Leandro Gálviz, Carlos Arturo Pinto (q.e.p.d.), Guillermo Lara, Alfonso Gandica Dávila, Luis Eduardo Barreto, Eduardo González Dávila. Ausente Julio César Castillo. 


El 17 de  noviembre de 1962, treinta y siete bachilleres del Colegio La Salle empezamos un viaje por la vida al recibir nuestros diplomas en el Teatro Zulima y ocho días después, en la nefasta noche del 25 de noviembre, perdimos el primer compañero de viaje, nuestro querido amigo Jaime Blanco Villamizar. La carta que sigue expresa mis sentimientos en este aniversario,

20 de noviembre del 2012

 Reverendo Hermano Rector:
 José Alexander Santafé Andrade F.S.C.
 Colegio La Salle
 Avenida 2ª. E No. 6-80
 Cúcuta, Norte de Santander
 Colombia.

 Estimado Hermano Rector:

En esta conmemoración de las cinco décadas de la graduación de la promoción de 1962 dedico mi donación a la memoria de mis padres Alfonso Gandica y Elena Dávila de Gandica;  mis tíos Carlos Arturo González Reyes y Matilde Dávila de González,  padres de mi primo y compañero de clase, Eduardo González Dávila; el doctor Luis Humberto Duplat y doña Beatriz Troconis de Duplat, padres de mi amigo y compañero Augusto Fernando Duplat Troconis; don Francisco Blanco, padre de Jaime Blanco Villamizar, el primer compañero que perdimos en este viaje por el océano que empezamos el 17 de noviembre de ese año en la noche nefasta del 25 de noviembre; don Antonio Arenas y doña Elisa Alarcón de Arenas, padres de otro amigo y compañero, Orlando Arenas Alarcón; y, los otros siete compañeros que hemos perdido en dicho viaje: Arnulfo Alarcón Arias, Ricardo Andrade, Alvaro Buitrago, Carlos Pinto Bohórquez, Jorge Sánchez Clavijo, Euro Claret Uzcátegui y Rafael Yáñez Parada. 

¡Que sus memorias, así como las de los demás familiares de mis compañeros, vivan para siempre en nuestros corazones!

También  le quiero agradecer al Colegio porque todo lo que sé se lo debo a la gran labor de nuestros profesores laicos Rafael Macías, Aquilino Durán, Jaime Castro, los hermanos Mora, Adolfo Paz y el profesor Palacios y de los Hermanos Lasallistas Benildo de Jesús (primer rector), Antonio Camilo, Antonio, Mariano de Jesús, Fausto, José, Daniel, Lucas (segundo rector) y Rodulfo Eloy (tercer rector) y varios más que se me escapan de la memoria.

Siempre recordaré con gusto los triunfos de mis compañeros de grado en los deportes.  En el fútbol sobresalieron entre otros Miguel Ángel Contreras, Miguel Antonio Cárdenas, Edgar Humberto Arellano, Guillermo Lara, Oscar Monsalve, Alberto Vicente Conde Vera y Jaime Blanco Villamizar (q.e.p.d.). En el baloncesto las  hazañas de  Luis Eduardo Barreto, Alvaro Eduardo Hernández Bermúdez, Jorge Sánchez, Jaime Antonio Cárdenas, José Francisco Ramírez Uribe, Sergio Rosas Sayago, Oscar Monsalve, Julio E. Colmenares Sayago, Orlando Avendaño y mi primo Eduardo González Dávila son una leyenda.  Varios de ellos pasaron a las filas de selecciones colombianas en varios torneos internacionales. 

Finalmente, como dijo Mario Vargas Llosa en el primer párrafo de su discurso al recibir el Premio Nobel de Literatura en Estocolmo, Suecia, hace dos años:

“Aprendí a leer a los cinco años en la clase del Hermano Justiniano en el Colegio La Salle en Cochabamba, Bolivia.  Es la cosa más importante que me ha pasado.  Setenta años después recuerdo claramente cómo la magia de traducir las palabras en los libros a imágenes enriqueció mi vida, rompiendo las barreras del espacio y del tiempo y ayudándome a viajar con el Capitán Nemo veinte mil leguas de viaje submarino;  pelear junto con D’Artagnan, Athos, Portos y Aramis contra las intrigas que amenazaban a su reina en los días del astuto traidor Richelieu; ó, través de los alcantarillados de París transformarme en Jean Valjean llevando el cuerpo inerte de Marius a mi espalda al leer Los Miserables, la obra maestra de Víctor Hugo”.

¡Que Dios los bendiga y siga iluminando su camino educando a los futuros líderes cucuteños!

 Atentamente,

 Alfonso Gandica Dávila
  Linwood, New Jersey



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

No hay comentarios:

Publicar un comentario