miércoles, 5 de agosto de 2015

788.- EL HOTEL INTERNACIONAL. Un buen recuerdo



La Opinión

Fue el preferido por ilustres huéspedes y para eventos sociales

El Hotel Internacional cerró sus puertas y culminó su historia, que data en los archivos desde 1921, año en que se esfumaba el olor de la Primera Guerra Mundial y se superaba en Colombia la Guerra de los Mil Días.

Para esa época, Cúcuta entraba, como el resto del mundo, en una etapa de paz y bienestar en la que todo parecía un despertar. La esperanza estaba a la orden del día y la hotelería prometía buenos augurios para la ciudad.

Los incipientes medios de comunicación empezaron a acercar a los habitantes de lejanas naciones, con la esperanza de mejores oportunidades de comercio, negocios, salud, cercanías familiares y nuevas perspectivas.

La gentileza, la amabilidad, los modales y la solidaridad hacían de la acomodación de los huéspedes una competencia de buen y exquisito trato.

En Cúcuta, empezaron a aparecer los hoteles, como hoy los conocemos, alrededor de los años 30.

El Hotel Internacional nació en dos casonas, en el barrio La Playa. Las casas de esos años, construidas después del terremoto, eran muy amplias, manteniendo la tendencia del estilo Republicano del Palacio de Gobierno, pero conservando modestamente los materiales locales más económicos y relevantes, adaptados a las necesidades y exigencias del clima seco y cálido.

Tenían los techos muy altos con ventanillas o claraboyas para que el calor subiera y se escapara por allí, permitiendo que la habitación se conservara siempre fresca. Los muros, de grueso espesor, eran de adobe y pintados siempre de  blanco, levantándose hasta el techo para sostener las tejas de barro, de estilo español.

Quienes conocieron el Hotel Internacional, ubicado en la calle 14 entre avenidas 4 y 5, a un costado de la Gobernación de Norte de Santander, recuerdan las altas puertas y columnas del comedor y patio central que eran de madera y una pista de baile cobijada por una enredadera conocida como  “Carácter del Hombre”, la cual al atardecer recibía a huéspedes y extraños con un agradable y singular aroma.

Sus pisos eran de baldosas unicolor, bordeadas de otras más llamativas, enmarcándolas como alfombras rectangulares. Las paredes del comedor portaban lunas tenuemente rosadas de espejos de cristal de roca. Los cuadros de gran tamaño evocaban escenas de las cortes francesas.

De sus techos colgaban grandes ventiladores de cuatro aspas.

La cocina, situada en la parte posterior, era originalmente de carbón con un enorme buitrón de ladrillo para alejar el humo del vecindario. Con el pasar del tiempo, este fue quizás el espacio, junto con los baños, más remodelado del hotel.

Una vez organizado el suministro de agua para la ciudad hizo, como en otras partes, su aparición la piscina y alrededor de ella fueron proverbiales los eventos efectuados.

Ilustres huéspedes y eventos

El Inter, como coloquialmente lo llamaron los cucuteños, fue un hotel de merecidos y gratos recuerdos. Un hogar donde gente de la región y de Venezuela se albergaron desde niños.

En la memoria de algunos cucuteños reposa la estadía, de paso, antes de su muerte en Medellín (24 de junio de 1935) del inolvidable tanguero Carlos Gardel y del argentino nacionalizado español Alfredo Di Stéfano, la Saeta Rubia, en 1950, considerado uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, a la altura de otras figuras como Pelé y Maradona.

Los abuelos no olvidan que cuando Alfonso López Pumarejo llegó a Cúcuta, en 1934, después de haber sido elegido presidente, fue agasajado en el hotel. Lo mismo ocurrió años más tarde con el presidente Eduardo Santos al celebrarse el centenario de la muerte del general Francisco de Paula Santander, en 1940.

Otros no olvidan la estadía de los Niños Cantores de Viena de Austria que tocaron, en agradecimiento a sus propietarios, en la tranquilidad de una noche la serenata más sentida que Cúcuta haya escuchado.

La respetabilidad del hotel hizo que muchos personajes destacados del ámbito político, comercial y social de Cúcuta vivieran muchos años allí.

Por varios lustros fue uno de los sitios de más sano esparcimiento donde celebró el público más selecto, de la sociedad, la industria, el comercio, las instituciones públicas, religiosas y privadas de la ciudad y la frontera, a través de eventos, fiestas y reuniones amenizadas por orquestas y conjuntos tan famosos como Los Melódicos y el Jazz Band, entre otros más.

Para muchos el Inter fue más que un hotel. La calidad de sus servicios fue reconocida por varias y prestantes entidades oficiales y turísticas de Colombia, Cúcuta y Venezuela.

Con el deber cumplido en el primer trimestre de 2015 y sin el interés de haber alcanzado las estrellas de sus competidores, el hotel empacó maletas. Sus últimos dueños lo vendieron a la Universidad Simón Bolívar, para dar paso a las instalaciones de Bienestar Universitario.



Recopilado por: Gastón Bermúdez V.

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